Capítulo 10

Sacrificios

Yo te vi nacer. No eras más que otro cadáver congelado bajo metros y metros de nieve, que te enterraron viva tras una mortal avalancha que había caído sobre un pueblo pequeño, a los pies de la montaña nevada. Por más que buscaban tu cuerpo entre la nieve, jamás fue encontrado, y tu pueblo te olvidó con el paso de los años al igual que tú llegaste a olvidarte a ti misma; tu pasado, tus memorias, tu familia, ya no existían más en este mundo. El frio preservó tu cuerpo todo este tiempo, y eso era lo único que él necesitaba para tener todo listo para comenzar su plan: un cuerpo intacto, vacío.

Quan Chi en verdad se había vuelto más fuerte, había conseguido las almas suficientes para incrementar su poder, para abrir las puertas del infierno y llevar a los mundos el caos y la destrucción; para liberar al Caído; para ser invencible… pero algo se interponía entre él y su plan. El desertor. Hanzo Hasashi se había dado cuenta de la verdad sobre la muerte de su clan y su familia, y no se detendría hasta acabar con él. Éste hechicero es listo, sabe que no debe subestimar los poderes del espectro a pesar que, al ser su creador, sea superior a él. Debía borrarlo del camino… más él solo no podría, tenía que atacarlo desprevenido. Ahí es donde involucró a Kuai, quien estaba desesperado por rescatar a su hermano; él sabía que haría lo que fuera por recuperarlo.

Fue astuto.

Al ser Kuai derrotado, Quan Chi extrajo parte de las memorias del cryomancer y las vació dentro de tu mente sin recuerdos. Tu alma se había marchado de tu cadáver hace años, pero él lo tenía todo pensado; tu alma nunca descansó completamente, parte de su esencia seguía en ti, así que Quan solo la modificó a su gusto. Suena difícil, pero le gustan los retos. El hielo que había mantenido tu cuerpo estos años se había mezclado con la magia de Quan Chi, dándote los poderes de un cryomancer, como Sub-Zero. Pero tu cuerpo aún no estaba listo para ser usado; le faltaba "realismo", así que nos hizo abrir heridas en tu cuerpo, asemejando las de Kuai después de su pelea. Yo misma me encargué de hacer la herida en tu ojo derecho, y finalmente te enviaron a la Tierra a cumplir tu propósito: ser carnada.

-Entonces él…- Baixue habló jadeante al escuchar su historia, recordando aquellos momentos en la Tierra, antes de partir -…él intentó hacerme algo cuando estaba con Hanzo en el balcón… ¿no es así?- preguntó refiriéndose al hechicero

-Creyó que era el momento adecuado para que te deshicieras del espectro… nunca quiso admitir su error– Sareena respondía sus preguntas mientras le curaba las heridas en sus brazos y estómago –Él sabe que estas aquí, por eso nos envió a buscarte…

-Me alegro… haberle dicho que… no me siguiera… ¡agh!- dijo la chica de azul; sentía su cuerpo arder en esos momentos, las heridas le punzaban todo el cuerpo y la sangre no dejaba de brotar de ellas.

-¿Y crees que te escuchará?- le preguntó, mirándola directamente a los ojos, y Baixue no hizo nada más que desviar su vista de la de ella. –No…– su tono de voz se transformó en una voz suave, triste, dándose cuenta de lo que podría ocurrir –Por eso debo llevar a Kuai ante ellos antes de que Hanzo…– pensó en él con melancolía, recordando la última vez que lo vio; ella había mirado atrás antes de entrar al portal, y vio solamente el rostro preocupado de Hanzo al mirarla partir hacia el Netherrealm. –Le dije adiós– dijo en voz baja, parecía que se hablaba a sí misma –Eso ya es suficiente para mí…–

Guardaron silencio mientras Sareena terminaba de curar su herida que, con el calor y la tierra del lugar, había llegado a infectarse más de lo que estaba. –Aun no entiendo por qué me cuentas todo esto…– Baixue rompió el silencio entre las dos.

– ¿Preferirías no haberlo sabido nunca?

–Tal vez…

El tiempo pasaba y su garganta la sentía rasposa, sentía que la temperatura de su cuerpo incrementaba, respirando, aun con duras penas, aire caliente desde su interior. Gemía por el dolor y por su dificultad para respirar, poco a poco su cuerpo se ladeaba y lo dejó caer hasta llegar al suelo, sin importar lo caliente que estuviera.

–Debiste tomar esa poción…– le dijo Sareena a regañadientes, sosteniendo su cuerpo para que no tocara completamente el suelo –Si mueres aquí, no podré sacar a Kuai sola por mi cuenta…–

Pero la chica no respondió. Para desgracia de ella, cada guardiana de las sombras poseía en sus armas un veneno bastante poderoso, del cual no había antídoto más que aquella poción morada que Sareena llevaba con ella. El veneno había comenzado a hacer efecto en su cuerpo. Movía la cabeza de un lado a otro, agonizando, quejándose, gimiendo de dolor. Su compañera no tuvo más opción que quitarle su túnica azul, rasgada y llena de sangre, poniéndola bajo su cabeza, dejándola sólo con su pantalón y las vendas de su pecho. En un momento en que su mano rozó la piel de la chica agonizante, sintió entonces que su cuerpo tenía una temperatura anormalmente caliente; sabía que eso era algo peligroso, más sabiendo lo que era ella.

–No dejes que lo sepa– decía Baixue entre gemidos –No dejes que sepa lo que fui–

– ¿Quién? – Sareena preguntó en voz baja

–No dejes que Kuai lo sepa… por favor… no dejes que lo sepa

– ¿Y qué quieres que le diga, entonces? –

–Que no lo sepa… que no sepa lo que fui…– ella repetía incontables veces aquello, con los ojos cerrados y el ceño fruncido. Sareena no sabía qué hacer ahora; darle agua era algo que no podía ofrecerle entonces, y eso era lo que más necesitaba. Pronto recordó que había ciertas cosas en este mundo que podían funcionarle para aliviar su dolor, y tal vez para retardar el efecto del veneno; unas rocas minerales que eran fáciles de conseguir si sabía bien en dónde buscar… pero no podía dejarla ahí sola… no podía dejar a los dos solos.

La guardiana escuchó un gemido proveniente de la otra celda, donde creía que el cryomancer yacía aún inconsciente. Se quedó mirando aquel lugar detenidamente, apreciando las sombras proyectadas en las paredes oscuras de la cueva, que se movían en el interior de la celda. Supuso, entonces, que Sub-Zero por fin había recuperado la consciencia, lo suficiente como para poder levantarse. Vio al cryomancer asomar su rostro por entre los barandales desgastados de su prisión, confundido por la escena que tenía ante sus ojos.

– ¿Qué… qué sucede aquí? – Preguntó, intentando ver apenas las figuras humanas siendo iluminadas por la leve luz de las antorchas – ¿Quién eres? – el hombre vio las ropas de la guardiana, quien no apartaba su mirada de él. –Eres una de las súbditas de Quan Chi, ¿cierto?– le preguntó con seriedad, al parecer no había olvidado que había estado aquí por algún tiempo.

–Si crees que te voy a hacer algún daño, te equivocas, Lin Kuei…– le respondió, volviéndose hacia la chica –Además, deberías estar agradecido que me hayan encomendado a vigilarte y no a otro oni de por aquí…–

Kuai miró entonces a la chica moribunda debajo de ella, pero desde donde estaba, la verdad no se apreciaba bien el sexo de la persona; de la frente de Baixue, las gotas de sudor resbalaban unas tras otras, mezclándose con la tierra y la sangre de su rostro.

– ¿Qué le ha pasado a ese hombre en tu lecho? – le preguntó, aun confundido, intentando acercarse a ambas para apreciar bien lo que sucedía, pero las cadenas no eran lo suficientemente largas para alcanzarlas. Sareena lo vio, y de nueva cuenta, sus manos se iluminaron y lo dejaron libre de sus ataduras, luego se dirigió a él, dejando que se acercara.

–Ella… ella no es más que otra prisionera– recordó la petición de Baixue de hace un momento, y por supuesto que estaba dispuesta a respetarla. –Intentó escapar y recibió una horrible reprimenda por parte de varios guardias– mintió, pero vio que para Kuai fue una historia creíble.

– ¿Es una mujer…?– el tono de su voz lo hizo sonar impresionado, y al acercarse más, las respuestas se aclararon completamente.

–Sí, supongo que siempre lo ha sido…– dijo Sareena, acariciando la frente de la chica, que aún seguía gimiendo del dolor. Pronto su mente reaccionó. Kuai había despertado, por fin, cierto, ahora podría ir a buscar los ingredientes para calmar el dolor de la chica sin preocuparse por dejarla sola… solo tenía que pedirle ese favor:

–Escucha– se dirigió al cryomancer –Necesito que cuides de ella un momento; iré a buscar unas cosas para poder sanarla, ¿de acuerdo? –

–Pero…– Kuai intentó protestar cuando vio a la guardiana poniéndose de pie, lista para partir –No sé qué pueda hacer por ella ahora– dijo confuso, de rodillas, a un lado del cuerpo de la chica

–Tus manos– Sareena lo miró y extendió su brazo hacia el asesino –Están frías ¿no es así? –

–Supongo que…–dijo Kuai Liang. Sareena logró inspeccionar sus manos y sintió que el frío circulaba de nuevo por su piel, pero no era una sensación muy intensa; supuso que la chica lo soportaría. Sin decir nada, ella puso las manos del cryomancer en la frente de la mujer, dejando que el frio pudiera calmar su fiebre; la chica, al sentir la mano de él en su piel, soltó un leve gemido e hizo una mueca por el repentino cambio de calor a frío en un instante.

–Espero que eso sea suficiente por ahora– dijo Sareena hacia sus adentros, para después dirigirse de nuevo a Kuai Liang, quien aún parecía desorientado por todo lo que sucedía –Quédate así hasta que vuelva– le ordenó –No dejes que se quede dormida– y finalmente se retiró sin decir más.

Sareena había salido de la cueva dentro de la montaña negra, dejando atrás a los dos cryomancers. Tenía que darse prisa, una simple fiebre podría significar la tragedia para alguien de su raza, debía buscar rápido lo que necesitaba y volver de inmediato a la cueva, o sería demasiado tarde.

En mitad de su camino, Sareena se percató unas figuras extrañas que se movían juntos en una sola dirección. Se escondió detrás de un muro, creyendo que podrían ser más miembros de la hermandad de la sombra; temerosa, dio un vistazo a las figuras que había visto al principio, dándose cuenta que no eran sirvientes de Quan Chi… –Los guerreros– susurró. Kung Lao, Jade, Nightwolf y finalmente Scorpion, parecían vagar sin rumbo y cautelosos por las tierras infernales del Netherrealm. El guerrero dorado los guiaba y parecía hablarles de algo sobre estas tierras. Sin duda, Sareena sabía a quién buscaban. Si ellos podían sacar a Sub-Zero de aquí, podrían sacar también a la chica, y llevarlos seguros de nuevo a su mundo. No lo pensó dos veces y se dirigió hacia ellos.

– ¡Scorpion! – Le gritó desde la distancia, llamando su atención. Todos miraron en su dirección, poniéndose a la defensiva, preparados para cualquier cosa que intentara hacer la hermana de las sombras – ¿Qué haces aquí, Sareena? – le preguntó Hanzo, fue el único que se mantuvo firme ante su presencia

–Debería preguntarte lo mismo, espectro– respondió Sareena –Creo que se te había pedido no volver a este lugar– El ninja se sorprendió al escucharla. Con una de sus manos les indicó a los demás que ella no era una amenaza; queriendo saber más, Hanzo volvió a dirigirse a Sareena.

– ¿Cómo es que sabes eso?

–Sé muchas cosas, Hanzo, así como sé lo que buscan en este lugar… déjenme decirles que no están tan lejos.

– ¿Sabes dónde tienen a Sub-Zero? – preguntó el monje, intrigado por lo que decía.

–Sí– Sareena respondió –Y los guiaré a él si prometen una sola cosa

– ¿Qué sería eso? – Hanzo preguntó, con el entrecejo fruncido, aun sin confiar en aquella sirvienta del hechicero

–Que apenas lleguen a donde Kuai, llévenselos a ambos a su reino; están en grave peligro en este lugar

– ¿Ambos? – Jade preguntó

–A Kuai Liang y Baixue…– respondió Sareena –…la mujer que creyó ser Sub-Zero todo este tiempo–

–Así que ese es su nombre…– Kung Lao dijo, mirando a los demás

–Pero será mejor que se den prisa– Sareena continuó, tomando del brazo a Scorpion y jalándolo en dirección a las montañas negras –Vengan conmigo o será muy tarde…– Pero Hanzo se apartó de repente de la guardiana – ¿Cómo sabemos que esto no es una trampa? – le dijo el ninja dorado.

–Prometo, por esta maldita vida mía, que no los traicionaré… los llevaré con su amigo, ya que es lo que desean– les dijo, pero ninguno tenía la confianza suficiente como seguir su paso, a pesar de su juramento, y se quedaron quietos en donde estaban. Al ver eso, la guardiana volvió a hablarles –Nadie más aquí podrá ayudarlos, solo tengan eso en cuenta.

Tenía razón, eso los dejaba sin opciones para poder continuar, y no podrían desaprovechar una sola pista para saber el paradero de su compañero

–Bien… guíanos, pues…– Hanzo finalmente aceptó y dejó que la guerrera de las sombras les mostrara el camino. Mientras recorrían el lugar, Hanzo volvió a preguntar algunas cosas que le tenían intrigado:

–Dijiste que si no nos dábamos prisa, sería muy tarde… ¿qué quisiste decir?–

–La chica– respondió, mirándolo por encima del hombro –Se enfrentó a nosotras y ahora agoniza en los calabozos, por eso necesito que se los lleven antes de que muera desangrada…

Hanzo se apresuró a ella y sacó de su cinturón la botella que Raiden le había otorgado antes de entrar al portal, allá en el templo. –El dios del trueno me dio esto– le mostró aquel líquido –Si Kuai Liang está bien, puedo dárselo a ella–

Sareena tomó el frasco de cristal en sus manos, y dio un suspiro de alivio –Es justo lo que necesitaba– dijo, tomándolo del brazo, y apresuró el paso hacia las montañas. Llegaron a la entrada y la guardiana abrió la puerta.

–Entren rápido, los dos están al fondo del pasillo– les señaló, dejando que todos entraran antes que ella, para después sellar la cueva de nuevo, volviendo a tomar el camino. Por un momento creyó haberlos perdido de vista, gracias a la oscuridad del lugar, pero finalmente logró ver sus siluetas de pie frente a la celda donde el cryomancer se encontraba con la chica. Se abrió paso entre los guerreros y…

Sintió que la botella se resbalaba de entre sus dedos al ver cómo el asesino de hielo colocaba las prendas ensangrentadas de Baixue sobre el ahora cuerpo sin vida de la misma chica. Todos inmóviles, miraban la escena sin saber qué decir; Kuai ya se había dado cuenta de su presencia, y los volteó a ver con gran pena. –Su cuerpo no pudo más…– dijo en un susurro –Lo lamento–

Hanzo, enmudecido, se removió su máscara dorada y su capucha negra; después tomó con gentileza, de las manos de Sareena, aquel frasco y se acercó lentamente al cuerpo de la chica, arrodillándose a un lado de ella. Kuai se apartó un poco, dándole espacio para que el Shirai Ryu se acercara –Ella pronunció tu nombre antes de morir…– le avisó en voz baja, pero el ninja no respondió, sólo veía el cuerpo sin vida de aquella mujer que dio su vida por el asesino de hielo. Lentamente apartó las telas ensangrentadas, revelando el pálido e inexpresivo rostro de Baixue; sus ojos azules habían perdido su brillo y permanecían abiertos, mirando al mismo tiempo que no lo hacían; su rostro seguía algo hinchado por los golpes, y las heridas apenas habían dejado de sangrar, más el camino de sangre aún seguía marcado en su piel.

Tomó una de sus manos, sintiéndolas frías, pero no era el frío que usualmente emanaba de ellas, era un "frío muerto", sin poder, sin luz. Tomó su cabeza por la parte de atrás de esta, alzándola lentamente, y usó sus dientes para abrir la botella que le había dado el dios del trueno… él tan solo esperaba que…

Hizo que la el cadáver abriera la boca y vertió el líquido dentro de ella, no pudiendo evitar que algunas gotas se derramaran fuera de su boca… él tan sólo esperó…

Y siguió esperando…

–Es inútil…– le dijo Kuai Liang, que se encontraba frente a él –Se ha ido, Hanzo…– El ninja alzó la vista hacia el asesino, reflejando el dolor que sentía al no poder haber llegado antes a darle la poción

–Debemos irnos ya– Kung Lao habló en voz baja, tomando el hombro del espectro.

–No puedo abandonarla aquí…– le respondió, sin apartar la vista del cuerpo

–La llevaremos a la Tierra, entonces– Nightwolf le dijo –Ahí podremos darle un entierro apropiado– Hanzo solo asintió, apartando mechones de pelo del rostro de la chica en sus brazos, sintiendo pena por ella; por él mismo, que ni siquiera pudo llegar a despedirse de ella, no pudo llegar a decirle las cosas que tenía que decir… y resumió todo su pesar en un solo beso en la frente de la chica… aquel que nunca logró darle en vida.

Todos se quedaron callados por un largo rato. Kuai Liang, quien se encontraba cerca del espectro, puso su mano sobre su hombro para reconfortarlo, mientras Hanzo ponía el cuerpo de la chica de nuevo en el suelo, con gentileza. –Lamento no poder haber hecho lo suficiente por ella…– le dijo en voz baja

–No es tu culpa, Kuai Liang. No es culpa de nadie…– dijo Hanzo

–…Ella significaba mucho para ti, ¿cierto? –

–Sí…– le respondió, aún con la mirada baja –Supongo que lo hacía…–

Aquel momento de luto fue interrumpido de repente por un temblor bajo sus pies, haciendo que varios perdieran el equilibrio y algo de escombro comenzó a caer sobre sus cabezas – ¿¡Qué es eso!? – Jade preguntó, alterada, sosteniéndose de las rejas de una de las celdas para no caer. Pronto el temblor cesó, y desde lo lejos comenzaron a oírse los ecos de las pisadas de varias criaturas, que poco a poco se intensificaban; iban hacia ellos.

–Saben que estamos aquí – dijo Sareena, yendo hacia Scorpion, haciéndolo reaccionar de inmediato –Tienen que salir de aquí. Llévatela, puedes abrir un portal y sacarlos a todos de aquí antes de que lleguen–

– ¿Y qué hay de ti? – Hanzo preguntó

– ¡Solo hazlo, no pierdas más tiempo! –

En seguida, Hanzo volvió a tomar el cuerpo de la chica en sus brazos, dispuesto a abrir el portal, pero se detuvo un instante antes de hacerlo

– ¡Hazlo! – le gritó Sareena, pero el hizo caso omiso, y volteó a ver al cryomancer.

–Llévatela…– Hanzo le dijo seriamente

– ¿Qué dices? – preguntó Kuai, exaltado

–Vete con los demás a la Tierra y sepúltala allá…– Hanzo le entregó a la chica sin vida, y se dirigió a los demás –Puedo abrir un portal para sacarlos de esta prisión. Kung Lao puede pedir ayuda a Raiden con el amuleto, pueden salir vivos de aquí…

– ¿Y qué pasará contigo? – Kuai le preguntó, aun sujetando el cuerpo de la mujer

– Es a mí a quien buscan, así que váyanse ahora o no podrán volver a su mundo– Hanzo, con un movimiento de su mano, hizo que un portal se abriera detrás de sus compañeros – ¡Entren ahora! – les indicó, y rápidamente los guerreros entraron, siendo Kuai el último de ellos en entrar al portal, con Baixue en brazos.

–Vete tú también– le dijo Hanzo a Sareena, pero ella se negó, y sin más que hacer, Hanzo cerró el portal, esperando que su plan tuviera resultado.

[…]

NA: Hola, chicos. Lamento mencionarles esto pero, este es el último capítulo de este fic. Si les interesó mucho y desean saber el desenlace de esta historia, no se preocupen, seguiré trabajando en ello. Lo que planeo hacer es re-escribir esta historia, y acoplarla al timeline de MKX, ya que esta historia no seguía ningún tiempo determinado. Así que, eso es todo por el momento… lamento la tardanza y lamento tener que volver a hacerlos esperar.

En realidad, comenzaré con una historia introductora a esta y será más interesante y menos, uh… Infantil, supongo… bueno, me entienden (espero). Habrán nuevos personajes originales (OC's), así que si les interesa, pueden aun estar siguiéndome en o pueden dar unfollow, como gusten, no les voy a obligar a leer esta historia casi original que tengo planeada. Luego dejaré links de los diseños de los personajes para esta historia, posiblemente abra una página en Facebook y o les responderé sus preguntas en mi , que está en mi perfil… listo, ya es todo. Saludos y muchas gracias por seguir este fanfic hasta el final 3 Los quiero.