El patio trasero del castillo era tan impresionante como lo era el principal y los jardines reales. Desde lo alto del gran castillo, se obtenía una vista perfecta para mirar con detalle cada construcción en el amplio patio que se extendía por millas hacía atrás.
Los cuarteles de los soldados se construyeron de piedra y madera al este, una gran construcción, como un pequeño castillo únicamente para ellos. Custodiado por los centinelas y las grandes banderas ondeantes de Arendelle. Los hombres entraban y salían, algunos de ellos vistiendo sus armaduras completas, mientras que otros simplemente vistieron el uniforme azul y blanco ligero.
Con una campo de entrenamiento y pequeñas arenas a su alrededor. Justo a su derecha, alejado por tal vez un total de dos mil metros entre las dos construcciones, se construyó un segundo cuartel.
De un aspecto pequeño en comparación con el cuartel principal. Amurallado y manteniendo su campo de entrenamiento y arena es completo aislamiento para otros. Sin embargo, Elsa podía ver a los ocupantes desde esa gran altura.
Las banderas que ondeaban en lo alto de la muralla y entre los centinelas, era de un Rojo bordeada en dorado, y justo al centro de las grandes banderas, un cráneo similar al de un lobo y justo dividido por la mitad, el cráneo alargado de un zorro.
Por primera vez Elsa vio a los "Cazadores". Su vestimenta era distinta a los soldados y castillos, ellos vestían un uniforme distinto. Mientras que los Caballeros reales siendo el rango más alto, vestían sus armaduras doradas y capas blancas, Los Soldados de caballería tenían armaduras plateadas y capaces azules, con grandes caballos de guerra blindados para arrasar todo a su paso.
Los de infantería vistieron armaduras similares, con el pecho cincelado en un gran copo de hielo afilado y ondeantes capas rojas sangre, de grandes escudos.
Los arqueros vestían armaduras más ligeras, de cuero grueso y maya tejida, manteniendo sus brazos ajustados con cuero y trozos de armadura en puntos clave para protegerlos de un combate cuerpo a cuerpo si el enemigo lograba acercarse lo suficiente a ellos. Los grandes arcos mantenían afiladas puntas en los costados, siendo estas su defensa y contraataque en un combate de cuerpo a cuerpo.
No es como si Elsa hubiera visto a todos los soldados de cada división para saberlo. Ella solo había visto a los caballeros y a los centinelas que pertenecían al área de infantería custodiando las puertas y pasillos del castillo.
Sin embargo, en el gran salón de guerra- uno que Hans le había mostrado en el recorrido del castillo los primeros días de su matrimonio- Las estatuas de tamaño real, vistieron las armaduras pertenecientes a cada categoría. Entre ellas había un gran caballo tallado de mármol, una gran bestia intimidante, y sobre su cuerpo acorazado, se elevaba un soldado igualmente protegido con una larga lanza.
Hans le había dicho entonces que, cada uno de ellos, pertenecía a una categoría de los protectores del reino. Ella se había detenido en las dos estatuas pertenecientes a los 'Cazadores'
Los cazadores vestían en cuero negro, sus armaduras parecían incuso más ligeras que los arqueros. Las estatuas mantenían su rostro oculto detrás de una media mascara de cuero curtido, y sobre sus cabezas, una capucha del mismo cuero.
Tal vez ellos eran los que estaban mejor equipados en armamento. La cintura de la estatua estaba rodeada por un cinturón de cuero, atando con cuidado y sin metales las fundas para dos dagas y una espada de tamaño mediano, con un carcajea colgando de la espalda y un arco entre sus manos.
"Vez la falta de metal en ellos?" Había preguntado Hans mientras señalaba la armadura oscura en la estatua. Elsa se había inclinado más cerca para estudiar con detalle.
"Si"
"Es para pasar desapercibido, cuando estás en movimiento y vistes metal, es demasiado ruidoso. El cuero, no lo es. Incluso la más pequeña de las argollas chochando entre si, causa un sonido que puede costar la vida de uno de ellos o el fallo de una misión. Vez las botas? Son más ligeras, el cuero es suave, es como caminar descalzo. Los mantiene sigilosos, un cazador es un arma mortal a tener en cuenta cuando están detrás de uno…" La estatua de un caballo junto a la de los cazadores, era mucho más pequeño y delgado que un caballo de guerra.
De cabezas pequeñas y ligeramente curvas, sus cuerpos esculpidos, y de aspecto elegante. Su cuerpo elegido para ser más rápidos que otros. Sus cuerpos no estaban ocultos bajo trozos de armadura. Con la cabeza revestida en una máscara de cuero oscuro.
Era un espectáculo digno de ver.
Elsa parpadeó a la realidad cuando las puertas del cuartel de cazadores se abrió un grupo de ellos salió con sus caballos detrás de ellos.
Eran agiles al montar, con saltos ligeros y presido, ajustándose ligeramente en la silla pequeña antes de reanudar su salida corriendo a toda prisa por los patios del castillo.
Todo era un espectáculo, la organización de todas las escoltas era impresionante, la coordinación que había entre ellos al correr en una fila doble, manteniendo la misma velocidad y distancia entre ellos. Los soldados de su padre, el Rey Carlos IV de corona, vestía a sus hombres como ellos desearon, siempre y cuando se mantuvieran protegidos, eran impresionantes, hombres fuertes y orgullosos, pero nada comparados con estos.
Ahora Elsa entendía por qué Arendelle era el reino más fuerte cuando se trataba de ejércitos, la organización y la disciplina que mostraban, era simplemente impresionante e intimidante. Todos ellos orgullosos, con votos sagrados para proteger a toda costa su reino y su rey.
"Que hace usted aquí?" Elsa giró su cuerpo mirando detrás de ella al rey, como era de esperarse, las cejas surcadas y su labio en una línea recta, un rostro contraído en una ira que parecía perdurar por siempre.
"Disfrutando de la vista" Respondió Elsa, no presto atención al echo que Anna se acercaba lentamente junto a ella deteniéndose en la ventana.
"Parece que todos perdieron la cabeza..." Susurró Elsa, al ver correr a los soldados de infantería de un lado para otro como si el suelo estuviera en llamas.
"No aun." Respondió la pelirroja. "Las cabezas comenzaran a rodar cuando los bandidos sean atrapados" Elsa miro de reojo al rey, parecía irritada, pero... cuando no lo fue? Parecía que su rostro se congelo en esa mueca de desagrado y su voz era siempre irritada con un tono sarcástico.
Elsa miro los ojos del rey, calvados como dardos en la ventana mirando más allá del cristal y los soldados, su mente en alguna parte distante de la realidad, del mundo. Tal y como era costumbre, ella estaba bien vestida, de un rojo profundo y tonos negros mesclados en las prendas para dar una armonía perfecta y elegante a la vista
"Que...?" Los ojos de Elsa miraron entre los cabellos rojos del rey. Insatisfecha por la distancia, decidió acercarse más y alzar su mano para acariciar el cabello del rey, ahí entre el mar de rojos, una delgada franja de blanco, era tan delgada y casi invisible, tendrías que mirar con demasiada atención para poder ver su presencia.
Elsa estaba segura que no estaba ahí tres días atrás, cuando acárido su cabello en el salón, Ella presto demasiada atención aquel día como para no notarlo.
"Porque hay una franja blanca en su cabello? Majestad?" El rostro de Anna se llenó de confusión. Se acercó al cristal y trato de mirar su reflejo en él. Alzó su mano y trato de tocar donde Elsa había tocado antes, como si el simple tacto podría decirle que cambio de color.
"Yo no lo sé, nunca lo note, quizás sea el estrés" Respondió con indiferencia, sin prestar la más mínima preocupación "El cabello de mi padre se tiño de blanco demasiado joven, decía que fueron las preocupaciones, aun así seguía siendo apuesto"
"Puedo imaginarlo" Respondió Elsa, en los cuadros del rey, él era un hombre apuesto, muy apuesto, con un rostro fuerte, aunque nunca lo vio en algún retrato con sus cabellos blancos, quizás no deseaba ser visto de tal manera. "No puedo imaginarle con el cabello blanco como una anciana a una corta edad? Es apenas veintitrés años! Por amor a los dioses!"
"Seguiré reinando por una larga vida si eso es lo que le preocupa" Respondió la pelirroja con indiferencia.
"No me preocupo por eso!" La pelirroja aparto la mirada de la ventana centrando toda su atención en Elsa, su ceja se alzó lentamente y dijo.
"Desea convertirse en reina pronto? Es eso lo que la preocupa?" Elsa no sabía que responder, estaba haciendo una broma o era grave? Porque en el nombre de los dioses pensaba tal cosa!? Es que ahora pensaba que Elsa estaba impaciente por convertirse en reina? Que deseaba ser reina del reino más rico de los cinco!?
Una interesada!?
"Es solo una broma" Tranquilizó Anna, su rostro se relajó y en sus ojos brilló la ligera preocupación "...Eso hacen los amigos... no?"
Amigos?
Ellas?
Su mente se quedó en blanco. No es eso lo que Elsa estaba esperando. Acercarse un poco sin un ambiente hostil o indiferente? Donde realmente fuera alguien para la pelirroja y no solo una molestia?
Ella solo pudo mirar al rostro joven de esta mujer frente a ella.
"Si" Respondió en un suspiro "Es lo que hacen los amigos" y ahí en medio de ese rostro joven e inexpresivo, una sonrisa fugas se dibujó en los labios carmesí
x-x-x-x-x-x
Cuanto tiempo había pasado ya?
Un mes?
Un mes...
Un mes desde que Elsa se convirtió en la amiga de Anna.
Fue extraño al principio, ninguna sabía que decir o hacer, que hacen los amigos entre sí?
Hablar? Salir a tomar el té o leer juntos? Elsa no lo recordaba, cuando fue la última vez que tuvo un amigo?
Pero aun con todas aquellas dudas y "problemas" Elsa salió adelante, haciendo que su amistad prosperara con calma. Pasarían cortos periodos de tiempo hablando de todo y nada a la vez, si, fueron incomodas la mayor parte del tiempo pero pronto comenzaron acostumbrándose.
En la hora del desayuno Elsa se encontró sorprendida cuando encontró a la pelirroja por primera vez en el comedor, sentada a la cabeza con su plato ya servido y una copa de vino frente a ella, parecía haber estado esperando durante mucho tiempo, ese día Elsa despertó tarde, decidida a tomar el almuerzo y no el desayuno.
Se disculpó una y otra vez por llegar tarde y hacer perder el tiempo para Anna, pero con un poco de irritación y molestia Anna dijo que estaría bien, al día siguiente Elsa despertó temprano, salía a toda prisa por los pasillo y se encontró con el rey esperando por ella para el desayuno.
Después de esos días, se hizo una costumbre desayunar juntos, al terminar, Anna se excusaría y regresaría a su trabajo para reunirse a la hora de la cena.
Elsa descubrió que Anna era una persona de pocas palabras, su fuerte era escuchar, Pero cuando habló lo hacía con firmeza y una despiadada sinceridad. Su sinceridad siempre irritó a Elsa, sus palabras eran como la llama de una vela escaldando su piel, continuando constantemente hasta que Elsa se alejó, siempre había sido de esa manera desde el principio, pero pronto comprendió que esa era la forma de ser de Anna, era ella misma, y para evitar que sus conversaciones terminaran en confrontaciones, aprendió a navegar entre las palabras de Anna y no tomarlas de forma personal.
Había días en los que Elsa visitaba a la pelirroja en el estudio, con un suave golpe de advertencia, la Rubia pasaba algunas horas alrededor de Anna, había reclamado como suyo el asiento junto a la ventana, donde las pocas horas de luz entraban y calentaban su piel, a veces llevaba con ella un libro, leyendo en silencio mientras Anna trabajaba en el escritorio, con el ruido de la pluma arrastrándose sobre el pergamino siendo el único ruido en esa habitación.
Los paseos a los jardines eran extraños y de corta duración. En las raras ocasiones que salieron fuera del castillo, siempre estaban acompañadas por los caballeros, anqué ellos se mantuvieron todo el tiempo en silencio, a Elsa le seguía resultado incomoda su presencia.
Y mientras más tiempo pasaba con el rey, no parecía tan... irritante...
En ocasiones, extraños momentos donde Anna soltaba una pequeña broma, que tomaba por sorpresa a Elsa, bromas extrañas y casi siempre con un sentido del humor un tanto… oscuro, sin embargo, el desliz infantil que parecía apoderarse de la pelirroja, era suficiente para hacían que Elsa se riera de una forma extraña e impropia de una princesa, esas risas donde dejan de ser sonidos y se convierten únicamente en resoplidos extraños.
En momentos como esos Elsa podía decir que Anna se hinchaba en el orgullo, parecía orgullosa de hacerle reír de esa forma. La forma en que su espalda parecía enderezarse y su pecho se inflaba en un extraño regocijo de placer mientras la observaba con pequeñas y fugases mirada.
Elsa descubrió que, Anna puede ser tan fría e hiriente, o infantil y cálida. Y a pesar de haber quedado cautivada con la forma infantil y cálida de la pelirroja, aún seguía habiendo roses bruscos y un poco de amargura cuando Anna se comportaba de esa forma tan… rey.
Sin embargo, tal vez podía acostumbrarse a ese lado áspero de Anna.
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Elsa tarareo en voz baja mientras caminaba con su libro bajo el brazo. Su destino era el estudio de Anna, consiente al saber que la pelirroja estaría ahí a esa hora del día.
Golpeo una sola vez y sin esperar una respuesta verbal, entro al estudio.
Como era de esperarse, Anna estaba detrás de su escritorio, su postura erguida sobre el escritorio de una forma que solo ella podría hacer elegante, su mano se movía con agilidad sobre el papel mientras escribía con rapidez y elegancia.
Aparto su mirada por un breve momento del papel para mirar a Elsa.
"Pensé que no vendría hoy" Murmuró la pelirroja regresando a su trabajo, Elsa cerró la puerta detrás de ella y camino a su lugar habitual. El aroma del estudio resultaba reconfortante, un aroma fresco del invierno mesclado con el aroma fuerte de tinta y pergamino junto al aroma de té.
Un aroma que parecía impregnar el cuerpo y la ropa de la pelirroja por los largos periodos de tiempo que pasaba en el estudio encerrado.
"Por qué pensante en eso?" Preguntó Elsa mientras tomaba asiento en el sillón cómodo, abrió su libro justo donde lo había dejado dos días atrás, miró de reojo a la pelirroja en el escritorio y sonrió ligeramente " O incuso en mí?" Bromeo Elsa, a lo largo de su amistad habían decidido dejar las etiquetas a un lado, siempre y cuando estuvieran a solas, algo que Elsa estaba contenta por aplicar cuanto antes. Nunca pensó que disfrutaría de bromear con la pelirroja o con ella, intentó hacerlo siempre que se presentaba la oportunidad, siempre y cuando el momento fuera oportuno y estuvieran a solas.
El silencio que recibió a cambio, no fue tomado por Elsa como falta de interés por parte de Anna. La pelirroja siempre era cuidadosa con las palabras, sabía cómo utilizarlas y cuando no hacerlo en absoluto para construir alguna excusa que, al fin y al cabo, no tenía algún sentido.
"Eso pensé" respondió Elsa cuando Anna no dijo nada. El suave sonido de la respiración de Anna y el susurro de la pluma contra el papel eran tranquilizantes y agradables, hacían su lectura más cómoda, Resultaba reconfortante compartir una habitación con la pelirroja, sus silencios- antes incomodos y fríos- resultaban cálidos y acogedores, había una sensación de calma con solo levantar la mirada y descubrir a la pelirroja inclinada sobre su escritorio, garabateando con precisión y elegancia sobre el pergamino.
Elsa no sentía la necesidad de formular palabras entre ellas, no como lo había con Hans cuando los silencios se extendían demasiado entre ellos, con Hans, sentía una necesidad casi obligatoria de hablar, el pensamiento de permanecer en silencio con él, la asustaba, Al no mantener el interés de Hans cautivado cuando estaba con ella, pensaba constantemente en que, tal vez, Hans la encontraba aburrida.
Gerda se presentó una hora más tarde, con una bandeja de té y galletas en sus manos y una sonrisa tranquila en sus labios. Elsa no era ajena a las miradas extrañas por parte de la mujer mayor. Esa mirada que parecía estar constantemente buscando algo que no estaba ahí, intentando descifrar un dilema que se enmarañaba frente a ella, uno que parecía mezclarse entre sí, confundiéndola nuevamente cuando pensó que lo había resuelto finalmente, Elsa conocía esa mirada, era la misma mirada que su hermano Jack siempre tenía en el rostro cuando jugaba ajedrez con su padre, intentando atar los puntos y descubrir una buena jugada que finalmente rompiera la racha ganadora de su padre Carlos.
"Tienes frio?" Elsa salto en sus huesos cuando escucho la repentina voz de Anna junto a ella, cubrió su pecho con su mano y alzó la cabeza para ver a la pelirroja fruncir el ceño ligeramente.
"Me asustaste!" Respondió Elsa, la pelirroja se movió a un lado tomando el asiento frente a Elsa, con la comisura de sus labios tirando hacia arriba en una pequeña sonrisa que intentaba mantener en silencio y secreta.
"Eso parece" Respondió "Tienes frio? Puedo llamar a Gerda para traer un abrigo o una manta" continúo, sus ojos se centraron por un momento en el libro de Elsa tratando de leer el título de este sin preguntar directamente al respecto.
"Por qué te tomarías tantos problemas para llamar a Gerda cuando podrías darme tu chaqueta?" Preguntó la rubia, intentando comprender por qué Anna siempre hizo eso, no importa donde estuvieran, siempre llamaría a alguien para dar el abrigo a Elsa, nunca se ofreció para dar su propia.
"Si te diera mi chaqueta, yo tendría frio. Sería un gesto tomado como caballerosidad, sin embargo, un movimiento tonto por mi parte. Es mejor traer uno para ti, de esa forma calmaras tu frio y yo no lo sufriría tampoco, pienso que es más efectivo, no te parece?" Pregunto "Dar tu chaqueta para dar buenas impresiones, los hombres hacen eso, lo he visto, y sigo creyendo que es absurdo" reflexionó.
"Se llama buenos modales Anna, y los amantes lo hacen para que su amante no sufra frio, es muy romántico" Murmuró Elsa sin prestar mucha importancia, Anna estaba en uno de esos momentos en los cuales haría o diría algo para hacer irritar a Elsa y pronto comenzar una pequeña discusión, no entendía por qué la pelirroja lo hacía, parecía que simplemente disfrutaba de discutir todo el tiempo.
Al principio Elsa calló en su trapa una y otra vez, pero pronto aprendió a ignorarla e ir con la corriente sin prestar mucha importancia o tomarlo personal. Era Anna después de todo, la mujer más extraña que conocía.
"Deberías intentarlo" Murmuró Elsa cambiando la página de su libro.
"Ser romántico?" Se burló, inclinó su espalda contra el respaldo del sillón, cruzando su pierna de forma natural sobre su rodilla, apoyando el codo derecho sobre el reposabrazos y dejando caer su mejilla sobre el puño cerrado. "Por qué lo aria?" Preguntó con el ceño ligeramente fruncido. "Y aún más importante, Con quien lo intentaría?"
"No lo sé. Porque no buscas un amante? No te gustaría casarte?" Preguntó Elsa, con la mirada centrada únicamente en la lectura. Ella quería levantar su mirada y ver a la pelirroja, para ver su expresión había dejado de concentrarse en las palabras de la página unos minutos atrás, intentando parecer indiferente a pesar de sentir como la curiosidad picaba bajo su piel.
"Soy un rey" Respondió como si eso lo explicara todo. Guardó silencio por un largo periodo de tiempo, y justo cuando Elsa pensó que la conversación había terminado, Anna continuó. "El matrimonio que tú conoces, es muy diferente al que yo conozco." Murmuró. Elsa levantó la mirada, observó a la pelirroja extrañamente relajada en el sillón frente a ella.
"A que te refieres?" La pelirroja suspiró ligeramente, agitó su mano libre en un gesto desdeñoso mientras dijo.
"Ustedes toman el matrimonio como una moneda de cambio. Siempre buscando recibir algo a cambio cuando unen las casas, una princesa es dada en matrimonio a un extraño porque su padre quiere una alianza fuerte, un príncipe se une en matrimonio en busca de un futuro heredero para asegurar su futuro reino. Dejando en último lugar el sentimiento del amor. Terminan casados con alguien a quien apenas conocen y sin un sentimiento romántico como la base de su matrimonio." Explicó.
"Tal vez en el futuro terminen construyendo sentimientos el uno por el otro, sin embargo, cuantas noches pasaron en vela dándose la espalda en la cama por temor a resultar heridos, cuantas lagrimas derrama una mujer cuando ve a su esposo salir de las habitaciones de otra mujer? Cuanto tiene que sufrir y soportar en silencio? solo para que su padre obtenga una alianza."
"Para ustedes, el matrimonio se ha convertido en un negocio. No lo es para mí." Los labios de Elsa se entreabrieron ligeramente, apretó su agarre sobre el libro en su regazo, mirando a la pelirroja frente a ella. Su cuerpo se había encogido ligeramente en el sillón, con la mirada distante.
"…Que es el matrimonio para ti, Anna?" Preguntó Elsa en un susurro pequeño. Su voz atrajo la atención de Anna en ella, la miró en silencio, buscando algo en sus ojos, algo que Elsa no estaba segura de tener o no.
Anna cerró, los ojos, suspirando lentamente, y cuando abrió los ojos, no sostuvo la mirada de Elsa.
"No lo entenderías"
"Pruébame." Respondió Elsa, inclinando su cuerpo al frente, sintiendo una necesidad por estar más cerca de Anna, para compartir el secreto que la pelirroja se guardaba para sí misma. "Soy una mujer inteligente."
"No tengo duda de eso, Elsa. Sin embargo… Tendrías que estar casada conmigo para poder entenderlo."
De pronto Elsa sintió su garganta muy seca, intentó tragar y humedecerla, pero simplemente, parecía imposible. Miró a la pelirroja y su mirada pesada, observándola únicamente a los ojos, Elsa apartó la mirada, sintiéndose extrañamente pequeña bajo su escudriño.
"E-entiendo" murmuró Elsa, aclarando su garganta un par de veces, se movió en su asiento, regresando a su antigua posición correcta.
"Dudo de ello" Murmuró la pelirroja con una sonrisa extraña en sus labios. "Eres demasiado joven, Tu y mi hermano lo son. Hans aún carece de un carácter propio, se deja influenciar fácilmente por alguien que tiene un mejor control sobre sí mismo. Es joven e impudente, sin embargo, también es leal y noble. Su corazón siempre está en el lugar correcto, y las personas se aprovechan de eso." Anna se enderezó, plantó los pies en el suelo, aferrándose a los reposabrazos del sillón mientras inclinaba su cabeza ligeramente para mirar a Elsa.
"Este matrimonio entre ustedes, fue demasiado repentino. Imagina mi sorpresa cuando descubro que mi joven hermano se casaría después de estar un año fuera de Arendelle. Regreso emocionado y completamente enamorado de una joven princesa del verano." Elsa se removió bajo la mirada de Anna, tragó pesado, sintiendo repentinamente la necesidad de escapar.
"Me sorprendí, pero al mismo tiempo estaba agradecida al saber que tenía un enamoramiento con una princesa y no con una Lady. Sin embargo, no lo hacía más fácil. Se aferró a la idea de casarse con ella, y a pesar de mis protestas…" Anna entrecerró los ojos. "El pequeño descarado amenazó con escapar de Arendelle, -un tonto enamorado, es más peligroso que un loco con una espada- Y entonces… unos meses más tarde, mi reino está siendo invadido por personas que nunca conocí, por personas del verano, ansiosos y carentes de modales o sentido común, nobles pomposos que nunca escuche de ellos, deambulando por mi capital como si perteneciera a ellos."
Elsa se tensó al escuchar el veneno y la ira asomándose en la voz de Anna. "Sabes cuantos problemas trajeron con ellos? Rompiendo mi ley como si no significara nada. Violando, robando y acecinando. Era un caos, mi pueblo estaba asustado, pero eran demasiado educados para mantener los susurros entre ellos, demasiado educados como para callar su incomodidad y no causar un alboroto en las fiestas de un matrimonio que nadie esperaba tener de esa forma tan repentina. Todo esto porque su joven y tonto príncipe, estaba enamorado de una princesa del verano, todo eso porque el pequeño descarado había invitado a cualquiera sin mi consentimiento."
Los ojos de Elsa se abrieron. Hans nunca lo había mencionado, nadie lo sabía, ella recordó la celebración, había sido impresionante, romántica y digna de una boda entre dos grandes familias reales. Y ahora… después de meses de su boda, Elsa ahora entendía por qué Anna parecía querer acecinar a alguien aquella noche. La ira que brotaba de ella en grandes cantidades, la ira que sentía cuando miraba a Elsa, o a cualquier extranjero. Tenía sentido.
"L-lo siento. No estaba enterada de-"
"Oh por supuesto que no lo estabas, nos encargamos de mantenerlo en silencio." Respondió la pelirroja con una pequeña sonrisa en los labios. "Ahora… puedes entender mis motivos cuando pregunte, hay un motivo oculto entre tu matrimonio con mi hermano, aparte del principal de una alianza? Alguien tenía influencia sobre Hans en esta decisión? Oh tus sentimientos por mi hermano son puros y sinceros?"
"Yo lo amo!" Respondió Elsa enseguida. "Mis sentimientos por Hans son sinceros, lo amo desde el primer momento en que nos vimos en aquel baile. Sabía que era un hombre completamente diferente del resto, y no, no me refiero a su posición económica o títulos. Era amable como pocos lo son." Explicó, Elsa cerró su libro, dejándolo junto a su muslo. "Lamento que nuestro matrimonio causara tantos inconvenientes para tu reino, lo siento mucho" Inclinó la cabeza en su disculpa, intentando mostrar la sinceridad en sus movimientos y palabras.
No hubo una respuesta para sus palabras, ella aún mantenía su cabeza inclinada, y solo la levantó cuando escuchó el suave resoplido de la pelirroja.
"Entiendo…"
El silencio calló sobre ellas como un manto pesado, Elsa jugó con sus dedos, apretando y aflojando su agarre sobre ellos constantemente en busca de liberar un poco su tención. Anna por otra parte, parecía completamente relajada. Arrastrando su dedo sobre su labio inferior de forma distraída.
La rubia aclaró su garganta un par de veces, estremeciéndose cuando el sonido parecía resonar en toda la habitación.
"S-suenas tan negativa ante el amor, Anna" la pelirroja se encogió de hombros ligeramente, cruzo su pierna y limpió las arrugas inexistentes en su pantalón.
"Soy realista, Elsa" Corrigió. Su voz había vuelto a ser tranquila y sin malicia. Incluso llegando a sonreír ligeramente mientras miraba a la princesa. "Eh aprendido que, el amor del humano siempre tiene un motivo oculto." Se encogió de hombros ligeramente.
"No puedes gobernar en solitario. Necesitas a alguien a tu lado. Una reina" La pelirroja se burló.
"No estoy dispuesta a compartir mi reino con nadie, no mi trono, no mi cama, no mi cuerpo, nada en lo absoluto" respondió con convicción.
"Eres un rey muy codicioso" Respondió Elsa, esta no era la primera vez que lo pensaba, y ella dudaba que, tampoco fuera la última que lo hacía.
"Cuido lo que es mío, no dejare que ningún tonto con sonrisas radiantes y ojos de ensueño derribe todo lo que con sacrificio mis ancestros construyeron. No estoy loca sabes?"
Elsa guardo silencio, mirando con atención a la mujer frente a ella.
Era tan preciosa en una forma distinta a lo que Elsa vio, era irritante? Si, eso nunca lo perdería y si lo hiso dejaría de ser Anna.
Elsa se preguntó nuevamente porque tenía una vista tan negativa del amor?
"Cuando te enamores-
Las puertas del estudio se abrieron con brusquedad haciendo saltar a Elsa de su asiento, Anna se levantó de su asiento, su cabeza se giró con brusquedad a los dos caballeros que habían estado tan silenciosos en las esquinas, sus espadas se desenvainaron en cuestión de segundos y con rapidez bloquearon la vista del rey y su posible atacante.
"Majestad!" Grito Kai con terror cuando la espada de un caballero se detuvo justo a tiempo en su cuello. "Soy yo majestad!" Repitió tragando pesado cuando sintió el frio metal afilado en su garganta.
"Kai! Que crees que haces entrando de tal manera!" Gritó Anna "podrías haber muerto!" Gritó, sus ojos burbujearon en rabia, quizás por el hecho que estuvo a punto de ver morir a su mayordomo y hombre que conocía desde su infancia.
"Me disculpo profundamente Majestad! Pero esto es urgente!" El cuerpo de Elsa se tensó al igual que Anna, la pelirroja hizo un gesto con su mano y como si fueran marionetas, los caballeros bajaron sus espadas y las guardaron moviéndose a un lado en perfecta sincronía.
"M-Majestad! Los cazadores regresaron!" Dijo Kai. Los ojos de Elsa se abrieron al recordar los hombres que habían partido un mes atrás, Con órdenes especificas directamente de Anna "no regresar hasta encontrarlos"
"Ellos los atraparon-
Sin dejar terminar al hombre, Anna se movió con rapidez. Elsa la siguió rápidamente y con ellos como sus sombras, los caballeros.
Los siervos susurraron entre sí, parecía que los rumores corrieron con rapidez.
Al entrar a la sala de tronos un total de veinticinco hombres estaban encadenados y custodiados por los soldados cuando los cazadores se había retirado al completar su misión.
Anna no les prestó atención en lo más mínimo, camino entre ellos con decisión y calma sentándose en su trono, lo caballeros se movieron junto a ella flanqueando su trono.
Los soldados esperaron con paciencia junto a los hombres encadenados a que el juicio comenzara.
"A sí que, tu eres el rey?" Se burló un hombre fornido de larga barba y mirada lasciva.
"Dime, cuanto tengo que pagar para tener una puta como tú?" Las risas de los hombres resonaron en la gran sala, un jadeo escapo de los labios de Elsa, tal lenguaje! sus ojos se centraron en Anna, la pelirroja estaba tranquila, peligrosamente tranquila.
"Oh? Es que te comieron la lengua jovencita?" Continúo el hombre, los soldados apretaron sus puños a sus costados, deseando escuchar la orden de su rey para hacer callar a este hombre.
"Rumores dicen que el Rey de Arendelle nunca sale de su castillo. Comenzábamos a pensar que no teníamos un rey en lo absoluto! Pero ahora al verte, me decepcionas! Una simple niña como gobernante! Que bajo ha caído Arendelle. Donde están los antiguos reyes que gobernaron estas tierras frías. Hombres y mujeres de leyendas! Descendientes de los mismos dioses! En su lugar, Solo veo a un hijo de puta"
La pelirroja alzó su mano con languidez, como si espantara alguna mosca en el aire, un total de cinco soldados se movieron rápidamente y con brusquedad de sus lugares, aferrándose al hombre como perros rabiosos y hambrientos, derribaron al hombre en el suelo y lo tomaron de pies y manos mientras que otro retiro sus pantalones con rapidez y ahí frente a todos en la sala de trono, El soldado cortó la hombría del hombre.
Los gritos del hombre resonaron en las cuatro paredes mientras que la sangre brotaba a borbotones, se retorció y lloró, intentado liberarse de sus captores para proteger su herida, pero los soldados eran fuertes, aferrándose a sus extremidades con una fuerza e ira propia de un león.
"TU! Maldita puta!" Gritó el hombre entre chillidos y sollozos. Se atragantó con su saliva y llanto. Gritando cada vez más alto que su grito anterior. El resto de los hombres se mantuvieron silenciosos, apretando sus piernas de forma involuntaria mientras el color abandonaba sus rostros, miraron a su compañero con incredulidad y temor, cambiado entre el hombre tendido en el suelo retorciéndose y la tranquila mujer en el trono.
Los ojos de Elsa se apartaron de la escena tan violenta, cubrió su boca cuando sintió que su estómago se revolvía y amenazaba con regresar su comida. Intentó bloquear los gritos del hombre pero era imposible, hasta que Anna dijo.
"Mete eso en tu boca y trágala como el perro que eres. Tu repugnante creatura" los ojos del hombre se abrieron, llorosos y rojos, sus gritos cesaron enseguida, cerro sus labios de una forma tan apretada que ni los soldados podían abrir. Intentaron abrirle la mandíbula por la fuerza, aferrándose a ella con sus manos enguantadas, exponiendo una fuerza bruta, pero el hombre simplemente no cedió.
Intentaron con apretar su nariz y bloquear la fuete de aire, sin embargo, el vas tardo parecía preferir morir asfixiado. Uno soldado pisó la entrepierna sangrante del hombre, retoricó su bota cubierta de hierro con fuerza haciendo que giraría de dolor, el soldad metió su puño en la boca del hombre, manteniéndola abierta por si intentaba cerrarla nuevamente, metió en su boca su orgullo y lo hizo cerrarla rápidamente, tomó su paño blanco de su armadura y amordazó sus labios para que no pudiera escupirla.
"Eso te mantendrá callado por un rato" Murmuró la pelirroja sin importancia.
"Que sigue ahora? Un estúpido juicio?" Se burló un segundo hombre.
"Juicio?" Repito Anna "tu cabeza siendo cortada es lo que sigue." La pelirroja aparto la mirada del hombre y miro a Kai, El mayordomo estaba tranquilo junto a la pelirroja, su mirada gélida únicamente en el hombre tumbado en el suelo y sangrante "Reúne a los ciudadanos en la plaza" El hombre asintió, se inclinó y salió a toda prisa de la habitación.
"Aun cuando nos mates no detendrás esto" Murmuró el hombre "Esto es más grande que tú! Crees que por ser tu reino Arendelle puedes manejarlo todo?" Se burló "A comenzado y es inevitable!"
"Comenzado?" Preguntó la pelirroja. El hombre asintió bruscamente.
"Tu casería, todos quieren tu cabeza, conozco tu verdadera naturaleza!" Gritó el hombre. "Sé de dónde vienes y tus capacidades, tus antepasados. Conozco el peligro que eres en realidad. Todos te odian! No hay ser en la tierra que te aprecie, un maldito parasito que lo contamina todo."
El hombre desenvainó una daga de su bota con un movimiento rápido, golpeó su codo en el rostro del soldado que lo sostenía, y cortó la garganta del segundo, se giró rápidamente, con la ira penetrada en los ojos cuando miró a la pelirroja.
"Por mi rey!" Gritó el hombre corriendo demasiado rápido en dirección a Anna.
"Anna!" Gritó Elsa tan fuerte que su voz hizo eco en todo el lugar. Un silbido del metal y un miembro al suelo después todo quedó tranquilo.
"Tu rey...?"Murmuró la pelirroja levantándose de su trono, sus ojos brillaron con rabia incontrolable, junto a ella estaba su caballero con la espada cubierta de sangre, y frente a la pelirroja estaban las dos manos del hombre que aun sostenían la daga y los grilletes.
El hombre jadeo una y otra vez tratando de controlar el dolor, Su orgullo era más grande que el dolor! Se negaría a gritar o arrodillarse frente a esta creatura.
"Dime quien es tu rey?" El hombre trago un nudo de dolor en su garganta y se burló.
"El único Rey que debería gobernar Arendelle, Puta" La pelirroja hizo un gesto con su mano y el caballero corto por segunda vez, y en esta ocasión fue la parte trasera de las rodillas, la herida era profunda, el hombre calló de rodillas gimiendo en voz alta sin importar cuanto apretara sus dientes para silenciarlos.
"Tu no." Habló la pelirroja.
"...Que...?" gruñó el hombre sin comprender lo que Anna dijo.
"Tú no morirás. No hoy, no nunca, al menos no por mi mano o la de mis hombres" Respondió, sus labio se surcaron en una sonrisa, una que Elsa no estaba acostumbrada a ver, fría y sombría.
"Vivirás para ver con tus propios ojos como gobierno sobre todos y cada uno de los reinos. Estarás ahí, presenciando de cerca los horrores de los que hoy me acusas."
Las puertas del trono se abrieron y Kai entro apresurado.
"Atad las heridas" ordeno Anna, al instante los soldados se acercaron y con sus paños vendaron las muñecas del hombre para detener el sangrado y evitar que muriera.
"Majestad está hecho" La pelirroja asintió y caminó por la alfombra ahora cubierta en sangre y miembros, los soldados empujaron a todos los hombres fuera de la habitación siguiendo a su rey.
Elsa les siguió junto a Kai, los dos se mantuvieron detrás a una distancia segura.
Cuando las puertas del castillo se abrieron, Los ciudadanos estaban esperando a la orilla del puente, silenciosos como una cripta, de pie en las orillas para permitir a los soldados y los prisioneros pasar sin obstruir el camino.
Una plataforma ya se había levantado, lo suficientemente alta para que todos pudiera ver desde con detalle, un fuego ardía en un gran brasero, los soldados rodearon el lugar, con armas y escudos en alto, el centro estaba despejado, salvo por las herramientas que Elsa no reconocía.
Anna subió primero seguida por sus caballeros.
"Después de un mes de búsqueda, Los causaste de los incendios fueron atrapados!" La pelirroja hizo un gesto a los hombres. La pelirroja asintió a un soldado, el soldado empujo a su preso al frente, pateo la parte trasera de las rodillo obligándolo arrodillarse frente a un trozo de madera, la madera estaba salpicada con la antigua sangre. Desprendía un aroma desagradable, y estaba pegajosa cuando tocó la garganta del hombre.
La pelirroja miro a su caballero, el caballero desenvainó su espada y camino al frente listo para cortar la cabeza del hombre.
No hubo tiempo para la última voluntad del hombre, la espada silbó en el viento y segundos más tarde, el sonido familiar y repulsivo se escuchó, la sangre brotó en una pequeña fuente, derramándose y extendiéndose rápidamente por la madera. La cabeza rodó lentamente, deteniéndose unos centímetros frente a Anna, mirándola con ojos sin vida.
"Continuar con los otros" Ordenó Anna. Cruzo sus manos tras la espalda, mirando con atención y escuchando los gritos satisfechos de los ciudadanos.
Los soldados movieron a los hombres alrededor de la tarima, algunos fueron decapitados mientras que otros fueron atados a una mesa de pies, cabeza y manos, los soldados cubrieron sus propias manos con gruesos guantes.
El segundo soldado tomo la olla hirviente y se acercó al hombre.
"Veamos si puedes cuidar tu lengua después de esto" Murmuró el soldado mientras retiraba la mordaza de la boca, "Que? realmente la tragaste perro maldito!" Se burló el soldado cuando vio la boca bacía. Su compañero se acercó a él y espero a que pusiera un embudo de hierro en su boca.
El hombre forcejo pero le fue imposible escapar, los soldados comenzaron a verter el líquido hirviente en la boca del hombre.
"El aceite caliente podría sentarte bien" Gruñó el soldado mirando con repugnancia al hombre que se retorció, tocio y atragantó, y finalmente morir de una forma tan agonizante.
Dejaron la olla un lado y siguieron un segundo hombre.
"Vamos" El soldado empujo al hombre sin manos, los paños estaban cubiertos de sangre que continuaba saliendo, tomo la plancha de hierro caliente y la pego a las muñecas del hombre, el aroma a la carne cocida flotó rápidamente, con la carne silbando ante la plancha de hierro caliente,
El hombre grito y se retorció intentando apartar sus brazos del hierro caliente.
"Esto detendrá el sangrado. Alégrate, después de todo, eres el favorito de mi rey"
Los ojos de Elsa se abrieron lentamente, cuanto horror en un solo día.
Sabía que aquellos hombres hicieron atrocidades, pero nunca nadie merecía la muerte, Anna tendría que actuar como un buen rey y perdonar a los hombres, o al menos encerrarlos en las mazmorras como castigo.
Pero nunca esta atrocidad.
Este lado de Anna era aterrador e inquietante.
"Han no aria algo así..." Susurró "Hans es completamente distinto a ti..." Susurró a nadie en particular.
