CAPITULO 10 CON EL TIEMPO NO SE JUEGA

—¿Y bien? —preguntó Harry luego de muchos minutos en los que la muchacha no dijo nada. —Cambiemos el pasado ¿sí?

—¡No, no y no! —exclamó ella de repente, agitando la cabeza de lado a lado y elevando un poco la voz.

—¡Tienes que hacerlo! —le recriminó Harry al no estar de acuerdo con aquella respuesta; pretendía convencerla a como diera lugar.

—¿Por qué?

—¡Porque yo te lo ordeno! Tenemos que cambiar el tiempo ahora que podemos —dijo Harry que pensaba obligarla si era necesario.

—Ten cuidado Harry… fíjate con quien estás hablando. Yo no soy como Weasley y no voy a dejar que alguien como tú me imponga su voluntad. —dijo con los dientes apretados y entrecerrando los ojos.

Harry no le dijo nada, únicamente la miraba fijamente.

—No tienes idea de lo que quieres que hagamos. Es muy peligroso… —hizo una pausa al ver la cara de suplica que acababa de ponerle el ojiverde —Harry… con el tiempo no se juega.

—No vamos a jugar con él. Nosotros vamos a arreglarlo. —añadió el joven mago con optimismo.

—¡QUE NO! y es mejor que encontremos la forma de volver porque entre más estemos aquí más cosas corren riesgo de cambiar. —concluyó la muchacha dedicándole un vistazo al polvoriento lugar que tenían a lado.

—Vanessa, es nuestra oportunidad, ¿Por qué la desaprovechas? Yo no quiero perderte de nuevo y tú, ¿de verdad quieres morir? —le preguntó y la joven en un intento de no afrontar su mirada le dio la espalda. Él continuó —Se nota que adoras a Melissa, ¿piensas abandonarla cuando puedes hacer algo para cambiar tu destino? Por favor, tratar de ser felices no es un delito.

—Sí lo es Harry, por eso hay que dejar las cosas tal y como están. ¡Podríamos destruir nuestro futuro y el de todos si algo sale mal!

Harry dibujó una débil sonrisa, sabía que por lo menos hacerla dudar era una buena señal para poder convencerla.

—Pero… podría salir bien.

—No conozco ningún caso en el que modificar el tiempo tenga resultados positivos —replicó.

—Oh… ¿y si te diera un ejemplo cambiarias de parecer?

—¿Qué?... —preguntó la joven con sorpresa y volvió a girarse para verlo. —Yo… no lo sé.

—Hace unos años, Hermione y yo con ayuda de Dumbledore cambiamos el pasado para salvar a mi padrino, Sirius Black, del beso de los dementores y todo salió perfecto. —dijo Harry con orgullo al recordar su hazaña.

—Ah sí, recuerdo me lo mencionaste un poco, pero… dime una cosa Harry, ¿Dónde está tu padrino ahora?

El rostro de Harry volvió a perder la chispa de esperanza que había acumulado en el último minuto.

—Él… está muerto.

—¿Lo ves? ¿De qué te sirvió haberlo salvado si de todos modos ahora está muerto? Hagamos lo que hagamos, el tiempo y el destino al final nos alcanzará.

—¡Cambiar el tiempo no tiene nada que ver con su muerte! ¡Fue culpa de Bellatrix, ella lo mató!

—Pero él tenía que morir.

—¡No es cierto! Eso no tiene ya nada que ver con lo que estamos hablando. Yo sólo quiero cambiar el pasado para que estemos juntos o… ¿es que tú ya has dejado de amarme? ¿Por eso no te importa lo que suceda? —dijo esto último en un susurro y sus ojos se pusieron brillosos. —Desde que volviste has estado ausente, y te has portado muy fríamente conmigo. Es como si fingieras que no existo.

—¿Cómo se te ocurre decir esas cosas Harry? No hace muchos minutos acabamos de besarnos.

—Pero porque yo te besé, si no, estoy seguro de que no lo hubiésemos hecho.

—Harry, no quiero hacerte daño. Reconozco que no te he demostrado nada del amor que nos tuvimos hace tiempo, pero es porque quiero evitar sufrimiento para ambos. Pienso que es mejor así porque entonces cuando yo muera tú podrás sobrellevarlo mejor. Sólo imagina lo difícil y cruel que seria enamorarnos de nuevo y que todo llegue a su fin.

—Tú no vas a morir, no dejaré que te vayas.

—Desiste ya la idea de cambiar el tiempo porque digas lo que me digas no cambiaré de opinión. —ella suspiró y levantó el rostro para evitar que Harry viera las lágrimas que empezaron a resbalar por su rostro, sin embargo, era difícil que lo engañara. —Mañana mismo me iré, desapareceré de tu vida nuevamente y ahora si para siempre. No tiene caso alargar las cosas. Sé que no debería abandonar a mi hija, pero será la única forma en que me dejes en paz y hagas lo que quiero que hagas. No me importa morir sola en un rincón alejado del mundo; Melissa ya está a salvo contigo, sé que la cuidarás muy bien y que la querrás igual o más de lo que yo la quiero ahora…

—¿Por qué eres tan terca?

—No soy terca, sólo pienso en su futuro —dijo ella y empezó a rebuscar en sus bolsillos para sacar los collares —Ella tendrá un futuro feliz sin mí. Quiero protegerla y que no viva lo mismo que yo.

Sacó los collares y los colocó frente a ella mirándolos con curiosidad sin tener la menor idea de cómo proseguir.

—¿Cómo puedes asegurar que ella será feliz? —preguntó Harry quien también miró de soslayo los collares. —Ningún hijo es feliz con la ausencia de sus padres. Yo más que nadie lo sé.

—Yo también fui huérfana Harry, que no se te olvide. Bueno, no, pero si… tú me entiendes... La diferencia entre Melissa y nosotros es que ella no estará sola. Te tendrá a ti y ella estará bien.

—No lo estará.

—Que si…

—¡Cambiemos el pasado ya! —exclamó Harry tomándola por los hombros.

—¡No pondré el futuro de mi hija en riesgo!

En eso nuevamente una luz los hizo bajar la cabeza; pero en esta ocasión, los rubíes de cada collar eran los que brillaban con mayor intensidad.

—Ay no… —susurró la chica y no le dio tiempo para intentar separar los collares. La luz los cegó otra vez…

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Parpadearon varias veces para volver a enfocar el lugar donde se encontraban.

—¿Dónde demonios estamos? —dijo Vanessa con los dientes apretados observando el oscuro y espeso bosque que tenía detrás de ella. De inmediato guardó los collares en diferentes bolsillos por temor a que otra falla de uso los mandara al fin del mundo.

—Creo que estamos en el bosque prohibido —dijo Harry quien reconoció el lugar antes que ella. Había realizado tantos viajes con Hagrid y sus amigos en el pasado que era fácil de reconocer. El muchacho la tomó de la mano y la condujo hacia donde según él se encontraba la salida mientras ella no dejaba de murmurar maldiciones.

—¿Por qué vinimos a parar aquí? ¿En qué año estamos? ¿Qué rayos pensabas Harry?

—Yo no estaba pensando en nada, esta vez fueron tus pensamientos los que nos han traído hasta aquí —le respondió.

—¡Maldición, maldición, maldición…!

Llegaron al límite del bosque por la parte más cercana al cementerio, debía existir una razón por la cual aparecieran en ese lugar, aunque ninguno de los dos le encontró sentido hasta que una pequeña niña con túnica negra y no mayor de los doce años apareció pateando el césped y dejándose caer frente a una de las tumbas.

—Ay Vanessa… ahora si retrocedimos demasiado en el tiempo —susurró Harry mirando a la pequeña que con cierto enojo arrancaba césped y lo arrojaba al frente.

La joven se había quedado congelada mirando la escena, con la boca entre abierta y asustó a Harry cuando se llevó ambas manos a la boca para ahogar lo que pudo ser un fuerte grito.

—¿Qué pasa? —preguntó alarmado.

—Harry, sé que estás pensando que esa niña soy yo, pero no puede ser —dijo ella entre susurros y señalando el lugar donde se encontraba la niña con piel clara y cabello oscuro ondulado.

—Pero… —empezó él frunciendo el ceño y volviendo a mirar —No entiendo.

—De pequeña nunca pise Hogwarts. Snape me enseñó cómo llegar hasta que salí de Durmstrang. Esa pequeña que está ahí debe ser Melissa. ¡Oh Harry, es mi niña! —exclamó y Harry pudo ver como un brillo de ilusión inundaba sus ojos.

—¿Segura?

—Si Harry, no puede ser otra cosa. ¿O acaso recuerdas haberme visto en los pasillos mientras estudiabas? Recuerda que sólo soy un año mayor que tú… Tiene que ser Melissa. ¡Mírala bien! —dijo Vanessa jalándolo del brazo de forma nerviosa.

El muchacho hizo lo que Vanessa le pidió, observó con cuidado a la niña tratando de ver los ojos para encontrar un destello esmeralda que la identificara, pero desde esa distancia era casi imposible.

—No se puede viajar al futuro ¿o sí? —preguntó escépticamente y dirigió su mirada a donde Vanessa, pero la chica ya estaba un par de metros delante de él recogiéndose el cabello en un moño y sujetándolo con una liga. —¿Qué piensas hacer? —dijo alarmado.

—Sólo quiero saludar a mi hija —respondió poniéndose los lentes oscuros que cargaba a todas partes — Creo que ya sé porque aparecimos aquí. Yo pensaba en el futuro de Mel y en mi deseo de verla feliz y crecer contigo, aunque yo no estuviera.

—¿Te parece feliz? —preguntó Harry y Vanessa suspiró.

—No mucho, pero voy a averiguar la razón.

—Pienso que no es bueno que salgas e interfieras.

—Jajaja… ¿Ahora tu eres el preocupado por interferir con el tiempo? —le preguntó sarcásticamente —Sólo quiero verla, por lo menos un minuto. No quiero que me quites ese derecho ahora que estoy viendo lo que jamás volveré a ver. Es un sueño hecho realidad, ahora si puedo morir tranquila.

—Te dije que no permitiré que te dejes morir y sigo pensando en que no es buena idea… pero no porque me preocupe ella, digo, al final da igual lo que cambies porque es un futuro que aun no ha sucedido, me preocupas tú. ¿Te imaginas de quien puede ser la tumba frente a la que está arrodillada? Puede afectarte.

—Correré el riesgo. Además, no sería la primera vez que veo mi propia tumba… Eso me recuerda que después de que salgamos de aquí, si salimos, alguien tiene que sacar a la mortifaga que Ginny hizo pasar por mí. No creo que siga viva, pero dudo que quieras seguirle mandando flores a una mujer que no soy yo. —culminó y dio el primer paso para salir de entre los arbustos, pero Harry la detuvo.

—¿No crees que pueda reconocerte? Mel te ha visto con ese atuendo.

—Harry… —dijo ella rodando los ojos. —Ella apenas va a cumplir los dos años. Es imposible que alguien pueda recordar algo sucedido a esa edad. Te diría que me acompañaras, pero ella se asustaría más de ver a su papá tan joven. Me pregunto si te seguirás viendo igual de guapo a los 30. —se le escapó una risita. Harry se ruborizó, pero no dijo nada por lo que Vanessa aprovechó para hacer lo que quería.

El ojiverde esperó escondido entre los árboles y sin dejar de observar todo lo que sucedía. Vanessa se había acercado provocando que la niña diera un saltito por lo que tuvo que convencerla de que no era una mala persona. La joven miraba a la niña con tal admiración que no podía caber duda de que efectivamente se trataba de Melissa.

Harry aun no podía creer lo que sus ojos veían, aun pensaba que solo se trataba de un sueño del cual despertaría de un momento a otro, incluso temía que el regreso de Vanessa también fuera un sueño, pero mientras ella estuviera junto a él no le importaba.

Continuó observando todo y aunque no podía escuchar la plática podía leer por las expresiones que era lo que sucedía: Vanessa puso una cara de gran tristeza y sorpresa cuando leyó la inscripción de la tumba algo que el muchacho ya se esperaba. También le había preguntado a Melissa que es lo que la tenía tan triste, ella la había mirado con desconfianza, pero luego de otras palabras de Vanessa la pequeña accedió a contar algunos de sus problemas. Conforme hablaba, la expresión de Vanessa se iba endureciendo más y más a lo cual Harry se preguntó qué podía ser tan malo para que ella ¿se enojara? Llegó un punto en el cual Mel comenzó a sollozar y Vanessa como buena madre la abrazó y consoló acariciando su cabello. Unos minutos después la joven se despidió con un beso y volvió a donde Harry se encontraba.

—¿Qué es lo que pasó? —preguntó intrigado, pero la muchacha no le respondió al instante, si no que pasó de largo y se adentró en el bosque. Harry la siguió esperando obtener una respuesta.

—Has ganado Harry, vamos a cambiar el pasado ahora mismo —le contestó sin dejar de caminar y despojándose de su disfraz.

—¡¿Qué?! —exclamó Harry no muy seguro de lo que acababa de escuchar.

—Lo que oíste. Dejaré que intentemos cambiar el pasado.

—Espera un segundo, primero vas a decirme que es lo que pasó allá afuera. Sé que algo de lo que te dijo Mel tiene que ver con tu cambio de opinión.

—Pues sí, Harry —dijo Vanessa dándose la vuelta para mirar al ojiverde —Mucho de lo que me ha dicho ella tiene que ver con mi cambio de opinión. No lograré llegar viva a Navidad. ¡Maldición!... Ella extraña a su mamá y después de verla me parece imposible pensar en que no la veré crecer —susurró con nostalgia, pero su rostro nuevamente se endureció —Aunque al parecer a estas alturas tu ya te olvidaste de que existo o que existí… ¡Demonios, ya no sé ni lo que digo!

—Yo nunca podría olvidarme de ti —se defendió Harry.

—Te casaste de nuevo y estás tan enamorado y atontado que has hecho a un lado a mi hija.

—¿Casarme? ¿Con quién? ¿Ginny?

—Por lo menos hubiera sido con Weasley, podría soportarlo, pero no se qué hiciste con ella porque le pregunté y no quiso decirme nada… A menos que yo haya logrado deshacerme de esa pelirroja pecosa… —susurró Vanessa y Harry no pudo evitar poner un gesto de sorpresa —La vida de Mel es un caos, nada parecido a lo que yo planee para ella. Te encargué a Melissa para que la cuidaras y no lo has cumplido bien. —terminó de decir soltándole un manotazo en el hombro.

—¡Ey! —exclamó —Me estás acusando de algo que aun no he hecho.

—Pero lo vas a hacer

—Bueno, bueno, olvidémoslo. Aun no pasa nada de esto, podemos cambiarlo ¿Dónde están los collares? —preguntó apresurado antes de que hubiera algo que nuevamente la hiciera cambiar de opinión —Ya verás que lo lograremos y todo volverá a ser perfecto.

—Más te vale que logremos cambiar el pasado y que todo salga bien porque si el esfuerzo es en vano te juro que desde la tumba me las ingeniaré para hacerte la vida imposible, así tenga que convertirme en fantasma. —lo amenazó mientras sacaba los collares de los bolsillos.

—Todo estará bien, te lo prometo —le dijo el muchacho tomando la mano nerviosa de la chica —¿Ahora dime como vamos a hacerlo?

—No lo sé —contestó encogiéndose de hombros —las dos veces los collares nos llevaron a algún momento del tiempo estábamos pensando en algo en especifico. Deberíamos concentrarnos y pensar en ello, es lo único que se me ocurre.

—¿Y a qué punto deseas volver?

—Pues debe ser antes de que Bellatrix me ataque. Al momento en que tu y la Orden llegaron para mi rescate. Esto va a ser muy difícil Harry ¿Cómo vamos a cambiar el pasado si pueden vernos? ¿De casualidad traes la capa de invisibilidad? —preguntó con la esperanza de tener una respuesta afirmativa.

Sin embargo, él negó con la cabeza y ella hizo una mueca

—Dos Harrys y dos Vanessas en la misma mansión no creo que sea una imagen saludable para nadie —añadió la chica dando un largo suspiro. —Ni hablar, ya te dije que lo hiciéramos y me arriesgaré a que pase lo que tenga que pasar.

La joven bruja colocó los collares entre ambos.

—Oye, ¿qué te parece pensar en las cocinas de la mansión? —dijo Harry —Es el lugar al que nadie baja y está dentro de la mansión. Podríamos actuar más fácilmente desde ahí y los elfos domésticos podrían ayudarnos en algo… Mira, ya empiezan a brillar. —dijo sin despegar la vista del collar que sostenía en la palma de su mano.

—Ahora las esmeraldas brillan más ¿no crees? —dijo la muchacha, pero ya no comprobaron nada porque la radiante luz los dejó ciegos…

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El objetivo se logró. Al enfocar el lugar descubrieron que se trataba de las cocinas en la antigua mansión de Voldemort. Todo tal y como lo recordaban. Los dos elfos domésticos los observaban con grandes ojos saltones. Era más que obvio que se encontraban en el pasado, pero ¿ese era el momento exacto al que querían llegar?

—¿Amo Enrique? ¿Señorita Vanessa? —preguntó el elfo llamado Gipsy con voz rasposa y chillona.

—Sí, somos nosotros. No le digas al señor que estamos aquí. —dijo Harry guardando el collar con el que se había quedado.

—Pero si ella está allá arriba —susurró el otro elfo mirando a Vanessa—El amo y la señora Lestrange estaban molestos de que se fue y la han traído de vuelta a casa. Ella está arriba señor.

—Dime una cosa Gipsy, ¿Hoy es 7 de enero? —preguntó Harry y el elfo asintió con la cabeza mientras Vanessa con gesto pensativo subía los escalones de piedra para tratar de escuchar algo. Harry la siguió y ambos pegaron la oreja a la puerta como en sus viejos tiempos.

"—Enciérrala en la sala de entrenamientos… Le daremos una sorpresita a Harry cuando llegue a rescatar a su adorada Vanessa" —se oyó decir la fría y aguda voz del Señor Tenebroso.

Un escalofrió recorrió la espalda de Harry al oírlo. Estaba seguro de que esa voz ya no la escucharía jamás, que solo formaba parte de sus pesadillas, y de un pasado que ahora no parecía muy lejano. Que equivocado estaba…

—Acaban de secuestrarme —susurró la joven una vez que escuchó salir a todos y cerrarse las puertas del comedor de par en par —¿Cuánto tardaste en venir por mi?

—No estoy seguro, un par de horas, pero por culpa de Hermione que insistió en buscar a Dumbledore para venir a rescatarte.

—Entonces hay que esperar a que ustedes lleguen para actuar. Por lo mientras hay que diseñar un plan y comer algo que ya me dio hambre.

Harry puso los ojos en blanco, aun así, bajaron a recibir las atenciones de los elfos domésticos esperando escuchar el instante en que se iniciara alguna especie de alboroto.

—¿No es fabuloso? Si logramos salvarte nuestra separación de estos dos años desaparecerá.

Ella dejó a medio camino el bocado que pensaba llevarse a la boca y lo miró a los ojos.

—Harry, es cierto que quiero que cambiemos el pasado, que cambiemos lo que Lestrange me hizo, pero no quiero que nada de lo sucedido en estos últimos dos años cambie. Piensa en lo que pasaría si volvemos a nuestro presente y nos encontramos con la noticia de que nuestros dos últimos años son completamente diferentes a como los recordamos.

—Pero…

—Sé que sufriste mucho por mi ausencia, pero es mejor que dejemos que esa parte del tiempo transcurra tal cual la recordamos. Todos deben pensar que estoy muerta, dejaremos que Ginny me borre la memoria y me lleve a San Mungo. No podemos hacer un cambio tan crucial en la historia. ¿Estás de acuerdo conmigo en eso verdad?

—Pues si —aceptó Harry. Ella tenía razón.

—Entonces lo haremos así. Además de que me la pasé bien durante mi estancia en San Mungo. No fue tan malo, y si tú pudiste sobrevivir dos años sin mi yo también podré…

Ella interrumpió lo que estaba diciendo y abrió mucho los ojos con mirada ausente. Harry se asustó al no comprender a que se debía su extraño y repentino comportamiento.

—¡Ay no, Harry! —susurró Vanessa que se tapó la cara con las manos y se puso a llorar.

—¿Por qué lloras?

—Porque estamos perdiendo nuestro tiempo. La misión es inútil. No vamos a lograr nada. ¡Te lo dije!

—No entiendo porque dices eso.

—¿Recuerdas la razón por la cual yo volví a Grimmauld Place?

—Si… tú dijiste que… —el muchacho también se interrumpió al recordar sus palabras.

—Volví porque voy a morir y no quería dejar a Melissa sola. Si cambiamos la historia yo no volveré Harry, me quedaré en San Mungo o huiré a algún otro lugar porque no tendré ninguna razón lo suficientemente fuerte para regresar. Yo creeré que eres feliz sin mí y seguiré mi vida sola con mi hija.

—¡Pues entonces hagamos lo que te digo! Evitemos que Ginny te borre la memoria y te aleje de mi lado.

—¡Ya te dije que no podemos cambiar eso, es demasiado! ¡No quiero! —exclamó limpiándose bruscamente las lágrimas que brotaban de sus ojos.

En eso se empezaron a oír pasos en el piso de arriba, pero no precisamente del comedor lo cual indicaba que los mortifagos adoptaban su formación para recibir a Harry y a la Orden del Fenix. El ojiverde sacó la varita mágica de sus bolsillos y subió rápidamente los escalones.

—¡Ven aquí Harry! Volvamos por donde vinimos. —le ordenó Vanessa. —No cometas alguna tontería.

Pero Harry la ignoró y ella tuvo que seguirlo. Salieron al comedor que se encontraba vacío, los murmullos continuaban afuera.

"—Es toda tuya Potter… ¿No la quieres?" —se escuchó la voz burlona de Bellatrix Lestrange fuera de la habitación.

Era increíble la claridad con la que el muchacho podía recordar lo que ese día había sucedido. Aunque se encontrara en el comedor podía imaginarse como continuaba la escena de fuera.

Vanessa se mantenía pegada a la puerta tratando de entender que era lo que pasaba, pero Harry sabía que para ella sería más difícil recordarlo porque ese era el momento justo en que ella estaba controlada por medio del hechizo imperius y lo había atacado a él sin que pudiese evitarlo.

—Harry, vámonos de aquí —volvió a decir la chica jalándolo del brazo —Esto va a ser un suicidio. Saca el collar y volvamos a nuestro tiempo.

—Aún no —le respondió.

"—¡Deja de jugar Vanessa!"

"—¡Yo no estoy jugando Potter! ¡Tú te vas a morir!"

Se oyeron los gritos de ellos mismos en el salón.

—¿Esa fui yo? —preguntó la chica con incredulidad y nuevamente pegó la oreja a la puerta.

—Te pusiste un poco ruda —A Harry se le escapó una risita, mientras Vanessa se mantuviera con esa curiosidad por saber lo que ocurría afuera no se moverían de ahí.

De repente una de las puertas del comedor se abrió y en lugar de que los chicos intentaran moverse o mínimo ocultarse bajo la mesa se quedaron quietos como estatuas.

—Es mejor que nos larguemos ahora que todos están ocupados. Dumbledore está aquí y las cosas se pondrán muy mal… —dijo uno de los dos mortifagos que acababan de entrar y cerrar la puerta tras él.

—¿Potter? —dijo el otro mortifago que vio al muchacho parado ahí y seguro de que en el salón el mismo ojiverde era atacado por Vanessa.

—¡Obliviate! —dijo Vanessa apuntando al pecho del hombre que se desplomó en el suelo cayendo de rodillas y poniendo cara de estúpido.

El otro de inmediato quiso salir de la habitación para alarmar a los demás del acontecimiento que acababa de presenciar, pero Harry lo desarmó al instante.

—¡Cunfundus, Obliviate! —exclamó ella. —Mierda, eso estuvo cerca.

—¿Habías practicado ese hechizo antes? —preguntó Harry alarmado y temiendo por sus efectos.

—Una vez lo emplee en uno de mis profesores… Estarán bien, y aunque no lo estuvieran… ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Dejar que le dijeran a todo el mundo que vieron a dos Harry Potter al mismo tiempo? No, gracias.

"—¡AVADA KEDAVRA!"

"—¡AVADA KEDAVRA!"

Se oyó fuera de la habitación. El momento crucial se acercaba, tenían escasos minutos para salir e intentar cambiar el pasado.

—Quítale la capa y póntela —dijo Harry acercándose a uno de los mortifagos y despojándolo de su capa negra y máscara.

—¿Para qué?

—Vinimos aquí para cambiar el pasado y no nos iremos hasta que lo hayamos logrado —le dijo mirando a la muchacha directo a los ojos, al tiempo que le daba la vuelta al mortífago para quitarle la ropa. —Este será nuestro disfraz, la única forma que tenemos para salir sin que nos vean.

—¡No voy a hacer nada! —exclamó Vanessa cruzándose de brazos.

—Dijiste que querías ver crecer a Melissa así que ¡Hazlo ya! —le ordenó el ojiverde y en lo que se decidía Vanessa, despojó al otro mortifago de su capa.

—Está bien, está bien. Dame eso —dijo la muchacha extendiendo la mano para que Harry le entregara la capa.

"—IMBECILES, ¡NO SE QUEDEN AHÍ PARADOS, MATENLOS A TODOS!"

El bramido de Bellatrix Lestrange les hizo pegar un salto al tiempo que muchos más chillidos reinaron en el lugar.

—¡Rápido! —gritó Harry que se puso la capucha y máscara encima mientras Vanessa hacia lo mismo de forma nerviosa.

—¡Me queda grande!

—Deja de quejarte —dijo Harry. —Ahora sí, el momento ha llegado, tenemos que actuar como ellos, pero en el momento que Bellatrix te ataque alguno de los dos, el que esté más cerca, deberá tratar de evitarlo. Todo saldrá bien Vanessa —terminó y le dieron unas inmensas ganas de besarla, pero se detuvo porque iban contra reloj. No podían perder más tiempo. Tenían una vida que salvar.

Salieron de la habitación con varita en mano y con paso firme cuidándose de que alguien los atacara y buscando con la mirada a Bellatrix y a Vanessa. No podían perder a ninguna de vista.

—Voy a buscar a Bellatrix —le susurró Harry a Vanessa y se fue escaleras arriba casi seguro que ahí la encontraría.

El salón era un completo caos, los rayos se cruzaban y golpeaban todo a su paso. La joven bruja trató de encontrarse, pero su otro yo la encontró primero.

—¡Ey tu! —dijo y le lanzó un hechizo que pasó muy cerca de ella.

Vanessa no podía quedarse sin hacer nada, tenía que defenderse, aunque estuviera peleando contra sí misma. Era una suerte que con la capucha no pudiera reconocerla o pegaría el grito en el cielo.

Mientras se lanzaban hechizos no verbales la una a la otra, la chica de los ojos azul zafiro no dejó de preguntarse si podía vencerse a sí misma, pero esa no era el mejor lugar para probarlo, su actuación sólo consistiría en mantenerla ocupada con hechizos leves de ataque y contraataque. Su otro yo la insultaba hasta el cansancio, pero no podía contestarle nada.

El tiempo se le hizo eterno, aunque no estaba segura de que fuera por eso o por el nudo de nervios que se le había hecho en el estómago. Un muro de la mansión acababa de ser destruido, podía ver a Harry del pasado del otro lado de la habitación ¿escondido en la nieve? "¿Qué rayos hacía ahí?"

Su distracción ocasionó que un hechizo le diera y cayera al suelo de espaldas, afortunadamente su identidad seguía a salvo.

—¿Quieres una muerte rápida o dolorosa? —preguntó la Vanessa del pasado apuntándole directo al rostro.

"—¡Vanessa, cuidado!"

Oyó la voz de Harry con tal claridad que le pareció imposible que en el pasado no lo hubiese escuchado. Levantó rápidamente la vista y vio a Bellatrix al pie de la escalera, riendo y apuntándole, pero no vio a Harry con su disfraz de mortifago así que a ella le correspondería realizar la acción que cambiaria el rumbo de su vida.

Desde esa posición le resultó fácil ver el momento en que su otro yo se giraba para ver a Bellatrix y caía a causa de un repentino mareo.

—¡Flipendo! —susurró la muchacha apuntando al torso de la otra para empujarla y que el hechizo que la mortifaga había pronunciado al mismo tiempo que ella no lograra su objetivo.

El cuerpo cayó al suelo como títere y el hechizo pasó de largo sin causarle daño alguno. ¿Pero alguien podría darse cuenta del cambio cuando las cosas ocurrieron tan deprisa? Para los que estaban de su lado contrario era más fácil pensar que si la había matado, sobre todo cuando Harry gritó desgarradoramente desde el otro lado de la sala sufriendo por una supuesta pérdida.

Ella miró nuevamente escaleras arriba y entonces vio al Harry que buscaba detrás de Bellatrix ¿Hechizándola?

"—¡La maté, la maté!" —dijo la mortifaga desquiciada y la joven observó como Harry levantaba el pulgar en señal de que todo había salido perfecto.

—¡Siii! —gritó Vanessa de felicidad, pero su grito nadie lo escuchó porque fue el momento en que el gran candelabro cayó sobre Harry.

Se puso de pie rápidamente sin saber que hacer hasta que el otro ojiverde llegó con ella y la tomó del brazo para sacarla del lugar.

—¡Ahora si vámonos! —dijo Harry arrastrándola fuera de la mansión, cuidándose de que nadie los siguiera y dejando atrás los alaridos desquiciados de la mortifaga Lestrange.

—¿Qué le hiciste a la bruja? —preguntó Vanessa corriendo sobre la nieve e internándose en el bosque.

—Le lancé un Cunfundus para que creyera que te había matado, gracias por la idea. Un segundo más y te hubiera lanzado más hechizos para rematarte y asegurarse de que su objetivo fue logrado. Desde allá arriba si se notó como tu cuerpo se desvió de la trayectoria.

—Oh… —fue todo lo que pudo contestar.

"—PETRIFICUS TOTALUS—"—oyeron gritar a alguien no muy lejos de donde ellos se encontraban y se detuvieron.

—Esa tuvo que ser Ginny, vamos a donde esté ella, se me acaba de ocurrir algo —dijo la joven de los ojos azul zafiro y sin esperar una aprobación por parte de Harry empezó a caminar en la dirección donde había procedido el grito.

Para cuando llegaron, la pelirroja estaba dando vueltas muy nerviosamente y sin poner atención al cuerpo de Vanessa que respiraba acompasadamente.

—¡¿De dónde sacaste eso?! —susurró con terror Harry al ver que Vanessa sacaba de sus bolsillos un cuchillo grande y afilado.

—Lo saqué mientras estuvimos en las cocinas. Espérame aquí, tengo que asegurarme de algo. —dijo la joven que con sigilo se acercó más y más a donde Ginny, pero ella estaba demasiado nerviosa para poner atención a eso y Harry acababa de ponerse igual de nervioso al no saber qué es lo que Vanessa tramaba con ese cuchillo.

Esperó y vio cómo la chica se acercaba a su propio cuerpo. Luego, con saña y mucha fuerza pasó el cuchillo por el brazo izquierdo de su otro yo inconsciente. "Vanessa está loca" pensó Harry.

"—¡AYY! ¡AY! ¡DUELE, DUELE!" —empezó a gritar la chica que estaba tirada en el suelo y la otra de manera muy graciosa se tiro a la nieve tras un árbol para que Ginny no la descubriera. El ojiverde tuvo que llevarse una mano a la boca para evitar reírse, no solo de aquella escena si no de ver a Vanessa arrastrarse como en un campo de batalla hasta el árbol donde él estaba escondido.

—¿Por qué lo hiciste? —le preguntó una vez que ella estuvo a su lado.

—Para que Weasley tenga que una buena razón para llevarme al hospital, creo que incluso chocó el cuchillo con el hueso. —hizo cara de querer vomitar. —Después de eso tendré una cicatriz tan grande y fea como tu cicatriz en la frente —dijo la muchacha, pero Harry entornó lo ojos en señal de que no le parecía divertido el comentario. —De todos modos, mínimo me mantendrán en el hospital mientras esté embarazada y sin memoria… ruega porque cambie de opinión estando en el hospital y algún día regrese a tu lado.

—Estuve pensando sobre eso y a mí también se me acaba de ocurrir algo para asegurarnos de que eso pase. —dijo Harry y la sonrisa volvió a su rostro. Sin embargo, Vanessa fue la que frunció el ceño.

Se alejaron de donde Ginny mantenía una plática poco amable con Vanessa y cuando llegaron a otro punto del bosque que jamás habían explorado Harry habló.

—¿Kreacher?

El viejo elfo domestico apareció de repente y miró furiosamente a Harry por haberlo interrumpido de… de cualquier cosa poco importante que estuviera haciendo.

—¿Para qué llamaste a tu estúpido elfo domestico? —preguntó Vanessa y el elfo gruñó.

—Kreacher tengo un trabajo muy importante para ti —dijo Harry sin responderle a la chica. —Quiero que exactamente dentro de dos años vayas a San Mungo y la busques a ella, si no está ahí tienes que buscarla y dar con ella a como dé lugar antes del mes de marzo. —señaló a la muchacha.

—Llegué contigo en abril… —empezó a decir ella, pero Harry levantó la mano pidiéndole que no lo interrumpiera.

—Quiero que le hables de mí, que le digas que soy muy, muy infeliz porque ella no está conmigo y cualquier cosa que la haga convencerse de que es buena idea de que vuelva a mi lado en Grimmauld Place. Si es necesario quiero que hagas un drama y no dejarás de insistirle hasta que logres convencerla. ¿Me has entendido?

—Si amo. —contestó el elfo con mala gana.

—¿Qué es lo que haces? —preguntó Vanessa sorprendida, pero él volvió a ignorarla.

—¡Ah! Y no quiero que le repitas a nadie más que hemos tenido esta conversación, ni siquiera a mí mismo. Sólo quiero que cuando llegue el segundo sábado de abril del año 2002 te asegures de que ella y yo nos volvamos a reunir. ¿De acuerdo?

El elfo volvió a asentir.

—Ahora vete.

Y el elfo desapareció.

—¿Crees que funcione? —preguntó la chica apenas en un susurro.

—Tiene que funcionar. —dijo Harry y sacó el collar de donde lo tenía escondido. —Ahora si Vanessa. Estamos listos para volver a casa.

Ella también sacó su collar y lo puso muy cerca de donde se encontraba el otro.

—Harry, si esto no sale como esperamos, quiero que sepas que te amo y te amaré por siempre, aunque no te lo haya dicho en estas últimas horas. —dijo la muchacha colocando su cabello detrás de la oreja y Harry en respuesta se acercó a ella dándole un dulce beso en los labios que al cabo de unos segundos se tornó apasionado.

Y entonces una ráfaga de aire los rodeó, bajaron la vista para ver los collares cuyas joyas empezaron a brillar de forma intermitente, pero el viento los seguía rodeando, algo muy diferente a lo que había pasado en sus viajes anteriores.

—¿Harry? Esto no me gusta —dijo la chica que tuvo que elevar un poco la voz para poderse escuchar.

Se tomaron de la mano, pero una fuerza peor que la que ejercen los imanes los separó a tal grado que sólo las puntas de sus dedos podían tocarse.

—¡Harry!, ¡Harry!, ¡HARRY! —gritó la chica desesperada al sentirse más y más lejana del muchacho.

—¡VANESSA! —gritó el ojiverde, pero la radiante luz lo dejó ciego, no sabía si ella seguía a su lado. Lo único que podía sentir era el suelo bajo sus pies y la cadena del collar que sujetaba fuertemente en su mano.