Capítulo IX: Un sueño
Kaoru miró a Battousai, nerviosa. Sentía su penetrante mirada en ella, llena de frialdad y pasión. Sintió como sus pezones se endurecían, la mirada de él descendió hasta sus senos y rápidamente se tapó con la manta, sonrojada. Él se acercó hasta ella y se sentó a su lado, apoyando uno de sus brazos en la rodilla que tenía flexionada.
—¿Te sientes mejor? —preguntó. Kaoru sintió un escalofrío al tenerlo tan cerca y escuchar su ronca voz, esta vez podía distinguir un poco de ternura en ella y eso le encogió el corazón. Asintió tímidamente. Sus mejillas ardían y su corazón latía desbocado —. ¿Has pensado en lo que te dije?
¿Qué si había pensado? ¡Por Kami, no se lo había quitado de la cabeza! Había sido tan inesperado que hasta se había desmayado… Bueno quizás las copas de sake que había tomado había ayudado en eso, pero no importaba, igualmente se había desmayado como una tonta.
—¿Por qué?
Battousai frunció levemente el ceño.
—¿Por qué qué? —preguntó sin entender.
Kaoru se mordió el labio. Siempre había soñado con ese momento, él le había pedido matrimonio y no tenía por qué preocuparse ahora… pero se preocupaba. Ahora las cosas eran muy distintas de lo que era en antaño.
—¿Por qué quieres casarte conmigo? Apenas me conoces, yo… —suspiró.
Ella le había mentido, no se merecía que él se interesase por ella, su egoísmo la había llevado a pedir un deseo y ahora se sentía perdida.
—Porque te deseo —contestó sin más.
Kaoru abrió los ojos sorprendida. ¿Deseo? ¿Sólo era eso? Esperó a que continuase, a que dijera algo más, pero él se mantuvo en silencio, observándola. Agachó la cabeza decepcionada. Esperaba que sintiese algo más por ella, pero no. Apretó los puños y sintió latir con fuerza su vena. ¿Pero qué se creía? ¿Pensaba que el deseo era una buena base para el matrimonio? Eso siempre se acababa, ¿creía que iba a dejar que cuando satisficiera sus necesidades lo dejaría ir con esa geisha? Se levantó bruscamente sorprendiéndolo.
—¿Me deseas? ¿Sólo eso? —gritó sintiéndose mareada—. El deseo no es una base sólida para un matrimonio, no dejaré que me dejes cuando todo se acabe y te vayas a ver a esa geisha. No, Battousai, no.
Battousai la miró de hito a hito sin caber en su asombro. Era la primera vez que ella lo llamaba Battousai y no conseguía entender nada de lo que había dicho.
—¿De qué hablas? —preguntó levantándose.
—Sabes muy bien de lo que hablo —gritó con voz chillona —. ¡Nunca me casaré contigo!
Battousai sintió la ira crecer dentro de él, se acercó peligrosamente a ella quien levantó el mentón desafiante.
—Kaoru, no te estoy preguntando… —su voz era un suave susurro salido de las entrañas del infierno.
Todos los vellos de su cuerpo se pusieron de punta, pero no le importó. Estaba celosa y enfadada por su actitud posesiva.
—Ah, ¿no? ¿Entonces qué esperas que conteste?
Battousai se acercaba peligrosamente a ella, y ella, instintivamente, retrocedió. Su espalda chocó contra la puerta y enderezó su espalda y se armó de coraje para enfrentarlo. Si creía que podía intimidarla estaba muy equivocado.
—No necesito una contestación. Te casarás conmigo.
—¡No lo haré! —gritó.
Battousai gruñó y golpeó con fuerza la puerta.
—¡Lo harás! Quieras o no —gritó él también.
Kaoru lo miró de hito a hito sin poder dar crédito a lo que oía.
—¿Quieres casarte conmigo por deseo? —preguntó anonadada. El Kenshin que ella conocía no haría eso, ¡ni se le pasaría por la cabeza!
—Sí—contestó cruzándose de brazos.
Ella sintió una punzada en su corazón y enarcó una ceja.
—¿Es qué para ti sólo existe el deseo, ninguna otra emoción?
Dolida, vio como él fijaba su mirada en sus pechos. Ninguna otra emoción había visto en Battousai, sólo los celos y el enfado, todo conducido por el deseo.
—¿Qué otra cosa hay? —preguntó él.
Kaoru abrió los ojos y tragó con fuerza. Eso le había dolido, había despejado todas las dudas sobre si sentía amor por ella. Frunció el ceño y levantó el mentón, altanera, parpadeó varias veces intentando alejar las lágrimas de sus ojos. No perdería la compostura delante de él.
—El amor, Battousai —contestó —. El amor es el sentimiento que mueve al mundo. Es el sentimiento más hermoso que existe, que nos da fuerza para vivir y luchar. Es un sentimiento que hace que el corazón te lata con fuerza y con dolor, que un día estés emocionada y otra decaída pero siempre enamorada…
Battousai frunció el ceño. Sus ojos de ella brillaban con intensidad y sentía su corazón latir como ella había expresado.
—¿Es eso lo que tú sientes por ese espadachín? —preguntó. Kaoru se quedó estática, sorprendida y desconcertada. Battousai no esperó contestación, ver su reacción le había bastado —. Te casarás conmigo y punto. Despídete de ese espadachín porque nunca más lo volverás a ver.
La agarró del mentón y la besó con fuerza y brusquedad. Sus labios mordieron y jugaron con su labio inferior y luego introdujo en su boca su lengua que exploró cada rincón de su boca, exigente y apasionada. Era un beso que no demostraba nada de amor, solo posesión.
Kaoru se sintió sucia y enfadada con él. No iba a permitir que la tratase como un objeto, el Kenshin de su tiempo no la amaba y éste no la respetaba, sólo la quería por simple deseo. Intentó morder su lengua, pero él fue más rápido y se apartó. La miró con el ceño fruncido y luego mostró una sonrisa sarcástica.
—No es así como debes tratar a tu prometido —murmuró con la voz ronca por el deseo.
Kaoru pasó su mirada por su cuerpo, moldeado por el ejercicio y su mirada se posó por el bulto de su entrepierna. Se sonrojó y volvió la mirada a sus dorados ojos.
—No es así como debes tratar a tu prometida —replicó cruzándose de brazos. No iba a rendirse tan fácilmente a él, aunque lo amase no iba a dejar que jugase con ella. Siempre había soñado que se casaría con Kenshin por amor y así sería.
Battousai se acercó a ella, la agarró con fuerza de la cintura y la volvió a besar, pero esta vez el beso era lento y delicado. Sintió como sus rodillas le temblaban y tuvo que agarrarse a él. Quiso empujarlo, patearlo por su arrogancia, mas no pudo. Se dejó llevar correspondiendo con ardor el beso, sintiendo la emoción de tenerlo cerca y se estremeció. Sus sentimientos siempre la traicionaban. Rodeó con sus brazos su cuello. El besó se intensificó, él introdujo su lengua en su boca y ella, tímidamente, se atrevió a rozarla con la suya. La respuesta de él fue un profundo gemido y la abrazó con más fuerza, haciendo del beso algo más salvaje. Una de sus manos dejó de sujetar su cintura y agarró el brazo de ella, apartándolo de su cuello, buscó su mano y agarró su dedo índice, introduciendo un hermoso anillo en él. La falta de aire los obligó a separarse y Battousai apoyó su frente en la de ella, suspiró y Kaoru sintió el suave calor de su aliento sobre su rostro.
—Te haré olvidar al espadachín… —prometió y Kaoru sonrió divertida. No podría olvidar al espadachín, como él lo llamaba, porque él espadachín acababa de besarle en los labios, un beso que le había quitado el aliento.
Battousai le dio un corto beso en los labios, sólo un roce que logró estremecerla y salió de la habitación. Kaoru miró con ternura su anillo, un anillo de plata con pequeñas piedras brillantes del mismo color que por la luz se volvían multicolor. Apretó con fuerza su mano contra su pecho y sonrió emocionada. Quería que Battousai la amase e iba a luchar porque así fuera.
Bajó las escaleras rápidamente, fue a la cocina y miró a ambos lados, entró en la pequeña despensa que había y tampoco había nadie. Caminó por el pasillo y abrió una de las puertas, allí estaban la señora Hiroe y Ikumatsu tomando té.
—Perdón —dijo y volvió a cerrar la puerta dejando a ambas confundidas. ¿Dónde podía estar? Abrió varias puertas más y no estaba. Tal vez podría estar cuidando de Shinsaku…
Subió las escaleras y se dirigió a la habitación de Shinsaku. Abrió la puerta sin llamar, pues no quería despertarlo. Pero no estaba preparada para lo que iba a ver.
Izumi se quitó de encima de Shinsaku y se arregló el kimono totalmente sonrojada, sin atreverse a mirarla.
—Oh, perdón —exclamó Kaoru cerrando la puerta rápidamente sonrojada.
No se lo podía creer, la tímida de Izumi en esa posición y Shinsaku… Intentó aguantar las ganas de reír, pero, al final, rompió a carcajadas. La puerta se abrió e Izumi salió, al verla reír volvió a ponerse colorada como la grana.
—No te rías —murmuró totalmente avergonzada.
—Si… ahora hazte la tímida —dijo riéndose.
Izumi puso sus manos en sus mejillas, sintiendo el calor emanar de ellas.
—¿Qué es lo que querías? —preguntó intentando cambiar de tema.
Kaoru paró de reír y la miró seriamente, aunque con un brillo de diversión en los ojos.
—¿Le dijiste algo a Battousai sobre lo que te dije ayer?
Izumi negó con la cabeza confundida.
—No, ¿por qué?
Kaoru frunció el ceño. ¿Sino había sido ella como diablos se había enterado? Se llevó una mano a la frente y se apartó el flequillo de ella. A Izumi se le iluminó los ojos y agarró su mano rápidamente.
—¿Te ha regalado este anillo? —preguntó.
Kaoru sonrió y se sonrojó.
—Sí —murmuró —. ¿Te gusta?
—Es precioso. Entonces, ¿has aceptado?
—Bueno… —dijo dudando —No, pero eso no importa.
Izumi la miró sin entender.
—Lo importante es que hay boda —rio —. Se lo diré a todos —dijo saliendo corriendo.
La cena transcurrió con tranquilidad, Battousai la hizo sentarse al lado suyo y todas las miradas estaban puestas en ellos. Kaoru observó a Battousai, el cual comía los tallarines con tranquilidad, se sonrojó cuando él la miró de reojo.
—Bueno… —dijo Ikumatsu, que estaba sentada al lado del señor Katsura, miró a una de las sirvientas y le hizo un gesto para que sirviese el sake —. Vamos a brindar por los novios.
Kaoru se sonrojó y Battousai soltó el plato de tallarines. La sirvienta le sirvió las copas y empezó a servir el sake, cuando llegó a Kaoru agarró de la bandeja la pequeña jarra con agua y le sirvió.
—A Kaoru y Shinsaku mejor agua —bromeó Ikumatsu produciendo la carcajada de todos.
Katsura levantó su copa.
—Que seáis muy felices.
Todos brindaron por ellos.
En ese momento la puerta se abrió de golpe.
—Felicidades —exclamó Lizuka balanceándose, con una botella en la mano —Vamos... ¡Hip! Vamos a brindar por los…los novios —levantó la copa y empezó a beber.
—Lizuka —dijo Katsura con tono autoritario y enfadado.
—Los novios —repitió Lizuka y miró a Battousai con odio —. En especial por Battousai, que se ha llevado a esta pu —no le dio tiempo a acabar la palabra. Battousai se levantó del asiento, fue hacía él y sacó su katana, poniéndola en su cuello. Lizuka se quedó estático y la botella se cayó de sus manos.
—No te atrevas a insultarla —gruñó haciendo presión.
Kaoru miró la escena asustada, mirándolo de hito a hito. Se levantó y sujetó el brazo de Battousai.
—Déjalo...
—Battousai —la voz de Katsura resonó en toda la habitación —. Déjalo. No merece la pena.
—Por favor… —suplicó Kaoru.
Battousai gruñó y le soltó dándole un fuerte empujón. Lizuka perdió el equilibrio y cayó al suelo.
—Llevároslo —ordenó Katsura.
Satoshi y Akira se levantaron y agarraron a Lizuka de los brazos, lo apoyaron en su hombro y lo levantaron.
—Vamos, amigo —dijo Satoshi llevándolo hacía su habitación.
Ikumatsu, que había permanecido observando la escena boquiabierta bufó.
—Ha sido un comportamiento inaceptable, Kogoro. Deberías propiciarle un castigo. El Ishinshishi es un grupo y en un grupo eso no se debe admitir.
—Tranquila, querida. Tendrá el castigo que se merece.
Kaoru miró a Battousai, que mantenía la mirada fija en el pasillo, por donde se había ido Lizuka. Estaba furioso, lo podía percibir.
Apenas tocaron la comida después, la señora Hiroe, después del enfrentamiento se fue a dormir. Era una persona que se exaltaba mucho en los conflictos, algo absurdo viviendo con los Ishinshishi. Kaoru fue a levantarse, ya que había terminado de comer, pero Battousai colocó una mano en su pierna impidiéndole que se levantase. Poco rato después se quedaron a solas y una de las sirvientas les dejo la bandeja del té.
—¿No salen? —preguntó al no escuchar a ninguno de los miembros salir como todas las noches a matar.
—Hoy es día de celebración, el día de Tanabata —contestó Battousai —. Respetamos ese día.
—Vaya… no sabía que en días de guerra respetasen este día.
—Salgamos —dijo levantándose con la bandeja en la mano, Kaoru lo imitó y anduvieron hacía el porche y se sentaron. Un cómodo silencio se formó entre ellos, Kaoru se acomodó y apoyó su espalda en la columna de madera, miró a Battousai, quien servía el té.
—Gracias por lo de antes.
—No tienes por qué agradecerlo —dijo dándole la taza —. Ahora eres mi mujer y te tengo que proteger.
Kaoru sintió como su corazón daba un vuelco y sus mejillas adquirieron un adorable color rosado. Sonrió feliz y emocionada. Battousai bebió un sorbo de su té y se acercó a ella. Dejó la taza a un lado y la abrazó con fuerza, aspirando el dulce olor a jazmines que emanaba.
—Me encanta como hueles... —murmuró con deseo. Se apartó un poco, lo suficiente para poder adueñarse de sus labios, Kaoru suspiró dentro del beso y correspondió con devoción. Todo era tan bonito que parecía un sueño.
Continuará...
Por fin un poco de tiempo para escribir!. Está semana la tengo repleta de exámenes, parece como si todos los profesores se hubieran puesto deacuerdo con ponernos los examenes la misma semana, ayer tuve tres y mañana dos, en fin ahora me voy a estudiar, menos mal que mañana es viernes!.Ah, algunas de ustedes comentó que Kaoru se emborrachaba demasiado rápido que no tenía aguante y quería decir que yo la comprendía, yo he llegado a sentirme " contentilla" con una sola copa, y ya con dos ni os cuento jaja... Algunas no tenemos aguante contra el alcohol xD.
Muchas gracias a Mix Himura, Kaorumar, gabyhyatt, Kaoru Hayasaka, CiNtHiA, Kaoru—dono18, Athena Kaoru Himura, lorena, nittasayuri, Mei Fanel, sol10, Maat Sejmet, Kaoru—Neko, stela, kaoruluz, Monika—Dono, BattousaiKamiya, ATHENA, Kagome—Higurashi13, dragossmaster, Kaerii Ryuka y Justary
