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El favor para Hermione

Pasaron los días y la noticia del aterrador mensaje en la pared en el corredor cerca de los baños se había regado como la pólvora; todo el mundo se preguntaba quién era el heredero de Slytherin, y muchos creían (sin bases, claro está) que el dichoso heredero era Harry Potter.

Pero no fue hasta una tarde que a Alan le ocurrió algo realmente excepcional: cuando el muchacho caminaba por los jardines, Hermione le gritaba desde lejos:

-¡Westwood! ¡Espera!

Muchos de los presentes voltearon a ver a Hermione, quien corría hacia Alan.

-¿Qué pasa, Granger? - preguntó Alan mientras él también se daba media vuelta.

-Necesito pedirte un favor - dijo Hermione jadeando.

-¿De qué se trata? - dijo Alan, observando a Hermione con interés.

La chica abrió la boca para responder, pero miró a algunos presentes que estaban lo suficientemente cerca como para oírlos, y decidió susurrarle a Alan lo que necesitaba.

-Necesito que me ayudes a conseguir unos ingredientes para una poción - Hermione hablaba con voz temblorosa. Alan la miró con esceptismo y preguntó:

-¿Qué ingredientes necesitas?

Hermione tardó en responder, pues intentaba decidir si aquello era buena idea o no, pero a la final decidió que no tenía alternativa.

-Polvo de cuerno de bicornio y piel en tiras de serpiente arbórea africana - recitó despacio.

Como Hermione había temido, la expresión de Alan pasó de interés a sorpresa mezclada con alarma, pues el chico (al igual que Hermione) sabían que sólo había una poción que requería esos dos ingredientes, potencialmente difíciles de conseguir: la poción multijugos.

-¿Qué diablos intentas hacer? - inquirió Alan.

-No puedo decírtelo. - farfulló Hermione, abochornada.

-¿Por qué no?

-Porque es parte de un plan… - dijo Hermione, pero no quiso decir más.

-Hermione… - empezó Alan. La chica se le quedó mirando; nuevamente el Slytherin pronunciaba su nombre. - Si no me dices en qué consiste tu plan, me temo que tendré que negarme. - dijo Alan seriamente, cruzándose de brazos.

-¡No es justo, Westwood, me debes un favor! ¡Me prometiste que me ayudarías! - protestó Hermione agitando los brazos.

-¡Ya lo sé! - dijo Alan en un susurro. - Pero yo te conté todo lo que había pasado en realidad en aquel pasillo, y no se lo he contado a nadie más. ¿Por qué no me puedes confiar tu plan? - dijo Alan, todavía cruzado de brazos.

-¡Porque mi plan requiere romper demasiadas reglas, Westwood! - replicó Hermione.

-¿Y a quién se lo voy a contar? - preguntó Alan mientras alzaba una ceja. -Te doy mi palabra de que no se lo diré a nadie, y de todas maneras todos tenemos ciertos… secretitos que nos podrían meter en problemas.

Hermione quería replicar, pero no parecía encontrar las palabras.

-Creemos que Draco Malfoy puede ser el heredero de Slytherin. Y queremos usar la poción multijugos para interrogarlo.

Alan se contrarió, como si Hermione le hubiese pegado.

-¿Y por qué no me pides que lo interrogue en lugar de conseguirte cosas particularmente raras y difíciles de hallar? -inquirió usando la lógica.

-Porque Malfoy nos está viendo hablar - Hermione miró discretamente hacia la derecha donde Malfoy los veía y Alan vio hacia el mismo sitio, pero al sentirse observado, salió corriendo. - y si hablas con él después de hablar conmigo, sabrá que pretendes ayudarme. Además, sé que ustedes no se llevan muy bien.

Hubo una corta pausa.

-¿Cómo sabes eso? - le preguntó receloso.

-Hay que estar cerca de tus amigos, y aún más cerca de tus enemigos - dijo Hermione encogiéndose de hombros.

-¿Pero en realidad somos enemigos?

Aquella pregunta tomó a Hermione por sorpresa, pero la chica movió negativamente la cabeza.

-¡Ese no es el tema, Westwood! - urgió Hermione. - ¿Me vas a ayudar o no?

-Vale, pero…

-¡Perfecto! -lo interrumpió Hermione con entusiasmo. - Lo que necesitamos es tomar los ingredientes del armario del profesor Snape.

Nada de lo que Hermione le hubiese podido decir lo asustó tanto como aquella idea.

-¿El… armario de Snape? - repitió aterrado. -Hermione, ¿Sabes lo que me estás pidiendo?

-Sí que lo sé, Westwood - repuso la chica con impaciencia. - Te estoy pidiendo que me ayudes a averiguar si Malfoy es en realidad el heredero de Slytherin o no, mediante el uso de la poción multijugos. He escuchado que en estos días ha habido otro ataque. ¿Recuerdas al chiquillo que perseguía a Harry para tomarle fotos? - Alan asintió, aunque seguía asustado. - Pues él acaba de ingresar a la enfermería, y está petrificado.

-¿Pero cómo te puedo ayudar? - preguntó Alan, tratando de evitar el terror que lo consumía. - ¿Pretendes que le pida al profesor Snape esos ingredientes? Él es el profesor de pociones, si se lo pido, sabrá para qué es la poción y se negará en rotundo…

-No, no has de pedírselo - lo atajó Hermione. - Hemos de robárselos.

Alan volvía a perder la cordura. ¿Participar en un robo al profesor que le tenía el mayor cariño? Aquella idea lo aterraba tanto que lo hacía temblar.

-¿¡Estás loca!? - aulló Alan. -¡El profesor Snape me tiene mucha confianza! Y si sabe que participé en el robo de sus implementos…

-No lo sabrá - le aseguró Hermione con tono cortante. -Lo único que tienes que hacer es ayudarme a ubicarlos mientras Harry y Ron montan una distracción.

Alan empezaba a tranquilizarse, sin embargo, no parecía muy convencido por la idea de robarle a su profesor favorito, pero no encontraba ninguna razón para negarse, pues le debía un favor a Hermione y ya había aceptado ayudarla. Además, Alan también querría averiguar si Malfoy hechizó a Ginny y la hizo actuar de la manera en que lo hizo aquel día.

-Muy bien, muy bien. Te ayudaré. ¡Pero esto es tu culpa! - dijo el muchacho con un tono que se parecía mucho (quizás demasiado) al de Alexa. Hermione se rió por lo bajo. -¿Cuándo lo haremos?

-En la próxima clase de pociones - respondió Hermione.

-Pero… pero eso es dentro de media hora… - dijo Alan. Estaba volviendo a perder la calma.

-Correcto - Hermione sonrió. - Nos vemos entonces - y desapareció por el pasillo que conducía a los jardines.

Al llegar a la clase de pociones una media hora más tarde, Alan estaba paralizado. El profesor Snape ya estaba bastante malhumorado, y al chico le aterraba pensar que si lo pillaban robando cosas del armario personal del profesor…

-No deberías hacerlo - le aconsejó Alexa muy seria. - Podrías meterte en serios problemas por su culpa. ¡Podrían expulsarte! - añadió con tono preocupado.

-Granger me aseguró que no me pasará nada, - le dijo Alan tratando de calmarla. - además… ella no sabe identificar los ingredientes que hacen falta para la poción. - Eso era mentira, porque Alan sabía bastante bien que Hermione sí que conocía los ingredientes. - Sea lo que sea, ponte a cubierto; Potter y el hermano de Ginny van a hacer una maniobra de distracción y quizás involucre… desbordar alguna poción por todos lados.

Al decir esto, Alan miró instintivamente a Harry Potter, quien le dirigía una mirada a Hermione. Alan también la observó y vio que ésta le asentía.

-Ya es hora, Alexa. ¡Cúbrete! - le dijo Alan mientras se ponía de pie.

Apenas el muchacho se levantó, se oyó un estallido y una poción empezó a salpicar por todos lados. El profesor Snape se alarmó ante esto, y Alan y Hermione aprovecharon la oportunidad para ir hacia el armario del profesor.

-¡Ayúdame a encontrar los ingredientes! - urgió Hermione cuando ambos entraron en el armario.

-¡Tú busca por allá, - le indicaba Alan mientras señalaba hacia un extremo del armario - y yo buscaré por aquí!

Pero no fue tan difícil encontrar lo que Alan andaba buscando: el polvo de cuerno de bicornio estaba en un envase en la segunda estantería hacia arriba. Cuando Alan lo tomó, Hermione gritó detrás de él:

-¡Tengo la piel!

-¡Vale, pues vámonos de aquí! ¡Ya yo tengo el polvo! - le gritaba Alan de vuelta. Le dio el frasco a Hermione y salió lo antes posible del armario.

Entretanto, Snape curaba a los alumnos que habían sido salpicados por la poción (de la que, por suerte, Alexa se había logrado cubrir) y Harry Potter y Ron Weasley se regocijaban porque ya tenían todos los ingredientes que hacían falta para la poción multijugos.

-Eso ha sido rápido - dijo Alexa admirada, saliendo desde debajo de su pupitre. - ¿Pero por qué has tenido que ayudarla tú? ¿Por qué no pudo hacerlo ella sola? - añadió en un gruñido.

-Porque le debía un favor - dijo Alan encogiéndose de hombros.