hola a todoooos!
llegó el cap que estaban pidiendo!
lo subo hoy, porque mañana no tengo itempo
espero que lo disfruten! :)
Emociones encontradas
"Respira. Todo irá bien" me dije a mi misma fácil cien veces. Estúpidos nervios. Mi cabeza era una coctelera de ideas y mi estómago estaba totalmente anudado. Intenté mantener el rostro tranquilo; no quería que Edward notara aún más, mi nerviosismo. El corazón golpeaba fuerte contra las costillas, intentando huir del pecho a gran velocidad. Concentré toda mi atención en el contraste de temperaturas entre mi piel y la suya. Sostenía mi mano con delicadeza mientras me guiaba hacia la puerta blanca de la enorme casa de los Cullen. La fiesta había quedado en el extenso jardín, y hasta ese instante no había reparado en que estaba tan alejado de la casa. El ruido y la música eran prácticamente inaudibles desde donde estábamos.
Me adelanté un poco a sus pasos para entrar y así poder ocupar mi mente en otra cosa, como en no tropezar con los escalones, o en quitarme el vestido con cuidado de no romperlo. Pero antes de que pudiera girar la manija dorada, Edward me tomó de la cintura, deteniéndome. Lo miré confusa mientras trataba de reestablecer mi pulso. Estaba como loco y aún no había sucedido nada.
-ya soy tu esposa, no me voy a escapar.
-increíble- murmuró para si mismo haciendo más profunda su sonrisa inmaculada. Desvié la vista de sus ojos dorados que desbordaban de ansiedad y alegría. No iba a ponerme en evidencia. Bueno, al menos iba a intentarlo.
-¿qué cosa? ¿Que sea tu esposa o que no me escape?
-Ambas- su risa y su aliento me provocaron escalofríos múltiples. De repente, con su rapidez habitual, colocó un brazo sobre mi espalda desnuda y otro detrás de mis rodillas, levantándome en el aire. Aprovechando la distracción, acercó su rostro al mío y por milésima vez en la noche me besó. Mis hormonas ya estaban enloquecidas, eso no era necesario. Pero no me iba a negar a mi dosis diaria.
-¿Por qué es esto?-pregunté intentado no perder el hilo de mis pensamientos.
-tonta Bella…-
-te fascina esa frase, ¿Verdad?- le dije sarcástica poniendo los ojos en blanco.
-Se supone que el novio debe entrar a la novia en brazos a la casa como símbolo de buena fortuna.
Volvió a besarme, y noté que estaba sonriendo. Separé mi boca de la suya en busca de oxígeno. Miré por encima de su hombro a la puerta que habíamos dejado atrás. No había caído en la cuenta de que ya habíamos subido las escaleras y que estábamos en la puerta de la habitación de Edward. Tragué con dificultad. Me colocó con delicadeza en el suelo, y abriendo la puerta, se hizo a un lado para dejarme pasar primera.
Tuve que taparme la boca con ambas manos. Mis ojos debían estar abiertos como platos. La habitación estaba únicamente iluminada por pequeñas velas, que creaban una atmósfera relajada. La cama de dos plazas que ya conocía estaba en medio de la habitación, enfrentada al estante gigante que tenía más CD's que cualquier disquería. Las cortinas largas y pesadas estaban cerradas, tapando cualquier tipo de claridad que se atreviera a entrar al cuarto. Parecía que todavía era de noche. Aunque no estaba segura de si ya había o no amanecido en realidad. Una música suave proveniente del reproductor flotaba en el ambiente.
-di algo, Bella- susurró con su voz aterciopelada en mi oído. Estaba de espaldas a él pero podría jurar que estaba sonriendo- ¿no te gusta?
-es…perfecto- logré articular. No podía leerme la mente, pero sin embargo, sabía lo que prefería de forma certera.
A penas recobré la compostura, me di cuenta que Edward estaba cubriendo mi hombro desnudo con besos cortos, deslizándose cuidadoso por mi cuello. Mi pulso se aceleró un poco más.
-espera…-dije con un hilo de voz. Se detuvo, alerta, pero sin soltar mi cintura de entre sus brazos.
-¿qué sucede?
Me odié a mi misma por detenerlo, pero tenía que ir a ponerme el regalo de Alice. No quería decepcionarla, a demás para eso me lo había regalado, ¿no?
-tengo que ir al baño…-vacilé mientras la sangre se acumulaba en mis mejillas. Su risa melodiosa me hizo estremecer.
-de acuerdo- fue hacia la cama y se sentó en el borde.
-no te muevas…-dije nerviosa.
"Estúpida".
-aquí estaré, amor.
Fui al baño con el recuerdo de su sonrisa torcida grabado a fuego. Las mariposas parecían a gusto aleteando frenéticas en mi estómago, al igual que los nudos. Coloqué una mano sobre mi corazón. Sentí como golpeaba la palma de mi mano con violencia, mientras los latidos hacían eco en mis oídos. Mojé mi cuello y la cara con agua fría de la canilla. Suspiré. ¿Por qué ahora estaba tan nerviosa? Había intentado acostarme con Edward varias veces, todas sin éxito, pero aún así la perspectiva de que intentáramos de verdad, sin oposiciones, disparaba mis hormonas al cielo.
Mi aspecto ya no era tan inmaculado como antes, aunque el maquillaje permanecía en mi rostro casi intacto y el peinado estaba bastante desarmado. La bolsa de la que me había hablado Alice, estaba esperándome cerca del espejo del baño. Se me contrajo, un poco más, el estómago al verla. Me quité los zapatos de taco alto y el vestido con sumo cuidado. Tomé el conjunto de lencería y me lo puse con rapidez para contemplar mi aspecto final. Antes de enfrentarme al reflejo, mordí mi labio inferior, nerviosa. ¿Y si no me quedaba tan bien como Alice esperaba? ¿Y si no le gustaba?¿ y si..? Me obligué a detenerme. Levante la vista y me vi. La parte superior del conjunto pronunciaba mi busto enmarcando el escote con encajes delicados, y la parte inferior acentuaba la curva de mi cintura. Mi pelo, algo revuelto, daba un aspecto más descuidado que contrastaba perfectamente con lo delicado del conjunto. Alice sabía elegir ropa. El color azul me sentaba muy bien y tenia que admitir que el modelo también. Estaba…sexy. Me ruboricé más al pensar la palabra en mi cabeza.
La ansiedad me daba ganas de gritar. Respiré hondo varias veces y me enfrenté a la puerta que comunicaba el baño con la habitación. No me animaba a salir así, sin ninguna otra prenda encima. "Tonta. ¿Pretendes tener relaciones con la ropa puesta?" dijo una voz en mi cabeza, que decidí ignorar. Revolví en la bolsa que Alice había preparado y me puse la camisa limpia que estaba allí. Me sentía un poco más "decente" y menos avergonzada. La abotoné hasta arriba, y abrí la puerta.
Edward estaba en la misma posición en la que lo había dejado. La única diferencia, era que no tenía saco y estaba descalzo. No lo miré directo a los ojos por miedo a ver rechazo en ellos. No lo soportaría otra vez. Mientras mantenía la vista fija en la alfombra del cuarto me acerqué a la cama despacio, deteniéndome a unos centímetros de él. El silencio me estaba carcomiendo por dentro. Sus pies descalzos se acercaban hacia mí, estancándose enfrente de mi cuerpo.
-¿no vas a mirarme?-preguntó con voz ronca, mientras su aliento helado golpeaba mis mejillas. Mi pulso volvió a acelerarse ante la cercanía. No podía evitarlo por más tiempo. Tenía que animarme. Esperando lo peor, levanté la mirada. Sus ojos se estaban tornando de un color más oscuro, parecido al del caramelo pero más concentrado. Reflejaban ansiedad, nervios y deseo. Sonreí completamente enrojecida. Ambos nos miramos por unos segundos sin hablar. Intenté memorizar su rostro perfecto, sabiendo que él estaba haciendo lo mismo con el mío. Amaba la forma en que su pelo castaño enmarcaba su mandíbula; su nariz perfectamente tallada, sus labios delgados que ahora estaban encorvados en una sonrisa, y sus ojos almendrados, melancólicos y vivaces a la vez. Amaba cada milímetro de Edward.
Estiré el cuello y deposité un beso cálido en su mejilla fría como la piedra. Su mano acariciaba mi pelo con ternura. En cuanto volví a mirarlo, Edward rozó sus labios con los míos. Fue suave y despacio. Coloqué mis brazos alrededor de su cuello y presioné un poco su cabeza para acercarla aún más a mí. Mi lengua se introdujo en su boca con precaución, y me alegré al sentir como la suya, se entrelazaba con la mía, congelándola un poco. Su boca empezaba a jugar de una forma más insistente y violenta, pero no menos dulce. Mis dedos se entrelazaban en su pelo de ángel, al igual que los suyos en el mío. Podría haber estado besándolo así por horas, días quizás, pero tenía que respirar. Me separé de él lo mínimo que requería para tomar aire, manteniendo mi frente apoyada en la suya. No me sorprendió descubrirme agitada y con la respiración algo entrecortada. Ahogué mi mirada en sus ojos, que estaban de un color tan negro como el ébano a causa de la sed. Pero no sentí miedo. Ni un poco.
-¿estás bien?
-si-respondió algo agitado Edward, sin pestañear. A pesar de que me otorgó una sonrisa deslumbrante, podía ver la lucha interna que mantenía en ese momento con su instinto más primario-¿tú estás bien, Bella?
-mejor que nunca- dije mientras lo besaba con fuerza. Recorrí su boca, disfrutando su sabor. Era completamente exquisito. Empecé a sentir que cada célula de mi cuerpo estaba electrificada. Mi corazón se aceleraba cada vez más, al punto que hasta yo misma creía poder escucharlo latir. La boca de Edward buscaba la mía con urgencia permanente cada vez que tenía que detenerme para respirar. Mientras nuestras lenguas luchaban con insistencia deliciosa y su aliento colmaba mi cerebro, mis manos, que estaban sujetas fuertemente alrededor de su cuello, empezaron a recorrer curiosas sus hombros. Eran amplios, duros, y musculosos. Al mismo tiempo, sentí como las manos de Edward descendían con suavidad sobre mi camisa, siguiendo el contorno de mi cintura, hasta llegar a la mitad de mi pierna, donde se detuvo, para luego continuar subiendo y bajando a lo largo de mi costado. Su tacto era como la seda. Suave y frío. En cuanto pude, empecé a tocar su pecho cubierto por la ropa, que comenzaba a creer que estaba de más. Profundicé el beso, mientras una sonrisa de placer se transparentaba en su boca. Mis dedos torpes comenzaron a desabotonar su camisa, dejando al descubierto un cuerpo que daría envidia a los mismos dioses griegos. La débil luz de las velas arrancaba destellos frágiles de su piel. Mis hormonas estaban cada vez más enloquecidas, pidiendo a gritos atención. Separé mi rostro del suyo para respirar.
Mientras tomaba grandes bocanadas de oxígeno, Edward depositaba besos húmedos por mi cuello, y sus manos empezaron a desabotonar mi camisa. Mi pecho subía y bajaba frenético. Mis hombros fueron lo primero en quedar desnudos, y Edward no tardó ni un segundo en acariciarlos con su tacto sedoso, mientras besaba el lóbulo de mi oreja y mi cuello con premura deliciosa. Sentí la camisa caer alrededor de mis pies descalzos, y recordé que tenía puesto el conjunto de lencería. Edward se detuvo de repente, y la ínfima parte racional que estaba funcionando en ese instante en mi cabeza, recordó que tal vez esto era demasiado para él.
-¿Edward?- pregunté agitada. Tardó unos segundos en contestar mientras recorría mi cuerpo de pies a cabeza con sus ojos eternos.
- me encanta.-dijo con voz ronca y la respiración casi tan entrecortada como la mía. Una sonrisa torcida había aparecido en su boca, y sus ojos, negros como la noche, derrochaban fuego por doquier.
-¿seguro no necesitas que me aleje?- articulé con dificultad mientras sentía su mirada sobre mí.
-no te atrevas- respondió travieso mientras sujetaba mi cuerpo entre sus brazos, y apoyándolo contra el suyo, volvía a besarme con pasión desmesurada. Ahora sí, mi corazón estaba oficialmente fuera de control. Edward acariciaba la parte desnuda de mi espalda con suavidad y dulzura, mientras mis manos tocaban su torso inmaculado con fuerzas renovadas.
Con el fuego ardiendo en mis venas, apreté mi cuerpo contra el suyo, frío y duro como una estatua, anulando el contacto entre ambos. Edward me hizo girar, recostándome en la cama, sin dejar de jugar con mis labios de una manera que tendría que ser ilegal. Se colocó sobre mí cuidando de no volcar todo su peso en mi cuerpo. Mis manos recorrían su espalda desnuda con velocidad, queriendo abarcarlo todo, mientras mi torso se arqueaba contra el suyo, reclamando atención. No podía sentir a otra cosa que no fuera Edward.
Escuché un gruñido proveniente de lo profundo de su pecho, y no pude evitar sonreír al darme cuenta de todo lo que estaba provocándole. Aprovechando de nuevo la falta de aire de mis pulmones, empezó a besar mi cuerpo con lentitud. Sentía como miles de escalofríos se extendían por mi columna. Su boca de hielo descendió por mi cuello con suavidad y dulzura, tocando mi clavícula, acariciando mi busto. Un gemido de placer salió de mi boca sin que pudiera evitarlo. Los labios de Edward se tensaron en una sonrisa antes de continuar dejando besos húmedos por mi abdomen. Volvió a reclamar mi boca, y no me resistí en lo absoluto. Mi cuerpo estaba cada vez más electrizado, y mi corazón latía desbocado. Mil sensaciones invadían mi cabeza y mi organismo. No podía pensar más. Estaba completa y totalmente entregada al mar de estremecimientos al que Edward me había lanzado. Mientras su aliento se mezclaba con el mío entre jadeos incesantes de ansiedad, deslicé mis manos torpes sobre su pantalón y desabroché el cinturón, quitándole la prenda. La necesidad de tenerlo más cerca aún, se hacía cada instante más fuerte y demandante. Me sentía deseada, plena, feliz, y a la vez algo culpable por obligarlo a forzar sus límites. Pero tenía que admitir que era una culpa deliciosa. El cuerpo de Edward temblaba de autocontrol mientras me besaba y me tocaba. No había dejado de medir su fuerza inhumana ni un segundo para no herirme, lo que me halagaba de sobremanera. Pero las convulsiones que provocaba su autocontrol en su cuerpo, hacían que me diera cuenta de lo difícil que era esto para Edward. En su lugar, yo no sería capaz de resistir la tentación. Su tacto, su boca, su aroma, todo me llamaba, me cantaba para que me entregara a mis emociones y jugara con él. Intenté mantener control sobre mi cuerpo pero me era imposible. Todo mi ser se había rendido a mis instintos más básicos, y no le respondían a la mínima parte racional que estaba a punto de dejar de funcionar. ¿Qué sentido tenía seguir luchando?
Edward mordió con ligereza mi labio inferior, para luego dirigir su boca a mi mandíbula. Un gemido salió disparado de mi boca, fundiéndose con el gruñido gutural que Edward acababa de soltar. Volvió a congelarme con su lengua helada en mi boca, mientras sus manos recorrían mi cintura, mis piernas y mi abdomen con delicadeza reprimida. Colocó un brazo suave detrás de mi espalda, separándola de la cama y obligándome a incorporar mi torso. Mis manos apretaban con fuerza sus su cuello, intentando evitar la separación. Para mi suerte, Edward se separó solo lo suficiente para mirarme a los ojos, mientras me rodeaba con sus brazos musculosos y besaba el hueco de mi clavícula. Me estremecí aún más. Él temblaba de autocontrol y yo de excitación y nervios. Mi respiración entrecortada señalaba que no resistiría mucho tiempo más sin besarle. Me dedicó una sonrisa perfecta y una mirada inquisidora mientras sus manos se detenían justo en el punto donde estaba el broche del corpiño azul marino. Lo besé con seguridad para infundirle confianza.
-¿segura?-susurró en mi oído jadeando. El sonido de su voz me dio escalofríos de placer. Lo vi sonreír dos segundos antes de lanzarme sobre su boca, reclamando sus labios apasionados. ¿Quién podía negarle algo? Como toda respuesta, empecé a jugar con su lengua de hielo, sin oponer resistencia. Sentí como la presión del corpiño sobre mi tórax desaparecía. La textura del encaje fue reemplazada por el tacto sedoso y frío de Edward, que volvía a besarme insistente. Apoyó con sutileza mi espalda desnuda sobre la cama y volvió a acomodarse sobre mi cuerpo sin dejar de mezclar su aliento helado con el mío. El roce de su piel y la mía me estaba enloqueciendo. Y por lo que notaba, a él también.
-Bella…dios mío…Bella-dijo jadeando mientras su boca a duras penas se despegaba de la mía. Cuando sus dedos gélidos tocaron con lentitud mi busto, una nueva ola de electricidad se apoderó de mi cuerpo, causando otro gemido. Edward me observó por unos segundos, deleitándose con la vista. De más esta decir, que yo hice lo mismo, mientras mis dedos recorrían los contornos de su pecho marmóreo. Acercó sus labios a mi oído derecho, mordiendo el lóbulo.
-eres perfecta…nunca lo dudes-dijo ahogándome en su exquisito aliento. No pude responder nada ya que las sensaciones me impedían armar una frase coherente en mi cabeza. Lo único que pude exclamar fue su nombre.
Despacio, bajó sus manos heladas por mi cintura y mis muslos, deteniéndose sobre la tira azul que contrastaba con mi piel. Con suavidad y delicadeza deslizó la prenda por mis piernas, hasta quitarla, dejando mi cuerpo completamente desnudo. Por supuesto que mis mejillas estaban más encendidas que nunca, pero no sentía pudor, más bien nervios y miedo. Miedo a que ahora que habíamos llegado tan lejos, la sed lo trastornara y le impidiera continuar, y nervios de no ser lo que él esperaba. ¿Y si lo defraudaba? Edward notó que mi cuerpo se tensaba levemente.
-¿Qué pasa?-preguntó cauteloso, sin dejar de colmarme de besos y caricias deliciosas.
-tengo miedo de no ser buena-confesé avergonzada y agitada al máximo. Él levantó la mirada, clavando sus ojos oscuros en mí.
- no seas buena, se humana- dijo con ternura antes de besarme de nuevo. Ahora toda duda estaba despejada. Dejé todos mis miedos atrás y me arrojé a mi instinto con una confianza que no creía poseer.
Mis labios se apoderaron de los suyos con violencia y pasión desmedida. Nuestras lenguas se entrelazaban pidiendo fundirse en una sola. Sentía el tacto sedoso de su piel contra la mía por doquier. Sus manos lo contorneaban todo, desde mi clavícula hasta mi cadera. El contraste entre nuestras temperaturas solo aumentaba el placer de ambos. Rodeé su cadera con mis piernas, atrayéndolo hacia mí lo más posible. Sentía sus brazos rodearme con locura, mientras su boca se deslizaba frenética sobre mi cuerpo intentando abarcarlo todo. Edward me miró una vez más, con la pregunta reflejada en sus ojos profundos y negros. Mi sonrisa le fue suficiente para atreverse. Un ligero pinchazo de dolor apareció en mi bajo abdomen, acompañado de un gemido por parte de los dos. Oculté mi cara en el hueco entre su cuello y su hombro. Era un dolor distinto a otros.
-¿te lastimé, amor?- indagó preocupado sin separarse de mi. Sus hombros temblaban violentos a causa del autocontrol que se estaba exigiendo.
-estoy bien- dije mientras lo animaba a continuar. Después de unos minutos, el dolor mutó en placer. Un placer que jamás había imaginado. Inundó cada parte de mi cuerpo, cada célula, sin dejar nada calmo. Las corrientes eléctricas recorrían enloquecidas mi espina dorsal acompañadas de los escalofríos. Clavé mis uñas en su ancha espalda sin poder evitarlo. Un gruñido grave surgió de su pecho, mientras mi respiración se entrecortaba cada vez más. Presioné mi cadera contra la suya mientras sentía como su aliento inundaba mi cabeza. La sensación placentera aumentó gradualmente. Los escalofríos se multiplicaban, haciéndome temblar, y no de frío precisamente. Las descargas eléctricas se repartieron por doquier, llegando incluso a la punta de mis dedos. Mi corazón latía más desbocado que nunca, mientras que mis pulmones parecían no alcanzar nunca el aire requerido. Sin previo aviso, una ola de placer más grande que las anteriores me ahogó de forma maravillosa y fantástica.
Edward cayó a mi lado jadeante, con una sonrisa inmaculada en su rostro de ángel. Su pecho marmóreo subía y bajaba al igual que el mío, a pesar de que no necesitaba respirar. Mi cerebro tardó unos segundos en asimilar la cantidad desmedida de emociones que me estaban atacando. Me sentía aturdida, plena, mareada, completa, feliz. Había sucedido. Lo había logrado. Había podido resistir la sed que lo atormentaba tanto, por mí. Una vez más, Edward había sacrificado algo suyo solo por mí. Sonreí, maravillada por milésima vez de que me hubiera elegido y de que todo esto acababa de suceder. El silencio que nos envolvía era calmo, para nada incómodo. Solo era interrumpido por nuestras respiraciones entrecortadas. Edward deslizó su cabeza sobre mi pecho, hasta el lugar donde estaba mi corazón. Cerró los ojos, concentrándose en el sonido de los latidos. Me sonrojé.
-increíble que aún te sonrojes.-dijo con voz aterciopelada.
-creo que nunca dejaré de hacerlo-admití riendo. Él respondió con su risa armoniosa que tanto amaba. Pasé un brazo sobre su pecho desnudo y él hizo lo mismo con mi cintura. Recosté mi cabeza debajo de su cuello mientras lo abrazaba, aspirando su aroma. Tomó mi mano y la colocó sobre el lugar donde se encontraba su corazón.- ¿sientes mi temperatura? Jamás había estado tan cálido…-su voz profunda, sonaba maravillada, como cuando un niño recibe el regalo esperado en navidad.
-gracias, Bella.
-gracias a ti- dije, depositando un beso corto en su cuello y hundiendo mi cara en su pecho musculoso. Miré el reloj que estaba sobre la mesita de luz. Las ocho de la mañana. La sangre se agolpó en mis mejillas. ¿Habíamos estado más de dos horas haciéndolo? Tapé mi rostro con la sábana mientras sonreía involuntariamente.
-no te escondas de mí, por favor…-suplicó riendo Edward mientras corría la sábana blanca y clavaba sus ojos en mí. Acarició con sus dedos níveos mis mejillas enrojecidas y volvió a reír.
-no es gracioso…
-Bella… ¿después de lo que acaba de pasar, continuas sonrojada?
-no puedo evitarlo…-bajé la mirada pero el levantó mi rostro suavemente, obligándome a mirarlo.
-me encanta que lo hagas-se inclinó y me besó con ternura- Adoro tus reacciones…-Lo abracé con fuerza, aspirando su aroma. Recosté mi cabeza sobre su amplio pecho, desparramando mi pelo. Jamás me acostumbraría a todo lo que me provocaba. Volvimos a quedarnos callados, deleitándonos con la compañía del otro. Mi pulso se había reestablecido, al igual que mi respiración, pero mi cabeza aún seguía enloquecida de la emoción. De repente, la voz musical y ronca de Edward llegó a mis oídos, aunque de no haber estado tan cerca no lo habría escuchado. Hablaba ensimismado, para si mismo más que para mí.
-tuve tanto miedo de herirte…de no poder controlarme…-
-pero lo hiciste, Edward…prueba suficiente de que eres una excelente persona y de que tu alma no merece la condena eterna. ¿No crees?- murmuré mientras lo besaba en los labios con suavidad.
-pero estuve cerca…oh dios mío, no me lo perdonaría nunca si…
-Edward…no sucedió nada malo. Todo funcionó a la perfección. No te tortures...-lo besé, deteniéndome un poco al final-gracias de nuevo.
Una sonrisa de orgullo apareció en su rostro angelical. Me envolvió en un abrazo de hielo, mientras dejaba un beso corto sobre mi pelo. Lo miré. Sus ojos estaban recuperando el color ambarino, pero no cesaban de reflejar amor y ternura al mirarme. Apoyé mis labios sobre los suyos, deleitándome con su sabor otra vez. Era adictivo. Eso era. Edward era una droga completamente adictiva.
-¿recuerdas cuando hablamos de nuestras diez mejores noches?- preguntó relajado con una sonrisa. Asentí.
-esta es definitivamente una de ellas.- volvió a besarme fundiéndose en mi boca.
-no podría estar más de acuerdo- dije mientras no dejaba de reclamar sus besos, más dulces que cualquier otra cosa. Despacio, me recosté a su lado, apoyando mi cabeza sobre su pecho de piedra.
-duerme, amor mío. Lo necesitas desesperadamente...
Era cierto, estaba muy cansada. Pero no podía dormirme. Tenía miedo de que desapareciera como un espejismo cuando despertara. Aún no podía creer que estaba conmigo y que todo lo sucedido no era un sueño.
-¿prometes estar aquí cuando despierte?- pregunté. Me sentía algo tonta, pero no me importó.
-lo prometo. Estaré entre tus brazos todo el tiempo que desees-respondió mientras su voz me envolvía. Los ojos empezaban a pesarme, cerrándose poco a poco.
-para siempre...-murmuré.
-entonces para siempre será.-me cubrió con las sábanas y besó mi frente con dulzura infinita. Empezó a cantar mi nana, obligándome a entregarme a Morfeo. Mientras perdía la conciencia, la imagen de su rostro feliz se mantuvo frente a mis ojos.
"te amo, Bella" fue lo último que oí antes de dormirme con una sonrisa en la cara.
y? los decepcioné? espero que no!
les confieso que este capitulo iba a ser diferente, con otro tipo de final, no tan feliz, pero decidí que Edward podría contenerse gracias a su amor incondicional.
OPINEN :)
digan sus partes favoritas o si no les gusto algo.
gracias como siempre por leer!
hasta el viernes que viene! :)
