Disclaimer: lo de siempre ^^ Ranma ½ es propiedad de Rumiko Takahashi y no escribo esta historia con afán de lucro

Las cosas se me complicaron tanto con este capítulo que tuve que dividirlo en dos partes… Espero que os guste ^^

Capítulo 10: "Aclarando términos II "

Ranma y Akane no podían quitar los ojos de encima de Ryoga. Estaba más apalizado de lo que le habían visto jamás y eso no era cualquier cosa. Parecía tenerse en pie por pura cabezonería.

Ranma había temido el momento en que Akane se encontrara con Ryoga, a quien a pesar de todo tenía gran aprecio. Quizá fuera por los recientes acontecimientos, pero se sentía magnánimo con el chico perdido y no le veía capaz de resistir una tunda de Akane en esas circunstancias. Pero pronto quedó claro que se preocupaba por nada, ya que al parecer su prometida se encontraba del mismo humor que él. Al menos aún no había encendido su aura y miraba al chico cerdo tan expectante como el propio Ranma.

Al verles bajar, Ryoga les saludó con ojos bajos, nervioso, esperando la reacción de Akane. No podría dejar que le matara sin contarles lo de Shinji, pero no sabía por dónde empezar. Ranma hizo un esfuerzo por romper el hielo. Si Ryoga había vuelto tan pronto, o estaba intentado suicidarse o tenía algo importante que decir. Las marcas de pelea que llevaba encima parecían el motivo más probable de su visita.

- Ryoga ¿qué te ha pasado? ¿Te atropelló un camión?

- Muy gracioso, Ranma. Pero cuando te lo cuente no te hará tanta gracia – Ryoga se aventuró a mirar a Akane de refilón, evaluando su nivel de enfado.

Akane se sentía mareada por los acontecimientos. Enfrentar a Ryoga era lo último que necesitaba en ese día de sorpresas, y se revolvió incómoda. A pesar de todo lo que había pensado desde que descubrió el secretito de P-chan, se encontró a si misma más molesta de lo que esperaba en presencia del chico, pero imaginaba lo mismo que Ranma y no dudaba de que Ryoga tuviera una razón de peso para aparecer así. Ryoga notó su incomodidad.

- Akane-san, me siento completamente avergonzado de mi actitud y quisiera pedir tu perdón una vez más – dijo ceremoniosamente, pero muerto de miedo – Si he tenido el descaro de acercarme a ti de nuevo ha sido por una causa mayor.

- Ryoga… - empezó ella, sin saber muy bien qué decir – te perdono, pero reconozco que estoy defraudada contigo. Me dolió mucho enterarme de lo de tu maldición. Así que, si no te importa, preferiría que dejásemos el tema y nos explicases lo que te ha ocurrido – Ryoga asintió

- Fue de lo más extraño. Yo hubiera jurado que estaba en Pekín – empezó, hablando para sí. A Ranma y Akane se les escurrió una gota de sudor

- Si, claro, P…Ryoga, tu sentido de la orientación no tiene precio – Ranma no quería hacer leña del árbol caído, pero Ryoga despachó su comentario con una mirada de indignación.

- ¡¿Quieres saber lo que ocurrió o no?!

- Claro

- Fue Shinji – tanto Ranma como su prometida se envararon, sorprendidos

- ¡¿Shinji?! ¿él te dio esta paliza? No puedo creerlo – dijo Akane, acongojada - ¿fue…por mi culpa?

- Ya vale, Akane – dijo Ranma molesto por el encontronazo entre los dos pretendientes de "su" novia y la preocupación de esta - ¿Dónde demonios pasó eso, Ryoga? Tengo cierta cuenta pendiente con ese cabronazo ¿No sigue en el templo?

- No, dejó el templo unos días antes de cruzármelo por casualidad. Estaba bastante lejos, no podría decirte dónde porque no lo tengo claro. Para evitar problemas, me transformé en… bueno, me escondí en un camión que transportaba productos a esta zona para acercarme con antelación y daros un margen de tiempo. Pero Ranma, ten cuidado, Shinji no es él mismo.

- ¿Qué quieres decir? – dijo Ranma, entrecerrando los ojos

- Shampoo le lanzó un hechizo. Y viene a por vosotros

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- ¡Túuuu! – bramó Yoshida, incapaz de creer lo que veían sus ojos. Shampoo le miró desconcertada

- ¿Yoshida-san? Fue mi maestro en el templo del dragón, abuelita – explicó en chino – No sé qué hará por aquí.

El anciano se acercó a una velocidad impresionante dispuesto a zarandear a la chica china, que se quedó descolocada al adivinar sus intenciones. Cologne tiró la bolsa de viaje que acarreaba e interpuso su bastón, irritada.

- ¿Se puede saber por qué pretende golpear a mi nieta?

- ¿Es usted Cologne, de la aldea de supremacía femenina? – preguntó Yoshida. haciendo un esfuerzo por calmarse.

La frustración de saber que sólo su intervención evitaría un desastre sin tener idea de dónde acudir, estaba minando su autocontrol, que de por si no era muy elevado. Respiró y señaló a Shampoo conteniéndose de montar un espectáculo.

- Que sepa usted, Cologne que su nieta aquí presente ha cometido una irresponsabilidad que podría cobrarse víctimas inocentes – Cologne le escrutó

- ¿De qué está hablando, Shampoo?

- Ni idea, abuela – la chica estaba francamente asombrada

- ¿Has hecho algún hechizo últimamente?

- Sólo el punto de presión de la pasión desmedida

- Pero lo has intentado en más ocasiones y el ex - yerno nunca reaccionó a ese hechizo. Él ya tiene sentimientos por otra mujer

- Hace meses que no lo intento con Ranma. Lo hice con Shinji, el campesino que le retó. Estaba enamorado de Akane y traté de dejarles un recuerdo. Ranma tiene que haber rabiado… - se dijo complacida.

- ¡¿Y lo dices tan tranquila?! ¿Sabes lo que has provocado, muchacha? – exigió Yoshida, perdiendo los papeles de nuevo. Colgone la miraba horrorizada

- ¡Shampoo, modificaste el hechizo! – la aludida no acababa de comprender a dónde querían ir a parar los ancianos. A su lado, Mouse, que había permanecido callado, dio un respingo

- Shampoo, ¿cómo fuiste capaz?

- ¡No sé de qué estáis hablando! Shinji se descontroló más de lo que esperaba, pero el efecto dura sólo una semana y Akane podía patearle si la cosa se salía de madre. Con un par de golpes contundentes el hechizo se rompe – explicó ella

- Dios mío…- se lamentaba Cologne – tenemos que volver a Nerima de inmediato

- ¡¿Qué?! – se quejó Shampoo – ¡No quiero volver! Además, estamos a sólo dos días de la aldea

- ¡No lo entiendes, Shampoo! Si no arreglamos esto lo más probable es que nunca te dejen regresar al pueblo. Has cometido un error terrible. ¡Has realizado un conjuro prohibido! Probablemente hayas acabado con ese chico

- ¡¿Qué?! – Mouse intervino tratando de apaciguar los ánimos.

- Tenemos que avisar a Ranma de inmediato y ayudarle a contener a Shinji. Lo más seguro es que ya esté de camino a Nerima para matarle

- ¿Sabéis dónde está esa pareja? – Yoshida –san exhaló aliviado – pues no tenemos tiempo que perder

- /// -

- No necesito tu ayuda, Ryoga – porfiaba Ranma, con el puño en alto y una mueca de furia – ¡Yo solo me basto y me sobro para quitarle a ese desgraciado la idea de acercarse a Akane!

- ¡Pero Ranma, Shinji no tiene la culpa de lo que ha pasado! – se quejó Akane, intentando que su prometido entrara en razón.

Estaba asustada. Más que asustada, aterrorizada. Por lo que decía Ryoga, Shinji venía en camino dispuesto a… No soportaba siquiera pensar en ello. Con la horrible experiencia que había vivido se hacía una idea de lo que la esperaba, y también sabía que Ranma la protegería hasta el final. Él podría morir. "Ranma" Akane apretó los puños con el espantoso pensamiento. Pero no podía olvidar que su buen amigo seguía ahí, en algún lugar de la conciencia de ese monstruo, y ella tenía que salvarlo como fuera. Por lo que Shinji decía, Shampoo le había aplicado un punto de presión inconsciente de los efectos que provocaba, pero aún así…si volvía a cruzarse con la china la partiría la cara aunque tuviera que pasarse el resto de su vida intentando evitar que la matase. "¡Esa maldita!"

Ranma se negaba a escucharla y se había tirado media hora bramando en el oído de Ryoga los mayores juramentos de su repertorio, que era considerablemente extenso. Sus problemas con Shinji venían desde antes del hechizo, y estaba cegado por la gravedad de sus amenazas. Además, estaba más que furioso con Shampoo. La acción de esa descerebrada podría destrozar la vida de Akane. Ryoga y la chica le dejaron desahogarse. Le conocían bien, y sabían que en cuanto de tranquilizara, Ranma intentaría todo para ayudar al muchacho por más rival que fuera.

Al final, Ranma se cansó de gritar y guardó silencio, reconcentrado en sí mismo, mientras que Akane y Ryoga le observaban desalentados. Akane parecía asustada, y Ranma sabía que no era para menos. Aunque no lo reconociera en un millón de años, él también se sentía acongojado por la idea de que un peligro así se cerniera sobre ella. Si Ranma no era capaz de sacar a Shinji del hechizo, tendría que derrotarle, y Ryoga afirmaba que era una fuerza de la naturaleza. En su fuero interno, Ranma se preguntaba si podría protegerla.

- Tenemos que encontrar la manera de sacarle del hechizo, Ranma – le dijo Akane, mirándole seriamente – Es la única opción – Ryoga asintió.

- ¿Y cómo demonios vamos a hacerlo sin la vieja bruja ni Happosai para pedirles consejo? – replicó Ranma – La única solución es entrenarnos y estar preparados para cuando se presente. Ranma Saotome nunca pierde – dijo con el puño en alto, convenciéndose con una pose heroica. Si se trataba de Akane, daría lo mejor de sí.

Akane y Ryoga sintieron una gota de sudor escurriéndose por la nuca ante el tono chulesco de Ranma, pero ya estaban acostumbrados a sus bravatas y no le dieron más importancia.

- Antes de que luchemos intentaré hacerle entrar en razón – dijo Akane firmemente – Quizá me escuche. Shinji tiene que estar ahí dentro, en alguna parte.

- ¡Ni sueñes con que te deje acercarte a él de nuevo! ¿Has olvidado lo que pasó la última vez?

- Pero…

- ¡No insistas Akane! ¡No lo permitiré! ¡Es mi última palabra! – Akane le miró furiosa. Ella era casi tan buena artista marcial como él y no iba a sentarse de brazos cruzados a esperar a que un amigo poseído le matara. "El muy terco…" – Lo mejor es que avisemos a la familia y que os vayáis lo antes posible

- ¡¿Qué?! – estalló Akane, con el aura a tope y una mirada que prometía muerte – ¡Ranmaaaa! Si esperas que me vaya ya puedes hacerlo sentado.

- ¡Desde luego que te irás!

- ¡No!

- ¡Ya lo creo que sí! – gritó Ranma, encarándola. Akane le arreó un mazazo – ¡Marimacho! ¡Eres imposible!

Ryoga observaba el cariñoso intercambio con una gota de sudor, tentado a intervenir pero temiendo por su integridad física, bastante maltrecha. Los tortolitos continuaban diciéndose lindezas

- ¡Yo seré imposible, pero tú eres un imbécil! ¡Y un machista de lo peor!

- ¡Estúpida! – gritaba Ranma tirándose de los pelos - ¡¿Necesitas un dibujo de lo que te hará ese degenerado si te pone las manos encima?! – Akane detuvo el mazazo que estaba a punto de lanzar y se le quedó mirando con una mueca en la que se entremezclaban el horror y la resolución

- ¿Te crees que dejará de buscarme por irme de aquí? Yo me quedo contigo, Ranma – le dijo seriamente, olvidando su enfado – Antes de que me ponga un solo dedo encima…

- ¡Akane! – Ranma la miró decidido – No te tocará

Akane apretó con fuerza una mano de Ranma y se miraron por un largo instante. Ryoga los observó dolorido. Una cosa era asumir que Akane y Ranma se querían y otra muy diferente tener que ser testigo de sus muestras. Carraspeó para hacerse notar

- Bueno, si no os importa iré a saludar al resto de la familia – dijo, hundido.

Ranma comprendió al chico perdido y soltó a Akane en un gesto brusco que la molestó hasta cayó en la cuenta de los motivos de su prometido. Ella no quería apenar a Ryoga de ningún modo, pero había procurado no pensar en él tras lo del templo y le costaba acostumbrarse a la idea de lo que había descubierto sobre su amigo. Se estaba comportando como una insensible.

Además, Akane deseaba discutir con Ranma a solas lo que les había contado. Sonrió forzadamente.

- Claro, Ryoga. Enseguida te vemos – este ya salía por la puerta del dojo, yendo en dirección contraria a la entrada de la casa. Akane y Ranma le miraban apabullados

- Imagina – dijo Ranma – se pierde incluso teniendo el camino marcado por baldosas y una tejavana…

Recuperados de la escena que acababan de presenciar, se sentaron en el suelo tomándose de la mano, profundamente preocupados por lo que se les venía encima

- Ranma, tenemos que sacar a la familia de aquí, pero no podemos contarles lo que sucede o se negarán a marcharse. Si mi padre se entera de lo que planea Shinji le dará un ataque, y Kasumi y Nabiki son muy guapas… – dijo, espantándose con la idea

- Si, lo mismo mi viejo y el tuyo se interponen. No sé si podría protegeros a las tres a la vez. Sería muy peligroso para todos… Akane, sigo pensando lo mismo, tienes que irte con ellos.

- No – fue la contundente respuesta de la morena, hastiada del tema

- ¿No ves que si no te encuentra aquí no sabrá dónde buscarte?

- Pues ven conmigo

- ¡¿Qué?! Ranma Saotome nunca rechaza un desafío – dijo, mirándola con reprobación - ¿Cómo se te ocurre sugerir que me vaya? ¿Estás tonta o qué te pasa?

- Eso podría decirlo yo – dijo Akane, encendiéndose de rabia - ¡¿Cuando entenderás que soy una artista marcial como tú?! No voy a salir corriendo. Si Ranma Saotome nunca rechaza un desafío, Akane Tendo tampoco lo hará. Acostúmbrate a la idea – dijo orgullosamente, levantando la barbilla y retando a su prometido.

- ¡Akane, que no te ha desafiado! ¡Pretende forzarte, estúpida! – Ranma se levantó demasiado alterado como para estarse quieto

- ¡El único estúpido aquí eres tú! Te recuerdo que no sólo viene a eso. ¡Ha prometido matarte!

- ¡Que lo intente si tiene huevos! Le vencí una vez y volveré a hacerlo – Akane estaba perdiendo la paciencia y respiró hondo, cogiendo la cara de Ranma y obligándole a centrar su atención en ella

- Ranma, esto no es un reto como los demás. Shinji va a intentar matarte de veras ¡mira cómo dejó a Ryoga! Está vivo de misericordia, Yo también soy fuerte. No te voy a privar de un aliado contra ese maldito hechizo. Tenemos que vencer a Shinji y librarle de la maldición.

Ranma la miró indeciso. Entendía la postura de Akane y verdaderamente la chica podía marcar una diferencia en la lucha, pero arriesgarla así… Claro que la chica tampoco le daba opciones, y sabía positivamente que no soportaría alejarse de ella viéndola en peligro. Así que asintió a su pesar, rezando por no tener que arrepentirse. Akane le sonrió de tal manera que se sintió recompensado.

- Pues vamos a buscar a Ryoga y comencemos los entrenamientos – dijo el chico – Ah, y Akane…

- Si – contestó ella contenta – si lo veo mal salgo corriendo

- Exactamente – Akane sacudió la cabeza y siguió a su prometido a la casa.

Como imaginaban, de Ryoga no había ni rastro. Ranma se puso de mal humor imaginando que con su suerte ya estaría en Tokio. Ese cerdo era el único que había enfrentado a Shinji y necesitaba tanto su orientación para preparar el combate a conciencia como su fuerza a la hora de la verdad. Resopló enfadado

- Genial. Ahora tendré que perder quien sabe cuanto tiempo en encontrar a ese cerdo

- Te acompaño

- Na, quédate aquí. La última vez que intenté encontrarle tardé tres días – A Akane se la escurrió una gota de sudor mientras que Ranma lucía desalentado

- Pues ve inmediatamente. Todavía no puede encontrarse tan lejos

- Te sorprenderías – masculló Ranma

- /// -

Akane había decidido empezar con su entrenamiento a solas. Se sentía demasiado inquieta como para hacer nada más y disimulaba fatal ante su familia. Si la vieran con esa cara, empezarían a hacerle preguntas incómodas que Akane no estaba dispuesta a responder. Se imponía pensar en una buena excusa para que su familia desapareciera por unos días. Si lo dejaba en manos de Ranma, lo más probable es que se les colgaran encima con más afán, entorpeciéndoles "Ese bocazas…Ranma…" se dijo, soñadora.

Incluso con la amenaza que planeaba sobre sus cabezas, Akane estaba feliz. Feliz no, radiante. Radiante no… las palabras se le quedaban cortas para describir lo que sentía al pensar en ese idiota. Era verdad que aún no le había dicho nada y Akane lo echaba de menos, pero sus actos hablaban por sí solos, ¿no? Estaba segura de que en un momento u otro le hablaría sobre sus sentimientos.

¿Qué pensaría sobre la boda? Akane llevaba todo el día meditando acerca del tema. Sinceramente, estaba loca por Ranma, pero casarse a esas alturas, con sus edades y sus circunstancias, le parecía una enormidad. Necesitarían tiempo para ver cómo avanzaba su relación. Aunque por otro lado, había guardado su amor por el chico durante tanto tiempo que a pesar de sus melindres iniciales, se moría de ganas por ponerle las manos encima, y si les pillaban podían darse por casados en un tres por dos. Pero el riesgo sin duda merecía la pena.

De hecho, ahora que lo pensaba, se sentía ligeramente molesta por no haber aprovechado la oportunidad cuando Ryoga les dejó solos. Si apenas unos besos la alteraban así, ¿cómo sería…? Akane sacudí la cabeza espantada consigo misma "¡Dios mío! Soy una pervertida"

Intentando concentrarse en lo que resultaba verdaderamente urgente, pensó en la manera en la que podría contener a Shinji, pero no funcionó; la mente volvía a Ranma una y otra vez. Akane frunció el ceño molesta. ¿Por qué siempre había algún pirado que se dedicaba a joder su relación en el momento más inoportuno? Pero ese pensamiento la hizo sentir egoísta. No haría eso sólo por evitar el peligro. Tenía que ayudar a Shinji como fuera…

- Cuick, cuick – al oír el familiar sonido, Akane, que llevaba un rato distraída perdida en sus pensamientos, se giró con una gran sonrisa, abriendo los brazos en un acto reflejo

- ¡P-ch… - Akane se quedó quieta en una postura más bien ridícula, con los brazos abiertos, medio agachada y con un pie en el aire. Se recompuso con la mayor dignidad que fue capaz con cara de circunstancias, molesta con su reacción "Esto sí que va a resultar difícil de asimilar"– Esto, hola Ryoga.

El cerdito miraba al suelo, avergonzado. Akane se rindió

- Sígueme. Te guiaré hasta el baño

- /// -

Prevenida de la habilidad de su antigua mascota para perderse allí donde era imposible hacerlo, le esperó en el pasillo. Ryoga salió del baño en un momento, sin valor para mirar a Akane a la cara y buscando alguna escapatoria. La reacción de Akane al ver al cerdito había sido decididamente humillante para ambos.

- Eh, ¿dónde está Ranma?

- Ha salido a buscarte – le contestó la chica, intentando tratarle con normalidad

- Ah. Iré a por él – Akane sintió una gota de sudor en la nuca

- No, no te molestes, casi mejor empezamos con el entrenamiento, ¿te parece? Él vendrá en seguida

- /// -

Ranma empezaba a frustrarse cuando pasó por delante de Utchan y se le ocurrió parar a preguntar si tenían noticias del cerdo. Al fin y al cabo, el idiota de Ryoga había salido en esta dirección y Ranma se estaba cansando de dar vueltas en círculos. Entró como una tromba en el restaurante a pesar de estar cerrado, porque Ukyo solía dejar la puerta sin llave.

- Ukyo, ¿has visto a...?

Se quedó mudo ante la escena. Ukyo y un desconocido se besaban con mucho entusiasmo. Ukyo dio un grito y saltó lejos de Hideki, que le echó una mirada penetrante. Ranma también estuvo tentado de gritar. No sabía donde meterse y la mandíbula se le había desencajado hasta chocar con el suelo. Trató de recomponerse más avergonzado de lo que había estado en mucho tiempo.

- Perdón, lo siento mucho, no quería interrumpir… yo… ¡Adiós!- dijo atropelladamente, tratando de salir por piernas

- Espera – el desconocido se acercó – ¿Tú eres Ranma Saotome?

"Adiós" pensó Ranma "Lo que me faltaba para el duro. Una de dos, o quiere matarme por algún rollo del viejo, o quiere matarme para casarse con Ukyo" Lo que estaba claro es que iba a intentar matarle de todas maneras. La idea no le resultaba muy atractiva en esos momentos. Ranma asintió derrotado, componiendo una pose defensiva discreta hasta ver por dónde le salía el chico.

- Soy Hideki Atsushi, el novio de Ukyo

El muchacho habló amablemente tendiéndole la mano en un gesto amistoso. Ranma abrió los ojos impactado. Se suponía que Ukyo era su mejor amiga y no le había dicho ni media palabra. Además, era demasiado creído como para que no le escociera un poco que Ukyo pasase de él. Pero pensó rápido, olvidando su absurdo orgullo por una vez. En fin, Ranma no la quería y Ukyo no merecía quedarse para vestir santos. Era una chica muy guapa y cariñosa, y el chico quería lo mejor para su amiga. Al menos el tipo parecía agradable. Ranma apretó la mano que le tendía y le saludó con cautela.

- Hola. Oye, siento mucho haber entrado así – Ukyo le escrutaba, abochornada y nerviosa. Habló atropelladamente aprovechando la oportunidad

- Entonces ¿no pasa nada? ¿te parece si rompemos el compromiso? Fue cosa de nuestros padres, pero siendo mayores de edad podemos decidir esto por nosotros mismos, ¿no?

- Pero, ¿y tu padre? ¿le molestará la idea?

- Na, papá no se interpondrá – Ranma se entusiasmó. "Esto me viene genial. Akane se alegrará muchísimo" Era de lo mejor que podía pasarle.

- Genial- Pues si es cosa nuestra, el compromiso ya no existe – Ukyo sonrió aliviada y abrazó a su novio con un gritito. Después de que intercambiasen el gesto más cursi que Ranma había visto en eras, se giró hacia Ranma

- Menos mal. Me daba un palo terrible contártelo

- ¿Por eso me has estado evitando? Somos amigos, Ukyo. La verdad es que no te entiendo – dijo Ranma, rascándose la cabeza

- Bueno, verás he pasado diez años de mi vida vestida como hombre y buscándote por todo Japón. Es un poco fuerte que cuando encuentro al chico en cuestión y alcanzo la edad para casarme me eche un novio y deje al chico. No sé si me entiendes – Ranma se rascó la cabeza con más afán, sintiendo un pinchazo desagradable en el pundonor.

- Hombre, visto así soy un poco pringado

- Pues por eso te evitaba – dijo Ukyo sonriendo brillantemente.

Una vez todo aclarado, Hideki, que resultó ser un chico muy majo, le explicó que acababa de dejar a Ryoga en el dojo Tendo de nuevo. Ranma se volvió para casa mascullando contra el cerdo, no sin antes aprovechar la visita al Utchan para ponerse ciego a Okonomiyakis. Estaba a punto de salir sin pagar cuando Ukyo le recordó que ya no estaban prometidos y que aflojase la cartera. Ranma pagó con una gota de sudor.

- /// -

Akane se agarraba de las rodillas. Empezaba a estar bastante cansada y Ranma no daba señales de vida. Ryoga lo notó

- ¿Quieres que hagamos un descanso? Antes te he dado duro un par de veces

- No, sigamos un poco más

Akane era muy competitiva y aunque Ryoga era más fuerte que ella, no quería rendirse por ningún motivo. Si el chico perdido la consideraba débil, entre Ranma y él la obligarían a marcharse.

Compuso de nuevo una pose de pelea y observó a Ryoga atentamente, tratando de leer sus intenciones en su aura tal y como le había enseñado su maestro. Una imagen de Shinji explicándole pacientemente las técnicas le inundó el cerebro, distrayéndola. Ahora que sabía por qué había sido tan abusivo no podía guardarle rencor. Echaba de menos a su buen amigo ¿Podrían ayudarle a librarse de ese maldito hechizo?

- ¡Akane, cuidado!

Ryoga se había lanzado en tromba sobre Akane. Estaban entrenando con todo lo que tenían. Sabía que Shinji no sería suave y quería comprobar por sí mismo que Akane no se dejaría coger fácilmente. Durante el entrenamiento, Akane había leído sus movimientos con total facilidad, y no se dio cuenta de que estaba distraída hasta que no se encontró a dos palmos de su cara con el puño extendido, corriendo a toda velocidad. Con dificultad, bajó los brazos para evitar lastimarla y chocó contra ella pesadamente, incapaz de frenar su carrera, llevado por la inercia.

Ambos cayeron al suelo con un estruendo, con Ryoga encima de Akane y sus manos protegiendo la cabeza de la chica. Aún así se hicieron bastante daño. El peso de Ryoga le había sacado todo el aire del cuerpo y Akane boqueaba tratando de respirar.

Ryoga la miraba alarmado, olvidando retirarse

- Akane, ¿estás bien? Lo siento, pensé que habías leído el movimiento, era sencillo

- No, no Ryoga – dijo la chica, colorada y avergonzada por su torpeza, e incómoda con la cercanía de Ryoga. Aunque este la mirase de manera completamente inocente, la situación no era demasiado confortable – fue culpa mía, me distraje.

Estaba a punto de pedirle que se retirara de encima suyo cuando una conocida aura estalló violentamente. Akane se quedó blanca con Ryoga aún en la misma postura, aterrorizado

- ¡Túuuu! ¡Ryoga, saca inmediatamente las manos de encima de mi prometida! – bramó Ranma, tirándose sobre él en plancha, sin darles tiempo a explicarse

- Ranma, tranquilo – empezó Akane, asustada

- ¡Cállate! – le replicó Ranma, sin mirarla y enganchando a Ryoga más furioso de lo que nunca le habían visto – ¡Me las vas a pagar! ¡Maldito!

- /// -

Nota de la autora: este capítulo ha sido ligeramente más corto que los anteriores (creo) pero ya digo que pensaba comprimir en 9 y el 10 en uno sólo y tenía tanta miga que no he sido capaz.

Probablemente el capítulo 11 se retrase. Espero poder publicarle a lo largo de esta semana.

Nos vemos entonces en el próximo capítulo: "Akane es mía"