Capítulo 10/12:

Merengada de Banana


—Buen día Eren, te ves hecho mierda igual que Levi. Es como si no hubiesen dormido anoche. —saludó Farlan con todas las intenciones de que su comentario fuese malinterpretado, y los otros tres presentes voltearon con rapidez.

Levi, quien llegó junto a Eren, optó por ignorar a todos y abrir las puertas de KiwiShop, como todos los días.

—Demonios, Levi-san, ¿no lo dejaste dormir anoche? —Eld, quien siempre era el primero en llegar, le siguió el juego a Farlan—. Contrólate, es sólo un niño.

—Cuida lo que dices, Eld. Todos dejen de holgazanear y pónganse a limpiar. Hay que abrir KiwiShop al público. —habiendo dicho esto, Levi pasó directamente a su oficina. Eren sabía que estaba de ese humor por no haber dormido bien, pero por su salud mental, decidió no hacer el comentario.

—¿No te lo cogiste bien anoche?

—Mike, deja de molestarlo —habló Farlan, rodeando a Eren por los hombros—. Levi cumple 29 años mañana. ¿te gustaría participar en la celebración? Será una fiesta sorpresa planeada por Hange.

—¿Alguien me nombró? —exclamó la aludida, pasando por la puerta—. ¡Buenos días, buenos días! ¿Dónde está nuestro casi cumpleañero?

—En su madriguera, hibernando. —saludó Mike, entregándole una escoba a Hange.

—¡LEVI, SAL DE TU MADREGUERA! ¡MAÑANA ES TU CUMPLEAÑOS! —exclamó la de lentes, luego mirando hacia Eren—. ¿Vas a participar en la fiesta sorpresa que estoy planeando?

—No es sorpresa cuando la has realizado anualmente sin falta durante 8 años. —indicó Gunther, acabando de llegar y bostezando en el acto.

Eren lo pensó por un momento y se rindió. Su cabeza no podía relacionar a Levi con fiestas sorpresas.

—No parece el tipo de persona que le gusten las fiestas sorpresa. —opinó, y Petra, quien era la siguiente en llegar, asintió dándole la razón, dirigiéndose directamente a la cocina sin unirse a la conversación.

—Eso es lo divertido —la ilusión de Hange hizo que Oulo, el último en llegar, soltara un suspiro de cansancio—. Espero anualmente que llegue el día de ver esa cara que pone siempre que le realizamos algo sorpresa.

—¿Qué cara pone? —Preguntó Eren, quien no pudo imaginarlo.

—La misma cara que pondría si mataran a su madre en frente de él, o la misma cara que pondría cuando se corre. No hay diferencia, siempre es igual, carente de vida. No sé qué le ve Hange de fascinante a eso.

—¿Lo has visto cuando se corre?

—E-es un decir. —Oulo, sonrojado y dándose cuenta de su error, se largó a refugiarse a la cocina. Justo entonces, una décima persona atravesó la puerta principal de KiwiShop, llamando la atención de todos.

Eren, quien no esperaba ver a nadie más hasta que se abriera la entrada al público, quedó hipnotizado tras observar al ardiente caballero rubio, bien vestido y con una presencia abrumadora, que saludaba a todos con una elegancia inigualable.

—Chicos, no hablen así del gerente Levi.

—Erwin, que raro verte por aquí. —saludó Hange con familiaridad. Los demás hicieron una reverencia que Eren imitó.

—Vine a traerle el regalo de cumpleaños a Levi hoy puesto que mañana estaré viajando a Minato. Por favor, no lo hagan enojar, recuerden lo que pasó el año pasado.

—¿Qué sucedió? —preguntó Eren, mirando a la persona más cercana a él, Farlan, quien se limitó a suspirar.

—Puse una mezcla de hongos alucinógenos y marihuana en los brownies de la fiesta —recordó Hange con orgullo—. Todo se descontroló bastante esa noche.

Erwin, ignorando la conversación, se acercó a Eren.

—Parece que no nos han presentado.

Su voz ronca y profunda le causó un dulce escalofrío.

—Eren, señor. Me llamo Eren Yeager.

—Erwin Smith. Es un placer tener a jóvenes trabajando en KiwiShop —estrechó su inmensa mano con la suya mientras se escuchaba en el fondo el reproche de Farlan y Hange—. Levi me ha comentado que ambos están viviendo bajo el mismo techo. Cuida bien de él.

El silencio reinó por un momento.

El sonrojo que invadió el rostro de Eren fue tan poderoso, que incluso Oluo y Petra, quienes observaban todo desde la alejada distancia de la cocina, pudieron verlo.

—H-haré lo que pueda, señor. —se limitó a decir, desviando su mirada al suelo.

—Si me permiten, iré a ver a Levi.

De esa forma, Erwin se dirigió a la oficina del gerente y entró, cerrando con amabilidad la puerta a sus espaldas.

—¿Qué crees que le haya regalado? —preguntó Farlan para romper la tensión que había generado el comentario de Erwin, y todos hablaron al mismo tiempo, como alumnos en la clase cuando el profesor se retira.

—Lencería, quizás un babydoll —opinó Gunther, colocando al instante una mueca de asco—. Mierda, voy a tener que atender a muchas chicas lindas para sacar esa imagen de mi cabeza.

—¿Erwin y Levi son muy cercanos? —la inconsciente pregunta de Eren fue respondida por Farlan, quien era el que más conocía a Levi.

—Han sido amigos desde la universidad. El dueño confía mucho en Levi, tanto como para dejarlo a cargo de su negocio. Hay rumores de que mantuvieron una relación amorosa en algún momento, pero Erwin-san contrajo matrimonio después y tuvo hijos. Una historia triste.

—No necesariamente triste —intervino Mike—. Pueden coger, incluso aunque Erwin tenga esposa e hijos.

—Mike, por favor, ten cuidado con lo que dices —Hange le golpeó el hombro—. Recuerda que Eren le está sacando la vuelta a Levi. No me lo desanimes.

—No le estoy sacando la vuelta a nadie —añadió Eren en su defensa—. Sólo me ofreció casa.

—Y ambos son gais, solteros y codiciados, viven bajo el mismo techo, duermen en la misma cama, tienen ojeras y yo nací ayer. Por favor, Eren, lo que falta es que comiences a tutearlo y serán como una pareja de recién casados.

Eren frunció el ceño.

—¿Cómo sabes que dormimos en la misma cama?

—No lo sabía —Hange ensanchó su sonrisa—. Ahora lo sé.

—Bien, hasta hace poco me di cuenta que soy gay, lo admito —aceptó Eren alzando un poco la voz—, pero eso no significa que me guste Levi-san, ¿sí? Es muy bajo de estatura, está obsesionado con la limpieza y se queja de todo, parece una versión grotesca y retorcida de mi madre en sus días.

—Eren, ya…

—No puedo esperar por encontrar casa rápido. Es como si estuviese viviendo con un anciano nazi —expresó Eren, volteándose y casi sufriendo un infarto al toparse con la mirada inexpresiva de Levi—. Señor, buen día, ¿cómo se encuentra?

—Despertaste junto a mí, ¿cómo crees que me encuentro? —gruñó tajantemente, mirando a su alrededor—. Todos, ¿Qué hacen aquí todavía? A trabajar.


.

—Luces como si hubieses almorzado 20 vergas. —saludó Annie sentándose al lado de Eren.

—¿Luzco radiante?

Annie alzó sus cejas, maravillada, brindándole el frapé de café Starbucks extra que había comprado por si se encontraba a Eren, cosa que no fue difícil.

Ella sabía que a Eren le encantaba ese lugar antes de comenzar las clases.

—Y aun tienes el descaro de negar que eres gay.

—No lo niego —Annie lo observó, sorprendida, tomándose su frapé—. Ya no lo niego, Annie.

—¿Ya lo has hecho con el enanito?

—Si te refieres a Levi-san, no. Y no creo que se vaya a dar algo.

—Te apuesto un mes de milkshakes de fresa gratis a que Levi quiere hacer un batido de banana con leche en tu trasero.

—An, ¿Banana con leche en mi trasero? Tus analogías están evolucionando.

Annie sonrió a su manera, encogiéndose de hombros.

—Si no ves luz verde con el enanito, es mejor que vayas a buscar diversión por tu cuenta. Te arreglaré una cita con Reiner. Créeme, aunque no lo parezca, es un marica empedernido.

Annie sacó su celular ante la mirada perpleja de Eren.

—¿No me lo preguntarás? —negó con la cabeza—. Está bien, acepto una cita con Reiner, pero que quede claro que no fui yo el de la idea. Si algo sale mal, quiero que te hagas responsable.

—Ya deja de atribuirle la responsabilidad de tus actos a los demás. Te irá bien, relájate. Reiner es bastante versátil y experimentado, te sentirás a gusto —Annie le envió un mensaje a Reiner, y este le respondió rápidamente con un "sí" —. ¿ves? Es la mejor opción para romper ese himen anal tuyo.

Eren observó la pantalla del celular, entre inseguro e indeciso.

—Conozco a Reiner desde que te conozco a ti, cariño. Me cuesta verlo como un objeto sexual, es casi como un hermano mayor —frotó su rostro con frustración—. Dios, es incómodo hasta imaginarlo desnudo.

—Una vez le vi el miembro —comentó Annie como si nada—. Es grande y grueso.

—Annie, por favor —lejos de emocionarse, Eren sintió un escalofrío de terror en su trasero—. No des más detalles. Además, ¿Reiner no tiene ya a Bertolt?

—Se pelearon —simplificó encogiéndose de hombros—. Pero si prefieres a Bertolt, te puedo arreglar una cita con él. Aunque te lo advierto, también se lo he visto y él lo tiene más grande y grueso que Reiner.

—Me da curiosidad saber cómo es que les has visto el miembro viril a esos dos.

—También he visto el tuyo.

—Mentirosa —reaccionó Eren, aterrorizado, intentando hacer memoria de las veces en que se cambió de ropa al frente de Annie. Siempre había tenido cuidado con taparse apropiadamente.

—Es verdad, sólo que no te has dado cuenta. Y te digo algo —Annie terminó su café con una sonrisa macabra—. El tuyo no se compara al de ellos.

—Te creo —Eren dejó caer su cuerpo cansado en las piernas de Annie, y esta le quitó la goma del cabello para peinarlo con sus dedos.

—¿Hasta dónde te piensas dejar crecer el cabello?

—Lo cortaré cuando me gradúe.

—¿Cuál es tu objetivo? ¿Quieres que te lo jalen mientras te dan por atrás?

—Déjame quedarme en tu casa por esta noche —pidió, ignorando el tema anterior, cerrando los ojos y relajándose mientras Annie acariciaba su cabello—. No tengo ánimos de ver al "enanito" hoy.