Quiero dedicar este capítulo a la o el persistente Guest.

Capítulo 9.

Ahora si continuamos? – pregunto impaciente Zeus.

Bueno yo leeré – dice Pesefone mientras toma el libro de manos de su marido.

Me ofrecen una misión –leyó Pesefone. Los dioses abrieron los ojos sorprendidos igual que los romanos y cazadoras.

Solo es un niño! – Anfitrite preocupada- solo tiene 12 años y lo mandan a una misión suicida!?

Ya estamos acostumbrados- dijeron varios griegos preocupando más a sus padres con esa afirmación.

A la mañana siguiente, Chiron me trasladó a la cabaña tres.

Poseidón y Percy sonrieron. Les encantaba esa cabaña.

No tenía que compartirla con nadie. Tenía toda una habitación para todas mis cosas: el cuerno del Minotauro, un set de ropa de repuesto, y una bolsa de aseo.

Me sentaba en mi propia mesa, seleccionaba todas MIS actividades, mandaba apagar las luces cada vez que me daba la gana, y no escuchaba a nadie más.

-Eso es genial -dijeron Travis y Connor con una mirada soñadora.

-No, no lo es -dijeron Percy, Thalía, Nico y Jasón.

Y yo era totalmente miserable.

Algunos levantaron las cejas, pero no dijeron nada.

Justo cuando había empezado a sentirme aceptado, a sentir que tenía un hogar en la cabaña once y que podía ser un chico normal – o tan normal como puede ser uno cuando es mestizo – me habían separado como si tuviera alguna rara enfermedad.

Nico hizo una mueca. Él conocía muy bien esa sensación.

Nadie mencionó el perro del infierno, pero tenía el presentimiento de que era todo lo que decían tras mi espalda. El ataque había espantado a todo el mundo. Envió dos mensajes: uno, que era el hijo del Dios del Mar; y dos, que los monstruos no pararían hasta matarme. Ellos podrían incluso invadir un campamento que siempre había sido considerado seguro.

-Es más seguro el Campamento Júpiter -murmuró Reyna.

Los otros campistas se mantenían alejados de mí tanto como les era posible. La cabaña once estaba demasiado alterada y nerviosa como para tener clase de espada conmigo después de lo que le había hecho a la gente de Ares en los bosques,

No somos masoquistas – se justificaron los de la cabaña 11.

así que mis lecciones con Luke resultaron ser de uno-en-uno. Él me empujaba más fuerte que nunca, y no temía que me contusionara en el proceso.

"Vas a necesitar todo el entrenamiento que puedas conseguir," prometió, mientras trabajábamos con espadas y antorchas encendidas. "Ahora vamos a intentar ese golpe decapitar a la víbora otra vez. Cincuenta repeticiones más."

-¿Cincuenta? -repitió Frank-. ¿No crees que son muchas?

-Frank tiene razón -dijo Lupa-. Percy. acaba de empezar su entrenamiento. Puede que Luke pueda hacer cincuenta, pero no creo que sea el caso de Jackson, al menos en ese momento.

Annabeth siguió enseñándome Griego por la mañana, pero ella parecía distraída. Cada vez que decía algo, me fruncía el ceño, como si la hubiera atizado entre los ojos.

Lo siento- decía una Annabeth avergonzada a Percy que le decía que no importaba.

Después de las lecciones, ella se alejaba hablando para sí misma: "Misión... ¿Poseidón? ... Menuda desgracia... Tengo que preparar un plan..."

-¿Cuando no? -preguntaron los griegos sarcásticamente mientras Annabeth se sonrojaba.

Incluso Clarisse mantuvo las distancias, aunque sus miradas envenenadas dejaban claro que ella quería matarme por romper su lanza mágica.

Pues claro era mi lanza favorita -dijo Clarisse.

Deseaba que ella solo me gritara o me pegara o algo. Prefería entrar en combate cada día que ser ignorado.

Sabía que alguien en el campamento me guardaba rencor,

La mayoría de las mirsdas fueron a Clarisse.

porque una noche entré en mi cabaña y encontré un periódico de mortales tirado dentro de la entrada, una copia del New York Daily News, abierto en la página de Metro. El artículo me tomó una hora leerlo, por la rabia que sentía, la mayoría de las palabras flotaron en la página.

EL CHICO Y SU MADRE SIGUEN DESAPARECIDOS DESPUÉS DEL TERRIBLE ACCIDENTE DE COCHE.

POR EILEEN SMYTHE

"Sally Jackson y su hijo Percy siguen desaparecidos una semana después de su misteriosa desaparición. El incendiado Camaro del '78 de la familia fue descubierto el pasado sábado en el norte de Long Island con el techo arrancado y el eje delantero roto. El coche había dado vueltas y había patinado unos cien pies antes de explotar.

Madre e hijo se habían ido de vacaciones de fin de semana a Montauk, pero marcharon a toda prisa, bajo misteriosas circunstancias.

Se encontraron pequeños rastros de sangre en el coche y cerca de la escena del siniestro, pero no había ningún otro signo de los desaparecidos Jacksons. Los residentes de la zona rural reportaron no haber visto nada extraño sobre el momento del accidente.

El marido de la Sra. Jackson, Gabe Ugliano, afirma que su hijastro, Percy Jackson, es una chico problemático que ha sido expulsado numerosas veces de internados y que ha expresado conductas violentas en el pasado.

-Violento me voy a poner yo cuando te ponga las manos encima, Ugliano -masculló Poseidón. Zeus y Hades, que estaban a su lado, alejaron sus tronos unos centimetros, para gran diversión del hijo de Poseidón, y vergüenza por parte de los hijos de Zeus y Hades.

La policía no ha dicho si Percy es sospechoso de la desaparición de su madre, aunque no han descartado su posible implicación. Abajo se encuentran fotos recientes de Sally Jackson y Percy.

La policía insta que cualquiera que sepa algo llame al siguiente número de línea directa gratuita contra la delincuencia."

El número de teléfono estaba señalado con permanente negro.

QUIEN FUE EL IMBECIL, IDIOTA Y TARADO - exigió Poseidón de golpe.

-Tranquilo, papá -dijo Percy-. El que lo hiso ya no está con nosotros - dijo oscuramente Percy, dando escalofríos a varios.

Arrugué el papel y lo lancé lejos, después me dejé caer en mi cama litera en medio de mi cabaña vacía.

"Luces fuera," me dije miserablemente.

Las chicas miraron a Percy con simpatía.

Esa noche, había tenía mi peor pesadilla.

Estaba corriendo por la playa en una tormenta. Esta vez, había una ciudad tras de mi. No era Nueva York. La extensión era diferente: los edificios se extendían a lo lejos, con palmeras y colinas en la distancia.

-Los Ángeles -dijo Thalía.

Alrededor de unas cien yardas bajo el oleaje, dos hombres estaban peleando.

Tenían la pinta de luchadores de televisión, musculosos, con barbas y el pelo largo. Ambos vestían largas túnicas griegas, una ribeteada en azul,

Las miradas fueron a Zeus.

el otro en verde.

Ahora fueron a Poseidón.

Ellos forcejearon el uno contra el otro, luchando, dándose patadas, y cabezazos, y cada vez que se unían, rayos centelleando, el cielo oscurecido, y se levantaba viento.

Tenía que pararlos. No sabía el por qué. Pero cuanto más corría, más me mandaba de vuelta el viento, hasta que me vi corriendo en el lugar, mis talones excavando inútilmente en la arena.

Una idea espantosa se formó en la mente de Atenea, y la diosa rezo para que no fuese realidad.

Por encima del estruendo de la tormenta, pude oír al que iba de azul gritando al de verde, "¡Devuélvemelo! ¡Devuélvemelo!" como un niño de parvulario peleando por un juguete.

-Lo hace constantemente -dijeron Hades, Poseidon, Hera, Deméter y Hestia para gran vergüenza de su hermano menor.

Las olas se hicieron más grandes, rompiendo en la playa, salpicándome de sal.

Grité, "¡Basta! ¡Dejad de pelear!"

-Ojala fuese tan fácil -dijo Hera.

La tierra tembló. La risa vino de algún lugar bajo tierra, y una voz tan profunda y malvada me hizo helar la sangre. "Ven, pequeño héroe," canturreó la voz. "¡Baja!"

Los dioses miraron a Hades, pero Atenea empezó a pensar que esa voz no era la de su tío.

La arena se dividió bajo mis pies, abriendo una grieta derecha hacia al centro de la tierra. Mis pies se resbalaron, y la oscuridad me tragó.

Me desperté, seguro de estar cayendo.

-Esa sensación es una de las peores –dijeron los hijos de Hefesto/Vulcano estremeciéndose (digamos que las alturas y Hefesto no se llevan bien entre si, y sus hijos tampoco les agradan mucho, excepto a Leo, porque Leo es Leo).

Aún seguía en la cama en la cabaña tres. Mi cuerpo me decía que era por la mañana, pero estaba oscuro allá fuera, y los truenos retumban al otro lado de las montañas. Se estaba formando una tormenta.

Yo no había soñado eso.

Escuché un ruido en la puerta, un casco golpeando en el umbral.

-Seguro que es Quirón o Grover -dijo Annabeth confiada.

"¿Adelante?"

Grover trotó hacia dentro, se veía preocupado.

"El Sr. D quiere verte."

-¿Por qué? -preguntó Thalia.

"¿Por qué?"

NO, AHORA PIENSO COMO PERCY! – grito Thalia ¨horrorizada¨ mientras la sala rió.

"Él quiere matar…es decir, será mejor que te lo cuente él."

Nervioso, me vestí y le seguí, seguro de que estaba metido en un gran lío.

Durante algunos días, había estado medio esperando una llamada de la Casa Grande. Ahora que fui declarado hijo de Poseidón, uno de los tres grandes dioses que se suponía que no debían tener hijos, me di cuenta de que era un crimen por mi parte el simple hecho de estar vivo.

No eres un error Percy – dijo Poseidon preocupado a su hijo.

Lo se papa – le respondió Percy.

Los otros dioses probablemente habían estado debatiendo la mejor forma de castigarme por existir, y ahora el Sr. D estaba a punto de deliberar su veredicto.

-Más te vale que no, sobrinito -amenazó Poseidón, y Dioniso palideció.

Por encima de Long Island Sound, el cielo parecía una sopa a punto de hervir.

Una cortina de lluvia venía en nuestra dirección. La pregunté a Grover si necesitaríamos un paraguas.

-No hace falta -respondió Piper-. En el campamento jamás llueve.

"No," dijo él. "Nunca llueve aquí si así no lo queremos."

-Eso mismo -dijeron Jasón, Piper y Leo.

Señalé la tormenta. "¿Qué demonios es eso, entonces?"

Alzó la vista hacia el cielo algo inquieto. "Va a pasar por nuestro lado. El mal tiempo siempre lo hace."

Me di cuenta de que tenía razón. En la semana que había estado aquí, nunca había estado cubierto. Las pocas nubes de lluvia que había visto habían bordeado por las afueras del valle. Pero esta tormenta... esta era enorme.

En el hoyo de voley, los chicos de la cabaña de Apolo estaban jugando a un partido matinal contra los sátiros. Los gemelos Dionisio estaban caminando por el campo de fresas, haciendo crecer las plantas. Todo el mundo estaba con sus cosas habituales, pero parecían tensos. Mantuvieron sus ojos en la tormenta.

-Normal -dijo Nico-. Era la primera vez que el mal tiempo estaba tan cerca del campamento.

Grover y yo caminamos hasta el porche delantero de la Gran Casa. Dionisio se sentó en la mesa de póker con su camiseta hawaiana de rayas de tigre

Afrodita chasqueó la lengua. Tenía que hacer algo con el vestuario de sus compañeros. Unos dioses no podían vestir de forma ridicula.

y con su Cola de Dieta,

Dioniso hizo una mueca, recordando la prohibición tan injusta que estaba teniendo en el futuro.

tal y como estaba en mi primer día. Chiron se sentó a la mesa en su silla de ruedas falsa Estaban jugando contra adversarios invisibles—dos sets de cartas flotaban en el aire.

Algunos miraron de reojo a Annabeth, recordando que tenía una gorra para hacerse invisible.

"Bueno, bueno," Dijo el Sr. D sin alzar la vista. "Nuestra pequeña celebridad."

Varios dioses fijaron la vista en Dionisio

Esperé.

"Acércate," dijo el Sr. D. "Y no esperes que me doblegue ante ti, mortal, solo porque el viejo Barba Percebe sea tu padre."

Parece que en ese instante el océano pacifico cayó sobre Dionisio.

Una red de rayos destellaron a través de las nubes. El trueno hizo temblar las ventanas de la casa.

"Bla, bla, bla," dijo Dionisio.

Chiron fingió interés en sus cartas. Grover se encogió por la barandilla, y sus cascos volvieron a hacer ruido entre sus idas y venidas.

"Si estuviera en mis manos," dijo Dionisio, "Haría que tus moléculas estallaran en llamas. Barreríamos las cenizas y se acabarían tantos problemas.

-Te la estás ganando y con intereses -amenazó Poseidón. Dioniso tragó en seco.

Pero Chiron parece pensar que eso iría en contra de mi cometido en este maldito campamento: el manteneros a vosotros, mocosos, seguros de daños."

"La combustión espontánea es una forma de dañar, Sr. D," intercedió Chiron.

"Tonterías," dijo Dionisio. "El chico no sentiría nada.

-Cierto -dijo Apolo.

-No ayudas -le susurró Hermes.

No obstante, he acordado contenerme. Estoy pensando en convertirte en delfín en lugar de eso, enviándote así de vuelta con tu padre."

Un pequeño terremoto sacudió el trono de Dioniso y el dios cayó al suelo, ante la mirada divertida de los demás.

"Sr. D—" advirtió Chiron.

"OH, está bien," cedió Dionisio. "Hay una opción más. Pero es una locura mortal."

Dionisio se levantó, y las cartas del jugador invisible cayeron en la mesa. "Me voy al Olimpo por una reunión de emergencia. Si el chico sigue aquí cuando vuelva, le convertiré en un delfín. ¿Entendido? Y Perseus Jackson, si eres lo bastante listo, verás que es una decisión mucho más razonable que lo que Chiron siente que debes hacer."

-Su hubiese hecho caso al Sr. D ahora no tendría a la chica más guapa del campamento como novia -susurró Percy en el oído de Annabeth. Está se estremeció, sonrió y besó a Percy.

Dionisio levantó una carta del juego, la giró, y la transformó en un rectángulo de plástico. ¿Una tarjeta de crédito? No. Un pase de seguridad.

-Lo necesita para entrar en el Olimpo –dijo Atenea.

Chasqueó los dedos.

El aire pareció plegarse y rodearlo. Él se convirtió en un holograma, y a continuación en viento, después, se marchó, dejando solo el aroma de uvas frescas tras de él.

Chiron me sonrió, pero parecía cansado y algo tenso. "Siéntate, Percy, por favor. Y Grover."

Lo hicimos. Chiron dejó sus cartas sobre la mesa, había una mano ganadora que no había llegado a utilizar.

Dioniso, que seguía en el sueo, masculló algo cómo: "¿Es qué nunca voy a poder ganarle?

"Cuéntame, Percy," dijo él. "¿Qué paso con el perro del infierno?"

-Quirón, vaya pregunta más tonta, ¡estabas delante! -dijo Chris.

-Deja de juntarte con los Stoll, no te hacen bien -dijo Clarisse.

Solo escuchar el nombre me hizo estremecer. Chiron posiblemente quería que dijera, "¡Caray, no es nada! Como perros del infierno para desayunar."

-La sala rió.

-Lo que tú digas, Sesos de Algas -dijeron Nico, Thalía y Annabeth a la vez.

Pero no me sentía como un mentiroso.

Bien Percy – aprobaron Hestia y Hera

"Me asustó," dije. "Si no le hubieras disparado, estaría muerto."

"Encontrarás de peores, Percy. Mucho peores, antes que acabes."

"Acabar … ¿con qué?"

"Tu misión, por supuesto. ¿La aceptas?"

Quirón primero explícale la misión y luego le preguntas – le regaño Afrodita.

Miré a Grover, quien estaba cruzando los dedos.

"Esto, señor," dije, "Aún no me ha contado de que se trata."

Afrodita sonrió, claramente satisfecha por la reacción de Percy.

Chiron hizo una mueca. "Bueno, esa es la parte difícil, los detalles."

Un trueno retumbó en todo el valle. Las nubes de lluvia habían alcanzado ya la orilla de la playa. Por lo que podía ver, el cielo y el mar estaban hirviendo juntos.

"Poseidón y Zeus," dije. "ellos están luchando por algo valioso…algo que fue robado, ¿no es así?"

Chiron y Grover intercambiaron miradas.

Chiron se inclinó hacia delante en su silla de ruedas. "¿Cómo sabes eso?"

-Eso, ¿cómo lo sabes? -exigió Zeus.

-A lo mejor lo sabe por qué ha soñado con eso, y no han parado de decir que algo ha sido robado -respondió Hera, sarcásticamente. Le estaba cayendo bien ese semidiós.

Mi cara se sentía arder. Deseé no haber abierto mi bocaza.

-Siempre lo haces -dijo Annabeth, divertida.

-Annabeth, ¿te recuerdo las veces que has suspirado por su boca? -le preguntó Thalía con pícardia. Los adolescentes se echaron a reír, mientras Annabeth se sonrojaba-. Y tú no te rías, Rachel, que también has suspirado por la boca de Percy más de una vez.

Ahora fue el turno de Rachel de sonrojarse

Y tú no Thalia? – pregunto pícaramente Lacy de la cabaña de Afrodita asiendo que la cazadora se sonroje brutalmente- eso supuse – dijo con suficiencia.

Muy astuta para una hija de Afrodita – comento Malcolm de la cabaña de Atenea.

Y tu muy guapo para un hijo de Atenea- dijo y se acercó a Malcolm amenazadoramente- pero así te quiero – dijo Lacy mientras lo besaba.

Hey esto cuando paso – pregunto Annabeth señalando Lacy y Malcolm.

Desde hace un mes – contestaron sonrojados de ser el centro de atención.

No te importa verdad hermanita? – pregunto Malcolm a Annabeth.

Claro que no, me agrada Lacy – dijo abrasando a su hermano y susurrándole- si fuera con Drew te golpearía hasta que recobres la cordura.

Y yo te lo agradecería – le respondio mientras veía a Drew que se había quedado viendo a su propio reflejo desde hace 3 capitulos.

"El tiempo desde Navidad ha sido raro, como si el mar y el cielo pelearan. Entonces hablé con Annabeth, y ella había oído algo sobre un robo. Y... he estado teniendo esos sueños."

"Lo sabía," dijo Grover.

"Calla, sátiro," ordenó Chiron.

-Eso no ha sido agradable -dijo Hestia, frunciendo el ceño.

-Tiene razón. Lo siento, Grover -se disculpó Quirón.

-No importa -dijo el sátiro.

"¡Pero es su misión!" Los ojos de Grover brillaron de emoción. "¡Debe serlo!"

"Solo el Oráculo puede determinarlo."

-El Oráculo me da miedo -le confesó Travis a su hermano.

-A mí también -respondió éste. Katie sonrió con ternura a Travis y este se sonrojo pero sonrió igualmente.

Chiron acarició su barba erizada.

"No obstante, Percy, estas en lo cierto. Tu padre y Zeus están teniendo su peor disputa en siglos. Se están peleando por algo valioso que fue robado. Para ser precisos: por un rayo."

¿QUIÉN SE HA ATREVIDO A ROBAR MI RAYO? ¡PULVERIZARE AL LADRÓN! -rugió Zeus

Sip, gritando eso vas a hacer que salga y diga ¨yo lo robe señor Zeus ya puede matarme¨ - se burló Hades de su hermano.

Me reí con nerviosismo. "¿Un qué?"

-¡No te lo tomes a broma, chico! -gritó Zeus en dirección a Percy. Éste se encogió de hombros.

-Es que oír que un rayo ha sido robado, no me parecía muy normal -explicó Percy, tranquilamente.

"No te lo tomes a la ligera," advirtió Chiron. "Y no estoy hablando de un zigzag cubierto de papel de aluminio que verías en una obra de segundo. Estoy hablando de un cilindro de dos pies de largo de bronce celestial de alta calidad, coronados ambos extremos con explosivos a medida de dioses."

"Ah."

-¿No lo entendiste, verdad? -le preguntó Jasón.

Sí, pero no me impresiona -admitió Percy. Y los dioses levantaron las cejas- había descubierto hace solo una semana que los dioses griegos existen, los sátiros, ninfas y demás, la existencia del rayo de Zeus y de que este sea cilíndrico no me impresiona. – explico tranquilamente.

"El rayo maestro de Zeus," dijo Chiron, metiéndose en ello. "El símbolo de su poder, de donde es patrón de todos los otros rayos. La primer arma hecha por los Cíclopes para la Guerra contra los Titanes, el rayo que escarpó en la cima del Monte Etna y que arrojó a Cronos de su trono; el rayo maestro, el cualn amontona suficiente poder como para hacer que las bombas de hidrógenos mortales parezcan fuegos artificiales."

-Claramente mi símbolo de poder es el mejor -dijo Zeus, sonriendo con arrogancia. Zoë rodó los ojos, dándose cuenta de dónde sacó Héracles su arrogancia.

"¿Y esta desaparecido?"

"Robado," dijo Chiron.

"¿Quién?"

"Por quién, mejor dicho" corrigió Chiron.

-Profesor una vez, profesor para siempre -dijo Hazel.

Una vez eres profesor, lo serás por siempre.

Hazel se asombró y luego sonrió sonrojada al ver el parecido de la frase. Nico abrazaba a Grover, "sollozando" por lo bajo.

-La he perdido, ha sido "percyficada" -Percy le lanzó una mirada envenenada.

"Por tí."

QUE!-gritó Zeus, tomando su rayo – MUERE BASTARDO! – lanzando su rayo a Percy.

Este solo le dio tiempo de apartar a Annabeth del camino y cubrirse antes que una luz cegara a todos los presentes, cuando esta se fue vieron el lugar de impacto completamente destruido sin rastro de Percy.

PERCY!- Gritaron varios pero nadie tan fuerte como Annabeth y Poseidon.

Tranquilos aquí estoy- dijo una vos a sus espaldas, al voltear vieron a Percy intacto y a Hera a su lado.

PERCY!- grito Annabeth mientras se le arrojaba encima y abrasaba muy fuerte.

Ya Anni, estoy bien- luchaba para hablar Percy, y luego se dirigió a Hera- gracias, pero porque me salvo?

Eres el primer semidios que me cae bien- admitió sorpresivamente Hera a Percy.

Entonces oyeron una explosión y vieron que Zeus estaba en un profundo cráter muy lastimado y a Poseidon que le apuntaba con su tridente el cual sus puntas brillaban de verde energía- a ver si así aprende a no ser tan idiota, se te dijo que no se podía dañar a ningún semidios y también viste que Percy no sabía que era un semidios en el momento que fue robado esa chatarra inútil. – le dijo amenazadoramente a Zeus.

COMO OSAS- pero Poseidon trono sus dedos y el cráter se llenó de agua y de miles cnidarios (cnidarios: organismos que tienen células urticantes al roce, tales como medusas, anemonas, y corales).

Cuando lo sacaron y lo sentaron en su trono parecía que como si le hubieran pegado fierros ardientes por todo su cuerpo – como eres un dios el veneno no te matara, solo ponte este ungüento en las heridas- dijo Apolo mientras le daba el ungüento (la verdad es que podría curarlo con solo tronar sus dedos igual que a Ares pero Ares es imbécil y se merecía sufrir un rato más y Zeus se atrevió a atacar a su legado, igual como mato hace tiempo a su hijo Esculapio).

Me ayudas? – pregunto Zeus a su esposa pero esta le respondió con un ¨póntelo tú mismo¨.

Continuamos?- pregunto Percy

Abrí la boca.

"Al menos"—Chiron alzó una mano—"eso es lo que Zeus cree. Durante el solsticio de invierno, en el último concilio de los dioses, Zeus y Poseidón tuvieron una discusión. Las tonterías de siempre: 'A la Madre Rea siempre le he gustado más,' Las catástrofes del aire son más espectaculares que las del mar,' etc.

-¡Eso no son tonterías! -gritaron ambos dioses a la vez.

Después, Zeus se dio cuenta de que su rayo maestro no estaba, lo habían tomado de la sala del trono en sus mismas narices. Inmediatamente culpó a Poseidón. Eso sí, un dios no puede usurpar el símbolo de poder divino de otro directamente—eso está prohibido por la más antigua de las leyes divinas. Pero Zeus cree que tu padre convenció a un héroe humano para cogerlo."

-¡Poseidón! ¿Cómo te atreves a robarme el rayo? -exigió Zeus.

Quieres volver con las medusas verdad? -reto Poseidón, a un Zeus que se puso pálido.

"Pero yo no—"

"Paciencia y escucha, niño," dijo Chiron . "Zeus tienes buenas razonas para sospechar. La forja de los Cíclopes se encuentra bajo el océano, lo que da a

Poseidón algo de influencia sobre los fabricantes del rayo de su hermano. Zeus cree que Poseidón ha cogido el rayo, y que ahora en secreto los Cíclopes lo tienen para construir un arsenal de copias ilegales, lo que puede ser usado para derrocar a Zeus de su trono. Lo único de lo que Zeus no estaba seguro era qué héroe usarías Poseidón para robar el rayo. Y ahora Poseidón te ha reclamado abiertamente como hijo suyo. Tú estabas en Nueva York durante las vacaciones de invierno. Fácilmente te podrías haber colado en el Olimpo. Zeus cree que ha encontrado a su ladrón."

-¿Lo ves? Tengo suficientes motivos para culparte -dijo Zeus.

-Y yo te digo que no quiero tú estúpido rayo -dijo Poseidón. Rodando los ojos-. Enserio, han pasado tres mil años, ¿para qué lo quiero ahora?

"¡Pero yo nunca he estado en el Olimpo! ¡Zeus está loco!"

Zeus miró fijamente a Percy, como si quisiera probar la combustión espontánea con él; pero dejó de hacerlo cuando sus hermanos se rieron de él.

-¡Hera! -se quejó como un niño pequeño al ver que su esposa también reía.

El chico tiene razón. Eres un loco paranoico -dijo la diosa del matrimonio.

Chiron y Grover alzaron la vista con nerviosismo hacia el cielo. Las nubes no parecían que fueran a pasar por nuestro lado, como había prometido Grover. Estas parecían estar acercándose a nuestro valle, sellándonos como una tapa de ataúd.

-Me gustan las tapas de ataúd -susurró Nico. Hades asintió con él, mientras que Perséfone y Hazel rodaban los ojos.

"Esto.., ¿Percy ...?" dijo Grover. "Nos usamos esa palabra para describir al Señor del Cielo."

"Tal vez paranoico," sugirió Chiron.

-Eso está bien -aceptó Zeus.

"Por otra parte, Poseidón ha intentado derrocar a Zeus antes. Creo que esa era la pregunta treinta y ocho en tu examen final..." Él me miró como si de verdad esperara que me acordara de la pregunta treinta y ocho.

¿Cómo puede alguien acusarme de robar un arma divina? Ni siquiera pude robar una porción de pizza de la fiesta de póquer de Gabe sin que me pillaran.

-Yo te enseñare -dijo Hermes.

-Ni se te ocurra -le dijo Anfitrite.

-Vale -aceptó el dios, guiñándole un ojo a sus hijos. Estos entendieron el mensaje.

Chiron estaba esperando por una respuesta.

"¿Algo de una red dorada?" aventuré. "Poseidón, Hera y unos cuantos dioses más... ellos, como que, atraparon a Zeus y no le dejaron irse hasta que hubiera prometido ser un mejor gobernante, ¿cierto?"

-Aún estoy esperando a ver si cumple -dijo Hera.

"Correcto," dijo Chiron. "Y desde entonces Zeus no ha vuelto a confiar en Poseidón. Por supuesto, Poseidón niega haber robado el rayo. Él se tomó la acusación como una gran ofensa. Los dos llevan discutiendo de un lado a otro desde hace cuatro meses, amenazando con la guerra. Y ahora, tú has venido la proverbial última gota."

"¡Pero solo soy un niño!"

"Percy," me cortó Grover, "si tú fueras Zeus, y tú ya piensas que tu hermano está conspirando para derrocarte, entonces tu hermano de repente admite que había roto el sagrado juramento que tomó después de la Segunda Guerra Mundial, que ha engendrado a un nuevo héroe mortal que puede ser usado como arma contra ti… ¿No sería eso poner un nudo en tu toga?

-¡Lo sabía! -gritó Zeus-. ¡Has engendrado a un hijo para usarlo de arma contra mí!

-Lo que tú digas, paranoico -dijo Poseidón, poniendo los ojos en blanco.

"Pero yo no hice nada. Poseidón—mi padre—en realidad él no tiene ese rayo maestro robado, ¿verdad?"

Chiron suspiró. "La mayoría de los observadores estarían de acuerdo en que el robo no es del estilo de Poseidón.

Pero el Dios del Mar es demasiado orgulloso como para convencer a Zeus de eso. Zeus ha exigido que Poseidón le devuelva el rayo en el solsticio de verano. Eso es el veintiuno de Junio, dentro de diez días.

-¿Por qué todas las misiones han de ser a contrarreloj? -preguntó Frank. Los semidioses se encogieron de hombros.

Poseidón quiere una disculpa por haber sido llamado ladrón por la misma fecha. Esperaba que la diplomacia pudiera prevalecer, que Hera, Deméter o Hesita hicieran entrar en razón a los dos hermanos.

-Tarea casi imposible -dijeron las tres hermanas.

Pero tu llegada a inflamado el humor de Zeus. Ahora ningún dios retrocederá. A menos que alguien intervenga, a menos que el rayo maestro sea encontrado y devuelto a Zeus antes del solsticio, habrá una guerra. ¿Y sabes lo que una guerra de esas dimensiones podría parecer, Percy?"

"¿Malo?" sugerí.

-Eso es quedarse corto -dijo Will.

"Imagina el mundo en el caos. La naturaleza en guerra consigo misma. Los Olimpícos obligados a escoger un bando entre Zeus y Poseidón. Destrucción.

Una carnicería. Millones de muertes. La civilización occidental se convertiría en un campo de batalla tan grande que haría que la Guerra de Troya pareciese una guerra de globos de agua."

Todos los dioses estaban preocupados, menos Ares, que parecía encantado.

"Malo," repetí.

-Sesos de algas -dijo Annabeth, cariñosamente.

"Y tú, Percy Jackson, serías el primero en sufrir la ira de Zeus."

Empezó a llover. Los jugadores de voley dejaron su partido y miraron atónitos en silencio al cielo.

-Normal -dijo Piper-. Nunca antes había llovido en el campamento.

Yo había traído esa tormenta al Monte Mestizo. Zeus estaba castigando a todo el campamento por mi culpa. Estaba furioso.

Todos los que habían visto a Percy furioso se estremecieron.

"Así que tengo que encontrar el estúpido rayo," dije. "Y devolvérselo a Zeus."

"¿Qué mejor ofrenda de paz," dijo Chiron, "puede haber que el hijo de Poseidón le devuelva lo que es de su propiedad a Zeus?"

"Si Poseidón no lo tiene, ¿dónde está ese cacharro?"

Zeus gimió. Ya sé imaginaba a sus hermanos llamando "cacharro" a su rayo. Y no sé equivocaba.

-Hermano, ¿dónde está tú cacharro? -preguntó Poseidón.

-Eso. Vigílalo bien, no sea que te roben el cacharro en el futuro -dijo Hades con burla.

"Creo saberlo." La expresión de Chiron era sombría. "Parte de una profecía de años atrás...

Los dioses se miraron.

Bueno, algunas líneas han cobrado sentido para mí, ahora. Pero antes de poder decir más, debes oficialmente asumir la misión. Debes buscar el consejo del Oráculo."

Apolo y Rachel sonrieron, mientras el resto gemía.

"¿Por qué no puedes contarme de antemano donde está el rayo?"

"¿Porque si lo hago, estarías demasiado asustado para aceptar el desafío."

Tragué. "Es una buena razón."

"¿Entonces estás de acuerdo?"

Miré a Grover, quien asintió de forma alentadora. Fácil para él. Yo era a quien Zeus quería matar.

Grover se sonrojo.

"Está bien," dije. "Es mejor que ser convertido en un delfín."

"Entonces es el momento de que consultes al Oráculo," dijo Chiron. "Sube las escaleras, Percy Jackson, hasta la buhardilla. Cuando vuelvas a venir, suponiendo que aún sigues cuerdo, hablaremos más."

-Enserio, Quirón, tienes que aprender a hablar con tacto -suspiró Afrodita.

En cuatro tramos de subida, la escalera terminó bajo una trampilla verde. Tiré de la cuerda. La puerta se abrió hacia bajo, y una escalera de madera ocupó su lugar estrepitosamente. El cálido aire proveniente de arriba olía a moho y a algo más… un olor que recordé de las clases de biología. Reptiles. El olor de las serpientes.

Algunos hicieron una mueca de asco.

Contuve la respiración y subí.

La buhardilla estaba llena de porquerías de héroes griegos: la armadura estaba cubierta de telarañas; los escudos, una vez relucientes y brillantes, estaban picados de roña; viejos baúles de cuero cubiertos con etiquetas adhesivas que decían, ÍTACA, LA ISLA DEL CIRCE, y TIERRA DE LAS AMAZONAS.

Percy, Annabeth y Hazel y Frank se miraron a leer esos últimos nombres. Reyna sintió un retortijón en el estómago al recordar a su hermana.

Una gran mesa repleta de tarros de cristal llenos de cosas encurtidas—garras peludas cortadas, enormes ojos amarillos, y otras partes diferentes de monstruos. Un trofeo montado y cubierto de polvo en la pared parecía la cabeza de una serpiente gigante. En la placa se leía, CABEZA DE HYDRA #1, WOODSTOCK, N.Y., 1969.

Percy y Annabeth intercambiaron una mirada con Clarisse.

En la ventana, sentada en un taburete trípode de madera, estaba el recuerdo más truculento de todos: una momia.

Apolo frunció el ceño.

Esta no estaba envuelta en una especie de tela, sino en un cuerpo humano de ujer marchitándose en una cáscara.

Realmente te parece que se merecía eso? -preguntó Apolo, furioso. Hades se removió en su sitio. En el fondo se arrepentía de haber maldecido al Oráculo, pero estaba tan furioso por la muerte de María di Angelo, que no se había podido contener.

Llevaba puesto un vestido de verano desteñido, con muchos collares de cuentas, y una cinta sobre su largo y negro pelo. La piel de su cara era fina y curtida sobre su cráneo, y sus ojos eran rendijas blancas vidriosas, como si los verdaderos ojos hubieran sido remplazados por canicas; ella llevaba muerta desde hacía un largo, larguísimo tiempo.

El mirarla me envió escalofríos en la espalda. Y eso fue antes de que se incorporase recta en su taburete y abriera la boca. Una neblina verde salió de la boca de la momia, enroscándose sobre el suelo en gruesos zarcillos, silbando como veinte mil serpientes. Me tropecé conmigo mismo intentando llegar a la trampilla, pero esta se cerró de golpe. Dentro de mi cabeza, escuché una voz, deslizándose por un oído y enroscándose alrededor de mi cerebro: Soy el espíritu de Delfos, degollador de la gran Pitón. Acércate, buscador, y pregunta.

Yo quería decir, No gracias, puerta equivocada, solo buscaba el baño.

La sala estalló en carcajadas.

-Sólo Percy -dijeron Annabeth, Thalía y Nico caruñosamente.

Pero me obligué a mi mismo a inspirar profundamente. La momia no estaba viva. Ella era una especie de horrible recipiente de algo más, el poder que estaba ahora girando a mí alrededor en la neblina verde. Pero su presencia no se sentía mal, no como mi demoníaca profesora de mates, la Sra. Dods o el Minotauro. Se sentía mucho más como las Tres Parcas que había visto tejiendo el hilo fuera de la caseta de frutas de la autopista: Antigua, poderosa, y, definitivamente, no humana. Pero no particularmente interesada en matarme, tampoco.

-Sólo te dice al sitio donde tienes que ir para que te maten de forma cruel y despiadada -comentó Leo.

Tuve la valentía de preguntar, "¿Cuál es mi destino?"

La neblina se arremolinó más densa, recogiéndose justo en frente de mí y alrededor de la mesa con las jarras de las partes de los monstruos. De pronto había cuatro hombres sentados alrededor de la mesa, jugando a las cartas.

Sus rostros se volvieron más claros. Eran Gabes el Apestoso y sus amigos.

La sala se tensó al oír sobre ese tipo.

Mis puños se cerraron, aunque ya sabía que esta fiesta de póquer no podía ser real. Era una ilusión, creada por la neblina. Gabe se giró hacia mí y habló con la voz ronca del Oráculo: Irás hacia el oeste, donde te enfrentarás al dios que se ha revelado.

Los dioses miraron a Hades, sabiendo que el era el dios del oeste.

Su amigo de la derecha alzó la vista y dijo con la misma voz: Encontrarás lo robado, y lo devolverás.

Zeus respiró con tranquilidad.

El chico de la izquierda lanzó dos fichas de póquer, después dijo: Serás tracionado por quien se dice tu amigo.

-Luke -murmuró Annabeth con tristeza. Percy la sentó en su regazo, y le dio un beso en la cabeza.

Por último, Eddie, nuestro genial constructor, sentenció la peor de todas las líneas: Al final, no conseguirás salvar lo más importante.

Los semidioses se miraron, confusos. Percy había devuelto el rayo, entonces ¿de qué hablaba el Oráculo?

Las figuras empezaron a disolverse. Al principio yo estaba demasiado aturdido como para decir nada, pero cuando la neblina se retiró, enroscándose en una enorme serpiente y deslizándose de vuelta a la boca de la momia, grité, "¡Espera! ¿Qué quieres decir? ¿Qué amigo? ¿Qué no salvaré?"

-No funciona así, Percy -dijo Rachel con tristeza.

La cola de la neblina de la serpiente despareció en la boca de la momia. Ella se recostó de vuelta contra la pared. Tenía la boca bien cerrada, como si no la hubiera abierto en cientos de años. La buhardilla estaba de nuevo en silencio, como abandonada, nada más que una habitación llena de recuerdos. Tenía la sensación de que podía quedarme ahí parado hasta que tuviera telarañas, también, y no aprendería nada más.

-Tampoco es que aprendas mucho -dijo Nico.

Mi audiencia con el Oráculo había acabado.

"¿Y bien?" me preguntó Chiron.

Me dejé caer en una silla de la mesa de póquer. "Ella dijo que recuperaría lo que fue robado."

Grover se reclinó para delante, mascando con emoción los restos de una lata de cola de dieta.

"¡Eso es genial!"

"¿Qué es lo que dijo exactamente el Oráculo?" Presionó Chiron. "Eso es importante."

-En efecto -dijo Apolo.

Mis oídos aún hormigueaban por la voz de reptil. "Ella… ella dijo que iría para el oeste y me enfrentaría al dios que se ha rebelado. Recuperaría lo que fue robado y lo vería devuelto de forma segura."

"Lo sabía," dijo Grover.

Chiron no parecía satisfecho. "¿Algo más?"

No quise contárselo.

¿Qué amigo me traicionaría? No tenía muchos. Y la última línea—No salvaré lo que más importa. ¿Qué clase de Oráculo me mandaría a una misión y me diría, Ah, por cierto, fallarás? ¿Cómo podía confesar eso?

"No," dijo. "Eso es todo."

Él estudió mi rostro.

"Muy bien, Percy. Pero debes saber esto: las palabras del Oráculo suelen tener doble significado. No te preocupes mucho por ello. La verdad no es siempre clara hasta que los acontecimientos tienen lugar."

-Y que lo digas -murmuró Percy.

Tenía la sensación de que él sabía que me estaba guardando algo malo, y que estaba intentando hacerme sentir mejor.

-Normalmente una profecía no suele ser tan corta, a menos de que se esté ocultando información.

"Vale," dije, ansioso por cambiar de tema. "Así que, ¿A dónde voy? ¿Quién es ese dios del oeste?"

"Ah, piensa, Percy," dijo Chiron. "Si Zeus y Poseidón se debilitan el uno al otro en una guerra, ¿Quién saldría ganando?"

"¿Alguien más que quiere hacerse cargo?" aventuré.

"Si, bastante. Alguien que guarda rencor, que ha sido infeliz con su suerte desde que el mundo fue dividido hace eones, cuyo reinado crecería poderoso con las muertes de millones. Alguien que odia a sus hermanos por obligarle con un juramento a no tener más niños, un juramento que ambos han roto ahora."

Pensé en mis sueños, la voz del mal había hablado desde abajo de la tierra.

"Hades."

-¡Tú eres el ladrón! -gritó Zeus, apuntando a Hades. Éste resopló y Poseidón lo miró con simpatía. Él ya había recibido los gritos de Zeus por su cacharro.

-¡Primero matas a mi hija y ahora me robas el rayo! -gritó el dios del cielo.

-¿Y para que iba a querer robarte tú estúpido cacharro? -exigió Hades.

-Para expandir tu reino -respondió Zeus, triunfal.

-¡Eso es lo último que necesito! Con la estúpida Segunda Guerra Mundial, ¿acaso tienes idea del revuelo que hay abajo? ¡Estoy abriendo nuevas subdivisiones! -gritó Hades-. ¡Seguir llenando mi reino no me favorece económicamente!

-Tiene razón, padre -dijo Perséfone.

-Seguro que al final del libro se resuelve todo, padre -le tranquilizo Atenea. Zeus asintió.

Chiron asintió. "El Señor de los Muertos es la única posibilidad."

-¡Qué no es papá! -se quejaron Nico y Hazel. Hades sonrió a sus hijos.

Un trozo de aluminio se escurrió de la boca de Grover.

Algunos rieron.

"Whoa, espera. ¿Qu-qué?"

"Una Furia vino tras de Percy," le recordó Chiron. "Ella vio al joven hasta que estuvo segura de su identidad, después intentó matarlo. Las Furias solo obedecen a un señor: Hades."

Hades se encogió al sentir la mirada de Poseidón sobre él.

"Sí, pero—pero Hades odia a todos los héroes," protestó Grover. "Especialmente si se ha encontrado con que Percy es hijo de Poseidón..."

"Un perro del infierno se metió en el bosque," continuó Chiron. "Estos solo pueden ser convocados desde los Campos de Castigo, y tiene que ser convocado por alguien dentro del campamento. Hades debe de tener aquí un espía.

Él debe esperar que Poseidón intente usar a Percy para limpiar su nombre. A Hades le gustaría mucho matar a ese joven mestizo antes de que este puede llevar a cabo su misión."

"Genial," murmuré. "Ya van dos dioses mayores que quieren matarme."

"Pero una misión ..." tragó Grover. "Es decir, ¿No podría estar el rayo en algún lugar como Maine? Maine es muy bonito en esta época del año."

-¿Maine? -preguntó Jasón.

-Es un buen sitio para los sátiros -murmuró Grover.

"Hades envió a un siervo a robar el rayo maestro," insistió Chiron.

-¡Qué no fue él! -gritaron Nico y Hazel a la vez.

"Lo escondió en el Inframundo, a sabiendas de que Zeus culparía a Poseidón. No pretendo entender los motivos del Señor de los Muertos a la perfección, o porque eligió este momento para iniciar una guerra, pero uno cosa es cierta. Percy debe ir al Inframundo, encontrar el rayo, y revelar la verdad."

Un extraño fuego ardió en mi estómago. Lo más raro era: no era por el miedo. Era de anticipación. El deseo de venganza. Hades había intentado matarme tres veces hasta ahora, con la Furia, el Minotauro, y el perro del infierno. Fue su culpa que mi madre hubiera desaparecido en un destello de luz.

-Ahí tiene razón -señaló Hefesto.

Ahora estaba intentando envolvernos a mi padre y a mí en un robo que no habíamos cometido. Estaba listo para enfrentarle. Además, si mi madre estaba en el Inframundo… Whoa, chico, dijo la pequeña parte de mi cerebro que seguía cuerda. Eres un niño. Hades es un dios.

-Eso mismo -suspiró Hades. Tenía ganas de que se acabara el libro y se demostrara su inocencia.

Grover estaba temblando. Había empezado a comerse las cartas como si fueran patatas fritas.

El pobre necesitaba completar una misión conmigo para así poder conseguir su licencia de usuaria, lo que sea que fuera, pero ¿Cómo podía pedirle hacer esta misión, especialmente cuando el Oráculo había dicho que mi destino era fracasar? Esto era un suicidio.

-Aunque lo fuera, igualmente iría contigo -dijo Grover-. Eres mi mejor amigo.

Percy le sonrió.

"Mira, si sabemos que es Hades," le dije a Chiron, "¿por qué no podemos decírselo a los otros dioses? Zeus o Poseidón podrían bajar al Inframundo y agarrar algunas cabezas."

-No es lo mismo sospechar que saber, chico -dijo Zoe.

"Sospechar y saber no son lo mismo," dijo Chiron. "Además, aunque los otros dioses sospechen de Hades—e imagino que Poseidón lo hace—ellos no pueden recuperar el rayo por si mismos. Los dioses no pueden atravesar los territorios de los otros sin ser invitados. Esa es otra antigua regla.

-¿Cuantas antiguas reglas hay? -preguntó Leo.

-Varias -respondió Hermes aburrido de pensar en reglas.

Los héroes, por otra parte, tienen ciertos privilegios. Ellos pueden ir a cualquier parte, desafiar a quien sea, siempre y cuando sean lo suficientemente audaces y fuertes para hacerlo. Ningún dios puede dominar las acciones de un héroe. ¿Por qué crees que los dioses siempre operan a través de los humanos?"

"Estas diciendo que estoy siendo utilizado."

-Cómo siempre –murmuraron los semidioses.

"Estoy diciendo que no es casualidad que Poseidón te haya reclamado ahora. Es una apuesta muy arriesgada, pero está en una situación desesperada. Te necesita."

Mi padre me necesita.

Las emociones rodaron dentro de mí como trozos de cristal en un caleidoscopio.

No sabía siquiera si sentir resentimiento o agradecimiento, estar feliz o enfadado. Poseidón me había ignorado estos doce años. Ahora de repente me necesitaba.

-Percy... -empezó a decir Poseidón.

-Ya lo sé, papá -dijo Percy-. No podías ayudarme.

Miré a Chiron. "Tú ya sabías que era el hijo de Poseidón en todo este tiempo, ¿no es así?"

"Tenía mis sospechas. Como ya dije ... También he hablado con el Oráculo."

-¿De verdad? -preguntó Frank. Quirón asintió.

-No era muy difícil, Percy se parece a su padre -explicó el centauro.

Tenía el presentimiento que había más que él no me estaba contando sobre su profecía, pero decidí que no podía preocuparme por eso justo ahora. Después de todo, yo también me estaba guardando información.

"Entonces déjame aclarar esto," dije. "Se supone que tengo que ir al Inframundo y enfrentarme al Señor de los Muertos."

-En efecto -dijo Nico, recordando cuando Percy derrotó al ejercitó de su padre completamente sólo.

"Correcto," dijo Chiron.

"Encontrar el arma más poderosa del universo."

-Sí -dijo Thalía.

"Correcto."

"Y llevarla de nuevo al Olimpo antes del solsticio de verano, en diez días."

-Justo eso -añadió Annabeth.

"Así es."

Miré a Grover, quien se tragó el as de corazones.

"¿He mencionado ya que Maine es muy bonito es esta época del año?" preguntó con voz débil.

-Creo que sí -respondió Apolo.

"No tienes que ir," le dije. "No puedo pedirte eso."

"Ah ..." Se cambió sus cascos. "No ... es solo que los sátiros y los lugares bajo tierra… bueno…" Inspiró profundamente, después se levantó, quitándose de encima los restos de las cartas y el aluminio de su camiseta. "Me salvaste la vida, Percy. Si... si de verdad me quieres contigo, no te decepcionaré."

-¡Awww! -arrulló Afrodita.

Me sentí tan aliviado que me entraron ganas de llorar,

-Nenaza -murmuró Ares en voz baja. Ares que por fin recobro la conciencia pero estaba tan vendado y estaba tan débil que no podía moverse.

aunque no creo que eso fuera muy heroico.

Tu p-para mi e-eres un héroe-e – dijo una vos de niña cerca de Percy, este bajo la vista y se sorprendió cuando vio a Julia (la ayudante de Termino) que lo miraba con esos grandes ojos que lo veían con adoración.

Julia no te había visto- dijo Percy llamando la atención de todos.

Pero que hace esa niña aquí! – exigió Octavian asustando a Julia.

Eh baja ese tono- le dijo Percy a Octavian, al ver que había asustado Julia.

YO GRITO TODO LO QUE SE ME DA LA GANA!- grito el terror de ositos de felpa.

Al gritar cual animal Julia se le aguaron los ojos de miedo y se abrazó a Percy

Una palabra más augur y te mandare a descuartizar – sentencio reina aun pálido augur, luego se acercó a julia- estas bien Julia?.

Si estoy bien pretora- respondió Julia enjuagándose los ojos.

Ven Julia te puedes sentar conmigo – dijo Percy y Julia se le iluminaron los ojos, se sentaría con su héroes.

Grover era el único amigo que alguna vez había tenido por más de unos cuantos meses. No estaba seguro de que bien podía hacer un sátiro contra las fuerzas de la muerte, pero me sentí mejor sabiendo que él estaría conmigo.

"Hasta el final, G-man." Me volví hacia Chiron. "Así que, ¿A dónde vamos? El Oráculo solo dijo que fuera al oeste."

"La entrada del Inframundo siempre es en el oeste. Se mueve de un año al otro, igual que el Olimpo. Justo ahora, por supuesto, está en América."

"¿Dónde?"

Chiron se veía sorprendido. "Pensé que sería lo bastante obvio. La entrada al Inframundo está en Los Ángeles."

-Bastante cerca del Campamento Júpiter -dijo Reyna, asombrada.

"Ah," dije. "Naturalmente. Entonces solo tenemos que coger un avión—"

-¡No! -gritó Poseidón.

"¡No!" gritó Grover. "Percy, ¿En qué estás pensando? ¿Has estado alguna vez en tu vida en un avión?"

Sacudí mi cabeza, sintiéndome avergonzado. Mi madre nunca me había llevado a ninguna parte en avión. Ella siempre decía que no tenía el dinero suficiente. Además, sus padres habían muerte en una accidente de avión.

"Percy, piensa," dijo Chiron. "Tú eres el hijo del Dios del Mar. El enemigo más letal de tu padre es Zeus, el Señor del Cielo. Tu madre sabía mejor de no confiarte a ti en un avión. Estarías en el dominio de Zeus. Nunca más regresarías con vida."

Annabeth abrazó con fuerzas al chico.

Pero eso no nos pasa a nosotros- dijo Thalia- yo e tenido varias caserías en el mar y no me ha pasado nada.

Eso es porque Poseidon y Hades nunca se ensañan con sus sobrinos por rivalidades personales a diferencia de Padre- Artemisa se resistió a escupir el nombre de su padre, pues aunque fue el ver como era su padre lo que hiso que ella quisiera ser virgen para siempre y odiar a los hombres, no sería practico hacérselo notar.

Encima de nosotros un rayo crepitó. Y un trueno retumbó.

"Está bien," dije, decidido a no mirar a la tormenta. "Entonces, viajaremos por tierra."

"Así es." Dijo Chiron. "Dos compañeros pueden acompañarte. Grover es uno. El otro se ha ofrecido voluntario, si es que quieres aceptar su ayuda."

-Siempre -susurró Percy, solo para que Annabeth le oyera.

"Caray," dije, fingiendo sorpresa. "¿Quién más sería lo bastante tonto como para ofrecerse voluntario para una misión como esta?"

Annabeth le dio un puñetazo suave a Percy.

El aire resplandeció detrás de Chiron. Annabeth se hizo visible, metiendo su gorra de los Yankees en su bolsillo trasero.

"He estado esperando mucho tiempo por una misión, sesos de algas," dijo ella. "Atena no es fan de Poseidón, pero si vas a salvar el mundo, soy la mejor persona que ayudarte a no echarlo todo a perder."

-Es verdad -dijeron todos los semidioses.

-Gracias por la confianza -se quejó Percy.

"¿Si te dices eso a ti misma," dije. "debo suponer que tienes un plan, chica sabia?"

-¡AWWW! -arrulló Thalía-. ¡Ya empiezan con sus apodos!

Se te salió lo romántico e cara de pino?- bromeo Percy a Thalía.

Ya quisieras sesos de alga- dijo juguetonamente Thalia.

Mmmmnnn no será que esta celosa Thalia- sugirió Afrodita haciendo que Thalía se sonrojara.

Teniente? – pregunto Artemisa preocupada de perder a su cazadora.

No es eso mi señora- respondió rápidamente Thalia- Percy es como mi hermano… bueno mi segundo hermano.- al ver que Jason bajaba la cabeza.

Yo también siempre has sido como una hermana para mí- respondió Percy a una sonriente Thalia.

Sus mejillas se pusieron coloradas. "¿Quieres mi ayuda o no?"

La verdad era, que sí. Necesitaba toda la ayuda posible.

"Un trío," dije. "Eso funcionará."

Un trio siempre funciona – dijo pícaramente Afrodita

"Excelente," dijo Chiron. "Esta tarde, os podemos llevar lo más lejos hasta la Terminal de autobuses de Manhattan. Después de eso, vais por vuestra cuenta."

Un rayo destelló. La lluvia caía en los prados donde se suponía que nunca tenían climas violentos.

"No hay tiempo que perder," dijo Chiron. "Creo que deberíais todos hacer las maletas."

-Fin del capítulo -dijo Persefone, cerrando el libro.

Bueno ahora quien… - se detuvo Hestia al ver a Julia levantando su manita- si Julia.

Yo tengo una pregunta señora Hestia- pregunto inocentemente Julia como si estuviera en clase.

Awwww pero que mona, pregunta lo que quieras cariño- dijo Afrodita pellizcándole los mofletes a la niña de 6 años.

Bueno yo quisiera preguntar al señor Pluton digo Hades porque es el único que no tiene hijos con su esposa- pregunto tiernamente Julia.

Pero claro que tengo descendencia divina con mi mujer- dijo Hades sorprendiendo a muchos- lo que pasa es que no son muy conocidas, pero mis hijas con mi esposa son; Melinoe diosa de los fantasmas y las ofrendas a los muertos, y Macaria diosa de la isla de los bienaventurados además de esposa de Tanatos (y si no la respeta lo matare).

Gracias señor Hades- le sonrió tiernamente y Hades trato con todo su ser de no sonreír de vuelta (tenía una reputación que mantener)

Bueno yo sigo…

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Ya volví y traigo una nueva encuesta:

1) Los hijos de Nix y Erebo excepto Eter y Hemera se llaman:

a) los Oscuros.

b) los terribles.

c) los engendros de la noche.

d) los demonios.

2) Cual de estas armas usarías:

a) Espada.

b) Arco.

c) Tridente.

d) Lanza.

e) Ninguna de las anteriores, yo usaría:

3) El dios griego del destino se llama…?

4) Nombra tres de tus canciones preferidas: