Buenas madrugadas…
Tengo que dejar de trasnocharme por ustedes D: Me voy con sueño al trabajo y ando todo el día debatiéndome entre permanecer despierta o esconderme a dormir en el baño xD
En fin… como siempre, gracias a todos por sus hermosos reviews y este fin de semana como siempre estuve donde mi mamá así que no pude traer el premio al review nº 100 como había quedado :'( pero lo haré en el transcurso de la semana y…para continuar, gracias a quienes me siguen por Facebook, Twitter, y ahora Instagram! =D
Esperen que me entreguen el teléfono nuevo y verán que me la pasaré subiendo pendejadas xD
Por otro lado, vamos con el top 3 de reviews :3
3-. Auri Lovegood: Si no me equivoco eres la chica de Twitter que me hizo super emocionar 3… muchas gracias muñeca. El placer es mío de poder compartir mi imaginación con ustedes :*
2-. ShiroKujaku: Tú también me volviste loca en Twitter con tus cosas! Waaa ¿los mejores fics del fandom? No creo jeje, pero si me siento honrada de que lo digas :*
1-. Smileofcheshire: Gracias… eso espero… que no hagan lo mismo :v ah, pero si eso lo decido yo(¿ xD
Bueno, como siempre, gracias a todos, a los que dejan con su cuenta, en Facebook, en privado, en guest… a todos mil gracias. Me hacen el día y me llenan de orgullo y ganas de continuar esta loca historia.
Pdata: En el siguiente… nos vamos a la playa :3
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The Truth Behind The Mask
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CAPÍTULO 10:
Verdad.
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No había manera en que pudiera actuar indiferente ante la situación que se desarrollaba ante sus ojos. Ese joven frente a ella era nada más y nada menos que el hijo de Annarella y Gabriel.
―Te juro, Bridgette que no tenía idea. Es decir, no había sacado cuentas ―dijo Sabine sonriendo―. Esto es demasiado maravilloso. El hijo de Annarella es mi yerno. ¿Quién lo diría?
―¡Wow! ―Bridgette le miró sorprendida, volviendo su mirada a Marinette, luego a Adrien, a Felix, a Marinette, a Adrien, a Felix y así varias veces hasta que un espejo se cruzó en su camino―. ¡¿Es Adrien el chico del que tanto me hablaste los últimos días?!
―Sí… ―respondió Marinette un poco confundida.
―Fu… ―salió de los labios de Bridgette a la vez que apretaba los puños recordando a aquel anciano―. Hola Nadja ―saludó a la mujer con un abrazo y dos besos, actuando apresurada―. Tú debes de ser Alya, tú Nino, ¡¿Mylene, cierto? Un placer conocerlos a todos… gracias por venir a recibirme. Tom, querido Tom, gracias por recibirme de nuevo en tu casa.
―¿Estás bien, cariño? ―Preguntó Felix arqueando una ceja ante la actitud de Bridgette.
―No me llames así ―se quejó arrojándole su bolso de mano―. Sube, al cuarto de Marinette. ¡Ahora!
―Voy, ya voy ―se acomodó el bolso en el hombro y comenzó a subir las escaleras, despidiéndose de todos los presentes sacudiendo las manos.
―Gracias de nuevo a todos. Pueden irse, hablaremos luego ―sonrió ampliamente y tomó a Adrien y Marinette de un brazo a cada uno―. Ustedes dos, conmigo, arriba, ahora.
―Pero, tía.
―Calla y camina ―cerró la puerta con fuerza una vez que los cuatro se encontraron dentro.
―¿Qué está pasando? ―Susurró Adrien al oído de Marinette y ella se encogió de hombros. Estaba tan confundida como él.
―Iré directo al grano ―extendió su mano al frente―. Entréguenme ahora mismo los miraculous.
―¿De qué estás hablando? ―Preguntó Marinette sonriendo nerviosa.
―Oh no, no intentes hacerte la inocente jovencita, sé perfectamente que tú eres Ladybug ―señaló los aretes en los oídos de la menor―. Reconocería esos pendientes donde sea y tú… sé que ese es el anillo de Chat Noir ―dijo señalando la mano derecha de Adrien―. Y si abro sus bolsos sé que encontraré a Tikki y a Plagg.
―Dales un respiro, creo que vas demasiado rápido, cariño.
―¡Deja de llamarme cariño, Felix!
―Los estás asustando, Bridgette.
―Tú sabes que tengo razón.
―Claro que lo sé. Sé que esos son los prodigios pero si Fu se los entregó ha de haber un motivo. Cálmate y busquemos a Fu primero.
―Pero, Felix. ¿De verdad piensas dejar que Adrien se involucre en este asunto?
―No quiero hacerlo, pero creo que somos nosotros los que nos estamos involucrando sin necesidad de hacerlo.
―Por esto es que nos separamos. No entiendes que hay prioridades.
―No seas malcriada ―Bridgette rodó los ojos y Felix le haló una de las colas―. No hagas eso, sabes que lo detesto.
―¡Bridgette! ―La voz de Tikki saliendo del bolso de Marinette llamó la atención de todos―. ¡Eres tú realmente!
―¡Tikki! ―Exclamó acariciando la cabeza del kwami cuando se aferró a su mejilla―. Estoy tan feliz de verte.
―Yo también ―dijo sonriendo el kwami―. Hola Felix.
―Hola, Tikki.
―¿Ustedes… porque conocen a Tikki y saben sobre los Miraculous? ―Preguntó Adrien tan confundido como Marinette.
―Porque… ―Felix miró a Bridgette y ella sonrió asintiendo―. Hace algunos años, yo era Chat Noir.
―Y yo Ladybug ―los ojos de Marinette se abrieron a más no poder y ambos adolescentes intercambiaron miradas, sintiéndose cada vez más confundidos.
―¿Bridgette, eres tú? ―La voz de Plagg, asomándose de la camisa de Adrien llegó a los oídos de los presentes, quienes se enfocaron en el gato―. ¡Qué alegría verte!
―Quieto ―Felix lo tomó de la cola a escasos centímetros del rostro de Bridgette―. Eres un gato mañoso, Plagg.
―Oh, ¿no es el señorito Françoise? ―Preguntó con tono burlón.
―Cállate, Plagg.
―Ese nombre es horrible, si te ibas a cambiar el nombre hubieses escogido uno más bonito por lo menos.
―No seas malo, Plagg ―dijo Bridgette sonriendo―. Sabes que sus gustos son malos en la mayoría de los casos. Lo único que escogió correctamente fue a mí.
―Podría refutar eso de muchas maneras, cariño.
―Que no me llames así…
―Un momento ―dijo Adrien, interrumpiendo finalmente aquella conversación, buscando las palabras correctas, la pregunta correcta―. ¿Por qué quieres que te entreguemos los miraculous?
―Porque… ustedes corren un terrible peligro en este momento. He estado viendo las noticias desde que todo esto comenzó y no había querido acercarme a París por lo mismo, sin embargo, cuando hablamos por video llamada y vi tus pendientes, supe que tenía que venir y sacarte de este enrollo, Marinette.
―Ustedes creen que se están enfrentando a Papillon, sus akumas y ya, pero eso no es así. Hay mucho más allá que ustedes no conocen aún. Y no nos corresponde a nosotros decirles esto pero, lo que está en riesgo no son solo sus identidades. Sus propias vidas cuelgan de un hilo desde que aceptaron sus prodigios, desde que aceptaron la responsabilidad de ser Ladybug y Chat Noir.
―Pero, nosotros hacemos un gran equipo y cada vez somos mejores en esto ―Adrien alzaba la voz, no demasiado, solo lo suficiente para que entendieran que iba en serio―. Si ese tal Fu o como se llame confía en nosotros, ¿por qué ustedes no pueden hacer lo mismo?
―No es que no confiemos en ustedes, simplemente estamos preocupados. No puedo evitar estarlo. Ustedes no tienen la menor idea de lo que se oculta tras los miraculous y aunque nosotros se los dijéramos ahora mismo, probablemente seguirían renuentes a aceptar la realidad. Probablemente insistan en seguir siendo Chat Noir y Ladybug.
―Entonces, esta discusión ni siquiera debió de haber ocurrido ―dijo Marinette levantándose, afirmándose frente a su tía, quien para su suerte no era mucho más alta que ella―. Estoy muy feliz de que hayas venido desde China después de tantos años y estoy sorprendida porque no tenía la menor idea de que estabas casada y no quiero sonar grosera pero, si solo usarás lo que crees que pueda pasar para persuadirme de que deje de ser Ladybug… déjame decirte que no acepto. Tuve mis dudas al comienzo y gracias a Chat pude superarlas y cada vez me siento más segura de que estoy haciendo lo correcto así que… no hay nada que digas que me haga cambiar de parecer.
―Se parece más a ti de lo que pensaba ―susurró Felix, consiguiendo que Bridgette se enojara aún más.
―No me digas, Marinette que no intenté hacerlo por las buenas. Yo solo quiero ayudarte, pero está bien. Ya me aseguraré de hablar luego con Fu ―acarició la barbilla de Tikki y las orejas de Plagg―. Tengo que ir a casa. Estoy cansada por el viaje. Los esperaré allá a los dos, temprano. Iremos con Fu.
―¿Estás enojada? ―Preguntó Marinette temerosa.
―No, lamentablemente no puedo enojarme contigo ―se acercó y besó su frente―. Ten mucho cuidado, por favor ―pidió sonriendo―. Vamos, Felix, quiero ir a dormir.
―¿Te quedarás en la casa? ―Preguntó tomando nuevamente la cartera de Bridgette―. ¿De verdad?
―Sí, ¿dónde crees que me quedo cada vez que vengo a Paris? Aunque hacía mucho tiempo que no venía.
―¿Y cuándo vienes duermes en nuestro cuarto?
―Si continuas me iré a quedar en casa de Vito.
―Ya, ya, solo bromeaba, cariño.
Los dos adultos bajaron las escaleras, dejando a sus sobrinos más confundidos de lo normal. Todo aquello, sobre los miraculous y un peligro más allá de Papillon que desconocían. Tenían tantas preguntas y no estaban seguros de si Tikki y Plagg estarían dispuestos a hablar.
―Marinette… ―llamó Adrien tomando su mano―. Creo que fuiste un poco dura con tu tía, yo creo que está realmente preocupada.
―Lo sé… me siento terrible.
―Pero, al mismo tiempo, me pregunto qué pasó cuando ellos eran Ladybug y Chat Noir para que actúen de esa manera.
―Yo me pregunto lo mismo ―dijo agachando la mirada.
―Marinette, Adrien ―llamó Tikki y ambos le miraron―. Sería bueno que fuéramos a hablar con el maestro Fu lo antes posible.
Ambos jóvenes se miraron y asintieron al mismo tiempo.
Marinette sonrió y Adrien besó su frente. Sin importar lo que había dicho Bridgette, ellos se las arreglarían para salir adelante y acabarían con Papillon o cualquier otro que quisiera hacer daño a Paris, a los Miraculous o a ellos mismos. Nada les impediría seguir adelante con eso.
Adrien se acercó a Marinette, tomando su barbilla, acercando sus labios a los de ella. Las últimas horas habían sido partidarias de tantas cosas que no recordaba cuando había sido la última vez que la había besado y es que era su parte favorita de ser su novio. Cada vez que quería podía hacerla presa de sus labios y sus brazos. En público, en privado, aunque prefería hacerlo en privado porque, si estaban solos podía llegar un poco más allá.
Sentía la un calor agradable en su boca mientras dejaba que su lengua jugara con la de Marinette. Porque no, no tenían mucho tiempo desde que aquello había comenzado pero sentía que cada vez avanzaban más y le gustaba sentir como ella aún temblaba en sus brazos cuando le sentía hacer cosas un poco, inapropiadas.
Bajó las manos desde su cuello, pasando por su espalda hasta aferrarse a sus caderas, atrayéndola hacía él. La necesitaba, la deseaba. Hacía un par de días desde la última vez que había podido tenerla para el solo. Y aún lo recordaba claramente. Ver a Marinette desnuda en su casa, cuando la había convencido de colarse a su casa en la noche era algo que no salía de su cabeza. Le encantaba, aunque casi los había descubierto Nathalie, era un riesgo que correría las veces que fueran necesarias.
―Mari… quiero estar contigo ―susurró a su oído, haciéndole erizar la piel.
―A-Adrien, ahora mismo no… no se puede ―respondió entrecortada. Sintiendo los labios del rubio pasearse por su cuello y una de sus manos bajando a su entrepierna―. A-Adri…en no…
―Marinette, Adrien ―escucharon la voz de Sabine y se separaron de inmediato.
―¿S-sí, mamá? ―Marinette luchaba por contener las ganas de gritar y Adrien intentaba con todas sus fuerzas no echar a reír por la expresión de Marinette.
―Llamó Nathalie hace un momento. Dice que vendrá a recogerlos en unos minutos.
―¿A los dos? ―Preguntó Marinette y Sabine asintió.
―Dijo algo de un viaje por unas fotos para una revista.
―¡Lo olvidé por completo! ―Adrien tomó el bolso de Marinette y el suyo propio―. Es verdad, vamos, Marinette ―se acercó a Sabine y besó su mejilla―. Nos vemos luego, llamaré cuando lleguemos a Porquerolles.
―¿Porquerolles? ―Marinette abrazó a su madre y salió casi corriendo con Adrien del lugar―. No me habías dicho nada.
―Lo siento, le dije a mi padre que yo te avisaría pero lo olvidé por completo con todo el asunto de irme a Italia y luego tu tía y mi tío. Dios, han pasado tantas cosas en tan poco tiempo.
―Pero, Porquerolles está un poco lejos.
―No realmente. Iremos en avión así que serán solo un par de minutos de viaje. Tranquila, será divertido. Solo nos tomarán unas fotos con la línea de verano de papá y volveremos a París en la noche o mañana temprano.
―Está bien… si tú lo dices… ―subieron al auto y este comenzó su camino hacia el aeropuerto.
Las calles de París estaban tranquilas, tal vez más de lo esperado. Y en cierto edificio conocido de la ciudad una joven se debatía entre la realidad y la incertidumbre de lo que ante ella se había presentado aquella tarde.
―Entonces… a ver si entendí. ¿si digo esa palabra que dijiste, me convertiré en una heroína como Ladybug, Chat Noir y ese tal Renard? ―Preguntó Chloe acariciando sus sienes en frente de aquella criatura que flotaba.
―Sí, es lo que dije, que lenta eres. De verdad no sé por qué te dieron el miraculous a ti.
―¡Oye! ―La rubia se levantó y se observó nuevamente la peineta en su cabeza. Se había tornado completamente negra―. Bien, lo haré.
―¡Chloe! ―André Bourgeouis cruzó la puerta de la habitación de la adolescente y el kwami se escondió en su cartera―. Tenemos que evacuar ahora mismo el hotel. Ha aparecido otra de esas criaturas extrañas.
―¿Qué? ―su padre le tomó del brazo y comenzó a halarla por los pasillos―. ¡Papá, adelántate!
―No te dejaré ―el akuma apareció ante ellos y Chloe enmudeció.
―¡Ustedes también verán que soy la mejor bailarina de París! ―La joven que llevaba mallas y tutu rosa giró un par de veces, golpeando con una de sus piernas a André, haciéndole caer al suelo inconsciente―. Ese paso lo llamo triple patada mortal. Ahora mi grand jette.
―¡Cuidado! ―El pelirrojo apareció ante ella, deteniendo el golpe de la bailarina, haciéndola retroceder e irse en otra dirección―. Salgan de aquí.
―No puedo ―gritó―. Mi papi no responde.
―Rayos ―tomó al ex alcalde en sus brazos y agradecía que el miraculous aumentaba su poder―. Quédense aquí ―pidió cerrando la puerta de la habitación de Chloe.
―Está bien, acepto ―se levantó y afirmó sus manos a los costados de su cuerpo―. ¡Buzzy, transfórmame!
Se observó a sí misma en el espejo, el silencio era su total compañía. Hasta que entendió que aquello era real. Que se trataba de ella, usando un ajustado traje con rallas amarillas y negras. Empezó a dar saltos frente a su reflejo hasta que un golpe en la pared la devolvió a la realidad.
Un segundo golpe se escuchó y la pared se quebró. Renard entró rodando por el agujero en la pared, atravesando la pared de cristal y cayó al suelo en el balcón.
―Es más fuerte de lo que parece ―susurró.
―¿Estás bien? ―Escuchó aquella voz y abrió los ojos―. ¿Eres Renard, cierto?
―Sí… ―respondió entre sorprendido y confundido―. ¿Tú eres…?
―Soy Ch… achú… ―el pelirrojo enarcó una ceja y ella echo a reír exageradamente―. Lo siento, me dan alergia las presentaciones. Mi nombre es Abeille.
―Bien, Abeille… ―se levantó, ayudado por la joven y sonrió―. Un placer. Ahora vamos a por ella. Hay que retenerla hasta que a Ladybug y Chat Noir se les antoje aparecer.
La joven akumatizada salió y ambos se alistaron en posición de batalla, pero para sus sorpresas saltó por el borde del balcón, cayendo al suelo en mitad del pavimento, levantándose y echando a correr en dirección a la torre Eiffel.
―Hoy hay una presentación de balett en el trocadero ―dijo Renard alistándose para saltar.
―Espera ―Abeille sonrió y señaló su espalda―. Mira ―un par de alas aparecieron en ella y el zorro se le quedó viendo sorprendido―. ¿Necesitas un aventón?
―Por favor ―Chloe se levantó usando sus alas y le tomó de los brazos.
El tráfico se había detenido a causa de los daños que aquella criatura dejaba a su paso por la ciudad de Paris. Adrien y Marinette querían bajarse pero Nathalie se los impedía. No había nada que pudieran hacer más que ver las noticias desde el Ladyblog.
―Creo que es peligroso quedarnos en el auto ―dijo Marinette de forma casual.
―No van a bajar ni irán a ninguna parte, es más peligroso estar allá afuera.
―Pero…
―¡Corran! ―Los gritos venían desde afuera y el gorila se bajó, abriendo la puerta de atrás.
―Tenemos que salir de aquí ―dijo Adrien tomando la mano de Marinette y echando a correr―. Vamos, busquemos un lugar para…
―¡Ustedes también pueden verme bailar! ―Aquella mujer estaba frente a ellos, parada de puntas estirando lo que parecía ser una batuta―. Para mi primer acto, Mort de l'amour.
―¡Los tengo! ―Renard les había tomado a ambos y había saltado mientras Abeille retenía los golpes que la bailarina soltaba―. ¿Estás bien? ―Preguntó dejando de lado a Adrien, tomando la mano de Marinette.
―Sí, gracias ―respondió un poco avergonzada.
―Tengo que ir a ayudar, ten mucho cuidado, por favor y si necesitas ayuda, solo llámame, niña hermosa.
―¿Disculpa? Estoy aquí ―Se quejó Adrien golpeándole el hombro.
―Ah sí… ve y escóndete por ahí, esto es muy peligroso, podrías hacerte un aruño en tu linda cara, modelito.
―¿Quién se cree ese remedo de zorro? ―Adrien estaba por estallar mientras Marinette no paraba de reír luego de que Renard se hubiera ido.
―Parece que no le agradas ―dijo luchando por retener la risa.
―Ya veo que te parece muy divertido. Ahora acabemos con esto ―pidió enojado―. Plagg, transfórmame.
―Tikki, transfórmame.
―¡No puede ser! ―Gritó Abeille cuando Ladybug y Chat Noir estuvieron frente a ella―. ¿De verdad eres Ladybug? ―Preguntó picándole el brazo con uno de sus dedos.
―Sí, soy yo, y no hagas eso. Es molesto.
―¡Chat Noir! ―Se le colgó del cuello y lo soltó solo para sujetarle los hombros y empezar a sacudirlo―. No lo puedo creer, de verdad estoy aquí, hablando con ustedes.
―Sí, ¿por qué no usas esa fuerza bruta para acabar con esa chica? ―Pidió Chat aun enojado por lo anterior.
―Lo siento, lo siento, estoy tan emocionada ―se afirmó y abrió la bolsa en su cadera―. Miren, tengo esta cosa ―dijo mostrando una vara dorada, similar a una cerbatana―. Se supone que puedo arrojar cosas con esto y estoy tan emocionada.
―¡Cuidado! ―Renard la haló cuando una piedra pasó cerca de su rostro―. Deja la emoción para más tarde y vamos a la acción.
―¡Sí! ―Exclamó desbordando felicidad―. Voy a dar lo mejor de mí para ayudar a Ladybug.
―Al menos tiene la actitud ―dijo la líder con una sonrisa.
―Genial, ya no solo tengo que cuidarme de los chicos sino también de una abeja loca ―se quejó Chat por lo bajo, causando una risa en Ladybug―. ¿Lista, mi lady?
―Vamos por ella, ¡lucky charm! ―enrolló su yoyo en un poste cercano cuando cayó sobre sus manos un número de participante―. Abeille, Chat, distráiganla, Renard, ven conmigo, tengo una idea, pero necesito tu flauta.
―Como digas ―Chat corrió en dirección a la joven akumatizada seguido por Abeille, quien volaba tras él.
―¿Puedes crear una ilusión de un escenario? ―El joven asintió y comenzó a dejar que las notas musicales hicieran su trabajo.
―¡Chat, tu bastón! ―Gritó y el gato le arrojó en el acto lo que su mariquita pedía.
―¿Qué planeas hacer?
―Un show de talentos ―sonrió, guiñando un ojo a su compañero. Hizo una señal y Abeille voló en su dirección―. Sujeta esto en el aire ―pidió entregándole el bastón de Chat―. Cuando te avise, lo dejas caer.
―Sí.
Ladybug corrió en dirección a Balerina, llamando su atención, prensando en su tutú el número de participante, haciendo que la joven picara en su trampa y corriera hacia el escenario.
―¡Les mostraré quien es la mejor bailarina de París! ―Exclamó haciendo una pose inicial en el centro del escenario falso, levantando sus manos, sujetando en una de ellas la batuta.
―¡Ahora, Abeille! ―gritó Ladybug y la abeja soltó el bastón, golpeando la mano en que Balerina tenía la batuta, haciendo que la soltara y tomará el bastón de Chat en lugar del suyo―. ¡Renard, la batuta!
El zorro dejó de tocar y el escenario desapareció a la vez que tomaba la batuta, arrojándola en dirección a Chat Noir.
―¡Cataclismo! ―Gritó, tomando la batuta y destruyéndola en el acto, dejando libre a la pequeña mariposa.
―No más maldades para ti, pequeño akuma ―dijo Ladybug antes de purificarla―. Adiós, pequeña mariposa.
―Buen trabajo ―dijo Chat, asegurándose de tomar la mano de Ladybug para que su choque de puños no fuese robado nuevamente―. Vamos, mi lady, no queremos quedar expuestos ―sus miraculous estaban parpadeando.
―¡Gracias por la ayuda, Abeille y bienvenida! ―Dijo Ladybug sonriendo mientras Chat la halaba para salir del lugar―. Nos vemos, Renard.
―Espera ―dijo el pelirrojo, haciendo que Marinette dejara de correr―. Aquí… tienes algo ―le tomó la barbilla, levantándola suavemente y para Chat el mundo iba en cámara lenta―. Tienes que tener más cuidado. Te lo he dicho antes, eres la persona más importante ―dijo tras limpiar la pequeña gota de sangre que había en la comisura de sus labios usando, si, los suyos.
―¡Voy a matarlo! ―Ladybug amarró a Chat Noir con el yoyo cuando estuvo a punto de saltarle encima al zorro.
―¡Adiós! ―Gritó, llevándose a Chat Noir en su hombro.
―¡Ese maldito zorro! ―Las transformaciones habían desaparecido y Adrien hiperventilaba en aquel callejón―. ¡Mira! ―Dijo tomándole la cara a Marinette―. ¡No tienes ninguna herida! ¿Crees que yo no lo hubiese notado?
―Cálmate, Adrien ―pidió aún con el rostro colorado.
―¡No me pidas que me calme mientras sigues sonrojada porque ese idiota te besó!
―No estoy sonrojada.
―¿De verdad, Marinette?
―Bueno sí, pero ¿qué quieres que haga? Me tomó por sorpresa.
―Estoy… muy enojado en este momento ―dijo comenzando su camino en dirección al auto.
―Adrien… ¿estás enojado conmigo?
―Claro que no… estoy enojado con ese imbécil ―se dio la vuelta. Tomando el rostro de Marinette entre sus manos. Besándola con fuerza y ligera desesperación―. Tú eres mía, tus labios son míos, tu cuerpo es mío. No me pidas que no me enoje si alguien intenta quitarme alguna de esas cosas. Pero no estoy enojado contigo. Solo quiero besar cada centímetro de tu cuerpo para que tengas claro que me pertenece todo de ti. Solo eso.
―Adrien… eres muy posesivo ―dijo riendo sonrojada.
―¿Lo puedes ver ahora? Te vez más bonita cuando soy yo quien te hace sonrojar.
―No digas tonterías y vamos, Nathalie debe de estar buscándonos ―dijo tomando la mano de Adrien para caminar en dirección a la calle.
―Hora de que nosotros también nos vallamos ―dijo Renard ofreciendo su mano a la recién llegada―. Bienvenida al equipo… eh… ¿Cuál era tu nombre?
―Abeille… ―dijo con una tímida sonrisa en sus labios.
―Un placer conocerte, Abeille, espero podamos ser amigos ―sacudió con firmeza su mano y saltó, alejándose por los tejados de Paris.
―Qué lindo… ―susurró con sus manos sujetas frente a su pecho.
―¡Señorita! ―Escuchó que uno de los periodistas le llamaba―. ¿Es la nueva compañera de Ladybug y Chat Noir? ―Ella solo asintió―. ¿Cuál es su nombre?
―A-Abeille ―respondió sacudiendo una mano.
―¡Aquí Alya Césaire para el Ladyblog! ―Vio a Alya y se sorprendió al notar que no la reconocía―. ¿Puedes dedicarnos unas palabras?
―Yo… tengo que irme ―movió sus alas y en segundos desapareció de la vista de los demás, aterrizando en la azotea del hotel de su padre―. Es increíble… nadie sabe que soy yo ―la transformación se deshizo y ella cayó de rodillas al suelo―. Buzzy…
―Es normal. Cuando traes el traje ya no eres Chloe Bourgeois ―dijo la abeja resaltando lo obvio―. Y es mejor de esa manera, nadie debe de saber que tú eres Abeille, y cuando digo nadie, me refiero a nadie. Ni tu padre o amigos.
―Entiendo ―se levantó y el kwami se escondió en su chaqueta.
―¡Chloe! ―La voz de su padre llegó a sus oídos desde la puerta que daba hacia la azotea―. ¿Estás bien, hija?
―¡Ay, papi! ―Se abrazó a él como siempre hacía―. ¡Fue tan horrible, esa cosa te golpeó y luego y luego…!
―¿Qué pasó, cómo terminaste aquí?
―Bueno… ¡Renard! Sí, ¡ese zorro raro me dejó aquí botada, papi!
―Ya veo, pobrecita mi princesa, tener que pasar por cosas tan horribles… será mejor que vuelvas a tu habitación y te relajes ―dijo con el pecho erguido―. Más tarde puedes ir con Sabrina al centro comercial y comprar algunos vestidos nuevos, eso de seguro te animará.
―¡Eso suena genial! ―Chilló Sabrina desde un lado de la rubia―. ¿No lo crees Chloe? Podrías comprar un vestido lindo y hasta podrías comprarme uno a mí.
―Por supuesto, Sabrina, eres la mejor amiga de Chloe. Claro que lo hará. ¿Cierto, Chloe?
―Sí… ―respondió caminando en dirección a las escaleras. Enojada. Con una sensación extraña en el pecho. Como si alguna pieza hubiese encajado en un rompecabezas incompleto.
Se encerró en su habitación. Dejando fuera a su padre, a Sabrina, a todos. No quería hablar con nadie. Habían pasado tantas cosas en cuestión de horas que solo quería volver a reunirse con Ladybug, Chat Noir y Renard una vez más. Ellos no sabían quién era ella y aun así parecían haberla aceptado como parte de su equipo con tanta facilidad.
Sin embargo, no era la única cuya cabeza iba y venía buscando respuestas que ni siquiera sabía si quería.
Abrió la puerta y caminó directamente hacía la que recordaba como su habitación. Cerró de un portazo y arrojó el bolso al suelo. Caminó despacio hasta el borde de la cama y se arrojó sobre el colchón. Dejando sus pies colgando en el aire. Inhaló con fuerza y se corrió en busca de la almohada. Arrastrándose sobre las sabanas como si no tuviera fuerzas.
―Huele a su perfume ―susurró con una sonrisa formándose levemente en sus labios―. ¿Por qué extraño tanto esta casa…? ―Se preguntó a sí misma, dejando que su rostro se fundiera en la almohada―. ¿Hola? ―Respondió su móvil sin levantarse cuando a su lado comenzó a sonar.
―¿Bridgette, ya llegaste?
―Sí, tranquilo, aún no olvido el camino.
―Lo siento, solo estaba preocupado ―hubo un breve silencio que él mismo rompió―. Lamento no haberme ido contigo directamente. Había olvidado que debía hacer unas cosas en…
―Sí, sí, me dijiste, estaba contigo cuando te llamaron, ¿lo olvidas? Tenías que firmar unos documentos en el ayuntamiento. De todos modos solo quiero dormir así que no hay problema. Tomate tu tiempo.
―Pasaré por algo de comer luego, ¿qué quieres que te lleve, o prefieres salir a comer fuera?
―¿Y dejar que alguien me vea contigo en público? No gracias.
―Eso no sería tan malo, Bri, ahora eres la primera dama de París.
―No digas payasadas. Ya quiero ver cuánto tardas en aburrirte de ser alcalde.
―Qué poca fe me tienes ―se quejó del otro lado de la línea.
―Hay costumbres que no se van nunca ―respondió suspirando―. ¿Puedes traer algo de comida Italiana?
―Claro, sé bien que es tu favorita. Lo haré.
―Dormiré un poco. Despiértame al llegar.
―Lo haré ―respondió antes de colgar la llamada.
Ella se estiró en la cama. Extendiendo sus brazos sobre las almohadas, arrojando lejos su chaqueta y su calzado. Si había algo que siempre había amado de vivir con Felix era que podía dejar todo regado por todos lados y sin lugar a dudas lo encontraría ordenado al volver.
A veces dudaba de su propia decisión. Si bien había tenido sus motivos para irse sin siquiera avisar, debía admitir que lo extrañaba más de lo que imaginaba y que su vida con él no la podría comparar con nada. Sus besos, sus abrazos, sus caricias, sus manos, aunque lo había intentado no lo había encontrado en ningún otro lado.
Cosas tan pequeñas como que le llevara el desayuno a la cama los domingos para no despertarla temprano, o que le llamara cariño cuando sabía que estaba enojada para que terminaran discutiendo por aquella palabra que ella en particular detestaba y finalizar la discusión en la cama… realmente extrañaba eso más de lo que imaginaba.
Tomó una de las almohadas, estrellándola contra su cara con fuerza, como si aquello pudiera sacar esas ideas de su cabeza, pero no. El aroma de él insistiendo aferrarse a cada una de ellas y a las mantas solo la hacía suspirar y sonrojar, sin poder evitar que ciertos recuerdos de aquella habitación llegaran a su memoria una vez más.
No lo lograba olvidar, lo recordaba todo en detalle. Y una parte de ella se preguntaba, ¿si volvieran a estar juntos, hacer el amor con Felix se sentiría igual?
Cerró sus ojos, enrollándose en sí misma en posición fetal, intentando cubrirse con las mantas en su totalidad, logrando que la pereza saliera victoriosa y alcanzara a cubrir solo una parte de su espalda, brazos y su cara. Pero estaba bien, por alguna razón, no podía sentir frío mientras estuviera en aquella cama.
No supo en que momento Morfeo la rindió en sus brazos pero perdió la conciencia sobre las sábanas blancas que cubrían la que una vez fue su cama y que sentía que lo seguía siendo.
Lo podía ver con claridad… aquella carta, aquel café a medio beber, las lágrimas que le nublaban la vista, tantos sentimientos presionándose en su pecho, de la misma manera en que los gases se juntan bajo la superficie de la tierra, preparándose para salir como un géiser en plena ebullición.
―Felix… ―salió de sus labios en un suspiro y él la observó en silencio.
Sus parpados temblaban estando cerrados y pequeños espasmos musculares le hacían moverse precipitadamente, dando saltos mínimos en su lugar.
―Bridgette… ―llamó buscando sacarla de aquella pesadilla que parecía agobiarla―. Bri, despierta… ―la movió un poco, tomándola de los hombros, sacudiéndola suavemente―. Cariño…
―No me llames así ―bufó con los ojos aun cerrados, halando la sabana para cubrir por completo su cabeza―. No me gusta que me llames así.
―Lo sé, pero es divertido verte enojada ―respondió, recibiendo un puñetazo en la pierna―. ¿Estás teniendo pesadillas de nuevo? ―Preguntó tornándose más serio y ella solo asintió.
―Desde que vi las noticias de que había una nueva Ladybug y un nuevo Chat Noir, han estado volviendo a mi mente cosas que no quiero recordar.
―No eres la única ―aseguró descubriéndole la cara―. Siéntate, es mejor que comas antes de que se enfríe la comida.
―¿Ya comiste? ―Felix negó moviendo su cabeza.
―No tenía hambre y sé que odias comer sola y me ibas a obligar a comer de nuevo en cuanto fueses a comer.
―Felix… yo… ―tomó la taza desechable en sus manos y el tenedor―. Lo siento mucho… porque…
―Come, se enfría ―pidió tomando una albóndiga y metiéndosela en la boca.
―Es...pe…ra ―dijo luchando por no ahogarse―. Déjame hablar.
―No ―dijo metiéndole un poco de espagueti forzadamente en la boca―. No quiero que comiences a decir que te fuiste por esto o aquello. Yo sé lo que pasó y tú también lo sabes, ¿para qué torturarte a ti misma con ese asunto después de tantos años?
―Pero… ―Felix le cubrió la boca con una servilleta.
―Tienes comida en la cara.
―Sabes que no podrás callarme toda la vida, ¿cierto?
―Puedo intentarlo, aun me quedan unas cuantas maneras de hacerlo.
Ella sonrió y él le devolvió la sonrisa.
―Cariño…
―No me llames así, Felix.
―Estás muy hermosa, como siempre.
―No digas tonterías…
―No puedo evitarlo. Me encanta todo de ti y lo sabes.
―¿Aún ahora?
―Sobre todo ahora que estás llena de salsa napolitana y queso parmesano ―Bridgette echó a reír, haciendo el plato a un lado―. No te rías. Hablo en serio, tienes un trozo de queso en la nariz.
―Eso es tu culpa ―se quejó limpiándose con la sabana.
―Bridgette, hay servilletas.
―Y sabanas limpias. Creo. No lo sé, hace años no me quedaba en este lugar.
―Bri… lo he estado pensando y… ¿por qué no lo intentamos una vez más?
―Felix… eso no…
―Lo digo en serio… Bridgette, sé que tuviste tus razones para irte y aunque me dolieron mucho las entiendo. Entiendo cómo te sentías porque yo me sentía igual e incluso peor por no poder evitar que te sintieras así. Pero… podemos intentarlo de nuevo.
―Felix, si no pudimos en aquel entonces… ahora mismo, no sé si sea una posibilidad… ya tengo 36 años, no soy una jovencita.
―Yo tampoco, ¿y qué? Si no aún no se puede, entonces, buscaremos la manera, la tecnología ha avanzado mucho. Hay muchas formas y desde que te fuiste he investigado todas y cada una de ellas. Incluso… podríamos adoptar…
―Felix… tu no entiendes… no se trata de eso. Yo… ―sentía sus ojos arder y las lágrimas comenzar a caer por sus mejillas―. Yo no pude… darte lo único que me pediste… nunca, dijiste que querías algo, la única vez que… la única vez que… tú dijiste que querías un hijo y yo… yo no pude…
―Bri… no llores, por favor ―pidió enmarcando su rostro―. Me parte el alma que lo hagas. Y sí, yo te dije que quería un hijo pero… si hubiese sabido que las cosas terminarían así, jamás lo hubiese hecho. Yo te amo, cariño…
―No me llames así ―pidió jadeando.
―Lo siento… gatita.
―¡Felix! ―Se colgó de su cuello y siguió llorando, gritando, hiperventilando, dejando salir todo lo que había retenido por años―. Te amo… y lo siento.
―Bri… ―la separó un poco de él, solo lo suficiente para mirarle a la cara, limpiando su rostro delicadamente―. Te amo.
Acercó su rostro aún más al de ella, besando sus labios, sintiendo las lágrimas saladas que aún quedaban en su rostro rozar sus labios, dejándole probarlas. Dejándole saborear su dolor en todas las medidas posibles. No recordaba cuando había sido la última vez que había sentido tanta rabia hacía él mismo. Pensando que su deseo era el que tanto la había lastimado durante todo ese tiempo.
¿Qué más daba si no podía darle un hijo? Él la amaba y mientras ella estuviese a su lado él se sentiría completo. Era todo lo que necesitaba. Sus labios, sus ojos risueños, su cuerpo y su amor. Lo demás eran simplemente añadidos en su relación.
―Felix… ¿qué estás…?
―Cállate, hace años esperaba poder tenerte de nuevo en mis brazos.
Volvió a besarla, impidiéndole hablar. Halándola con una mano de la cintura, acercando su cuerpo al de él. Asegurándose con la otra de apoyar despacio la espalda femenina contra la cama. Hacía mucho tiempo esperaba pro aquello y disfrutaría cada segundo.
Metió su lengua en la boca ajena, compartiendo su saliva, lamiendo el interior de su boca con demencia. Succionó su labio inferior, estirándolo hacía él, haciéndola gemir al sentir el leve dolor que al morderlo causaba.
Bridgette se aferró a su espalda, apretando las mangas de la camisa con fuerza, sintiendo como él se acomodaba entre sus piernas. Sintiendo la erección que crecía bajo sus pantalones.
Los labios de Felix bajaron lentamente por su mandíbula hasta chocar con su cuello, causando que un escalofrío le recorriera el cuerpo, tensando su espalda, haciendo temblar sus piernas. Era como si volviera a ser una adolescente entregándose a aquellos deseos por primera vez. No recordaba ningún otro hombre que la hubiese hecho sentir de esa manera. De la manera en que las manos que recorrían su cintura lo hacían.
―Fe…lix… ―gimió su nombre al sentir una mano colarse entre sus piernas, bajo el pantalón, palpando su entrada y la humedad que de ella emanaba, rosándola suavemente, jugando con sus labios menores, presionándolos, dejando que sus dedos bajaran y subieran desde su entrada hasta su bajo vientre.
Aquello era tan placentero que no podía evitar arquear su espalda ante las punzadas que atacaban su abdomen. Tomó a Felix del rostro, obligándolo a mirarla, a besarla. Acercando su cuerpo al de ella tanto como le era posible. Reteniendo sus gemidos en los labios ajenos. Apretándolo con sus piernas cuando el éxtasis aumentaba, moviendo hacia él sus caderas.
―Bri… ―llevó una de sus manos a su pecho, soltando cada uno de los botones de la camisa que ella traía puesta, retirándola de sus pechos, dejando expuesto su brasier, observándolo sobre sus pechos. Metiendo una mano bajo la camisa, en su espalda, soltando el broche que lo mantenía ajustado en su lugar―. Deberías hallar la manera de andar sin esta cosa por la vida.
―No seas bobo ―le reprochó sacándose la camisa y el brasier―. ¿Feliz?
―Sí, mucho ―atrapó nuevamente sus labios y se quitó la camisa sin dejar de besarla. Desabrochándose el pantalón. Separándose de ella solo para quitárselo, después de todo, ya comenzaba a estorbarle.
Su respiración se aceleraba con cada centímetro de su piel que él tocaba. Cubría su pecho con sus manos mientras él se encargaba de soltar y arrancarle de un tirón los pantalones y las bragas. No estaba dispuesto a perder tiempo de ninguna manera.
Se sentó sobre la cama, haciéndola sentar sobre él, sintiendo su miembro rosar la entrada femenina y el líquido que de ella escurría. Caliente y viscoso, haciéndole saber que debía entrar, que estaba más que lista para él. Como siempre.
―Te amo ―susurró sobre sus labios, sujetando su pene para guiarlo hasta la entrada de Bridgette, sintiendo aquel leve apretón mientras ingresaba en su totalidad. Apretándola contra él, sujetándola con firmeza de las caderas―. Te amo, Bri.
―Yo… también ―respondió entre cortada mientras él la movía sobre sus piernas, penetrándola profundamente y regresando sin salir por completo, manteniéndola junto a él. Lamiendo su cuello y el sudor que por el corría.
Bajó por sus caderas, sujetándola con fuerza de su trasero, ayudándose a aumentar la velocidad en sus embestidas, haciéndola gemir y sujetarse de sus hombros, enrollando sus brazos alrededor de la rubia cabellera de su acompañante, levantándole el rostro para besarlo morderle los labios, haciéndole hervir la sangre por lo que aquel rostro excitado en él provocaba.
Jadeaba, aferrándose a su espalda al sentir que las corrientes en la parte frontal de sus caderas llegaban despacio a su miembro, avisándole que estaba a punto de acabar. La empujó. Recostándola a la cama, acostándose sobre ella. Lamiendo sus pechos, mordiéndolos, chupándolos. Sintiéndola retorcerse bajo su cuerpo. Dejando que la punta de su miembro se apoyara en su vagina sin dejarlo entrar. Torturándola con ese simple vaivén que su mano le ayudaba a mantener.
Se acostó sobre su pecho, sintiendo aquel par de pezones erectos rozar contra su piel, erizándole y tentándolo a seguir. Metió por completo su miembro, de una sola estocada sin previo aviso, haciéndola gritar de impresión. Aumentando su ego ante el placer que en ella podía provocar. Haciendo que la sensación anterior aumentara en él.
Entraba y salía, a gran velocidad, con fuerza. A dios gracias que en aquella casa no vivía nadie más y podían dejar salir todo lo que por sus bocas quisieran soltar.
Bridgette no dejaba de repetir su nombre mientras se sujetaba de su espalda, arañándolo y mordiéndole el cuello cada vez que la golpeaba con fuerza en el trasero sin dejar de entrar en ella con fuerza.
Un último grito salió ahogado de sus labios y se dejó caer sobre el cuerpo de su esposa.
―Necesito un respiro ―soltó sin salir de ella. Quedándose tendido, sintiendo como el líquido que dentro de ella había esparcido se escurría un poco por la unión entre los dos―. Si hay…
―¿Qué… qué cosa? ―Preguntó con los ojos cerrados y los brazos estirados por encima de su cabeza.
―Sabanas limpias.
―Serás…
―Era broma… ¿olvidas que soy muy gracioso? ―Preguntó saliendo de ella. Tendiéndose a su lado―. Ven.
―Sí, claro, súper gracioso ―dijo con sarcasmo, acomodándose sobre su brazo y prácticamente la mitad de su cuerpo.
―¿Puedes recordarme por qué escogimos el juego de cuartos con la cama más grande que había? Si dormimos en un pedacito más pequeño que una cama individual.
―Si mal no recuerdo, fue por cosas como lo de hace un momento ―dijo sonriendo, buscando la cobija para cubrir su cuerpo.
―Bridgette…
―¿Sí?
―No vuelvas a irte… por favor ―pidió enterrando el rostro n sus cabellos―. No vuelvas a alejarte así, sin decirme a donde por ningún motivo. Te lo ruego.
―No lo haré… bueno… tengo que volver a China en un par de meses pero… puedo ir por poco tiempo y volver a Francia.
―No, si te vas a China, me voy contigo, te lo advierto.
―Sabes que mamá te odia, Felix.
―No me importa. No dejaré que te vuelvas a alejar de mí, sin importar nada. Eres mi esposa, eres mi mujer y eso tienes que tenerlo claro. Tú eres mía, Bridgette.
―Felix… antes pensaba que era por la influencia del prodigio pero… eres demasiado posesivo ―dijo riendo. Abrazándose más a él―. ¿Quieres dormir un ratito?
―¿Dormir? ―La subió de un tirón, haciéndola sentar sobre su cintura―. Pensé que apenas íbamos comenzando.
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*-Continuará…-*
Nos leemos al siguiente!
Besos~~ FanFicMatica :*
