Disclaimer: Naruto no me pertenece, es una obra Masashi Kishimoto... Pero la historia es original de mi persona.


Confesión

Trabajar en la tienda de mi familia jamás se sintió tan bien, el estar rodeada por los colores y aromas florales era una sensación casi narcótica para mi persona. Fueron cinco días de paz y quietud, cinco días en los que la pesadez en mis pensamientos se disipó permitiéndome regresar a mi antiguo ser… lo cual termino por ser un gravísimo error.

Aquella tarde, estoy segura de que quien me haya visto caminar de regreso a mi casa me hubiera desconocido. Yo, Ino Yamanaka, caminando por la calle un hermoso ramo de flores en mis manos, compuestos en su mayoría por lilas y caléndulas amarillas... y yo incapaz de mostrar emoción alguna. No había duelo, tampoco jubilo; mis facciones eran neutrales, si acaso y mostraba era confusión. Tanto así, que al arribar a mi casa y ser saludada por mi madre, su voz rápidamente se convirtió en un hilo casi fantasmal, uno que no respondí ni volví a escuchar; y agradecí que fuera así.

Entré a mi cuarto, tome un florero que tenía vacío, lo lavé un poco para luego depositar el ramo de flores dentro de este; lo coloqué en mi peinadora, y yo me senté frente a esta.

Por un buen rato, me quede contemplado las flores que yo misma había elegido… y sí; yo había armado mi propio regalo sin intensión. Cada cuanto, extendía mis dedos alcanzando los pétalos para disfrutar de su sedosa textura; me acercaba para disfrutar del singular perfumen de las flores, las contemplaba desde cada ángulo posible hipnotizada por sus bellos colores. Y con todo y eso, teniendo a mi alcance tan hermoso regalo, cada vez que dirigía mi mirada al espejo seguía encontrando aquella expresión tan vacía y hueca en mi rostro. Mis ojos no transmitían vida alguna.

Lentamente, apoyé mis codos sobre la peinadora, deje que mis manos sujetaran mi pesada frente, siendo ese mi momento de quiebre; en el que algo hizo *click* en mi cerebro, permitiéndome sentir una vez más.

―No puedo ―musité, reteniendo algunas lágrimas traicioneras―, Ya no puedo con esto. Es demasiado. ―me dolía el pecho, mi corazón no se habrá acelerado en ese momento, pero igual pude sentir cada mis latidos martillando contra mis costillas, como si intentasen romperlas para saltar mi pecho.

Levanté mi mirada, encontrando a una persona distinta en mi propio reflejo, alguien, o algo que no me gustaba ver. Fruncí mi ceño enojada ante esa imagen mía, limpie mis lágrimas e inmediatamente me puse de pie ―Tengo…― sacudí mi cabeza, "tengo" no era la palabra, "necesito" "debo" eran más adecuada.

Giré para ver una vez más el florero que reposaba en mi peinadora, junte mis cejas antes de salir por la ventana de mi habitación a buscar a la persona con la que podía hablar de esto.

.

oOoOo

.

Era de noche, pasadas las diez; quizás fui una desconsiderada, pero ella era la única persona con la podía hablar de esta situación en particular. La puerta se abrió, revelándome a una Sakura soñolienta y en pijamas.

―I… ―su expresión cambió tan pronto nuestras miradas se cruzaron.

―Necesito… ―pronunciaba, con mi respiración acelerada cuando Sakura se hizo a un lado.

―Pasa.

―Gracias.

Me senté en el sillón de su sala, pasaron unos minutos antes de que Sakura se apareciera con un par de tazas de té, colocando una frente a mí al tiempo que se sentaba a mi lado. Agradecí el gesto, tomé la taza y la acerque para disfrutar tanto del aroma, como del contenido. Por un momento, ninguna de las dos pronunció palabra alguna, el mutismo se hizo presente y lo único que se escuchaba era el sonido de nosotras disfrutando de nuestro té.

―Ya no puedo más Sakura… ―musité bajando la mirada, fijándola en mi taza.

―¿A qué te refieres Ino? ―guardé un momento de silencio, suspiré profundo para explicarle lo que había sucedido esa tarde.

Al medio día, después que había terminado de almorzar y regresaba a la tienda de mi familia, me topé con Naruto en el camino, se veía pensativo y estaba solo. Sin dudarlo, lo saludé a la distancia y este al verme me devolvió el gesto de una manera un tanto extraña.

―¿A que te refieres con que te saludó de manera extraña? ―me cuestionó Sakura, y no la culpaba, ¡ni siquiera yo sabía a lo que refería con eso! Fue un saludo como cualquier otro, pero no cambiaba el hecho de que lo sentí un poco… extraño.

No tardé en acercarme y preguntarle que hacía por esos lados, a lo cual respondió que estaba buscando unas flores para un regalo. Esta demás decir mi emoción ante esas palabras, y que me ofrecí de golpe ayudarlo a dicha tarea.

―Ino… ―musitó Sakura, quien por lo que veo no tardó en hacer la conexión entre mi situación actual y lo que había sucedido―… no me digas que… ―yo asentí.

―Las flores, fueron para mí… ―respondí apagada, y un momento de silencio se hizo presente, el cual rompí respirando profundamente―. Fue mi culpa, el intentó retirarse pero no lo deje ―y como dejarlo, estábamos hablando de flores para un regalo misterioso, por supuesto que no lo iba a dejar escaparse, ¡No dejaría escapar a ningún de mis amigos sabiendo eso!

Seguía cabizbaja y no podía ver a Sakura, pero podía imaginarme su expresión: una pensativa, analizando la situación y cada una de mis palabras.

―Supongo, que aquí no importa la razón por la cual Naruto te dedicó esas flores, el punto es que te las dio. ¿No es así? ―pronunció Sakura compresiva y más acertada imposible. Yo asentí cabizbaja.

Naruto quería hacerme un regalo a manera de disculpas por las molestias que me causó, según él; su constante insistencia por invitarme algo de comer. No voy a negar que al comienzo si lo fue, pero eso solo duró la primera semana.

La forma en la que empezó a tratarme Naruto cambio de manera muy sutil, seguía notando al Naruto siempre, pero sentía que se frenaba solo un poco cuando hablaba conmigo, no resultaba tan insistente como lo era él la mayor parte del tiempo, todo esto sin dejar de ser Naruto propiamente dicho.

Sé que suena confuso, pero era así. Solo una minúscula parte de su comportamiento se alteró y de repente se sentía como alguien nuevo, una persona distinta… vaya ironía. Yo siendo su médico, y me tomó más de un mes darme cuenta y aceptar ese hecho.

―Me gusta Naruto ―no vi directamente a Sakura, pero casi sentí el escalofrío que debió recorrer su cuerpo ante mis palabras―, me gusta "este" Naruto ―agregué, encarando a mi sorprendida amiga.

Esa era la verdad, me gustaba el Naruto con el que convivíamos actualmente, me gustaba la atención que me entregaba, la sonrisas que me dedicaba, su interés en mi persona, me hacía sentir… querida, segura, cuidada; el solo hecho de tenerlo cerca se sentía bien. Y todo esto era algo que yo había decidió ignorar y reprimir por completo, porque sabía muy bien que Naruto estaba prohibido para mi persona.

Sin embargo cuando vi a Naruto sonreírme tímidamente, cargando ese ramo de flores y extendiéndolo a mí persona… fue cuando mi cabeza se convirtió en un torbellino. Mi cuerpo fue invadido por un sinfín de sensaciones que se mezclaban una y otra vez dejándome totalmente en blanco, nula y sin la capacidad de sentir y asimilar todo por un buen rato, y la razón de esto era que no solo me sentía feliz… me sentí horrible por dentro, me sentía como una traidora.

―Me estoy involucrando demasiado, Sakura ―pronuncie mientras mi voz empezaba a quebrarse― tengo miedo de terminar "matando" a este Naruto, de que si tengo éxito, Naruto como lo conocemos regrese, o que ambos se pierdan para siempre. ¡No sé cuál de las dos me aterra más! ―revente en llanto tapando mi rostro, solo para sentir la mano de Sakura en mi espalda y su pierna junto a la mía.

Si tenía éxito y recuperar las memorias de Naruto, y estas trajeran a Naruto de regreso… quería decir que terminaría por matar al Naruto del cual me había enamorado con mis propias manos. En el caso de que recuperara las memorias y ambos Narutos desaparecieran y naciera otro Naruto… los habría matado ambos. Y ni quería pensar en el escenario de que ambos existieran al mismo tiempo en el mismo cuerpo, la sola idea me daba terror. Y no tenía idea de que pensar del escenario en el que Naruto no regresara y este prevaleciera con las memorias del Naruto original.

―Le dije a Hinata que le devolvería a Naruto ―comenté, destapando mi rostro y encarando a Sakura, cuyos ojos entrecerrados mostraban su entendimiento de mi dilema―, y aquí estoy yo, enamorada del Naruto que nació gracias al que ella perdió. No quiero seguir Sakura, tengo miedo; tengo mucho miedo.

Su mano acarició mi espalda alta, sensación que me ayudó a controlar mi llanto y lágrimas.

―No te culpó por no querer seguir ―pronunció Sakura de manera gentil. Yo suspiré dolida.

―Pero debo… ―respondí resignada.

―Sí, pero no por las razones que estás pensando Ino ―la voz de Sakura sonaba mucho más jovial, lo cual me extrañó, levanté la mirada para en contra una sonrisa gentil y compresiva en sus labios―. Debes estar pensando que debes seguir porque hiciste una promesa a Hinata, o porque Kurama no dejaría a nadie más entrar en la mente de Naruto. Pero no Ino, la razón por la que tienes que seguir, es por ti.

―¿Por mí? ―Sakura asintió.

―Primero que nada, Ino. Quiero que sepas que no voy, ni pienso juzgarte por enamorarte de Naruto. Porque sé muy bien que eso es lo crees en ese cabeza tuya ―no pude evitar apartar mi mirada ante esas palabras, no voy a negar que esperaba que lo hiciera―. Te conozco desde siempre, en aquel tiempo, tu yo decidimos ser rivales, pero eso es algo muy diferente a lo que sucede ahora. Hinata es mi amiga y también la tuya, y sé muy bien cuanto honras tus amistades.

Supongo que ya lo habré dicho estas alturas, pero esas palabras eran muy ciertas. Mi padre me enseñó a valorar y respetar mis lazos con mis amigos y seres queridos. Por eso mismo es que sentí de esa manera en aquel momento.

―Segundo Ino, si te detienes ahora porque amas a este Naruto, estoy segura que será una decisión de la que te arrepentirás toda tu vida, porque la Ino que yo conozco da el todo por el todo sin importar la situación ―entre más escuchaba a Sakura, más se sentía como una repetición de las palabras que yo misma me había dedicado. Sin embargo hay ocasiones donde necesitas que alguien te recuerde de lo que eres capaz, que te haga ver una vez más tus virtudes y talentos para que termines de aceptarlos y darte cuenta de estos. Una suave sonrisa se dibujó en mis labios mientras terminaba de limpiar mi rostro y me enderezaba.

―Y…

―Sakura, no sigas ―la interrumpí, entregándole una sonrisa más aliviada― ya entendí ―suspiré―. Eso no cambia el hecho de que este último tramo vaya a ser menos doloroso.

―No, no… ¡un segundo! ―cuestionó extrañada― ¿A qué te refieres con este último tramo?

―A exactamente eso Sakura, que ya casi no me quedan cartas para jugar ―aclaré―. No estoy siendo derrotista, y como dices, abandonar sería la peor decisión de mi vida. Pero la verdad es que he utilizado un sin número de Jutsus de mi familia para intentar recuperar las memorias de Naruto y ninguno ha dado resultado ―me recosté rascándome la cabeza, suspiré―. Estos últimos días me sirvieron para relajarme y despejar mi mente, pero… siendo realista y tras analizar los jutsus que me quedan, no tengo muchas esperanzas de conseguir algo con ellos.

―Si tú lo dices, te creo ―pronunció Sakura un tanto resignada como fastidiada, la miré para encontrarla haciendo el mismo gestó que yo―. Lo importante Ino, es que es des lo mejor de ti y no te arrepientas en el futuro. Porque como has dicho, y siendo realistas dejando aún lado toda la palabrería… vas a tener un sinfín de problemas si tú y Naruto llegasen a convertirse en pareja. Y lo sabes muy bien.

―Me lo dices tú, quien sigue enamorada y está a la espera de quien fue el hombre más buscado de todo el mundo shinobi… ―respondí con una sonrisa traviesa, a lo que Sakura se limitó a fruncir el ceño molesta. Yo reí divertida ante su expresión, para seguidamente negar con la cabeza―. Tranquila, eso lo sé, lo sé muy bien. Si se llega a dar, voy a tener que moverme con mucho cuidado para terminar "bien parada" al final de todo este embrollo.

―Ni que lo digas… Menudo problema el que tienes aquí, Ino ―replicó fastidiada, recostándose de golpe al espaldar, yo sonríe.

―Hablas como Shikamaru ―le dije divertida y esta no tardó en descartar mi comentario. Yo me reí por un momento, antes de mirarla fijamente y agregar―. Supongo, que tampoco es fácil estar en el medio de todo esto, ¿no es así?

―No, no lo es… ―replicó Sakura con su voz apagada.

―Gracias ―pronuncié, consiguiendo su atención, encontrando la gentil y honesta sonrisa que le entregaba― gracias por escuchar, Sakura ―ella me sonrió.

―Para eso estamos nosotras las amigas ―pronunció con una sonrisa. Levantándose del sillón y estirándose―. Y hablando de amigas… que te parece si te quedas a dormir por hoy y tenemos una pijamada, hace mucho que no tenemos una. Puedo prestarte una de las mías si quieres.

―Dudo mucho me cierre ―repliqué provocativa. Sakura me sonrió con tic en su ceja derecha.

―Estas buscando iniciar una pelea, Ino. ―le sonreí maliciosa, poniéndome de pie y cruzando mis brazos debajo de mis senos para realzarlos, poniéndome frente a ella

―La gane hace mucho, Sakura ―por un momento, ninguna de las dos pronunció palabra alguna… y fue Sakura quien no aguantó más y terminó por echarse a reír, yo no tarde en unirme a su carcajada.

Después de eso, acepté su invitación, pasar una noche divertida con Sakura no me caería para nada mal después de lo de Naruto, lo cual me recordó algo.

―Se me olvidaba Sakura, Naruto me dijo que Guy-sensei pautó para mañana un combate de entrenamiento entre él y Rock Lee para ver su progreso. Si quieres ir, eres bienvenida.

―¡Claro que iré! Sera bueno ver cuanto a avanzado Naruto, ¿A qué hora será?

―Sera en la tarde, así que podemos tener esa pijamada. ―acoté divertida, Sakura rió y negó con la cabeza, pidiéndome una vez más que la siguiera.

Hasta la fecha no tengo idea, ni tampoco me gustaría imaginarme que hubiera sido de mí de no haber acudido a Sakura ese día, ya que sus palabras fueron las que me permitieron seguir y encontrar la respuesta al dilema de las memorias perdidas de Naruto durante aquel entrenamiento.