Aclaración:
1-Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestado para poder adaptar esta historia.
2-La historia es una adaptación a SasuSaku, ya que la original esta escrita por Melanie Milburne y se titula "El dolor de la traición".
3-La narración esta de parte de Sakura tanto como de Sasuke, al igual que los pensamientos.
CATEGORÍA: "T".
AU- LENGUAJE UN POQUITO VULGAR…
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Capítulo 10
Sakura condujo a su hijo de la mano de regreso al salón. Sasuke se hallaba de pie de espaldas a ellos, con una fotografía en la mano, y al oír sus pisadas, volvió a dejarla en la mesita y los miró.
—Sora quiere darte las buenas noches —dijo ella con mirada indescifrable.
Miró al pequeño y el dolor en su pecho le resultó tan insoportable que sintió ganas de llorar, como había hecho de forma incontrolada en el funeral de Kin.
—¿Puedo llamarte papi? —preguntó Sora, parpadeando.
—Por supuesto —se puso en cuclillas ante él—. Pero en Italia, de donde vengo yo, los niños llaman papa a sus padres. ¿Puedes decirlo?
—Papa —repitió Sora con una sonrisa con hoyuelos—. ¿Está bien?
Sasuke alargó la mano y tocó a su hijo por primera vez. La apoyó en el hombro del pequeño, pero, ansiando un contacto mayor, luego la posó en la curva de la mejilla pequeña.
—Perfecto, hijo mío —dijo con voz estrangulada.
—¿Me arroparás en la cama y me leerás un cuento? —preguntó el niño… y entonces, mirando brevemente a su madre como si le pidiera permiso, añadió—: A mami no le importará. Ella siempre está cansada después de trabajar y a veces se salta unas páginas. Cree que no me doy cuenta, pero sí me doy cuenta.
Sasuke sonrió a pesar del dolor. Kin había sido igual. Le había bastado con oír un cuento una vez para memorizarlo palabra por palabra.
—Claro, me gustaría mucho —repuso—. Siempre que a tu madre no le importe.
Sakura lo miró a los ojos.
—No —intentó no sonreír—. No me importa en absoluto.
Unos minutos más tarde, Sasuke le leía un cuento acerca de un tejón australiano y un equidna, y cómo lograban mantener una amistad viable a pesar de sus muchas diferencias.
Al regresar al salón, Sakura se hallaba sentada con una revista en las manos, con las gafas de lectura sobre el puente de la nariz, que le daba ese aire estudioso e intelectual que siempre le había resultado tan increíblemente sexy.
Ella alzó la vista y se quitó las gafas.
—¿Se ha dormido?
—Sí —se sentó frente a ella, y notó que era un sillón especialmente incómodo. Un muelle se le clavaba en el glúteo izquierdo y tuvo que moverse varias veces para evitar su aguijón insistente.
El silencio amenazó con detener toda comunicación, pero tenía cosas que decir y no quería que pasara más tiempo.
—¿El pequeño está bien? —preguntó con cierta brusquedad.
Ella parpadeó un par de veces.
—Sí… casi siempre.
Se adelantó en el sofá y eso liberó el muelle suelto haciéndole comprender la ironía de la situación. Sakura se había matado por cuidar de su hijo decorando áticos que valían millones mientras ella vivía en un apartamento diminuto con muebles que parecían sacados de donaciones de Kibaeficencia.
Carraspeó.
—¿Qué quieres decir con «casi siempre»? —inquirió con voz ronca.
—Sasuke, tiene tres años —expuso con pragmatismo—. Ha sufrido numerosos resfriados e indisposiciones estomacales. Es un niño… se ponen enfermos todo el tiempo.
—¿Cómo de enfermo?
Frunció el ceño ante la intensidad de su mirada.
—No lo suficiente como para hospitalizarlo, aunque una vez estuvo cerca.
—¿Qué pasó en esa ocasión?
Tuvo que esforzarse para mantenerle la mirada penetrante.
—Sufrió una infección de pecho seria —contestó—. Le costaba respirar y los antibióticos tardaron un tiempo en hacerle efecto. Los primeros que le recetó el médico le causaron una reacción alérgica.
—¿Pero no fue hospitalizado?
—No. No fui a trabajar y lo traté en casa con un antibiótico alternativo. Se puso bien en una semana. Fue un invierno duro. Casi todo el mundo padeció el mismo virus.
—¿Es especialmente susceptible a las infecciones de pecho?
Se mordió el labio inferior, pensando en las madres de la guardería.
—No —respondió al final—. No más que la media infantil. ¿Por qué haces estas preguntas?
Se encogió de hombros.
—Me he perdido tres años de su vida. Sólo intento llenar los vacíos.
—Podrías haber estado aquí desde el primer momento, pero elegiste no creerme. ¿He de entender que el doctor que viste confirmó mi versión de los acontecimientos?
Él suspiró.
—Sí. Ha quedado confirmada. Es raro, pero en ocasiones sucede. He tenido una unión espontánea de mis conductos deferentes.
—¿Necesitas una prueba de ADN que te confirme que Sora es tu hijo y no de otro hombre?
Sasuke se sintió avergonzado de reconocer que lo había pensado… pero nada más ver a su hijo había sabido que era suyo.
—No —repuso sin mirarla a los ojos—. No será necesario. Poseo toda la información que necesito —«por ahora», añadió para sus adentros. En algún momento habría que someterlo a una prueba de ADN, pero no por la causa que ella creía—. Sakura… —se pasó una mano por el pelo y la miró—. Me gustaría hablar del papel que quiero desempeñar en la vida de Sora ahora que sé que es mío.
«Aquí viene», pensó con un nudo de pánico en el estómago.
—Sólo tiene tres años —dijo, mirándolo con ojos fríos—. Espero que no pretendas que vaya y venga como un paquete entre Sydney y Milán varias veces al año. Porque no lo permitiré.
Él frunció el ceño.
—No pensaba en algo así, al menos no por ahora. Para empezar, es demasiado joven para estar sin su madre, y por otro lado…
Suspiró y se puso de pie. Sakura lo observó recoger la fotografía del hospital y estudiarla durante unos segundos interminables. Su cara era una máscara inescrutable; sin embargo, le pareció ver una capa de humedad en sus ojos al volver a dejar el marco donde estaba y mirarla.
—Háblame de él —pidió con una voz en absoluto parecida a la suya—. Cuéntamelo todo.
Sakura no sabía bien por dónde empezar. No quería sobrecargarlo con culpabilidad, pero tampoco quería que pensara que había sido un paseo tener a su hijo sin apoyo emocional ni financiero.
—Es un niño adorable —comenzó—. Nació a las once de la mañana y pesó tres kilos doscientos gramos. Es muy avanzado para su edad; caminó con diez meses y con dieciocho pronunció frases completas, algo poco usual en los niños. Por lo general son más lentos con el lenguaje. Le encantan los coches, como puedes ver, y los animales. Ojalá hubiera podido darle más que lo que le he dado, pero… Bueno, le di lo que pude cuando pude.
—Hiciste todo lo que estuvo a tu alcance —afirmó—. Me sorprende que hayas conseguido lo que has alcanzado al tiempo que criabas a un niño pequeño.
—No siempre fue fácil —reconoció—. Pero mi madre pasó por lo mismo, de modo que, más o menos, sabía lo que me esperaba.
Observó su expresión torturada. Verlo aceptar finalmente a Sora como su hijo había sido tan conmovedor que la había hecho llorar. Tardaría unos días, quizá semanas, en darse cuenta de lo que de verdad se había perdido hasta el momento en la vida de su hijo. Resultaba obvio que se encontraba muy afectado por la comprensión de que había cometido el mayor error de su vida.
—Quiero un papel activo en su vida —anunció Sasuke—. Sé que te costará aceptarlo, pero ahora quiero ser un padre de verdad para él.
No respondió; simplemente lo miró con incertidumbre y temor. A Sasuke no le extrañó. Sólo una pared lo separaba del hijo al que había traicionado por mostrarse tan obstinado en que Sakura le había mentido.
Habían pasado, tres años de la vida de Sora, y cada día contenía mil recuerdos a los que jamás tendría acceso. Habían desaparecido para siempre; la niñez del único hijo que jamás tendría se había evaporado.
Pero en ese momento estaba ahí y debía preparar a Sakura para la carga de conocimiento que había insensibilizado su alma tanto tiempo atrás. Sin duda quedaría destrozada al averiguar que Sora podía tener una enfermedad mortal. ¿Qué padre no lo estaría?
Después de dejar que el silencio se prolongara unos segundos, anunció:
—Estaba pensando que podríamos casarnos lo antes posible.
Los ojos se le desencajaron por la sorpresa… ¿o por la furia? Él no lo supo.
—¿Disculpa? —dijo con la boca tan tensa que parecía como si se la hubieran cosido—. ¿Qué has dicho?
Sasuke carraspeó.
—Que podríamos casarnos.
—¿Por qué motivo?
No le gustó el tono de su voz, pero continuó de todos modos.
—Tenemos un hijo —expuso—. El tiene una madre pero le ha faltado un padre durante los tres primeros años de su vida. Estoy preparado para asumir ese papel y hacer lo que esté en mi mano para compensárselo.
—Jamás podrás compensárselo —espetó ella con veneno en los ojos—. Ya dispones de tu prueba, pero ¿dónde estabas cuando tanto él como yo te necesitábamos? ¿Cómo te atreves a pensar que puedes entrar en nuestras vidas después de una prueba y de repente convertirte en padre del año?
—Tengo algunos derechos, ¿no? —arguyó, a pesar de que comprendía la postura de ella—. Sé que no planeé que esto sucediera, pero pasó, y estoy preparado para encarar las consecuencias.
—No quiero casarme contigo. Sólo me lo pides por Sora. ¿Cómo crees que me hace sentir eso?
—Tus sentimientos o los míos no cuentan —indicó—. Intento hacer lo mejor para el niño.
—Pareces haber olvidado una cosa —le lanzó una mirada centelleante—. Te odio por lo que me hiciste, Sasuke.
—Por Dios espero que no le hayas transmitido eso a mi hijo —manifestó en el silencio cargado.
Sakura no había esperado eso. Parecía sinceramente preocupado por Sora. Hizo que se sintiera avergonzada de no haber antepuesto los sentimientos y las necesidades de su pequeño en esa situación tan complicada.
—No… —susurró—. Claro que no.
—Pero le dijiste que estaba muerto.
—Sí. Pensé que era lo mejor. Mi padre abandonó a mi madre antes de que yo naciera. Ella luchó con todas sus fuerzas para darnos a mi hermana y a mí lo que necesitábamos. Sabía que no podía llegar a casa y anunciar que estaba embarazada de un hombre que se negaba a aceptar la existencia de mi bebé. Me sentí tan angustiada que les conté a Karin y a mi madre que el padre había muerto en un accidente de tráfico. Pareció creíble.
—¿Le contaste a alguien la verdad?
Movió la cabeza y bajó la vista a sus manos.
—No hasta el otro día, cuando te presentaste en el estudio. Antes de eso, varias veces me sentí tentada, en particular con Ino, pero no vi qué sentido podía tener. Tú habías rechazado toda responsabilidad. No veía que eso pudiera cambiar en un futuro previsible.
Volvió a mesarse el pelo.
—Si tan sólo me hubieras enviado una o dos fotos —dijo con pesar—. No me habría quedado más alternativa que observarlas y darme cuenta.
—De modo que ahora es mi culpa por no haber insistido más, ¿verdad?
Sasuke reaccionó como si lo hubiera abofeteado.
—No, no estoy diciendo eso. Sólo que… —no acabó la frase. No sabía qué palabras elegir. Deseaba poder reescribir el pasado. Desearía haber sido capaz de manifestarle cuatro años atrás el amor que sentía por ella, pero la carga unida a ese amor se lo había impedido. Desearía poder decirle en ese momento que su mundo relativamente seguro podía desmoronarse en cualquier momento.
Y era su culpa.
—No puedo creer que tengas la audacia de presentarte aquí y esperar que siga tus planes como si los últimos cuatro años no hubieran existido —soltó ella.
—Comprendo tú renuencia, pero yo pienso en nuestro hijo. Merece algo mejor que esto.
Los ojos de Sakura centellearon.
—¿Qué quieres decir con eso? ¿Acaso sugieres que no hago un trabajo adecuado en su educación?
Estudió la sala antes de volver a posar la vista en el rostro combativo de ella.
—Es un apartamento pequeño. Hay que subir tres tramos de escaleras, y hasta donde he podido ver, carece de aire acondicionado. No es lugar para un niño pequeño.
—El aire acondicionado se averió hace un par de semanas —explicó—. El casero aún no ha podido arreglarlo. Además, no puedo permitirme el lujo de alquilar una casa con un jardín, a pesar de lo mucho que me gustaría. Ya tengo suficientes facturas que pagar tratando de dirigir un negocio propio.
—Yo me ocuparé de todos tus gastos, Sakura —dijo—. Pagaré cualquiera de tus préstamos y tus tarjetas de crédito. También me encargaré de que apunten el nombre de Sora en la escuela a la que te gustaría que asistiera cuando tenga la edad suficiente.
Lo observó con ojos entrecerrados y habló con tono sarcástico.
—Perdona si me equivoco, pero ¿percibo una lista de condiciones vinculada a esa oferta tan generosa?
—Sólo la que ya conoces —expuso—. Cásate conmigo.
—No —aseveró con determinación.
—No me hagas recurrir a medios más contundentes, Sakura —dijo con creciente frustración—. Me esfuerzo en ser paciente y comprensivo contigo. Una vez tuvimos una buena relación. Podríamos esforzarnos en volver a tenerla por el bien de Sora.
Lo miró con desdén.
—¿Piensas que por presentarte aquí y ofrecerme matrimonio todo va a salir bien como por arte de magia? ¿En qué planeta has estado viviendo? Nos odiamos, Sasuke. No veo que eso vaya a cambiar por ponernos unas alianzas y sonreír a la cámara.
—Comprendo que tienes todos los motivos para odiarme —dijo él—. Pero por el bien de Sora, he de pedirte que, por favor, intentes controlar esos sentimientos. No quiero que crezca en un entorno hostil.
—No voy a casarme contigo.
—Sólo lo dices porque quieres castigarme.
Ella puso los ojos en blanco.
—No, lo digo porque es la verdad. Mis disculpas si a tu ego le cuesta aceptarlo… pero no, gracias.
Fue hacia ella y la sujetó por los brazos.
—Escúchame, Sakura —espetó sin quitarle la vista de encima—. Te casarás conmigo o arruinaré tu negocio. Suplicarás en la calle para conseguir tu siguiente comida, te lo garantizo.
Los ojos de ella ardieron con odio.
—Si me arruinas a mí, estarás arruinando a tu propio hijo. ¿Qué clase de hombre eres?
—Dispongo de la clase de contactos legales que me garantizarán la plena custodia de Sora —expuso con dureza—. Lo verás sólo cuando yo diga que puedes hacerlo.
Sakura sintió que los dedos fríos de la desesperación le estrujaban las entrañas.
Lo había subestimado.
Tenía el dinero para hacer lo que quisiera. Si se concentraba en arruinarla, podía lograrlo. Si quería la plena custodia de Sora, la obtendría. El único modo de detenerlo sería hacer lo que él quería que hiciera.
Pero casarse con un hombre al que en una ocasión había amado con todo su corazón, sólo para ser rechazada de forma tan cruel e injusta, era más de lo que podía soportar. Si permitía que la obligara a un matrimonio sin amor, ¿qué daño le causaría a ella?
Por no mencionar a Sora, quien sin duda percibiría la enemistad entre sus padres. Era un niño muy sensible e inteligente y poco a poco eso socavaría su autoestima.
Lentamente volvió a mirarlo.
—No me obligues a hacer esto, Sasuke. ¿De verdad quieres que te odie aún más?
—Es una clase de odio extraño, ¿no crees? Tus ojos arden con él, pero tu cuerpo arde con otra cosa.
Sakura fue cada vez más consciente del calor del cuerpo de él contra el suyo y del aliento que le acariciaba la cara. Con gesto nervioso se humedeció los labios a medida que la boca de Sasuke bajaba lenta e inexorablemente hacia la suya.
El primer contacto de los labios fue como una explosión de materiales inflamables. La sangre atronó en sus oídos al sentir el deslizamiento sensual de la lengua de él sobre la unión de su boca, demandando acceso.
Se lo dio sin vacilación, abriendo los labios con un hondo suspiro de placer a medida que la lengua le invadía la boca con sinuosos movimientos de absoluta destreza. Sintió como si fuera una antorcha viviente. Los pechos pesados y hormigueantes, las piernas flojas, la columna derretida, hasta que al final lo agarró con todas las fuerzas que le quedaban a medida que el beso se tornaba intensamente sexual.
Él le mordisqueó el labio inferior y ella lo imitó, pero con algo más de fuerza. Sasuke emitió un gemido ronco y Sakura volvió a morderlo, aunque más suave en esa ocasión, succionándole la lengua y tirando de ella hasta que él recobró el control y comenzó a provocarla con movimientos de entrada y retirada.
Sakura supo que debía ponerle fin a eso antes de derretirse a sus pies. Ya podía sentir el rocío de deseo entre las piernas que amenazaba con desbordarla.
Se apartó de su abrazo y respiró hondo hasta que logró un vestigio de serenidad.
—No… no deberías haber hecho eso —dijo, irritada porque su voz sonara tan jadeante.
Los ojos de él todavía ardían con deseo al mirarla.
—¿Por qué no? —preguntó.
Lo miró furiosa.
—Tú ya lo sabes.
—Hace tres días estábamos involucrados, así que no veo el problema.
—Sólo me involucré contigo porque no tuve elección. Prácticamente me chantajeaste para meterme en tu cama.
—No hizo falta mucha presión para conseguirlo —replicó—. Hace que me pregunte cuántos hombres ha habido en tu vida desde que tú y yo rompimos.
Sakura tuvo ganas de abofetearlo, pero entonces se dio cuenta de que estaba igual de enfadada consigo misma. Tal como él acababa de señalar, no había ofrecido mucha resistencia.
—Sé que te costará creerlo, pero no ha habido nadie desde que estuvimos juntos —reveló.
—¿Y qué me dices de Inuzuka?
—Jamás ha habido nada con Kiba. Para mí siempre ha sido como un hermano.
Él frunció el ceño.
—¿O sea, que no ha habido nadie?
—No. Ser madre soltera complica mucho tener citas. Decidí que representaba demasiado esfuerzo —lo estudió antes de añadir—: Probablemente a un hombre como tú le resultará difícil entenderlo, pero en ningún momento consideré abortar.
Sasuke suspiró para sus adentros. Uno de los motivos por los que se había hecho una vasectomía era para prevenir que cualquiera de sus amantes tuviera que enfrentarse a una decisión tan agónica.
—¿Fue un embarazo difícil? —inquirió tras una breve pausa.
—Fue difícil estar sola. Quería compartir toda la experiencia con… con alguien, pero eso no fue posible.
—Si entonces hubiera sabido lo que sé ahora —musitó él.
La expresión de ella se endureció al instante.
—Sin duda habrías insistido en que abortara, ¿verdad? Lo último que querías era quedar atado a una esposa y a un hijo. Desde entonces lo has repetido varias veces. Cuando te conocí llevabas la vida de un playboy, y aún la llevas; siempre sospeché que sólo fui una distracción temporal para ti, porque si hubiera sido otra cosa, nunca habrías dudado de mí.
—Ya no podemos cambiar el pasado, Sakura —indicó—. Tenemos un hijo que necesita a sus dos padres. Casarnos es nuestra única opción. No me conformaré con otra cosa.
Ella no se molestó en ocultar su desdén.
—Hace unos días no estabas tan entusiasmado con el matrimonio y los bebés.
La miró con dureza.
—No habrá otros bebés. Quiero que desde el principio eso te quede claro.
Reinó un silencio tenso.
—¿Y si ya estoy embarazada? —preguntó.
La comisura de la boca de él mostró un tic.
—¿Me estás diciendo que no tomas la píldora?
—¿Por qué iba a hacerlo? Como ya te he dicho… no me he acostado con nadie desde que estuve contigo.
Lo observó ir de un lado a otro de la sala con una expresión que no pudo identificar.
Cuando al fin volvió a mirarla, estaba pálido.
—Si ha sucedido… —tragó saliva con dificultad— entonces nos ocuparemos de ello. ¿Cuándo lo sabrás?
Se mordió el labio mientras trataba de recordar en qué punto de su ciclo se hallaba.
—Me toca en unos días —expuso, incapaz de mirarlo a los ojos.
—He arreglado para que me vuelvan a hacer la vasectomía —reveló—. Ni tendré que quedar ingresado.
Sakura sintió como si hubiera recibido un golpe en el estómago.
—Pides demasiado, Sasuke —musitó—. Quiero tener otro hijo. No quiero que Sora crezca sin un hermano o una hermana.
La mandíbula de él se veía tirante.
—Pues yo no quiero otro hijo. No quise el que tengo, pero ya no puedo hacer nada al respecto.
Lo miró indignada.
—¿Cómo puedes decir eso? Sora es un ser vivo. Es la personita más valiosa del mundo para mí. Es de tu propia sangre, por el amor de Dios. Hasta ya ha empezado a quererte.
Él se mesó el pelo y, con un suspiro, se dio la vuelta.
—Sí… sí, lo sé, pero no albergaba la intención de tener… descendencia. Creía haber hecho todo lo posible para impedirlo, pero, de algún modo…
—¿Por qué, Sasuke? —quiso saber con voz ronca y baja—. ¿Por qué te muestras tan determinado en esto?
—No quiero infligirle sufrimiento alguno a nadie, y menos a un niño.
—Pero ¿por qué vas a hacer eso? —preguntó desconcertada—. Tienes tanto que ofrecerle a un niño.
—Sólo tengo dinero —volvió a mirarla—. Créeme, eso no es suficiente.
Frunció el ceño al ver una sombra fugaz de dolor pasar por sus ojos.
—El dinero no es lo importante, lo que cuenta es el amor.
—Ya vuelves a usar esa palabra —sonrió con gesto de burla.
—No quiero casarme con un hombre que no es capaz de amar —indicó—. ¿Qué clase de padre serías si ni siquiera puedes manifestarle tu amor a tu esposa y a tu hijo? No es normal.
—Cuando nos casemos, serás mi esposa en todos los sentidos de la palabra, Sakura, de modo que eso lo hará muy normal… muy normal.
—¿Y si no acepto? —Alzó un poco la barbilla.
La mandíbula de él se puso más rígida.
—Sabes que tengo el poder para llevar a cabo lo que amenacé hacer.
—Sí, y la falta de moralidad para hacerlo —soltó—. No puedo soportar la idea de estar atada a ti indefinidamente. No se me ocurre nada peor.
—No recuerdo haber dicho que permaneceríamos casados indefinidamente —repuso él.
Trató de no mostrar cómo la había afectado esa declaración. Pero no pudo evitar morderse el labio inferior, y en esa ocasión notó el sabor de la sangre.
—Quiero que Sora lleve legalmente mi apellido —agregó Sasuke—. El mejor modo para ello es que te cases conmigo. El matrimonio continuará el tiempo que yo considere necesario.
—¿Necesario para qué? —preguntó con el corazón en un puño.
—Me reuniré contigo mañana a las diez en punto de la mañana en el viejo edificio del Hotel Arlington para hablar del acuerdo. Mientras tanto, depositaré fondos en tu cuenta bancaria que cubrirán los préstamos de tu negocio y cualquier otra deuda que puedas tener.
Lo observó abrir la puerta para marcharse, con la protesta encerrada en su boca.
Desde allí, giró para mirarla.
—No pienses en rechazar mi oferta de matrimonio, Sakura —añadió—. Si lo hicieras, no obraría a favor de los intereses de Sora.
—¿Y qué pasa con mis intereses? —preguntó—. ¿Los has tenido en cuenta en algún momento en tu plan de jugar a las familias felices?
La mirada de él pareció velarse.
—Intento hacer lo que está a mi alcance para compensarte por lo que sufriste —indicó con tono grave—. Cometí un error que probablemente lamente el resto de mi vida.
—Estás a punto de cometer otro —manifestó—. Casarte conmigo no va a solucionar nada… en todo caso, sólo empeorará las cosas.
—Se te recompensará bien por tus esfuerzos.
Lo miró furiosa.
—No me insultes ofreciéndome desagradables cantidades de dinero… ¿o es así como compras ahora el afecto femenino?
La expresión de él no cambió, pero los nudillos se le pusieron blancos al apretar el pomo de la puerta.
—Te veré mañana. Si no apareces, entonces no me quedará otra elección que dar por hecho que no sólo arriesgas tu negocio, sino también a tu hijo.
Sakura quiso tener la última palabra, pero él cerró la puerta antes incluso de que pudiera pensar en ella.
…¿CONTINUARA?...
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LES AGRADESCO A TODOS LOS QUE DEJARON SUS COMENTARIOS O QUE SÓLO LEYERON, Y QUE TAMBIÉN PUSIERON ESTA HISTORIA EN SUS FAVORITOS Y ALERTAS…¡MUCHAS GRACIAS!...=)
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Por favor dejen sus "REVIEWS", positivos o negativos, esa es mi forma de saber si continuo o no… ONEGAI… :) no necesitan tener una cuenta para poder comentar. Hasta pronto.
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"…SaKu-14…"
