Segunda parte de Dulce Locura. Para aclarar las cosas: DL tiene todavía otra parte más, y luego, el capi final, que será doble, o mejor dicho, con dos versiones. O al menos, ese es el plan. :)

Gracias por los comentarios al capi anterior, y sobre todo por ser tan adorables y no lincharme! LOL No sabéis la ilusión que hace leer que habéis echado de menos esta historia, y saber que hay gente ahí, a pesar de los hiatus... Gracias.

Ahora, leed...


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Dulce Locura (Quiero Creer)

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Antes de llegar al sofá, Brennan da media vuelta de repente. Booth para apenas un paso por detrás y extiende la mano por miedo a que ella se desequilibre con ese giro. Se quedan más cerca de lo que cualquiera de los dos consideraría seguro en este momento, pero vuelven a sentir, como antes, que de ninguna manera está, ninguno de los dos, invadiendo el espacio físico del otro.

Booth retira la mano del brazo de Brennan y los dos se miran con fuerza, creando unos de esos instantes especiales entre ellos.

"¿Tendrás cuidado?" Brennan suena preocupada pero firme. "En Afganistán. ¿Tendrás cuidado?"

"Sí." Claro, cierto. Una promesa.

"Bien." Confianza.

Booth se siente conmovido ante el evidente alivio de Brennan, pero él también está preocupado.

"Y tú, ¿tendrás cuidado en ese Turulucu?"

"Maluku." Lo corrige sin pensar y ambos sonríen. "Sí. Lo tendré." Otra promesa.

"Bien." Aceptación.

En sus palabras hay mucho más, y por eso, hablan despacio, conscientes de lo que están compartiendo, y como con cierto miedo a que, si hablasen más alto, o más rápido, o con menos solemnidad, algo ocurriese que los saque de este momento.

Ambos necesitan experimentar la cercanía del otro. Al fin y al cabo, y aunque se nieguen a decirlo en voz alta, es una despedida. Temporal, sí, pero despedida al fin y al cabo.

Las manos de Brennan se cierran a ambos lados de su cadera para intentar controlar el impulso de extenderlas y sentir su calor, transmitirle algo de ella misma a la vez. Booth echa de menos su ficha de póquer, olvidada en el bolsillo de la chaqueta de su traje, para poder tener algo que le distrajese de la ansiedad que siente, el hormigueo de sus dedos que solo quieren sentir su piel, y el instinto de tenerla entre sus brazos.

Se mueven apenas sin notarlo hasta colocarse totalmente frente a frente.

Si Booth hubiese tenido su ficha, hubiese reprimido el gesto, pero como no la tiene, no puede frenar la necesidad de acariciarla y acerca el brazo hasta rozar con los nudillos el exterior del hombro de Brennan quien, inconscientemente, se inclina hacia ese sutil contacto de sus cuerpos. Sin apartar la vista uno del otro, miradas cargadas de emoción, Booth abre la mano y desliza suavemente la palma hasta el antebrazo.

"Ven aquí," susurra.

Tras una delicada caricia, toma la mano de Brennan y tira suavemente de ella para acercarla, haciendo reposar la otra, con firmeza, en su cintura.

Brennan busca su equilibrio posando la palma de la mano que le queda libre en el pecho de Booth, sobre su corazón. Siente como late a través de las capas de fibra y músculo. Firme. Con energía. Su mirada se centra un largo momento en su propia mano sobre el pecho de él. Se siente culpable de nuevo al pensar en su enorme (figuradamente hablando) corazón. El daño que le causó, que aún le causa... Y sigue aguantando... Marchándose le ahorrará un poco de ese sufrimiento.

"¿Sabes?" Su voz es poco más que un suspiro y la saca de sus pensamientos. "En realidad yo no quiero que cambies." Los dedos de ambos, entrelazados, prueban tentativas caricias. Booth le traza pequeños círculos con el pulgar en la palma de su mano.

"Yo tampoco quiero que tú cambies." Contesta ella, también en un suspiro y con la mirada baja. Percibe amplificado el calor que desprenden sus manos unidas, que se agarran fuerte ahora la una a la otra, como queriendo demostrar lo cerca que están ambos, todo lo que sienten, una promesa de ser y estar el uno para el otro. De cualquier forma que sea.

Nota la sonrisa que se esboza en los labios de él ante su respuesta y levanta la vista.

Sus ojos (y sus manos juntas, apretadas con fervor, como si fuese el punto de equilibrio de ambos) por fin le dicen que lo entiende. La entiende. Se irán. Pero volverán.

El ritmo cardíaco de Booth se acelera de una manera apenas perceptible, aunque desde su posición privilegiada, ella lo sabe con certeza. Incluso podría decir, con igual certeza, que el suyo también se acelera. La adrenalina corriendo por sus venas como un indicador infalible de la trascendencia de ese momento.

Booth suelta la mano que sujetaba, no sin antes un pequeño apretón, sin miedo a perder el figurado equilibrio. Se dirige lentamente al rostro, pálido y tan perfecto de Brennan, y con el dorso de los dedos traza una delicada caricia en su mejilla. Los ojos de ambos tienen por un momento la misma llama de antes, la de siempre. La del primer momento.

La del primer beso.

Brennan no puede resistir la acción casi refleja de cerrar los ojos, y presiona la mejilla contra la mano que tan tiernamente la toca, mientras su mano, ahora libre, recorre con calma el antebrazo de Booth hasta situarla en su hombro, disfrutando de su anatomía sin apartar un instante sus miradas. Con el pulgar justo en el acromion, acaricia éste en pequeños movimientos rectos que siguen su clavícula.

Tanta intimidad es realmente intensa. Los dos se quedan perdidos en este momento. Y ninguno de los dos quiere romper el hechizo.

No esta vez.

Booth sumerge sus dedos en el pelo de Brennan, con cuidado, apartándolo de su cara y descubriendo, para su sorpresa, un ligero rubor en sus mejillas. Aprovecha su acción para llegar a su cuello y acariciar ese punto detrás de la oreja que sabe instintivamente que la desconcentra. Entre ellos parece haber una fuerza gravitatoria que escapa de su control y, al ritmo de sus corazones, caminan el escaso espacio que todavía los separa.

"No son ya abrazos de compañeros, ¿eh?" Su voz es melancólica y tenue pero sus brazos sujetan, con la firmeza que le falta a su voz, su cintura, sin apartar la mirada de sus ojos azules. Tan azules y brillantes que le hacen imposible no perderse en ellos.

En un movimiento tan suyo como esas miradas, la envuelve en un abrazo al que ella enseguida cede ya que, al mismo tiempo, sus brazos se agarran a su espalda, con la ternura y la pasión que no logra expresar con las palabras.

Al oído, un susurro.

"Nunca lo han sido, Booth." Y apoya la cabeza en el hueco de su hombro, rozando con sus labios involuntariamente la tersa, fuerte y al mismo tiempo suave piel de su cuello. Un escalofrío recorre a Booth, y no puede evitar aplicar un poco más de fuerza en su abrazo, y deslizar sus grandes manos por la espalda de ella. Acerca la boca a su oído y en voz baja y ronca, una demanda.

"Dime qué son..."

"Son..." Brennan cierra los ojos, el aire exhalado por Booth en su oído la hace perder la respiración un momento. Siente cada vez más el calor que desprende su cuerpo, y es que, prácticamente, la envuelve en ese abrazo.

¿Qué es? ¿Qué son? ¿Por qué le pregunta a ella si se supone que es él el que sabe esas cosas, el que tiene las respuestas? Pues porque él fue el que jugó y ella la que frenó sus avances, con lo que ahora es su turno, es ella la que debe ofrecer algo. La pelota está en su campo.

Y aunque no quisiera tener que hablar en este momento, no puede no contestar.

Y no puede mentir.

Claro que no son abrazos de compañeros, eso lo tiene claro. Ni de sólo amigos. Pero tampoco es un abrazo de amantes. Ellos no son amantes... No se besan. No se acarician... Pero amantes son los que se aman y ellos... No, no... No puede expresarlo. Ahora no.

Estos abrazos son tan importantes para ella... Es más que todo eso junto.

"Son... abrazos de amigos." Es la verdad. La amistad de Booth es de lo más valioso para ella. "De los mejores amigos." Añade, y para reforzar lo que pretende decir con esa frase, se endereza en el abrazo, de manera que prácticamente cada milímetro de ambos se toca. O al menos, a ella se lo parece. Su torso, sus caderas, sus piernas... Todo su cuerpo está en contacto con el de él.

Es plenamente consciente de Booth, de su calor, de cada músculo, de cada tendón, de cada hueso.

Y sin embargo, cada vez parece más insuficiente.

Reajusta su cabeza en el cuello de Booth, pero nota la postura más rígida de él.

"Sí... claro." Brennan escucha la decepción en la voz de Booth que le dice que, a él, su respuesta no le basta. No la comprende...

¿Por qué es tan torpe que no sabe explicarse?

Separa un poco la cabeza de él hasta encontrar su mirada, pero sin alejar sus cuerpos.

"Da igual el nombre que les des." Brennan se asegura de que los ojos de él estén fijos en los de ella y añade, tajante, aunque en una voz tan suave como recién salida de un sueño.

"Son nuestros."

Su tono expresa certeza, y lo acompaña con una pequeña sonrisa triste que alcanza su mirada. Booth sonríe. Aunque no pueda expresarlo de otra manera, en ese posesivo indica que son tan importantes para ella como para él. Es cierto que no se pueden calificar fácilmente. Y es cierto que son abrazos de amigos, pero también son algo más. Y ella tiene razón. Son de ellos. Sólo de ellos.

Convencida de que lo ha entendido, vuelve a su posición en el pecho de Booth, que se hunde un poco más en los brazos de ella, su distintivo perfume inundando sus sentidos.

"Gracias."

Brennan gira un poco la cabeza, para acomodarse, sus labios a la altura de la parte más sensible del cuello. Aspira profundamente el intenso aroma de su piel, restos de colonia o de after-shave y ese olor característico de él que le hace siempre sentirse en calma. En casa.

Esboza una sonrisa y sus labios tocan esa piel.

Como llevada por fuerzas superiores a ella, ese inocente contacto se convierte en un beso delicado y ligero, acompañado de otro, y otro, cada vez más seguros. Booth acaricia la espalda de Brennan. Su pulgar inicia una exploración del espacio que se esconde bajo su camisa, y no puede más que continuar descubriendo su piel, caliente y suave. Nota como se eriza al paso de sus dedos, y traza pequeñas caricias en esa zona de la espalda que hacía tanto que no disfrutaba. Siente como ella se relaja en sus manos y sus caricias se vuelven valientes.

"Oh, Huesos..." Su voz es grave y contenida. Cierra los ojos, hipnotizado por la doble sensación. Se deja llevar un momento sólo sintiendo sus labios en su cuello, su piel bajo sus manos...

Brennan sujeta el cuello de Booth con una mano para tener mejor acceso a él al tiempo que sus labios se abren, en un beso húmedo, con una ligera succión que provoca un gemido de ambos. Las grandes manos de Booth recorren el espacio hasta el abdomen de Brennan y las expande sobre sus laterales, en una caricia desde su cadera hasta la parte inferior de sus pechos, donde sus dedos dibujan patrones aleatorios siguiendo la línea de las costillas.

El deseo comienza a adueñarse de ambos, y Brennan desliza sus labios por la línea del cuello de Booth, parando justo en la articulación de su mandíbula. Booth contiene la respiración ante esa sensación, y se ve inundado por la necesidad de besarla. Trata de liberar una mano, pero los botones de la blusa de Brennan tropiezan con los nudillos de Booth, frenando sus caricias, y por un momento lo hacen consciente de lo que está pasando, lo que puede pasar. Y sus consecuencias.

Suficiente para saber que deben parar.

Sus manos abandonan sus exploraciones pero no están preparadas para abandonar el calor y la suavidad de la piel de Brennan, por lo que sólo se retraen a la parte inferior de su torso, retirándose hasta sus caderas. También mueve un poco su cabeza en un intento de detener la actividad de Brennan, pero es en vano, porque el movimiento acaba resultando en un acercamiento a esos labios que parecen haber encontrado su nuevo lugar favorito.

Parar esto requiere demasiada fuerza de voluntad, pero...

"Huesos..." Brennan no se percata de que Booth le habla, o quizás lo confunde con apreciación por sus acciones. "No sé... No sé si esto es una buena idea..." Su voz suena torturada, y es que verdaderamente está siendo sometido a una dulce tortura.

Tarda un momento en percibir esas palabras. Frena sus besos, confusa, hasta que su mente las procesa.

"Oh, yo... Yo... Perdóname."

Comienza a apartarse de Booth, sin embargo, sus piernas no obedecen a los comandos de su cerebro, y solo logra dar un paso hacia atrás que provoca que los dos se puedan mirar a los ojos con claridad. Las manos de Booth se niegan a alejarse y como con ideas propias, sujetan firmemente la cadera de Brennan.

Las manos de ella se deslizan hasta sus hombros.

Una mano baja lentamente por su bíceps y se queda en el antebrazo, incapaz de dejar de tocarlo. La otra en el hueco del cuello, nuevamente. Un pulgar acariciando inconscientemente la parte interior del codo, el otro, la clavícula.

Booth vuelve a surcar, con las yemas de sus dedos, la espalda de Brennan, un centímetro por debajo de su camisa esta vez conscientemente, mirándola a los ojos.

Los ojos de ella se entrecierran tratando de no perderse en tantas emociones. Ambos se paran y permanecen firmes, impidiendo que sus cuerpos se separen totalmente, a pesar de sus palabras. Él se da cuenta del momento exacto en que ella deja de luchar contra lo que siente. Un pequeño suspiro y un susurro.

"Perdóname."

Si hubiera música, parecerían dos amantes bailando en la penumbra, sus posturas diciendo mucho más de lo que ninguno habría pensado cuando Brennan cruzó el umbral del apartamento o discutieron sobre los viajes, pero también mucho menos de lo que cada uno desearían que el otro dijese.

"¿Por qué?" También un susurro, mientras separa una mano de la espalda de Brennan, que se estremece ante la pérdida del contacto. Booth sonríe y acaricia su pelo sedoso.

"Por… hacerte daño. Yo... Yo…" Booth coloca el índice bajo la barbilla y levanta su cara para que lo mire de nuevo. Darle seguridad. Ella hace un gesto negativo con la cabeza, al tiempo que suspira, apartando los ojos de él un momento antes de devolverle la mirada. "Siento que… no puedo resistir más." Se queda prendida en su mirada, tan tierna, tan comprensiva, tan llena de algo que se niega a definir.

"¿Resistir qué?" La otra mano deja el hueco de la espalda de Brennan donde ya había tomado residencia, y enmarca su cara con casi devoción, acariciando sus mejillas con dulzura. Necesita saber.

"Resistir tu presencia. Cuando... Cuando estás tan cerca... Es difícil."

"¿Lo es?" Sonríe ladeando la cabeza, intentando hacerse el presumido, cuando en realidad todo su ser está conmovido.

Sí, ella le ha hecho daño, pero todo lo que le ha dado… Y esto, esto es un gran paso.

"Sí..." Baja un momento la mirada y respira profundo, como para poder soportar esa carga que pesa en su corazón (metafóricamente hablando) e inadvertidamente dar apoyo a sus palabras. "Es tan... desconcertante... A veces es como si..." Brennan no sabe explicar que la presión en su pecho a veces es intolerable, que sus piernas flaquean, que sus manos tiemblan. Es cierto que no son más que hormonas, pero no está segura de cómo llamar a lo que provoca una respuesta en ella tan fuerte que no puede decir que sea puramente física. Levanta la vista suplicante, sus ojos llenos de emoción y pidiendo ayuda, pidiéndole a Booth en silencio que no la haga continuar. Y por mucho que él quiere saber qué es lo que ella siente, no puede soportar ese sufrimiento que ve, provocado por su lucha interna entre la razón y lo desconocido.

"Lo sé." Simple. Cierto.

Es verdad que Brennan no puede expresar verbalmente lo que siente, quizás ni siquiera sepa por qué se siente así, pero por una vez Booth siente que no importa. Por una vez es capaz de mirar más allá de esa capa de lógica y dialéctica bajo la cual se esconde y protege. En su mirada, por una vez, él puede ver más allá del miedo, más allá de la confusión. Ve incluso más de lo que ella misma ve.

Y, por una vez, no necesita palabras.

Este momento es una pequeña grieta por la que él puede llegar directamente a su corazón.

"Es que yo no... No quiero verte sufrir..." El hilo de voz con que lo dice lo rompe.

Es innegable que lo ha hecho sufrir, aún lo hace sufrir, pero por lo que está viendo, él no es el único que vive atormentado.

¿Cómo es que no se había dado cuenta antes de que ella estaba también sufriendo así? ¿Puede ser que haya estado tan ciego por el dolor? La respuesta es obvia. Y eso lo hace sentir peor. Debió haberla escuchado, no sólo las palabras, sino también lo que había tras ellas. Antes lo hacía...

"Shhhh…" Trata de tranquilizarla, de convencerla de que entiende lo que siente. De que sabe que ella no lo heriría nunca a propósito. "Eh, lo sé."

"Pero te hago sufrir haga lo que haga. Yo... soy fría y desconsiderada. Soy incapaz de mostrar empatía en la mayor parte de las situaciones. No creo en lo que tú crees. No creo…"

"Eh, ¿por qué dices todo eso?"

"Porque es cierto, Booth."

"No, no lo es."

"Sí. Yo sólo... Me ciño a los hechos. No soy buena para ti... No soy buena para nadie."

"Ven aquí. No digas eso."

"Mírate. Eras feliz antes de conocerme. Antes de que nos metiésemos en esta espiral absurda de sentimientos que no hay manera de..."

"No. No era mejor. Y tú lo sabes." Se acerca y le acaricia la mejilla. "Tú me has hecho mejor persona." Ella lo mira desesperada, queriendo creer, pero demasiado lastimada para hacerlo a la primera. Así que lo repite. "Tú, y solo , me has hecho mejor persona."

"Eso... es bueno..." Su tono es tan dubitativo que Booth no sabe cómo hacerse comprender.

"Eso es lo mejor. Tú y Parker sois lo mejor que me ha pasado en la vida." Sonríe. Quizás ya lo entiende. Ella y Parker son lo más importante para él. Siempre.

"Tú me has influenciado mucho a mí también."

"¿Y eso te molesta? ¿Que te haya dejado una marca?"

"No... No estoy segura. No. Tú eres… Tú también eres muy importante para mí… Es que todo es... todo es tan..."

"¿Complicado?" Un atisbo de dolor cruza su mirada y Brennan esboza lo que intenta ser una sonrisa, pero resulta una mueca, cansada, sobrepasada.

"Antes era más fácil."