Arrepentida de publicar después de semanas, pero espero comenzarlos con este capítulo largo.
Que lo disfruten.
Capítulo 10
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¿Compasión?
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Nomen.
Astrid no dejaba de dar vueltas en la habitación de la torre, no sabía si podría controlar sus impulsos y furia contra cierto herrero que vería por la noche, pero deseaba dejarle las cosas en claro, para demostrarle quién mandaba en ese montículo de piedra apestosa llamada Nomen.
Estaba a punto de gritar con una nueva rabieta cuando de repente…
—Astrid… Astriiiiid. —escuchó un fastidioso canturreo de cierta troll rosada.
— ¡¿Qué quieren?! —gritó molesta cuando visitantes inesperados se asomaron por la puerta.
Stormfly dio unos pasos hacia atrás atemorizada al igual que Cooper, pero a Poppy poco le importaron sus quejidos y se acercó entre brinco y brinco para ayudarla.
— ¡Salgan de aquí! —quiso patearla Astrid, pero la troll se aferró a su pierna con la ayuda de su cabello, y ahí se estancó como una babosa.
— ¡No, te ayudaremos!
— ¿Ayudarme? ¿De qué rayos hablan?
—De tu cita, la de esta noche. —explicó Cooper y más confianzudo entró a la habitación brincando igual que lo había hecho Poppy.
— ¿Cita? ¡¿Qué es una cita?! ¿Cuál cita?
—Ay… sabía que era mala idea. —chilló Stormfly temerosa a ver que su amiga se estaba estresando.
— ¿Cómo que no sabes que es una cita? Y ¡Pues con quien más! Con ese herrero… ya te vimos picarona. — se burló Poppy aun amarrada a su pierna.
— ¿Qué?...¡¿PERO QUE TONTERÍAAAAAAAAAAAAAAAAA?!
La torre misma pareció temblar con tremendo grito; mientras que los que estaban dentro lo resintieron en sus oídos.
—No seas tímida, sólo te diremos cómo vestir, peinarte… oye un vestidito no te haría mal… ¿qué quieres? ¿Qué te vea desnuda como siempre? No te quiere ver bonita para él… además, ¿qué le darás de comer?—insistió Poppy aferrada a ella.
— ¡No se metan en mis COSAS! —respondió Astrid furiosa, tomó a la troll entre su mano al igual que a Cooper y lo lanzó fuera de su espacio, Stormfly tuvo que correr por ellos para que no cayeran al fondo, mientras que la bestia sólo cerró la puerta en la primera oportunidad que tuvo.
Por suerte la dragona había alcanzado a ambos trolles, los cuales atrapó en su boca y los puso a salvo en el suelo.
— ¡Hagámoslo otra vez! —pidió el entusiasmado Cooper, encaminándose de nuevo al lugar de la bestia, pero Stormfly lo detuvo antes de que hiciera otra locura.
—Esa Astrid se pasa de divertida, espero no le haga lo mismo al herrero, creo que a él si lo mataría del susto. —dijo la positiva y alegre Poppy.
—Chicos, yo pienso que debemos dejarla en paz, más bien debemos planear algo para cuidarlo a él, no me cae bien, pero tampoco deseo que Astrid lo arroje desde la torre. —opinó la exhausta Stormfly. —Por favor, ya no la molesten.
—Ok, ok…lo cuidaremos a él… —dijo la troll aburrida. —Pero no perderé la oportunidad de hacer un musical si se presenta la oportunidad de…
—BESARRRRR. —paró Cooper las trompas imaginando aquel momento entre el herrero y la bestia.
—BESARRRRRRRRR. —canturreó Poppy y sus demás trolles amigos salieron de la nada, para cantar una canción que hablaba sólo de besitos.
—Ay Dios Amaru ampáranos. —rogó Stormfly porque esos trolles no molestaran a la pareja con un escandaloso musical.
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Mientras tanto en lo alto; Astrid esperó con oídos tapados el momento en que esos trolles cerraran la boca, cuando por fin su musiquita fastidiosa se disipó, se permitió gruñir con más "tranquilidad", mientras trataba de deducir de dónde se le salían decir tantas tonterías a esos trolles.
Se puso de pie para asomarse por la ventana, en el exterior todo parecía ir como siempre, nadie causaba problemas; entonces retrocedió lentamente y de reversa hasta que chocó con una mesa que tenía muchas reliquias que guardaba ahí como una acumuladora descuidada, empezó a levantar de una por una; cuando de repente alzó un recipiente metálico donde fue capaz de ver su azulado reflejo.
¿Hace cuánto que no se veía a si misma? El recipiente era tan pequeño que muy apenas alcanzaba a ver lo largo de sus orejas, cuernos y los dientes que sobresalían por su boca; entonces empezó a reparar de cuanto había crecido, eso la inquietó y empezó a buscar entre su basura algo que le sirviera como espejo.
Después de aventar algunas cosas (hasta un ruidoso felino) encontró un escudo de buen tamaño y que estaba hecho completamente de metal. Lo colgó en la pared, a un lado de donde se encontraba su destrozado retrato, y dio unos pasos hacia atrás para poder así poder contemplar todo su cuerpo.
Era alta, aunque no tanto como él, y sí, era demasiado azul; pero algo más la tenía inquieta; se tocó su descubierto y crecido busto, en todos su años no les había prestado demasiado atención, no más de la necesaria, la última vez que lo había hecho fue cuando sufrió un inconveniente a los 14 años, algo muy íntimo que ni los trolls pudieron explicar y cuyas respuestas sólo encontró en un viejo libro de su pueblo, pero había aprendido a lidiar con ese problema que sólo llegaba cada cierto tiempo.
"¡¿Qué quieres? ¿Qué te vea desnuda como siempre?!"
— ¿Por qué me habrá dicho eso? —preguntó ensimismada, y cierto recuerdo llegó a su mente, el día en que el herrero llegó y se duchó en el lago. — ¡¿Pero qué cosas?! —se puso más azul de lo que estaba y se cubrió el busto en un acto involuntario, fue entonces cuando recordó otra cosa.
"Las niñas siempre deben de vestir apropiadamente"
Un recuerdo muy lúcido que hizo que se alterara, ya que recordó a una mucama, para ser más exacto la mamá de Snotlout, la cual la ayudaba a vestirse junto con otras mujeres de la servidumbre y quienes siempre le aconsejaban sobre los buenos modales.
"¡¿Qué quieres? ¿Qué te vea desnuda como siempre?!"
De nuevo el comentario de la troll se hizo presentes.
"Las niñas siempre deben de vestir apropiadamente"
Regresó su mirada aquel escudo, y observó de nuevo su reflejo, y lo consideró muy lentamente; era una bestia pero también era una mujer, y el herrero era un varón y ella siempre se mostraba ante él en paños menores.
Con tal descubrimiento, su piel se azuló en un tono azul rey, quería gritar de la vergüenza, no podía creer que en todos aquellos años anduviera en esas fachas, y daba igual con los dragones, pero ahora había humanos también, o más bien uno sólo, y no podía dejarse ver así de fácil, por lo que presurosa buscó de nuevo entre toda su basura algo que pudiera usar como ropa.
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Ajeno del todo el ajetreo, descubrimientos y agitaciones del resto de los habitantes del castillo, Hiccup se concentró en terminar el modelo que había pensado como prótesis para Toothless. Había estado tan nervioso por la invitación de la bestia; que para dejar el estrés, trabajó arduamente sin poner atención de lo que había en su alrededor, para antes de que atardeciera, dejó su trabajo de lado para ponerse presentable, pues a pesar de que no era nada formal, no podía ir mugriento a ver a la supuesta "reina" del lugar.
—Hey Hiccup, mi amigo… ¿cómo va todo? —saludó el animado Toothless, quien regresaba de un largo día de no hacer nada.
—Bien, eso creo… dejaré todo por el día de hoy iré a refrescarme.
—Bah, no te preocupes, a los demás dragones no les disgusta tu olor. ¡¿Adivina qué cenaremos hoy?!
— ¿Pescado? —contestó Hiccup con sarcasmo pues era lo que se comía en ese lugar todos los días.
— ¡Exacto! Pero ahora lo haremos a la cremallerus, ya sabes… ya hemos probado a la furia nocturna, a la Gronckle…
—Sí, y todos lo demás amigo, lo sé… sin embargo paso por esta noche, tengo una… una…—pensó sin saber realmente como se le podía decir a donde iba. —Astrid… me invitó a cenar con ella.
— ¡¿Qué cosa?! ¿Y le dijiste que no? ¿Verdad?
—Por supuesto que no.
— ¡¿Qué?!
— ¡Oye! Es la reina del lugar, y sí, quisiera hacer las paces con ella, además que ella nos puede autorizar o ayudar a buscar los materiales que necesitamos para tu ala.
—¡Ya te lo había dicho! No me importa lo que piense esa BestiAstrid, sólo necesitamos al gruñón de Branch para encontrar a esos limpiadores.
—No quiero causarte problemas, y no quiero tampoco problemas con ella, así que no insistas Toothless, iré con ella, no creo que sea tan mala como todos ustedes creen que es.
—Pues si es lo que piensas. —se giró Toothless molesto y se retiró ofendido.
—¡Me alegro que lo comprendas! —gritó Hiccup antes de verlo irse.
—Sí… sí… —balbuceó el dragón. —Tonto.
Hiccup rio para sus adentros, ese dragón a veces podía ser peor que una novia celosa, en los meses que habían pasado había hecho una buena amistad con él, a pesar de lo huraño que podía ser el dragón de vez en cuando, sobre todo cuando el tema era la nombrada "BestiAstrid", tema que seguía carcomiendo a Hiccup de la curiosidad ya que se preguntaba constantemente ¿Qué había pasado entre esos dos como para que se odiaran tanto?
Tal vez si lograba congeniar con la bestia se lo diría, puesto que Toothless era muy reservado en ese aspecto.
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Mientras tanto, a unos cuantos kilómetros del castillo en ruinas; un fugitivo lobo, un hada exploradora y un temeroso gnomo, seguían recorriendo los sitios más recónditos de la isla en busca de un refugio para Kaiser así como lo que buscaba la única chica del grupo.
Lavander era insistente cuando de su búsqueda se trataba, puesto que llegó a llevar a Kaiser y Bo hasta la playa, pues el hada creía que ver el mar era lo que buscaba, más cuando estuvo frente al inmenso azul que se expandía al horizonte, sólo acrecentó ese sentir de soledad que tenía en su corazón; y había envuelto a los otros tanto en su expedición, que el lobo olvidó por un momento lo del refugio para poder ayudarla.
—Lavander, ¿te encuentras bien? —preguntó el preocupado Bo.
Desde que se habían retirado de la playa, el hada se había quedado callada, algo muy anormal para sus acompañantes.
—Estoy bien. —respondió pensativa.
—Si te sientes cansada puedes descansar en mi cabeza. —ofreció Kaiser.
Con tal oferta el hada no lo desaprovechó y fue a sentarse en la afelpada cabeza del lobo donde se recostó, abriendo piernas y brazos para hacer un ángel en el pelaje.
—No te preocupes, encontraremos lo que estás buscando. —animó Kaiser.
—Sí, aunque no sepamos qué es. —animó a su manera Bo.
—Muchas gracias, amigos… pero ahora lo que quisiera buscar es comida.
Tres armoniosos gruñidos estomacales se escucharon después de la idea del hada.
—¡Oh, sí! —saltó Bo ilusionado. —Quisiera un poco de gusanos del campo.
—¡Unas fresas! —opinó la entusiasmada Lavander.
—¡Quisiera manzanas! —deseó el hambriento Kaiser.
Con algo más especificó que buscar, el grupo se internó en las profundidades del bosque en busca de alimento.
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Por otra parte, también a unos cuantos kilómetros del castillo, una manada de lobos se encontraban en formación, frente a su líder, un lobo blanco que había tomado las riendas desde meses atrás después de matar al anterior alfa.
Después de haber exiliado al heredero; Kiba se concentró en entrenar a su grupo de lobos para dar una batalla contra los residentes del castillo; habían abandonado las zonas rocosas y se establecieron en el bosque cerca de unos territorios de conejos y liebres con los que se alimentaban regularmente y a sus anchas.
Se fortalecieron en el ámbito de la pelea y estudiaron los movimientos de sus enemigos con sigilo. Kiba descubrió de aquel espionaje, que los dragones eran perezosos y llorones; que muy apenas y con dificultad atrapaban su comida, que no hacían más que dormir en el exterior del destruido castillo, y que como ellos, siempre iban acompañados. Pero lo más interesante era que Toothless era el rebelde del grupo.
A sus lobos y a él le habían tocado que este salía con frecuencia del castillo, acompañado siempre del humano extraño y un gruñón troll, los habían visto recoger basura de las antiguas casas en ruinas y luego regresaban, y cada vez que pasaba lo podían escuchar quejándose de la guardiana a la que llamaba BestiAstrid y persuadía a su equipo de ir con unos llamados "limpiadores".
Entonces, era lo que estaba esperando para poder tomar el castillo; lo primero que tenía que hacer era deshacerse de la guardiana, ya que Kiba reconocía que era el verdadero desafío, y el cómo lo harían dependería de las tonterías que hicieran Toothless o algún miembro de su equipo, en especial el extraño humano. Cuando alguno de estos cometiera algún error, sería el momento, emboscarían a la bestia y entre todos sus lobos se desharían de ella; y los dragones tendrían que rendirse a sus órdenes.
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El atardecer había llegado, el sol estaba a minutos de perderse en el horizonte, al igual que el herrero que se sentía perdido y sin saber cómo actuar.
Se había duchado rápidamente, y se puso una de las tantas prendas que los trolles le habían dado recién llegó ahí, y todo era tan simple, que no sabía si era lo suficientemente apropiado.
—Creo que así estaré bien. —se miró a sí mismo para observar el pantalón color café, con un camisa roja de manga larga que había elegido.— Sí, no creo que se vea tan informal.
—¡¿OTRA VEZ HABLANDO SÓLO?!
—¡POR THOR!
Hiccup brincó desde su lugar al ver que no estaba del todo solo, los trolles, teniendo de líder a Poppy, parecían disfrutar de su monologo, y sólo los dioses sabían cuánto tiempo llevaban ahí.
—¿Les… puedo ayudar en algo? —preguntó nerviosamente.
—Yo debería preguntar lo mismo mi amigo… ¿no quieres que le demos más brillo a tu atuendo?
—No gracias. —respondió con seguridad, sabía de donde venía todo aquel brillo y definitivamente no lo quería en su ropa, o en alguna parte de su cuerpo.
—Que aguafiestas…—se quejó la aburrida troll.
—Eh… princesa Poppy, chicos… si no les importa… tengo algo qué…
—Ah, lo sabemos. —interrumpió Cooper. —Por eso estamos aquí…
— ¿Qué, qué saben…? ¿Cómo?
—Así es sabemos todo y Astrid ya te está esperando. —anunció la animada Poppy.
—Oh… ¿mandó a buscarme? —preguntó Hiccup nervioso.
— ¿Mandó a buscarte? Bah… ¡No!, pero vimos que se asomó furiosa desde el castillo, suponemos que es porque aún no has llegado. —explicó la princesa trolll.
—Ay no… entonces debo irme.
Hiccup corrió a tientas mientras se ajustaba su única bota, había perdido mucho el tiempo buscando su atuendo que se le hizo tarde, sólo esperaba que la bestia no lo tomara como ofensa.
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—Llegaste tarde.
Hiccup apenas había llegado al umbral de la entrada al castillo, cuando su anfitriona apareció de brazos cruzados frente a él. Como un hombre arrepentido bajó la cabeza, aunque se encontró algo curioso, ¿La bestia estaba vistiendo pantaloncillos?, dejando el arrepentimiento por un lado fue alzando su vista poco a poco.
Pies desnudos, piernas cubiertas por pantaloncillos y por encima más arriba una extraña falda, que terminaba a la cintura, después de ahí una blusa tan azul como la piel de la bestia que no hacía gran diferencia, y más arriba el molesto rostro de alguien a quien se le dejó esperando por mucho tiempo.
— ¡¿Qué tanto me ves?! —gritoneó Astrid "azulándose" de la vergüenza.
— ¡Ah… nada, nada!
—Andando… que ya me hiciste esperar demasiado.
—Lo siento, lo siento. —balbuceó Hiccup agachando y bajando la cabeza una y otra vez mientras seguía a su furiosa anfitriona.
—Sí, sí ya entendí… es obvio que no tienes sentido del tiempo.
Hiccup tragó saliva, esa bestia parecía querer buscarle riña, pero no caería en su juego, y si nunca nadie la había tratado como una dama, él lo haría.
—Discúlpeme mi lady, realmente no tengo palabras para tal falta de respeto.
Astrid se paró en seco
— "¿Mi lady? ¿Qué demonios fue eso?" —Pensó.—¡No juegues conmigo! —gruñó molesta.
— ¿Disculpa?... —dijo el confundido Hiccup, esa bestia era realmente extraña.
Astrid no se atrevió a verlo, muy dentro de ella quería reclamarle el que fuera tan amable con ella, ¿por qué tenía que comportarse así? Si se supone que le debía temer, debía aborrecerla o algo por el estilo, ¿pero la cortesía? Ni con Poppy y su poca perspectiva de la vida se sentía tan inferior a comparación que con él.
—Astrid… ¿estás bien? —preguntó Hiccup con precaución por estarla tuteando.
— ¡Ve al comedor! —gritó aun sin atreverse a verlo. —Iré por algo que olvidé.
Salió huyendo pasando por un lado de él, dejando al herrero más confundido de lo que ya estaba.
—Pero ¿qué?... —susurró Hiccup rascando su cabello viendo en dirección hacia donde la bestia se había marchado, cuando de repente una pequeña esencia hizo acto de presencia a un lado de él. — ¡Ay, dioses! Eres tú
El herrero reconoció a esa pequeña presencia que de vez en cuando lo hacía perseguirlo, siempre llevándolo hacía una habitación oculta, de la que nadie le quería hablar, y no creía que ese día pudiera ser la excepción así que…
— ¿Sabes dónde está el comedor?
La esencia asintió, y lo guio a donde la bestia había dejado preparado el festín.
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Mientras tanto la presurosa Astrid corrió a su torre; antes de seguir con la reunión tenía que verse de nuevo en el escudo/espejo, pues creía que la ropa que se había puesto la hacía verse inferior al herrero, y por eso el sentir de todo aquello; sin embargo antes de que pudiera llegar escuchó murmureos ¿en la habitación de la torre?
—Toothless vámonos… no está aquí…
—No, al parecer esa ya se fue…
¿Toothless y Stormfly? ¿Por qué estaban en su lugar de vigilancia?
—Anda Toothless, si Astrid se llega a enterar que estuvimos aquí sin su permiso…
—¡¿Qué?! —cuestionó acorralando a ambos dragones.
Stormfly de inmediato se asustó al ver que habían sido descubiertos por la bestia, pero Toothless sólo bufó y la miró con indiferencia hasta que notó una pequeña peculiaridad.
— ¡JA! ¿Qué traes puesto? —se burló.
Astrid gruñó entre dientes al comprobar que la ropa la hacía verse tan inferior, tan normal como un humano.
—Astrid… te ves… bien. —halagó Stormfly, aunque no convenció del todo a la bestia.
—¡¿Qué hacen aquí?! —ignoró esta, y de brazos cruzados esperó la explicación de ambos.
—Ah… nosotros…
—¡¿Qué parece?! —desafío Toothless. —Vine a buscarte… Stormfly no tiene nada que ver…
—¡No tenían por qué entrar aquí!
—Ni quien esté interesado en toda tu basura, bestia mugrosa.
Aquel insultó hizo gruñir a la azulada, quien estaba a punto de estallar en un grito para echarlo de su lugar; sin embargo…
—Sólo vine a advertirte que si le haces algo a mi amigo Hiccup ¡te las verás conmigo!…—amenazó el furia nocturna desafiándola.
— ¿Ese herrero? —gruñó Astrid. —¡No tienes ni la menor idea de lo que hablaré con él!
—No me importa, ¡estás advertida! —pasó Toothless de lado para evadirla, y Stormfly se fue detrás de él, rezando por que no empezara otra riña.
—¡Un momento! —trató de detener la bestia, sin embargo estaba tan furiosa y dolida que de su boca no salió palabra alguna.
—¿Qué? —miró Toothless con indiferencia, y al ver que a su enemiga/protectora se le dificultaba hablar, seguiría con todo ese resentimiento que tenía acumulado. —¡Que fea estás!
No pareció ser el mejor de los insultos, pero con esas tres simples palabras, Astrid quedó enmudecida.
—Toothless…—susurró temerosa Stormfly, pues su amigo parecía estar dominado por el monstruo del resentimiento y la venganza.
Pero el furia nocturna no la escuchó y siguió.
—¡Sé lo que esos trolles planean! ¿Qué él te ayudé a romper tu maldición? —caminó desafiante hacia la enmudecida bestia. —¿Así como te ves? ¿Quién podría amar a una bestia tan fea como tú?... aunque la bestia se vista de seda, ¡BESTIA SE QUEDA! ¿Sabes? Hiccup me ha hablado de su tierra natal… de las hembras que hay en ese lugar… de lo hermosas que son… tal vez no entienda mucho de la belleza humana, ¡pero apuesto a que están mejores que TÚ!
—¡TOOTHLESS BASTA! —regañó Stormfly. Toothless había cruzado un nuevo límite.
—¡Sí es lo que piensas! —escuchó decir a la bestia. —¡NO ME IMPORTA! ¡Largo de aquí!
Toothless se burló internamente al haber logrado su cometido, y se fue, estaba satisfecho y nada arrepentido; Stormfly se fue detrás de él y lo iba sermoneando, pero poco le importaba había tenido su desquite.
Mientras tanto, la furiosa Astrid dejó sus tontos y confundidos sentimientos existenciales por un lado, dejándose aun la ropa que llevaba, se regresó a donde el herrero, para hacer con él unas cuantas aclaraciones.
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En un comedor, que no se veía tan descuidado como el resto del castillo y que estaba iluminado por una cálida chimenea, Hiccup seguía esperando junto con la esencia, mientras la anfitriona llegaba, se dedicó a mirar y a tratar de adivinar qué era la comida que había en la mesa y la cual tenía un horrible aspecto.
El fantasma había sido testigo de cómo la bestia había preparado todo, así que cuando Hiccup se empezó a preguntar qué era, comenzó con un juego de adivinanzas.
—Entonces… llevamos agua, almejas…lo siguiente es… ¿hierba buena?
El fantasma lo negó y con su cuerpo formó algo que a simple vista parecía ser una hierba, la pregunta de Hiccup era ¿cuál?
—Es… ¿alfalfa?
Una respuesta afirmativa, Hiccup se sintió como todo un ganador al atinar otro ingrediente, aunque todavía le faltaba adivinar el resto, así que se preparó para adivinar el siguiente elemento extraño del platillo, cuando de repente, las puertas se abrieron de golpe dejando entrar una corriente de aire que casi apaga la chimenea.
El fantasma huyó despavorido de la escena y Hiccup casi se ocultaba debajo de la mesa, sin embargo cualquier cosa mala que pensó que podría ser aquello se mitigó cuando vio que sólo se trataba de su anfitriona, quien volvió a cerrar la puerta tras de sí para luego dirigirse a su lugar en el otro extremo de la mesa, tomó asiento como si nada y tomó su cuchara para comenzar con el festín.
—Adelante…—concedió al invitado.
—Eh… tú primero… —concedió Hiccup nervioso, realmente no le daba confianza el aspecto de aquel platillo.
—Como quieras…
La indiferente bestia tomo el bol con la extraña sopa y le dio una gran probada, eso le dio más confianza a Hiccup y tomó su cucharon para probar de aquel menjurje cuando de repente la escuchó escupir.
—¡Maldita sea, sabe horrible! —gruñó Astrid tratándose de quitar el mal sabor de boca.
Por parte de Hiccup dejó el bol por un lado, así como el resto de la comida, y sólo tomó una fruta. Astrid lo imitó, la idea de cocinar, así como el resto de sus ideas habían salido mal, así que teniendo de cena un coctel de frutas pasó la velada de los únicos humanos de la isla.
—Eh… estuvo deli-cioso…—halagó Hiccup sin saber qué decir una vez se terminó la cena.
—Cierra la boca.
El herrero se irguió desde su asiento, la bestia no parecía nada contenta, sin embargo no se dejaría intimidar, y trataría de congeniar con ella. Mientras que Astrid, se levantó de su asiento para posicionarse a un lado de la chimenea, donde fue espectadora del cálido fuego.
—¿Cuántos meses tienes aquí?... —preguntó de la nada.
—¿Eh?
—Muchos, a mi parecer…—se respondió a si misma. — ¿Para cuándo tendrás el ala de ese estúpido dragón?
—Ah… es difícil decirlo… no hay suficiente material, debo hacer pruebas, además los demás dragones…
—Yo nunca te ordene que los ayudaras. —se volvió Astrid hacia él, Hiccup tragó saliva. —Tú único trabajo aquí era ayudar al imbécil de Toothless… y luego… te marcharías de aquí…¿No lo recuerdas? Ese fue el trato.
—No creí que eso importara yo…
—¡Pues sí importa! ¡Me has desafiado! —gritoneó golpeando la mesa.
—¿Qué? —Hiccup se levantó de su asiento con tal acusación. —¡Yo sólo traté de ayudar!
—¿Ahora me desafías?
—Eh… ¡no! —Volvió a tomar asiento. —Astrid… como te dije…yo sólo quiero ayudar, ¡ayudarte!
—No has sido más que una gran molestia… —acechó la bestia de cerca. —No te quiero aquí… no te quiero ver… así que más vale que termines la prótesis de ese maldito dragón para que te largues, tienes una semana…
—¿O si no? —preguntó Hiccup con el ceño fruncido, la amenaza de la bestia no sonaba como las anteriores, esta era llena de frialdad.
—Créeme, no quieres saberlo…—insinuó mientras el filo de su cola se movía como una acechadora serpiente. —Se terminó la cena herrero… ¡Lárgate!
Hiccup se levantó de su asiento sin decir nada más, al salir al exterior del castillo fue directamente hacia su lugar de trabajo, una vez ahí, sintió un gran peso caer sobre sus hombros, una gran encomienda, así como una gran frustración al no poder tratar con tan terca bestia.
—Tranquilo Hiccup, es sólo una chica de color azul que está muy enojada con el mundo. —trató de comprender. — ¡Una muy terca! ¡Arggggg otra vez estoy hablando solo! Tranquilo, tranquilo…—suspiró. — A las niñas siempre les debe respetar… siempre se les debe de tratar como a un hermoso pétalo de rosa…¿no es así,… papá?
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—Tranquilo… tranquilo… —consolaba Stoick a su llorón hijo de 7 años.
— ¡Pero… pero Camicazi me pegó…!—chilló el pequeño sobándose la cabeza donde sobresalía un chichón.
—Bueno, es que si no te hubieras reído de su nuevo corte de cabello…
—Fue sin querer,… Heather también se rio y a ella no le pegó.
—Pero tú eres un varoncito, y recuerda Hiccup, a las niñas siempre hay que respetarlas y tratarlas como un hermoso pétalo de rosa
—Pero el jefe Drago hace que corten esos pétalos para que los pueda pisar después de ganar una batalla. —dijo el confundido Hiccup.
—Hiccup… es una metáfora…—trató de explicar Stoick.
—¿Qué es una metáfora?
—Ay… ahí vamos de nuevo. —suspiró el hombre. —Escucha hijo, piensa en una niña, ya sea Heather, Camicazi o incluso la pequeña Liris como una florecita.
Stoick buscó entre las hierbas de su casa para dar el ejemplo; sin embargo no encontró algo parecido más que plantas con espinas.
—Bueno, usa tu imaginación—se rindió y siguió con su explicación—… las niñas son complicadas, y tratar de comprenderlas podría tomarnos milenios, ¡muchas vidas pienso yo!, y no importa que tan gruñonas u hostiles sean, siempre hay que tratarlas con respeto y delicadeza, no digo que te dejes golpear por ellas, ¡no señor!, respeto ante todo; por tu parte siempre has que tu trato sea el mejor posible, porque ellas son como rosas, cuyos tallos están cubiertos por espinas, pero que una vez que te deshaces de ellas te encuentras con la más hermosa, suave y aromática flor que jamás puedas encontrar.
—¿Ósea que Camicazi es una flor… y le debo quitar las espinas para que me deje de golpear?…
Stoick rio.
—A lo que me refiero hijo, es que independientemente de que lo hiciste sin querer, heriste sus sentimientos, ella se defendió con sus espinas, y para deshacerte de ellas tienes que pedirle una disculpa.
—¡Oh… ya veo! ¡Ya entendí! ¡Lo haré! ¡Gracias papá!
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Más tarde ese día…
—Discúlpame por haberme reído de tu cabello. —se disculpó el arrepentido Hiccup.
—Discúlpame por haberte golpeado. —repitió la llorosa y pequeña Camicazi, y se abrazó a su amiguito.
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—No importa cuántas espinas tenga, tengo que buscar la manera de deshacerme de ellas, ¿no, papá?
Hiccup estaba dispuesto a no rendirse, volvería al castillo para hablar seriamente con la bestia, ya la había escuchado, ahora ella tendría que escucharlo; sin embargo su idea de plática a la luz de la chimenea dio un giro inesperado cuando la vio salir del castillo.
—¿A dónde irá? —se preguntó, ya que la bestia, siendo plena noche salió más allá del castillo siguiendo el flujo del rio resplandeciente, aquel que una vez le dijo que estaba prohibido seguir.
Esperaría a que llegara para no romper las reglas; sin embargo no podía contener todo lo que tenía que decir por lo que olvidándose de lo que una vez le advirtió se fue siguiéndola sigilosamente, y a él lo siguió el sigiloso fantasma.
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Mientras tanto, en los alrededores del bosque los lobos seguían acechando. Organizados en varios grupos que cubrían alrededor de la zona, para atacar cuando se diera la oportunidad.
—Jefe Kiba. —llegó un lobo vigilante a donde el lobo blanco reposaba cerca del lado oeste del castillo.
— ¿Qué quieres? ¿Encontraste algo?
—El grupo 6 encontró actividad de forasteros a unos cuantos kilómetros del rio resplandeciente… uno de ellos… Kaiser.
— ¿Kaiser? —se levantó Kiba de lugar. —¿Ese maldito perrito come pasto sigue con vida?
—¿Quiere que nos deshagamos de él…?—preguntó otro lobo.
—Estoy aburrido, y sería estúpido perder esta oportunidad… así que anda…
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"¡ ¡ ¡ ¡LARGATEEEEEE,LARGATEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE! ! ! ! !"
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— ¿Qué fue eso? —se preguntó el aturdido Kiba, pues un estruendoso grito se escuchó por toda la zona que agitó todo el bosque.
De repente una agitada loba salió por el otro extremo, trayendo consigo interesantes noticias.
—¡Jefe, jefe! el grupo 2 detectó movimiento en el lago resplandeciente, informaron que el humano huyó de la bestia al interior de bosque.
—¡Lo que esperábamos! —sonrió Kiba para sus adentros. — ¡Lobos prepárense para la cacería! ¡Esta noche mataremos a dos pájaros de un tiro!
Los lobos motivados por su jefe aullaron como si fuera un grito de batalla y corrieron en dirección hacia donde sus presas estaban.
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Minutos antes…
Hiccup no sabía a dónde se dirigía, pero todo el camino del rio conducía a un paisaje hermoso; había estado siguiendo a la bestia sin que esta se diera cuenta, deteniéndose cada cierto tiempo cada vez que veía algo curioso que le exigía ser investigado, cuando de repente una de estas cosas llamó su especial atención.
Un extraño arbusto que parecía estar compuesto de cabello, y tocándolo se dio cuenta de que efectivamente era cabello; pero no cualquier cabello…
—¡BUUUUU!
—¡Ahhhh….!
—¡Ja-ja-ja! Debiste ver tu cara hermano…
—¿Qué haces aquí Cooper? —susurró el asustado Hiccup.
—Suelo venir aquí para encontrar a mi yo interno...tú sabes.
—En realidad no, ¿está… Poppy aquí? —preguntó como no queriendo.
—No… quedó decepcionada con su cena romántica que fue a componer música a su casa.
—Oh… ¿tuvo una cita?
—No chico, ¡la tuya con la bestia! ¿Agradable chica, no?
—¿Estaban espiándonos? —cuestionó sonrojado.
—No, claro que no… éramos el entretenimiento secreto… teníamos todo un repertorio de canciones para que bailaran…
—¡Ay por Thor! —se sobó la sien Hiccup. —Está bien, hablaremos de esto después… debo… ya sabes… seguir mi camino…
—¿Ir hacia lo prohibido? Tengo gustan las emociones fuertes hermano… —canturreó el hippie troll. —Igual que al fantasmita sin nombre que te sigue.
—¿Qué? —Hiccup no supo a qué se refería el troll, hasta que miró hacia su lado derecho donde aguardaba la pequeña presencia. —¡Ay, dioses! Amigos… quédense aquí…—pidió a ambos.
—Como tú digas hermano.
El herrero se retiró rápidamente, dejando a ambas criaturas que aguardaron como se los había pedido.
—¿Crees que se meta en problemas? —preguntó Cooper.
El fantasma asintió.
—¿Quieres verlo? —
El fantasma negó.
—¡Yo sí! ¡Así que vamos!
El fantasma rodó los ojos y siguiendo la voluntad del troll se fueron a espiar al herrero.
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Hiccup corrió siguiendo a la corriente, habían pasado algunos minutos desde que se había detenido y considerando lo rápido que caminaba la bestia, aceleró el paso para no perderla; sin embargo, el recorrido terminó con los últimos arboles del bosque que dio paso a espacio abierto de césped donde había un gran lago resplandeciente. Se maravilló y a la vez sintió escalofríos pues llegando a ese lugar, todo ruido de la naturaleza se apagó, era como estar en otro mundo, donde sólo estaba él y la bestia que miraba su reflejo en el lago; y con la que acudió para poder hablar.
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A pesar de la actitud que había tomado, Astrid se encontraba devastada, frustrada por no poder ganar contra el herrero, contra los dragones, la maldición, al igual que todos sus nuevos descubrimientos, no había podido dejar de pensar en lo que le había dicho Toothless, ni tampoco el herrero sobre ayudarla.
—¿Por qué soy tan terca? —empezó a preguntarse. —¿Y si realmente si quiere ayudar?
"vivirás como una bestia hasta que aprendas el verdadero significado del sacrificio y del amor, y este sea reciproco"
Recordaba la voz de Amaru a la perfección así como su maldición.
—Pero…
"Estás tan fea. ¿Quién podría amar a una bestia tan fea como tú?... aunque la bestia se vista de seda, ¡BESTIA SE QUEDA! ¿Sabes? Hiccup me ha hablado de su tierra natal… de las hembras que hay en ese lugar… de lo hermosas que son… tal vez no entienda mucho de la belleza humana, ¡pero apuesto a que están mejores que TÚ!"
Gruñó al recordar nuevamente las palabras del dragón; no podía con todo esos sentimientos, que para tranquilizarse fue a su lugar secreto: el lago resplandeciente, ese lugar que ninguna criatura visitaba por temor, pues al llegar todo ruido dejaba de escucharse, y las aguas del lago ocultaban algunos cuantos secretos, entre uno de estos, mostrarte lo que querías ver.
Apenada, Astrid pidió al lago lo que quería.
—Muéstrame… cómo sería…—y se asomó en el lago para poder verlo.
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Hiccup se paralizó, estando a un paso de llegar con la bestia; se quedó sin palabras pues el lago entre sus ondeante movimiento, mostraba al reflejo de la bestia como a una mujer realmente hermosa.
Y no supo que era, pero enrojeció, y sintió de repente que invadía algo muy personal y dio un paso hacia atrás para no invadir la privacidad de aquella mujer, pero al hacerlo sintió que su prótesis piso algo duro, y se paralizó por completo al ver que accidentalmente había pisado la cola de la bestia.
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Astrid miró atentamente el reflejo que se tocaba la mejilla al compás de ella, era un simple ilusión, pero le dio un poco de la autoestima que tanto necesitaba; una fortaleza para lo débil que se sentía en ese momento; sin embargo su privada terapia se desvaneció cuando sintió un pisotón en su cola; al girarse se encontró con los ojos del paralizado herrero.
—¡¿ME ESTABAS ESPIANDO?! —gritó con tal fuerza que sólo retumbó en los oídos del herrero, y quiso llorar, pero del coraje que sentía al dejarse ver tan débil.
—Lo siento… no fue… no fue mi intención…—trató Hiccup de disculparse como alguna vez lo había hecho con su amiga Camicazi.
—¡Imbeci!...Vete…—gruñó la bestia entre dientes y la esclera de sus ojos se empezaron a tornar rojizos del coraje.
—Astrid… déjame explicarte….
—¡QUÉ TE VAYAS O JURO QUE TE MATARÉ!
—Astrid…
— "¡ ¡ ¡LARGATEEEEEE,LARGATEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE! ! ! !"
Un rugido tan feroz que fue capaz de romper el silencio de aquel lugar considerado como sagrado.
Fue con tal potencial que Hiccup temió por su vida, pues la bestia de ahora ojos rojos empezó a expulsar humo de sus fosas nasales y boca; corrió por su vida y quedó convencido de que ella ya no era un ser humano sino una muy bestia peligrosa.
A lo lejos, Cooper y el fantasma fueron espectadores de lo ocurrido, cuando el herrero huyó en otra dirección diferente a la corriente del rio, y al ver a la furiosa chica ellos hicieron lo mismo para alertar a todos que la bestia de la que tanto se habían estado cuidando estaba emergiendo.
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Por todos los alrededores del castillo se había podido escuchar el estruendoso grito de la bestia; entre los oyentes estaban Stormfly y Toothless, este último que siguió siendo regañado hasta que escucharon tremendo grito.
— ¡¿Qué fue eso?! —preguntó la asustada Stormfly
—No sé, pero algo me dice que tiene que ver con Hiccup y esa bestiAstrid. —dijo Toothless. —¡Vamos!
Ambos dragones se guiaron por el origen del sonido que conducía al lago resplandeciente; guiados por el inicial rio, Toothless corría gruñendo entre dientes, rezando por que la bestia no hubiera hecho o alguna tontería.
—¡Mira Toothless! —lo despertó Stormfly de sus pensamientos al ver a los agistados Cooper y al fantasma corriendo en dirección opuesta al de ellos.
—¡¿Troll qué pasó?! —fue directamente al grano el furia nocturna.
—Ella estaba ahí tranquila y sin hacer nada malo, él se acercó sin hacer nada malo, le dije que no lo hiciera, pero lo hizo, luego ella lo vio, le grito, se puso como FUAAAAAAAA, y …ya sabes… el resto es historia.
—¿Qué cosa? —preguntó la confundida dragona.
—¡¿Dónde está Hiccup?!
—Ahhh… huyó del otro lado. —señaló Cooper como si nada en dirección al lago resplandeciente
—¡Esa bestia babosa! ¡Ahora me conocerá!
—¡Toothless no! Debemos saber bien lo que pasó. —trató de detener la nadder.
—¡NOOO! ¡Ya me cansé de esa maldita bestia! ¡Esto se termina aquí! ¡No intervengan!
—Toothless qué piensas…
—¡Quédense aquí! —ordenó el furia nocturna y les lanzó una plasma. —No se atrevan siquiera a seguirme o se arrepentirán…
Stormfly quedó estática, nunca su amigo, en lo que llevaba de vida, se había mostrado tan amenazante y peligroso; y al igual que él, ya no podía protegerlo más ni a Astrid, así que lo dejó irse, aunque eso significara que perdiera a uno de ellos esa noche.
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Astrid había tardado en recuperarse de aquella conmoción que había sufrido, estaba arrepentida por cómo había echado al herrero cuando este se había disculpado con sinceridad; sin embargo ese sentir de que una bestia dentro de ella quería salir le era difícil de contener, ¿acaso ese era su verdadero yo? ¿Era la bestia en la que Amaru le dijo se convertiría si no rompía la maldición? Tenía que saberlo, se volvió al lago para ver su reflejo, y temerosa preguntó:
—Muéstrame cómo realmente soy…
El lago obedeció su petición, y su azulado reflejo se empezó a tornar turbio para mostrar a una horrible bestia deforme y de peor apariencia a la que ya tenía.
—No…—apretó el césped entre sus manos y dejó caer unas lágrimas, al ver que cómo sería su apariencia cuando se convirtiera en una verdadera bestia, en un monstruo.
—¡BestiAstrid!
Su corazón se paralizó por un segundo al escuchar la furiosa voz de Toothless detrás de ella, y dejando en el agua su horrible reflejo se puso de pie, y se giró a ver a su enemigo/protegido el cual tenía una expresión que nunca le había visto.
—¡¿dónde está Hiccup?!
—Él…huyó… en esa dirección…—apuntó arrepentida hacia su lado izquierdo.
—¡Bestia torpe! ¡¿Qué le hiciste?! —provocó el furia nocturna.
—Yo… lo asusté…no quise hacerlo…
¿Qué era lo que pasaba? Toothless se confundió la criatura frente a ella no parecía ser la BestiAstrid que conocía.
—Si le hiciste algo juro que…que…
Toothless ya no supo que decir, por el rostro que tenía la bestia parecía que ya se había castigado por su propia cuenta.
La dejó con su remordimiento y corrió en dirección hacia donde le dijo que había huido Hiccup, sin embargo en el mismo furia nocturna empezaba a surgir un nuevo sentir ¿acaso era compasión? Si así era, le gustó que saliera en el momento oportuno, pues si tenía que pelear con la bestia, tenía que hacerlo con ella al 100% en sus cabales.
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—¡Idiota, idiota!
Después de haber corrido todo un maratón, y de haber pensado lo suficiente, Hiccup se detuvo a respirar, había sido algo idiota ir al lugar que ella le marcó prohibido, pero más idiota se sintió al temerle y pensar que ella era una bestia cuando segundos atrás había logrado ver su verdadero reflejo.
—Por qué si lo era, ¿verdad? —se preguntó a sí mismo, al considerar que esa hermosa mujer era el verdadero reflejo de la bestia.
—¿Si era verdad qué? —escuchó de repente.
—¡¿Quién dijo eso?!
Asustado se giró en dirección a donde había sonado aquella voz infantil y de mujer, que espera que fuera alguna clase de predadora; sin embargo sintió alivio al encontrarse con una simpática hada que reposaba en una de las hojas que resplandecían levemente en el bosque.
—Oh… ¿eres una hada?
—Sí…¡Oh!… ¿eres un humano? —preguntó con su mismo tono.
—Sí…
—¡Aahhhhhhh humano! —lo señaló asustada.
—Tonto humano, tonto humano…
Hiccup vio de repente que por debajo del arbusto salió un gnomo de barro que le dio unas cuantas patadas a su bota y se regresó asustado al arbusto.
—¡No!… yo soy amigo… no lastimaría a nadie. —trató de tranquilizar el herrero.
—Díselos a nuestros antepasados. —dijo la sonriente hada. —En especial a los de mi amigo Kaiser…
—¿Kaiser?
De repente de entre el arbusto, un amenazante lobo emergió por debajo de ella mostrando sus filosos dientes.
—Lindo lobito. —trató de calmar Hiccup.
— ¿Así estoy bien? —preguntó Kaiser entre sus gruñidos.
—¿Eh?…
—Sí, espectacular… lo tienes muerto de miedo. —Le susurró Lavander.
— ¡Un momento! ¿Estás fingiendo? —acusó Hiccup al lobo.
—Eh… ¿qué? No, claro que no… es decir…Grrrrrr humano témeme. —siguió gruñendo el lobo ignorante de que el herrero podía entenderlo.
—Sí humano,… teme por tu vida…—ayudó Lavander tratando de asustarlo.
—Témenos mucho. —salió Bo de entre los arbustos y se volvió a ocultar.
—Ya paren su teatro, ¿saben?… puedo entender lo que dice este lobo y sé está fingiendo.
—¿Qué? ¿Cómo? —paró Kaiser su actuación.
—Aun no lo sé, pero te acabo de entender exactamente.
—Oh… que interesante humano. —voló el hada para estar a la altura de su rostro. —Y estás muy lindo…
—Oye… oye… distancia. —pidió Bo al ver la peligrosa cercanía del humano con el hada.
—¡Ven Bo!… no te va a morder…—animó al pequeño miedoso que volvió a ocultarse entre las patas de Kaiser. —Y dime lindo humano… ¿qué haces aquí?
—Me llamo Hiccup, y vengo del castillo ese que está en ruinas en una parte de aquí…
—¡No! ¿Apoco? —exclamó Lavander interesada.
— ¿Y qué haces aquí….?—volvió a cuestionar Kaiser.
—Yo hui… de alguien…
— ¿De quién Hipocate? —preguntó Bo saliendo del escondite.
—Es Hiccup, y hui de… una… una chica
—¿Te acosaba? —preguntó el hada intrigada.
—Eh… no, más bien yo la hice enfadar… y quiero volver al castillo para disculparme.
—Oh… que encanto de humano… descuida, te ayudaremos a volver.
— ¿Lo haremos? —replicó Bo desconfiando.
—Claro…¿Nos permites un segundito? —pidió el hada al herrero. —¡JUNTA!
Y las tres criaturas se reunieron en circulo para debatir sobre el recién conocido.
—¿Por qué quieres ayudarlo Lavander? —preguntó Bo
—Es muy lindo, pero lo más interesante ¡es que dijo que venía del castillo! ¡Ahí podemos ocultar a Kaiser!
—¿En el lugar de los dragones y la bestia rara que mi padre me dijo que vivía ahí?… ¿no crees que sea peligroso? —preguntó Kaiser.
—No creo que sea tan malo si alguien como él vive ahí. —señaló a Hiccup que era oyente de todos cuchicheos nada discretos.
—Bueno… no parece ser tan malo…
—No lo es… ¿entonces es un sí?
—Sí. —aceptó Kaiser
—No. —Respondió Bo
—¡Excelente! Todos de acuerdo, llevaremos a ese chico de vuelta al castillo. —animó Lavander.
Las criaturas terminaron su junta, y como si Hiccup no hubiera estado ahí todo ese tiempo le comunicaron en grupo la decisión, que se resumió en un "Te ayudaremos".
—Así que andado, o pronto oscurecerá…—ordenó Lavander tomando el liderazgo del grupo.
—Pero ya es de noche…—recordó Hiccup.
—Humano "Hipocate" se ve que no sabes nada… las plantas se apagan una vez que la luna llega a su punto más alto. —señaló Bo al cielo, donde la luna era clara y se encontraba a nada de llegar a tal punto.
El herrero comprendió que aún le faltaba mucho que aprender de ese lugar, y se apresuró para seguir al más grande de la manada, sin embargo…
—Oh, oh… tenemos problemas. —escuchó decir a Lavander, pues alrededor de ellos aparecieron varios y enormes lobos.
—¡Ay, no… otra vez!...¡Debemos huir, sube Bo, sube muchacho! —alertó Kaiser.
Se agachó rápidamente para que Hiccup pudiera montarlo, este nada lento se trepó y ayudó al gnomo a hacerlo; y huyeron por un costado desatando una persecución peligrosa de caninos, que aullaron a la luz de la luna para dar comienzo con su cacería.
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No muy lejos de ahí, Toothless seguía buscando a Hiccup, cuando escuchó los aullidos de los lobos, supo de inmediato que este estaba en peligro y guiándose por el sonido de los caninos corrió a donde detectó el peligro.
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En el lago resplandeciente, Astrid seguía arrepentida de lo que había hecho con el herrero y en general con toda su vida que se resumían a una llena de amargura y soledad, más sus problemas se hicieron mínimos, cuando se escucharon unos aullidos de lobos tanto cerca, como lejos de ella.
—Hiccup… Toothless…—fueron los primeros que se le vinieron en la mente cuando escuchó los aullidos.
—¡Astrid, Astrid!
La acongojada bestia vio que Stormfly acompañado del troll y el fantasma se acercaban presurosos a ella.
—¿Qué pasó? —preguntó la nadder. —¿Dónde está Toothless y ese muchacho?
—No hay tiempo Stormfly… llévate a Cooper de vuelta al castillo, que ningún dragón salga, hasta que yo llegue.
—Pero… pero…
—¡Sólo obedece! —gritó asustando a la nadder, sin embargo se serenó de inmediato—Haz caso Stormfly, iré por Toothless y… Hiccup. ¿Me guiarías? —pidió al fantasma que se asintió de inmediato mostrando sus ojos como un valeroso espíritu.
Con él fue con el único que se retiró dejando a la dragona y al troll, preocupados, en especial a la nadder que podía percibir a la perfección todos los aullidos de los lobos que se acrecentaron a lo lejos.
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Kaiser era un lobo veloz, sin embargo sus iguales estaban a la par de él, Hiccup se encontraba preocupado, le daba vistazos a la luna y su posición; esperando que pudieran perder a todos esos salvajes lobos antes de que la poca luz que había se apagara; sin embargo una embestida al costado del lobo negro acabó con tal deseo y más cuando todos cayeron al suelo.
—¡Lavander, Lavander…!—escuchó al gnomo llorar por la inconsciente hada que estaba en el suelo.
A tientas, el adolorido Hiccup rápidamente se reincorporó y fue por ambos para tratar de protegerlos, así como Kaiser que se levantó pesadamente para recibir al recién llegado, su ex hermano adoptado.
—Kiba…—gruñó con rencor.
—¿Lo conoces?...preguntó Hiccup ya con Bo y Lavander entre sus brazos.
—Sí…era mi hermano.
—Adoptado. —aclaró Kiba. —Vaya Kaiser… no esperaba encontrar por aquí…
—Los asuntos que quieras arreglar conmigo Kiba adelante, a ellos, déjalos huir…—desafío el negro sin titubeo alguno, más que nada por la pequeña hada que estaba desmayada.
—Muy valeroso de tu parte Kaiser… ¿pero quién dijo que te quería a ti? —insinuó el lobo viendo a Hiccup.
—¿A mí? —preguntó este confundido.
—No seas tonto… claro que no es a ti…
Dicho esto el lobo saltó de su lugar pues un pelicular sonido de entre la maleza se hizo notar con una explosión de plasma que cayó en el lugar donde había estado.
—¿Toothless? —se asustó Hiccup al ver a su amigo llegando a lugar del enfrentamiento.
El dragón negro de manera amenazante se puso a la par de los buenos.
—Querido Toothless, te estábamos esperando…
—Ha llegado el momento lobo, saldaremos las cuentas pendientes. —gruñó el furia nocturna y lanzó una plasma a su contrincante que con gran habilidad volvió a esquivarlo, para después lanzarse ferozmente hacia él.
— ¡Toothless! —exclamó el preocupado Hiccup, levantando con su quejidos a la atolondrada hada.
—¡Ay, miren es un dragón! —se recuperó espantada.
—¡Debemos ayudarlo! —dijo Hiccup sin saber qué hacer, mirando a su alrededor tratando de encontrar algo que usar como arma.
Kaiser fue el que intervino para ayudarlo, pero sus intenciones fueron desechas cuando un lobo bicolor le hizo frente y lo atacó al igual que el alfa. Ahora eran dos animales a los cuales ayudar y la lista se incrementaría cuando vio que tanto él como el hada y el gnomo comenzaron a ser acechados por el resto de la manada presente.
No muy lejos de ellos, Kiba tenía al furia nocturna contra la tierra y trataba de morderle el cuello, el furia se había estado defendiendo lanzando sus plasmas al azar y sin lograr ningún tiro, hasta que se quedó sin municiones.
—Tonto Toothless… ¿para qué enfrentarme si ni siquiera sabes pelear? Reconócelo… nunca serás como tu padre, con él si me hubiera gustado pelear…y por supuesto matarlo…
—Cállate…—gruñó este tratando de zafarse de todo su peso y sintiendo una gran vergüenza.
—Pero ¿sabes? —detuvo el lobo de repente su forcejeo. —Tú tampoco eras al que esperaba… no eres rival para mi…
—¿qué…?
El atónito furia nocturna se quedó estático sintiendo de repente que lobo se quitó de encima de él, al compás de que un gruñido femenino se hacía presente en el campo de batalla el cual fue acompañado de una embestida que empujó alejó al lobo blanco como la vez anterior.
Kiba resistió su golpe, pues era algo que esperaba y tan pronto llegó la bestia azulada los lobos se formaron detrás de él para comenzar la verdadera batalla, dejando a Hiccup y a los demás en paz.
— ¿Astrid…?—balbuceó Hiccup al comprender que no era Kaiser, ni Toothless, ni él lo que estaba esperando Kiba y el resto de los lobos.
— ¡Huye herrero! ¡Llévate a todos! —pidió la bestia a los que estaban de su lado, incluyendo al pasmado Toothless.
No les dio tiempo de replicar aquella orden, cuando el deshonroso Kiba se lanzó hacia la bestia para atacarla, y a pesar de que parecía que ella podía contener su poder, pronto los demás los lobos lo siguieron para atacarla por todos lados.
Astrid trataba de contener a todos al mismo tiempo, pateaba, abofeteaba, y acuchillaba con su cola a quien se metiera, pero eran demasiados, pronto empezó a sentir como aquella ropa que recién se había encontrado empezó a ser desgarrada por los lobos hambrientos de venganza.
— ¡Tenemos que ayudarla! —Se frustró el herrero al ver como a pesar de las habilidades de la bestia estaba siendo derrotada.
—Creo que debemos de huir como ella dijo. —opinó el devastado Toothless al ver qué tan inútil era que ni siquiera era digno combatiente del lobo.
—Pero la van a matar. —Chilló Lavander, a pesar de que no conocía a la recién llegada se sintió impotente al verla atacada por tanto lobo.
—Si no pude con uno, no creo que pueda con todos ellos… lo siento, soy un cobarde. —Se lamentó Kaiser.
—¡Pero ¿qué cosas dicen?! —Exclamó Hiccup al ver al quebrantado equipo.
Siendo el único al que le quedaba con algo de atrevimiento, tomó la roca más grande que encontró y corrió para tratar de salvarla.
—¡Hiccup! —gritó Toothless más no fue detrás de él, y tampoco el herrero fue necesario cuando de entre los lobos se escuchó un pesado rugido, que causó escalofríos a los caninos.
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La atacada Astrid, al sentir que ya no podía, y frustrada con aquello, sintió de nuevo aquel revuelo que odiaba y que salió expulsado con un gran rugido, de entre los ataques de los lobos, sintió una renovada y salvaje fuerza que aventó a unos cuantos caninos se le puso enfrente y que terminaron estrellados en un árbol, y el cual asustó a unos cuantos de la manada.
— ¿Qué? —se extrañó Kiba, quien vio otra fiera mirada en su enemiga y que atacó con salvajismo a otro lobo que la enfrentó y que terminó incrustado en su filosa cola, justo cuando la luces se apagaron donde sólo destellaron unos tenebrosos ojos rojizos.
Fue entonces que fue suficiente para Kiba para retractarse del plan ya que aquello con lo que se estaban enfrentando no era una bestia ordinaria sino un monstruo. Aulló en señal de huida y sus lobos huyeron despavoridos de la salvaje bestia.
Hiccup se quedó a medio camino con la roca en su mano, así como con sus intenciones de ayudar; las luces se habían apagado y los lobos se habían retirado; de la poca luz que se les ofrecía la luna sólo alcanzó a ver la silueta de su salvadora, que seguía emitiendo un pesado y agitado respirar.
—Astrid…—llamó con precaución al sentirla intranquila.
La escuchó gruñir como a un animal herido y vio cómo su silueta se alejó temerosa de él.
— Calma… tranquila. ¿Por qué no puedo entenderte? —se extrañó de no entender aquellos extraños gruñidos que emitía. —Todo está bien…ya se fueron
Se siguió acercando a ella pero entre más lo hacía, ella se alejaba cojeando asustada y gruñendo con dolor.
—Tranquila… no te haré daño. —alzó Hiccup su mano para alcanzarla.
Mientras tanto, los demás muy apenas podía ver lo que pasaba entre tanta oscuridad, hasta que una luz se encendió gracias al pequeño espíritu, que había estado presente en toda la batalla, y que acrecentó su esencia para iluminar todo alrededor.
Justo en el momento en que el herrero tenía alzada la mano hacia la temerosa bestia, que lucía tal cual Toothless y Hiccup la conocían, con la diferencia de que su ropaje estaba desagarrado y estaba cubierta de sangre por todos lados, y quien se dejó caer al ya no poder con todas sus heridas.
—¡Astrid! —La tomó Hiccup entre sus brazos.
Pronto Lavander, Bo y Kaiser se apresuraron a acudir con ellos dejando a Toothless más confundido de lo que estaba, pues un pensamiento extraño surgió dentro de él cuando la vio caer: "Su bestiAstrid" estaba muy mal herida.
— ¡Toothless! —lo despertó Hiccup de sus pensamientos. — ¡Ayúdame a llevarla al castillo! ¡Está muy mal herida!
¿Qué debía hacer? El furia nocturna no supo cómo abordar tal petición que siguió paralizado en su lugar.
—Toothless. —susurró Hiccup al ver que su amigo también estaba herido, pero más que nada en espíritu.
—Yo la llevaré…—se ofreció Kaiser agachándose para que Hiccup pudiera ponerla en su lomo, donde Lavander y Bo se aseguraron que estaría estable.
—Adelántense. Guíalos, por favor. —pidió Hiccup al pequeño fantasma que iluminaría todo su camino.
Estos obedecieron y se fueron llevándose la luz con ellos, Hiccup se regresó a donde estaba el perturbado Toothless, que seguía con su mirada en el suelo.
—Ella estará bien, amigo. —trató de comprender el triste herrero. —Andando… vámonos.
El furia nocturna asintió sin decir ninguna palabra, reprimiendo todos esos nuevos sentimientos que sentía hacía su protectora, los cuales se resumían en una palabra: compasión.
Continuará.
A partir creo que empezará lo bueno (eso creo) Espero les haya gustado, una disculpa por la tardanza,
Una aclaración; Astrid no se sonroja, en lugar de eso se "azula" o se pone más oscura, algo que de ahora en adelante se verá que hará mucho XD:
Sección de comentarios y dudas:
Vivi: Bueno fue la última pelea por el momento, empezará digamos una serie de renconciliaciones de ahora en adelante, gracias por leer. Saludos.
Violeta: Pues no la empeoraron lo bueno, aun no, XD, aunque no lo creo, pero ya se reunirá todo el equipo de hadas madrinas. XD. Saludos.
Dragon Viking: Por suerte no lo fastidiaron, pero si le metieron muchas ideas a Astrid, y pronto meterán más en su cabecita XD. Saludos.
Evir: Pues habrá algunos cambios a partir de este momento en especial en Astrid y Toothless, quienes son los más lastimados psicológicamente, pero todo irá por un camino de bien.
Zel Ol.- me emocioné cuando vi tu review ya que fue como que ohhhh, una escritora que admiro leyó mi historia XD, gracias, y espero que te siga gustando ya que me quiero enfocar en algo más que va más allá de la belleza interna y externa como te lo pinta la historia de la bella y la bestia. Espero seguir leyéndote por aquí, pronto me pondré al leer el último capítulo que subiste. Saludos.
A los lectores anónimos, seguidores y favoritos, hasta la próxima. Saludos.
19 de noviembre de 2017
