Capítulo 9

Edward se alejó de Bella. Sus indeliberadas palabras lo habían herido profundamente. Si esa era la impresión que transmitía, entonces algo andaba mal. Era cierto, nadie podría ocupar el sitio de Tanya; ella siempre tendría un lugar especial en su corazón. Pero Bella era diferente en todo orden de cosas. La quería por ser ella misma, no en sustitución de su esposa fallecida.

Edward fue a ver a los niños. Se divertían enormemente, riendo, corriendo, preguntándose dónde se encontraría la próxima pista. Finalmente la descubrieron metida en la rama más baja de un viejo árbol.

Había pensado que ese día todos se divertirían con el juego. No esperaba que Bella dijera algo tan hiriente como lo que le había dicho. Claro que se había disculpado al instante, pero lo más grave era que realmente lo creía capaz de hacer algo tan bajo. Si le hiciera el amor de nuevo, con toda seguridad no pensaría en Tanya, la vez que se lo había hecho no pensó en nada mas que en esa mujer de cabellos marrones que se retorcía debajo de el…

-Despacio, niños —dijo al ver que se aproximaban con la premura de un rayo hacia él.

-Esto es muy divertido. ¿Dónde está Bella? ¿Por qué no viene? —preguntó Alec.

Edward se volvió y pudo comprobar con sorpresa que no estaba allí. ¿No habría regresado a casa? Edward no quería dejar solo a los chicos. Aunque daba por seguro que allí estaban a salvo, no se atrevía a correr el riesgo.

—Creo que todavía anda buscando la pista —mintió.

Benjamín se echó a reír.

—¿Verdad que mamá no es tan inteligente como nosotros? —comentó antes de echar a correr otra vez.

Bella no se explicaba cómo pudo haber sido tan hiriente. Edward ya sufría lo suficiente por la pérdida de su mujer como para haberlo golpeado con esas palabras y de esa manera. Se sentía culpable por haber pensado solo en sí misma.

Tras la partida de Edward, se sentó en una gran piedra con la cara hundida entre las manos en tanto se preguntaba cómo podría arreglar la situación. Todo lo que podía hacer era volver a disculparse, pero estaba convencida de que eso no serviría de mucho.

-Mami, ¿qué te pasa?

Bella alzó la vista y vio a Benjamín que corría hacia ella seguido de Alec.

-Me duele la cabeza —mintió.

—¿Eso quiere decir que tendremos que volver a casa?

—Desde luego que no, cariño. Todo lo que necesito es un rato de soledad. ¿Cómo va el juego?

—Hemos encontrado dos pistas —respondió el niño con el pecho inflado de orgullo—. ¿Podemos seguir la búsqueda? ¿Estarás bien?

—Por supuesto que tu madre se pondrá bien —dijo Edward sobre el hombro de Benjamín—. Yo la cuidaré.

La boca de Bella se crispó con una mueca de tristeza. Todavía había dolor en los ojos verdes de Edward.

—¿Qué puedo decirte? —preguntó, abatida

—No vale la pena. Es mejor olvidarlo.

Mientras los niños corrían de un lado a otro, ellos se pusieron a conversar amigablemente. Pero eso sucedía en la superficie, porque la intimidad se había roto. Edward ya no volvió a sugerir que compartieran la cama. Tampoco hubo indirectas, insinuaciones, ni miradas dulces o furiosas. Todo había desaparecido. Estropeado por sus propias palabras.

Debería haberse sentido aliviada del acoso de Edward, pero no era sí. Quería compartir la cercanía íntima de él porque eso la excitaba. Edward había despertado sentimientos que hacia un largo tiempo había sepultados en su interior. Le había hecho sentirse mujer otra vez.

Edward continuaba con el rostro huraño y los labios apretados. Y aunque hablaba con toda normalidad, ella sabía que continuaba herido.

Y no lo culpaba. Lo que había dicho era imperdonable. Volvieron a casa cuando lo chicos hubieron encontrado el tesoro que consistía en un barco de madera tallada con el que podrían jugar en la piscina.

Durante el resto del día Edward se dedicó a jugar con ellos mientras Bella se ocupaba de la pequeña casa.

-Será mejor que duermas en la cama —dijo Edward por la noche cuando los chicos estaban dormidos y ellos disfrutaban de la tranquilidad.

—¿Por qué? No sería justo. Dormiré en el sofá, no es incómodo para mí —protestó Bella porque pensaba que no merecía la cama.

—Tú te quedas con la cama. Y no se hable más de ello —ordenó Edward.

¿Por qué no la castigaba a ella? ¿Por qué se castigaba a sí mismo?

-Solo por esta noche, entonces —convino ella.

—¡Diablos, todas la noches! ¡Haz lo que te digo maldita sea! —dijo implacable—. Y ahora vete a la cama, Bella. Ahora mismo.

Fue una noche larga y solitaria. Bella se daba vueltas en la cama sin dejar de pensar en Edward. Si no hubiera sido por su estupidez, tal vez en ese momento podrían estar durmiendo juntos. El solo pensamiento le hacía palpitar el corazón con violencia. Pero era mejor no profundizar en la cuestión. Eso nunca sucedería. Ella había puesto punto final a cualquier inicio de relación sentimental entre ellos.

Durante los días siguientes, Edward se comportó amistosamente, al menos en apariencia.

Los niños no sospecharon que sucedía algo malo entre ellos pero, por alguna razón inexplicable, el hecho de que él no mostrara el menor interés en ella, hizo que Bella lo deseara más todavía.

Estaba consumida por el deseo, como nunca lo había estado en su vida. Anhelaba sentir su cuerpo ceñido al de ella, anhelaba sus besos con desesperación, y cuanto más pasaba el tiempo, más lo deseaba.

La situación se tornaba imposible.

—¿Cuánto tiempo piensas quedarte aquí? No puedes dejar de lado tus negocios eternamente —preguntó una noche cuando los chicos ya estaban en la cama.

Estaban sentados fuera de la casa. La noche caía y todo estaba quieto. De vez en cuando el chillido de un pájaro o un crujido en las ramas de un árbol rompía el silencio.

—Todo está controlado —contestó bruscamente—. Y pienso quedarme aquí todo el tiempo que haga falta.

—¿Y cómo sabrás si el secuestrador ha perdido interés en el asunto? ¿O si vigila la casa de tu madre esperando tu regreso? ¿Y si decide secuestrarla?

Al parecer, lo último nunca se le había ocurrido a Edward porque abrió los ojos desmesuradamente y luego dejó escapar una risa áspera.

-Secuestrar a mi madre sería su peor pesadilla. Lo haría sufrir el infierno y pronto se daría cuenta de su error.

-De todos modos, no podemos quedarnos aquí para siempre.

—Nos estamos hartando, ¿eh? —los magníficos ojos verdes que ella tanto adoraba resplandecieron.

Ella negó con la cabeza, los cabellos castaños revoloteando en sus mejillas.

—No, pero los niños pronto empezarán a aburrirse. No hay mucho que hacer por aquí.

—No muestran el menor signo de aburrimiento —rebatió Edward. Ella se encogió de hombros. La conversación no tenía sentido—. Pienso que eres tú la que encuentra la vida aburrida —añadió con suavidad—. ¿No será porque no te presto atención?

Horrorizada, Bella aspiró una gran cantidad de aire, se puso de pie de un salto y se alejó unos cuantos pasos. ¿Intentaba decir que deliberadamente la dejaba sola? ¿Qué su lejanía no se debía a las ofensivas palabras del otro día?

-Vaya...

-Eso es lo que quieres, que te deje en paz ¿no es así?

—Desde luego.

-Y sin embargo te sientes desanimada.

-No es porque yo...

Edward cortó sus palabras cuando la volvió hacia sí y su boca se apoderó de la de ella en un beso que la transportó al espacio infinito. Sí, eso era lo que ella quería. ¡Eso!

Bella sintió que .se derretía, todos sus sentidos alertas y prontos a la acción. Sus fosas nasales aspiraban la excitante fragancia masculina que la hizo retorcerse contra su cuerpo e incitarlo a profundizar la caricia. La lengua de Edward recorría su boca, se hundía en ella.

Ella saboreaba el beso y respondía totalmente entregada. Eso era definitivamente lo que había deseado y necesitado durante los últimos días. Había pensado que nunca la volvería a besar, pero al parecer él se había sentido tan desanimado como ella y en ese momento era incapaz de contener su hambre. Cuando Bella se atrevió a abrir los ojos, Edward la miraba con una intensidad ardiente que hacía estremecer todos los músculos de su cuerpo. Él se apartó durante un breve instante.

—Eres tan hermosa —murmuró con la voz enronquecida.

Ella respondió con un débil quejido y contuvo la respiración al sentir que una mano avanzaba por debajo del top de algodón hacia sus pechos. Y cuando los dedos acariciaron los pezones, dejó escapar un suave grito de placer.

Dejó de preguntarse si él la estaba utilizando, ya no le importaba. Sería una tontería negar lo que su cuerpo deseaba con tanta intensidad. Involuntariamente ciñó las caderas a las de Edward y pudo sentir su virilidad y el quejido de placer mientras la mano presionaba sus pechos.

—Esto no está bien, pero he esperado mucho tiempo para volverte a tocar —declaró con ansiedad.

Y con manos expertas le quitó el top y luego abrió el sujetador. En un segundo los pechos de Bella quedaron expuestos a su ansiosa mirada.

—Benjamín y Alec —exclamó ella—. ¿Y si...?

—Duermen profundamente —le aseguró al tiempo que la conducía dentro de la casa, la acomodaba en el sofá y se arrodillaba frente a ella entonces sus dedos, dientes y lengua acariciaron los pechos de Bella hasta que a ella no le importó nada más que las caricias que la conducían al éxtasis.

De pronto Bella se tendió en el sofá con el deseo urgente y desesperado de volver hacer el amor con él. Nunca un hombre la había excitado tanto en su vida.

-Vamos a la cama —dijo él mientras miraba los ojos de ella intensamente marrones.

Bella vio su propio deseo reflejado en el rostro de él. Y triunfó su hambre del cuerpo de Edward. Asintió levemente y dejó que él la tomara en sus brazos. Mientras la llevaba a la habitación, la besaba en la frente, en los párpados y en la nariz.

Cuando la tendió en la cama el corazón de Bella latía desmedidamente.

Al instante tuvo la vaga noción de que volvía a cometer el mismo grave error, pero rechazó el pensamiento y cuando él volvió a besarla, ella le rodeó el cuello con los brazos.

-¿Es esto lo que quieres? —preguntó Edward con crudeza.

—Sí, sí, sí —urgió ella.

-¿No te vas a arrepentir después? —inquirió bajándole el short.

—No.

—¿Estás segura? —preguntó tras quitarle las pequeñas bragas de encaje blanco.

Bella ya no pudo responder. Unos pocos días atrás se había sentido bastante tímida con su desnudes bajo la mirada de Edward, pero era muy erótico sentir que la desvestía.

Cuando él se tendió a su lado, desnudo también, no solo se produjo una unión de los cuerpos sino de todos los sentidos a la vez. Ambos estaban excitados, hambrientos de placer.

Las manos de Edward exploraban y atormentaban cada centímetro del cuerpo.

-Eres increíble —murmuró al percibir la entrega total de Bella.

Rápidamente empezaba a perder el control de sí misma y se aventuraba en el cuerpo masculino besando y acariciando, haciendo con él lo mismo que él hacía con ella. De nuevo.. Dios era imposible no hacerlo con ese hombre

Edward se tendió sobre su cuerpo.

—¿Estás segura? Ya no habrá vuelta atrás...

Si como si la otra vez hubo vuelta atrás…. Pensó Bella

-Estoy segura, Edward. Tómame ahora. ¡Ahora! Hazme tuya.

Bella sintió la leve vacilación de Edward y supo que otra vez había hablado sin pensar. Ella nunca sería de él. No en el verdadero sentido de la palabra. Nunca le pediría que se casara con él. Eso era sexo puro. Era la unión sexual, consentida por dos adultos de la manera en que un hombre y una mujer se habían unido desde el principio de los tiempos.

Ese era el momento de detenerse, de retroceder, pero ella no pudo. Su necesidad era demasiado grande. Y también la de él.

Edward penetró en su cuerpo y ella alzó las caderas para recibirlo. Fue todo y más de lo que ella había esperado ya que aunque ella pensara que solo estaban teniendo sexo ella sabia que en su corazón para ella el le estaba haciendo el amor y cuando ambos llegaron al clímax se sintieron transportados a otros planos. Bella dejó escapar un sollozo de placer junto al gemido de Edward y ambos cayeron rendidos, sudorosos y satisfechos.

Pero apenas habían empezado a respirar con normalidad, Alec entró corriendo en la habitación.

—Papá, ¿dónde está Benjamín? ¿Adónde lo has llevado?

Bueno niñas disculpen la tardanza pero es q el internet apesta aquí de verdad esta lluvia me tiene verde porque pierdo total y completamente el internet. Sorry y bueno aquí está este capi que aunque corto está muy emocionante.

Quien creen que se llevo a Benjamín?

Bueno pronto lo sabremos… y espero que les guste pero como todo esto acaba pronto y sin con tristeza les digo que quedan dos capis y el epilogo espero verlas en la próxima historia que suba….

Besos a todas