La mañana siguiente Hermione tenía tantas ojeras que parecía que le hubieran pegado, así que intentó maquillarse un poco para que no se notaran y sus amigos no le preguntaran qué la había mantenido despierta, aunque luego se acordó que para salir tenía que beber poción multijugos.

Al terminar el desayuno, Tonks les dio a cada uno una botellita que contenía un preparado de poción. Tonks se había encargado de coger pelo de muggles aleatorios y de sitios lejanos, así que en teoría no tendría que haber problemas ya que nadie les reconocería.

Tonks ya había intentado que la constitución de los muggles elegidos fuera parecida a la de los chicos para no tener problemas a la hora de vestirse y poder usar su propia ropa, aunque con Ron hubo un pequeño problema: había elegido un chico tan delgado que toda la ropa que llevaba le quedaba enorme.

- Mírate, ¡pareces un saco!- Exclamó George al verle.

- Cállate. – Respondió con mala cara.

La verdad es que fue una experiencia divertida, además ahora podían reconocer fácilmente a los gemelos (uno era asiático y el otro rubio con ojos azules).

Tonks les llevó por el callejón Diagón y sus alrededores y allí les dio tres horas para poder comprar libremente los regalos sin que los demás vieran lo que estaban comprando.

Pasadas las dos horas volvieron a encontrarse y, aunque los chicos querían ir a comer fuera, Tonks les dijo que era demasiado arriesgado y que tenían que volver ya.

Llegaron a casa entusiasmados y guardaron sus regalos cada uno en su habitación.

Por la tarde volvió a haber reunión de la orden, así que los chicos permanecieron arriba jugando a un juego muggle que Hermione y Harry habían explicado. El juego en cuestión era el "escondite". Todos se escondían menos una persona, que tenía que ir buscando a los demás por la casa. Se divirtieron mucho, aunque también recibieron varias regañinas por estar haciendo demasiado ruido mientras duraba la reunión.

Llegaron a la hora de la cena y celebraron la navidad con gran entusiasmo y cantando villancicos. Se hincharon a comer los manjares que la señora Weasley había preparado para la ocasión, e incluso Snape parecía poner menos cara de asco que de costumbre.

Después de cenar Molly Weasley dio un emotivo discurso, que terminó con algo así como:

- Corren tiempos difíciles, pero ni Voldemort podrá destruir el amor que sentimos los unos por los otros. Porque esta orden es una gran familia, y vamos a amarnos y cuidarnos los unos a los otros hasta el final."

Después de varios aplausos y de que los gemelos hicieran unas interpretaciones navideñas, todos se fueron a dormir ilusionados y pensando en los regalos que encontrarían en sus camas la mañana siguiente.

Ginny fue la primera en despertarse, y antes de abrir sus regalos fue a despertar a todo el mundo mientras Hermione la seguía riéndose.

- ¡Feliz Navidad! Venga, todos arriba que ya ha salido el sol.

Abría la puerta de las habitaciones, despertaba a sus integrantes y volvía a salir. Parece ser que se les olvidó que Snape también estaba en esa casa. Ginny abrió la puerta de la habitación en la que dormía el profesor y entró gritando de la misma manera que en las otras habitaciones.

Una vez dentro, se horrorizó al ver lo que había hecho. El profesor, que ya estaba despierto, estaba en su cama sentado y destapado mirando un libro que tenía entre las manos. Además, el profesor no llevaba camiseta.

- Esto… Profesor Snape… Me he equivocado de habitación, lo siento mucho.

- Feliz navidad a usted también. – contestó el profesor. Parecía divertido viendo que la chica tenía las mejillas del mismo color que su pelo, los ojos demasiado abiertos y parecía que se había quedado petrificada. Entonces se percató de que Hermione estaba de pie en la puerta mirándole con la misma cara que su amiga.- Granger.

- ¿Sí?

- Feliz navidad. – dijo él con una medio sonrisa que ninguna de las chicas podía creer. Pero en unos segundos Snape volvía a tener la misma cara serie de siempre.- Ahora, agradecería que salieran de mi habitación señoritas. Y, a poder ser, la próxima vez llamad a la puerta.

Antes de que Hermione respondiera, Ginny salió de la habitación corriendo y cerrando la puerta detrás de sí misma y cogiendo a Hermione de la mano.

Cuando ya se habían alejado unos metros estallaron las carcajadas.

- Tendrías que haber visto tu cara, ha sido buenísimo. Cuando le he visto creía que iba a dejar a Gryffindor con puntuación negativa. – dijo Hermione agarrándose las costillas e intentando calmar su ataque de risa.

- Pues anda que la tuya… Se me había olvidado que estaba Snape aquí. Pero ha sido amable ¿No? Creo que le debe gustar mucho la navidad.

- Bastante amable, sí…

- La próxima vez llamaremos antes de entrar.- aseguró Ginny.- En cualquier habitación de la casa. Es que además estaba sin camiseta. Pero ¿has visto? Está fuerte eh... debe de hacer ejercicio.

- Sí…

- Vamos, quiero abrir mis regalos.

Hermione se mordió el labio pensando en la imagen de su profesor sin camiseta. Llegaron hasta su habitación y empezaron a abrir el pequeño montoncito de regalos que tenía cada una.

Ambas recibieron el típico jersey Weasley con sus respectivas iniciales. El de Hermione era de color azul marino y el de Ginny era de un azul más claro.

Ginny también obtuvo algunas golosinas de sus hermanos, un perfume de parte de Hermione y un collar que le regaló Harry.

- Dios mío… Mira Hermione… ¡Me ha regalado un collar! Qué mono… no me lo voy a quitar nunca.

Hermione, por su parte, recibió una pulsera que Ginny había hecho a mano preciosa, un libro que había estado esperando varios meses y parecía agotado de parte de Ron y Harry, varias prendas de ropa de parte de sus padres y, por último, una caja de chocolates en forma de corazón sin nota.

- ¿Quién te ha mandado esto? – preguntó Ginny.

- No lo sé… No hay nota.- Hermione estaba nerviosa. Sabía que era alguien de la casa, pues nadie más a parte de sus padres sabía que se encontraba allí. Entonces… tenían que ser de Severus. Además, esa misma mañana la había tratado bastante bien.

- Puede que un admirador secreto tuyo se los diera a algún hermano mío y ellos lo hayan puesto aquí para ti… qué romántico. Tu haz como si no pasara nada y yo me encargo de averiguarlo todo ¿vale?

- No sé, Ginny…

Pero Hermione no podía dejar de sonreir. Decidió probar un chocolate antes de bajar a desayunar. Estaba increíblemente delicioso y le ofreció uno a Ginny.

- Oye, esto es un insulto para quien te los haya mandado ¡Son solo para ti! O, como mucho, para compartirlos con el amante secreto.

Ginny se empezó a reír y bajaron al gran comedor a reunirse con todos los demás, que ya estaban allí hablando de sus respectivos regalos.

Estaban todos felices y riéndose cuando, de pronto, Hermione empezó a sentirse mal.

- Harry, Ron… me duele mucho la tripa… creo que algo me ha sentado mal… ahora vengo. Creo que voy a vomitar.

- ¿Enserio? – dijo Harry preocupado.

- ¿Necesitas ayuda? – ofreció Ron.

Pero, como respuesta, Hermione empezó a vomitar sangre de forma bastante descontrolada.

- Dios mío. ¡Mamá!- gritó Ron al verlo.

Rápidamente todos hicieron un círculo alrededor de Hermione y empezaron a preocuparse y descontrolarse.

- ¡Es culpa de unos chocolates que ha recibido, la he visto comerse uno! – exclamó Ginny con lágrimas en los ojos al ver que Hermione estaba cada vez peor.

- ¿La han envenenado? – Preguntó Lupin muy preocupado. – Que alguien vaya a buscar a Severus, los otros ayudadme a estirarla.

Ginny, sin pensárselo dos veces, salió disparada hacia la habitación donde un rato antes se había encontrado con Snape. Los otros estiraron de costado a Hermione para que no se ahogara con la sangre que le salía por la boca.

Ginny entró otra vez sin llamar y se encontró con Severus en la misma posición. Parecía que el tiempo no había pasado para él. Severus iba a regañarla cuando vio que la pelirroja estaba llorando desconsoladamente.

- ¿Qué pasa, Weasley?- preguntó incorporándose.

- Han envenenado a Hermione. ¡Ayúdela! ¡Por favor! ¡Se está muriendo! En la cocina…

Severus cogió su varita y una bolsa que había al lado de su cama y bajó tan rápido como sus piernas se lo permitieron. Apartó a todos los que estaban delante de Hermione y se arrodilló junto a ella.

- Ginny dice que la ha visto comerse unos chocolates de una caja.- dijo la señora Weasley, que también estaba llorando.

- ¡Fuera de aquí todos! Que Ginevra me traiga los dichosos chocolates si quedan.

Todos obedecieron, incluso Sirius Black. Aunque odiaba que le dieran órdenes en su propia casa, él mismo reconocía que Snape era quien mejor podía atender a Hermione en esos momentos.

Se quedaron en la puerta esperando mientras Snape inspeccionaba a la chica y le realizaba pequeños conjuros sin éxito.

No habían pasado ni dos minutos que Ginny ya había llevado la caja a la cocina.

- ¿De dónde lo ha sacado? – preguntó Snape oliendo un corazón.

- Estaba junto a sus otros regalos. Creíamos que era de un admirador secreto… No traía nota.

- ¿Y porqué diablos se ha comido algo de procedencia desconocida?

- Yo… no lo sé señor, habíamos supuesto que nadie malvado sabía que estaba aquí…

- He conseguido que deje de sangrar, aunque me temo que este veneno tendrá muchas más consecuencias para la señorita Granger. Voy a llevarla a mi cuarto. Dígale a los otros que despejen el camino y que se estén calladitos. Estaría bien que su madre pudiera poner a hervir algo de agua. Me temo que lo vamos a necesitar.

- Sí, profesor.

Ginny salió de la cocina e informó a los demás de la situación. Molly se puso a hervir agua y trasladaron a Hermione a la habitación de Severus, pues decía que allí tenía muchas cosas que podrían serle útiles.

Hermione parecía inconsciente, aunque Severus informó de que en verdad sí que tenía consciencia.

- Señorita Weasley, usted va a ayudarme.

Chilló Severus por las escaleras. Ginny subió apresuradamente.

- ¿Por qué yo? – preguntó Ginny. – Creo que el profesor Lupin podría hacerlo mejor.

- Porque odio a Lupin. Solo me ayudarás en caso de que sea necesario desnudar a Granger, no creo que a ella le gustara que yo lo hiciera.

- Sí que me gustaría. – murmuró Hermione para la sorpresa de todos.

- ¿Qué ha dicho?- preguntó Ginny. - ¿Estás bien, Hermione?

- Cállese Weasley o voy a tener que pedirle que se vaya. Creo que Granger está delirando.

Severus sacó varios ingredientes de una bolsita pequeña y empezó a mezclarlos en un caldero tamaño mini. Un minuto después se lo introdujo a Hermione en la boca. Ésta se lo tragó y pareció que volvía un poco de color a su rostro. Ginny estaba sentada en un sillón al lado de la cama observando y sin hablar.

- ¿Le duele algo? – preguntó Severus.

- Me duele… el corazón.

- ¿El corazón?

Entonces Severus pegó su cabeza al pecho de Hermione.

- Me duele el corazón porque usted me lo ha roto. No puedo olvidar ese beso…

Ginny abrió mucho los ojos y miró directamente a su profesor.

- Fuera Weasley. Está claro que Granger no sabe lo que dice.

La pelirroja obedeció, aunque no sabía muy bien qué pensar.

Severus le tocó la frente a Hermione y se dio cuenta de que la chica tenía mucha fiebre. Entonces llegó la señora Weasley con agua hirviendo.

- Me he equivocado, señora Weasley. Lo siento, pero vamos a tener que usar agua fría. Granger tiene muchísima fiebre y no vamos a poder hacer nada para remediarlo por el momento.

- ¿Cómo ha podido suceder esto? – se lamentaba la señora Weasley mientras iba a buscar agua fría.

Snape sospechaba quién había podido hacer algo así, aunque tampoco entendía cómo. A parte de Aymar, no sabía de nadie que tuviera nada en contra de Hermione.

Gracias por leer :) Perdón por la tardanza, pero parece que los servidores de la web no funcionaban muy bien y no pude subir el capítulo ayer! En un rato cuelgo el siguiente!