Todo le había salido mal desde el principio. Seguramente tendría que haberle hecho caso a su amigo cuando todavía había tenido la oportunidad. Tal vez no se tratara de vampiros en el sentido más literario de la palabra, pero lo cierto era que aquella gente era realmente peligrosa y sin duda se alimentaban de sangre.

Holmes apenas podía moverse, su pierna todavía no estaba recuperada y la humedad y el frío de aquel lugar no le estaban haciendo ningún bien. Hacía horas que ninguno de los supuestos vampiros iba a hacerle una visita, por lo que hacía ya un buen rato que no sabía nada de su amigo. Watson podía estar ya muerto y él no podría podido hacer absolutamente nada para evitarlo.

Si le perdía ahora, perdía a la persona más importante de su vida y ni siquiera se lo había llegado a decir. Había tenido años para ser sincero, para decirle a su mejor amigo, que lo que sentía por él, era mucho más que una gran amistad. Pero no, el miedo a ser rechazado a perderle a que Watson pensara algo horrible de él, lo había detenido y ahora tan sólo podía arrepentirse.

Se puso en pie. Tenía que hacerlo y comprobar cuales eran sus posibilidades de salir de allí andando o corriendo si era necesario. Puso el pie en el suelo y sintió una descarga eléctrica recorriendo todo su cuerpo. No fue una sensación tan mala como había esperado, sino más bien algo molesto. Dio un paso, hacía tanto que no caminaba con sus dos piernas que le costó adaptarse a la situación. Dio el segundo paso, todo estaba bien, realmente bien, teniendo en cuenta por todo lo que había pasado.

Caminó por la habitación lentamente, cojeando todavía y tras dar una veintena de pasos, se apoyó en pared, completamente agotado. Ahora si que estaba volviendo el dolor. Así no podía salir de allí por su propio pie y si intentaba rescatar a Watson, los atraparían a los dos.

De repente, a punto estuvo de perder el equilibrio cuando la piedra que tenía tras él se hundió en la pared. Se dio la vuelta y como si de un truco de magia se tratara, la luz del sol penetró por la pared. Aquello no era posible, estaban en unas catacumbas, de eso había estado seguro desde el primer momento. Pero si no era así, tal vez pudiera usar eso en su favor. Tal vez, después de todo, Watson y él si que tuvieran una oportunidad para salir de allí.

Algo más de una hora más tarde, la puerta de su celda se abrió.

"Empezaba a pensar que ya no quería verme." Dijo Holmes manteniendo su misma sonrisa de siempre.

"Tranquilo amigo mío, ya sabe que tengo grandes planes para usted. No se impaciente."

Como Holmes había calculado, el hombre no estaba solo, tras él estaba la que parecía su gente de confianza, dos hombres que ejercían de sus guardaespaldas estaban justo detrás de él, otros dos un poco más alejados llevaban a Watson que parecía inconsciente y las tres muchachas de siempre, que no parecían superar los veinte años ninguna de ellas.

"Espero que haya tomado una decisión."

"Así es, me ha dado tiempo para pensar y así lo he hecho." Holmes no se separó de la pared, no quería que su sorpresa fuera desvelada antes de tiempo, cuando no tuviera la misma impresión.

"¿Y bien? Dígame señor Holmes, se unirá a mi y así salvará la vida de su amigo o prefiere seguir en sus trece y nos permite alimentarnos de él." Todos los esbirros del líder de los vampiros se rieron ante el comentario de su jefe, Holmes por el contrario no lo hizo.

"Usted gana, me uniré a su grupo." Un murmullo general se extendió por la sala.

Watson estaba recurando poco a poco la conciencia, en el momento exacto en el que escuchó a su amigo decir aquello. No se lo podía creer, no podía ser cierto, Holmes no se podía dejar vencer tan fácilmente y menos por salvarle la vida a él. Le miró y esperó a que le devolviera la mirada, pero Holmes no lo hizo.

Ya sabía que Watson lo estaba escuchando todo y lamentaba no haber podido contarle el plan que tenía. Pero era mejor así, su impresión también era importante para que el líder de los vampiros entrara en su juego.

"Me gusta saber que es un hombre inteligente, será un gran vampiro y quien sabe, tal vez algún día pueda ser mi sucesor."

"Holmes…" Apenas contaba con fuerzas para hablar, aquellos vampiros se habían alimentado bien de él, pero aún así, Watson tenía que hacerlo, no podía permitir que su mejor amigo cometiera la mayor estupidez de su vida. "No hagas esto. No tienes que hacerlo por mi."

Holmes sonrió. Sin duda alguna estaba a punto de morir, o bien aquella gente le mataba por ser un hereje o algo parecido, o bien salían de allí y Watson acababa con él por no contarle su plan. Miró de nuevo a Watson, quería decirle tantas cosas por si todo aquello salía mal. Pero no era el momento, no iba a ocurrir nada malo, él se iba a encargar de eso.

"Es una pena que su amigo no piense lo mismo que usted." El hombre hizo un gesto con la mano y sus dos compinches dejaron a Watson a un lado, en el suelo, como si ya no tuviera importancia.

"Dejadle ir, dijo que lo dejaría libre si aceptaba unirme a su grupo."

"Todavía no lo ha hecho. Primero quiero ver que acepta mis condiciones, una vez que sea parte de nuestra familia, su amigo será libre de ir donde quiera."

"¿Cuáles son sus condiciones?"

"Es muy simple en realidad. Para ser parte de mi pequeña familia, tiene que probar la sangre, mi sangre en realidad, aquella que le convertía en un inmortal como yo. Tenga en cuenta que muchos de mis hijos no han tenido todavía ese privilegio porque no están preparados. Pero usted, Holmes amigo mío, le he visto, he visto su trabajo, es inteligente y eso es algo que será muy importante cuando deseemos tomar esta ciudad de una vez por todas."

"¿Beber su sangre? Eso quiere decir que usted es un auténtico vampiro, ¿Quién le creo?"

"Eso da igual. mis hijos creen en mi y yo les recompenso con el mayor bien que con el que jamás podrían haber soñado. Aquellos que demuestran su valía a mi lado, son recompensados con vida eterna."

"¿Y que hay de la luz del sol? He oído por ahí que la luz del sol no les hace ningún bien a la piel. ¿Es eso cierto? No quiero achicharrarme sin darme cuenta."

Un nuevo murmullo se escuchó en la habitación, momento que Holmes aprovechó para mirar a Watson, su amigo estaba en el suelo y ahora que podía observarlo un poco más detenidamente, se dio cuenta que estaba pálido y que apenas podía incorporarse del suelo. sin duda se habían alimentado bien de él y tardaría días en recuperarse, si quería salir de allí con él, tenía que hacerlo deprisa y además, cargar con su amigo.

"Si es cierto, nuestra inmortalidad tiene un precio. El día, la luz del sol nos están prohibidos, una vez que renacemos, nos convertimos en hijos de la noche para siempre."

Una de las chicas que estaba tras él, protestó ligeramente, tal vez esa idea no fuera su ideal de futuro para toda la eternidad, pero en cuanto su líder se dio la vuelta y la fulminó con la mirada, su protesta terminó radicalmente.

"¿Pagará ese precio a cambio de la vida eterna, señor Holmes?"

El hombre dio un paso adelante con movimientos lentos y pausados, mientras su rostro se mostraba serio, como si ya supiera lo que iba a ocurrir, casi parecía flotar por la habitación, sin duda se había pegado mucho tiempo practicando aquella pose de ser sobrenatural, que sin duda Holmes sabía que no era.

Se estaba acercando a él, lo tenía casi delante, había llegado el momento de demostrar a todos aquellos incrédulos que su maestro, no era más que un auténtico farsante, nada parecido a un vampiro y mucho menos a un ser superior y sobrenatural. El hombre se remangó la camisa, sacó un pequeño cuchillo que llevaba guardado y sin quitar la vista del detective, se hizo un pequeño corte en el brazo.

"Esta sangre le traerá a mi mundo señor Holmes, si la acepta su amigo será libre por fin." Sonrió, a Holmes no le gustaba, estaba seguro que ocultaba algo pero no sabía lo que era. "Siempre y cuando se decida pronto por supuesto." Su sonrisa se amplió al ver que Holmes parecía descolocado, pues lo estaba. "Usted piensa que es más inteligente que cualquiera de nosotros ¿verdad? Pues déjeme decirle amigo mío, que he dejado un pequeño relago en su compañero, necesitaba probar un nuevo brebaje, averiguar si tendrían el efecto que requería."

"¿Qué es lo que le ha hecho?"

"No se preocupe, no se trata más que de un pequeño veneno, no mortal, siempre y cuando sea tratado a tiempo claro está. Por eso, estoy seguro que su contestación será mucho más rápida ahora."

Watson y Holmes cruzaron una rápida mirada, Watson lo sabía, sabía que le habían envenenado y no le había dicho nada. Sus ojos dijeron un rápido lo siento, pues todo lo que quería era ver a su amigo estar a salvo.

Holmes tenía que cambiar de plan, pero había algo que no había cambiado. Los dos iban a salir con vida de allí.