Harry Potter y los 4 herederos

Capitulo 9: Las herederas de Hufflepuff y Ravenclaw

El sol se alzaba lentamente y los primeros rayos de la mañana iban iluminando tímidamente los terrenos de Hogwarts. Hagrid se había levantado especialmente temprano esa mañana para asegurarse de no llegar tarde a la reunión que tendría lugar en el castillo en un par de horas. Desde que Scrimgeour había anunciado que Hogwarts abría de nuevo, los profesores no habían dejado de asistir a reuniones con representantes del Ministerio, los aurores, el Consejo de padres y con ellos mismos. Lo primero en decidirse había sido el nombre del nuevo Director, la profesora McGonagall ocupaba el puesto de manera provisional porque así estaba recogido en las normas del colegio para esos casos. Pero debían decidir quien ocuparía el cargo de manera permanente. Tampoco era una decisión tan difícil, todos estaban de acuerdo en que no había un candidato mejor para el puesto que Minerva McGonagall. No era habitual que el Director ocupase también un puesto de profesor, pero las normas del colegio establecían ciertas excepciones para casos como aquel, y como ya iban algo ajustados de tiempo, la profesora McGonagall seguiría impartiendo Transformaciones, al menos hasta que encontrasen a alguien para ocupar el puesto. La subdirección quedo en manos de la profesora Sprout, y el profesor Slughornsería el jefe de casa de Slytherin, ya que tenía experiencia en el cargo. El problema era Gryffindor que continuaba sin un jefe de casa. Por el momento la cosa andaba entre Hagrid y la profesora Vector, y ninguno de los dos estaba muy seguro de querer el puesto. Ambos dudaban y sus dudas tenían nombre propio, Harry Potter. A nadie se le escapaba que el joven Potter tenía una habilidad especial para meterse en líos y saltarse las normas de 3 en 3. Desde que había llegado a Hogwarts le había dado tantas alegrías como dolores de cabeza a su jefa de casa. Hagrid le tenía mucho cariño, pero sabía que sería solo cuestión de tiempo que se saltase alguna norma y como jefe de casa debería imponer el castigo correspondiente y no estaba seguro de que Harry aceptase bien su autoridad. Séptima Vector no conocía tan bien al chico pero sus sospechas iban también en el mismo sentido que las de Rubeus. Hagrid sugirió que tal vez el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras podría hacer un buen trabajo, no lo conocía lo suficiente como para lamentar endosarle semejante complicación. Pero Alexander había esquivado el problema con elegancia y una maestría digna de admiración. De modo que Gryffindor seguía sin Jefe, y ese era el primer punto del día. Hagrid se sobresalto al darse cuenta de que se le había hecho tarde. Salio de su cabaña y comenzó andar hacia el castillo. Le pareció distinguir la alta figura del profesor Markus cruzando la puerta de entra con la profesora McGonagall y acelero el paso. Llego en seguida a la puerta del castillo respirando con dificultad, pero cuando estaba apunto de entrar se detuvo. Junto a la cancela que daba paso al cementerio había un pequeño grupo de personas, desde donde estaba podía distinguir al menos a 6 personas, uno de ellos algo bajito aunque no lo suficiente como para pasar por un gnomo. Dudo un instante, ya iba muy justo de tiempo, pero le pareció que aquello era más importante y bien justificaría su retraso. Así que Hagrid echo a correr hacia el cementerio. A medida que se iba acercando podía distinguir mejor a las personas que había junto a la puerta del cementerio. El tipo bajito resulto ser un niño de cabello castaño, a su lado había una chica rubia, junto a esta una joven de pelo castaño que de espaldas no parecía mucho mayor que la chica rubia, luego había un hombre de pelo castaño claro, otro con el pelo castaño más oscuro y el ultimo era un joven de pelo rubio. Se encontraba ya cerca del grupo cuando escucho hablar al hombre de pelo castaño.

- Vamos niña ábrela ya de una vez - dijo el hombre exasperado.

- No puedo, esta cerrada y no tengo la llave - protesto una voz que a Hagrid le resulto familiar.

El semigigante comprendió entonces que había una séptima persona a la que no podía ver porque el resto del grupo la rodeaba. También quedo claro que pretendían entrar en el cementerio y decidió que era buen momento para hacerse notar.

- ¡Eh vosotros! - les grito llamando su atención con la voz autoritaria que logro poner - No se puede…

Las palabras se congelaron en la garganta de Hagrid cuando el grupo de persona se volvió hacia él y al fin pudo ver a la séptima persona.

- ¿Hermione? - logro decir Hagrid tras varios intentos de abrir la boca sin que saliera sonido alguno.

- Hola Hagrid, me alegro de verte - lo saludo la joven de ojos color miel.

El profesor de Cuidado de la Criatura Mágicas la envolvió en un asfixiante abrazo mientras murmuraba cosas que apenas podían entenderse debido a la emoción.

En el 12 de Grimmauld Place Harry despertó de golpe con la respiración agitada. En esta ocasión su brusco despertar no se debía a ninguna pesadilla, había sido un presentimiento el que lo había sacado de su sueño. De inmediato busco el reloj que le había dado semanas atrás McGonagall y el pánico se apodero de él al comprobar que la aguja de la luz blanca se había movido de su lugar, luego leyó el nombre del planeta sobre el que se encontraba ahora "Hogwarts" y el corazón le dio un vuelco.

- ¡Despierta ron! ¡Esta en Hogwarts! - grito Harry zarandeando a su amigo que despertó sobresaltado.

- ¿Qué pasa? - dijo Ron desorientado con la vista borrosa.

Cuando Ron logro enfocar la difusa figura de Harry, este estaba tratando de ponerse una camiseta al tiempo que trataba de calzarse las zapatillas de deporte sin desabrocharlas.

- ¡Está en Hogwarts! - volvió a repetir Harry mientras echaba a corre hacia la puerta.

- ¡¿Quién?! - pregunto Ron a gritos sin comprender la excitación de su amigo.

- ¡Hermione! - grito Harry ya desde el pasillo próximo a las escaleras sin detenerse.

El cerebro aun adormilado de Ron tardo unos segundos en procesar aquella información. Después el pelirrojo reacciono rápidamente y se vistió en un abrir y cerrar de ojos, cogió sus zapatillas en la mano y corrió detrás de Harry. Escucho como bajaba las escaleras más abajo, donde sus pasos se habían hecho más lentos al acercarse al vestíbulo. Lo encontró ya en la cocina hablando agitadamente, tan deprisa que no separaba las palabras y la señora Weasley que no lograba entender nada parecía más preocupada por momentos.

- Cálmate Harry, no entiendo nada de lo que me estas diciendo - decía la señora Weasley.

Harry respiro hondo un par de veces para calmarse lo suficiente como para poder hablar con claridad.

- Esta en Hogwarts - logro decir Harry con mucha más tranquilidad y esta vez la mujer pelirroja si lo entendió.

- ¿Quién está en Hogwarts? - pregunto Ginny desde la puerta haciendo que su hermano se sobresaltara por segunda vez en esa mañana.

El alboroto que había causado Harry la había sacado también a ella de la cama y ahora miraba al moreno desde la puerta con gesto interrogativo. Harry trataba de ordenar sus pensamientos para expresarlos de un modo coherente sin decir más de lo que quería que los demás supieran. Crookshanks se abrió paso entre los dos hermanos Weasley sobresaltando a Ron por tercera vez en muy poco tiempo y se acerco a Harry ronroneando en busca de mimos.

- Ella - dijo Harry mirando al gato y luego a los Weasley - Hermione.

- ¿Otro sueño Harry? - dijo Ginny con cierta tristeza.

- No es un sueño ¿vale? Sé que está allí - dijo Harry de mal talante, quería estar ya de camino a Hogwarts y seguía en la cocina del número 12 - Necesito ir a Hogwarts ahora.

- Harry, no puedo llevarte ha Hogwarts solo por un presentimiento - dijo la señora Weasley con calma y al ver que Harry iba a protestar de nuevo, añadió - Si Hermione realmente ha llegado a Hogwarts, la profesora McGonagall nos avisara, hoy esta allí para una reunión.

Harry no supo que decir a eso, seguía estando convencido de que tenía razón. Entonces recordó el reloj. Miro a Ron de reojo dudando si sería buena idea o no, enseñárselo a todos ahora. Si les mostraba el reloj probablemente lograría que lo llevaran a Hogwarts, pero también descubriría a la profesora McGonagall. Ella sabía, o al menos tenía una ligera idea, de donde se encontraba Hermione. Pero por alguna razón no había compartido aquella información con el resto, excepto con Harry y a medias. Se pregunto como reaccionarían los miembros de la Orden del Fénix si llegaran a enterarse. Le pareció un pobre pago a la confianza que la profesora McGonagall había depositado en él, eso y que no sabía como explicarle a Ron que había tenido ese reloj desde hacia semanas y no se lo había dicho antes, porque no le había dado la gana. Sospechaba que Ron y Hermione mantenían algún tipo de relación, no sabía bien en que punto se encontraban, pero a ver como le decía él a Ron que sabía que aquella luz era Hermione y no le había dicho nada porque quería ser el único que la mirase. Visto así hasta él habría deseado darse un puñetazo. Suspiro resignado admitiendo la derrota por el momento, seguramente pronto recibirían un aviso de McGonagall.

- Está bien, esperare - dijo y se sentó en una silla con los brazos cruzados delante del pecho dispuesto a esperar allí mismo hasta que llegasen noticias de Hogwarts.

Hagrid golpeo la puerta del Gran Comedor que estaba cerrada. Como eran demasiados para entrar en el despacho de McGonagall, habían habilitado el Gran Comedor para la reunión, y ya había comenzado. Hagrid creyó escuchar una voz al otro lado respondiendo a su llamada y tímidamente abrió la puerta.

- Pasa Hagrid - dijo la profesora McGonagall - Acabamos de empezar.

- Siento el retraso - se disculpe Hagrid cerrado la puerta tras de si - Me entretuve con algo ahí fuera - añadió sin querer entrar en detalles.

Hermione le había pedido que no dijese nada, al parecer la profesora McGonagall ya sabía que irían a Hogwarts y había dejado la puerta del aula de Transformaciones abierta para ellos. Hagrid tenía muchas preguntas que hacerle, como quienes eran aquellas personas que la acompañaban o donde había estado todo ese tiempo. Sin embargo ya llegaba tarde a la reunión, ya saber que McGonagall estaba al tanto de todo le tranquilizaba. Era una verdadera suerte que la vida de Hagrid despertase tan poco interés para los demás, de ese modo podía moverse con bastante libertad. Cuando Dumbledore lo había enviado fuera para alguna misión, a su regreso muy pocas personas habían sentido curiosidad.

- ¿Tú que opinas, Hagrid? - escucho preguntar a la voz de la profesora McGonagall.

- ¿Eh? ¿Qué? Perdone, no he escuchado bien la pregunta - dijo Hagrid avergonzado, aunque en realidad no tenía ni idea de que estaban hablando.

- Acabo de proponer que la profesora Vector y tú os hagáis cargo conjuntamente de la Casa Gryffindor - dijo McGonagall un poco seria - En las normas se contempla esta posibilidad siempre que el profesor elegido para ocupar el cargo no de clase a todos los alumnos de dicha casa. En esos casos se permite que haya dos jefes de Casa - explico un poco deprisa.

Hagrid capto la idea general, su mente aun continuaba dando vueltas al asunto de la reciente aparición de Hermione y le costaba concentrarse. Miro a la profesora Vector que lo observaba aguardando su respuesta, y lamento no haber prestado más atención, tratar de adivinar que habría dicho ella por la expresión de su cara le resultaba difícil, nunca se le dio bien aquello.

- A la profesora Vector le parece una buena solución - lo ayudo el profesor Markus.

- Oh, yo también creo que sería una buena solución, si, estaría bien - dijo Hagrid tratando de no parecer muy perdido.

La profesora Vector respiro aliviada. A esas alturas si no se encontraba un profesor dispuesto a ser el nuevo Jefe de Gryffindor de forma voluntaria, se escogería a alguien sin que tuviera opción a rehusar.

El resto de la reunión transcurrió de manera normal, a un buen ritmo. Se repasaron las nuevas medidas de seguridad, los hechizos de protección del castillo ya habían sido reforzados. Dos aurores acompañarían a los alumnos en el tren, y a su llegada a la estación de Hogwarts los estarían esperando tres más, uno los acompañaría por grupos a los carruajes y los otros dos aguardarían en los carruajes para asegurar su protección. Después cuatro de los aurores acompañarían a los carruajes hasta el castillo, y en quinto iría con los alumnos de primero en los botes que cruzaban el lago. Tanto en las estaciones como en la entrada del castillo se habían establecido controles de seguridad para detectar artefactos potencialmente peligrosos, que serían requisados de inmediato y en función de su peligrosidad se tomarían las medidas oportunas. Si alguien trataba de colar algo en el castillo lo sabían. Había hechizos que complementaban a los detectores, que no se habían especificado en las cartas dirigidas a las familias de los alumnos para no poner sobre aviso a nadie y darles tiempo de idear un modo de burlar estas medidas. El castillo había sido revisado de punta a punta en busca de las entradas y salidas no oficiales, y una vez localizadas habían sido selladas. A pesar de esto, sabían que pasarían algo por alto, por lo que se recomendaba a los profesores que estuvieran alerta ante cualquier actividad sospechosa.

Mientras la reunión continuaba en el Gran Comedor, un joven de cabello rubio platinado se ocultaba en el despacho de la Directora. Los anteriores Directores lo observaban con curiosidad desde sus cuadros y cuchicheaban unos con otros. McGonagall lo había dejado allí antes de marcharse a la reunión. Su mirada ausente hacía evidente que su cuerpo estaba allí pero su mente estaba en otro lugar, concretamente vagando entre sus recuerdos. La vida en el pequeño apartamento muggle había supuesto un infierno para Draco quien desde que Snape le dijo que McGonagall aceptaría su regreso a Hogwarts no veía el momento de salir de allí y dejar atrás aquel horrible lugar. Había supuesto que el día de su regreso se sentiría feliz y aliviado, pero aquellos sentimientos estaban muy lejos de su estado de ánimo actual. Ahora sentado en el despacho de McGonagall la certeza de haberse quedado completamente definitivamente solo en este mundo le oprimía el pecho con tanta fuerza que le costaba respirar. Por un momento había llegado a creer que todo saldría bien, pero las cosas se habían torcido cuando él y Snape habían abandonado la seguridad de su escondite para ir a casa de la profesora McGonagall.

- Flash Back -

Snape había acordado con McGonagall que llevaría al joven Malfoy hasta su casa para que ella se encargase de llevarlo a Hogwarts desde allí. Ambos habían coincidido en que sería bueno que Draco no tomase el Expreso de Hogwarts. No resultaba difícil imaginar lo que sucedería si él y Potter se encontraban en el Expreso, algo que de seguro sucedería si llegaba a subir al tren. Por otro lado el Ministro había aceptado la explicación de McGonagall sobre las acciones del joven Malfoy en el curso pasado. Cualquiera con dos dedos de frente podría entender que bajo las amenazas que el chico se encontraba y tomando en cuenta su juventud, era difícil no actuar como él lo hizo. A pesar de ello, Scrimgeour quería tener una pequeña charla con él antes de que comenzara el curso. Probablemente podría sacarle algún tipo de información valiosa o eso pensaba Draco.

Cuando Snape y Draco llegaron a la calle todo estaba muy oscuro. El ex profesor había roto a propósito las luces de las farolas más cercanas al viejo edificio donde se localizaba su escondite. No había luces que iluminaran la calle hasta llegara aproximadamente a la mitad. Fue al llegar a este punto cuando las cosas empezaron a complicarse mucho.

- Por fin te encuentro, Draco - dijo una voz desde las sombras de un oscuro y estrecho callejón entre dos edificios.

A Draco se le disparo el pulso al reconocer la voz de su padre y asesino de su madre. Lucius Malfoy avanzo hasta que la luz ilumino sus facciones. Estaba más pálido que de costumbre y las ojeras que había debajo de sus ojos evidenciaba que hacía tiempo que no dormía demasiado. Severus lo miraba con rabia, empuñando su varita.

- Te he estado buscando hijo - dijo Lucius con frialdad - ¡Apártate Snape! ¡No seas tan estúpido como Narcisa! - rugió impaciente, consciente de que el tiempo se le agotaba.

Draco reacciono al escuchar el nombre de su madre, y recordando lo que se había propuesto cuando volviese a ver a su padre, saco su varita. Pero Snape lo detuvo.

- No es el momento. Márchate, yo me ocupare de esto - dijo Severus y Draco dudo - Vamos, obedece - le ordeno.

Draco retrocedió un paso aun con la varita en la mano, indeciso. Miro a Snape a los ojos y no vio sombra de duda en ellos. "No desperdicies el sacrificio de tu madre" le dijo la voz de Snape en su cabeza. Por un momento se sintió optimista, llego a creer que realmente Snape podría ganar a su padre en un duelo y lo vería más tarde en casa de McGonagall. Tal vez solo quería creerlo para ser capaz de marcharse dejándolo atrás. Si lo hubiera pensado con detenimiento probablemente se habría quedado, pero no había tiempo para pensar nada. Lentamente dio media vuelta y echo a correr tan rápido como pudo. Lucius trato de seguirlo, pero Snape no se lo permitió.

- Estas cometiendo un error - le advirtió.

- Tal vez, pero eso no es asunto tuyo - siseo Severus.

- Como quieras - gruño Malfoy en un tono peligroso lanzando el primer hechizo.

- ¡Protego! - se defendió Snape alzando su varita justo a tiempo - Sectusempra - contraataco.

Los hechizos comenzaron a volar en ambas direcciones. Los dos duelistas esquivaban o deshacían los hechizos que le lanzaba su oponente y acto seguido enviaban otro como respuesta. No parecía que ninguno llevase una clara ventaja. Sin embargo Lucius era un experimentado duelista, más hábil de lo que podía ser Snape ahora que el miedo al señor Tenebroso lo impulsaba, esto lo llevaba a ser más audaz de lo que hubiese sido en otras circunstancias. Había asesinado a su esposa sin miramientos, y Snape no impediría que hiciera lo mismo con su hijo, estaba dispuesto hacer cualquier cosa para salvar su vida.

- Por última vez ¡Apártate! - le grito Lucius viendo como su hijo casi había alcanzado el final de la calle.

- ¡Avada Kedavra! - pronuncio Snape a modo de respuesta.

Lucius Malfoy evito el rayo de luz verde por muy poco, con una expresión de sorpresa pintada en el rostro, ni en sueños habría imaginado que Snape se atrevería a tanto. En ese momento Draco doblo la esquina y el hombre de la nariz ganchuda esbozo una sonrisa triunfal, no importaba cual fuese el resultado de aquel duelo, él ya había ganado.

- ¡Avada Kedavra! - dijo Lucius con decisión y rabia - ¡Avada Kedavra! - repitió.

Snape detuvo el primero, pero tuvo que dejarse caer al suelo para evitar el segundo. Esta acción salvo su vida por el momento, pero lo dejo en una posición de clara desventaja.

En cuanto giro en la esquina Draco ya no pudo oír el ruido provocado por los hechizos que se lanzaban Snape y su padre. Se giro un instante solo para ver si alguien lo seguía y su carrera se vio bruscamente interrumpida al chocar con alguien que un momento antes no había estado allí. El choque le hizo tambalearse hacia atrás sin llegar a perder completamente el equilibrio. Al levantar la vista vio a un hombre alto, de ojos claros y gesto serio.

- Ven conmigo, Draco - dijo el hombre con autoridad.

No espero una respuesta, simplemente agarro al chico por el brazo y los hizo desaparecer a los dos. El rubio estaba tan sorprendido de que conociera su nombre que no fue consciente de lo que sucedía hasta que se aparecieron en otro lugar. Alarmado miro a su alrededor al tiempo que buscaba su varita.

- Deja de hacer el tonto, McGonagall te esta esperando - gruño el hombre echando andar hacia una de las casas.

- ¿Quién eres? - pregunto el joven de mirada gris.

- Alexander Markus, tú nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, me temo - replico el hombre sin detenerse.

- Fin del Flashback -

Draco regreso a la realidad cuando su gata negra salto a su a su regazo haciéndose un ovillo allí para dormir. No había estado mucho tiempo en casa de McGonagall, en seguida lo habían llevado a Hogwarts. Pronto terminaría la reunión y llegaría el Ministro de Magia para interrogarlo. Se sintió agotado, no había descansado nada en toda la noche, pero supo que no sería capaz de dormir, al menos por el momento. Aun tenía el miedo metido en el cuerpo y tontamente esperaba a que alguien le dijera que Snape había aparecido en alguna parte.

Lupin se presento en Grimmauld Place más de una hora después de que Harry despertara. Llego casi sin aliento y se sorprendió de ver que Harry, Ron y Ginny ya estaban despiertos. Había imaginado que tendría que sacarlos de la cama.

- Remus, no te esperábamos esta mañana - dijo la señora Weasley sorprendida solo a medias al verlo entrar en la cocina.

- Molly, no te vas a creer lo que ha pasado - dijo Lupin inspirando hondo para recuperar el aliento - Acabo de recibir una carta de Hagrid, Hermione aparecido en Hogwarts.

- No es posible - dijo la señora Weasley estupefacta.

Ron miro a Lupin con los ojos muy abiertos, Ginny se atraganto con su desayuno y Harry adopto una expresión de "Lo sabía", aunque con el paso de los minutos había comenzado a dudar.

- Lo sé, es increíble. Pero así es - dijo Lupin visiblemente contento.

La señora Weasley no pudo contener las lágrimas, emocionada, sin lograr decidir que hacer a continuación.

- Es un milagro, después de tanto tiempo - sollozaba la mujer pelirroja - ¿Dónde ha estado? ¿Quién la ha encontrado?

- No lo se, Hagrid no me ha dado detalles. Solo me ha dicho que esta allí y que se encuentra bien - aseguro Lupin.

Harry carraspeo suavemente para hacerse notar al ver que Lupin y la señora Weasley parecían haberse olvidado de que estaban ahí.

- ¿Va a llevarme alguien a Hogwarts ahora? - pregunto Harry impaciente.

- Es cierto. Harry despertó esta mañana diciendo que Hermione estaba en Hogwarts - recordó la señora Weasley.

Lupin miro a Harry sorprendido pero no hizo preguntas y Harry se lo agradeció en silencio. No sabía que iba a decir si le preguntaban, lo cierto era que la excusa de la intuición estaba muy cogida por los pelos.

- Yo te llevare, cogeremos el autobús Noctámbulo y estaremos allí enseguida - dijo Remus esquivando el tema de la intuición de Harry.

- Yo también voy - dijo Ron poniéndose en pie y mirando a su madre.

- Y yo - se apresuro a decir Ginny que no quería dejarse atrás.

La señora Weasley dudo un momento antes de decidirse.

- Está bien. Pero tened cuidado y no os separéis de Remus - dijo Molly aceptando sin protestas - Yo me encargare de que sus padres sepan que la hemos encontrado y que esta bien - añadió dirigiéndose a Lupin.

- Bien - dijo el licántropo y luego miro a los tres chicos - Veo que ya estáis listo, así que vamos.

Se alejaron lo suficiente de Grimmauld Place a pie antes de que Lupin sacase su varita para dar el alto al autobús Noctámbulo. Apenas tuvieron que esperar antes de que el autobús se detuviera frente a ellos.

- A Hogwarts - pidió Lupin sin darle tiempo al cobrador para responder.

Casi no tuvieron tiempo de buscar un lugar donde sujetarse antes de que el autobús arrancara de nuevo. Todavía tenían algunas paradas por delante antes de llegar a Hogwarts, pero no tardarían en estar allí.

En el aula de Transformaciones Hermione aguardaba junto con Milo, Gaia, Aleo, Céfiro, Andrea y Leo a que llegase la profesora McGonagall. La joven trataba de disimular su impaciencia mirando por la ventana. Sin embargo no estaba viendo nada realmente, al menos no en un principio, tardo unos segundos en percatarse de que alguien subía por los terrenos en dirección al castillo, y solo un momento más en reconocer a esa persona.

- ¿Esa es Nilda? ¿Qué esta haciendo aquí? - pregunto señalando al cristal de la ventana.

Sabía que más tarde iban a reunirse con ella, pero había imaginado que los estaría esperando en esa casa segura que habían preparado para ellos.

- Ha venido a ver a McGonagall - dijo Milo guardándose cierta información.

- Voy a saludarla - dijo Hermione poniéndose en pie.

- McGonagall dijo que la esperásemos aquí, se supone que nadie debe verte - le recordó Leo.

- Ya me ha visto Hagrid, y la reunión ha terminado porque los he visto salir - respondió Hermione.

- Puede quedar alguien - insistió Milo y Hermione soltó una exhalación, cansada de tener que esperar, y se sentó esta vez cerca de la puerta.

- Harry me estará esperando ya en el Callejón Diagon y yo aquí sentada sin hacer nada - protesto la joven enfurruñada.

Más abajo, en el vestíbulo, las puertas del castillo se abrieron para Nilda. Alexander y Hagrid estaban allí esperándola, aunque el segundo no sabía muy bien a quien esperaban. McGonagall le había dicho que estaba esperando la llegada de una persona y que era muy importante que la llevase al aula de Transformaciones donde se encontraba ya el grupo. Alexander parecía saber quien era, pero todavía no conocía muy bien el castillo, por eso se había quedado Hagrid con él. Luego Minerva se había marchado para ocuparse de Draco, el Ministro estaba apunto de llegar.

- Llegas tarde - se quejo Alexander.

- Me detuve a visitar la tumba de Dumbledore - se disculpo la mujer de cabellos dorados.

- Nilda, este es Hagrid el profesor de Cuidado de las Criaturas Mágicas - dijo Alexander al notar la mirada curiosa de Hagrid, Nilda en cambio ya lo había reconocido por las descripciones de Dumbledore - Hagrid, te presento a Nilda Lotka, heredera de Helga Hufflepuff.

Hagrid miro a la mujer perplejo. Nilda le dio una mirada molesta a Alexander, aunque en cierto modo sabía que eso era su pequeña venganza por haber hecho que aceptase el puesto de profesor.

- Pero eso es imposible - dijo Hagrid aun sorprendido - Se que Dumbledore te busco - le costo pronunciar el nombre - Se suponía que habías muerto.

- Algo muy útil, la verdad - reconoció Nilda - Probablemente no me habría encontrado nunca si yo no lo hubiese buscado. Le pedí a Dumbledore que no dijera nada, y a él le pareció buena idea que permaneciera en la sombra esperando el momento oportuno - y su rostro se ensombreció un poco - Aunque nunca imagine que las cosas resultarían así.

Hagrid quedo en silencio durante un momento tratando de procesar completamente toda la información.

- Hagrid - lo llamo Alexander interrumpiendo sus pensamientos.

- ¿Qué? Ah si, el aula de Transformaciones. Es por aquí - dijo recordando la petición de Minerva - ¿La profesora McGonagall sabe quien eres? - pregunto mientras comenzaban a subir las escaleras, aunque suponía cual sería la respuesta.

- Si. Pero quería seguir un tiempo más con el plan de Dumbledore, por eso no ha dicho nada a nadie, aun - dijo Nilda sin querer causarle dificultades a la profesora McGonagall y Hagrid asintió en señal de aprobación - Resultaba más fácil hacer lo que Dumbledore me había pedido si nadie sabía que seguía con vida, me daba más libertad de movimiento.

- ¿Y qué quería Dumbledore que hicieras? - quiso saber Hagrid.

- Me pidió que encontrase a la heredera de Ravenclaw y la pusiera a salvo - explico Nilda.

- Ah, ya entiendo, por eso no quería que nosotros la buscásemos - dijo Hagrid comprendiendo la negativa de Albus en un asunto que parecía tan importante - Pero la buscamos y la encontramos - añadió orgulloso de buen trabajo que creían haber hecho.

- Creen que es una chiquilla llamada Ginebra Weasley - le dijo Alexander a Nilda en tono confidencial.

- Vaya, menudo problema - dijo la mujer con gesto contrariado.

- ¿Problema? ¿Por qué? - pregunto Hagrid mientras doblaban por el pasillo donde se encontraba el aula de Transformaciones.

- Porque esa chica no es la heredera - dijo Nilda sonando muy segura.

- ¿Ah no?

- No, es Hermione - dijo Nilda y por algún motivo Hagrid tuvo la certeza de que no se equivocaba.

La puerta del aula de Transformaciones se abrió y Hermione salio al pasillo. Había escuchado con claridad la voz de Hagrid y estaba casi segura de que la otra era la de Nilda.

- Buenos días Nilda, no esperaba verte aquí - la saludo Hermione animadamente.

- Hola Hermione, yo también me alegro de verte - respondió Nilda limitándose a devolver el saludo - Pareces cansada ¿un mal viaje?

- Una mala noche - dijo Hermione - Los nervios, supongo - añadió encogiéndose de hombros como si no conociera a ciencia cierta el verdadero motivo que la había mantenido despierta toda la noche.

McGonagall llego poco después, cuando el Ministro se fue, y tras dejar a Draco en su nueva habitación. El Ministro no había obtenido gran cosa de su charla con Draco, pero a McGonagall no le pareció molesto o defraudado cuando se marcho. Probablemente era lo bastante inteligente como para adivinar que quien-no-debe-ser-nombrado no confiaría nada importante al chico. De ser así haría tiempo que habrían encontrado su escondite. La profesora McGonagall se alegro de ver de nuevo a Hermione y comprobar que en verdad se encontraba bien. Sabía que Nilda velaba por su seguridad, y mientras había estado en aquel lugar seguro se había sentido bastante tranquila, pero el viaje que la había traído de vuelta, no dejaba de tener sus riesgos. Puesto que el Ministro ya no se encontraba en el castillo, decidieron trasladar la reunión a un lugar más tranquilo, el despacho de la Directora.

En el autobús Noctámbulo Harry veía como los pueblos y ciudades iban pasando a toda velocidad, y aun así le parecía que iba más lento que de costumbre. Sabía que en realidad el autobús no iba más despacio que en otras ocasiones, y que solo era su impaciencia el motivo por el cual le parecía que aquel transporte no iba lo suficientemente deprisa. Ya no quedaban más paradas por delante hasta Hogwarts, en unos minutos más habrían llegado.

- Harry - hablo Lupin - Cuando lleguemos a Hogwarts - dudo un momento - Si quieres quedarte ya allí, yo puedo comprar tus cosas y enviártelas.

- Creía que ya lo habíamos hablado, no voy a regresar este curso a Hogwarts - dijo Harry con testarudez.

- Ni si quiera ha abierto su carta - lo delato Ginny.

- No veo porque debería abrirla si no tengo intención de regresar - protesto Harry.

Remus suspiro cansado, no podía obligar a Harry a regresar a Hogwarts si este no quería, eso lo sabía. Pero tampoco quería rendirse tan fácilmente, tenía la esperanza de lograr hacerlo entrar en razón antes del 1 de septiembre. Ginny por el contrario sabía que tendría que regresar a Hogwarts forzosamente, sus padres habían dejado bien claro ese punto, los dos. Ron aun tenía alguna posibilidad por ser algo mayor, todavía estaban discutiendo el asunto, aunque por el momento el pelirrojo iba perdiendo.

El autobús Noctámbulo se detuvo con un fuerte frenazo y antes de que el cobrador pudiera anunciar la parada Harry bajo de un salto a un camino de tierra. No tardo en percatarse de que no se encontraban exactamente en Hogwarts.

- Nuevas normas de seguridad - dijo el cobrador mientras Lupin y los dos Weasley bajaban - Esto es lo más que podemos acercarnos, lo siento - se disculpo antes de cerrar la puerta y que el autobús saliera disparado.

- Estamos a las afueras de Hogsmeade - explico Lupin que parecía más informado.

Harry echo un rápido vistazo a su alrededor, en seguida localizo el pueblo y echo a correr.

- ¡Harry! ¡Espéranos! - grito Ginny.

Pero el moreno no la escucho y siguió corriendo, de modo que ellos también tuvieron que echar a correr para alcanzarlo.

McGonagall abrió la puerta de su nuevo despacho para dejarlos pasar, por un momento había estado apunto de dirigirse al despacho de la subdirectora, la fuerza de la costumbre. Leo fue el primero en entrar, paso junto a la Directora como un rayo y fue directo a la estantería donde descansaba el Sombrero Seleccionador. Se lo coloco sobre la cabeza antes de que alguien tuviese tiempo de abrir la boca para decir algo. El Sombrero salio de su letargo de inmediato.

- ¡HUFFLEPUFF! - anuncio como si estuviera seleccionándolo para una casa.

- ¡LEONARDO! - grito Nilda - ¡Haz el favor de comportarte! ¡No toques nada! - le regaño.

- Solo tenía curiosidad - dijo el joven rubio volviendo a dejar el Sombrero en su lugar - Lo siento, seré bueno - añadió poniendo una carita inocente.

Algunos Directores de los cuadros rieron la ocurrencia, mientras que otros murmuraban con desaprobación.

- ¿Por qué quería que te dijera lo que ya sabías? - pregunto el Sombrero desde su repisa.

- A Hermione la colocaste en Gryffindor - dijo Leo encogiéndose de hombros.

- Mmmmm, si, lo recuerdo - dijo el Sombrero haciendo memoria al tiempo que miraba a Hermione - Habrías estado bien en Ravenclaw, eres digna heredera de Rowena, pero te puse donde debías estar. Bienvenidas a casa - añadió y se quedo en silencio.

Nadie menciono nada más al respecto. Tomaron asiento y Nilda comenzó a contarle a la profesora McGonagall todo lo que habían averiguado. Evito mencionar la palabra horcruxes, pocos sabían de su existencia y Dumbledore había expresado su deseo en que esto siguiera siendo así. En su lugar ella los llamo "El arma de Voldemort". La voz no le temblaba al pronunciar su nombre. Tenía motivos para temerlo como el que más, y habría sido una estúpida de no hacerlo, pero la heredera de Hufflepuff no era de la clase de personas que se dejan dominar por el miedo. Sabía que su camino no tardaría en cruzarse con el de Voldemort y él ya había tratado de eliminarla antes incluso de que comprendiera cual era su papel en el juego. Ahora cuando descubriera que aun vivía, no dudaría en intentar asesinarla de nuevo si se le presentaba la ocasión. Pero no era eso lo que más temía Nilda. Tarde o temprano Voldemort sabría de la existencia de Hermione y no estaba muy segura de lo que pasaría después. Solo tenía la certeza de que no podía ser nada bueno.

Hagrid acababa de salir del castillo para regresar a su cabaña. Le preocupaba dejar a Malfoy solo porque no se fiaba demasiado del chico, pero incluso a él no se le escapaba el cambio que parecía haber experimentado. Por otro lado solo era un chico deseoso de demostrar a los demás y a si mismo lo que era capaz de hacer, como muchos otros chicos de su edad, únicamente había elegido el modo equivocado y había pagado el precio. Sobre su cabeza Fawkes volaba canturreando una suave melodía, había regresado el mismo tiempo que Nilda.

Harry atravesó el pueblo sin detenerse y tomo el camino que llevaba a Hogwarts. Suponía que los otros lo seguían, pero no estaba muy seguro de cómo de rezagados se habrían quedado. Imaginaba que bastante lejos, porque solo escuchaba sus propios pasos. Los años que había pasado huyendo de su primo habían servido de algo después de todo. Fue al doblar el último recodo del camino y comenzar a divisar los terrenos del colegio cuando recordó lo grande que era y que no tenía la mas mínima idea de donde se encontraba Hermione. Pero no se detuvo a pensar por donde podría empezar a buscar, no quería detenerse porque no quería esperar más. Llego al final del camino, flanqueo las puertas con los cerdos alados y siguió subiendo por la cesta que llevaba al castillo sin dejar de correr. Acelero el paso al ver a Hagrid saliendo del castillo y se detuvo frente a él completamente sin aliento.

- Harry ¿qué haces aquí? - dijo Hagrid sorprendido al verlo.

- Her….mio…ne - logro decir sin aire.

- Esta en el despacho de McGonagall - respondió Hagrid asombrado de la rapidez con la que había llegado.

Abrió la boca para añadir algo más pero Harry ya había echado a correr de nuevo y subía las escaleras del vestíbulo. Hagrid se volvió para ver como Ron subía ya por mitad de la cuesta, con Ginny y Lupin detrás.

- En el despacho de McGonagall - se limito a repetir Hagrid cuando llegaron a su altura.

- ¡Gracias! - grito Ron sin detenerse.

Ginny siguió a su hermano, pero Lupin se detuvo junto a Hagrid y los dejo continuar solos.

En el pasillo Hermione miraba su reloj nerviosa. Acababan de dejar el despacho de la Directora y se habían detenido frente a la gárgola de entrada. Nilda le estaba diciendo algo más a McGonagall, pero ella ya no prestaba atención. Le había costado mantener la atención en el despacho, ahora su mente calculaba el tiempo que le llevaría llegar hasta el Callejón Diagon. Harry debería estar esperándola ya, o tal vez no. Hermione no lo vio llegar porque estaba de espaldas, pero Harry si que la vio, la habría encontrado aunque hubiese estado rodeada por una multitud. El moreno se detuvo al principio del pasillo solo el tiempo justo para reunir el aire suficiente para gritar su nombre.

- ¡Hermione! - la llamo y ella se giro.

Por un segundo lo miro sorprendida pero en seguida sus labios se curvaron en una sonrisa que quedo grabada en la mente de Harry para siempre. Echo a corre de nuevo hacia Hermione. No estaba seguro de si el pasillo se había hecho más corto o si ella había corrido también a su encuentro. Pero nada de eso importo cuando la estrecho en un calido abrazo. Rodeo su cintura con un brazo y con el otro su espalda. Hermione lo rodeaba con ambos brazos un poco por encima de la cintura, enterrando el rostro en su pecho. Ninguno de los dos advirtió la llegada de Ron hasta que se unió al abrazo. Abrazo a Hermione por la espalda porque Harry no parecía dispuesto a soltarla. De repente Harry noto que Hermione se separaba de él, por un momento pensó que era ella quien lo apartaba, y sintió miedo, pero al ver su mirada desconcertada supo que no era así. Busco al culpable y descubrió que era Ginny quien los empujaba, a él y a Ron, apartándolos para abrazar a su amiga. Entre sollozos la pelirroja no dejaba de balbucear disculpas. Los ojos de Hermione también estaban húmedos. Fue en eso momento cuando Harry se percato que además de la profesora McGonagall había más persona en ese pasillo. Había un niño de ojos color miel, como los de Hermione, pensó Harry, que lo miraba detenidamente como si estuviese estudiándolo. Debió de encontrar algo que no le gusto, porque frunció el ceño antes de apartar definitivamente la vista de él. Después de unos momentos, cuando Ginny estuvo ya más calmada, la profesora McGonagall y las otras personas se acercaron.

- ¡TÚ! - dijo Ginny reconociendo a Leo - Fue él quien se llevo a Hermione - añadió en tono acusador mirando a su hermano y a Harry.

El pelirrojo se lanzo contra Leo tratando de darle un puñetazo, pero el joven lo esquivo con un ágil movimiento y Ron perdió el equilibrio. No llego a caer, el tipo alto lo sujeto por el brazo dándole tiempo para recuperar la estabilidad. Quiso volver a intentar golpear a Leo, pero el hombre alto no lo soltó, lo sujetaba con firmeza impidiéndole el movimiento. Por más que intento tirar para liberarse no lo consiguió.

- Ron, ya basta - dijo Hermione frunciendo el ceño y el pelirrojo dejo de forcejear.

Lupin y Hagrid los alcanzaron entonces. El licántropo estaba más o menos al tanto de lo que estaba sucediendo, Hagrid le había hablado por el camino del grupo de extranjeros que habían llegado acompañando a Hermione.

- Buenos días profesor Markus - saludo Lupin y el hombre alto le devolvió el saludo.

Harry y los dos Weasley miraban a unos y a otros con gesto perdido, hasta que por fin la profesora McGonagall decidió que sería bueno dar una explicación. Entraron en un aula del piso inferior donde había espacio para todos. Cuando estuvieron todos acomodados la profesora McGonagall comenzó hablar.

- Remus, Harry, Ron, Ginny. Os presento a Milo Volterra - comenzó a decir McGonagall señalando con un gesto al hombre del pelo castaño claro - Aleo De Clef, Gaia Da Bellani, Céfiro Tansley, Andrea Kelvar, Leo y Nilda Lotka y Alexander Markus - continuo por orden - La señorita Lotka es la heredera de Hufflepuff - añadió McGonagall.

Lupin ya había reconocido el apellido, por lo que fue Ron quien formulo la pregunta.

- ¿De Hufflepuff? ¿No estaba muerta?

- Eso pensábamos, pero ya ve señor Weasley que no es así - dijo McGonagall con paciencia.

- Eso no explica porque tenían que llevarse a Hermione - dijo Harry.

- ¿Nadie se lo ha dicho aun? - pregunto Milo y Harry lo miro con curiosidad - Hermione necesitaba ser protegida porque es la heredera de Ravenclaw.

Se hizo el silencio. Las miradas de Harry, Lupin y los dos Weasley se clavaron en Hermione, ninguno de los cuatro salía de su asombro. Ginny fue la primera en romper aquel silencio.

- Eso es imposible - dijo la pelirroja esforzándose por parecer calmada.

- ¿Por qué? - pregunto Aleo algo perdido.

- Porque yo soy la heredera ¿qué tiene ella de Ravenclaw? - respondió Ginny no mostrándose dispuesta a renunciar fácilmente a ese titulo, aunque eso era algo que no dependía de ella.

Miro a Hermione con resentimiento, como si ella hubiese planeado aquello. Hermione desvió la mirada incomoda, había imaginado que sucedería algo así y le habría gustado poder evitarlo. Maldijo por lo bajo al poco tacto de Milo para dar las malas noticias.

- ¿Qué tiene ella de Ravenclaw? - salto Gaia, la menos paciente del grupo y algunos se encogieron temiendo lo que vendría a continuación - Lo tiene todo. Mejor pregúntate que tiene tú de Ravenclaw.

Si Milo hubiese querido habría podido parar a Gaia, pero no quería, aquella chiquilla había osado poner en entredicho sus palabras. Él mismo había examinado con sumo cuidado las investigaciones de Nilda, y también estaba Cassandra. La palabra de Cassi era más que suficiente para él y aquella chiquilla no era quien para ponerla en duda, merecía un escarmiento.

- Que sabrás tu de lo que es ser un Ravenclaw - le espeto Ginny.

- Más que tú, de eso puedes estar segura, y no veo porque tengo que darte explicaciones a ti - dijo Gaia irritada.

Nilda decidió mediar al ver que la joven pelirroja hacia ademán de buscar su varita, probablemente no habría salido bien parada.

- Señorita Weasley - hablo Nilda en tono amable y con mucha calma - La señorita Da Bellani es descendiente de Robert Ravenclaw, al igual que Milo, Aleo o Céfiro.

Ginny se quedo igual que estaba, Historia de la Magia no era su punto fuerte, le resultaba casi imposible escuchar al profesor por más de 5 minutos seguidos sin bostezar.

- ¿El hermano de Rowena? - dijo Lupin que conocía lo suficiente de la historia de los fundadores y Nilda asintió - Pero, supongo que tendréis pruebas que demuestren que Hermione es la heredera.

- Por supuesto, y no hay inconveniente en mostrárselas a quien quiera verlas - dijo Nilda con amabilidad.

- Eso no será necesario - intervino la profesora McGonagall - Yo misma he visto y revisado esas pruebas, y puedo asegurarte que no hay ningún tipo de error. Dumbledore le pidió que buscasen a la heredera de Ravenclaw, y han estado trabajando en ello durante 2 años.

- ¿Dos años? - pregunto Remus más asombrado que incrédulo.

- Así es, pero entiendo sus dudas, y sé como llegasteis a vuestra conclusión. Nosotros también seguimos ese camino algún tiempo antes de darnos cuenta de que la familia Weasley, a pesar de estar emparentados con una descendiente de Rowena, no descienden realmente de la familia Ravenclaw, porque el único hijo de ese matrimonio no era hijo biológico de ella - explico Nilda - Hermione procede de una rama de la familia que fue borrada al unirse con un muggle. Puedo mostrárselo si quiere, señor Lupin.

- Si la profesora McGonagall dice que lo ha visto, para nosotros es más que suficiente - dijo Remus negando con la cabeza - Además, he de reconocer que nosotros realizamos una investigación muy por encima, en poco tiempo y saltándonos muchos pasos - reconoció algo avergonzado - Y si Dumbledore decidió que podíais hacer un buen trabajo, no seré yo quien cuestione su buen juicio.

- Además todos conocemos a Hermione, no es tan sorprendente que se la heredera de Ravenclaw - añadió Hagrid.

- Eso es cierto - dijo Harry mirando a su amiga con orgullo.

Ginny no sabría describir lo que sintió en ese momento, celos, envidia, enfado, decepción, todo a la vez. Por primera vez había tenido una posición más cercana a Harry de la que gozaba Hermione, un lazo que lo unía a él mucho más fuerte que el que lo unía a Hermione. Ella había sido su novia por un tiempo, eso había sido mucho mejor que lo que tenía Hermione, por un tiempo ella estuvo más cerca de Harry y se había sentido superior a Hermione. Pero incluso entonces había envidiado el valor de Hermione para hablarle claro a Harry incluso cuando sabía que al moreno no iba a gustarle lo que le tenía que decir. Luego para empeorar las cosas Harry había cortado con ella. Ahora Hermione le arrebataba lo que ella consideraba su mejor opción para acercarse de nuevo a Harry, y sin proponérselo, la sacaba de quicio. Encima Harry aceptaba la noticia mucho mejor de lo que había aceptado la suya. Todavía recordaba lo que le había dicho unos días atrás.

- Flashback -

Ron roncaba suavemente en su asiento desde hacia rato, mientras que Luna se entretenía revisando la información que tenían en busca de nuevas pistas. El vagón se encontraba completamente vacío y Ginny había visto clara su oportunidad.

- Ya sé que solo quieres protegerme, pero soy la heredera de Ravenclaw, y solo yo podré ayudarte realmente - dijo Ginny muy segura llegado ese punto de la conversación.

- Eres la heredera, bien ¿y por un casual saber como puedes ayudarme? - dijo Harry con más dureza de la que pretendía, no le gustaba la idea de que intentasen imponerle algo.

Ginny calló un instante encajando el golpe.

- Bueno, pues te guste o no, así es - gruño la pelirroja enfurruñada y no volvió hablarle más.

- Fin del Flashback -

Después se había disculpado y ella había creído que terminaría aceptándolo. Pero la realidad era bien distinta, Harry nunca termino de creer que fuese la heredera de Ravenclaw. La vos de la profesora McGonagall la devolvió a la realidad.

- Potter, quedan pocos días para que comience el curso, así que puedes….. - comenzó a decir McGonagall.

- No voy a volver a Hogwarts - dijo Harry poniéndose a la defensiva.

- ¿Cómo dices? - pregunto la Directora con gesto severo.

- Lo que ha oído - insistió el chico con testarudez.

- He intentado razonarlo con él, pero ni si quiera ha abierto su carta de Hogwarts - dijo Lupin.

- Potter ¿puedo hablar contigo un momento? - le pregunto Nilda - No voy a tratar de convencerte para que regreses. La decisión de volver o no es solo tuya. Solo quiero escuchar tus motivos.

- De acuerdo - acepto Harry, hasta ahora nadie le había preguntado por sus motivos.

Todos salieron del aula y los dejaron solos. Solo los que ya conocían a Tildan estaban seguros del resultado, el resto pensaban que no conseguiría nada, Harry era demasiado obstinado. Después de unos 20 minutos la puerta del aula se abrió y Harry salio al pasillo.

- Volveré a Hogwarts - dijo Harry y su voz sonó segura, sin rastro de derrota, porque por extraño que resultara, ahora si quería regresar.

Ron se sintió como si lo hubiesen liberado de una pesada carga, estaba muy seguro como iba a convencer a su madre para no volver al colegio. Ginny se sintió feliz de que al igual que ella Harry también hubiese decidido regresar, sin importar nada más. Hermione se sentía entre maravillada y un poco culpable, aunque en verdad no habría podido evitar el resultado de aquella charla.

Continuara………

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Llevaba mucho tiempo esperando llegar a esta parte, así que espero que os haya gustado. Muchas gracias por los reviews del anterior capitulo, me alegro de que os gustara, y de verdad que lamento no poder actualizar más deprisa.

Esta vez dedico el capitulo a los pacientes y a los no tan pacientes, que siguen mi historia, muchas gracias, de verdad 

Bueno, espero vuestras opiniones