Capítulo 10

Domingo, lindo y agradable domingo. Hoy Jacob saldría temprano del trabajo, a las dos, y yo cerraría la tienda a las tres. Mordí la punta del lapicero que estaba en mi mano, tenía que sacar las cuentas de ese día y apartar el pago del pedido que llegaría mañana. Mis ojos hormigueaban al ver los números de la libreta, era agotador y un poco frustrante. Todo debía cuadrar.

La campanilla sonó, y levanté la mirada de la libreta. Enfrente de mí había un niño, con las manos llenas de bolsitas de gomas azucaradas. En la puerta su madre lo esperaba. Sonreí y cobré lo que él puso en el mostrador.

—Gracias por la compra —le dije. El niño sonrió y corrió para coger la mano de su madre.

Me imaginé a mi pequeño así, de siete años corriendo y cogiendo mi mano. Suspiré y toqué mi vientre, aún faltaba mucho para eso. Faltaban todavía cuatro meses para que naciera.

El ruido de la campana sonando, me hizo girar. Caminando hacía mi pude ver a Jaocb. Sus ojos se veían brillantes y traslucidos, y su sonrisa era maravillosa. No podía evitar sonreír al verlo, era feliz viéndolo. No sabía cómo explicarlo, y para ser completamente sincera, ya ni sabía lo que era estar enamorada (porque Sam con su abandono me hizo olvidar hasta lo que sentí por él en un principio), así que no sé decir lo que se siente, pero sí puedo decir que esto era nuevo y maravilloso para mí.

—Leah —su voz, era suave y tranquila.

—Hola, Jacob.

Sentí sus labios sobre mi mejilla, muy cerca de mi boca. Y me encontré pensado: un centímetro más a la derecha. Mis mejillas se calentaron.

—¿Ya vas a cerrar? —preguntó.

Parpadeé varias veces para alejar mi mente y mis ojos de sus labios. No es que no hubiera habido besos durante este tiempo, pero siempre eran roces suaves, pero últimamente he querido más.

—Sí —dije. Él sonrió y acarició mi mejilla— Sólo tengo que acomodar esa caja, para hacer espacio para mañana.

—Te ayudo —me dijo, estando ya de este lado del mostrador, e intentó quitar la caja de mis brazos.

—No es necesario, puedo hacerlo sola —afirmé las manos sobre la caja.

—Déjame hacerlo, está algo pesada —solté la caja con un bufido. No era nada pesada. Me crucé de brazos y esperé a que regresara de la parte trasera de la tienda.

—No soy ninguna débil, Jacob —aclaré, apenas lo vi.

—Lo sé, pero estás embaraza y he leído que no debes hacer esfuerzos —habló, tranquilamente. Solté el aire fuertemente y me giré— Vamos, Leah, no te enojes —pidió. Su aliento lo sentí en mi cuello, haciendo que toda mi piel se erizara.

—No lo estoy —susurré.

—¿En serio? —sus manos agiles me hicieron girar.

Tragué saliva fuertemente al tenerlo así de cerca, y me puse nerviosa, algo muy estúpido de mi parte porque siempre estaba sentada en su regazo, pero nunca viéndolo a la cara, siempre escondida en su pecho. Nunca viéndolo, porque si lo veía mucho a la cara se daría cuenta de lo vulnerable que me vuelvo ante su mirada; se daría cuenta de que realmente lo estoy queriendo. Me estoy enamorando.

—Sí —musité. Desvié la mirada y lo empujé un poco— Es hora de irnos.

—De acuerdo —aceptó, y sentí la diversión en su voz. No sé porque luchaba para ocultarlo, él se daba cuenta de todo. Lo miré de nuevo y él rápidamente me dio un beso en los labios, antes de alejarse.

Suspiré y caminé a la salida, con él atrás de mí. Cerré la tienda y abrí la reja del departamento. Subimos lentamente. Cuando entramos, me dirigí a la cocina para preparar la comida. Él entró y fue picando las cosas que le di. La primera vez que me ayudó, salió de la cocina con los ojos llorosos por picar cebolla, quise evitarlo, pero acabé riéndome de él. Jacob empezó a reír segundos después, pero el muy pillo me besó cuando me encontraba distraída.

Cuando terminamos de preparar la comida, nos sentamos en la mesa. Nunca había silencio entre nosotros y si los había no eran incomodos.

—¿Cómo te fue en el trabajo? —pregunté.

—Bien, de hecho podre tomarme esta semana, es algo así como vacaciones —me alegré al escucharlo— Iré por Seth —eso me hizo sonreír más.

—Quiero verlo ya —le dije.

—Lo sé, mañana mismo iré por él —asentí— Regresaríamos el martes, ¿de acuerdo?

—Sí —murmuré, con el vaso sobre los labios.

Jacob se iría en autobús y regresarían en su camioneta. Él me explicó que cuando vino a buscarme no se atrevió a manejar, sus emociones lo tenían controlado y no sería bueno en la carretera, pero ahora sí podía ir por ella.

Tan sólo había un problema: moría por ver a mi hermano, pero no quería estar un día lejos de Jacob; era realmente un dilema. Y había otro, no sabía cómo tomaría Seth que Jacob dormía en mi cama. Negué con la cabeza, tendría que prestarle a Lucy un colchón o algo, para que Seth o Jacob durmieran en él durante una semana.

Me levanté de la mesa y decidí lavar los platos. Luego se los daba a Jacob para que los secara.

—Leah —habló, mientras le pasaba el último plato. Levanté la mirada hacía él.

—¿Sí? —pregunté, secándome las manos con una trapo.

—Me gustaría que saliéramos hoy, algo así como… una cita —me dijo.

Sentí algo tamborileándome el pecho. Nunca habíamos salido así… una cita. Lo máximo que hacíamos era ir al supermercado. Estar una noche con él, salir, pasear, platicar.

—Acepta, por favor —pidió, y se acercó a mí.

Sentí su cercanía más que nunca. La calidez que desprendía se me pegó a la piel. Era seguro que él no se diera cuenta de lo que provocaba en mí, o puede que sí fuera consciente y disfrutara mucho intentando hacerme perder el control. No podía hablar, ni siquiera podía respirar bien; cada trozo de aire que salía de mis labios se enredaba con su aliento. Así de cerca estaba.

Sentí mi espalda chocando con la puerta del refrigerador, y el cuerpo de Jacob se interpuso, para que no pudiera moverme. Decir que me estaba obligando a quedarme en esa posición era una estupidez, si quería moverme lo podía hacer, el caso era que no quería hacerlo.

Levanté mi mano y la coloqué sobre su pecho, éste se movía raramente gracias a su respiración irregular. Los tibios dedos de él levantaron mi cara. Me encontré con sus ojos y su nariz casi rozando con la mía.

—Sí... saldré contigo —musité. Sus labios tiraron de una sonrisa. Más que ver su sonrisa, pude sentirla en mis propios labios.

Él no se alejó, se quedó ahí, tentándome.

Suave, caliente y dulce. Sus labios estaban sobre los míos, pero no se movían. Este beso era diferente, y me estaba dando la opción de retirarme. Entonces no pude resistirlo más. Me puse en punta y lo besé, porque me estaba ahogando, sino lo besaba me ahogaría. Enredé mis manos en su cuello y lo jalé más hacia mí. Una de sus manos se colocó atrás de mi cuello, enterrando los dedos en mi cabello, mientras que la otra mano se posó en la parte baja de mi espalda.

Su boca me sabía, no tenía idea de cómo describirlo, me sabía a agua: era algo indescriptible pero necesario. No podía definir su sabor, era algo completamente Jacob. Sí, simplemente me sabía a él.

El aire era escaso, pero quería más, mucho más. Me separé lentamente, agitada igual que él. Su pecho chocaba con el mío al tratar de volver a su respiración normal. Bajé el rostro, y mi frente quedó a la altura de sus labios.

—Creo que debo ir a arreglarme —susurré, sin levantar la mirada.

Él se alejó poco a poco. Maldición, no quería alejarme. Cuando lo sentí lejos de mí, salí de la cocina y caminé por el pasillo a mi habitación.

Cerré la puerta, y me sentía ridícula, me sentía como una adolescente trastornada con su primer beso. Me pegué las manos en las mejillas, obligándolas a volver a su lugar. Es que no podía parar de sonreír.

Me vi en el espejo y encontré en mi ojos algo raro; tenían cierto aire cristalino, como si contuviera lágrimas, pero no me sentía con ganas de llorar; mis ojos brillaban, eso era todo.

Busqué en mi armario algo que ponerme. No era muy dada a los vestidos, pero por mi embarazo, Lucy había decidido que necesitaría algunos. Me coloqué uno de color verde. Me puse un poco de delineador en los ojos, y algo de labial. Toqué mis labios, éstos aún se sentían tibios y me hormigueaban.

Cuando salí de la habitación, él ya estaba vestido. Jacob había decidido mantener su ropa en el cuarto vacío, según su explicación para no incomodarme por las mañanas, así era él. Sus ojos me recorrieron de pies a cabeza y me sentí pequeña ante su escaneo. Aun no me hacía la idea de que el me amara, pudiendo tener a quien quisiera.

—Te quiero a ti —había contestado cuando le hice esa observación.

Tomé su mano y él besó mis dedos.

—¿Lista? —preguntó.

—Lista —sonreí.


Tenía en la mesa una variedad de abundantes platillos. Me había pasado todo la mañana cocinando; hoy llegaría Seth, y si alimentar a un lobo era algo complicado, dos ya era todo un reto. Aparte, había invitado a Lucy y Melanie para que lo conocieran. Estaba feliz por verlo, después de tanto tiempo por fin tendría a mi hermanito conmigo. Aunque no podía negar que parte de mi felicidad era por volver a ver a Jacob, un día sin él había sido gris pero dormir sin sus brazos había sido frío, demasiado frío.

El timbre sonó, y caminé a la puerta. Cuando la abrí recibí el efusivo abrazo de Melanie. Sonreí al separarme de ella y saludé a Lucy, que cargaba un refractario en las manos. Ellas entraron y caminaron hacia la mesa.

—Te preparé una tarta de durazno —dijo Melanie, mostrándome el refractario.

—Gracias, pero no era necesario —ella movió una mano quitándole importancia y se sentó en una de las sillas.

—Es mucha comida —habló Lucy, escaneando la mesa.

—Sí —musité. Ellas no esperan que dos lobos realmente puedan acabar con esto, sin engordar un solo gramo— Creo que me excedí, pero quedara para recalentar.

Me senté a conversar con ellas, viendo las manecillas del reloj cada pocos minutos. Tamborileé las uñas sobre la mesa cuando vi que ya pasaban de las dos, a esa hora debieron a ver llegado. Les serví refresco a ellas, y me senté a esperar de nuevo.

Cuando casi deban las tres, ya estaba desespera. Ellos vendrían en la camioneta de Jacob y si no llegaban es que algo les habrá pasado.

—Tranquila, querida —dijo Lucy, deteniendo mi mano. Suspiré y traté de sonreírle.

El sonido de las llaves nos hizo girar. Me levanté de la silla y caminé a la puerta, justo a tiempo para verlos cruzar el umbral. No pude evitar arrojarme a los brazos de Seth. Mi pequeño niño me tenía aprisionada en sus brazos, y yo no podía estar más feliz por eso.

—Seth —murmuré, alejándome de él. Le vi la cara, tenía una sonrisa enorme.

—Hermanita —exclamó con alegría.

Suspiré al darme cuenta de que ya no era un niño, los músculos de sus brazos habían crecido y su altura había aumentado, lo único que desentonaba con ese aspecto tan de hombre era su rostro aniñado, sus ojos inocentes y su sonrisa traviesa.

—Has crecido mucho —le dije.

—Algo —sonrió de lado.

Miré a Jacob y me acerqué a él. Quería abrazarlo y llenarme de él. Sus brazos me envolvieron con tranquilidad y por fin pude respirar de nuevo. Ellos ya estaban aquí y estaban bien.

—¿Por qué tardaron tanto? —le pregunté en voz baja.

—Porque a Seth le dio hambre —murmuró con gracia. Negué con la cabeza.

Me acerqué de nuevo a la mesa y jalé a mi hermano por la mano. Lucy y Melanie sonrieron.

—Ellas son Lucy y Melanie —le dije a Seth, señalando a cada una— Él es mi hermano Seth.

Ambas se levantaron y lo saludaron con un beso la mejilla. Pude apreciar el tinte rojo en las mejillas de Seth al ver a Melanie. Los ojos de mi amiga brillaron con picardía. Y no es que desconfiara de ella, pero no le permitiría lastimar a mi hermanito.

La comida pasó entre pláticas, y para sorpresa de Lucy, poco había quedado de la abundante comida. Seth había agarrado buena charla con Melanie, y ambos se alejaron a platicar sentados en el sofá, mientras que nosotros tres lo hacíamos en la mesa, disfrutando de la tarta que había hecho Melanie.

Cuando dieron las siete de la noche, ellas se retiraron.

—Deja —golpeé la mano de mi hermano, cuando vi que agarraría otro trozo de carne— Has comido toda la tarde.

—Soy un lobo en crecimiento, Leah, no puedes privarme de la comida —se quejó, pero aun así me abrazó— Y tú deberías comer más para que mi sobrino esté fuerte.

—¿No has visto cómo estoy? —pregunté, sonriente— Estoy hecha un globo —me reí y toqué mi vientre.

—Te vez muy bien —murmuró.

Sabía que no solamente hablaba de mi apariencia, sino lo que también reflejaba mi semblante. Hace mucho que había dejado de llorar, ni siquiera tenía idea de cuándo fue la última vez que lo hice, y estaba consciente de que poco a poco me empecé a curar. O más bien me empezaron a curar. Pensar en Sam ya no dolía ni me dejaba anestesiada, como si me aturdieran con un golpe; ahora pensar en él era como pasar mis dedos sobre una lija, raspaba en el momento, pero no se llevaba nada de mí.

—Él te hace bien, hermanita —susurró, señalando con la mirada a Jacob que estaba acomodando el sofá para dormir en él. Seth había dejado en claro que al menos por una semana no quería pensar que su hermana y su mejor amigo dormían juntos.

—Él me hace mucho bien, Seth —confirmé.


Hola, hola… ¿Cómo están? Espero que bien, y que hayan disfrutado de este capítulo.

Gracias por sus comentarios, me hacen el día.

Nos leemos el jueves.

By. Cascabelita