N/A: Le mando un gran abrazo a todas las personas que viven en regiones donde han habitado temblores/terremotos en los últimas semanas. Vivo en Chile y sé que uno llega a tener un grado de costumbre donde ver todo moverse no es alarmante, pero siempre hay ocasiones donde da miedo porque no estás con tu familia o en casa, y no tienes idea si están bien durante horas (oh, líneas telefónicas y satélites colapsados de llamadas). Lo peor es que uno no puede hacer nada. La tierra se mueve porque quiere y no se puede evitar. Así que espero que todos estén sanos y ojalá algún día todos los países tengan por ley la construcción de viviendas y edificios anti-sísmicos. Y que se cumpla la ley para que no ocurran más muertes y personas se queden sin hogar.

El título del capítulo es una etapa donde muchas reacciones terminan: el equilibrio, donde la concentración de los reactantes es igual a la de los productos. Pero en el caso de este fic, la reacción continúa usando toda la cantidad de reactivo posible para formar el producto. Por equilibrio no debe entenderse que no ocurre nada. El subtítulo de esta entrega sería "Donde Scorpius da grandes pasos hacia la madurez". Para alcanzar el equilibrio o la madurez, es necesario aprender a aceptar a los demás y a uno mismo. Y lo último es... difícil.

Respecto a todo el tema tratado en la clase de Adivinación, debo decir que no soy astróloga y Google fue mi gran fuente de información. Puede haber errores, sobretodo porque el Internet muchas veces miente y mi memoria de la cultura griega puede estar muy añeja (que hace ya varios años he salido de la escuela e Historia no era mi clase favorita). La idea la tomé del artículo de ElDiccionario(punto)org que trata sobre Adivinación y sus diversos tipos. No estoy segura si Firenze usaría este método para evaluar por ser demasiado burdo y parecido a la adivinación de los magos, pero me he tomado libertades creativas por ser un fanfiction y no uno de los libros de HP.

Cuando la beta termine de corregir el capítulo, lo editaré con la versión final. Lamento errores o cosas que no entiendan que puedan encontrar. Actualizo así porque sé que me demoré y dije en twitter que lo haría sin falta este fin de semana. Calculo que entre lunes y miércoles cambio este capítulo por la versión corregida ;)

¡Muchas gracias por el apoyo y cariño que le tienen al fic!

Muchos saludos y disfruten.


X: Equilibrio

-Sé que no es de mi incumbencia, pero… ¿Puedo saber por qué terminaste con Potter?

Scorpius giraba en círculos la taza con té, con los ojos perdidos en el vaporoso líquido oscuro.

-Carrow, ¿alguna vez tus padres te enseñaron etiqueta o simples modales? –preguntó Bulstrode. La chica lo miró sumamente sorprendida por su brusca reacción-. Lo digo porque si sabes que no es de tu incumbencia, no deberías preguntar.

-No tienes que ser tan brusco –respondió, dejando los cubiertos sobre la mesa-. La curiosidad es algo innato en el ser humano.

-Entonces no seas curiosa en los temas que no te conciernen.

-Es suficiente –dijo el rubio, mirando a su compañero-. Estoy bien.

Ignorando la preocupación del chico, Scorpius giró el rostro y enfrentó a Carrow:

-Sé que te crees que tienes el derecho de preguntarme lo que quieras, pero el que estés persiguiendo a mi amigo como una imbécil y él te deje, no quiere decir que deba responderte ese tipo de cosas personales –puso el codo derecho sobre la mesa y señaló con el dedo índice la puerta del Gran Comedor-. ¿Así que por qué no me haces el favor de dejarnos en paz cuando aún estoy siendo amable?

Las mejillas de la rubia se tornaron rojas, al igual que sus ojos. Aunque mantenía la boca cerrada, la quijada y los labios le temblaban. Después de cerciorarse que nadie más había notado qué ocurría, la rubia se puso de pie y salió lo más rápido posible del lugar.

Scorpius volvió a concentrarse en la bebida que tomaba siempre luego de almorzar. Se llevó la taza a los labios y la sopló, bebiendo lentamente de ésta.

-Claramente estás bien –comentó Bulstrode con un tono altamente irónico.

-Si vas a ser tan directo con ella, debería ser para rechazarla, no para defenderme –alzó la taza y la movió para hacer un brindis-. Te hice un favor, ¿no crees?

No estaba para nada bien. Desde que había sabido la noticia se sintió extrañamente enojado. Si en el pasado escuchara lo mismo, "Potter y Zabini terminaron", hubiera sido distinto: estaría alegre y radiante porque su relación no tuviera un final feliz. La idea de la venganza siempre le había parecido inútil y demasiado infantil para haberla considerado, pero una parte de él quería que terminaran mal para sentir que había una especie de equilibrio en el mundo. ¿Cuán posible era tener una buena relación fundada en traición y otra ruptura? Ambos se lo merecían por haberlo traicionado y abandonado.

Y todavía seguía pensando así. Sin embargo, no podía entender por qué la hipotética felicidad no era más que enojo. De hecho estaba sorprendido que hubiera podido mantener el control tanto tiempo antes de estallar. Menos mal Carrow estaba con ellos, porque dirigir su rabia contra ella no podía decirse que fuera injustificado.

Bajó la taza y respiró profundamente. Tenía que tranquilizarse porque los siguientes días serían muy difíciles teniendo a todo Hogwarts pendiente de la noticia. Aunque le importara un pimiento lo que pensaran estos idiotas, su atención y ganas de alimentar su curiosidad lo asqueaban.

-¿Tienes algo que quieras preguntarme, Bulstrode? –lo miró, encontrándose con los ojos del chico puestos sobre él. Al ver la duda en su rostro, añadió:-. No te preocupes. Sabes bien que tengo miedo a lo que puedas hacerme si te trato igual que a Carrow.

-Obviamente no saldría corriendo si llegara a presentarse esa situación –dijo en broma, aunque su expresión no era para nada divertida. Hizo una larga pausa antes de seguir-. ¿Por quién te molesta la noticia?

Estaba seguro que nadie más que él podría haber hecho la pregunta correcta. No se trataba de un qué, sino de quién. Porque todo lo que había ocurrido involucraba a tres personas que hacía unos meses estaban en un punto muy diferente de sus vidas. Su historia siempre se remontaba a quién había dicho tal o cual frase, quién contestó qué, quién se rindió, quién comenzó a quedarse callado, quién traicionó al otro, y quién se fue para no volver más.

Fue inevitable recordar la decadencia de su relación y el cómo terminó todo. O quizás el cómo empezó, ya que había cerrado una etapa y ahora se encontraba aquí.

Habían comenzado a pelear bastante. Siempre solían empezar porque él olvidaba una fecha, nombre o un detalle en particular que tenían un significado especial para Lily. Ella se lo reprochaba, subiendo el tono de voz con cada intercambio verbal. Él le decía que sí la escuchaba, pero que realmente no veía el punto en recordar aquellas cosas cuando para él no significaban nada. La pelirroja negaba con la cabeza para preguntarle siempre lo mismo, pero con diferentes palabras: "¿Entonces hay algo importante en tu vida, Scorpius?". Enojado, él respondía algo como: "¿Qué clase de pregunta es ésa?". Y así seguían discutiendo hasta que el rubio, exhausto de estar perdiendo energías sin un buen motivo, se disculpaba por no haber recordado el cumpleaños de Hugo, por olvidarse de los días que tenía exámenes, por no decir las palabras correctas cuando ella estaba triste, por no saber su color favorito ni qué canción tocaba en la fiesta del Club de las Eminencias cuando hablaron por primera vez.

-Tan sólo debes esforzarte un poco más –Tom Zabini le dio una palmadita en el hombro. Este tipo de conversación con su amigo era más recurrente en los días previos a vacaciones de verano-. Supuestamente cuando tu novia te habla, debes escucharla, ¿sabes?

-Y lo hago, pero se me olvida lo que dice –insistió, cayendo abatido sobre su cama-. O simplemente no presto atención porque no es importante para mí.

Hubo un largo silencio y Scorpius apoyó su peso sobre los codos para poder ver a su amigo. Tom estaba sentado en su cama, mirándolo fijamente. Le sonrió, aunque su expresión era muy triste.

-Lily te ama –dijo pausadamente-. Y tú a ella.

-¿Y? –frunció el ceño, confundido por su extraña respuesta-. No porque la ame, automáticamente lo que es importante para ella lo será para mí. Es idiota el sólo pensarlo.

-Piensa mejor. Es algo totalmente lógico que ella quiera que te preocupes de su vida, cuando ella hace lo mismo por la tuya –le sostuvo la mirada un par de segundos antes de bajarla. Comenzó a desatarse las agujetas de los zapatos y se los quitó-. Si no te importa su vida ni los detalles de su relación, entonces no veo el punto en estar juntos.

-¿Qué te ocurre? –preguntó mientras se sentaba en el borde de la cama-. ¿Por qué dices eso?

Tom suspiró y dejó caer los zapatos al suelo pesadamente, casi como si los hubiera lanzado.

-Porque estás actuando como un imbécil y estás haciendo miserable a una buena chica –levantó la cabeza y Scorpius nunca lo había visto tan derrotado-. Tienes que madurar si quieres seguir con ella. No puedes seguir encerrado en ti mismo ni preocuparte sólo de ti, de tus necesidades, de tu vida; porque si no, algún día ella se va a aburrir y te dejará… Y no quiero que te rompa el corazón –hizo una mueca y añadió casi como un murmullo:-. No quiero que seas infeliz.

A pesar de las constantes palabras de apoyo y reproche de su amigo, Scorpius se cansó. Ya no dio más razones y sólo se disculpaba para acabar las discusiones. Muy pronto Lily dejó de gritar, no lanzó más preguntas y finalmente las miradas molestas fueron reemplazadas por cortas miradas tristes. Las cartas se hicieron más escasas en vacaciones, siendo cortas y monótonas.

Él sabía muy bien que su relación no era perfecta y le hubiera gustado que todo volviera a ser como antes, pero era natural que tuvieran diferencias de opiniones. Este mal momento no podía compararse con las reservas de los padres de Lily respecto a la relación, con las hirientes palabras de su abuelo acerca de poner en riesgo el apellido de la familia, o con la sed de la prensa por llenar las páginas de sus publicaciones con un romance que cambiaba por completo la historia del mundo mágico (o así escribían en sus artículos). Habían asuntos muchísimo más importantes que la canción tocando cuando se conocieron o el cumpleaños de Hugo Weasley.

Cuando regresaron a clases, nada mejoró. Scorpius seguía olvidando cosas supuestamente importantes de su relación, y Lily guardaba su frustración y sonreía como si todo estuviera de maravillas. Y así las conversaciones fueron llenadas por interminables silencios, los besos fueron menos apasionados y sus encuentros en la cama rutinarios.

Finalmente ocurrió lo que no podía ser realmente una sorpresa. Al menos así lo pensaba ahora que habían pasado un poco de tiempo y veía todo con una perspectiva diferente. Pero en aquel fatídico 20 de septiembre sintió que su existencia no tenía ningún propósito cuando, de la nada, Lily dijo que rompieran.

-Estoy cansada, Scorpius –dijo calmadamente, como si hubiera estado ensayando las palabras durante mucho tiempo-. Ambos miramos hacia lados contrarios y...

-Lily, yo te amo –no pudo pensar en qué más decirle. Ése sentimiento al que había aprendido a tener consigo era lo único que lo hacía sentirse feliz en el mundo. La historia de la familia Malfoy, los planes para el futuro, el hastío de estar rodeado de personas ingenuas y estúpidas día tras día, absolutamente todo no le molestaba cuando la tenía a su lado-. Te amo –repitió, sintiendo por primera vez que aquel sentimiento no era la salvación a todos sus problemas.

La pelirroja le dirigió una mirada inquisitiva, casi preguntándole si lo que acababa de decir era verdad.

-No es suficiente –se alzó de hombros, lanzando una risa triste-. Te gusta demasiado la soledad como para que tu amor sea suficiente.

-¿A qué te refieres con eso?

-¿De verdad me lo preguntas? –alzó las cejas, incrédula-. No ha habido ningún momento en que te haya importado lo que me ocurría o lo que me preocupaba.

-No puedo creer que-

-Sé que te parecerá increíble, pero no todo en mi vida tiene que girar en torno al pasado. Además de cómo nos sentimos respecto a lo que pasó con nuestros padres en la guerra, no compartimos nada más –dijo con amargura-. Tú no quieres compartir nada conmigo.

Sus argumentos no tenían ninguna lógica. ¿Por qué estaba diciendo incoherencias como esas? No mentiría diciendo que era el hombre más abierto con sus pensamientos, porque no lo era; pero jamás había hecho o dicho algo como para que ella lo tomara de este modo. ¿Y cómo era que no compartían nada? Estaban los recuerdos de años juntos. Recuerdos de su primera cita en Hogsmeade, de la reacción de sus amigos cuando conocieron la relación, de la tímida y graciosa primera vez que hicieron el amor, de la forma en que ella se reía cuando él la molestaba por estar un poco borracha, de sus encuentros casuales bajo los muérdagos que plagaban el castillo en diciembre, de sus discusiones por la pasión del quidditch de ella y los libros de él; de cómo Lily solía besarle los párpados cuando él tenía la cabeza sobre sus piernas y su cuerpo temblaba, admitiendo siempre en voz baja que le encantaba la delicadeza con que lo hacía. Y había más, muchísimo más que compartían.

-¡Eso es ridículo, Lily! –explotó, sintiendo que todo esto era una broma de muy mal gusto.

-No te das cuenta, ¿verdad? –chilló prácticamente, revelando el temblor en su voz. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas-. No me importa que empujes al resto del mundo, pero… Pero sí me importa cuando me apartas a mí. Es inútil que intente aferrarme a ti. Merlín sabe cuánto he tratado de hacerlo –cruzó los brazos, como si no hubiera nadie más que pudiera consolarla. Dos grandes lágrimas rodaban por sus mejillas-. Quiero aferrarme a ti, pero no me dejas. Me empujas, me alejas, me apartas, y… y… Y ya no puedo más. Necesito que me retengas. Necesito que abras tu corazón hacía mí. Necesito que me necesites –miró hacia el suelo-. ¿Por qué me dejas a la deriva, sin un lugar seguro al cual pueda aferrarme cuando más te necesite? ¿Por qué no me dejas entrar? ¿Por qué tienes todavía esta barrera, impidiéndome entrar y ser alguien importante en tu corazón?

Cada latido comenzó a ser más lento y doloroso, provocándole una punzada en el pecho. Scorpius la miró con los puños cerrados y los ojos escociéndole debido a las lágrimas. Tuvo que apoyar una mano sobre la mesa más cercana para tener la seguridad que no caería. De pronto, sintió que las paredes del aula comenzaban a acercarse, quitándole aire. ¿Estaba entrando en pánico?

-Me cansé –la pelirroja dejó caer los brazos, uno a cada lado de su diminuto cuerpo. Él sintió que quería morirse cuando notó su tranquilidad. Seguía llorando, pero parecía realmente aliviada de haberle dicho todo eso-. Al menos puedo decir de mi parte que he terminado, Scorpius.

Sin añadir nada más o dirigirle otra mirada, se giró y se fue.

El resto realmente no tenía sentido recordarlo tan detalladamente.

Scorpius estuvo durante un tiempo indefinido en aquella aula abandonada tratando de entender qué había ocurrido, cuando salió corriendo tratando de alcanzar a Lily. En su mente no podía caber la posibilidad que ella hubiera dejado de amarlo y pudiera continuar con su vida como si nada. Y cuando estaba llegando a la torre de Gryffindor, vio a la pelirroja entrar a una de las pequeñas aulas que los prefectos solían usar para sus reuniones.

Zabini estaba dentro, puesto que su inconfundible voz comenzó a oírse después de un rato.

Sus pasos disminuyeron velocidad hasta que se quedó prácticamente quieto junto al marco de la puerta. No podía escuchar lo que él decía, ya que Zabini hablaba muy bajo y Lily lloraba descontroladamente. Se preguntó mil veces qué rayos estaba ocurriendo. La pesadilla se estaba tornando con cada segundo más rara.

Cuando el silencio invadió sus oídos, dio un paso más y se asomó por el umbral, encontrándose con la imagen más tormentosa de toda su vida: su mejor amigo y su (ex) novia se estaban besando.

No hizo absolutamente nada, simplemente los miró los que quizás fueron segundos a minutos.

Después se fue hasta la sala común de Slytherin, donde se quedó sentado en la oscuridad hasta que la cabeza le dolió de tantas preguntas sin respuestas.

En la mañana del día siguiente Zabini encontró un pergamino doblado sobre su cama que decía: 'Sé lo que hiciste con Lily. Nuestra amistad se acabó', y desde entonces la historia era conocida por todos: un noviazgo terminó, una amistad se acabó, y otra relación comenzó. Y uno de los personajes se quedó sin nada más que un corazón roto.

¿Por quién estaba enojado? ¿Por la ex novia? ¿Por el mejor amigo traidor? ¿O por él mismo, por sentir que no podía escapar de algo que quería olvidar?

El rubio finalmente contestó a la pregunta:

-Realmente no lo sé –dijo, alcanzando la pequeña tetera para servirse más té-. Y la verdad no quiero tampoco averiguarlo.

-¿Puedo saber por qué?

-Porque todo está en el pasado –miró a su compañero y sonrió-. Tú más que nadie sabe que es una estupidez invertir energía y tiempo en cosas que no se pueden cambiar.

Bulstrode asintió levemente, muy pensativo. Sus ojos se desviaron al guiso de calabaza casi acabado en su plato.

-Nadie habló de cambiarlas –tomó el tenedor-. El entendimiento de los eventos nunca es inútil. Como cierta Ravenclaw que conocemos podría decirte, el conocimiento es una posesión muy valiosa.

Después de aquella pequeña conversación, no volvieron a hablar más. Bulstrode terminó de almorzar mientras Scorpius revolvía el contenido de la taza distraídamente, sin saber por qué se había servido más cuando no le apetecía más té. Tampoco tenía deseos de comer (el contenido de su plato revuelto, pero intacto, daba cuenta de ello), ni de estar sentado en el Gran Comedor, o de siquiera estar en el castillo (¿por qué los idiotas de la escuela no podían encontrar otro tema del cual chismear?).

Obligándose a beber de la taza, el rubio cerró los ojos. De algún modo u otro debía encontrar una gran cantidad de tolerancia para poder mantener la calma. La gente tenía la manía de siempre comentar sobre asuntos ajenos y todavía le quedaba medio año en Hogwarts. Si cedía a la rabia, el poco tiempo que le restaba en el lugar no sería para nada agradable. No le importaba lo que los demás pensaran, pero sí la opinión de dos personas. Jamás les daría el placer a Zabini y Lily de hacerles saber que lo que ocurría entre y con cada uno de ellos le interesaba. Sería caer muy bajo. ¿El ex aún lloraba por la novia y el amigo? Era patético. Además que siendo realmente sincero, no quería seguir decepcionándose consigo mismo por sentirse así respecto a ellos.

Zabini y Lily han terminado. ¿Y qué?

Tal vez si repetía esas palabras más veces llegaría a creerlo.


Después de lo ocurrido en el almuerzo, Scorpius optó por apartarse de sus compañeros y pasar el resto del día estudiando o leyendo el periódico (las cuales no llevó a cabo muy bien debido a su falta de concentración). Era mejor evitar nuevas situaciones que lo incomodaran, porque no quería armar un escándalo del que luego de diez minutos cada habitante de la escuela estuviera enterado. No iba a darle en el gusto a los ojos curiosos que buscaban hasta el más mínimo gesto de su parte para crear una noticia que siguiera alimentando los cotilleos respecto al quiebre de una de las parejas más populares de Hogwarts.

A pesar de estar a solas, al final del día se sintió ahogado. No bastaba con sentarse en la esquina más apartada de la sala común o esconderse tras las cortinas de su cama, porque de todos modos su mente seguía pensando en lo mismo. Lily, Zabini, y lo ocurrido en el pasado aparecían en su cabeza una y otra vez; como moscas que se iban durante unos segundos antes de volver a revolotear encima de la cara de uno. La supuesta tarde de estudio no sirvió nada más para hacerse preguntas ridículas e imaginar los qué hubiera ocurrido si no hubiera hecho aquello; por lo que al bajar el libro de Historia de la Magia las sienes le palpitaban anunciando un dolor de cabeza inminente.

Vio su reloj y eran casi las diez de la noche. Notando que su varita era lo único que daba luz en la habitación, abrió las cortinas de la cama para encontrarse con sus compañeros de curso durmiendo.

Tal vez su dolor de cabeza no era sólo por sus estúpidos pensamientos, sino por la falta de comida. No había probado bocado desde el almuerzo y Bulstrode era lo suficientemente inteligente como para no haberlo molestado con la cena.

Miró hacia el otro lado de la habitación, donde estaba la cama de Bulstrode. El chico debió haberse ido a dormir temprano para enfrentar la semana de exámenes con energía, pensó mientras observaba el bulto inmóvil sobre la cama.

Sabiendo que no podría quedarse tranquilo hasta comer, se colocó la túnica y salió de la habitación cuidándose de no hacer ruido.

Las únicas personas con las que se encontró en su trayecto hacia las cocinas fueron algunos estudiantes de quinto año en la sala común (muchos dormitaban sobre sus textos de estudio y sólo una chica parecía estar estudiando sin problemas de cansancio). Se sintió aliviado por esto porque su humor no estaba para andar soportando a prefectos o personajes de las pinturas preguntándole qué hacía tan tarde fuera de la cama. Si hasta tener que pedirle a los elfos comida se le hizo una tortura. ¿Por qué aquellas criaturas eran tan amables? Al instante que se les pedía algo, ellos traían miles de opciones y uno debía dar explicaciones de porque quería comer tortilla de calabaza y no fruta, o pollo a la naranja, o guiso de verduras, u otro de los tantos alimentos que tres elfos le ponían en la nariz para que eligiera.

-Muchas gracias –se obligó a decir cuando terminó de engullir la tortilla. Los elfos hicieron una exagerada reverencia a modo de respuesta-. Buenas noches.

-Buenas noches –contestaron a coro y volvieron a hacer una reverencia.

Los elfos en la mansión Malfoy eran respetuosos, pero no al grado de inclinarse a tocar el suelo con la nariz cada vez que se les dirigía una palabra. Tal vez por eso los de la escuela no le caían bien. Eran demasiado exagerados en su forma de tratar a los magos, como si los tuvieran en un alto pedestal y ellos no fueran más que esclavos sin importancia. Si en la actualidad eran así, no quería pensar cómo se comportaban cuando no se les pagaba salario o tenían los Derechos de Criaturas Mágicas aparándolos. Le parecía una idiotez que actuaran así, ya que ellos eran criaturas con un amplio conocimiento de magia y de otras materias que los magos no dominaban. Por lo mismo los elfos eran imprescindibles en la vida de los brujos y debían reconocerse como tales.

-Oh, por cierto –se volteó, mirando al elfo más pequeño del grupo-. ¿Ha venido una chica alta, de cabello rizado y pelirrojo?

-Eh –la criatura se irguió, incómoda por la repentina pregunta-. S-sí, señor.

-¿Hace cuánto?

-Se fue poco antes que usted llegara.

-Gracias –sonrió, saliendo cuanto antes de la cocina.

Rose le tocaba hacer ronda los domingos y miércoles, por lo que no solían reunirse aquellas noches de la semana. Cuando el rubio le preguntó si no era aburrido pasearse por toda la escuela durante horas en la oscuridad, la chica dijo que a veces lo era, pero generalmente siempre había una o dos parejas en actitudes inapropiadas que hacían la noche menos tediosa. "Además los elfos nos preparan fruta y bebidas. Los minutos en las cocinas es mi tiempo favorito de las rondas" añadió, tratando de hacer sonar sus labores de prefecta más interesantes de lo que realmente eran.

Si tenía la posibilidad de ver a Rose, entonces la tomaría. Necesitaba estar con ella, aunque fuera un par de minutos. No le sorprendía saber que su sola presencia lo haría sentir mejor, porque en las vacaciones de navidad se había dado cuenta que uno de los tiempos favoritos de su día era cuando estaba con ella. Rose tenía la increíble capacidad de hacerlo sentirse cómodo, relajado y hasta feliz. Iba más allá de la satisfacción física. Conversar con ella lo divertía y mantenía despierto, no como le ocurría con el resto de sus compañeros. Incluso compartir silencios extendidos era agradable y hasta agradecía esos momentos de quietud donde cada uno se absorbía en sus pensamientos mientras sentía el calor del cuerpo del otro a su lado.

Desde que abandonó la biblioteca esta mañana, la había extrañado muchísimo. Por primera vez odiaba el hecho que ella estuviera en otra casa, que tuviera varias actividades que ocupaban su jornada, y que su relación fuera tan discreta. Su humor no sería tan horrible si pudieran estar juntos libremente. Y lo peor de todo, era que odiaba que pensara eso porque no eran más que excusas que usaba para justificar cómo le había afectado la noticia de Lily y Zabini. Rose no tenía la culpa de nada.

Se dirigió hacia el ala oeste del castillo. La ronda debía estar casi finalizando, por lo que lo mejor era esperar a la pelirroja cerca de su sala común. El gran problema de su pequeño plan era llamar la atención de la chica sin alertar a su compañero de curso y también prefecto, Zach McDonald. Dudaba enormemente que no volvieran juntos a la torre de Ravenclaw.

Cuando llegó al segundo piso, escuchó voces seguidas de pisadas a sus espaldas. Se escondió rápidamente tras una armadura, y vio a ambos prefectos aparecer desde el pasillo donde estaban algunas aulas de clases abandonadas y una pequeña salida hacia los jardines.

-Es lo normal –dijo Rose, con su voz resonando en el lugar-. Mi hermano perdió prácticamente todo su dinero apostando por el ganador del juego de quidditch.

-Muchas personas lo hicieron. Y hasta cierto punto es entendible, apostar por el equipo ganador de la Copa de las Casas durante siete años es una inversión poco riesgosa.

Comenzaron a subir lentamente las escaleras. Ambos tenían sus varitas firmemente empuñadas y Scorpius notó que McDonald traía un pergamino en la otra mano, además de una larga y elegante pluma calzada en la punta de su oreja derecha. Debía ser la temida lista con los nombres de los estudiantes que habían sido encontrados merodeando después del toque de queda. Los prefectos informaban a los jefes de casa de cada uno y estos a final de mes se tomaban el tiempo de hablar con aquellos estudiantes que repetidas veces salieron de la sala común en la noche. Estas reuniones con los jefes de casa daban a conocer quiénes eran los responsables de tener menos puntos para la competencia de las cuatro casas. No era extraño ver a los culpables ser molestados, ignorados y blancos de bromas muy pesadas por parte de sus compañeros de casa.

-Albus es un muy buen buscador, pero debió haberse fijado en los números. Debería haberse fijado en el marcador antes de atrapar la snitch –la voz de Rose se hacía más clara a medida que se acercaba-. ¿Sabes que mis vacaciones fueron un caos por esto? No sólo le dieron lata porque no usó las matemáticas, sino porque todos mis primos que asisten a la escuela perdieron dinero.

-No envidio tu navidad para nada –dijo con honestidad el chico-. Lo bueno es que nuestra casa tiene grandes posibilidades de llegar a la final.

A diferencia de Lily, ella no lo jugaba ni parecía necesitar hablar del deporte todo el día; por lo que no era de extrañar que se le hubiera olvidado que a Rose le gustaba el quidditch. Se le hacía raro imaginarla chillando, con banderines celestes en cada mano, mientras alentaba al equipo de Ravenclaw desde las graderías del estadio. El quidditch se le hacía una actividad demasiado banal e innecesaria como para asociarla con la intensa, inteligente y práctica Rose Weasley.

-Tal vez. Me han dicho que el nuevo guardián de Slytherin es excelente, así que hay que esperar a ver cómo les va con Hufflepuff. Y no podemos olvidar que Gryffindor podría llegar a la final si tiene una buena ventaja numérica en su segundo juego –escucharla hablar con tanta vehemencia lo hizo sonreír. Se notaba que disfrutaba hablar del tema. Hubo un largo silencio antes que ella dijera:-. No hay nadie aquí.

-No hemos encontrado a nadie esta noche.

Estaban revisando la única habitación junto a las escaleras: se trataba de la sala de teatro. Había sido convertida en una especie de armario lleno de escobas y otros artículos de limpieza desde que el club de teatro dejó de funcionar hacía décadas. El lugar era famosamente conocido como el Armario de los Besos. Muchas parejas solían encerrarse durante horas a "tener una increíble sesión de besos", como decían al día siguiente cuando relataban la experiencia de casi ser encontrados por algún profesor o prefecto. No faltaba mencionar que los descubiertos por Peeves nunca más volvían a acercarse al armario, debido a las burlas del poltgeist.

-¿Te quejas de no ver parejas casi desnudas, haciendo cosas extrañas y francamente inimaginables con todas las partes de sus cuerpos? –preguntó Rose, con diversión.

-Sólo digo que es extraño. Y no me recuerdes lo del año pasado. Eso fue…

-¿Inquietante?

-Ya no puedo mirar a Smith a los ojos después de verla… haciendo… eso.

La risa de la pelirroja fue rápidamente acompañada por la del chico.

Cuando terminaron de subir la escalera, Scorpius sintió que el destino o la vida estaban de su lado porque McDonald dijo que tenía que ir a la biblioteca.

-El profesor Flitwick me dio autorización para sacar libros de la Sección Prohibida. Como no pude ir durante el día, aprovecharé ahora de sacar los libros que quiero y avanzar un poco antes de dormir –explicó después que la chica le preguntara por qué no iba a la sala común-. Quiero darle una lección a Madison por cuestionar mis capacidades para estar en Ravenclaw.

-No puedo creer que te lo tomarás en serio. Está totalmente loca –estaba de espaldas a Scorpius, pero estaba seguro que rodaba los ojos mientras decía aquello-. ¿Quieres que te acompañe?

-No te preocupes.

-Está bien, pero no te desveles. Es importante estudiar, pero también lo es dormir.

-Mira quién lo dice –se burló.

Discutieron un rato sobre quién hablaría con el premio anual y jefes de casa para informar la ausencia de estudiantes fuera de las salas comunes en el toque de queda antes de despedirse.

Scorpius se apoyó contra la pared, tratando de esconderse lo más posible cuando escuchó los pasos de Rose acercarse hacia donde estaba él. Tal vez se debía a la oscuridad, o a que la chica estaba cansada o de verdad se había escondido bien; pero Rose pasó por delante de la armadura sin percatarse de su presencia.

Caminando con cuidado, el rubio dio una zancada para salir del lugar y dando pasos largos acortó la distancia hasta casi chocar con la pelirroja.

Scorpius se acercó a darle un corto beso en los labios una vez que pudo dejar de reírse por exagerada reacción cuando le tocó el hombro: se había girado rápidamente y lo apuntó con la varita, lista para lanzarle una maldición.

-Me asustaste –dijo, recuperando el aliento. La molestia por burlarse de ella rápidamente abandonó su rostro y preguntó:-. ¿Qué haces aquí? –frunció el ceño.

-¿No quieres verme? –arqueó las cejas y se señaló-. ¿En serio no quieres ver al mejor hombre de todo Hogwarts?

-No es eso –negó la cabeza. La pelirroja suspiró y le dirigió una mirada intensa, que cortó momentáneamente las bromas de Scorpius-. Es sólo que… estoy sorprendida –admitió, en un tono que daba a entender que sus palabras escondían un significado importante.

Otra razón para ver a Rose y quizás era más importante que simplemente sentirse mejor con su compañía, era ver cómo estaba ella. A pesar de los sentimientos y motivaciones actuales, no podía negarse que Lily y Zabini eran parte de los motivos por los cuales habían comenzado a acostarse. Había aprendido durante este tiempo que Rose era una persona insegura, por lo que cualquier cambio que pudiera afectar algún ámbito en su vida no le sentaría bien. Él comenzó usarla para engañarse que estaba con Lily. En un principio no estaba con Rose, sino que con Lily. Y ahora que supuestamente la verdadera Lily podía volver a hacerse presente en su vida, era evidente que esto podía arruinar su relación con Rose.

Y a juzgar por la actitud de la chica, estaba seguro que la noticia de la soltería de su prima no le había sentado bien. No podía afirmar con exactitud el porqué, pero tenía que dejarle en claro que nada había cambiado para él. Si le hacía entender que esto lo afectaba de un modo normal por la cercanía que tuvo con tales personas, y no porque ahora tuviera dudas respecto a ella, a lo que tenían… Entonces todo estaría bien.

Nada ha cambiado. Quiero estar contigo.

Hubo un largo silencio, donde ambos trataban de descifrar lo que había en las miradas y rostros del otro. Tal vez él con más éxito que ella, puesto que Rose exhaló profundamente, casi como un suspiro contenido y con voz rendida dijo:

-Ayer te dije que hoy no podíamos reunirnos.

Scorpius sonrió y le tomó la mano, distrayéndola del posible camino de la conversación. No podía decirlo con palabras, sino que debía demostrarle con acciones que nada había cambiado entre ellos. La normalidad parecía ser la mejor opción en este caso.

-¿Desde cuándo tus deberes de prefecta han sido un impedimento para nuestros encuentros?

-No, no. Es por algo más –a pesar de la escasa luz que ofrecían las antorchas del corredor, el rubio notó que las mejillas de la chica se tornaban rojizas. Su mano trató de escaparse entre sus dedos, y él la tomó un poco más fuerte, aprisionándola-. Hoy… Ya sabes, cosas de mujeres –dijo casi en un murmullo. Sus ojos estaban pegados al suelo-. No podemos hasta cuatro días más.

-¿Te importaría clarificar eso? –pidió, arqueando las cejas.

-Scorpius –lo fulminó con la mirada. Había algo absolutamente delicioso en molestarla sabiendo que él saldría victorioso de este pequeño intercambio. Rose solía ser tener la última palabra en todo y la sola idea de poder cambiar el escenario, aunque fuera una vez, lo entusiasmaba-. Me llegó el período –dijo finalmente cuando aceptó que el lenguaje de miradas no serviría con él.

¿Desde cuándo se habían empezado a acostar? ¿Unos tres meses? Conocían el cuerpo del otro casi a la perfección, por lo que no había nada de vergonzoso en también aceptar la fisiología de estos. Las mujeres tenía su ciclo menstrual una vez al mes, los hombres al comenzar la adolescencia despertaban con las consecuencias de sueños húmedos en sus sábanas; habían ocasiones en que las mujeres no querían penetración, sino simplemente que jugaran con ellas en un preludio incesante y otras veces deseaban lo contrario: sexo simple y duro. Y en otras simplemente no tenían ganas de nada. Los hombres también eran similares en todo esto. Sus cuerpos vivían diferentes etapas y no siempre necesitarían lo mismo para sentirse bien al estar con pareja.

Le parecía extraño el pudor de Rose para ser directa respecto a un tema así, pero no sorpresivo. Él estaba acostumbrado a tener una comunicación abierta, y ésta era la primera vez que ella estaba en una relación donde se acostaba con la otra persona. Tenía que enseñarle a ser completamente honesta para decir , no, o simplemente no puedo sin vergüenza. No sólo para hacer honor al grado de confianza que tenían después de tantas semanas conociéndose, sino porque ella debía ser capaz de expresarse de modo que nadie la malinterpretara o trasgrediera su integridad como persona. Las horrendas historias que algunos de sus compañeros contaban sobre las chicas con las que se acostaban le dejaban en claro que situaciones graves sucedían cuando ninguno de los dos, especialmente ellas, eran capaces de establecer límites con claridad respecto a lo que querían o no querían hacer.

-¿Por qué te avergüenza decirlo?

-Es un tema personal.

-Es algo normal –corrigió, dando un paso hacia el lado y tirando de su mano-. Ven, vamos.

-¿Adónde? –preguntó, frunciendo el ceño.

Conversar en medio del pasillo no era una buena idea. Alguien podría descubrirlos, lo que causaría pérdida de puntos de ambas casas, y aunque realmente a Scorpius no le importaba en lo más mínimo, estaba seguro que a Rose sí; y sería problemático para ella por su posición como prefecta. No quería causarle problemas con el premio anual, jefe de casa, o la directora si se podía evitar.

Empezaron a caminar hacia las escaleras. Era extraño caminar con Rose de la mano, pero la sensación de sus cálidos dedos bajo su palma lo hacía sentirse bien. Se preguntó cómo sería poder estar así, viajando entre clases y las distintas partes del castillo, con la chica a su lado. Tal vez los días no serían tan aburridos e insípidos, porque estaría ella para divertirlo con sus palabras certeras, boca traviesa, miradas indescifrables, y con su presencia que lo llenaba de seguridad. Hogwarts no lucía tan malo con ella a su lado.

-No porque estés así significa que no podemos estar un rato juntos.

-Oh, no. Qué asco –hizo una mueca.

Enseñarle a no tener vergüenza sobre su cuerpo sería bastante aburrido si no jugara con ella. Después de todo, Rose había insinuado que solamente se reunían para acostarse. Era divertido, porque aunque siempre terminaban teniendo sexo y lo disfrutaba, Scorpius también valoraba su compañía y las largas conversaciones que mantenían. El sexo era importante, pero no era lo único.

Si ella pensaba lo contrario, pues le daría más razones para que lo hiciera…

-Hay varias cosas que no hemos hecho –haciendo uso de todas sus fuerzas, trató de mantener el semblante serio-. ¿Sabías que hay hombres que tienen una fijación con la sangre?

Los ojos de la chica se abrieron enormemente y casi tropieza en uno de los escalones.

-Eso suena realmente grotesco –dijo con voz ahogada, como si tratara de contener la respiración o arcadas-. Quiero borrar las imágenes que vienen a mi cabeza ahora mismo.

-No te preocupes. No soy uno de esos –le aseguró, sonriendo. Esto estaba poniéndose cada vez mejor-. Pero podríamos probar algo nuevo… Las manos hacen maravillas. Y también tú podrías trabajar en mí –presionando la lengua contra una de las paredes del interior de la boca, justo bajo la mejilla; hizo el gesto universalmente conocido como sexo oral-. Ya sabes –añadió, con una mirada significativa.

-¿Y…? ¿Y te gustaría eso? –preguntó con nerviosismo.

-Depende de cómo lo hace la otra persona.

Durante el pequeño monólogo de lo saludable que era en una relación probar diferentes cosas, especialmente cuando las posiciones y acciones más raras podían causar gran placer a la pareja, Scorpius no podía comprender cómo mantenía la calma cuando tan sólo quería lanzarse a reír hasta llorar. La cara de Rose se iba deformando palabra a palabra, hasta el grado que parecía lista para salir huyendo. ¿Cómo rayos podía creerse toda la basura que le estaba diciendo?

Se detuvieron frente a la Sala de los Requerimientos. A pesar de haberle soltado la mano, Rose permaneció a su lado. Lo miraba con expectación y miedo, como si se hubiera quedado a comprobar si hablaba en serio o tan sólo se trataba de una broma.

Abrió la puerta y la invitó a entrar al cuarto con un gesto de su mano.

-O sólo podríamos conversar, ¿sabes?

Ella abrió la boca, pero sin emitir ningún sonido. Después de tres segundos, donde se notó en su rostro que había procesado y entendido todo lo ocurrido, el rubor de sus mejillas se hizo más intenso y comenzó a expandirse hacia su nariz y la punta de sus orejas.

En completo silencio entró a la habitación y él la siguió, cerrando la puerta tras de sí.

-¿Así que este fue tu plan desde el principio? –preguntó, girando sobre sus talones y casi chocando contra él.

-No es mi culpa que tengas una fijación con el sexo, Rose –puso sus manos sobre sus hombros y los apretó cariñosamente-. Sólo te seguí la corriente. Es raro que no te dieras cuenta de mi perverso plan –dijo, riendo. Ella sólo entrecerró los ojos, dirigiéndole una mirada pesada-. Y sobre todo me parece muy extraño que pensaras que te obligaré a hacer cosas que no quieres hacer. El sexo oral se ve y se descubre en el momento, no se habla previamente; como todo lo relacionado el sexo en sí.

-Has dicho sexo varias veces en una misma oración –comentó rápidamente, para desviar el tema.

-¿Y eso te calienta? –alzó las cejas sugestivamente.

A pesar de la fría mirada que le daba, ella no hizo amago de moverse cuando una de las manos del chico bajó hasta la parte baja de su espalda, obligando a acortar la distancia de sus cuerpos.

-¿Vas a seguir molestándome por pensar inmediatamente cosas sexuales? –soltó en un tono infantil.

-No te diré que no me agrada muchísimo que cuando me ves, piensas en sexo; ya que sería una mentira. Es un gran cumplido –admitió con demasiada vanidad, sólo para molestarla-. Pero el que sólo me veas como un objeto sexual me rompe el corazón. Yo también tengo otros aspectos interesantes, Rose.

-Vale –ofreció a modo de disculpa.

-No sientas vergüenza respecto a lo que le ocurre a tu cuerpo. Creo que ya lo conozco demasiado bien como para sorprenderme porque te llegue el período –dijo lentamente, analizando su reacción-. Me parece increíble que te sintieras incómoda con eso cuando se trata de la misma chica que una vez usó un telescopio como pene para ejemplificar-

-Vale, vale. Ya entendí –soltó con una risita. Alzó el mentón y lo miró fijamente a los ojos. Scorpius comenzó a mover la mano en su espalda, delineando el borde de su chaqueta y rozando de vez en cuando la piel que su suéter dejaba expuesta. Estuvieron así un buen rato, hasta que Rose habló con más calma:-. ¿De qué quieres conversar, objeto sexual?

No pudo evitar sonreír y lentamente sus rostros empezaron a acercarse.

-Podríamos preguntarnos cómo ha sido nuestro día –propuso.

-¿Sí? Eso es de un matrimonio de viejos –su aliento olía a una mezcla de cítricos. ¿Acaso los elfos la había obligado a comer todas las naranjas que habían?-. ¿Cómo ha sido tu día, cariño? –preguntó con sorna, pero su voz estaba perdida. No podía culparla, él también estaba concentrado en sus labios y no exactamente en lo que decían.

-Bien, corazón. ¿Y el tuyo?

La mirada de Rose bajó a su boca y aquello dio paso a lo inevitable: sus labios se encontraron en un beso largo y lento. Por un momento creyó que la chica se apartaría para contestarle, pero sólo cambió el peso de su cuerpo para estar más cómoda y prolongar el contacto.

Se besaron por durante un buen tiempo, hasta que sintió los labios de la chica curvarse en una sonrisa. Él se reclinó un poco y la imitó. Al poco rato se estaban riendo. La conversación que compartían no parecía contener muchas palabras.

Recobrando el aliento, ambos se separaron y Rose se quedó de pie, observando la habitación.
Era la primera vez que él abría la Sala de los Requerimientos, por lo que el lugar donde estaban era nuevo: se trataba de un pequeño salón con muebles de madera oscura y detalles brillantes, como plata u oro. Los recovecos en el acabado del sofá y la mesita de centro eran muy parecidos a los muebles que tenía antes de la nueva decoración de muebles italianos que colocó su madre en su cuarto. Pero los matices azules y celestes eran iguales a los que ahora pintaban la habitación en la mansión Malfoy. Junto a lar largas y enormes ventanas, rodeadas a cada lado por enormes y pesadas cortinas se terciopelo azul marino; habían estantes llenos de libros y otros artefactos mágicos inusuales. El salón era una versión de su cuarto, la única habitación en la que realmente se sentía cómodo cuando estaba en casa.

Rose rodeó la mesita de centro y se sentó en el sofá, observando con fascinación la aparatosa lámpara de lágrimas de cristal colgando desde el techo.

-¿Y cómo ha sido tu día? –inquirió, esta vez con seriedad.

El rubio se sentó a su lado, y meditó unos momentos qué decir. ¿Sería buena idea ser totalmente franco, sin pensar en las consecuencias que sus palabras traerían? ¿O era mejor ser críptico, usando palabras que escondían un mayor significado? Porque todo lo que se le venía a la mente era un simple "mí día ha sido una mierda".

La duda no pasó desapercibida por la chica. Ésta lo miraba fijamente, estudiando hasta el más mínimo gesto que pudiera delatar su verdadero estado anímico. Bastaba con observarla un poco para darse cuenta que buscaba algo que confirmara él hubiera cambiado de opinión, que le dijera que "no, realmente no quiero estar contigo" y terminara con todo para volver con su prima.

Su estómago se contrajo al pensar en esto. No podía culparla, puesto que Lily fue una gran sombra entre ellos durante mucho tiempo. Pero era inevitable sentirse triste y hasta enojado con esto, ya que no podía entender cómo Rose no se daba cuenta que no había ningún punto donde ella no ganase. Rose era distinta a Lily, y por eso era muchísimo mejor. Quería estar con ella y estaba seguro que durante mucho tiempo más seguiría deseando estar a su lado.

Dándole una sonrisa, Scorpius volvió a tomar su mano y esta vez deslizó sus dedos entre los suyos.

-Comenzó bien, luego se tornó horrible, y ahora está muchísimo mejor –movió el pulgar, acariciando su dedo índice-. ¿Y el tuyo?

Los ojos de Rose se entrecerraron, y poco después se abrieron para mostrar una mirada mucho más confiada. Parecía feliz de no haber encontrado lo que temía hallar, lo que hizo respirar con alivio al rubio.

-Con muchas actividades –respondió, colocando su mano libre sobre sus manos unidas y les dio un apretón cariñoso.

-¿No te agota tener tantos quehaceres? Los estudios, los deberes de prefecta, amigos, familia, tus noches con el rubio más perfecto del planeta…

-¿Del planeta? –lanzó una risotada-. Quizás deba averiguar si eso es verdad o no. Hay una cantidad decente de rubios en Hogwarts para hacer una población de estudio aceptable. Por puro interés intelectual, claro está –sonrió, sacándole la lengua. Él enarcó las cejas, retándola a que llevara a cabo su comprobación-. Estoy acostumbrada. No sé… Me gusta estar ocupada, porque así siento que no pierdo el tiempo.

-¿Cómo en qué?

-Como en no hacer nada, supongo –se alzó de hombros, y se arregló el cabello. Lo miró atentamente antes de decir:-. Ahora que lo pienso, además de la escuela, no haces nada más. O sea, estás con Bulstrode, pero nunca te veo compartir con tus demás compañeros… Y no tienes a la mitad de tu familia en el castillo.

-Las actividades extracurriculares que ofrece la escuela no son de mi interés.

Dejando de lado el hecho que sus compañeros eran los seres más imbéciles que pudiera haber sobre la faz de la tierra, Scorpius no tenía interés en participar en algún club o actividad extracurricular que hiciera su estadía en la escuela más llevadera. Había pocas opciones: quidditch o juegos de mesa. Ninguna de las dos le llamaba la atención, a pesar que jugaba ajedrez de vez en cuando. El Club de las Eminencias era una excepción, ya que realmente asistía por un deber social más que gusto personal. Cuatro reuniones y una fiesta al año eran la máxima cuota que podía soportar de horas compartiendo con niñatos que restregaban sus apellidos, dinero o logros personales en las narices de quien fuera que se les cruzara por delante. La participación en ese club no era técnicamente en favor de construir una mejor, más unida y tolerante escuela como decía la directora McGonagall sobre las actividades extracurriculares en el banquete de inicio del año escolar (aunque dudaba que lanzar a pelear a las casas por puntos y por quidditch cumplía con esas características).

-Pero te gusta estudiar –afirmó, como si la respuesta fuera evidente-. Podrías unirte a uno de los grupos de estudio que existen.

Estudiaba porque debía hacerlo y algunas clases no eran aburridas, pero llegar al punto de gastar horas en charlar sobre la materia con otras personas era absurdo. Al menos para él. Ya vivir en Hogwarts era desagradable, ¿entonces por qué dedicar como único tema de conversación durante horas la escuela?

Mientras le explica a Rose que no era un fanático del estudio, pensó en que ella era una Ravenclaw. Por lo que había visto en la biblioteca, muchos de los grupos de estudio eran compuestos puramente por estudiantes de la casa de las águilas.

-No me digas que tú tienes uno.

-Por supuesto que sí –asintió, tratando de ignorar su asombro-. Estudio sola; luego estudio con Kate. Ella es mi mejor amiga –explicó rápidamente-, y después termino de estudiar la materia con mi grupo.

Los domingos en la mañana estudiaba sola. Toda la mañana se dedicaba a leer, a hacer apuntes y a estudiar las clases. Su concentración era admirable. Y sabía que estudiaba con su amiga porque una vez había escuchado a la tal Kate comentárselo a Albus en la biblioteca. Sin embargo, no creía que ella también tuviera un grupo de estudio. No era de extrañarse, debido a su casa y a sus excelentes calificaciones; pero le sorprendía el tiempo y energías que invertía en la escuela. En especial cuando la mayoría de las noches se reunían y se quedaban horas conversando desnudos entre las sábanas.

-¿Y de dónde sacas tiempo? –preguntó, con preocupación.

-Tengo el poder de dividirme gracias a un giratiempo –bromeó, pero notó la alarma en el rostro del chico y dijo:-. Sólo me organizo y sacrifico algunas horas de sueño… No es serio –añadió inmediatamente-. Cuando la escuela termine, podré dormir todo lo que quiera.

Jamás lo había pensado antes, pero Rose hacía muchos esfuerzos por la escuela. No sólo tenía la presión de lo académico, sino que era prefecta, era una hermana y prima ejemplar, le dedicaba tiempo a su amiga Kate, y estaba con él. No podía evitar sentirse un poco culpable al darse cuenta que él le demandaba tiempo dentro de su ajustada agenda. Dentro de las mil actividades que realizaba, había una gran interrogante: ¿las hacía porque le gustaban, o porque eran un deber? Ser la estudiante, prefecta, hermana, prima, amiga, y amante modelo era algo difícil de conseguir; y tal vez no valía la pena esforzarse tanto cuando realmente no disfrutaba ninguna.

Haber nacido en una familia llena de héroes de guerra, políticos importantes, y figuras de poder dentro del mundo mágico; sólo significaba que cada uno de los hijos de aquellas personas debían vivir bajo las expectativas de mantener los logros realizados por sus predecesores. No sólo eso, sino que brillar dentro de los Weasley era una tarea difícil considerando que ya muchos tenían altos cargos en el ministerio, habían decretado y abolido leyes, salvado al mundo mágico en innumerables ocasiones, e inventado los objetos más ridículos y vendidos del mercado. ¿Rose quería tener buenas calificaciones por ella o por la imagen que tenían sus padres, tíos, y primos de ella? ¿Rose toleraba a sus primos porque de verdad le importaba la las buenas relaciones en la familia o porque aquello estaba dentro de su supuesto rol de conciliadora? ¿Qué tanto Rose hacía por ella misma, porque ella lo deseaba, lo necesitaba; en vez de hacerlo por mantener la imagen que los demás tenían de ella?

-Eres impresionante –dijo finalmente y soltó su mano, para poder jugar con ésta. Comenzó a acariciar sus nudillos y sintió temblar ligeramente a la pelirroja ante el suave contacto-. ¿De verdad te gusta tanto estudiar?

-Esto es muy Ravenclaw de mi parte, pero creo que no hay nada mejor que adquirir conocimiento –explicó, con la mirada puesta sobre la estantería que contenía libros junto a la ventana-. La sensación de seguridad que te da el conocimiento es increíble. No me gusta no saber, ¿sabes? Aunque sea algo pequeño y aparentemente inútil, quiero saberlo… Por lo mismo estudio tanto y tomé varios ÉXTASIS. Me hace sentir mucho más segura el hecho de estar absorbiendo bastante información.

Las palabras dichas por Bulstrode en el almuerzo resonaron en su mente: el conocimiento daba seguridad. ¿Cuánta verdad existía en aquella frase? En su corta vida había aprendido que muchas veces la ignorancia también otorgaba seguridad, puesto que con ella no aparecían dudas, arrepentimientos ni decepciones.

Siguieron hablando y Rose le contó que no sabía qué quería hacer cuando saliera de la escuela, pero veía con buenos ojos trabajar en el banco o en alguna institución manejando números, puesto que Aritmancia era su asignatura favorita. No faltó preguntarle si no sería difícil apartarse de la expectación colectiva del mundo mágico: que siguiera el camino de sus padres.

-No realmente. Antes me importaba, pero ya no –confesó con timidez. Scorpius vio una expresión muy dulce en su rostro, como el de una niña contenta por haber logrado pintar dentro de las líneas del dibujo-. Aunque eso no quiere decir que no los admire.

Draco Malfoy era dueño de varias empresas y negocios, y había invertido en otros de tal forma de ser uno de los mayores inversores y miembros importantes de las juntas directivas de cada compañía. La poca credibilidad del apellido Malfoy venía acompañada con una fortuna casi inexistente después de haber financiado casi en su totalidad el regreso de Voldemort, por lo que usar el dinero que había con sensatez. Con ambos padres desechos por la guerra, Draco no tuvo dificultades en usar sus propias estrategias para incrementar el oro: arregló algunas propiedades para luego venderlas en precios carísimos; vendió animales, pinturas, carruajes, muebles y otros artículos a afanados coleccionistas que no les interesaba su vínculo con los mortífagos; y movió inversiones hacia negocios que se proyectaban como más lucrativos en los siguientes años. Desde artículos y ropa deportiva, hasta marcas de alcoholes, revistas, una editorial de libros, hoteles, y restaurantes; los Malfoy poseían casi todo lo que se pudiera imaginar. Y con ello, los ojos de la elite del mundo mágico volvían a verlos con buenos ojos y los citaban como un caso ejemplar de resurgir entre las cenizas. Todavía había muchos prejuicios, gente que guardaba rencor, y otros que simplemente vivían en el pasado; pero la credibilidad del apellido Malfoy volvió a crecer, tal como las montañas de oro en la bodega de Gringotts.

Tal vez su padre no había salvado al mundo mágico; de hecho apoyó que la discriminación tuviera el poder de matar y luego huyó cobardemente fuera del país cuando la guerra terminó; y tenía una enorme cantidad de defectos, sin embargo, eso no lo hacía menos digno de admiración. Había logrado sobrevivir con sus errores y cargaba con los de generaciones anteriores, en menos de cinco años sacó de la quiebra financiera y emocional a la familia Malfoy, y era uno de los hombres de negocios más importantes del país. Ser un sobreviviente y luchador era tan heroico como ser un político de renombre, alegrar a los niños con artículos de broma, y proteger la seguridad del mundo mágico.

-Es imposible no hacerlo.

Aunque muchas veces siento que estoy admirando una figura histórica, lejana; no a alguien tan cercano como mi padre.

-Sí, supongo que eso es cierto –asintió, pensativa-. ¿A qué se dedica tu madre?

-Dirige varias instituciones benéficas.

-¿De verdad ella fue quien pensó en abrir el orfanato?

-Varias personas me han preguntado lo mismo –sonrió-. Sí, fue ella. Es a la institución a la que le dedica más tiempo. Se encarga de elegir a la mesa directiva, elegir el personal y entrevistar a los padres que vienen a adoptar a los niños.

Para muchos, Astoria Malfoy no era más que una mujer frívola y adicta a las compras. Y lo era, pero además tenía una consciencia social poco vista en el mundo mágico: en su juventud se hizo voluntaria en una casa que acogía a las viudas de la guerra y usó muchos de sus contactos debido al renombre del apellido Greengrass para conseguir patrocinadores para eventos en favor del hogar. Luego cuando se casó con Draco Malfoy, su madre comenzó a organizar subastas, cenas, conciertos, y galas para apoyar la restauración de los pueblos olvidados por el ministerio y que todavía estaban arruinados por los enfrentamientos de mortífagos y aurores. Su sueño era crear un orfanato que no acogiera sólo a los huérfanos de la guerra, sino a todos los niños un hogar y mujeres embarazadas que no podían estar en casa por problemas familiares complejos (lo más frecuente eran embarazos no deseados o embarazos adolescentes).

-Es increíble –dijo la chica, después de asentir aprobatoriamente-. Espero que pueda conseguir el financiamiento permanente del ministerio. Vivir de sólo la caridad de las personas es difícil.

-Pero los millonarios siempre están dispuestos a asistir a las galas y eventos más célebres de la sociedad con tal de generar una buena imagen pública.

Se bastaba alguien frívola y adicta a las compras para entender que la mayor parte del dinero para financiar el orfanato, el hogar de mujeres y sus otras obras debía venir del mismo tipo de personas como ella. Dar grandes sumas de dinero no sólo los hacía ver bien al público, sino que les permitía codearse con el sector más poderoso del mundo mágico. Esas personas, decía su madre, nunca dejarían de existir; por lo que la longevidad de sus instituciones estaba casi garantizada.

-Eso es muy cierto. ¿Y cuando nos graduemos qué harás?

-Seguiré con los negocios de la familia –la sintió levantar un poco la mano y dejó de acariciarla. Sus dedos se resbalaron entre los suyos, y sus palmas se unieron. Era un gesto muy íntimo-. La editorial de libros es la que más me llama la atención.

-¿Sí? ¿Entonces por qué cursas Herbología?

Había tomado cinco asignaturas para dar los ÉXTASIS, el mínimo para graduarse: Herbología, Transformaciones, Encantamientos, Historia de la Magia, y Adivinación. Las últimas dos las odiaba, pero saber historia era algo básico para entender las teorías económicas y de mercado del mundo actual, y Adivinación… era fácil si se tenía la capacidad de exagerar la realidad. Las otras tres las escogió porque era las únicas que le interesaban y donde enseñaban cosas que le servirían algún día.

-¿No lees la sección económica de 'El Profeta'? El mercado de hierbas y plantas va a tener un gran auge en los siguientes diez años. Tal como con los muggles, la medicina natural será altamente demandada por los magos de cualquier trasfondo económico y social.

-¿Entonces por qué no seguiste en Aritmancia?

-¿Recuerdas que cursé esa asignatura? –enarcó las cejas, sorprendido por su memoria.

-Por supuesto. Resolvías los problemas matemáticos más rápido que nadie –dijo con entusiasmo-. Eras uno de los mejores. Me extrañó no verte cuando comenzamos sexto año.

-El curso se vuelve muy específico sobre la economía bancaria. Y eso no me llama la atención –miró sus manos unidas y sonrió-. Necesitaba seguir con clases que ampliaran mis conocimientos y habilidades de emprendimiento para el futuro.

-Ya, como si Adivinación fuera a servir para eso –se burló, rodando los ojos.

Siguieron hablando de profesiones y asignaturas favoritas. Ambos comentaron lo que soñaban ser de adultos cuando eran pequeños: Rose quería ser una adivina famosa porque ver el futuro se le hacía muy útil, y Scorpius estuvo obsesionado con ser un domador de criaturas mágicas. Y se dieron cuenta que Hogwarts se dedicó de acabar con sus sueños: la chica descubrió que no había nada de útil en ver cuándo moriría, o no moriría, o los detalles de su muerte en las hojas del té; mientras que para el rubio ocurrí cuando un ghoul le vomitó en la cabeza en tercer año, durante una clase de Cuidado de Criaturas Mágicas.

Momentos como éste justificaban la importancia que había cobrado la figura de Rose en su vida durante las últimas semanas. Sólo bastaba una palabra, mirada o hasta un gesto para que todo fluyera naturalmente entre ellos. Necesitaba justamente esto para alejar los estúpidos pensamientos que habían invadido su cabeza durante el día: naturalidad. Con la pelirroja se sentía muy cómodo siendo él mismo. No tenía que esforzarse en encontrar tema de conversación o en tolerarla, porque de algún modo sentía que Rose estaba a la par con él. Ella no pertenecía a la mediocridad reinante en el resto de sus pares.

-¿Entonces dices que Hogwarts se dedicó a romper nuestros sueños? –preguntó la pelirroja, ahogando una risotada.

-No lo digo, sólo creo que es una gran coincidencia. Eso es todo.

-¿Y por esta coincidencia, no muestras interés más que en graduarte de la escuela, sin dejar ninguna huella o participar en las instancias que hay para la unión de los estudiantes de las cuatro casas?

Sonrió, pensando que su vida durante los últimos siete años se podía definir en tu totalidad con esas palabras. Pocas personas y cosas le despertaban interés, y por lo mismo se aferraba a ellas con todas sus fuerzas. Ciegamente las tenía apegadas con él, especialmente las personas, aunque no se daba cuenta que estas se iban para nunca regresar, o quizás nunca estuvieron con él y se trataron de un producto de su imaginación. A veces odiaba ser tan quisquilloso en sus gustos. Si fuera simple como el resto de chicos de su edad, entonces la vida le sería más alegre y fácil. Incluso sería capaz de disfrutar Hogwarts.

-Debes pensar que soy un conformista, ¿no? –inquirió, temiendo que la respuesta sería un inconfundible sí.

A pesar que sabía todas las dificultades que podría evitar cambiando su modo de enfrentarse a la vida, no lo hacía. Scorpius no quería ser como los demás. No se sentiría bien si comenzaba a actuar igual que sus compañeros, encontrando placer en cosas banales y opinando de eventos sucedidos en el pasado donde no sabían nada más que lo entregado por profesores, libros y relatos de los padres; los últimos con tintes sentimentales que teñían una versión completa e imparcial de los hechos. Rebajarse a ese nivel era una de sus peores pesadillas.

-No realmente –ella notó su incredulidad y apretó su mano, tratando de asegurarle que no mentía-. Últimamente he aprendido que no hay nada de malo con sentirse cómodo con la vida que uno vive. Si desearas algo más, harías lo que fuera por cambiar tu situación –explicó mientras le sostenía la mirada con una dulzura que había visto pocas veces en ella-. No puedo juzgarte por aprender a vivir de cierto modo. Quizás es lo apropiado para ti, o no… Quizás no te gustaría cambiar, o no. Quizás es lo que te hace feliz, o no… -exhaló aire y esbozó una sonrisa-. Y si vuelvo a decir quizás nuevamente, me voy a matar. Lo siento por comenzar a decir cosas sin sentido.

¿Cómo es que no había conocido antes a Rose?

-Nunca has dicho algo ilógico, así que no te preocupes –alzó sus manos unidas y depositó un beso en sus nudillos-. Además, me gusta cuando farfullas.

-¿Sí? –inquirió, extrañada.

-Sí. Porque significa que te sientes identificada o entiendes a lo que me refiero, y quieres hacérmelo saber.

Sus conversaciones estaban llenas de palabras que no significaban realmente lo que pensaban, y las miradas tenían un mensaje oculto. Le gustaba aquello, porque lo mantenía despierto, atento a los más mínimos detalles para poder descifrar aunque fuera un poco a Rose. Pero a veces la honestidad era tan enorme, que no podía someterla al juego de significados escondidos de siempre. Una de las características que más le gustaba de la pelirroja era el cómo hablaba cuando se emocionaba por un tema: farfullaba, la lengua se le enredaba, y la respiración se le acababa. Le fascina verla así, puesto que él casi nunca se entusiasmaba con algo o alguien.

La chica bajó la cabeza y cerró los ojos. Dio un largo suspiro antes de decir:

-Lamentaré esto dentro de los próximos segundos, pero… Lo que acabas de decir es muy dulce.

Y como anticipaba, bastaba sólo una frase para hacer que las cosas fluyeran con naturalidad.

-Sí, estuve esperando el momento perfecto para usar esa oración –asintió, riendo.

-Y ahora lo lamento –musitó, rodando los ojos.

-Debes admitir que fue genial. ¿Me he ganado un premio, no?

Tenerla a su lado era lo que necesitaba para sentirse mejor. No sólo eso, sino que estaba tranquilo porque le había demostrado que sus intenciones seguían siendo las mismas que ayer, que anteayer y que desde el regreso de vacaciones de invierno. En su presente estaba ella y no quería se fuera.

Cuando Rose preguntó qué hora era, Scorpius se dio cuenta que habían estado más de tres horas charlando. A pesar del buen momento que estaban pasando, era evidente que el cansancio se estaba apoderando del cuerpo de la chica: sus parpadeos se hacían más lentos y los bostezos llegaban a su boca cada vez más seguido.

Antes de salir de la habitación, la chica le dijo que le gustaba esta habitación.

-Podríamos volver en otra ocasión. Me sentí muy a gusto en su interior.

Scorpius asintió, sintiéndose extremadamente contento por saber que se sentía cómoda en el cuarto.

Caminaron en silencio, todavía tomados de las manos. Cuando el chico no siguió bajando hacia las mazmorras, sino que dobló con ella hacia el ala oeste del castillo, Rose se burló por comportarse como un caballero y acompañarla hasta su sala común. Estaba seguro que no le ocurriría nada si estuviera sola; y si llegaba a presentarse una situación peligrosa, ella era apta para manejarla, pero quería estar con ella el mayor tiempo posible. Recorrer la distancia entre la Sala de los Requerimientos hasta la sala común de Ravenclaw no demoraba más de diez minutos; y aunque sólo fueran diez, ese corto lapso de tiempo era valioso. Aunque sabía que la vería al día siguiente en clases, incluso en la noche, no deseaba apartarse de su lado.

Solía sentirse así siempre al final de las noches, cuando se despedían y él la observaba irse con sus rizos rebotando a cada paso; pero esta vez era especial: en el momento en que estuviera solo, posiblemente el mal humor, las preguntas, los miedos y los problemas volverían a atacarlo.

Al llegar frente a una gran puerta de madera brillante y con un pomo de plata con forma de águila, la chica se detuvo y dijo que aquí era donde se separaban.

-Gracias por distraerme –Scorpius usó su mano libre para mover algunos rizos de su rostro y observarle el rostro. Cuando se detenía a mirarla detenidamente, se olvidaba de respirar porque la chica era preciosa-. Realmente te necesitaba a mi lado hoy.

Rose asintió lentamente, mientras sus ojos se volvían tan brillantes como si acumularan lágrimas. Y antes de poder distinguir si realmente lo eran, la chica lo abrazó fuertemente.

El gran significado en sus palabras había sido recibido.

Scorpius cerró los ojos y sintió que ese abrazo era capaz de solucionar todos sus problemas. Lily, Zabini, las dificultades que se presentarían si hicieran su relación conocida, el futuro, y los fantasmas del pasado no eran más que un mal sueño escondido en el rincón más olvidado de su mente. Lentamente la imitó, envolviendo los brazos sobre su cuerpo. ¿Si se aferraba lo suficiente, entonces todo estaría bien, verdad?


-Todos tienen copias de la constelación que les corresponde por mes de nacimiento –explicó Firenze, cerciorándose que nadie estuviera sin éstas-. Si las cuentan, verán que son once. Hoy dibujarán la décima, la correspondiente a este mes.

Cuando supo que la clase de Adivinación se haría en la noche, todos los estudiantes suponían que se trataría de analizar la posición de las constelaciones y planetas para predecir el futuro. Como no podía ser algo tan simple como dibujar el mapa de las estrellas, seguramente habría que añadir algo de las costumbres de los centauros: quemar salvia para leer las volutas de humo, o usar las cenizas de madera quemada. Ambos métodos se podían combinar para hacer una lectura muchísimo más exacta. O al menos eso habían dicho los profesores, pero Scorpius estaba seguro que sólo le decían para darle más continuidad al curso. Para nadie era desconocido que Trelawney y Firenze no se caían para bien.

El rubio miró los mapas de que representaban a la posición de la constelación de Escorpio durante los últimos once meses. ¿Quién los había dibujado? Recordó el mapa de su constelación que dibujó para Astronomía en cuarto año: varios borrones manchaban todo el pergamino, dejando en evidencia su indecisión. En cambio el trazo de estos mapas era fino y preciso. Escorpio se veía elegante.

-Por supuesto ustedes no dibujarán sus constelaciones. Tienen que trabajar en parejas –el anuncio provocó un murmullo desaprobador de los estudiantes. El centauro estaba serio y su voz era tan monótona como siempre, pero Scorpius creía ver diversión en su mirada-. La pareja dibujará a su constelación esta noche, y luego basándose en los mapas, harán una lectura de cómo ha sido este último año para la persona –una chica levantó la mano y Firenze añadió:-. Por supuesto que la lectura la entregarán en escrito. Las compararé con las que yo he hecho con anterioridad –la mano de la Ravenclaw bajó. Aparentemente su pregunta había sido respondida antes siquiera de verbalizarla-. Les informo que el trabajo de hoy será mi examen ÉXTASIS.

Los ÉXTASIS de Adivinación constaba en dos evaluaciones: una de Trelawney y otra de Firenze. Ambas valían el cincuenta por ciento de la calificación final. Había escuchado que el centauro sorprendía cada año con su evaluación, ya fuera porque hacía un examen escrito al principio del curso; o llevaba a los estudiantes a acampar al Bosque Prohibido durante un fin de semana para que usaran la naturaleza para predecir eventos del futuro.

El método para elegir parejas no fue el típico donde cada persona elige a un amigo, sino que alguien nacido en enero y tuviera la constelación de Acuario, sería el primero en elegir a su pareja. Luego, irían al revés del calendario: quien fuera otro Acuario escogería a su pareja, después alguien Capricornio, y así hasta llegar a Piscis.

La elección fue bastante tediosa. La mayoría de personas trataban de escoger a alguien conocido, mientras que sólo unos pocos pudieron elegir a sus amigos. Scorpius rodó los ojos cuando Leighton llamó a Carrow. Ambas se abrazaban como si no quedar juntas significara el fin del mundo.

-Sagitario –dijo Firenze, mirando las caras de los estudiantes que quedaban en el lugar. Los que ya tenían pareja se habían retirado hacia algún lugar de los jardines, encantando los aparatos de dibujo para que flotaran tras ellos-. Nott.

-Elijo a Zabini.

El joven asintió al escuchar su apellido, y apuntó el cabestrillo con su varita. Una vez que flotaba y lo seguía, se dirigió hacia donde su compañero de casa. En ese momento miró a Scorpius. Intercambiaron una larga mirada antes que Nott le golpeara el hombro y le dijera que fueran hacia la orilla del lago.

Zabini no estaba bien. A pesar que seguía conversando y bromeando con sus amigos, la verdad estaba muy lejos de la normalidad. Scorpius había notado que era de los primeros en acostarse, pero se quedaba observando el techo de la habitación durante muchísimo rato antes que sus ronquidos se unieran a los de sus compañeros. La palidez en su rostro daba cuenta de las escasas horas de sueño.

-Otra sagitario… Johansen.

-Escojo a Malfoy.

Scorpius giró la cabeza y buscó a la persona que lo había elegido: Kate Johansen, la mejor amiga de Rose.

La chica venía caminando hacia él, con el cabestrillo ya flotando tras ella. Lo miraba fijamente, con una expresión sumamente fría y calculadora. Sus ojos bajaron hacia sus útiles y le hizo una seña para que la siguiera.

Reprimiendo una sonrisa, lo hizo.

Ya debía estar al tanto de Rose y él. No había otra razón para que se diera la molestia de buscar un momento para hablar con él. Después que Bulstrode reconociera estar enterado, se preguntó cuándo la amiga de la pelirroja se acercaría a él. Era imposible mantener una relación en secreto durante tanto tiempo, en especial cuando debía existir una razón que justificara las prolongadas ausencias en la noche. Además que él era alguien especial: el ex de la prima y un Malfoy. Con aquellos antecedentes, era evidente que estaría preocupada por Rose y trataría de protegerla.

Debía admitir que era muy inteligente usar esta oportunidad en vez de acercarse a él durante algún receso. Esta actividad le daba una privacidad envidiable dentro de un castillo lleno de ojos curiosos, y si tenía el ojo interior o al menos tenía aptitudes para la adivinación, la posibilidad de acceder a información privilegiada. Si estaba escondiendo algo y ella lo averiguaba a través de su constelación, entonces ella podría usar aquello para amenazarlo.

Llegaron al sector donde estaba el Sauce Boxeador. No había nada cerca alrededor de un kilómetro a la redonda, debido a la presencia del árbol. Al ser una las partes más altas del terreno de la escuela, el lugar era perfecto para observar y dibujar las estrellas.

Johansen caminó hasta llegar a la parte más alejada del árbol. Una vez en el lugar, desencantó el cabestrillo y miró hacia el cielo, buscando la constelación de Escorpio. Cuando la encontró, colocó el aparato en una posición que le permitiera verla con facilidad.

Él hizo la imitó, pero dejó el cabestrillo mirando hacia Sagitario.

-¿No vas a preguntar por qué te escogí? –inquirió la chica, sacando un pergamino de su mochila.

-Tengo una buena idea de la razón.

-No esperaba menos de ti.

Scorpius pensó que comenzaría con un interrogatorio, pero para su sorpresa, la joven empezó a hacerse una trenza en su largo y negro cabello. Cuando hubo terminado, sacó un estuche donde guardaba sus carboncillos y dio inicio al dibujo de su mapa.

La observó durante unos segundos antes de sacar un pergamino y comenzar con si dibujo. Con su mala habilidad para el dibujo de mapas, necesitaba la mayor cantidad de tiempo posible para posicionar bien las estrellas de la constelación y hacer una medida precisa de su distancia. El trabajo no era difícil, sólo requería paciencia. Sería realmente idiota arruinar la posibilidad de un Extraordinario por confundir las distancias y dar una mala lectura.

-Siempre me he preguntado cuál es la historia real de Escorpio –dijo luego de mucho rato. El chico no la miró, pero dejó soltó el carboncillo-. ¿Por qué mató a Orión? ¿De verdad Artemisa necesitaba ser rescatada de Orión?

-¿Insinúas que la versión oficial es una mentira?

-Tal vez –hizo una pausa y estuvo seguro que fue para mirarlo-. Artemisa es la diosa de la guerra. Ella misma podría haberse hecho cargo de eliminar a Orión.

-Nunca lo había pensado así.

-¿Sí? Me parece extraño. Creí que como en tu familia solían nombrarlos por constelaciones, también sabían y cuestionaban la historia de éstas.

No cabía duda que quería intimidarlo. En un principio lo había tomado desprevenido, ya que no podía averiguar cuál era el ángulo que usaría para hablarle; pero ahora que lo sabía, no permitiría que lo afectara. Cualquier respuesta que diera a su pregunta, estaría mal. El cuestionamiento de la historia oficial de las constelaciones provenía la época antigua de sus nacimientos, dejando un gran margen de tiempo entre aquel tiempo y la actualidad para la existencia de varias versiones. Y si no decía nada, también fallaría esta prueba. El silencio era una de las peores respuestas existentes.

Respiró profundamente, tratando de aclarar su mente y encontrar un modo de salir ganador.

-Tal vez Artemisa lo utilizó. Como hija de Zeus, no podía deshacerse de alguien sin quedar impune. Así que eligió a Scorpius para sus planes –su voz era más enérgica. Tampoco había pasado desapercibido la agresividad con la que pronunciaba la constelación, diciéndole ahora en griego, tal como él se llamaba-. Si él mataba al malvado Orión, se convertiría en un héroe y podría casarse con ella. Y aceptó hacerlo. Pero el pobre Scorpius murió también, y fue condenado a existir en el cielo, donde podía ver a Artemisa en el Olimpo, pero jamás podría estar con ella.

-Es una buena historia –volteó la cabeza y sus miradas se encontraron. Johansen lo miraba con atención, analizando cada uno de sus movimientos y gestos-. Pero quizás Scorpius siempre supo que moriría, pero aún así decidió ayudar a Artemisa.

-¿Un mártir del amor? –entrecerró los ojos.

-Es una posibilidad, pero sería aburrido si fuera por el tan típico amor. ¿No sería mejor si fuera un mártir de la vida? –dijo, sonriendo. Por fin sabía cómo terminar de buena manera la conversación-. Sagittarius sabe muy bien sobre lo que es estar cansado de una existencia eterna y prefirió darle un fin, para no ver cómo su vida se transformaba en un gran montón de recuerdos inacabables.

Ambas constelaciones eran vecinas. Según las antiguas historias griegas y romanas, las estrellas tenían una posición específica otorgada por la entidad superior regente. Generalmente se ubicaban lo más lejos posible de sus enemigos, pero había otras que se formaban en cierto lugar porque tenían historias o cualidades en común.

Lentamente, la expresión dura del rostro de la chica dio paso a una más suave y cálida. Le ofreció una sonrisa antes de volver a retomar el dibujo.

-¿Cuándo naciste? –inquirió, con los ojos puestos sobre Escorpión.

-El 23 de octubre.

-¿Naciste en la madrugada, cierto? –el rubio arqueó las cejas, descolocado por la exactitud de sus palabras. Tomando su silencio como una afirmación, continuó:-. Eres un Escorpión con las pinzas Libra.

En la antigüedad no existía Libra. Se creía que era parte de Escorpión y muchísimo después los astrónomos decidieron separarla de ésta, convirtiéndola en la constelación más pequeña y sin una historia fantástica explicando su origen.

Miró su mapa y vio la constelación casi terminada a la perfección. No sabía si cursaba Astronomía, pero por su conocimiento sobre las estrellas, de seguro le gustaba la supuesta ciencia que mezclaba las constelaciones con la adivinación: la Astrología.

-No creo en la astrología –dijo con sinceridad.

-Está bien –asintió, con la voz perdida. Estaba concentrada en el mapa-. No hay ninguna ley que establezca que debas hacerlo.

La miró un rato más antes de continuar con su dibujo. Antes creía haber salido airoso de la prueba, pero ahora no estaba tan seguro del resultado.

Luego de haber terminado de dibujar a Sagitario, Scorpius se sentó sobre el pasto y dejó los doce mapas extendidos a su alrededor. Ninguno hizo amago de volar, por lo que creyó que Firenze había hecho algo para que no hubiera brisa esa noche.

Creer en la que la posición de las estrellas determinaba la vida de una persona era una de las más grandes estupideces del mundo. No se lo diría a Johansen, pero no podía comprender la manía de la gente por pensar que todo estaba determinado en el cielo. Muchos justificaban la creencia porque había demasiadas similitudes entre sus vidas y los que los astrólogos profesaban sobre sus constelaciones. Sin embargo, Scorpius sabía que no era más que una excusa para poder culpar a algo más sobre los errores y problemas. Era más fácil decir que la culpa la tenía la constelación, en vez de admitir que uno mismo tomó una decisión equivocada. Aunque no podía negar que muchas veces la descripción de la personalidad muchas veces coincidía entre persona y constelación, sólo era cuestión de probabilidades: había doce tipos de personalidad para millones de personas. Y todas tenían algunas igualdades, para minimizar el error. De esa forma, siempre habría varias personas que creerían ciegamente en que el brillo de las estrellas de la constelación en el mes que nació, determinaría su pasado, presente y futuro. Los astrólogos se hacían millonarios gracias al miedo de la gente por hacerse cargo de sus decisiones.

De todos modos, había algo intrigante en la amiga de Rose. ¿Era posible que una Ravenclaw creyera en la astrología? La fantasía y misterio de las estrellas eran características que hacían muy tentador su estudio, pero relacionarlas con la personalidad y vida de las personas era un asunto completamente distinto. No era una ciencia exacta, como lo eran las demás. ¿No que los que buscaban el conocimiento, lo hacían para sentirse seguros respecto al mundo que los rodeaba? Si entendían el mundo, entonces sabrían vivir bien en él. La astrología no entregaba un conocimiento certero que permitiera tal grado de seguridad. ¿Por qué la chica creía en ella?

Como era más hábil que él en el dibujo, la Ravenclaw ya había terminado de escribir la lectura de su vida en el último año y ya había terminado de guardar todos los materiales cuando él sacó un pergamino para escribir.

Sagitario era una constelación extraña. Varios astrónomos tenían historias para su existencia en el firmamento: en unas era un médico que salvó a Prometeo con la muerte, en otras uno de los mejores sirvientes de Zeus; y en algunas era un centauro que le gustaba celebrar, por lo que inventó el aplauso para vitorear. Los que nacían en el mes del sagitario se les describía como leales, aventureros, y optimistas.

Según la posición de las estrellas más importantes de sagitario, Johansen no había tenido un año relevante. Estaba ansiosa por el futuro próximo. Quizás quisiera salir de Hogwarts, y por eso la ansiedad crecía a con cada mes que pasaba.

-¿Deseas que mayo llegue pronto? –preguntó, levantando los ojos del pergamino.

Ella se había recostado sobre el pasto, pero de lado, quedando de tal modo que podía observarlo sin dificultades. Parecía estar examinándolo.

-No sería justo que te ayudase con tu lectura –replicó seriamente.

-Decirme eso no sería una gran ayuda. Es sólo un detalle.

-¿Si te dijese que sí, qué dirías?

-Que entiendo los deseos de salir de aquí, pero supongo que ya sabes eso, ¿no? –sonrió, mirando el pergamino enrollado donde estaba su lectura.

-Quizás, quizás… -se limitó a murmurar, cerrando los ojos y girando el cuerpo para quedar boca arriba.

No demoró más de diez minutos en terminar. Mientras arreglaba sus cosas, por un momento Scorpius pensó que Johansen se había dormido, pero la chica abrió los ojos cuando lo escuchó encantar el cabestrillo y se puso de pie.

¿Había salido bien? Esta era una evaluación para Johansen: del resultado, dependía qué pensaría sobre él, y si aceptaba o no la relación que mantenía con su amiga. Con su alusión a la historia de Escorpión y las características de su constelación, no podía sacar nada en limpio. Al menos no podía dilucidar si había contestado bien o mal. La incertidumbre lo comenzaba a molestar.

Fueron una de las últimas parejas en regresar. Firenze les dirigió una mirada dura cuando le entregaron las lecturas y cabestrillos, claramente enojado por tener que esperarlos hasta tan tarde. El rubio pensó que si había decidido enseñar en Hogwarts y hacer este tipo de actividades, entonces era su problema, no el de ellos. Menos mal el centauro era reservado y no les lanzaba un discurso pesado, como otros profesores.

Con una corta inclinación de cabeza, Scorpius se despidió de la chica y empezó a regresar al castillo cuando ésta dijo:

-Espera, Malfoy –dando largos pasos, le alcanzó. Sin la actitud fría y amenazadora, la joven lucía muy accesible. Era un calificativo raro, pero no podía describirla de otro modo. Parecía ser inofensiva y tenía un aura muy cálida, una mezcla que invitaba a hacerse su amigo-. No pareces ser una mala persona –dijo, en un tono compungido. Suspiró y parpadeó varias veces antes de seguir:-. Mira, sé que esto sonará desubicado y hasta estúpido, pero te advierto que no juegues con Rose. Ella se merece alguien que la trate bien.

El resultado de la evaluación no debía ser malo. No al menos si sólo había una advertencia, y no rechazo. Esto lo hizo preguntarse cuánto sabía sobre Rose y él. ¿Tenía idea de cómo había iniciado? Porque de ser así, estaba seguro que cualquier persona amiga de la pelirroja lo molería a golpes por sus intenciones retorcidas de querer estar con su ex a través de ella.

Trataría de no hacerla sufrir, pero no podía garantizarlo. Las personas, las intenciones, y sueños cambiaban; y sus corazones no eran excepción. Era imposible prometer que nunca dañaría a Rose ni que ella lo hiciera sufrir. Con gran decepción y pena había aprendido que no había espacio en su vida para una persona, sin que también viniera el dolor.

-¿Qué ocurrirá si la hago sufrir?

La respuesta sobre la posición de las estrellas y lo que las constelaciones dictaban nunca llegó.

-Me encargaré que lo lamentes –dijo, dando un paso hacia él. Hizo una mueca-. ¿Entendido?

Tras la Ravenclaw, la última pareja del trabajo apareció: Nott y Zabini. El último tenía la mirada en el castillo, ignorando la incesante conversación del primero.

-Entendido –sonrió, con tristeza-. Eres una buena amiga.

-Lo sé –asintió, esta vez en un tono más ligero-. Un gusto haber hablado contigo, Malfoy. Adiós –se despidió sin más, aparentemente satisfecha por el resultado de la actividad.

Trató de mover las piernas, pero de repente le pesaban. Miró hacia el castillo y vio la larga cabellera negra de Johansen perderse a la lejanía. También notó que Nott y Zabini ya no se veían.

Durante semanas se lamentó haber perdido a Lily, cuando no era cierto. Como las personas que culpaban a las estrellas de sus problemas; él canalizó todas sus emociones en la chica. Era algo ridículo e inmaduro, pero lo había hecho. Sí, había amado a Lily y el término de su relación le rompió el corazón; mas también ella representaba otra etapa de su vida que extrañaba.

Su mente viajó al pasado y recordó que Tom sólo le preguntó si estaba seguro que quería estar con Lily. Luego de su sí firme y sincero, el chico lo felicitó y pronto se hizo amigo de la chica. Tom entonces se transformó en testigo de las discusiones y reconciliaciones, también el que los aconsejaba, y el confidente que solía hacerse el tiempo de escuchar las lamentaciones y quejas de uno contra el otro y viceversa.

Con pena, Scorpius pensó en que Tom nunca le advirtió a Lily que no jugara con él ni nada del estilo, como había hecho Johansen. Nunca había hecho aquello porque las barreras que separaban a Lily, su relación, y amistad con él cayeron imperceptiblemente si es que alguna vez existieron. Tom no era sólo su amigo, sino de Lily y de él. Su amigo no era simplemente su amigo, sino también el de su novia. Tal vez más el de su novia que de él.

Si Bulstrode le preguntara nuevamente por quién le molesta tanto la noticia de Tom y Lily, entonces ahora podría contestarla. O al menos negarse a hacerlo, pero conociendo la respuesta verdadera.

Después de haber terminado con Lily, Scorpius debería haber encontrado consuelo en su mejor amigo. Tom debería haberlo escuchado, emborracharlo para pasar la pena y luego retarlo por seguir enamorado de alguien que ya no lo quería. Supuestamente él debía ser quien lo animara con frases del estilo "hay muchos más peces en el mar" o "ella no sabe al gran tipo que se está perdiendo", quien insistiera en que saliera con alguien más y la primera persona en saber que había superado a su prima novia. No obstante, la historia no había sido así.

Esa noche Scorpius no había perdido sólo a su novia, sino también a su mejor amigo. Y eso le dolía porque Tom debería haber estado a su lado incondicionalmente y lo había traicionado. ¿Tom había mandado a la mierda una amistad de años con qué fin? ¿Por tener una relación que había terminado en menos de cuatro meses? ¿Qué mierda era todo eso? ¿Acaso no soportó la culpa de haberse metido con su novia y haberlo abandonado? ¿Entonces por qué lo había hecho?

Todo en el mundo cambiaba: los sentimientos, sueños, corazones, y las personas. Él estaba con Rose, Bulstrode ahora era su amigo… pero Tom no volvería a serlo.

La vista se le hizo borrosa y cerró los ojos, forzándose a no llorar.

Esa asquerosa noche de septiembre Tom Zabini, su mejor amigo, decidió salir de su vida para nunca más regresar.