Holas a todos, pido perdón por la espera, pero hacía rato que no tenía tiempo para escribir, aún así no se preocupen que aunque tarde un poco voy a terminar. Este capítulo es bastante dramático y me animé a ponerles unas escenitas hots más explícitas para los que se quejaron por que la vez pasada me quedé corta. Ya me dirán ustedes si todavía le falta o está bien así.

Ahora si, muchisimas gracias a: blankpotter, Ranmalutik, Pola20, tatan-kun, Lin, Cath, cumple, Silene-luna, slamina, scooky, kathyagatito, lucy, Iris, Itnuzi Desli y clea everlasting; por dejar sus comentarios. Paso a contestar ahora los anónimos que hicieron algun tipo de pregunta.

Cumple, yo o yoactualizarapido: supongo que eres la misma así que te agrupo aquí. Me gustaría que para la próxima pusieras tu nombre o nick, asì al menos, se a quien dirigirme. A veces podré cumplir con lo que pides y otras no, ya lo verás cuando leas este capítulo. No tendría gracia una novela donde pudieras predecir como se va a desarrollar todo. A diferencia de mi otro fic largo RyoxSaku está vez, y lo vuelvo a decir, no prometo final feliz (tendrán que esperar para saber XD).

Slamina: doble disculpa por la demora, pero solo me puedo dedicar a esto en mis ratos de ocio y no son muchos. Te di el gusto en este capi con el asunto del lemmon espero que te guste.

Iris: creo que ya te dije que adoro tus reviews largos pero te lo vuelvo a repetir, por las dudas, XD. Coincido con vos sobre lo que decís de Ryoma que puede ser tan apasionado en el amor como lo es en el tennis. Te voy a dar el gusto de actualizar pronto, tengo listo casi listo el 11, mañana o pasado actualizo.

Saludos, NtR.

Capítulo 10: Ryoma

Como le sucedía siempre que estaba con ella, dificilmente podía hacer otra cosa que observarla con paciente perseverancia. Paciencia, paciencia hasta que ella se dignase a poner los ojos en él. Todo lo había puesto a su disposición, tenía una copia de la llave de su apartemento e iba y venía por el como le daba la gana. No importaba, eso y mucho, mucho más, era capaz de soportarlo por merecerla. Los examenes se desarrollaron conforme pasó esa semana y los arreglos para la fiesta de cumpleaños de Sumire sensei iban viento en popa, finalmente ese Miércoles podría tenerla para él solo sin tener que compartirla con nada. Tal era la violencia de los sentimientos que ella le inspiraba, que ha menudo se preguntaba que si podía odiar tanto como había llegado amar, aquel veneno sería suficiente para acabar con todos los instantes de felicidad que tendría en su vida, juntando pasado y futuro. Pero en ese momento estaba menos predispuesto a la reflexión que a la acción directa.

Sakuno se paseaba por su cocina picando vegetales allí, mezclando ingredientes en un bol más allá, mientras ojeaba una receta con la seriedad más encantadora que hubiese visto. Para completar la escena que lo inclinaría a la lujuria más absoluta, llevaba puesto un precioso delantal rosa con voladitos sobre el uniforme de su escuela. Respiró hondo para tratar de comportarse con la galantería que se requería para alcanzar las lascivas metas que se proponía.

- Lindo delantal - observó mientras se inclinaba despreocupadamente sobre la mesa, con la mano izquierda bajo la barbilla y los ojos entornados sobre el libro de recetas culinarias. La muchacha le sonrió brevemente y volvió a concentrarse en sus actividades. Ryoma hizo un esfuerzo por lograr que se fijara en el, se paseó cerca de la ventana, hizo jugar a Karupín con el cordón de una campera colgada en una silla, pero aunque el animal hizo algunas de las más fantasticas cabriolas, nada apartó a Sakuno de la cocina. Por último se dedicó a hacer movimientos con su raqueta de tennis, pero viendo que esto surtía aún menos efecto, se dejó caer abatido sobre una silla y murmuró malhumorado.

- Pensé que habías dicho que cuando los examenes acabaran te ocuparías todo el tiempo de mí...

Sakuno levantó lentamente los ojos del libro de cocina y los clavó en los de color ambar que la devoraban.

- Dije que te preparía una comida decente - repuso la joven sin poder evitar sonreirse - Vaya que tienes una forma extraña de torcer mis palabras.

Ryoma se puso de pie como si le hubiesen acertado con un dardo en pleno corazón y se alejó de allí envuelto en el aire más lleno de dignidad que pudo considerando sus indignos pensamientos. No notó que Sakuno había interrumpido su labor para seguirlo. Solo cuando abruptamente decidió girarse para replicar tropezó con ella, que risueña cayó en sus brazos. Inmediatamente le cubrió la cara de besos.

- ¿Ya no quieres que cocine?

- Podemos pedir comida...

Sakuno se puso hacer pucheritos como una niña pequeña y Ryoma que se deshacía de remordimientos, solo pudo balbucear atropelladamente.

- Lo siento. Puedes cocinar si quieres prometo que no te molestaré más...

Pero en lugar de lo que esperaba, Sakuno comenzó a reir hasta que se le saltaron las lágrimas. Se lanzó sobre él, juntos cayeron sobre el sillón blanco de la sala de estar.

- Eres tan tierno - le dijo mientras acariciaba una de sus mejillas con el dorso de la mano. Ryoma se estremeció ante aquel simple contacto, sus ojos se entornaron al mismo tiempo que sus labios se entreabrían. La deseaba tanto como la primera vez, como si esa semana no hubiese transcurrido, siempre le ocurría lo mismo ¿Qué sería de él entonces, si finalmente ella no se hubiera convencido de que lo amaba?

flashback

- ¿Que es esto?

Sakuno se limitó a cruzar los brazos sobre el pecho con impaciencia y continuó paseando por el living del apartamento, sin cuidarse de que el otro pensara que había perdido la razón. Ryoma examinó con detenimiento la gorra blanca entre sus manos, se sorprendió al descubrir la roja "R" bordada en ella. La joven interrumpió sus rodeos y fue a sentarse junto a él, Ryoma no apartaba la mirada de aquella prenda tratando de descifrar su secreto significado.

- ¿La recuerdas? - el se giró lentamente hacia ella y la observó atentamente, Sakuno continuó - la dejaste... Ese día, en mi casa... No pude devolvertela.

- ¿Porqué dices que no pudiste devolvermela?

Sakuno ardió en deseos de que la telepatía existiese para no tener que admitir, después de las estupideces que le había dicho ayer, lo que realmente sentía. En un ardid desesperado desvió la conversación.

- ¿Porqué no me la pediste?

- Quería que la tuvieras... - respondió Ryoma fijándose de nuevo en la gorra.

Para la joven ya no suponía una revelación el amor que él sentía por ella, esa era una respuesta razonable, no como sus incoherentes rodeos, no intentó seguir dando más vueltas al asunto.

- Nunca pude deshacerme de ella, como tampoco pude librarme de lo que siento por ti... Aún siendo la novia de Seigi... Yo... - un sollozo que no pudo reprimir, ahogó sus palabras. Era tan dificil admitirlo, admitir que era débil, que lo amaba con una locura tal que no le importaba lastimar a Seigi, traicionar sus propias decisiones, hacer a un lado su orgullo, en fin, poner su mundo de cabeza para poder estar con él.

Ryoma apoyó sus largos dedos sobre sus labios temblorosos y mientras los exploraba, habló suavemente tratando de tranquilizarla, en aras de una respuesta que lo tranquilizaría definitivamente a él también.

- ¿Qué sientes por mí?

- Te amo...

Tan simple como eso, amar no es dificil, excepto quizas para él. Tal vez lo pensaba demasiado, no había que pensar, había que sentir. Y amar, amar era la diferencia entre vivir y morir. No quería seguir pensándolo, el se había entregado, se había rendido y caido de rodillas, ante ese amor que parecía llenar todas las cosas por las que valía la pena estar vivo. Y aunque no se lo mereciera fue recompensado. Por eso se había propuesto con creces hacerla feliz...

fin del flashback

El sillón se les presentó un poco incómodo y buscaron su intimidad en la habitación. Ryoma la desvistió en un santiamén, se había convertido en un verdadero prodigio en aquellos menesteres. Quitarle el uniforme a su novia, luego que pasaba a buscarla del colegio, era de hecho una de sus actividades previas preferidas. Le encantaba hacerle el amor como un salvaje, al punto de dejarla casi exahusta para cualquier otra actividad. Adoraba como su cuerpo daba violentas sacudidas cuando se hallaba cerca del extasis, como el rojizo cabello se enredaba en sus dedos o se pegaba a su cuerpo por el sudor, la blancura y estrechez de su espalda, la docilidad con que se le entregaba sin reservarse nada. Esa vez como las otras no fue diferente, sus cuerpos extenuados se buscaban una y otra vez sin sucumbir al natural cansancio que volvía cadenciosos sus movimientos. Ryoma besó los suaves pezones semirosados, sus labios y su lengua se abrieron camino hacia su bajo vientre hasta detenerse entre sus piernas. Ella gimió estremecida, pero él la acalló introduciendo dos dedos en su boca. Su espalda se arqueaba espasmodicamente y él se abrazó a ella tratando de dominarla hasta que la inmovilizó. Entonces comenzó a besar su cuello, rozándolo con su lengua o hundiendo suavemente sus dientes en el, hasta que consiguió hacerla jadear y volverse hacia él, ávida de que finalmente la poseyera. Giró hasta estar sobre ella, entre sus largas piernas y la penetró. El sudor de ambos se mezclaba, sus bocas húmedas buscaban el placer la una en la otra "te amo, te amo...". Ella estaba tan cerca, y era aquello finalmente y no otra cosa lo que lo hacía experimentar el placer supremo, verla estallar entre sus brazos. Su dulce rostro encendido y tenso, los labios entreabiertos, sus ojos castaños buscando los suyos. "Ryoma... Te amo".

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La oyó llamar a su abuela por teléfono y pretextar que pasaría la noche en casa de una amiga. Sumire sensei nada sabía de su relación, que sorpresa se llevaría su vieja entrenadora. Aunque no estaba seguro, por más que ella le apreciase a él y a su padre, de que le agradase del todo como novio para su nieta. Sakuno colgó el teléfono y el abandonó sus meditaciones. Su preciosa novia se acercaba a él, solo llevaba puesta una enorme playera que el le prestó. Ryoma se hizo a un lado en la cama, y Karupín debió correrse otro tanto, para hacer lugar a la recién llegada. Cuando estuvo junto a él, notó que se veía preocupada.

- ¿Ocurre algo?

- No. Es solo que debo ultimar algunos detalles de la fiesta de mi abuela y estaré ocupada mañana - respondió la muchacha, y se apresuró a agregar al ver que Ryoma no ponía buena cara - Podríamos vernos a la noche, pero no se me ocurren que otras excusas inventarle a la abuela. Así que prefiero pasar la noche en casa si no te importa.

- Supongo que tienes razón... - repuso el joven dando un largo suspiro - Es que estaré tan poco tiempo... El Domingo por la noche a más tardar debo regresar...

Sakuno lo observó consternada, no supo que decir y permaneció callada observándolo con fijeza. Ryoma que había predicho aquella reacción, no tardó en agregar mientras la abrazaba haciendo que apoyase la cabeza en su pecho.

- No se estar lejos de ti, mi amor. Regresaré lo más pronto que pueda, será una semana como mucho - le susurró - Encontraré la forma de que podamos estar juntos ¿Confías en mi? - añadió aprisionando su rostro entre sus manos para obligarla a mirarlo a los ojos.

- Sabes que sí...

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- ¿Estás seguro Echizen? - insistió una vez más Momoshiro, el violeta de sus ojos reflejó con fuerza las luz de la espléndida mañana. Quizás había un brillo de desconfianza en su mirada, pero solo era esperanza disfrazada.

- Te he dicho mil veces que sí. No tengo que pensarlo más - respondió su amigo en tono cansino - la empleada me aseguró que lo tendrían listo para mañana. Lo buscaré y se lo pediré.

- Acaso tienes algún romántico discurso preparado? No te reconozco Echizen

- El caso es que yo tampoco. Ella me ha cambiado mucho (y con eso no quiero decir que tengo ningún discurso romántico) - señaló el aludido sonriendo enigmaticamente.

- ¿Has hablado ya con tu representante? No creo que se quede tan tranquilo...

- Le he enviado un telegrama - contestó Ryoma con desinterés - comprometerme es una buena excusa para quedarme en Japón más del tiempo previsto.

- Si, ya lo creo...

- Es lo único que puedo hacer. No podré regresar a menudo, y ya no puedo ni respirar si no estoy con ella. Cuando Sakuno se gradue, nos casaremos y podré llevármela a América - su mirada adquirió un tono soñador, que hizo que su amigo se ruborizace como si fuera testigo de algo vergonzoso.

- Vaya, Echizen! Tengo que decirlo, aunque siempre supe que esto acabaría pasando. No pensé que todo ocurriría tan rápido...

- Para que pensarlo más tiempo! Hace mucho que lo sé (y no me mentiré a mi mismo negándolo por más tiempo). Ella es la mujer de mi vida. Es perfecta para mí, se que no habrá otra ¿Qué clase de estúpido sería si dejara pasar esta oportunidad?

- Bueno, no tengo nada más que objetar. Admiro tus agallas, doy todo por hecho por que se que te dirá que sí...

Echizen se detuvo un momento a observar atentamente a su amigo y luego entornando sus ambarinos ojos murmuró un "gracias" apenas audible. El aeropuerto comenzaba a llenarse de gente cargada de maletas.

- ¿Cual es el vuelo?

- El que dice "demorado" - suspiró Ryoma con pesadez mirando la cartelera - es la última vez que le doy una mano a ese viejo - agregó rascándose la cabeza con una mano, al tiempo que sus pensamientos evocaban la figura de su padre.

- ¿Como te las has ingeniado para quitarte de encima a Sakuno?

- A sido ella quien me ha quitado de encima - observó el joven tenista algo indignado - dijo que necesitaba tiempo para organizar los ultimos detalles de la fiesta de Sumire sensei.

- ¿Cuanto más crees que se retrasará tu prima?

- Tengo cara de trabajar para la aerolinea? - repuso asperamente el otro.

- Es que tengo que juntarme con Ann en mi apartamento dentro de una hora - se excusó Momo mirando su reloj.

- olvídalo. Te necesito para que me ayudes a cargar el equipaje. Tratándose de Nanako y su familia, puede que sea excesivo, y solo estoy con mi chofer - se quejó amargamente Echizen ante la aburrida perspectiva de quedarse esperando solo.

- No fastidies, Echizen. Me quedaré solo una hora más... - replicó Momo comenzando a impacientarse.

Echizen le dirigió otra mirada desdeñosa, y se volvió para clavar la vista en un puesto de revistas que estaba cerca. Se acercó para comprar un ejemplar de cierta revista donde su representante le había señalado un artículo, en que lo habían dejado muy mal parado con respecto a su último partido. Algunos inquietantes párrafos que le habían dedicado le hicieron hevir la sangre y se prometió a si mismo que en cuanto pudiera, haría las llamadas necesarias para que el periodista que firmaba al pie nunca más pudiera dedicarse a su oficio. Con gesto brusco le pasó la revista a Momoshiro que poco entendía de toda aquella escena, mientras este ojeaba velozmente los titulares, Ryoma paseó su iracunda mirada por los alrededores. Una muchacha de cabello castaño rojizo llamó su atención. Estaba parada a unos 30 metros de distancia, cabizbaja, de vez en cuando hacía algún movimiento nervioso hacia adelante, como si temiera continuar avanzando, sus ojos se clavaban en alguien más que se aproximaba hacia ella. Ryoma no se atrevió a acercarse, no cuando distinguió entre el gentío la identidad de la persona que avanzaba hacia Sakuno. "¿Qué hace ella aquí? ¿Porqué está con él?"

Un codazo en las costillas sacó a Momo de su abstracción en la revista. Takeshi malhumorado, iba maldecir a ese consentido Echizen, hasta que notó la palidez en su rostro, y su mirada ardiente. No le costó distinguir a Sakuno que se reunía con un joven rubio, cuyo rostro le era muy familiar. El joven abrazó a la muchacha y besó sus labios apasionadamente. Sakuno se movió contrariada, el beso parecía haberla tomado por sorpresa. El rubio solo sonrió mientras le señalaba la salida y ella lo siguió apresuradamente. Poco faltó para que Ryoma se lanzara tras ellos, podía ver en sus rasgos crispados como batallaba consigo mismo. Momo se sintió obligado a decir algo.

- Estoy seguro de que debe haber una explicación... - objetó hablando pausadamente, como tratara de razonar con un demente.

Echizen volvió hacia él unos ojos enrojecidos y por espacio de un minuto que pareció un siglo se mantuvo en silencio, pálido de ira. El vuelo de su prima acababa de arrivar, hundido en su mutismo se dirigió a recibirla. Su amigo, sudando en frío, le siguió.

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No podía creer que ya fuesen las cuatro de la madrugada. Sakuno no se había dignado a dedicarle una miserable llamada, y el por su parte no estaba dispuesto hacerlo. De ninguna manera cedería después de lo que había visto en el aeropuerto, después de que la había mentido tan descaradamente. Momo debía de tener razón, no quería precipitarse, ella debía tener buenas razones para reunirse con Tsukishima. "Pero... El muy desgraciado la ha besado... y ella no ha hecho nada ¿Que rayos está sucediendo?". Las posibilidades infinitas y deprimentes danzaban en su cabeza, privandolo de la razón y el sueño. Al fin llegó la mañana del Viernes y lo encontró en el mismo estado lamentable en que había pasado toda la noche. Rendido, casi suplicando interiormente que ella aún lo amase tomó su movil y marcó su número. La voz que contestó no era exactamente la que esperaba oir.

- Con que eres tú Echizen ¿Porqué llamas a estas horas? - habló la voz grave de Seigi Tsukishima - Sakuno aún duerme... - agregó en tono indiferente.

- ¿Qué haces tú con su movil? - repuso a su vez Ryoma, tratando de dominarse.

- No es obvio, Echizen? - continuó el otro complacido con la irritación de su interlocutor - ¿Creiste que no estaba enterado de tu pequeño asuntillo con mi novia? Se te acabó el tiempo Echizen. Nos hemos reconciliado. - agregó Seigi dando un tono meloso a la última palabra.

- ¡Déjame hablar con ella! - exclamó Ryoma fuera de sí, diciendo lo primero que se le vino a la cabeza. Una risa sarcástica se oyó al otro lado del auricular.

- Mira, Echizen de buen grado hablaría contigo toda la mañana. Pero creo que ya te he dicho que he pasado toda la noche reconciliandome con Sakuno - replicó malignamente la voz de Tsukishima - Aquí entre nosotros, la culpa la vuelve realmente docil...

Eso último ya no pudo resistirlo aquel orgulloso príncipe y luego de estrellar su movil contra la pared, se lanzó fuera del apartamento sintiendo verdadera necesidad de un chaleco de fuerza.

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Su representante no cabía en sí de alegría cuando Ryoma le manifestó su deseo de regresar a América lo más pronto posible. Un vuelo para el Sábado por la noche estaba ya reservado. Echizen evitó todo el tiempo que pudo el regreso a su solitario apartamento, mas el agotamiento mental que sentía lo trajó de vuelta a las diez y media de la noche. Al salir del ascensor notó de inmediato que había alguien sentada sobre el suelo recostada contra la puerta de su departamento.

- ¿Qué haces aquí? - observó secamente

La muchacha encorvada sobre sus rodillas se puso de pie de un salto y le dedicó una mirada afiebrada. Sus delgadas piernas parecían no querer sostenerla, extendió los brazos hacia él casi instintivamente pero Ryoma retrocedió un paso. Entonces los dejó caer laxos a los costados del cuerpo con amarga resignación.

- No contestas mis llamadas ¿Donde has estado?

Él otro la miró de arriba a abajo con sus ojos de hielo, con un resoplido la eludió y se pegó a la puerta del apartamento para meter la llave en la cerradura. La joven se acercó por detrás, depositó una suave mano blanca sobre su brazo, pero él se giró exasperado y la apartó con violencia. Sakuno parecía debilitada, perdió el equilibrio y cayó al suelo. Echizen permaneció inmovil un momento indeciso entre atravezar el umbral o ayudarla a levantarse. Finalmente no hizo ni uno ni otro, se limitó a hablarle con acritud.

- Es mejor que te vayas. Tengo mucho que hacer. Mi vuelo sale mañana...

- ¿Te irás? - musitó Sakuno que se había incorporado con dificultad. Estaba pálida y casi a punto de desmayarse.

- No te preocupes. No faltaré al cumpleaños de Sumire sensei, pasaré a saludarla antes de ir al aeropuerto - añadió Ryoma como si no hubiera nada más importante de por medio.

- ... Y... Y... ¿Nosotros? - se atrevió a preguntarle la muchacha, aunque casi podía adivinar la respuesta.

- Nunca pensaste en nosotros seriamente ¿o sí? - replicó el altanero joven, reprimiendo la sorda cólera que lo invadía.

- Claro que sí! - respondió Sakuno de inmediato, sus ojos brillaban intensamente como prestando mayor firmeza a sus palabras.

Él otro se limitó a reirse y una vez más puso la mano sobre el picaporte. La joven intentó detenerlo, pero él se volteó esta vez con peor predisposición que antes.

- No me toques. Me dás asco... - le espetó y la joven lo soltó de inmediato.

- Seigi... - trató de explicarse la nieta de Sumire sensei, haciendo caso omiso de sus ofensivas palabras.

- No tengo intenciones de discutir esto, pero ya que te empeñas en ello. No lo hagamos en el pasillo.

Ryoma la observaba como si fuera una parte más del mobiliario. Se había convertido en un extraño, un impenetrable muro de frialdad se había alzado entre ellos. Se limitó a hacer una mueca hosca y la evadió para dirigirse a la puerta. Una vez que la abrió le indicó con la mano que podía pasar. Sakuno tragó saliva con dificultad y obedeció sumisamente, se quedó plantada en medio del apartamento mientras su compañero cerraba la puerta tras ella. A alguna distancia, Karupín dormía sobre una silla, arqueó la espalda desperazándose y les dirigió a ambos una mirada atenta.

La muchacha no pudo evitar notar la habitación más desarreglada que de costumbre y el par de maletas que descansaban sobre la mesa. Entretanto Ryoma se dejó caer pesadamente sobre un sillón y luego se dedicó a contemplarla descaradamente como si pudiera ver a través de ella.

- ¿Cuando regresarás? - habló la joven mordiéndose el labio inferior.

Luego de casi un minuto de hostil silencio, el joven respondió de mala gana.

- Sabías que tenía que irme...

- ¿Cuando regresarás? - lo inquirió ella, la desesperación se reflejaba en sus facciones.

- Eso no te incumbe... Si vuelvo a pisar Japón la última persona que quiesiera ver serías tú - replicó sin titubeos Ryoma. Asestó sus palabras como la venenosa mordida de una serpiente, la misma que se retorcía dentro de su corazón sin darle sosiego.

Sakuno vaciló y las piernas comenzaron a fallarle de nuevo. Sus rodillas temblaron por un momento, pero cuando intentó replicar. El apuesto joven se había deslizado desde el sillón y la había tomado entre sus brazos levantándola del suelo. Sin prisas y sin que su victima pudiese hacer otra cosa que balbucear vagamente que la soltara, la llevó hasta la habitación y dejándola caer sobre la cama cerró con llave la puerta. Aquel extraño comportamiento puso en alerta a Sakuno que se deslizó rapidamente hasta el borde de la cama. Pero el mucho más veloz, la sujetó de las muñecas y la empujó violentamente hacia atras. La muchacha soltó un grito, cuando se abalanzó sobre ella. Pero el le tapó la boca con la mano, mientras sujetaba firmemente sus brazos, sobre su cabeza, con la otra. La inmovilizó completamente, sentía su agitada respiración en su cara, su mirada aterrada.

- Pensaste que no me despediría de tí. Te despediré tal como lo merece una zorra como tú... - le espetó, sin quitar la mano que oprimía sus labios, no se sentía ya dueño de su razón o de sus actos. La agredía inescrupulosamente, la odiaba con cada célula de su cuerpo. No le importaba el espanto pintado en aquel dulce rostro que lo había perdido.

Sus fuerzas eran incomparables. A Sakuno, solo le restaba someterse. Si el quería dañarla. Lo haría. Nada podía hacer para resistirse. Lentamente retiró la mano que cubría sus labios, pero inmediatamente la llevó a los suyos, indicándole que se mantuviera callada. Aún así ella intentó hablar, pero el la besó salvajemente. Y sus palabras se redujeron a gemidos ininteligibles. Mientras la mano libre del descontrolado joven se introducía bajo la falda y tiraba con violencia de sus bragas hacia abajo.

- ¡No, Sueltame Ryoma! ¡No quiero hacerlo! - le gritó ella, cuando él se deslizó hacia su cuello. Sus negros cabellos rozaban sus mejillas y se humedecían con las lágrimas que derramaban aquel hermoso par de ojos castaños - ¡Sueltame, por favor! - rogó por centésima vez.

Pero Ryoma volvió a tirar violentamente de su blusa, algunos botones saltaron, dejando ver su ropa interior, arrancando otro grito de la indefensa muchacha que yacía semidesnuda sobre la cama. Su figura enmarcada por el azul pálido de las sábanas se retorcía valerosamente, pero sin poder liberarse de su opresor, solo podía arrugar la suave tela bajo su cuerpo. Implacable Ryoma era completamente ajeno a cualquier tipo de ruegos. La despojó de la delicada pieza de encaje que cubría sus senos.

- NO! - la voz de Sakuno desgarró el denso aire de la habitación, cuando los frios labios de aquel desconocido se pegaron a sus pezones.

Ryoma la sintió estremecerse bajo su cuerpo cuando sus dedos se deslizaron entre sus piernas.

- Detente. Detente por favor... - jadeaba la muchacha entre sollozos - Detente Ryoma! No me hagas esto!

La joven cesó de resistirse, estaba a punto de perder el conocimiento.

- Yo... Te amo... - musitó antes de desmayarse.

Solo entonces Ryoma consiguió dominarse, apoyó suavemente la cabeza sobre el pecho de su amada donde derramó amargas lágrimas de remordimiento. "Sé que es mentira lo que has dicho, pero como quisiera creerlo..."

La cubrió con una manta y abandonó la habitación.

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- Te has pasado, Echizen. Esta vez si la has hecho en grande - exclamó Momoshiro, que aún no acababa de creer lo que su amigo le había contado - Aunque ella haya hecho las cosas que dices...

El joven aplastado sobre la mesa del bar era el exacto retrato de un alma condenada.

- Prefiero que me odie, que me desprecie. A que me haga simplemente a un lado y no le inspire otra cosa que lástima.

Continuará...

Notas de la autora: He tomado finalmente el giro siniestro que esta historia tenía si o si que hacer. De todos modos no saquen conclusiones apresuradas sobre nadie, El próximo capítulo se va a llamar "curiosamente": Sakuno, y vamos a ver que ella ve todos estos eventos de un modo bastante diferente. Actualizo en dos días como mucho, me encantará leer sus comentarios. Saluditos, NtR