Soltó un golpe duro y certero. Una broma, una maldita broma.
Un segundo golpe más fuerte que el anterior. Toda su vida era una jodida broma de mal gusto, todo en su vida era una maldita broma que nunca le había causado gracia.
Un tercer golpe provocó que las heridas, que se había hecho hace dos noches después de discutir con su esposa, se abrieran y sangraran. Hasta ese matrimonio era una maldita broma de mal gusto. Los gemelos tenían toda la culpa de su desgracia, si no fuera por su estúpido sentido del humor nunca hubiera conocido a Hermione Granger y su vida sería mucho más sencilla. No tendría que pasar por toda esa basura que no terminaba de entender. Desearla cada noche sin poder hacer nada mas que abrazarla; preocuparse por ella hasta el punto de transformarse en un bruto que ella pensaba que no la entendía; pensar tanto en ella que ya ni siquiera recordaba a Luna... ¡Maldita sea! ¡Él había olvidado a Luna! ¿Qué demonios le estaba pasando?
Golpeó el pobre árbol con cada vez más fuerza haciéndose mucho daño, la sangre bañaba sus manos pero a él no le interesaba, estaba tan molesto, tan frustrado y tan triste que nada le importaba, no podía sentir nada. Escuchó pasos acercándose a él lentamente, dejó de golpear el árbol concentrándose en el sonido de los pasos, ¿Quizá su esposa lo había seguido preocupada por él? Claro que no, ella no sentía nada más que odio por él. Sin embargo sintió una punzada en el pecho al ver que quien se le acercaba era su hermano Charlie.
—Si sigues así vas a dañarte la mano —dijo su hermano mayor al acercarse a él.
—No me importa —replicó Ron volviendo a dar un golpe—, si golpeo a los gemelos mamá se molestará. De verdad que quiero matarlos esta vez.
—¿Es cierto que te casaste por dinero? —dijo Charlie sin rodeos, quería saber la verdad, lo necesitaba con desesperación. Sin embargo Ron no le contestó, y esa fue toda la respuesta que necesitó—, no lo sabía... Pensé que se amaban.
—No, ella no me ama —respondió Ron dando otro golpe.
—¿Y tú la amas? —Ron tardó varios segundos antes de contestar.
—No, por supuesto que no —Ron lanzó un nuevo golpe al árbol pero no terminó de darlo, ¿Por qué eso le sonaba como una mentira dolorosa? Eso era lo que se suponía que él debía decir, se suponía que era la verdad.
—¿Aún piensas en Luna? —inquirió Charlie con seriedad.
—Siempre lo hago —la voz de Ron parecía desafiante, en realidad quería mentirse a sí mismo, ni siquiera podía recordar la última vez en que pensó en Luna. Pero se suponía que ella siempre estuviera en sus pensamientos, eso era lo correcto, él prometió no olvidarla y eso es precisamente lo que él haría—. Mejor voy a casa...
—Ron —llamó Charlie antes que se alejara, era una suerte que Ron le estuviera dando la espalda en ese momento porque eso lo haría más fácil—, ¿Van a divorciarse?
—Si, no se cuándo... Pero ese fue el trato —dijo Ron apretando sus puños fuertemente, porque decir aquello le dolió mucho más de lo que le dolieron los golpes dados al pobre árbol.
—Entonces tengo una oportunidad —agregó Charlie pasando junto a Ron para caminar a la casa juntos.
Pero Ron no lo siguió, quedó en el mismo sitio paralizado sin saber cómo reaccionar, ¿Cómo demonios era que se respiraba? ¿Por qué Charlie había dicho aquello? ¿Por qué sus hermanos se empeñaban en arruinar su vida? ¿Por qué demonios no podía ser feliz nunca? ¿Es que él no merecía ser feliz también? ¿Por qué entre tantas mujeres su hermano se interesaba en su esposa? Hermione ni siquiera era bonita, aunque siempre lucía hermosa antes de salir. Pero si Charlie la viera cuando despierta, con su cabello alborotado dándole ese aspecto salvaje, con los ojos entrecerrados sin atreverse a abrirlos totalmente para protegerse del sol, con esos camisones cortos para poder soportar el calor del verano, el cual no parece molestarle tanto ya que duerme abrazada a él cada noche. ¿Por qué Hermione tenía que ser tan malditamente perfecta? Todo era culpa de ella, si ella no tuviera esa hermosa sonrisa; si ella no tuviera ese endemoniado carácter que daban ganas de besarla cada vez que replicaba; si no tuviera esa figura desquiciante que lo enloquecía; si no frunciera la nariz de esa forma cada vez que él decía algo que no le gustaba; si no tuviera esa mala costumbre de regañarlo por todo y no querer comportarse como una esposa normal... Si ella... Si ella no fuera tan Hermione...
Caminó de vuelta a su casa cabizbajo, los nudillos le ardían y sangraban profusamente. Necesitaría limpiarse esa herida cuando llegara a la casa, pero no quería llegar ahí y ver a los gemelos actuar como si nada hubiera pasado. Porque si algo le sobraba a los gemelos eso era el descaro con el que actuaban luego de hacer una broma, cualquiera pensaría que traumatizar a tu hermano pequeño de tan solo cuatro años es algo muy grave, pero los gemelos se comportaron como si nada. Y estaba seguro de que así actuarían luego del nuevo desastre que habían creado.
Al entrar en la casa lo primero que vió fue a Hermione esperándolo para curar sus heridas como siempre hacía, sin decir una palabra se sentó junto a ella y la castaña comenzó a curar sus heridas casi mecánicamente.
—Deberías dejar que se curen bien tus nudillos antes de volver a lastimarlos —lo regañó como si él fuera un niño pequeño y ella fuera su madre.
—Esta bien, mamá —replicó el pelirrojo sin poder contenerse a lo que su esposa le dirigió una mirada asesina. Ron volteó la mirada en otra dirección consiguiendo ver a su madre preparando un pastel—. Ahora celebran con pastel la vuelta de los gemelos...
—No es por ellos —lo interrumpió Hermione—, es por mí. Yo le pedí que hiciera uno.
—¿Para qué?
—Harry está de cumpleaños y le pedí a tu madre que hiciera un pastel para él, Ginny lo traerá para el almuerzo y así no pasará su cumpleaños solo en la casa trabajando.
Ron no respondió, de nuevo el pensamiento de que Hermione sentía algo por su hermano cruzó su mente, botó todo el aire que estaba reteniendo en su pecho y prefirió dirigir su mirada hacia la puerta que daba a la salida de la casa.
—Siento lo que te hicieron tus hermanos —dijo Hermione repentinamente—, su sentido del humor es un poco chocante la verdad... Y fue muy noble de tu parte sacrificarte de esta manera por tu familia. Sé que no soy una persona facil de manejar, aunque tú tampoco eres fácil de tratar.
—Si, lo sé... —dijo Ron llevándose una mano hacia la parte de atrás de su cuello en un gesto de nerviosismo, era extraño hablar civilizadamente con ella—. Tampoco es que estar contigo sea una auténtica tortura, ¿Sabes? No eres mala persona y quizá pudimos haber sido amigos de otra manera.
—¿Por qué no intentarlo? —dijo Hermione con los ojos brillantes por la emoción—, seamos amigos, Ronald. ¿Quieres?
—Si... Quiero ser tu amigo, claro —ni siquiera sabía de dónde había sacado el valor para decir aquello, pero quería tomar la oportunidad que su esposa le daba, era mejor eso que pelear constantemente.
Hermione le dirigió la más hermosa sonrisa que había tenido hasta ahora y Ron solo pudo sentir como su corazón se aceleraba mientras Hermione seguía curando sus heridas como si fueran el matrimonio perfecto.
...
El perfume de la almohada no lo reconocía, el colchón no era tan suave como de costumbre, las sabanas eran más delgadas de lo que recordaba. ¿Dónde estaba? ¿Qué era lo último que recordaba? Estaba en el cabeza de puerco como de costumbre, bebiendo para olvidar lo inolvidable. Y entonces un hombre lo tropezó y él lo tomó como una invitación a pelear, no tenía ningún recuerdo luego de eso.
Abrió los ojos lentamente tratando de acostumbrarse al brillo intenso del sol que solo lastimaba sus ojos, la cabeza le dolía como ya era costumbre en él, quizá debía dejar de tomar pero no se sentía capaz de hacerlo, porque cuando no estaba cayéndose de borracho el pecho le dolía terriblemente y el recuerdo de Hermione invadía su mente recordándole que era de otro.
Una silueta contra la ventana llamó su atención, una mujer miraba hacia la calle pensativa, no sabía quién era, solo podía ver su rubio cabello cayendo en cascada por su espalda, siguió mirándola por un buen rato sin terminar de reaccionar a la situación. Quería recordar dónde había estado y con quién, ¿Quién era ella? Como respuesta la mujer volteó hacia él, revelando unos ojos azules en un hermoso rostro.
—¿Hannah? —preguntó Neville con voz ronca.
—Despertaste —dijo Hannah con evidente alivio—, llevas dos días inconsciente.
—¿En serio? —Neville no podía creer lo que ella le decía, era imposible que él hubiera estado tanto tiempo sin despertar, Hanna solo asintió con la cabeza—, ¿Dónde estoy?
—En mi casa, no tengo ni idea de dónde vives —explicó la mujer sonrojandose—. Te traeré algo de comer.
Hannah desapareció unos instantes para volver a entrar con una bandeja con comida, se veía muy preocupada por él lo cual hizo que se sintiera incómodo. Pocas personas se preocupaban por él; Hermione y su abuela por ejemplo. Seguramente su abuela estaría preocupada por él, pero en ese momento prefirió no pensar en eso. Comió casi por inercia ante la mirada preocupada de la rubia.
—¿Te sientes bien? —preguntó ella.
—Si, no te preocupes —respondió Neville mecánicamente, ¿Cuántas veces había tenido que responder aquello?
—¿Qué no me preocupe? —gritó Hannah estallando de pronto ante semejante estupidez, ¡Claro que iba a preocuparse!—, ¿Cómo no voy a preocuparme si llevas días tomando sin control? Y ahora casi logras que te maten, y yo sin saber qué hacer... Pensé que te habían hecho mucho daño, quería llevarte al hospital pero no tenía el dinero suficiente para ir... Así que solo pude quedarme aquí luchando por bajarte la fiebre y rezando para que despertaras... Y yo... Yo...
Hannah comenzó a llorar sin control lanzando sus brazos al cuello de Neville y hundiendo su rostro en su pecho, Neville quedó totalmente paralizado, nuevamente no sabía qué hacer, ella se veía tan preocupada por él, y él solo la había hecho pasar un muy mal rato. Era un completo inútil como siempre se lo habían dicho. No quería aceptarlo pero era así. Hannah se calmó lentamente, respirando entrecortado levantó su rostro hacia él, se veía hermosa con pequeñas lágrimas corriendo por sus mejillas y sus azules ojos aún nublados por lágrimas que luchaba porque no cayeran. Sin saber por qué lo hacía Neville se acercó a ella y la besó imaginando que eran los labios de Hermione los que besaba, sintiéndose la peor porquería del mundo. Ahora si había terminado de meter la pata con esa pobre chica.
...
Se encontraba sentado en el jardín de su mansión disfrutando del sol, según le dijo a su madre, pero en realidad estaba pensando muy seriamente en un asunto que no abandonaba su mente desde hacia una semana. En sus manos tenía aquella maldita carta que ella había querido mandar unos días atrás, pero él la había visto antes de que fuera enviada y la robó. Después de todo si fue cierto que estaba dispuesta a decirle a su padre que quería cancelar la boda, pero él no pudo permitir que esa carta fuera enviada y que así ella se alejara de él. Prefería que lo odiara para siempre y que estuviera a su lado a que se la arrebatara algún otro extraño y no volver a verla.
Ya era bastante malo que ella dejara de estar a su lado como de costumbre, ya era bastante malo haberse admitido a sí mismo que le hacía falta su presencia para respirar con tranquilidad, ¿Y ahora también debía aceptar que ella estuviera con alguien más? No, no estaba dispuesto a hacer eso, no con ella. Astoria debía ser suya, solo suya.
Draco rompió la carta en pequeños pedazos que se encargó de botar él mismo, no quería arriesgarse a que Astoria descubriera lo que había hecho. Una parte de él se repetía una y otra vez que debía pedirle perdón, que debía decirle que le hacía falta su compañía, que le hacía falta darle un nuevo beso, esta vez de una manera más dulce y delicada, como ella se lo merecía... Pero otra parte de él se repetía que no tenía por qué hacer aquello, que él era su dueño y ella debía hacer todo lo que él quisiera. Sintiéndose totalmente tonto llegó a una conclusión, le pediría disculpas e intentaría enmendar la situación, estaba dispuesto a hacerlo por ella, solo por ella.
Entró a la mansión respirando profundamente para infundirse un valor que sabía que no tenía, pero quería esforzarse por ella, ella lo merecía. Al pasar cerca del despacho de su padre éste lo llamó, Draco entró en la habitación sintiéndose extraño; su padre no solía llamarlo así, casi siempre lo ignoraba y lo dejaba hacer lo que él quisiera.
—Draco, pronto te casarás —comenzó Lucius cuando Draco se sentó frente a su escritorio—, y creo que ya es hora que comiences a involucrarte en los negocios de la familia.
—Si, padre —respondió Draco mecánicamente, él fue criado para aceptar órdenes y no pensar en nada más.
—Muy bien, hay un nuevo negocio en el que estoy entrando y necesito alguien de confianza para que lo maneje, y ese seras tú —explicó rápidamente Lucius—. Yo te enseñaré y te explicaré lo que debes hacer sobre la marcha. Comercializaremos con opio.
—¿Opio? —inquirió Draco frunciendo el ceño, estaba seguro que no lo había comprendido bien—, pero padre, recientemente se aprobó la ley que hace al opio una sustancia ilegal*.
—Exactamente —dijo Lucius con una enorme sonrisa casi demente—, al volverse ilegal las personas pagarán más dinero, cuando el opio era totalmente legal era un negocio rentable, pero ahora es un negocio que nos hará ganar mucho dinero. Nadie puede comercializar con él por lo que tendremos miles de clientes a los que vendérselos a un precio mucho más elevado que antes.
—Pero, ¿Y si nos atrapan? —Draco comenzaba a sentirse nervioso, no eran esos precisamente los negocios que pensó heredar de su padre.
—No lo harán, tengo los contactos necesarios, además con todo el lío que están montando las mujeres con sus tonterías nadie estará al pendiente de lo que hacemos —replicó Lucius moviendo su mano para restarle importancia a las preocupaciones de Draco—, llevarás a cabo éstos negocios, Draco. Es una órden.
—Si, padre —fue la única respuesta que Draco pudo darle sintiéndose como un auténtico robot. Y olvidando por completo sus planes para lograr que Astoria lo perdonara.
...
Estaba perdido, totalmente perdido... El bosque era demasiado denso y ahora que lo pensaba no debió haberse adentrado en él solo sin tener idea del camino. Su alegría por ver a Lavender lo volvió un insensato, pero el haber encontrado la dirección de la chica en tan corto tiempo lo hizo tan feliz que olvidó el sentido común, solo sabía que cruzando el bosque llegaría a su casa. Compró flores y chocolates en la ciudad y partió rumbo a casa de la mujer que lo estaba volviendo loco. Pero ahora estaba en mitad del bosque sin saber en qué dirección ir, al menos había ido temprano y no anochecería tan pronto.
Seamus se sentó en la raíz de un árbol pensando en lo que debía hacer a continuación, esa visita se estaba convirtiendo en un total fiasco, no solo no había podido ver a su hermosa castaña, sino que ahora estaba totalmente perdido. La proximidad de una sombra llamó su atención, subió la mirada para encontrarse con su diosa personal, se levantó rápidamente totalmente emocionado por su buena suerte. La chica lo observó fruncido el ceño confundida, seguramente intentando recordarlo, ¿Era en serio? Lo entendió la primera vez, con todo lo que sucedió en la boda. Pero apenas dos días atrás él la había ayudado a ir al correo a enviar una carta, ¡Debía recordarlo, por dios santo!
—¿Te conozco? —se atrevió a preguntarle confirmandole lo que estaba pensando.
—Seamus Finnegan —respondió con voz ahogada por la tristeza—, te ayudé a ir al correo hace dos días.
—¡Es cierto! —exclamó ella con una sonrisa deslumbrante—. Lo siento, soy mala recordando rostros, pero no creo que vuelva a olvidar el tuyo. ¿Qué haces por aquí? Si no conoces este bosque es muy peligroso entrar en él.
—¿Tú lo conoces? —replicó el hombre relajándose ante la explicación de la hermosa mujer.
—Claro, vivo cerca desde hace años y siempre debo atravesarlo por una u otra razón —Lavender se encogió de hombros mientras Seamus la recorría con la mirada, el largo de su falda era un poco más corto de lo que estaba acostumbrado pero nada demasiado escandaloso, lo que más llamó su atención fue ver sus pies descalzos, sus pies eran sumamente hermoso y delicados a pesar de estar desprotegidos, realmente eran una de las cosas más hermosas que había visto.
—La verdad es que venía a verte —dijo Seamus después de un rato de haberla observado atentamente.
—¿A mí? —inquirió Lavender confundida a lo que Seamus asintió—, ¿Para qué?
—Vine a darte estás flores —respondió Seamus tendiéndole el ramo de flores mientras sonreía con galantería.
—¿Para qué? —insistió Lavender sin entender lo que el hombre hacía—. Aquí en el bosque hay muchas rosas y flores de miles de colores sumamente hermosas, además esas que traes tú son solo cadáveres que pronto se marchitarán, mientras las que hay aquí tienen mucha más vida por delante.
Seamus se quedó pasmado ante tal explicación, había dado por supuesto que a todas las mujeres le gustaban los ramos de flores, y ella le gustó más por el hecho de que no le gustaban—También traje chocolates...
—Bueno, eso sí es un buen regalo —replicó ella sonriendo mientras aceptaba el chocolate—, aún así debo insistir, ¿Para qué?
—Me gustas —se atrevió a decir Seamus, ella era una mujer que no entendía las sutilezas, si no se le decían las cosas de frente jamás las entendería—, quiero que me dejes cortejarte.
—¡Ah! —fue todo lo que pudo responder Lavender sintiéndose incómoda—. Lo siento, señor Finnegan. Pero no estoy interesada.
—¿Por qué no?
—A mi me gusta otro.
—No importa —dijo Seamus tomando una decisión—, haré que cambies de opinión y me prefieras a mí.
Lavender lo observó entre divertida y compasivamente, era duro querer a alguien que no te queria, ella lo sabía muy bien, era exactamente lo que le sucedía a ella. Ella amaba a un hombre que nunca había sentido nada por ella, y aunque nadie lo entendiera, eso dolía mucho. No quería que alguien sufriera de esa manera por su causa.
—No quiero que se haga ilusiones conmigo, señor —dijo Lavender sintiendo pena por él—.Es mejor que me olvide... Venga, le enseñaré el camino para que salga del bosque.
...
El silencio envolvía el auto de Harry, era un silencio muy cómodo que ni Ginny ni Harry querían romper, escuchar la respiración del otro era para ellos el sonido más interesante del mundo. Ginny observaba el cielo por la ventana sin percatarse de las miradas que Harry le dirigía de vez en cuando. Esa última semana había sido muy especial para Harry, Ginny siempre lo llevaba a un lugar diferente para que él hiciera algo nuevo. Habían ido por un helado, al cine, al museo y de nuevo al cine, cada día junto a Ginny había sido especial y Harry se encontró varias veces a sí mismo soñando despierto recordando los momentos que había pasado con Ginny, o observando el reloj para así contar los minutos que faltaban para salir con ella.
Harry había encontrado en Ginny una mujer totalmente maravillosa, divertida, graciosa, hermosa y que extrañamente lo hacía sentir libre. Libre de responsabilidades, libre para ser solo Harry, sin tener sobre sus hombros el destino de miles de trabajadores a su cargo. Cuando Ginny sonreía el mundo se iluminaba, cuando Ginny estaba a su lado Harry olvidaba todo, pero sabía que no podía estar con ella y ese conocimiento lo desesperaba. No podía hacerle eso a alguien tan maravilloso como Ginny.
Llegaron a la madriguera donde inmediatamente la señora Weasley se abalanzó sobre Harry para desearle un feliz cumpleaños, Harry aunque incómodo le correspondió el abrazo tan maternal de la mujer, hacía mucho tiempo que no sentía el amor de una madre hacia él. Hermione lo abrazó con dulzura deseándole lo mejor, cuando Ron lo felicitó pudo ver que estaba muy furioso, solo se pudo preguntar si eso sería por culpa de Hermione.
El almuerzo estuvo totalmente delicioso, la señora Weasley era una cocinera increíble y ninguno podía esperar por el pastel de cumpleaños de Harry, sin embargo Ron aún estaba insoportable, resoplaba cada cinco segundos y no había dejado de fruncir el ceño en todo el almuerzo. Todos se estaban hartando de él así que Harry se lo llevó aparte para hablar con él e intentar calmarlo.
—¿Hermione te hizo algo? —dijo cuando llegaron a la cerca que en realidad no demarcaba nada.
—¿Hermione? —repitió Ron confundido—, ¿Por qué ella me haría algo?
—Bueno estas de muy mal humor y ella no es nada fácil de sobrellevar —respondió Harry rápidamente, él más que nadie sabía como era Hermione.
—Bueno, no... No es nada fácil la verdad.
—Era igual en el orfanato... —dijo Harry con nostalgia—, era la niña más mandona del lugar, la más inteligente y astuta...
—Parece que se quieren mucho —replicó Ron comenzando a molestarse nuevamente, esta vez por una razón totalmente diferente. Si Harry y Hermione se querían ¿Por qué no estaban juntos, por qué lo ponían a él en medio de toda esa porquería?
—Ella es mi familia, Ron —dijo Harry con sinceridad—. Cuando llegué al orfanato ella ya llevaba alrededor de un año allí, yo tenía mucho miedo, era un pequeño niño de once años en un lugar extraño con personas extrañas, pero ella me defendió y me cuidó siempre. Como si fuera mi hermana mayor, mi vida pasaba por un tiempo horrible y ella fue lo único bueno en mi vida, nos hicimos hermanos.
—¿Por qué llegaste ahí? —Ron poco a poco se iba olvidando de su rabia contra los gemelos y los celos contra Harry.
—Mis padres murieron en un accidente, mi custodia se la dieron a la hermana de mi madre, pero ni ella ni su esposo me querían, así que me llevaron al orfanato. Quizá fue lo mejor, no lo sé... ¿Cómo hubiera sido mi vida rodeado de gente que no me quería?
—Supongo que mucho peor que ahora —Harry y Ron rieron con trsiteza—, al menos aquí he tenido el amor de mi familia... Haría lo que fuera por ellos.
—No tienes que decirlo —replicó Harry—, mucha gente pensaría mal de ti por casarte como lo hiciste, pero sé que fue por algo bueno.
—Si... y cómo me pagan... —El mal humor volvía a invadirlo, sentía que podía confiar en Harry, que era una buena persona que lo entendería—, los gemelos siempre me molestan con sus tonterías, ¿Sabes que por su culpa no soporto las arañas?
—¿Las arañas?
—Si, cuando tenía cuatro años le rompí un juguete a Fred, ni siquiera recuerdo qué juguete fue... Pero entonces Fred no se le ocurrió otra manera de venganza que rellenar mi osito de peluche con un montón de arañas asquerosas, me traumaticé tanto que ahora les tengo pánico... Y eso es solo una de las pocas cosas que me han hecho, incluso la deuda con el banco fue una de sus bromas, ¡Me arruinan la vida una y otra vez y actúan como si nada sucediera!
—Eso suena bastante malo, ¿No has pensado en ser un poco más egoista, como ellos?
—Si, pero no puedo hacerlo... Siempre que lo pienso recuerdo a mi madre y simplemente no puedo hacer nada que le cause tristeza —Ron suspiró y miró al infinito, le gustó hablar con Harry, sentía que él lo comprendía de alguna forma—, creo que mejor vamos por el pastel.
El pastel de chocolate estuvo delicioso igual que todo lo que preparaba la señora Weasley, Harry se sentía muy bien, los Weasley eran una maravillosa familia y Hermione era muy afortunada de pertenecer a ellos. Harry se encontró a sí mismo deseando formar parte de tan maravillosa familia, no solo como el hermano de Hermione sino de una manera mucho más cercana, la imagen de Ginny vestida de blanco y él esperándola en el altar invadió su mente, todo su cuerpo se relajó ante la maravillosa visión y deseó poder hacerla realidad, aunque sabía que era imposible.
Ginny le hizo una seña para que la siguiera y casi de manera automática la siguió sin decir nada, ella se adentró un poco en el bosque y a Harry le sorprendió que a nadie le pareciera extraño esa manera de actuar, los Weasley parecían ser una familia muy liberal en ciertos aspectos, o quizá todos confiaban en que Harry era un buen chico y nunca dañaría a la pequeña Ginny.
—No te compré ningún obsequio —comenzó Ginny mirando al suelo.
—No tenías que comprarme nada —replicó Harry muy serio, no entendía a dónde quería llegar Ginny.
—La verdad es que no sabía que era tu cumpleaños —continuó ella ignorando sus palabras por completo.
—Es normal que no supieras eso —dijo Harry tratando de mantener una conversación que estaba claro que la chica no seguiría.
—Sin embargo hay algo que quisiera regalarte, pero no sé cómo lo tomarías.
—Lo que quieras regalarme lo aceptaré con mucho cariño, Ginny.
Ginny subió su mirada hacia su rostro y lo miró por unos segundos bastante más seria de lo normal, seguramente sopesando lo que haría a continuación, caminó la corta distancia que los separaban y acercó sus labios a los de Harry, fue un beso lento y torturante, Harry no estaba seguro de lo que debía hacer, pero cuando Ginny entre abrió los labios perdió la cabeza. Permitió que su lengua explorara el pequeño espacio que Ginny le dió sin importarle nada más, ¿Qué importaba si pronto moriría? ¿Qué importaba que su corazón podría detenerse en cualquier segundo? Su enfermedad no importaba en lo más mínimo, lo único importante en el mundo era el calor que emanaba del cuerpo Ginny, era el sabor labios, era la suavidad de su pelo entre sus dedos. Y cuando un pequeño gemido escapó de los labios de la pelirroja Harry estuvo seguro que no abandonaría el mundo mientras Ginny estuviera allí.
—¿Harry? —dijo Hermione al ver a Harry y Ginny besarse, ella no quería interrumpirlos, pero sabía que Ron la había seguido y era mejor prevenir que lamentar.
—Feliz cumpleaños, Harry —dijo Ginny sonrojada volviendo a casa a toda velocidad.
—Ya sé lo que me dirás —dijo Harry sin voltear a verla, se sentía extraño, feliz y a la vez sumamente triste—, sé que debo alejarme de ella para que sea feliz porque mi maldito corazón no sirve para nada...
—Harry, sabes lo que dijo Dean —dijo Hermione acercándose lentamente a Harry—, no hay cura para un infarto al miocardio... He sufrido mucho desde que me enteré, temiendo que en cualquier segundo tu corazón colapse... —los ojos de Hermione comenzaron a inundarse, aunque quería ser fuerte para Harry no podía— no deseo que Ginny pase por ésto... ¿Tú si?
Harry se dejó invadir por la impotencia y lloró, si no tuviera esa sentencia de muerte sobre él podría cortejar a Ginny como haría cualquier otro y hasta quizá podrían casarse y ser felices. Y así los encontró Ron, ambos llorando a cierta distancia el uno del otro. ¿Qué sentían ellos el uno por el otro? ¿Cómo encajaba Ron ahí?
...
*Antes de 1908 el opio era totalmente legal, pero hubieron ciertos problemas con china, lo que ocasionó varias guerras entre china, Inglaterra y estados unidos, para 1908 se prohibieron las drogas y los primeros narcotráficos comenzaron, traficaban sobre todo opio, heroina y morfina, dije que el fic iba a ser lo más realista posible y he investigado mucho!
Fin del capítulo! Espero les haya gustado! el próximo será mucho más intenso, y espero develar lo que le sucedió a Luna! Dígame qué pareja les gusta más!
