Te quiero, a pesar del tiempo
9
Un regalo llamado amor
"¡Qué triste es amarlo todo sin saber lo que se ama!"
Juan Ramón Jiménez
Una vez que Harry hubo salido de la habitación, Hermione y Ginny abandonaron su anterior escondite, que había sido la habitación de la primera. Ninguna de las dos entendía que pretendía Luna con todo eso, ¿acaso quería juntar a Harry y Malfoy? Y si era eso, ¿por qué querría semejante cosa?
―No puedo creer que Luna hiciera algo así ―dijo Hermione, rompiendo el silencio.
―Tendré que preguntarle ―respondió la pelirroja con tristeza, después de todo, había escuchado todo lo que significaba el rubio para su novio.
―Iré contigo.
Ese fue el momento que Pansy escogió para terminar de entrar a la sala, las otras chicas se paralizaron al verla, ¿cuánto había escuchado? Ella les sonrió con suficiencia y entró en la habitación que compartía con Hermione. Tenía que pensar aún qué hacer con la información que acababa de obtener, ¿debería decirle a Draco?, no quería darle esperanzas que acabaran en nada, no podía hacerle eso; pero tampoco podía ignorar lo que sabía, que Potter estaba en muy buen camino de enamorarse de su amigo, pero por supuesto, la obtusa mente del lencito no le permitía darse cuenta de sus propios sentimientos, y no es como si ella pudiera llegar y decirle "¡Hey, Potter! ¿Sabías que Draco te gusta?", seguramente eso tampoco sería suficiente para hacerle entender. Tenía que idear un muy buen plan.
Hermione caminaba con pasos firmes y furiosos, mientras que ella dejó que toda la inseguridad la llenará, se sintió de nuevo como la niña de 12 años que abrió su corazón a un libro hechizado. De cierta forma entendía a Luna, sabía que no lo había hecho por Draco, tampoco únicamente por Harry, Luna era lo más parecido a una mejor amiga que tenía, Hermione era como una hermana mayor y una segunda madre. Luna había visto lo mismo que ella, pero Ginny había preferido ignorarlo, y al final alguien iba a salir herido, y a estas alturas, estaba casi segura de que sería ella.
―Te vimos Luna, ¿por qué lo hiciste? ―la voz de Hermione la sacó de sus pensamientos.
Ginny se fijó en ella, desde que el proyecto de unificación de casas había comenzado, Luna ya no perdía sus pertenencias, sin embargo, parecía ir perdiendo poco a poco su personalidad soñadora. Ginny no había pasado mucho tiempo con ella últimamente, ya que estaba empeñada en estar con Harry, por lo que se sorprendió de lo alta que se veía, pero se dio cuenta de inmediato de que en realidad se debía a que estaba completamente erguida, encarando a Hermione Granger como si no fuera Luna, Su Luna. Y desde luego, Su Luna no tendría esa mirada fría, esa actitud retadora ni esa postura, casi furiosa. ¿Qué había sucedido con ella?
―¿De qué hablas Hermione? ―respondió con una sonrisa falsa.
―De la "entrevista" que le hiciste a Harry, ¿qué pretendes? ¿Acaso quieres juntarlos?
―Harry me contó algunas cosas ―respondió, sorprendiéndolas a ambas― entre ellas, que le impiden hablar con Draco…
―Ellos no deben…
Luna alzó la mano interrumpiendo a Hermione, que se quedó muda por la impresión por la actitud de la rubia. Ginny sólo quería zarandearla para que volviera a ser la de antes.
―Harry está confundido, es evidente que tiene sentimientos por Draco, el evitar que se vean sólo logrará que explote. Harry tiene derecho a decidir por sí mismo en terreno neutro.
―¿Es en serio? Creí que tú y Ginn eran amigas, ¿por qué le harías algo así?
Las dos menores se miraron, y Ginny entendió los motivos de Luna, desde luego, era lo que ella imaginaba. Quiso decirle que lo entendía, que la perdonaba, que lo sentía por haberla abandonado, que volviera a ser la Luna de antes, pero las palabras no salieron de su boca; ella tampoco dijo nada.
―¿Sucede algo? ―preguntó una suave voz.
Hannah las observaba con desconfianza, Ginny vio con amargura cómo se colocaba al lado de su amiga y la tomaba del brazo.
―¿Luna?
―Tond bien Hannah, no pasa nada.
―Vamos, Susan nos espera. ―dudó― nos vemos chicas.
Hermione murmuró una despedida, ella no pudo decir nada. Se limitó a observar cómo las dos chicas se alejaban tomadas del brazo, de la misma forma que solían hacerlo ellas. En ese momento de tristeza y añoranza, olvidó por unos minutos a Harry.
―¿Qué sucede con Luna? ―dijo Hermione― no es la misma, no entiendo…
―Ya sé por qué lo hizo Hermione, voy a la sala común, la de Gryffindor. Necesito estar sola.
Y se alejó con pasos decididos, no se permitió derramar una sola lágrima hasta que estuvo en la soledad de su cama.
Los motivos de Luna eran muy simples, que Ginny se diera cuenta de que Harry ya estaba (y probablemente siempre había estado) bastante atraído por Draco, y que al mantenerlos separados sólo iba conseguir que Harry se desesperara y explotara, podría incluso serle infiel, podría terminar todo de la peor forma posible. Luna quería que dejara decidir a Harry desde un punto medio, sin presiones ni chantajes. De esa forma sabrían cuáles eran los verdaderos sentimientos del chico, Ginny y Draco debían enfrentarse en justa competición y el veredicto sería entonces el definitivo. Si ella estaba segura del amor de Harry, tenía que confiar en que dejarlo pasar tiempo con Draco le haría darse cuenta de que en realidad lo quería de la misma forma que a Ron, o algo así.
Desde luego, nadie sabía cuál era el resultado que Luna deseaba, más que ella misma, y ese era un secreto que pensaba llevarse a la tumba, con la certeza de que cualquier resultado era correcto, ella quería que ese tesoro llamado amor uniera a las personas correctas.
―¿Te has vuelto loca? ―fue lo que le dijo Hermione cuando le dijo lo que había decidido― ¿quieres entregárselo en bandeja de plata?
―Prefiero eso a vivir eternamente con la incertidumbre de si Harry me ama a mí o no.
―¡Por supuesto que te ama a ti!
―¿Entonces por qué estás tan preocupada? ―la otra no respondió― eso es lo que Luna trataba de hacer; si los separamos es más fácil que Harry se confunda, pero si pasa tiempo con ambos puede decidirse por uno, sinceramente.
―Pero Ginn, ¿y si causa el efecto contrario?
―Eso pasará sólo si me dejo ganar, y no pienso hacerlo. Pero entiende, no puedo ganar si no hay competencia.
―De acuerdo, te ayudaré. Sólo espero no estés equivocada.
Si Potter notó algún cambio no dijo nada, Draco si lo notó, pero tampoco dijo nada. Pansy, en cambio, sí que dijo algo en cuanto notó que los Weasels y Granger no trataban de impedir que Potter se acercara a Draco, ¿a qué jugaban ahora?
―Potter no tiene guardias, ―le dijo a Draco en el desayuno― ¿cuánto tiempo apuestas que se tarda en correr contigo?
―Pans, por favor, no empieces.
―Ya empecé querido, y hoy me siento inspirada. Lo hará saliendo de la primera clase.
―Pansy…
―Tu apuesta.
―Pans…
―Tu apuesta.
―De acuerdo, me seguirá en cuanto salga del comedor, pero ―añadió al ver la sonrisa complacida de su amiga― es sólo por su complejo de héroe y la estúpida idea que tiene sobre ser amigos.
―Repítelo hasta que te lo creas.
― ¿Acaso sabes algo que yo no? Porque la última vez que me fijé estaba muy a gusto con su novia.
Pansy se mordió el labio, por un lado quería borrar esa expresión dolida de su amigo, por el otro lado, no quería darle esperanzas que al final terminarían en nada. No podía permitirse vacilar, aunque no hiciera a Draco partícipe de su plan, tenía que llevarlo a cabo. Finalmente, Draco terminó de comer y se levantó. Pansy sonrió satisfecha cuando unos segundos después, Potter se había levantado y había comenzado a seguir a Draco; definitivamente, eran unos tontos por no notar lo mucho que Draco atraía al Gryffindor, ¿pero qué se le iba a hacer?
―Supongo que crees que eres disimulado ―le dijo a Potter cuando estuvo a su lado.
―No estaba tratando de disimular ―le respondió éste con una sonrisa.
―Potter…
―Harry.
―Harry, de verdad no creo que…
―Sea buena idea ―terminó la frase por él.
Draco no replicó, siguió caminando, tratando de ignorar al que lo seguía de cerca; se veía muy feliz, pero él no podía saber que era porque estaba a su lado, de la misma forma que él.
― ¿Recuerdas el año pasado? Cuando me capturaste por el Sapo Rosa…
―Lo siento.
―No, deja eso. El grupo que habíamos formado, era un grupo de defensa, practicábamos hechizos y eso.
―Adivino, tú eras el profesor.
― ¿Tan evidente es?
―Aunque seas un despistado, tengo que admitir que la defensa se te da bien, después de todo no he podido derrotarte.
Harry rió, con esa risa que hacía que el corazón de Draco se derritiera, pero no dejó salir más que una media sonrisa, una sonrisa que hizo que el corazón de Harry se derritiera un poco también.
―Bueno, yo lo decía porque los chicos que estaban allí son de confianza, y de cierta forma creo que nos convertiremos en una nueva Orden anti-Voldie en algún punto. Quisiera presentarte con ellos.
Draco se detuvo con la mano a punto de abrir el aula, ¿qué tenía que hacer para librarse de Potter?
―Potter, eso es una terrible idea ―dijo Harry, en una pésima imitación de la voz de Draco, que no había alcanzado a abrir la boca.
El rubio sonrió, Harry se había adelantado a lo que iba a decirle y ahora lo miraba con esos ojos imposiblemente verdes y esa sonrisa…y toda esa Potterosidad que él amaba. Era imposible negarse, en ese preciso momento Draco era incapaz de decirle que no, le pidiera lo que le pidiera. Se dio la vuelta en el preciso instante en el que Granger y Weasley aparecieron por el pasillo y se acercaron a ellos.
―Lo pensaré, ¿de acuerdo? ―le dijo en voz baja.
―De acuerdo ―con eso, Harry se dio por satisfecho.
Sin embargo, no había mucho que pensar, la respuesta tenía que ser negativa. No había forma de convencer al séquito de Harry de que él había cambiado, después de todo, las únicas que parecían creer en él eran la Lunática y Weasley chica, por increíble que esto pareciera. Realmente no quería decepcionar a Harry, pero no iba a funcionar, hiciera lo que hiciera no iba a dar resultado. No obstante, cuando aquél se acercó nuevamente a él después de clase le dijo
―Lo haré.
Como si estuviera convencido de que era un excelente plan. La sonrisa que el otro le regaló casi le hace pensar que los crucios valdrían la pena, casi. Pansy, por otro lado, le gritó hasta quedar ronca, le hizo pedir con un elfo dos pociones para la garganta, se bebió una y siguió gritando un rato más; Draco la dejó hacer, después de todo, era consciente de que había sido terriblemente estúpido decirle que sí a Potter, así que aceptó todo lo que su amiga le gritó, dándole la razón.
―De acuerdo Harry, ―le dijo, paladeando su nombre en medio del susurro en el que lo pronunció― te vas a poner delante de mí, como el buen héroe que eres, y vas a recibir todas las maldiciones, ese es el plan.
Harry sintió el arrastre de palabras del rubio recorrer su espina dorsal suavemente, le parecía fascinante la forma en la que el peculiar modo de hablar de Draco era utilizado para hablar de esa forma con él, con familiaridad, sin desprecio ni burla.
―No van a maldecirte, ―le dijo, y al ver que iba a replicar añadió― no voy a permitirlo.
Draco cerró la boca, se permitió una sonrisa de lado y compuso una mueca burlona como las que solía usar con el otro antes.
―No sé qué haría sin ti, Potter.
En ésta ocasión, Harry no pudo evitar un estremecimiento al escuchar la forma en la que Draco pronunciaba su apellido, y ver esa sonrisa altanera que siempre lo acompañaba. Al notar que sus ojos brillan, no con malicia, sino con genuina diversión, Harry pudo apreciar todos los rasgos del rubio en ese gesto; sus labios, sus cejas, la barbilla, el cuello… Entonces se dio cuenta de que estaba viéndolo más de lo normal, y el otro ahora lucía confundido ante su escrutinio, ante lo mucho que se había acercado a él sin darse cuenta. Algo raro estaba pasándole y no podía entenderlo, su cerebro no le permitía entenderlo, de hecho, su cerebro decidió apagarse en ese momento. Disminuyó aún más la distancia entre ellos y hundió sus manos en el cabello plateado de su amigo, lo miró a los ojos intensamente, muy cerca de su rostro y le dijo
―Lo que sea por ti, princesa ―con una voz increíblemente gruesa.
Huyó de la habitación que compartían antes de que Draco se recuperara de la impresión, sin embargo, una maldición paso rozándole y casi no le da tiempo de cerrar la puerta. Se alejó con rumbo desconocido, sintiendo su cara arder y haciéndose la misma pregunta que ahora atormentaba al Slytherin: ¿justo ahora acababa de coquetearle?
Cada vez salen más cortos ¿verdad? Pero actualicé este mismo año, eso debe contar, ¿no? ¿¡no!?
