Capítulo 10 Revelación
El mes de la visita de Celeste y Frost fue agitada por decir lo menos. Tom la consideraba una visita – o una inquisición dependiendo del día – porque aunque el Syren macho era su familiar, aun podía marcharse. El vínculo entre ellos aun existiría pero Frost de ninguna manera estaba obligado a quedarse.
Celeste parecía haber tomado un interés desmesurado en Severus, pese a la angustia de su amigo. Ella seguía siseando algo sobre su nariz. El Maestro de Pociones en realidad era un poco fóbico hacia las serpientes y era una declaración de su amistad que el hombre se quedara en la casa con dos grandes especímenes.
Frost por otro lado estaba absolutamente fascinado por los niños. La mayoría de los mortífagos tenían hijos – Tom trataba de promover la idea de grandes familias en vez de la mentalidad de un solo heredero que la mayoría de las familias mágicas tenían – y animaba la presencia de los niños en la mansión.
El Syren parecía especialmente aficionado a las tres niñas de Avery. El mago secretamente se había casado con un hombre muggle y Avery actualmente estaba embarazado de su cuarto bebé. Al principio la familia había estado recelosa de la gran serpiente pero después que Tom había traducido unas cuantas preguntas se habían llevado muy bien. Las niñas convencieron al Syren de jugar con ellas a las pilladas, sus alas añadiendo una nueva dimensión al juego. Había tomado un tiempo pero Frost había logrado poder acercarse a la barriga de embarazado de Avery y luego había trasmitido por horas de cómo había sentido moverse al bebé.
Aparentemente el deseo más grande del Syren era tener un nido muy grande con muchos pequeños. Tom bromeo que Frost quería sacar a la raza Syren de la extinción por su cuenta y la serpiente le hizo un gran mohín.
Cuando no estaba jugando con las niñas o tratando de acercarse a la barriga de Avery, el Syren le contaba a Tom de la infancia de Harry. La mayoría de las historias eran felices pero cuando estaba por terminar el mes de visita de Frost le confió de los eventos del casi secuestro.
Tom se debatió entre la ira y la tristeza por su pareja. Incluso el Syren parecía afectado por los eventos de hace tanto tiempo. Eventualmente la serpiente se calmó y continúo su historia.
En el último día de su visita, Snape entro a su habitación. Tom dejo a un lado el libro que le había estado leyendo a Frost.
"¿Severus?"
"Lucius está en la sala del trono. La patrulla en Blackstone encontró algo…interesante."
Tom levanto una ceja y se puso de pie dirigiéndose a la sala del trono con el Syren sobre sus hombros.
Al entrar a la sala se encontró con un hombre de aspecto harapiento, con la cabeza agachada y arrodillado entre dos jóvenes mortífagos. Lucius estaba parado tras los tres, con su varita en la mano.
El Señor Oscuro se sentó en su trono.
"¿Que me has traído Lucius?"
El rubio se adelantó y tomo el enmarañado cabello sucio con una mano enguantada, usándolo para mostrar el rostro del hombre.
"Sirius Black," siseo Severus.
"¡Quejicus!" dijo Black. Sus ojos estaban medio abiertos como si estuviera a punto de desmayarse mientras se mecía de un lado a otro entre sus captores. "No te preocupes Quejicus, Lunático ya no puede atraparte. Esta muerto. ¿Sabías? Todos están muertos."
Tom miro a su amigo y lo encontró más pálido de lo normal. Sirius Black había escapado de la prisión de Azkaban hace tres años después de estar allí durante doce años. Tal hazaña nunca había ocurrido antes, ni había sido repetida después pero por la forma en que hablaba, Tom suponía que el hombre no había podía escapar de la locura que la prisión era conocida por inculcar.
"¿Que estaba haciendo en el Bosque de Blackstone Sr. Black?" Pregunto Tom.
"Quería estar cerca de mi ahijado, cerca de Harry."
"¿Y qué sabe de Harry?"
"Que está muerto, ¿no es así? Dumbledore dice que está muerto y si Bumblydore dice que alguien está muerto es porque está muerto y él probablemente lo mato. Todos muertos…todos muertos."
Lucius soltó su agarre y la cabeza del ex-convicto cayo hacia adelante. Débiles sollozos podían oírse.
"Mi pequeño Cornamenta. Ese viejo bastardo mato a mi pequeño Cornamenta."
Sirius cayó hacia adelante, colapsando débilmente. Su cuerpo esquelético se hizo un ovillo.
"¿Quién es él Tom?" Pregunto Frost.
"Su nombre es Sirius Black. Dice que es el padrino de Harry."
Frost lo miro sin comprender.
"Cuando los padres de Harry murieron él debió ser enviado al nido de este hombre. Al parecer es lo que los Potter querían y él cree que el chico está muerto."
Los ojos del Syren se abrieron.
"¿Es el compañero de nido de Harry?"
Cuando Tom asintió, el Syren se bajó al piso. Cuando estuvo a unos pies del fugitivo hubo un destello de luz y el Señor Oscuro se encontró mirando la espalda de una figura con cabello negro que le llegaba hasta el piso. No había señales del Syren.
Tom salto a sus pies, con su varita en la mano, todos los mortífagos presentes también apuntaron sus varitas hacia la figura. Se movió alrededor del perímetro de la habitación para mirar bien la figura que ahora se estaba arrodillando frente a Black.
Era un adolescente con piel pura e inmaculadamente blanca y estaba completamente desnudo. Observo como el chico acaricio la frente de Black, con ternura. Black abrió los ojos y lentamente se fijó en la figura.
"¿Cornamenta?"
Black toco la pálida mejilla frente a él.
"Tus ojos…" Black susurro, "Los ojos de Lilly."
De repente el convicto se sentó y envolvió al chico entre sus brazos.
"¡Harry! ¡Mi pequeño Cornamenta!"
Tom cayó de rodillas al divisar la cicatriz en forma de rayo en la frente del chico. Sintió la mano de Severus en su hombro mientras observaba como Sirius Black se mecía hacia atrás y hacia adelante sollozando mientras sostenía a la pareja del Señor Oscuro en sus brazos marchitos.
