Una visita inesperada.
Bulma estaba sentada en un banco del parque que quedaba frente al hospital principal completamente paralizada. Aun no podía creer lo que le había dicho el doctor Jonhk Ella misma hubiese podido imaginarlo si no hubiese estado tan absorta en Vegeta y en su trabajo.
Embarazada. En aquellos momentos su hijo/a crecía dentro de sus entrañas. Y no un niño/a cualquiera, sino un descendiente del príncipe de los guerreros del espacio.
Y que demonios iba hacer ella ahora? Jamás había pensado en tener un hijo seriamente. Con Yamcha lo habían comentado alguna vez, pero en realidad ninguno lo había deseado realmente. Los dos habían sido demasiado independientes para pensar en algo así.
Pero ahora la situación era mucho peor. No solo no se sentía preparada para algo como aquello, sino que Vegeta era sin lugar a dudas el hombre menos indicado para montar una familia. Dios! Ni siquiera era capaz de imaginarse lo que diría Vegeta cuando se enterara de su estado. Querrá al niño o niña, o simplemente renunciaría a ellos?
Y lo que era peor. Deseaba ella tenerlo? Realmente deseaba traer un niño a un mundo que estaba bajo la amenaza de unos androides que nadie había podido destruir?
Las horas se le pasaron allí sentada y cuando quiso darse cuenta había empezado a anochecer.
Volvió a casa caminando lentamente, pensando en que debía hacer. Una cosa si estaba seguro, no le diría nada a Vegeta hasta no haber tomado una decisión. Porque en aquellos momentos no podría aguantar unas palabras de reproche de Vegeta de aquel asunto.
Pero cuando llego a casa y cerro la puerta de la entrada un grito de Vegeta la hizo encogerse de hombros.
- Mujer!
Bulma frunció el ceño y entro decidida al comedor principal, donde encontró a Vegeta cruzado de brazos y con cara de pocos amigos.
- Donde demonios has estado?- Le pregunto él echo una furia.
- Y a ti que te importa? Soy mayorcita para hacer lo que me de la gana.
- Tus malditos ciborts han vuelto a romperse! Llevo todo el día esperándote!
- Pues no haberlos roto, Vegeta.- Le contesto Bulma dejando el bolso sobre la mesa principal.
- Quiero unos nuevos! Y los quiero para mañana.
Bulma se enfado aun mucho más ante aquella exigencia.
- Pero que te has creído, Vegeta? Yo no soy tu sirvienta. Llevo todo el día trabajando y no me podré ha hacerte ahora esos malditos ciborts, me has oído!? Me voy a la cama!
Bulma se irguió orgullosa y se encamino hasta su habitación. Vegeta la vio marcharse enfadado.
Maldita mujer orgullosa y cabezota! Estaba harto de sus negativas. Estaba harto de aquella maldita casa. De aquella vida de inferioridad.
Los puños de Vegeta se apretaron con fuerza. Estaba perdiendo la paciencia en todos los sentidos. Estaba harto de entrenar y no conseguir nada, harto de aquella maldita vida humana! Se sentía apunto de explotar.
Bulma agradeció que Vegeta hubiese abandonado la discusión, sin duda era lo único que no necesitaba en aquellos momentos. Lo mejor era irse a la cama y esperar que todo amaneciera de otro color.
Las yemas de los dedos de Vegeta acariciaron lentamente las piernas de Bulma. Lentamente ascendía por su cuerpo deleitándose con cada pequeño milímetro de piel desnuda. Sin lugar a dudas, la piel de Bulma era la más suave que había tocado en su vida. Con ese pensamiento sus manos llegaron a sus pechos y después de una leve caricia, una de sus manos se cerro por entero sobre uno de ellos.
No había nada en su cuerpo que le pareciera imperfecto. Era simplemente perfecta. Cada cosas de ella, cada gesto. Su sonrisa era la única capaz de hacer llegar un poco de cálida luz a su alma. Sus ojos, tan profundos como el océano, lo habían hipnotizado en más de una ocasión.
Nunca lo reconocería, antes era capaz de morir que de reconocerlo, pero no había duda en su interior, ella era suya. Le pertenecía desde el día en que la tomo por primera vez.
Bulma había entrado en su alma de una forma arrebatadora y no sirvió de nada luchar contra ello.
- Bésame Vegeta.- Le pidió ella.
Vegeta se inclino y beso sus labios sin pensarlo dos veces.
- Cada parte de tu cuerpo, cada milímetro de piel me pertenecen ahora. – Le dijo él.
Aquello provoco una sonrisa en los labios de Bulma y una de sus manos se apoyo en su pecho transmitiéndole una cálida sensación.
Pero entonces aquella sonrisa se torno maléfica.
- Jamás seré tuya, Vegeta. Eres un asesino, la vergüenza de tu raza. No eres más que un juguete con el que me gusta jugar.
Los ojos de Vegeta se abrieron de repente y se incorporo en la cama. Estaba en su habitación, solo, lejos de aquel maldito sueño.
Se percato de que ya era de día por la luz que entraba a trabes de la cortina, así que se levanto de la cama de un salto.
De donde demonios sacaría aquellas malditas ideas que tenía en la cabeza? Era simplemente incapaz de entender aquellos malditos sueños tan lejanos a la realidad. Y porque Bulma siempre salía en ellos para perturbarle aun más? Aquella mujer no debía significar nada para él. Solo era una mujer con la que pasaba los días en aquel maldito lugar y a la que abandonaría cuando todo aquello terminase. Porque en sus sueños estaba en su corazón? Dios, aquellas palabras de su sueño lo habían torturado durante unos segundos hasta abrir los ojos. Realmente creía eso? Realmente sentía que Bulma era suya? Sin duda no le gustaba compartir con nadie lo que era suyo. Entonces? Ella era suya? Desde luego no estaba dispuesto a compartirla. No señor. Pobre del hombre que se atreviera a tocarla, porque ese día sería el ultimo en su vida.
Maldición! Se estaba volviendo demasiado posesivo con aquella mujer. Se estaba convirtiendo en una debilidad y él no se podía permitir tener debilidades. Ni siquiera podía quedársela cuando decidiera marcharse. Ella nunca abandonaría aquel planeta y desde luego él no se quedaría allí cuando solucionara sus deudas con Kakarotto.
Pero que estaba pensando! No la quería! No quería nada de ella! Él siempre había estado solos. Nunca había necesitado a nadie a su lado. Y mucho menos una débil como Bulma.
Bulma estaba frente al espejo que había en el armario de su habitación únicamente vestida con solos sus braguitas y curiosa se miraba el cuerpo buscando algún pequeño cambio que delatase su estado. Tal vez si que hubiese engordado un poco, pero era casi inapreciable. Sus pechos si que parecían algo hinchados. Pero tampoco demasiado. Además no tenía nauseas, ni mareos, tan solo se sentía algo más débil y cansada que de costumbre.
Al menos no se sentía tan deprimida como en el día anterior. Y la idea de tener un hijo no parecía tan loca. Al fin y al cabo ya no era una niña y tal vez fuese aquella la única oportunidad de ser madre en su vida. Además quería a Vegeta, lo amaba y saber que tenía en su interior una parte de él era algo que el agradaba.
Se acaricio el vientre con aquel pensamiento. Iba a ser madre. Como sería? Que sentiría al tener un bebe en sus brazos? Un hijo suyo y de Vegeta. Por una extraña razón sonrió ante aquel pensamiento.
Bueno, ahora solo tenía que hacer caso a las recomendaciones del medico. Reposar, comer bien y cuidarse mucho. Además de olvidar las tensiones del trabajo. En realidad Vegeta le causaba más tensión que el trabajo. Pero aquello era algo que no podía evitar.
Su próxima visita sería dentro de dos semanas, para entonces tendría que haber tomado una decisión con respecto al bebe.
Bulma termino de vestirse y bajo a desayunar. Tendría que terminarle aquellos malditos ciborts a Vegeta antes de que volvieran a discutir. Por suerte ya los tenía casi hechos, apenas pendientes de un par de retoques.
Cuando llego a la cocina, esta estaba vacía o excepción de un robot domestico que limpiaba.
- Buenos días señorita Bulma. Que desea desayunar?
- Café con unos pastelitos.- Dijo ella tomando asiento.- Ha desayunado ya Vegeta?
- El señor Vegeta desayuno a primera hora de la mañana.- Le contesto el robot mientras le servia el café.
- Claro.- Dijo ella.
Cuando Bulma termino de desayunar se dirigió al laboratorio.
Se sentó frente a la mesa de trabajo y sonrió al ver los ciborts casi terminados. Sin duda aquella había sido una buena idea. Lo ultimo que le apetecía en aquel momento era pasarse la mañana allí encerrada.
Cuando termino, una media hora después, Bulma le llevó los robots a Vegeta, quien, como siempre se entrenaba en la cámara de gravedad. Apretó el botón de la entrada para desconectar la gravedad y después abrió la puerta.
Al entrar con los ciborts en las manos, un Vegeta vestido únicamente con unos pantalones cortes, quedo frente a ella y casi sin poder evitarlo una sonrisa maliciosa se escapo de sus labios.
- Los has terminado?- Le pregunto él hoscamente.
- Si.- Ella los dejo sobre el suelo.
Vegeta observo los pequeños ciborts.
- Son más pequeños.
- Están mejorados.- Le corrigió ella. – Al ser menos pesados, son mucho más rápidos. Me han costado mucho trabajo Vegeta, así que intenta no romperlos.
Aquella información provoco una sonrisa en Vegeta.
- Y bien?- Le pregunto Bulma cruzándose de brazos.
- Y bien que?
- No vas ha agradecérmelo?- Le pregunto ella atrevida.
Vegeta noto el tono seductor de su voz y se sorprendió ante el descaro de Bulma.
- En que estas pensando?- Le pregunto él.
- Al menos podrías decir "gracias".
El rostro de Vegeta se ensombreció ante aquellas palabras.
- Esperare a que tu me des las gracias cuando haya exterminado a esos androides, mujer, ahora márchate.
Bulma lo miro enfadada.
- Muy bien Vegeta, como quieras. – Dijo rindiéndose y sin darle tiempo a reaccionar Bulma se acerco a él y lo beso apasionadamente en los labios.
Vegeta reaccionó ante aquel contacto casi al segundo y sus manos rodearon su cintura para apretarla contra su cuerpo.
Pero entonces Bulma dejo de besarlo para mirarle con una radiante sonrisa. Y es que en los brazos de Vegeta, Bulma era la mujer más dichosa del mundo entero, aunque solo durara segundos. Entonces, sin pensárselo, Bulma se abrazo a él con una necesidad infinita, provocando en Vegeta un sorpresa, que provoco en su interior una extraña sensación.
Pese a las noches que él y Bulma habían pasado juntos, se podría decir que aquel había sido el gesto más cariñosos que Vegeta había recibido nunca y por una extraña razón Vegeta sintió que lo había estado esperando casi una eternidad. Era la primera vez en su vida que alguien lo abrazaba con aquella necesidad que expresaba el cuerpo de Bulma y eso lo dejo petrificado. Pero para su desilusión, Bulma se soltó de él y su orgullo la dejo marchar.
- Nos vemos esta noche, Vegeta.
Con aquellas palabras Bulma se marcho dejando a Vegeta perplejo. Que demonios estaba pasando. Hacía apenas unos segundos su mente estaba pensando en matarlos a todos, en especial aquella vulgar mujer que estaba volviéndolo loco y sin más había olvidado todo aquello al sentir a Bulma entre sus brazos.
En su cuerpo se estaba encendiendo una necesidad de ella incapaz de ser controlado, ni siquiera por su orgullo.
Pero entonces sus pensamientos volvieron, donde Bulma los había interrumpido. Vegeta recordaba los instantes antes de que Goku se transformara en súper guerrero esperando recordar algo que hubiese sido saltado por alto.
Sin duda alguna, Vegeta estaba seguro, que había sido la muerte de Krilin lo que había provocado la ira de Goku, la cual procedió a convertirlo en súper guerrero. Sabía que hay estaba la clave de todo. En la ira. Era muy sabido que la fuerza de los guerreros era más fuerte bajo una sensación de ira y odio. Pero eso los guerreros, exceptuando a Goku, no conocían el amor ni todos los estúpidos sentimientos que expresaban los humanos. Pero quien podía tener más ira y odio en el corazón que él mismo? Él que había sido derrotado por su enemigo, asesinado por el asesino de su padre y de su planeta y desterrado en aquel maldito planeta. No, Goku no podía tener tanto odio como albergaba su corazón. Porque era un odio y una ira acumulados durante años de vida. Años de obedecer ordenes de Freezer, años de soledad y de muerte. Si la ira era la clave, él ya sería un súper guerrero y no lo era.
Bulma se disponía a subir a su habitación cuando uno de los androides domésticos capto su atención junto a las escaleras.
- Señorita Bulma, tiene una visita esperándole en el salón.
- Una visita? Vaya, no esperaba a nadie.- Dijo ella extrañada.- Muchas gracias, acudiré enseguida.
Bulma fue hasta el salón pensando quien había podido ir a visitarla. En realidad no se le ocurrió nadie. Pero tampoco hubiese esperado nunca encontrar a la persona a la que vio al entrar en el salón.
- Yamcha!- Dijo sorprendida.
Mil cosas pasaron por la cabeza de Bulma al ver a Yamcha tan apuesto como siempre, de pie en su salón. Sintió como si hubiese pasado una eternidad desde que había visto a Yamcha por ultima vez. Y en realidad habían pasado muchísimas cosas.
- Hola Bulma.- Dijo él algo tímido.- Como estas?
- Bien.- Ella se acerco y la beso en la mejilla con una sonrisa en los labios.- No esperaba que viñeras a verme.
Los dos tomaron asiento en los sillones del salón, uno al lado del otro.
- Bueno, vine para entrenarme algunas semanas junto a Krilin, así probamos lo que hemos mejorado y nos sirve mucho para entrenar. Así que decidí pasar a verte. No quería que siguieras enfadada conmigo.
Bulma sonrió ante aquello. En realidad reencontrarse con Yamcha era algo que había tenido pendiente, el ultimo acto que probaría si lo había olvidado o no. Y cuando lo tubo frente a ella supo que así era. Yamcha no le hizo sentir ni la más mínima sensación. Nada. Aunque si le agradaba que hubiese ido a verla.
- Ya no estoy enfadada.- Le dijo ella.
- De verdad?- Le pregunto Yamcha con una sonrisa en los labios.
- De verdad.- Dijo ella sonriendo también.
- Me alegra mucho escucharte decir eso Bulma.
- Hemos peleado demasiado para que otra pelea más hiciera cambiar las cosas.- Concluyo ella.
- Si, creo que tienes razón. Hemos pasado media vida peleando.
Bulma sonrió.
- Me gustaba pelear contigo.- Reconoció ella.
Vegeta, lejano a aquella conversación, pudo sentir la energía de Yamcha casi al segundos. Que demonios estaba haciendo ese tonito aquí? Se pregunto. Y la respuesta fue facilísima. Bulma.
- Maldito imbezil.- Dijo Vegeta apretando los puños.
Si pensaba por unos segundos que podría volver a por Bulma es que era definitivamente imbezil. Ella ya no le pertenecía. Ya no era suya.
Pero entonces una pregunta atravesó la cabeza de Vegeta.
Compartiría esa opinión Bulma? O simplemente caería rendida a los brazos de quien había sido su amante durante largos años? Ni hablar. No dejaría que otro hombre la tocara. Antes prefería verla muerta!
Vegeta salió del la cámara de gravedad enfurecido, pero cuando llego al salón y vio a los dos hablando en uno de los sillones vueltos de espaldas a él, sintió la tentación de quedarse a mirar.
- Lo dices de verdad Bulma? Realmente piensas eso?- Le pregunto Yamcha emocionado.
- Bueno...- Dijo ella ya algo insegura.- Siempre hemos...
Bulma no pudo terminar aquella frase, Yamcha se echo sobre ella y rodeándola con los brazos este la beso apasionadamente.
CONTINUARA...
De nuevo agradezco sus reviews. No duden en dejar más, es lo que me anima a seguir escribiendo.
Espero que hayas disfrutado de este nuevo capitulo, es corto, pero creo que ha terminado donde debía. Prometo no tardar en colgar la continuación.
Saludos
JJ.AMY
