Capítulo 9: LA HIJA DEL SQUIB

"Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

Y un huerto claro donde madura el limonero;

Mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;

Mi historia, algunas cosas que recordar no quiero."

-"Campos de Castilla", Antonio Machado-

El más bello instante de un amor, y el único que es verdaderamente capaz de embriagarnos, es el primer beso. Ese beso que rehuye la presencia de testigos y que es resultado de una lucha de indecisiones. Ese beso que será el recuerdo más querido y la evocación más dulce cuando el tiempo se lo lleve todo... Ese beso que extasía y que es mutuo... El preludio al verdadero amor.

Desde el instante en que los labios de Harry contactaron los suyos, Hermione supo que ese beso no lo olvidaría nunca. Supo que el cálido aliento del muchacho sería el aire que alimentara sus pulmones; que el sabor de su boca jamás abandonaría la suya; y que aquellas caricias que recorrían su cuerpo, serían su más constante anhelo. Sabía, también, que desde ahora, ya nada podría ser igual entre ambos, porque de algún extraño modo, ese beso ponía fin al principio de algo... Ahora, recién ahora, comenzaría a disfrutar de ese "algo" que naciera en el instante en que su amigo dejó de ser su amigo para convertirse en algo más grande.

Los ojos verdes de Harry estaban frente a ella. Hermione podía apreciar la expresión de su rostro. Veía sus mejillas, su nariz, sus labios curvados en una sonrisa. ¿En qué instante el beso se había interrumpido? ¿Desde cuándo su cuerpo respondía a las miradas de él con aquella necesidad de tocarlo, de que él la acariciara y que sus manos y sus besos la recorrieran de un modo en que nunca creyó que desearía? Los colores subieron a su rostro frente a este pensamiento y comprendió cuán peligrosa era la situación; cuán vulnerable era ahora a las nuevas emociones que él hacía nacer en ella, y sintió miedo.

Reincorporándose sobre la cama y evitando mirarlo directamente a los ojos, hizo un supremo esfuerzo por ordenar sus pensamientos y anteponer la razón a las emociones, como lo haría Hermione Granger. No podía dejarse gobernar por la adolescente que se apoderaba de ella cuando Harry Potter estaba cerca.

- ¿Qué ocurre?- preguntó él, incorporándose a su lado, mientras enredaba uno de los rizos castaños entre sus dedos.

- Tonks debe estarnos esperando. Se suponía que viniera a buscarte.- respondió en forma pausada, para que sus palabras no reflejaran la emoción que la embargaba.- Podrían llegar en cualquier momento y...

- Lo sé...- le interrumpió él en un susurro, acomodándose aún más cerca de ella. Hermione no estaba segura de que Harry realmente hubiera entendido el peligro que corrían, pero un nuevo beso de él en su mejilla hizo que se sintiera impelida a mirarlo directamente a la cara. Tenía unos ojos realmente hermosos.

Él se acercó aún más, depositando un beso en su cuello y ella sintió cómo todo su cuerpo respondía a aquel contacto estremeciéndose. Una novedosa sensación que tomaba lugar entre sus piernas, hizo a la joven tensarse.

- Harry...- su voz era un susurro bajo, inseguro.- Podrían llegar en cualquier momento.- él deslizaba sus labios por su cuello, el ángulo de su mandíbula, el hueco de su hombro.

- No han llegado aún...- murmuró como respuesta, mientras deslizaba el suéter de la joven para tener más acceso a su escote.

- Harry... ¿Qué ocurrirá cuando se enteren?- la pregunta escapó de sus labios antes de que pudiera retenerla. Los besos se detuvieron inmediatamente y una expresión preocupada se adueñó del rostro del joven.

- No lo sé, Hermione...- susurró- Todo lo que sé es que no importa lo que ocurra... jamás me arrepentiré de esto.- agregó, tendiendo una mano para acariciar el rostro de ella.

- Ni yo...- respondió, reposando su mejilla en la palma de él.- Pero aún así me siento mal por Ginny... Intento convencerme de que tú y ella ni siquiera estaban juntos, pero no puedo evitar pensar que estoy traicionando su amistad... Quizá de haberme ido con mis padres, en lugar de quedarme aquí, tú y Ginny estarían juntos nuevamente y yo no me habría...- Paró aquí su discurso, mordiéndose el labio.

- ¿Tú no habrías qué?- preguntó inocentemente, pero sonriendo. Sabía la respuesta.

- No estaría sintiendo lo que siento...

- ¿Y qué es lo que sientes?- Hermione despegó los labios, pero de ellos no salió palabra alguna. Harry le tomó el rostro por la barbilla acercándola a él.- Porque lo que yo siento, es que nunca más podré dejar de besarte.- Y juntó sus labios a los de ella, otra vez.

-HP-

Afortunadamente para Harry y Hermione, la llegada de Bill Weasley suspendió las prácticas de esa tarde, por lo que nadie notó mayormente el retraso de los jóvenes. Bill explicaba sobre el radical cambio sufrido por su hermano Percy, quien había acudido a sus padres pidiendo su perdón, pregonando su arrepentimiento, y sugiriendo que sería un buen elemento para la Orden del Fénix.

Según el relato de Bill, aunque Arthur había manifestado sus objeciones al respecto, Molly aseguró al tercero de sus hijos, hablar personalmente con Remus y Alastor para conseguir su ingreso. Después de todo, antes de ser un patán a las Órdenes del Ministerio, Percibal era un Weasley, lo que, para la sesgada opinión de la mujer, le hacía merecedor del puesto.

Todos vertían sus opiniones en torno al tema, ya fuera a favor o en contra del muchacho, tan efusivamente, que Luna Lovegood fue la única en percatarse de la reacción de Abegnielle frente a la noticia. La bruja no solo parecía sorprendida, sino contrariada hasta la médula. Luna pensó, que de haber podido ver su rostro, este habría estado blanco como el papel, y supo entonces que la mujer no sólo no era partidaria del ingreso de Percy Weasley a la Orden, sino que tenía alguna razón poderosa para no querer que aquella posibilidad se transformara en un hecho.

Seguida de cerca por los ojos de Luna, la bruja se deslizó entre los hablantes sin ser notada, hasta llegar a la puerta, donde quedó frente a frente con una sonrojada Hermione que llegaba. Después de dar a la muchacha una escrutadora mirada, terminó de salir, y entonces, los ojos de Luna se posaron en Hermione... Y luego en Harry, que ingresaba segundos después de ella.

- ¿Qué ocurre?- preguntó Neville a su lado, frente al suspiro de Luna. La joven volvió a él sus ojos azules. Además de ella, Longbottom era el único que no participaba de la discusión que había entre los demás, de la cual incluso los recién llegados comenzaban a tomar parte. El muchacho sostenía un libro entre sus manos y Luna pensó que el natural desapasionado de Neville no lo incitaba a tomar parte en discusiones, y que su naturaleza tímida le dificultaba interaccionar con los demás. Pero en compensación con esta falta de emoción en su vida, el joven había leído muchos libros y conocía muchas plantas.

- Nada aún, Neville... Nada aún...- repitió, ganándose una nerviosa mirada de su compañero.

La rubia bruja pensaba cuán curioso era que Neville le tuviese miedo y soltó una carcajada que terminó de asustar al muchacho, quien se puso de pie, tan lejos de ella como le fuera cortésmente posible.

-HP-

Ginny apoyaba su espalda contra la pared de la sala principal de la casa de los Black, a orillas de la puerta que la separaba de una acalorada discusión. Tenía los ojos fijos en un punto muerto, y la expresión de su rostro evidenciaba una idea preocupante.

Había notado el ingreso de Hermione, seguida de cerca por Harry. El modo en que su amiga evitaba mirarla y la insistencia conque Harry se acercaba a la castaña, hicieron nacer en la joven una duda desagradable. ¿Sería posible que...? Pero antes de formular la pregunta, su cabeza hacía un movimiento de negación, pues según los axiomas de Ginny, Harry Potter aún la amaba, y Hermione Granger era su amiga.

- ¡Conque tendremos otro Weasley rondando por aquí!- exclamó Malfoy. Tenía las manos en los bolsillos, una pierna alargada, la otra flectada, y apoyaba su espalada en el pilar de la escalera. Parecía contemplarla de pies a cabeza.

- Me pregunto cómo haces para estar siempre al tanto de todo.- bufó ella, disponiéndose a caminar lejos de él.

- Pues ya debieras saber eso.- respondió sin más. Ginny detuvo su marcha y volteó mirarlo intrigada.

- ¿Qué quieres decir?

- ¡Ah! Es cierto... – exclamó con fingido asombro- No lo recuerdas.

- ¿De qué demonios estás hablando, Malfoy?

- Pensaba que es una lástima que no recuerdes ciertas cosas.

- ¿Cómo qué?- preguntó con las manos en las caderas y una actitud desafiante. Draco se acercó a ella y luego susurró a su oído.

- Que me besaste... Y te gustó.

Todos los colores subieron a las mejillas de Ginny. ¿Cómo se atrevía el maldito hurón a recordarle algo así? Alzó su mano en el aire para intentar golpearlo, pero Draco la detuvo por la muñeca, sonriendo, mofándose. ¡Cómo odiaba Ginny aquel modo conque la miraba! Era como si él se entretuviera haciéndola enfurecer, y, lo más terrible, es que muy en el fondo Ginny disfrutaba de ello. Y por eso lo odiaba aún más.

- ¡Suéltala, Malfoy!- exclamó Harry apareciendo frente a ellos. Ginny se separó de Draco y se replegó contra la puerta tan rápido como pudo. El rubio soltó un bufido de fastidio.

- Señoras y señores... ¡San Potter al rescate!- se mofó. Y sin decir más, ni detenerse ante las palabras de Harry, subió las escaleras y se introdujo a su cuarto con un portazo.

Y mientras Harry consolaba a Ginny y se aseguraba de su completa integridad tras las agresiones del hurón, la pelirroja se preguntaba si no sería un pecado contra su "amor" pensar en que Harry había sido un tanto inoportuno. Después de todo, lo más probable es que Malfoy hubiera terminado besándola. ¿O no? Los vestigios de un recuerdo borrado de su mente le hacían pensar que sí y Ginevra Weasley lamentaba no haber tenido tiempo para ello.

-HP-

Aunque Draco mismo no se explicaba el por qué, disfrutaba sobremanera haciendo enfurecer a la pelirroja. Era tan fácil lograr que los colores subieran a su rostro pecoso, y que sus cejas se alzaran por encima de sus ojos en una expresión exquisita. Mientras estuvo en Hogwarts, jamás imaginó que terminaría besando, y no sólo una, sino dos veces, a la noviecita de Potter. Si Trelawney se lo hubiese vaticinado, no lo habría creído.

Por supuesto, Draco sabía que cuanto la joven provocaba en él no era más que consecuencia de la convivencia estrecha, del aburrimiento, y, por supuesto, de la ausencia de Pansy Parkinson. ¡Cuánto extrañaba a Pansy con todo y sus interminables charlas vacías! Sin embargo, Draco sabía bien que lo que sentía por Pansy estaba lejos de ser la añoranza por el ser amado. Lo que realmente echaba de menos de ella, no eran sus mimos, ni sus palabras empalagosas, sino simple y llanamente, la humedad de su boca, la dulzura de sus caricias, y el calor de su cuerpo. En otras palabras, extrañaba acostarse con ella.

Quizá el placer que le provocaba la cercanía de la pelirroja era consecuencia de lo mismo: sus hormonas de adolescente buscaban efusivamente una figura femenina con quien reemplazar a Pansy. Draco sólo esperaba que aquella abstinencia obligada no derivara en algo más grave.

- Lamento sacarlo de sus trascendentales cavilaciones, señor Malfoy- llegó la voz de Antígona a sus espaldas. La bruja había tenido el descaro de esperarlo sentada en su propio cuarto.- pero creo que usted y yo tenemos un asunto pendiente.

Draco cruzó los brazos por encima de su pecho y la enfrentó con la mirada, esforzándose por poner la mente en blanco.

- Estoy trabajando en ello.- respondió.- Pero no es del todo fácil hacerlo estando encerrado. Además, no puedo garantizar que mi adorable tía confíe en Kreacher. Después de todo, ella sigue siendo fiel al Innombrable.

- Pero yo no estoy pidiendo que traicione a Voldemort. Sé bien que algo así sería una abominación para ella.- dijo poniéndose de pie.- Todo lo que quiero es que la señora Lestrange reconsidere la lealtad de su señor. Necesito que comprenda, que tarde o temprano Tom dejará de confiar en ella, y querrá el collar de regreso.- caminó hasta la puerta- Su trabajo, señor Malfoy, es evitar que Bellatrix lo entregue.

- ¿Y cómo se supone que logre eso?- preguntó él viendo como la mano de la bruja hacía girar la manilla, pero sin tocarla.

- Confío en que encontrará la manera.- y tras decir esto, desapareció a través de la puerta.

-HP-

Cuando Hermione abrió los ojos la habitación seguía a oscuras. Un sudor helado le recorría el cuerpo y era presa de la angustia típica de las noches aquejadas por pesadillas. La escasa luz que entraba por la ventana le permitió notar que Luna y Ginny seguían dormidas.

Apenas recordaba lo soñado, pero el instante último antes de despertar quedaría gravado en su memoria por mucho tiempo, por ser una idea tan ilógica cómo angustiante, y es que, ¿por qué razón habría ella de matar a un ruiseñor? Hermione siempre había pensado que los sueños son reflejo de aquellas situaciones que durante el día quedan guardadas en nuestro inconsciente. Pero por más que buscaba una conexión entre lo ocurrido y aquel trágico final de su sueño, no la encontraba.

Habría intentado volver a dormir, pero su empeño por recordar nuevos fragmentos del perturbador sueño se lo impidieron. Revolviéndose entre las sábanas, acomodó su cabeza sobre la almohada y sus ojos quedaron fijos en el techo teñido de oscuridad. Y entonces lo sintió.

Primero fue un ruido amortiguado de pasos deteniéndose frente a su puerta. Luego una melodía casi imperceptible que nacía del silencio muerto. Finalmente, los pasos se alejaban y desaparecían en la nada. Hermione se vio de pronto embargada por la imperiosa necesidad de descifrar el enigma.

Todo era extraño, y su pensamiento lógico le decía que probablemente no fuera más que producto de su imaginación, alimentada por el insomnio. O bien, pudiera tratarse de Malfoy haciendo alguna secreta ronda nocturna. Sin embargo, algo había de hechizante en aquellos ruidos. Se levantó de la cama como hipnotizada. El frío de la noche dio contra su camisón, pero sin hacerla desistir. Por un instante, la joven se preguntó si acaso no seguiría soñando aún. Giró la manilla en silencio y salió por la puerta. El pasillo seguía a oscuras, excepto por una pequeña línea de luz que se proyectaba desde una puerta entreabierta: era el cuarto de Antigona Abegnielle.

Desde entonces, la joven no sintió más que el ruido de sus propios pies desnudos sobre las tablas del piso. El hechizante presentimiento de que algo se ocultaba en ese cuarto, algo que debía ser visto, la guiaba sin detenerse a pensar en consecuencias. Por algún extraño motivo, incluso antes de llegar a la puerta entreabierta y atravesarla, Hermione ya sabía que la bruja no se encontraba en su interior. Sabía que el cuarto estaba abierto para ella y que adentro no estaban más que ella y la solución a un misterio.

Cerró la puerta tan sigilosamente como pudo. La tenue iluminación del cuarto provenía de un par de velas suspendidas en el aire, alumbrando parcialmente una serie frascos de llamativo aspecto; un caldero en que bullía una poción cuyo aspecto le resultó extrañamente familiar; y una repisa repleta de bolas brillantes del tamaño de una manzana que la joven reconoció: eran "esferas centinelas", artefactos mágicos que los antiguos hechiceros utilizaban para custodiar sus recuerdos más preciados, antes de que se inventaran los pensaderos. Lo había leído en alguna parte, pero jamás había estado frente a una.

La curiosidad era, según Hermione, uno de sus más terribles defectos y aunque constantemente luchaba contra ella, esta no fue la ocasión; sin objetar siquiera sus acciones, dejó a su mano viajar tranquila hasta contactar uno de los brillantes objetos.

En el instante mismo en que este se movió, sus compañeras rodaron por la lisa superficie de la repisa produciendo un armonioso ruido al ir cayendo uno o uno contra el suelo y estrellándose ahí, sin que la joven pudiera más que contemplar el espectáculo horrorizada, mientras los fragmentos de cristal se esparcían en torno a sus pies desnudos, y una hilera de humo emergía de cada una, formando un colorido círculo alrededor de la joven que no tuvo tiempo de moverse hasta que todo se volvió oscuro... y luego luminoso, y oscuro otra vez, y sin saber cómo, de la oscuridad emergieron figuras y voces...

Hermione se levantó del piso donde había caído en medio del torbellino de imágenes para encontrarse en un cuarto de techo bajo con una lámpara a cada lado de una cama estrecha con faldón sobre la cual había una joven tendida. Las proporciones del cuarto apenas permitían una silla y un armario.

Dos golpes débiles desde la puerta, seguidos de la figura de un hombre joven que ingresaba llamaron la atención de Hermione. El rostro del joven, iluminado por la luz crepitante del atardecer, dejaba traslucir rasgos de bondad y gentileza, acompañados de cierta arrogancia natural, propia de quien está seguro de su auténtico valor.

- ¿Estás bien?- preguntó, alzando una de sus espesas cejas negras. Aunque hablaba en un lenguaje extraño, Hermione comprendió el mensaje íntegramente.

- No. No lo estoy.- respondió desde la cama la figura de la joven, en el mismo idioma. Se había sentado de tal forma que su rostro quedaba oculto en la oscuridad.

- No fue tu culpa.- murmuró él, sentándose a los pies de la cama. Hermione se acercó a él, sabiendo que su presencia era invisible para los protagonistas de aquel recuerdo, y comprobó lo atractivo que resultaba el rostro del muchacho. Cabello negro y ondulado, ojos oscuros, mentón amplio y una nariz aguileña que imprimía carácter a sus rasgos.- Todos lo vieron: ni siquiera la tocaste... No hay forma de que tú pudieras...

- ¡Pero sí pude!- gritó ella. Su rostro seguía oculto tras una maraña de largos cabellos negros.- Ella estaba ahí, riéndose de mí y de pronto... Sentí tanta rabia que deseé con todas mis fuerzas que algo la hiciera callar... Y entonces ocurrió.

- Pero no fue tu culpa que rodara por las escaleras, Orual. Tenías rabia y deseaste que la partiera un rayo... ¡A todos nos ha pasado! Pero no por eso eres la culpable de su muerte.

- ¡Pero es que sí fue mi culpa, Polinices!- gritó la voz con cierta histeria.- Eres mi hermano, y por eso te niegas a creer que hay algo malo en mí, pero ahí está... Cuando la tenía enfrente, algo ocurrió en mi interior. Fue una sensación extraña, un hormigueo que recorría mi cuerpo y fluía a través de mis manos. Como si algo dentro de mí adquiriera forma y se abalanzara a empujarla. Invisible, sí... Pero yo sé que estaba ahí... Siempre ha estado ahí.- Polinices la miraba con sus ojos tristes y Hermione comprendió que no creía en las palabras de la joven.- ¿Jamás me creerás verdad?

Pero antes de que Polinices diera una respuesta, todo se tornó oscuro nuevamente, y el entorno cambió. Hermione se encontró de pronto en medio de un gran salón donde una infinidad de muggles en vestimentas delgadas, a causa del calor, desfilaban en torno a una gran mesa dispuesta en el centro, decorada con exóticos manjares. La diversidad de lenguas y conversaciones generaban un murmullo inentendible donde apenas y se reconocían las risas. Todo daba la impresión de una gran celebración, una fiesta en un país extraño.

Uno de los camareros pasó justo frente a Hermione, deteniéndose a su lado, e inclinando la bandeja hacia una joven reclinada contra uno de los pilares, y al volver su mirada a ella, Hermione contuvo la respiración. La muchacha, que no podía tener más de dieciséis años, iba ataviada con un traje de noche de seda blanca, con un gran escote; el vestido se ceñía estrechamente alrededor de su busto, para luego formar un faldón de ancho vuelo. Llevaba una diadema de diamantes sosteniendo parcialmente su cabello negro; el resto de él, largo y sedoso, caía libremente por su espalda; y los diamantes que colgaban de los lóbulos de sus orejas, brillaban como fuego derretido. Con la piel bronceada, los ojos azules chispeando con la luz proveniente del salón, y los anchos labios entreabiertos, el efecto que producía era electrizante.

Hermione se percató de la expresión embelesada conque los hombres observaban a la joven desde los distintos ángulos del salón. Pero los ojos de ella parecían fijos en uno solo. En un hombre de cabellos negros y pálido rostro que discutía alegremente con un anciano, a unos metros de ahí. Hermione vio como los negros ojos del hombre se detuvieron en la mirada chispeante de ella, y con una cortés inclinación de cabeza le dedicó una sonrisa, despidiéndose del anciano, y caminando lentamente hacia ellas.

- ¿Aburrida?.- murmuró en un inglés perfecto cuando estuvo cerca. Recién entonces Hermione se percató con asombro de que debía ser aquella joven la dueña de los recuerdos.

- ¿Qué le hace pensar eso?- dijo ella, en el mismo idioma, pero con su acento extraño, sin despegar su mirada de los danzantes. El moreno amplió su sonrisa.

- Sus ojos…- esperó hasta que ella volteara a mirarlo para continuar.- La expresión de sus ojos es la del fastidio que examina, pero sin olvidarse de la obligación en que está de parecer imponente…

- Pues me ha malinterpretado.- respondió con frialdad.- No es fastidio, sino extrañeza.

- ¿De qué?

- De usted.- Una extraña sonrisa se posó en los labios del hombre que terminó de beber lo que quedaba en su copa antes de seguir la conversación.

- ¿Y qué es lo que le extraña en mí, señorita Black?

- No es como los demás. Hay algo en sus pensamientos que me intranquiliza.- El hombre alzó una ceja desconcertado.- Desde que mi hermano comenzó sus excavaciones, una infinidad de busca fortunas han llegado a Tebas con el sólo propósito de encontrar fama o reconocimiento y yo me río tranquilamente de sus ridículas pretensiones. Pero usted no busca eso. De hecho, podría asegurar que usted nunca ha sido un arqueólogo.

- ¿Y qué se supone que soy entonces?- preguntó el hombre con cierta mofa.

- Un monstruo.- Un extraño brillo cubrió los ojos negros, pero la sonrisa no dejaba sus labios.- Puedo leer sus pensamientos, señor Riddle, y sé que sus intenciones no son buenas.

- ¿De modo que soy un monstruo?- sonrió.- En ese caso, ¿qué se supone que es usted, señorita Black? Porque, hasta donde sé, usted y yo somos iguales.

- ¡Cómo se atreve!- exclamó ella ofendida. Tanta era la presión que ejercía sobre la copa en su mano que amenazaba con romper el cristal en cualquier momento. Tom Riddle se acercó a ella lentamente, liberando la copa de entre sus dedos.

- Me atrevo, mi querida Orual, porque yo también puedo leer sus pensamientos. No con la facilidad que usted lo hace, ciertamente, pues usted ha sido favorecida con un don poco común. Pero he podido apreciar lo suficiente de usted como para saber que ya cuando tenía seis años se dio cuenta de que ni su hermano ni los otros niños de su edad podían hacer las cosas que usted hacía: ninguno podía mover objetos con sólo desearlo, ni encender fuego con el pensamiento. Y mucho menos leer la mente de cuantos le rodeaban. A través del tiempo usted ha aprendido que si se concentra en una persona, es capaz de hacerse una impresión bastante exacta sobre sus sentimientos, sus impresiones y hasta la veracidad o falsedad de sus palabras. También sé que cuando intentó explicarlo a su padre, el viejo Marius Black respondió aterrado que estaba condenada al fuego eterno del infierno, y la maldijo por ser como "ellos". ¿No fue esa la palabra que usó?- Orual había retrocedido espantada hasta que su espalda descubierta contactó contra el frío del muro.- Y el viejo Squib tenía sus razones para hacerlo, porque usted, mi querida Orual, forma parte del mundo que lo rechazó. Esa es la razón por la cual desde entonces y hasta el día en que murió, su padre no expresó por usted más sentimiento que el desprecio. Y esa es también la razón por la cual yo la necesito. Usted es el motivo que me ha traído aquí...

Hermione seguía perturbada ante la idea de que aquel hombre pudiera ser Tom Riddle, cuando todo comenzó a girar nuevamente y el escenario volvió a cambiar. Esta vez, era un cuarto oscuro y frío, similar a un calabozo. Orual se encontraba acurrucada en un rincón, con los brazos abrazando sus piernas, el cabello negro caía libre y disperso por su espalda y brazos, coronando un rostro cubierto de tierra, donde se dibujaba el camino de las lágrimas. El mismo vestido blanco, conque tan maravillosa luciera en el recuerdo previo, estaba ahora sucio y rasgado como un trapo viejo cubriendo su cuerpo, y por debajo del faldón cubierto de barro se advertían unos pies desnudos. Hermione sintió la angustia comprimiendo su garganta frente a aquella visión.

De pronto, un ruido de pasos y de puertas metálicas que se abren invadió el lugar. Aunque la luz era escasa, Hermione pudo tomar una buena impresión del joven que ingresaba por la puerta de hierro. Era una figura alta y erguida, con un andar aristocrático que no pudo menos que resultarle familiar. Su cabello castaño en una melena ondulada, delimitaba un rostro de bellas facciones adornado de una barba incipiente. En la expresión de sus ojos verdes, Hermione advirtió un atisbo de piedad, y algo más.

- Dejarse morir no es la solución, ¿sabes?- comenzó a hablar inclinándose frente a ella y depositando un plato de comida a sus pies.- Debes comer algo.- Orual no respondió, ni hizo movimiento alguno. Apenas y se apreciaba su respiración. El muchacho seguía con los ojos fijos en ella, mientras tomaba asiento a su lado.- Aún no entiendo por qué estás aquí. ¿Qué es lo que puede querer el Señor Oscuro de ti?- ella no respondió y él siguió mirándola expectante.- ¿Eres bruja, verdad? Lucius ha dicho que casi los matas a todos cuando intentaban traerte hasta aquí, que nunca había visto algo igual... Y que lo habías hecho sin varita.- hubo una nueva pausa- ¿Es eso lo que el Lord quiere de ti? No entiendo en qué modo puedes serle útil. Él ya es lo suficientemente poderoso... Bellatrix dice que eres la hija del Squib. ¿Es eso cierto?- el silencio fue su respuesta- Orual Antigona Black... Ese es tu nombre, ¿verdad?.

Hermione se percató de que el muchacho no esperaba realmente una respuesta, como si ya estuviese acostumbrado a su mutismo así como Orual a su presencia.

- ¿Sabías que Antigona es la protagonista de una tragedia muggle? En ella, es condenada a morir por dar sepultura a su hermano...

- Ellos lo mataron...- susurró ella. El muchacho volteó a mirarla asombrado.- Esos hombres lo vencieron y acabaron con Polinices...- "Los mortífagos", pensó Hermione.- Uno de ellos le sostuvo las manos a la espalda. Otro le tiro del pelo con ambas manos y lo obligó a arrodillarse y a estirar el cuello. El tercero le apuntó con algo... dijo una palabras, y Polinices cayó muerto... Muerto...- Las lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas, y Hermione sintió cómo la angustia hacía presa de ella. El joven a su lado pasó la manga de su capa por el rostro de la joven, limpiando de él la tierra y borrando las lágrimas. Ella se resistió en un principio pero luego cedió a su toque, clavando en él sus ojos azules. Hermione observó la expresión embelesada del rostro de él y le pareció extrañamente familiar. Eran los mismos ojos conque Harry la miraba.

- ¿Estás consciente de lo hermosa que eres?- escapó de sus labios en un susurro, mientras su mano acariciaba el rostro de la joven.

- ¡Ayúdame a huir!- fue la súplica de ella y los ojos verdes vagaron por su rostro, dubitativos.

- ¡Regulus!- gritó una nueva voz ingresando al cuarto. Una voz fría en los labios de un joven Lucius Malfoy.- ¿Qué se supone que estás haciendo?...

Todo volvió a transformarse en un torbellino en torno a Hermione y al abrir los ojos se encontró de regreso en el cuarto de Antigona Abegnielle, sintiendo como una mano por debajo de su espalda y otra bajo sus rodillas la levantaban del suelo, llevándola lejos del torbellino multicolor de recuerdos. Hermione estaba demasiado débil para oponer resistencia. Todo giraba en torno a ella en un modo vertiginoso y fue apenas consciente de cómo atravesaba la puerta y esta se cerraba de un golpe tras de ellos. De pronto, volvió a sentirse sobre sus pies, con su espalda apoyada en la pared mientras la imagen comenzaba a tomar forma frente a sus ojos.

- ¡Granger! ¡Maldita sea, despierta!- Hermione no pudo evitar pensar si no seguiría atrapada en algún recuerdo, enfrentada a Lucius Malfoy; pero el rostro frente a ella tenía formas mucho más agradables.- ¡Granger!- volvió a exclamar Draco, intentando hacerla volver en sí y la muchacha terminó de despertarse.- ¿Qué demonios hacías allí adentro?

- No lo sé... –respondió débilmente.- Había luz y yo pensé...- de pronto, la joven se dio cuenta de que Malfoy aún la mantenía suspendida por la cintura contra la pared, y que sólo un húmedo camisón la separaba de él. Sintió la sangre agolparse en sus mejillas, mientras ponía sus manos sobre el pecho de Malfoy para alejarlo de ella.- Ya puedo tenerme en pie. Gracias.- expresó con recobrada dignidad. Los ojos grises inspeccionaron su rostro, hasta comprender la preocupación de la joven y Draco retrocedió inmediatamente.

- ¡Vete al diablo, Granger!- exclamó herido en su orgullo. ¿Cómo podía pensar esa sangre-sucia que él pudiera tener intenciones de ese tipo con ella? Esto le pasaba por dárselas de héroe- ¡No vuelvas a entrar ahí! – exclamó comenzando a caminar hacia su cuarto. Hermione le detuvo.

- ¿Por qué?- preguntó, pero Draco no se detuvo a responder. ¿Sería posible que sólo él se diera cuenta de lo peligrosa que era esa bruja?.

Hermione permaneció de pie en el frío pasillo por unos momentos intentando reordenar todo lo ocurrido. ¿Sería posible que Antigona Abegnielle y aquella muchacha fueran una misma persona? ¿Que había ocurrido después de aquello que la había transformado en lo que era? ¿Le habría ayudado Regulus Black a huir? ¿Sería esa la razón por la cual los mortífagos le mataron? ¿Sería ese el motivo por el cual ella odiaba a Lord Voldemort? De un momento a otro, todo parecía dotado de una lógica exacta, pero... ¿Qué era lo que Tom Riddle había buscado en ella en primera instancia? ¿Seguiría buscándolo? ¿Sería esa la razón por la cual Orual ocultaba su rostro tras aquel horrendo velo y el falso nombre de Antigona Abegnielle?

Eran tantas las preguntas y tan pocas las respuestas, que Hermione quería dejarse caer y no pensar en nada más. Pero, en vez de eso, sus pasos la condujeron inconscientemente al cuarto de Harry.

- ¿Qué ocurre?- preguntó él, incorporándose en su cama al advertir la figura de la joven frente a él. Hermione comprobó que sus ojos verdes la contemplaban en el mismo modo en que Regulus contemplara a la muchacha en aquel horrible recuerdo, y no pudo evitar sentir lástima por Antigona Abegnielle.

- Nada...- susurró, inclinándose a besarlo.

- Estás helada...- exclamó él, destapando la cama para permitirle el ingreso y Hermione se introdujo bajo la tapa, abrazándose de su cuerpo tibio. Era tanta su necesidad de estar con él que en verdad no le importaba guardar recato. ¡Si su madre se enterara de lo que estaba haciendo, sin duda le haría un largo sermón sobre comportamiento! Pero ahora no importaba. Mientras los brazos de Harry la envolvían en un abrazo y sus piernas se entrelazaban a las suyas, el sueño se apoderó de sus ojos y ya no quería despertar hasta que todo aquello hubiera terminado. Hasta que Lord Voldemort estuviera muerto y la vida le garantizara un final de cuentos junto a Harry Potter.- Hermione- susurró él a su oído, pero la joven ya no le oía. Acomodando la tapa en torno a ella, Harry besó su frente, dispuesto también a dormir. Sin embargo, no pudo evitar pensar por última vez en aquel horrendo sueño del que la joven le había despertado: ¿Era sangre lo que cubría las manos de Hermione en su visión? ¡Todo había sido tan real y a la vez inexplicable que Harry sólo podía desear que no se tratara más que de una pesadilla!... Una horrenda pesadilla.

-Fin del Capítulo 9-

Próximo Capítulo: Campanas de Navidad.

¡HOLA A TODOS! Nuevamente estoy corta de tiempo así que me limitaré a agradecerles a todos por sus adorables comentarios y a mantener mi promesa de que apenas tenga tiempo les retribuiré en forma más personalizada, ok?

En verdad espero que les gustara este capítulo... Hacía rato que quería incluir algo – aunque sólo es una parte- de la vida de Orual (Antígona)... El nombre de este personaje tan extraño, así como su velo, toman su inspiración de la novela de Lewis "MIENTRAS NO TENGAMOS ROSTRO"... Es un libro fabuloso para quienes quieran descubrir en el escritor algo más que las crónicas... ¡Gracias Abedael por haberme obsequiado ese maravilloso libro! Así que ya saben... A quienes les guste este fic, deben agradecerle a Lewis y Abedael por la inspiración.

Un beso enorme nuevamente, junto a mis agradecimientos, y recuerden que ENTRE MÁS COMENTARIOS LLEGUEN, MÁS RÁPIDO ACTUALIZO. Eso.

Siempre suya, Alexandra Riddle.

Ps: para quienes esperaban una continuación más fuerte del primer beso de Harry y Hermione, lamento haberlos desilusionado, pero no me parece que Hermione pueda avanzar tan rápido. Espero que me perdonen y me tengan paciencia, ok?

Pps: a quienes les guste la pareja Draco-Ginny... Bueno... Creo que les gustará el próximo capítulo... Je je je.

Ppps: la intromisión de Percy Weasley no es sólo de relleno. Tiene su motivo. Ya me entenderán.