Hola, aquí les dejo el último capítulo. ¡Disfrútenlo!


Capítulo X

20 de Septiembre de 1934

Fue un error, Edward; un error que siento estoy pagando caro, y es cuando me doy cuenta que ese, tal vez, fue el momento en el que te empecé a perderte. El momento en el que me propusiste estudiar y yo acepté ¿Cómo no lo vi antes? ¿Cómo me cegué a lo evidente? Me siento tan culpable.

Edward, amor, hay tantas cosas que aún no sé de ti, por ejemplo: ¿Cuál es tu mayor temor? ¿Cuándo comes chocolate sientes esas cosquillitas burbujeantes en la boca del estómago? ¿Te gusta que mis manos jueguen con tu cabello por la mañana? ¿Me extrañas? ¿Piensas en mí, tanto como lo hago yo en ti? ¿Qué te sucede? ¿Olvidaste el amor que me profesaste?

¿Te comenté alguna vez mi deseo de ser mamá? Creo que no, nunca el tema salió a colación y se me había pasado realmente decírtelo, pero ahora lo tengo tan presente. Y a ti ¿Te gustaría ser padre? ¿Sabes? Quisiera un bebé, un niño, igualito a ti, con tus ojos, tu sonrisa, tu cabello travieso, no importa que no tenga nada de mí, quiero un pedacito tuyo, un angelito creciendo en mi seno; como ahora lo hacen Alice y Jasper. Se ven tan felices. Envidio enormemente las gigantes sonrisas que tenían en sus rostros cuando lo anunciaron a la familia. En ese momento me vi junto a ti, en nuestro claro, con mi vientre abultado mientras me hacías mimos y algunos rayos del sol pegan en nuestras pieles, abrigándonos. Más tarde me imaginé con nuestro pequeño, cada uno tomando de una de sus pequeñas manitas, columpiándolo, mientras ríe a carcajadas y lo hacemos con él y al instante, nuestras miradas, rebosantes de felicidad, viendo de manera incondicional y profunda al fruto de nuestro amor mientras juega entre los árboles.

Siento que son sueños tan utópicos. Tantas veces hicimos el amor… temó a estar seca por dentro y no poder concebir. Pero no quiero pensar en esa posibilidad, no quiero creer que Dios me castigaría de esa manera. ¿Me dejarías si no puedo darte hijos?

¿Cuál es tu primer recuerdo de niño? Amo que Esme me cuente de cuando eras pequeño, sonrió como boba al imaginarte correteando a las mariposas, o buscando insectos y llenándote de lodo mientras perseguías a esa ardilla que se coló en la casa el día de pascua y Esme te dijo que era una enviada del conejo de pascua. Uno cuando es pequeño cree en todo, ahora solo creo en ti, creo que regresarás, hazlo por favor…

Te imagino sentado en el enorme comedor con una inmensa tasa de chocolate caliente, mientras fuera llueve a cántaros y tu mami te consiente y te dice que todo va a estar bien, que los rayos y truenos no te van a herir. Me contó de cuando te comiste anticipadamente el pastel que ella había hecho para ti el día de tu cumpleaños y te delató tu cara llena de crema. Y cuando Alice nació estuviste celoso por un tiempo, pero después te la pasabas al lado de su cuna, incluso te despertabas para consolarla cuando ella lloraba por las noches y le empezabas a hacer dibujos que cuando se los mostrabas, la pequeña Ali, sin entender que era, se quedaba viéndolos y tu sonreías antes de besarle la mejilla. ¿Te acuerdas de eso? quisiera tener tu parte de la historia, me parece tan lindo, desde tan pequeño mostrando tu enorme corazón.

Creí que sabíamos todo del otro, pero no. ¿Sabías que cuando era pequeña me caí de las escaleras? Por eso soy tan precavida cuando subo o bajo, aunque ya conoces que soy muy descoordinada. Y la vez que esa enorme culebra se metió en la cabaña ¿Te acuerdas? Reaccioné tan mal porque un hermano de mamá murió por el veneno de una cascabel, lo picó en la pierna, y desde que me contaron no puedo ni verlas.

Pensé que tendríamos mucho más tiempo para conocernos, y al parecer en eso también me equivoco, aunque estoy esperando, tengo esperanzas. ¿Qué puedo hacer? Dime, háblame ¿Qué hago para traerte de regreso? Tengo tanto para contarte, que me cuentes, tengo tantos besos y abrazos guardados para ti… se acumulan, regresa para cobrarlos.

Te ama, tu Bella.

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Rosalie's POV:

El diario llegó a su fin. Después de que en esas páginas quedó marcado, para siempre, cómo Bella murió, el resto de las cartas estaban anexas, trece más, en las cuales, cada que pasaba el tiempo, los meses, mostraba el inmenso dolor que ella afrontaba al sentirse tan sola, contándole pormenores de su vida, desesperada cada día por hacer regresar de alguna manera a su marido. ¿Qué sabia ella? Un caso tan raro, incluso ahora no es que sea muy común, aún más en ese tiempo.

La última carta tenia fecha del 24 de Diciembre de 1934 y al parecer la había escrito en la mañana de ese día. Y como en las otras, mostraba la gran esperanza que aún albergaba, le rogaba que regrese, y el dolor mucho más intenso por su soledad. Aunque en esta podría jurar que tenía un toque de despedida, no sé si eran supersticiones mías. Pero al final de la carta decía:

"Siempre estaré a tu lado, te esperaré por la eternidad

Te ama, por siempre, tu Bella"

Por parte de Edward, ni una sola palabra más. Me quedó ese mal sabor de boca, esa sensación de que en ese mismo instante la vida para él acabó, como si no hubiera sido suficiente el dolor impreso en las páginas anteriores, el "silencio" por su parte, dejaba una sensación mucho más apabullante, extraña y mortificante.

Dos meses pasaron y las visitas a Elena eran frecuentes, las veces que iba a visitarla la encontraba dormida y aunque quería ir todos los días no me era posible; había salido sin supervisión a caminar más lejos del campo permitido y había tropezado con unas piedras, y eso la dejó en cama.

Llamé a mi abuelo y no me quiso contar nada, incluso recibí una pequeña reprimenda por su parte. Quería que saliera ya mismo de Forks y para no entrar en más discusiones me despedí.

Llevaba días sintiéndome rara, náuseas y pequeños mareos, primeramente se lo adjudiqué al cambio de clima y a continuas noches de insomnio, pero Emmett, casi a rastras, después de decirle que no era nada y que no exagerara me llevó al médico, quien me mandó a hacer unas pruebas de sangre y al recibirlas nos llevamos la sorpresa de que estaba embarazada. Aún no terminábamos de asimilar la noticia, hasta Emmett se quedó por un buen rato quieto en su sitio, solo mirándome hasta que de pronto estalló en carcajadas y tomándome de la cintura, alzándome, empezó a darme vueltas mientras me besaba, y yo no pude contenerme y derramar unas pequeñas lágrimas de felicidad.

—Buenos días. —saludé a la amable enfermera del acilo.

—Buenos días, señorita. ¿Viene a ver a la señora Elena?

—Sí. ¿Cómo se encuentra ella?

—Ha ido mejorando, pero esa caída, debido a su edad la dejó mal. Sus rodillas estaban malitas y con el golpe, es difícil ahora que camine mucho.

—Entiendo.

—Sígame por aquí. Creo que está despierta. —Caminamos por los largos pasillos hasta el cuarto de Elena, donde la encontramos sentada, apoyada contra el espaldar de la cama mientras otra enfermera le daba de comer.

—Buenos días. —Saludé. Elena inmediatamente alzó la cabeza y me miró para luego esbozar una pequeña sonrisa, se la devolví gustosa. Le pedí a la enfermera que me dejara darle de comer y poco después nos dejó solas.

Pasaron eternos minutos en silencio, mientras le daba cucharada a cucharada de la colada.

—Gracias por venir. —susurró. Me quedé sorprendida por un momento hasta que finalmente negué con la cabeza restándole importancia.

—Somos familia, y las familias cuidan de ti. —respondí dándole más comida. Sonrió mientras nos quedábamos otro tiempo en silencio.

—Vladimir me dejó sola por mucho tiempo. —Suspiré, no quería pensar nada malo de mi abuelo.

—Bueno, no creo que lo haya hecho a propósito. —Elena no dijo nada, se limitó a recibir lo que le daba.

Cuando terminó y hubimos pasado otro rato en silencio, me hizo señas para que le alcanzara un pequeño cofre que tenía sobre su cómoda. Era un cofrecito color crema, con distintos detalles raros, en espirales y círculos. Elena se acomodó mejor, no sin dificultad y un poco de mi ayuda. Y al abrir el precioso y antiguo objeto sacó un relicario y una pequeña cadena de la cual pendía una cruz. Inmediatamente a mi mente se vinieron los recuerdos del diario.

—Estos pertenecieron a mis tíos. —los observó por un momento con adoración mientras sonreía. Conectó su mirada a la mía y tomando mi mano colocó los dos objetos dentro de ella—. Cuando el tío Edward me abrazó y cerró sus ojitos llenos de lágrimas, los tenía en sus manos, contra su pecho. Siempre lo había visto llevarlos para todas partes, pero nunca me atreví a pedírselos para verlos, se veían tan brillantes, así que sin que nadie se diera cuenta, ese día, los guardé. Llévaselos a mamá y dile que los he conservado porque quiero que lo perdone. Anda, dile que ahora ellos están juntos aunque no los podamos ver, yo los siento, dile que ahora son muy felices. —sonrió con sus ojos llenos de ilusión. Le asentí mientras tomaba los objetos en mis manos, los miré por un rato, eran realmente hermosos y eran exactamente iguales a como Edward los había descrito en sus páginas del diario. Los guardé con cuidado en mi cartera antes de regresar mi atención a Elena quien estaba con la vista baja, perdida en las palmas de sus manos—. Vladimir dice que estoy loca, porque varias veces me ha pillado hablando con ellos. Abuelita, tú me crees ¿verdad? No le dije nada a mamá y a papá, temía que lo que mi hermano decía se haga realidad. Me dijo que me iban a mandar a un manicomio y él se los contó, porque mira donde me han traído. Dile también a mamá que regrese por mí, que no me gusta estar encerrada, aunque las personas que aquí están me tratan bien pero quiero ir a mi casa, quiero estar con ella, me duele la pierna, quiero que ella me cure, como lo hacía cuando era más chica. O llévame contigo, quiero que me cocines la tarta de naranja que tanto me gusta, hace tiempo que no la pruebo. —Estaba consternada y sin saber que decir ante lo que ella me estaba diciendo ¿Creía que era su abuela? Solo le sonreí y acaricié su mejilla, limpiando algunas de las lágrimas que por su arrugada mejilla descendían.

—Tranquila, todo estará bien. —le susurré.

La ayudé a acostarse y empecé a acariciarle su cabello hasta que se quedó dormida.

Lo que me había dicho ella me dejó anonadada, ¿por eso se había alejado mi abuelo? ¿La había considerado loca? El hecho contundente era que la abandonó y aunque no quería creerlo, ni sentirlo…, sentía un fuerte resentimiento hacia él.

Me apresuré a llegar a la mansión donde Emmett me esperaba con la comida hecha, habíamos acondicionado la casa, poco a poco, para nuestra estadía.

—Emm, quiero quedarme aquí, y quiero sacar a mi tía del acilo porque quiero que el tiempo que le queda de vida lo pase con su familia, no como tanto tiempo lo estuvo. —Emmett se quedó por un tiempo callado mientras comíamos.

—Está bien. ¿Sabes? Me gusta este pueblo. Nos quedaremos entonces. —sonrió y no pude estar más feliz en mi vida.

Tuvimos que hacer muchos papeleos para que dejaran a Elena salir, pero lo logramos. Cuando llegamos a casa con ella, se mostró contenta, aunque desvariaba un poco, y con paciencia le seguíamos la corriente.

—Abuelita, dónde está mamá? —no sabía que responderle, nos miramos con Emmett y él parecía también confuso.

—Emm… ella…, ella está en la escuela. —le respondió él.

—A ya, bueno, dile cuando llegue que quiero verla, que la extrañé mucho. —los dos asentimos mientras la llevábamos a su habitación.

—Descansa un poco, te voy a traer un poco de tarta, de esa que tanto te gusta. —sonrió y sus ojitos brillaron mientras se acomodaba torpemente entre las mantas.

Pocas semanas después decidimos abrir una tienda de antigüedades, a los dos nos pareció una excelente idea, además el dinero que teníamos no era eterno y debíamos hacer algo. Así que cuando Emmett se iba a trabajar yo me encargaba de Elena, junto con una enfermera que contratamos, cada día parecía estar mejor, al menos físicamente, ya caminaba un poco más sin quejarse tanto del dolor de su rodilla, aunque aún me confundía con su abuela, a veces con Alice y hasta con su nana.

Albert la visitaba constantemente, es más, Elena parecía estar muy bien en su compañía. Él agradeció que la hubiéramos llevado para cuidarla, decía que si no fuera por su edad hace tiempo la habría llevado con él.

—Mamá y papá ahora están juntos. Se encontraron y están felices. Mamá dice que perdonó al tío. Son muy felices donde están. Al igual que los abuelitos. —dijo un día mientras estaba sentada en una silla dispuesta en la sala y miraba por el enorme ventanal hacia la parte delantera de la casa. En ese momento estaba tejiendo un saquito para mi hijo, se me había hecho lindo hacérselo.

—De eso estoy segura Eli. —le susurró Albert con cariño. Sonreí ante la escena, sin dejar mi labor, pero con los oídos atentos, para prestar atención a lo que decían.

—Papá dice que aunque no le caes bien, sabe que eres mi ángel y mamá solo ríe. —murmura en su dirección conectándose con su mirada. Sonríen juntos. —Oye, Vladimir está muy bien allá en Chicago, aunque se haya ido y no me venga a ver, lo quiero, me siento tan orgullosa de él. Está ejerciendo su profesión de abogado, y con su esposa tuvieron un niño. Y cómo pasa el tiempo, él ya se casó y tienen una hermosa bebé, la vi en fotografías, las que el abogado me consiguió, ¿te acuerdas? —él solo asintió—. Quisiera conocer algún día a la niña. —Dejé de mover mis manos y alcé la vista. Albert escuchaba atento y en ese momento me miró, sonriéndome. —Es hermosa, tiene el cabello como el de papá, pequeños rizos dorados y los ojos como los de mamá. —murmuró.

—Claro que es hermosa Eli. —le dijo simplemente con una sonrisa en mi dirección.

Los meses siguieron transcurriendo y yo ya me encontraba de siete meses de embarazo, no queríamos saber el sexo del bebé hasta que naciera, aunque habíamos acordado que lo íbamos a llamar Edward si era niño y Bella si por el contrario nacía niña.

Elena me veía con mi barriguita y sonreía. Muchas veces me acariciaba, lo que me hacía sentir reconfortada y feliz.

Un mes más tarde, cuando entré a ver como seguía mi tía, la encontré con un sonrisa gigante en sus labios, supuse que estaba soñando y no quise despertarla, así que me fui a seguir haciendo los quehaceres, hasta que la enfermera se acercó con el rostro descompuesto hasta donde me encontraba.

—¿Qué pasó Ana? —no dijo nada, solo una lágrima rodó por su mejilla. —¿Qué le pasó a mi tía? —corrí como pude hasta el cuarto y estaba exactamente igual que en la mañana. Me acerqué para acariciar su rostro y estaba notablemente más frio.

—Está muerta. —murmuré y no pude evitar llorar en silencio. La cobijé y le di un beso en la mejilla antes de salir.

El sepelio fue sencillo, acudieron todas las gentes del pueblo que la conocían y la apreciaban, no quise informarle nada de esto a mi abuelo, seguía resentida con él y poco nos hablábamos desde hace meses.

En el poco tiempo que la conocí la llegué a querer mucho, y me dolía su partida.

El abogado de ella se acercó a nosotros cuando estábamos saliendo del cementerio y nos informó que el testamento se iba a leer y que debíamos viajar a chicago para eso. Nos pusimos de acuerdo en hacerlo lo más rápido posible, porque el viaje cuando mi hijo estuviera a punto de nacer no se podía llevar a cabo. Así que la semana siguiente ya nos encontrábamos en la oficina del abogado. Mi abuelo, mis papás, Emmett y yo.

Elena me dejó la parte de la casa en Forks que le correspondía, la cabaña que perteneció a Edward y Bella, además de todo el dinero que sus padres le había heredado antes de morir y ella no había gastado mucho, así que era una fortuna realmente grande. Aunque a mi abuelo no le había dejado nada, lo mencionaba, ratificando su gran amor por él y diciéndole que desde donde esté lo iba a proteger, al igual que a su maravillosa familia.

Muchas lágrimas por parte de mi abuelo fueron derramadas, mis padres no la conocieron así que no sufrieron mucho. Mi abuelo aprovechó para trapazar sus bienes de Forks a mi nombre, diciéndome que yo sabría valorar mucho más los recuerdos y las memorias de la familia, cosa que él se arrepentía no haberlo hecho. En ese momento lo perdoné, lo abracé y le di un beso. Aunque no me había hecho nada a mí, pero lo perdoné en nombre de Elena, quien estaba segura le sonreía desde el cielo.

Cinco años pasaron desde aquellos acontecimientos, Albert murió un año después de Elena y pedimos a su familia enterrarlo al lado de mi tía, lo cual no dudaron en acceder, pues sabían del enorme amor que él le profesó siempre. Nos mudamos definitivamente a Forks y la tienda de antigüedades había crecido en enorme medida. Teníamos una página en internet y nos hacían constantes pedidos de cosas por ese medio, además de conseguir otras cuantas.

Nos encontrábamos frente a las tumbas de nuestros familiares, limpiándolas y dejando unas cuantas flores en cada una de ellas. Se nos había hecho costumbre visitarlas constantemente. Sonreí, sabiendo que ellos desde nos estaban viendo, protegiéndonos. Habíamos aprendido una enorme lección en todo este trayecto, y es que el amor sobrepasa cualquier barrera, límite, espacio y tiempo.

Le sonreí a Emmett y le plante un beso, antes de alzar a nuestro pequeño Edward y colocarlo en medio de los dos. En ese instante, mudamente, con ese gesto, nos prometimos amarnos por la eternidad y que pase lo que pase siempre íbamos a estar unidos como familia.


A continuación les subo el epílogo y una pequeña genealogía de los personajes :3 …