Cita diez - Todo es relativo (Capítulo de Invitado - escrito por Eakin FIMFICTION)

Cheerilee se paseó por la calle tarareando una melodía alegre, un corto vestido de noche azul balanceándose al ritmo de sus caderas. Por fin, las cosas estaban empezando a mejorar. Estos últimos meses, y todas las decepciones románticas que se habían amontonado en ella, eran en retrospectiva dolorosas-pero-necesarias lecciones sobre ser más exigente. Así que cuando ella había visto el anuncio personal en la parte posterior del periódico que parecía demasiado bueno para ser verdad, su primera reacción fue asumir que era justamente eso. Sin embargo, ella había respondido. Con cautela al principio, con una carta anónima enviada a través del editor del periódico. Pero entonces él le había escrito devuelta.

Él había admitido de frente, y con buen humor, que había estado tratando de poner su mejor cara en el anuncio. Él era unos años mayor ("¡pero sólo unos pocos!") De lo que había sugerido al principio, pero bueno Cheerilee sólo estaba en sus "jóvenes veintitantos" bajo una muy generosa interpretación de la palabra "jóvenes". Cheerilee casi había tirado la carta cuando él también admitió que estaba al final de un matrimonio que no estaba yendo tan bien, y que tanto él como su esposa habían llegado a un acuerdo amistoso para tratar de encontrar otros ponis. Pero si esas eran las únicas sorpresas desagradables, y él estaba dispuesto a ser sincero con ella acerca de ellas, no eran necesariamente "obstáculos".

Entonces, ella leería la segunda mitad de la carta. O más exactamente, el tercer cuarto de ella y la dejó para tomar una larga y muy fría ducha y finalmente logró terminar el resto. Romántico sin ser aburrido o predecible. Sugerente y coqueto sin ser crudo. Bien escrita y elocuente, sin caer en la prosa púrpura. Su entrenado ojo de maestra había leído cada párrafo tres o cuatro veces (con el fin de corregir, por supuesto) y no había encontrado ningún error de ortografía o gramatical. Incluso su caligrafía era florida y refinada. Algo que había que admitir, era de… Sementales… más experimentados.

Pero Cheerilee había sido decepcionada después de buenas primeras impresiones antes, por lo que decidió intercambiar algunas cartas más antes de tomar una decisión. De esa forma si él resultara ser un desgraciado después de todo, ella sólo podía dejar de escribirle y él nunca averiguaría quién era. Unas cuantas cartas más pasaron de aquí para allá a través de esa oficina del periódico y así los dos se hicieron amigos por correspondencia. Él era un perfecto potro caballeroso, y la mandíbula de Cheerilee casi se le cayó cuando él le había mencionado el ver a su hija en la escuela, SU escuela de hecho. Eso la había alarmado. ¿Qué pasaría si este semental fuera el padre de una de las potrillas a las que enseñaba? La madre y el padre de Silver Spoon parecían un poco bruscos entre sí en la última reunión de padres y maestros que se había llevado a cabo, aunque en ese momento se lo atribuyo al sermón que ella les hizo acerca de los problemas de comportamiento de su hija.

Cheerilee escribió media carta preguntando quien era la potrilla, pero luego la arrugó y la tiró. Repitió el proceso tres veces más antes obligarse a si misma a alejarse de su escritorio y dejar el asunto de lado. Si era una potrilla de su clase, ella no confiaba en sí misma como para no tratarla de forma diferente con la esperanza de ganarse el favor por cercanía, o presionarla para obtener detalles personales y arruinar el juego por completo. La pregunta la carcomía, sin embargo en ese momento ella se decidió a ciencia cierta; ella iba a encontrarse con este poni.

La última carta que ella escribió, después de tres vasos de vino tinto, establecía en términos muy claros lo interesada que estaba. Ella casi colapso en un ataque de risitas avergonzadas mientras ella entrelazaba cada frase con insinuaciones eróticas, deteniéndose justo antes de caer en la obscenidad. Ella quería que él supiera, en términos muy claros, que era una yegua de mundo. Una yegua que sabía cómo manejarse en la cama y que es lo que ella quería de él, él tendría que preocuparse de encantarla durante una cena el siguiente fin de semana en un café que Cheerilee siempre había querido probar, pero que estaba guardando para una ocasión especial. Él la reconocería por el lirio blanco sujetado en su pecho.

Ella envió la carta y se encontró varias veces mirando en el buzón durante los próximos tres días, esperando ansiosamente a la yegua cartera y las noticias que esta traería. Después del tercer día, sin respuesta, comenzó a dudar de su decisión. ¿Había sido su carta demasiado subida de tono? ¿Habría pasado por encima de los límites del buen gusto y habrá quedado como una especie de fulana cachonda? Daba vueltas a la carta una y otra vez en su cabeza tratando de recordar el fraseo exacto, la exacta elección de las palabras que había utilizado y si podría haber habido otra mejor que podría haber elegido en su lugar. Pero en el cuarto día de su desesperación se convirtió en emoción cuando descubrió una breve nota entre las cuentas y el correo basura que siempre recibía. Cuando la abrió, ella se alegró al descubrir, "¿por qué no?", el semental estaba positivamente encantado de reunirse con ella en el momento y lugar que ella había sugerido. "Solo busca por la barra al semental con una rosa que sobresalga del bolsillo de su chaqueta".

Así que ella caminó, justo a tiempo, por la calle hacia la cafetería. Ella cedió a la tentación de dar un pequeño salto en el aire y aplaudir con cascos traseros antes de aterrizar de nuevo. ¿Cuánto tiempo había pasado desde la última vez que se había sentido tan optimista? Al entrar en la cafetería de lujo, pasó bajo el glorioso candelabro de cristal y dejo su chaqueta sobre el guardarropa. Sacó el lirio blanco cuidadosamente envuelto, el cual había pasado media hora eligiendo aquella mañana, ignorando la cada vez más la evidente impaciencia de la vendedora de flores. Mientras ella iba y venía buscando la flor perfecta para la noche perfecta. Fijándola al tirante de su vestido, ella se acercó a la barra para encontrarse con su cita.

El bar estaba lleno de sementales y yeguas riendo, coqueteando y por lo general pasando un tiempo maravilloso juntos. Escaneo a los ponis buscando cualquier señal de una rosa, y luego, en el otro extremo de la barra, ella lo vio. Sus ojos se encontraron y se reconocieron el uno al otro al mismo tiempo, la anticipación transformándose en shock y luego en horror.

"¿Papá?"