Capítulo 10: El paso del tiempo

"El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad".

Victor Hugo

Perséfone comía y comía con ganas, ante la impresión de los alumnos que habían quedado en Hogwarts.

- Pues si que tenías hambre – dijo una chica de Hufflepuff -. ¿Ya estás mejor? Nos hemos enterado del accidente. Tuviste mucha suerte, Perséfone.

- Si...- dijo Perséfone mirando hacia Sirius, quien la había estado mirando y apartó la vista de repente -...mucha.

Esa misma noche, que era noche buena, Perséfone, no podía dormir, quizás por el miedo a volver a caer sonámbula. Estaba sentada en un sillón de la Sala Común, con las piernas cruzadas sobre este y leyendo un libro sobre los importantes usos curativos de las escamas de dragón, cuando se oyó a alguien bajar de los dormitorios de los chicos, que no podía ser otro que Sirius.
Perséfone empezó a ponerse nerviosa, a la vez que los pasos se acercaban, hasta que pude ver la silueta de Sirius al final de las escaleras.

- ¡Ey! – dijo Sirius con su cabello negro despeinado y voz somnolienta, dando un bostezo con el que se le vieron todas las muelas -. Si no te duermes no te traerán los regalos.

- ¿Entonces tú tampoco puedes dormir? – dijo Perséfone detrás del libro aparentando estar desinteresada.

- Bueno... – dijo Sirius con el ceño fruncido, extrañado de que Perséfone le hablara tan cordialmente.

-...o quizás querías comprobar que yo no andaba suicidándome – dijo apartando el libro de delante de su cara y mirando al joven con una sonrisa de maldad, quien se había sonrojado y miraba al suelo rascándose la nuca -. Gracias, Sirius.
El joven miró a Perséfone a la cara, con sus preciosos ojos grises, extrañados y profirió:

- ¿Gracias? – preguntó Sirius acercándose a Perséfone sin entender.

- Gracias... por salvarme la vida – dijo Perséfone muy seria y de repente alzó su mano y se la tendió a Sirius amistosamente -. ¿Amigos?
En ese momento Sirius le miró a los ojos y sus miradas se encontraron. El joven pudo ver en los claros ojos de Perséfone el reflejo de los suyos propios, y alzando su brazo, apretó la cálida mano de la chica.

- Amigos – afirmó mientras Perséfone le sonreía. Era la primera vez que la veía sonreír y parecía un ángel que le alumbraba en la oscuridad -. ¿Por qué no fuiste a casa por Navidades?

- Ya estoy en casa – dijo Perséfone.

- ¿Entonces es cierto que Dumbledore es tu tío? Es increíble.

- Sí. Vivo con él, porque mi verdadera familia...bueno...

- Te entiendo mejor de lo que tú crees – dijo Sirius con tristeza -. Entonces no somos tan...

- ...diferentes – Perséfone acabó la frase y los dos chicos se miraron embobados. Sirius bajó su mirada y sonrió. Era la sonrisa más dulce que Perséfone había visto.

- Por cierto, tienes que enseñarme como convertirme en gato negro.

- ¿Qué gato negro? – preguntó Perséfone asustada.

- No te hagas la tonta que te vi en plena transformación.

- No debes decírselo a nadie, soy una ilegal.

- Está bien, a cambio de que me enseñes a mi también – dijo en una sonrisa malévola.

- No tientes tu suerte – dijo ella más enfadada.

- Vale, vale.

Cuando todos sus compañeros regresaron de las vacaciones, y vieron a Sirius y Perséfone sentados juntos, riendo y hablando, se quedaron pasmados. Se miraron entre ellos con cara de incredulidad y haciendo gesto de "será mejor no preguntar", se sentaron a su alrededor, uniéndose a la conversación.

Su relación con Sirius había mejorado considerablemente. Durante las vacaciones habían estado hablando mucho. Él le había hablado sobre su familia, y de porqué no había ido con ellos durante las vacaciones. Sus padres no le extrañaban mucho, en realidad nunca le habían dado verdaderas muestras de afecto, sobretodo su querida madre, la señora Black, de la cual no contaba maravillas exactamente. Se hicieron buenos amigos o por lo menos compañeros que podían estar uno al lado del otro sin pegarse una paliza, aunque a Perséfone no dejaba de parecerle un niñato que siempre andaba metido en problemas.

El cursos siguió avanzando y una mañana estaban en la mesa de Gryffindor desayunando cuando su compañera de cuarto Liza llegó corriendo hasta ellos, gritando y saltando de felicidad.

- ¡Me han cogido, me han cogido!

- ¿Qué? – preguntaron Lily y Perséfone con gran curiosidad ante la efusión de su amiga.

- ¡Me han cogido en el equipo de Gryffindor para jugar a Quidditch! – dijo gritando y saltando mientras algunos profesores le llamaban la atención.
Entonces entró por la puerta James, quien también se acercó hacia sus compañeros con una gran sonrisa.

- ¡Ey James¿Dónde has estado? – dijo Sirius mirando extrañado a su amigo sin tener ni idea -. Te levantaste pronto hoy.

- Si, es que fui a las pruebas para jugar a Quidditch en el equipo de Gryffindor y me cogieron.

- Si¿no es genial? – dijo Liza mirándolo emocionada y más hinchada que un pavo real añadió -. Yo voy a ser la nueva cazadora de Gryffindor.

- ¿En que puesto te cogieron a ti, James? – preguntó Remus saliendo de forma inusual de detrás de un libro de Transformaciones.

- Pues me cogieron como buscador – respondió James sin darle importancia.

- ¿De buscador? Vaya, James eso es fantástico – dijo Peter con voz entusiasta.

- Sí, buscador es el puesto más importante del juego – dijo Sirius mirando con admiración a su compañero.

- ¿Vendréis a vernos verdad chicas? Nos tenéis que animar – dijo Liza.

- Claro que iremos ¿verdad Perséfone? – preguntó Lily.

- Eh...Qui...Quidditch...bueno...- dijo Perséfone con un tono de miedo en la voz. La verdad era que nunca había visto un partido de Quidditch en su vida. El año anterior había tenido algunos "problemillas" en las clases de vuelo...

La primera clase de vuelo fue desastrosa. Perséfone nunca había volado en escoba, y ese día no se le estaba dando demasiado bien.

- ¡Vamos, es muy divertido! – gritaba Liza quien volaba a gran velocidad.

A Perséfone le costaba elevarse en el aire, y cuando por fin lo había conseguido...

- ¡Eeeeeey¡James¡Atrapa esta!

- ¡Sirius NOOOOOOOOOOO!

¡PLASH!

Perséfone por supuesto, acabó en el suelo

- ¡POTTER, BLACK¡Diez puntos menos para Gryffindor!

- Pero si fue sin querer profesora – dijo Black con una sonrisa socarrona que le puso a Perséfone los pelos de punta.

- ¡Ni sin querer, ni deliberadamente¡Tienen que aprender a comportarse como es debido! Vamos señorita Riddle, te acompañaré a la enfermería...

- Creo que puedo ir sola, gracias profesora.

En hubo dicho aquello, Perséfone anduvo hacia la enfermería para que la diera algo para la hinchazón, pero de camino una gran mole llevó por delante a Perséfone y la tiró al suelo.

- ¡Fuera de mi camino traidora! – dijo un chico rubio de Slytherin.

Perséfone se quedó sentada en el suelo. Más que el daño de la caída, había sido el shock producido por las palabras del chico lo que había hecho que quedara allí sentada en medio del pasillo, sin poder levantarse. ¿Traidora¿Acaso ese chico sabía quien era ella¿Quién era su padre?

- ¡Perséfone¿Estas bien¿Te has hecho daño? – dijo Lily corriendo hacia ella y seguida de sus compañeras de habitación.

- ¡Ese estúpido... Malfoy! – dijo Marlene enfurecida.

- ¿Malfoy? – preguntó Perséfone. Le sonaba mucho ese nombre.

- Si, Lucius Malfoy. Es de 5º curso. No puedo creer que nombraran prefecto a semejante culebra– dijo Liza -. Mi padre me ha hablado mucho de él. Su familia está podrida hasta las entrañas, siempre metidos en artes oscuras, como todos los Slytherins. No te metas con ratas de cloaca si no quieres acabar manchada.
Claro que a Perséfone le sonaba el apellido Malfoy. ¿Como podía habérsele olvidado? Era uno de los mayores seguidores de su padre. De ahí que le sonara tanto...

- Vamos, levántate – dijo Lily tendiéndola la mano.

Por supuesto no había sido la única a la que las clases de vuelo se la habían dado mal, pero quizás le había cogido un poco de fobia al deporte, pero puesto que dos de sus amigos jugaban... habría que hacer un esfuerzo.

Pasó el invierno, y comenzaron a jugarse los primeros partidos de Quidditch del año, ya que habían sido suspendidos por las malas condiciones del tiempo. Aquel primer partido fue espectacular, el equipo de Gryffindor ganó a Slytherin después de largos años de derrotas gracias a sus dos nuevos jugadores: James y Liza.
Liza tenía una habilidad innata para volar, mientras que James era uno de los buscadores más grandes que nunca había visto Hogwarts. Solo en el primer partido había logrado causar conmoción. Había cogido la snitch a los 15 minutos del partido, con una jugada que a Perséfone le pareció impresionante, aunque no fuera muy fan de aquel deporte.

Después de la cena, aun duraba la expectación. Se hizo una pequeña celebración en la Sala Común de Gryffindor. Mientras todos los chicos y chicas felicitaban a los nuevos jugadores, Sirius, Peter, Lily, Alice, Marlene y Perséfone se sentaron en una mesa, hablando del partido:

- Si, James estuvo estupendo – dijo Lily mirando al chico, que era palmeado en la espalda por un alumno de 6º curso.

- Por cierto, Remus no ha venido al partido – dijo Alice. Perséfone empezó a incomodarse. En realidad, ella era la única persona que sabía el secreto del pequeño lobo, aparte de Dumbledore y sus padres, claro.

- Cierto – dijo Lily -, la verdad, empieza a preocuparme...su aspecto no es muy saludable últimamente...

Perséfone empezó a pensar que era mejor irse, no quería tener que explicarles el secreto que había prometido guardar, y conocía las malas artes de sus amigos para hacerla hablar. Comenzó a levantarse de la silla, y empezó a andar de espaldas a las escaleras, con pequeños pasos, muy disimuladamente.

- No sé lo que le pasa, siempre que le preguntamos, nos responde con evasivas...- dijo Sirius.

- ¿Dónde vas¿Te estás escabullendo? – dijo Lily a Perséfone al darse cuenta que su amiga trataba de huir.
- ¿Escabullirme yo¡Por favor Lily¿Por quién me tomas? Es que estoy un poco cansada y...

- Oye Riddle¿tú no sabrás nada, verdad? – dijo Sirius con mirada de acusación. Sus ojos miraban a Perséfone, y ella se sentía mentirosa, cómplice y culpable.

- ¿Saber qué? – dijo Perséfone haciéndose la tonta.

- ¡Cierto, sabe algo, deténganla! – dijo Lily apuntándola con el dedo con una sonrisa.

- Tú te llevas muy bien con Remus¿no? – dijo Sirius.

- Si...bueno...igual que con cualquiera de vosotros...

- ¿Y no te habrá contado algo que no nos ha contado a nosotros? Vamos canta de una vez.

- Nooo...no sé de que me habláis...no tengo tiempo para juegos. Me voy a la cama. Hasta mañana – y habiendo dicho esto, se dio la vuelta y se fue corriendo hacia el cuarto de las chicas.

Los cuatro chicos se habían quedado en la mesa, viendo como Perséfone desaparecía por la escalera. La verdad es que la chica no tenía muy desarrollado el don del disimulo.

- ¡Tienen un complot! Perséfone no sabe mentir, se la nota a la legua – dijo Lily sospechando.

- Siii, habrá que sacárselo como sea – terminó Sirius.

Perséfone cerraba la puerta del dormitorio. Sabía que se había librado por esta vez, pero sus amigos no eran tontos, y estaba segura de que se había dado cuenta de que mentía. Nunca se le había dado demasiado bien mentir.
Se puso el pijama y se metió en la cama apagando las luces. Entonces oyó como se habría la puerta y Lily, Alice y Marlene caminaban hacia Perséfone. Ella se hizo la dormida cuando se acercaron a comprobar si estaba aun despierta.

- ¿Cómo es posible que se duerma tan pronto? – susurró Lily -. ¿No se estará haciendo la dormida?
Lily, movió su mano ante la cara de su amiga, pero Perséfone no hizo ningún movimiento.

- No te preocupes Lily – dijo Alice muy bajito -. Ella al final caerá.

Perséfone, ante las palabras de la adorable Alice, tragó saliva. Era increíble lo que estaban dispuestas a hacer por cotillear, pero de una cosa estaba segura, no iba a traicionar a su amigo Remus para saciar su apetito marujeador, aunque tenía que hablar con él lo más pronto posible.
Después de dos días de huir de las continuas preguntas y torturas psicológicas de sus amigos, llegó Remus. Perséfone pudo respirar de nuevo tranquila, pronto tendría una conversación con él.
Esa misma tarde, Perséfone estaba en la Sala Común, donde sus compañeros no hacían más que echarle miradas acusadoras. Perséfone ideó una táctica. Cogió unos cuantos libros y pergaminos, haciendo que iba a la biblioteca, pero al pasar al lado de Remus, le dejó caer una nota en su pierna, sin que ninguno se diera cuenta. Remus cogió la nota disimuladamente y se fue al baño. Allí pudo leer la nota con tranquilidad en la que ponía:

Reúnete conmigo donde la última vez. Perséfone. R. D

Remus caminaba por los pasillos en dirección hacia la biblioteca, cuando encontró la sala donde había arrastrado a Perséfone una vez en primer curso. Entró y allí la vio sentada en un pupitre viejo.

- ¡Hola¿Querías hablar? – dijo Remus intentando adivinar.

- Si¡si! – dijo Perséfone histérica -. No sabes los días que me han hecho pasar estos tipos. No me han dejado un momento en paz.

- ¿De que hablas? – dijo Remus sin entender.

- De los chicos, lo saben Remus...- dijo Perséfone y ante la cara de Remus que empezaba a tornarse pálido añadió rápidamente -...bueno, no lo saben exactamente, pero sospechan, sospechan de ti y... de mi. El día del partido, mientras hablaban de ti, verían algo de culpabilidad en mi cara y sospecharon que yo sabía algo.

- ¡Pero no pueden saberlo! – dijo Remus asustado sentándose en una mesa -. Ellos me rechazarían si supieran lo que soy. Soy un monstruo, una bestia que pierde la noción en días de luna llena. Nadie quería ser amigo de un licántropo...me abandonarán...

- ¿Crees a James y Sirius capaces de abandonarte?

- Pues si...no lo sé...- dijo Remus, a quien le resbalaban unas lágrimas por las mejillas. A Perséfone se la rompió el corazón -. ¿Quién querría ser amigo de un licántropo peligroso?

Perséfone se acercó a él, y le abrazó consolándole.

- Tú no tuviste la culpa Remus, tú no la tuviste. No debes sentirte avergonzado de lo que eres, no es algo de lo que debas avergonzarte... solo... fue un accidente que te cambió la vida. Además yo no te he abandonado...sigo siendo tu amiga ¿no? – le dijo Perséfone al oído intentando tranquilizarle.

- Una buena amiga – dijo Remus calmándose. Esa situación les parecía un poco comprometida ahora. Perséfone abrazaba a Remus alrededor del cuello acariciándole la nuca, mientras Remus ponía sus manos en las caderas de la chica. Aquella situación podía haber sido muy malinterpretada por terceras personas.

De repente, la puerta se abrió y esas terceras personas aparecieron. Pudieron ver a Lily, Marlene, Liza, Alice, Peter, James y Sirius en el marco de la puerta.

- ¡Os pillamos! Con las manos en la masa – dijo Marlene en tono pícaro mirando a los chicos que se habían quedado abrazados de la impresión.

Sirius no dijo nada, solamente se puso rojo mientras sus ojos se salían de sus órbitas. Incluso a Perséfone le pareció ver humo saliendo de sus orejas.

- Sirius, esto no es lo que parece – dijo Remus avergonzado soltándose de Perséfone -. Puedo explicarlo.
Sirius le ignoró y salió de la habitación con Remus corriendo tras él.

- ¿Qué le pasa a Black? – preguntó Perséfone ante la reacción del chico.

- Quien sabe. Quizás él y Lupin son pareja – respondió Alice confundida – y le dio celos. Por cierto¿qué andabais haciendo¿Son novios?

- Nada de eso. Solo somos buenos amigos.

- Muy buenos sin duda...

El rumor, nadie sabe como, se filtró por todo Hogwarts, y por los pasillos hacían burlas del estilo de: "¿Fijasteis ya la boda?". Era toda una humillación tanto para ella como para Remus. Y además de ser el centro de las burlas, todos los chicos de Hogwarts empezaron a insultar a Lupin. La verdad Perséfone era una de las chicas más guapas de Hogwarts por no decir la que más y era bien sabido que despertaba pasiones entre muchos chicos, lo que ella nunca reconocía.

El pobre Lupin fue el que peor lo pasó. Sirius había dejado de hablarle, algo que Perséfone no pudo entender. No sabía porque Sirius se había enfadado tanto con su amigo. Ellos no eran novios, pero de serlo¿por qué habría de importarle?

Perséfone fue a hablar una tarde con Black, para aclarar el asunto. No entendía porque todo ese enfado, y Remus tampoco había querido explicárselo.
Esa tarde Sirius se encontraba leyendo en la Sala Común, cuando Perséfone se sentó a su lado.

- Black, quiero hablar contigo – dijo Perséfone seriamente.

Pero Sirius Black, no la respondió. Ni siquiera parecía haberla oído, la estaba ignorando de una forma desorbitante.

- Black, no intentes ignorarme. Me vas a escuchar por las buenas o por las malas. No sé porque te has enfadado con Remus, pero solo quiero que sepas que no estabamos haciendo nada. Él estaba triste y yo solo le estaba animando...

- ¡Pues le animabas muy bien! – gritó Sirius tan alto que todos los que estaban en la Sala Común le oyeron.

- Aunque así fuera¿que¿Por qué te has enfadado con él?

Sirius se levantó de la silla y arrastró a Perséfone hacia el balcón. Cuando estaban fuera disponiéndose a discutir y el atardecer caía dando paso a la noche, vieron asomados en la puerta que conducía a la Sala Común, a medio Gryffindor espiándoles.

- ¿Os importa, es una conversación privada? – dijo Perséfone cerrando la puerta con su varita y volviéndose a Sirius - ¿Y bien?

- Porque... porque te estaba tocando, y eso no lo hace un verdadero amigo – dijo Sirius en un susurro lleno de ira contenida.

- ¿Pero a ti que te importa que me toquen o no me toquen, Black?

Sirius calló silencioso, no sabía que decir, aunque empezaba a caer el frío de la noche, su cara estaba encendida de la vergüenza.

- Además todo fue una equivocación, te digo la verdad. Yo solo le estaba abrazando porque estaba mal...

- ¿A sí¿Y porque estaba mal? – dijo Sirius desconfiando.

- ¡Porque él tiene un secreto que no quiere que nadie descubra, por miedo a que sus mejores amigos le rechacen¡Y eso es lo que has hecho TÚ! – gritó Perséfone.

Sirius empezó a sentirse mal. Había abandonado a su amigo Remus. Le había dejado de lado, y eso le podía haberle costado una buena amistad. Sirius miró a los ojos acusadores de Perséfone y dijo:

- Está bien, lo siento. Me deje llevar por... – Sirius pensó. ¿Habían sido celos? No sabía por qué se había comportado así -. Le pediré perdón ahora mismo. Sirius caminó hacia la puerta, abrió esta y algunos chicos y chicas de tercero cayeron al suelo, ya que habían estado espiando, apoyados en la puerta. Sirius salió por la puerta de la Sala Común a buscar a Remus para pedirle disculpas, y parece que dio resultado, ya que durante la cena hablaron cordialmente, como si nada hubiera pasado, y Perséfone se sintió muy feliz, aunque con ella el ambiente seguía un poco tirante.

El curso continuó, y los exámenes finales llegaron y todos andaban muy alterados con todos sus apuntes, libros, plumas y tintas...para preocuparse en otra cosa.

Las notas fueron bastante buenas para todos. James y Sirius sacaron muy buenas notas a pesar de ser unos revoltosos que siempre andaban por ahí haciendo de las suyas. Peter logró aprobarlas todas, Lily, Alice y Liza también tuvieron muy buenas calificaciones, mientras que Lupin y Perséfone tuvieron las puntuaciones más altas en todas las asignaturas...

- Chicos ¿qué asignaturas habéis escogido para el próximo año? – preguntó Liza mientras todos estaban descansando en la hierba de los terrenos de Hogwarts después de todos los exámenes.

- Yo y Perséfone escogimos Adivinación y Cuidado de Criaturas Mágicas – dijo Lily alegremente.

- ¿En serio? Nosotros también – dijo James refiriéndose a Sirius, Remus y Peter (¡Que coincidencia!)

- No escogí, me obligaron - dijo Lupin quien, como de costumbre, tenía metida su cabeza en un libro mientras comía un trozo de chocolate (se acercaba la luna llena y el chocolate era un potente antidepresivo).

- Yo escogí Cuidado de Criaturas Mágicas y Runas Antiguas – dijo Alice tristemente, sabiendo que tendría que ir sola.

- Pues Marlene y yo escogimos Estudios Muggles y Cuidado de Criaturas Mágicas – dijo Liza con alegría –, en resumidas cuentas parece que iremos juntos a Cuidado de Criaturas Mágicas.

- Esta noche es la fiesta. ¿Quién habrá ganado la copa de las casas este año? – preguntó Peter.

- Pues nosotros, por supuesto – dijo Liza triunfal -. Ganamos la copa en el Quidditch y ganaremos la copa de las casas.

Era cierto que Gryffindor había ganado al Quidditch, aunque Perséfone no había ido a verlo. Había estado muy preocupada preparando sus exámenes, y se había quedado estudiando en la biblioteca con Snape, con el que había entablado una extraña amistad. Lo cierto era que no le interesaba demasiado el deporte... no le gustaba nada volar en escoba. Era, como ella, lo consideraba la peor parte de la magia.

Las cuatro chicas regresaron a su cuarto, y comenzaron a hacer las maletas. Se acababa el curso y comenzaban las vacaciones. A Perséfone le daba un poco de pena dejar este año atrás. Había conocido lo que era la verdadera amistad y el placer de estar rodeada de amigos.

Todos fueron al Gran Comedor para la última cena del curso. Todas las casas estaban expectantes para saber el resultado de ese año. Aún no se sabía si ganaría Gryffindor o Slytherin. Dumbledore dio comienzo la cena y cuando todos hubieron terminado, se dispuso a dar el resultado de los puntos de las casas.

- Otro año más, un año que ha pasado volando. Este año como regalo os haré un favor a todos vosotros: Me saltaré el discurso. Solo pronunciaré unas palabras¡Me gusta el pastel de carne!
La gente vitoreó y empezó a aplaudir. Perséfone tenía muy claro que su tío estaba loco de remate, pero aplaudió con los demás. Todos callaron cuando Dumbledore alzó los brazos para pedir silencio.

En los alrededores exteriores del castillo podían verse los muros del colegio muy iluminados, y de repente todo el Gran Comedor estalló en gritos y aplausos que se oyeron en los terrenos de alrededor...

Gryffindor había ganado.

El curso había acabado. Perséfone se despedía de sus compañeros que se iban hacia Hogsmeade para coger el tren a King Cross.

- Bueno Pers, se me hace raro que no vengas con nosotros – dijo Lily.

- Me quedaré algunos días con mi tío hasta tenerlo todo a punto para volver a casa. Y no me llames Pers.

- Te echaré de menos. Ojalá pudieras venir unos días a casa.

- Que paséis un buen verano chicos – dijo Perséfone mirando a sus compañeros cargados con sus baúles.

- Está bien, cuídate – dijo Lily y se acercó dándole un abrazo.

- Bueno, nos veremos el año que viene.