Capítulo 10: Clases

Naruto se quedó absorto unos largos segundos. No podía imaginarse que él, que siempre había tenido cuidado en aquellas cosas, hubiera sido capaz de robarle el novio a alguien sin siquiera darse cuenta de ello. Se sentía frustrado, utilizado y devastado. Todos le habían dicho cuánto había cambiado y era normal que Sasuke hubiera visto aquella acción como algo rastrero, ruin y bajo, realmente había sido un golpe bajo.

- Lo siento mucho, Sasuke – dijo Naruto – quizá puede que suene como una excusa pero créeme cuando te digo que no sabía que Sakon tenía novio cuando empezamos a salir. ¡Dios! Suena hasta tan irreal – comentó Naruto afligido – porque por mucho que trate de decirte esto, seguramente da igual, ya te hice daño y la gente lo único que sabe de mí es que cambié, así que podía haber hecho cualquier cosa.

- Te creo – dijo Sasuke.

- No puedes creerme, Sasuke – le gritó Naruto – no puedes hacerlo porque me odias, no deberías creerte nada de lo que te digo.

- Pues lo estoy haciendo – le gritó Sasuke, cogiéndole del cuello de la camiseta y acercándole hacia él – te creo a ti porque te conozco, porque eres un imbécil que me deja la pista de hielo siempre hecha un desastre pero lo aceptas, porque no me has mentido nunca, porque cuando te he dicho las cosas aceptas tu culpa, así que si me dices que tú no lo sabías, te creo.

Los cristalinos ojos de Naruto se fijaron en aquella furia que tenían los de Sasuke, aquella oscuridad que estaba lejos de ser fría, una oscuridad que extrañamente, reflejaba toda la motivación y los sentimientos que ese chico tenía enfrentados en aquel instante. Al mirarle, podía entender su dolor por lo de Sakon, entendía su amabilidad con el asunto, su honestidad en las palabras que decía, su fuerza al querer hacerle reaccionar… ni siquiera supo cuándo sus labios se habían unido, cuándo su mano había ido a ponerse tras la nuca del moreno para atraerle hacia él, pero estaba hecho, le estaba besando dejándose llevar ambos por aquellos intensos sentimientos que no sabían muy bien qué eran.

Sasuke fue el primero en separarse. Para Naruto, no pasó desapercibida aquella mirada de extrañeza total. No se había dado cuenta de aquel impulso ni entendía por qué lo había hecho, Sasuke debía estar exactamente igual que él, confuso.

- Lo siento – dijo Naruto de golpe – lo siento mucho, no entiendo qué me ha pasado.

- Da igual, dejémoslo ahí – dijo Sasuke más confundido que nunca pero intentando aparentar serenidad – es mejor ir al campo a entrenar.

- Sí, tienes razón – dijo Naruto algo sonrojado todavía por lo sucedido.

Durante el entrenamiento, Naruto no fue capaz de volver a alzar la mirada ante Sasuke. Estaba algo cohibido y tratando de encontrar una razón de peso para explicar lo que había sucedido. Tampoco Sasuke parecía estar cómodo con aquello y su entrenamiento al final, fue un silencioso desastre. Ni siquiera al acabar pudieron hablar, Sasuke salió demasiado rápido y ese fue el momento en el que Naruto supo que había metido la pata, ahora Sasuke le esquivaba.

Deidara esperaba pacientemente en la gran mesa de madera que había en el jardín trasero a que llegase su nuevo estudiante. Los profesores le habían casi suplicado que cogiera a ese chico y le ayudase con las matemáticas avanzadas y aunque él estaba demasiado ocupado, había acabado aceptando aquel encargo. Sin embargo, pese al esfuerzo que podía suponerle perder unas horas en aquella clase, estaba feliz y es que había quedado más tarde con Itachi a solas para entrenar.

Quizá debería decirle a ese chico todo lo que sentía por él antes de que se le adelantasen, pero por otro lado… le daba tanta vergüenza que prefería no hacerlo. Estaba absorto en lo bien que se lo pasaría ese día en el entrenamiento, cuando un chico pelirrojo se sentó frente a él dejando unos libros encima de la mesa.

Deidara se quedó estático al reconocer a ese chico. Era con el que se había golpeado el día anterior, el quarterback del equipo de fútbol americano de la universidad. Todo el mundo conocía a ese chico, de hecho, las chicas y animadoras estaban locas por él.

- Akasuna no Sasori – dijo con una elegante sonrisa aquel joven que le tendía la mano a Deidara.

- Deidara Namikaze – le comentó estrechando la mano.

- Así que tú vas a ser mi profesor particular.

- Sólo un tiempo. No pensaba coger a nadie más para este curso, pero los profesores casi me han suplicado por ti. Ahora ya entiendo el motivo, si no apruebas, no juegas y todos los profesores se mueren por la reputación del equipo de fútbol americano, quieren que juegues a toda costa. Si lo llego a saber, no te habría aceptado.

- Vaya… qué sinceridad tan abrumadora – sonrió Sasori – no te gusta el deporte.

- Me gusta el deporte, lo que no me gusta es la preferencia que se les da a los deportistas. He visto a algunos profesores hinchar las notas de los jugadores sólo para que jueguen los partidos.

- Pues no es mi caso, las notas las saco por mérito propios y de hecho… estoy suspendiendo matemáticas avanzadas.

- Cosa que me extraña también. ¿Por qué alguien que estudia filosofía y tiene malas notas de por sí, cogería una asignatura tan complicada de ciencias?

- Me daban créditos extra – sonrió Sasori.

- Es increíble – aclaró Deidara – vale… empecemos con la clase.

Deidara abrió los libros por el primer tema y leyó las primeras explicaciones para realizar correctamente los ejercicios que vendrían a continuación. Tras entenderlo él, trató de explicarle a un sonriente Sasori lo que allí trataban de hacerle entender. Por momentos, hasta Deidara se sonrojaba al ver que ese chico estaba más atento a él que a la lección en sí, al final, acabó cerrando los libros captando la completa atención de Deidara.

- ¿Tengo algo en la cara que te distrae? – preguntó Deidara algo enfadado.

- No… sólo me estaba fijando en ti.

- ¿Por qué? Tienes que aprobar, deberías estar pensando en las matemáticas.

- Y lo haría, pero es que tus ojos me distraen.

- No me tomes el pelo.

- No te lo estoy tomando, hablo en serio, me gustan tus ojos.

- Y el de unas cuantas animadoras más – dijo Deidara enfadado – no intentes ligar conmigo, estoy aquí sólo para darte clase de matemáticas, no te servirá ningún otro truco conmigo.

- Me gusta tu carácter – sonrió aún más Sasori – sincero y orgulloso pero no puedes ocultar que te han hecho daño.

- No sabes nada de mí y te agradecería que te centrases sólo en la clase y no en mi vida personal.

- Rencor… sientes rencor por la gente como yo. ¿Se han metido contigo los deportistas? Es… ¿Por qué se te dan mejor los estudios que a los demás?

- Se acabó la clase – dijo Deidara enfadado, dando a entender a Sasori que era exactamente eso.

Sasori observó con una gran sonrisa cómo ese chico se marchaba cabreado. Estaba claro que iba a ser complicado que saliera con un deportista, pero él no iba a rendirse, ese chico le había llamado la atención y él estaba acostumbrado a salirse siempre con la suya.

El humeante café estaba frente a él, pero Itachi tan sólo posaba sus manos en la taza tratando de que éstas entrasen en calor mientras fijaba sus ojos en Minato, quien preparaba el segundo café para él. Aún faltaban veinte minutos para que los compañeros llegasen a la pista para el entrenamiento, así que esperaba entender al antiguo capitán del equipo antes de que todos llegasen.

Minato tomó asiento frente a Itachi y tomó un sorbo al caliente café que había preparado mientras observaba a ese adolescente frente a él. Parecía algo cohibido y ni siquiera estaba cómodo puesto que aún llevaba la bufanda puesta alrededor de su cuello. Aun así, Minato esperó pacientemente a que el chico estuviera listo para hablar del tema.

- Pegué a mi entrenador – dijo al final – y lo peor de todo es que no me arrepiento de haberlo hecho.

- Sé lo que pone en el historial, pero también te conozco desde que eras un crío y venías entusiasmado a la pista de hielo a patinar, sé que no eres de tomarte las cosas tan a la tremenda.

- Orochimaru… se pasó de la raya y era mi equipo. Sólo era un cerdo, llegó a poner cámaras de vídeo en los vestuarios, le pillé tocándose en su despacho tras observar a los chicos cuando se cambiaban, toqueteaba a algunos en los entrenamientos, nada grave pero sí lascivo para mi opinión. Lo hablé con él en más de una ocasión, le pedí que detuviera todo aquello pero no me hizo caso. Tampoco tenía mucho que hacer en aquel momento, tenía mis propios problemas y él me sacó más de una vez del calabozo por peleas.

- ¿Te pidió algo a cambio de esas facturas del calabozo?

- Lo de siempre… pero no acepté nunca. No le pedí jamás que pagase mis detenciones por mí, él lo hizo porque esperaba que yo se lo agradeciera de otra forma… ya sabes. Supongo que al final perdí los estribos y no aguanté más. Aquel día estaba en su despacho, observando a mi hermano patinar, supe que si no me podía tener a mí, haría algo contra mi hermano, así que se me fue la mano.

- Ya pasó. ¿Vale? – le dijo Minato acariciando con suavidad su cabello – pillaré a ese tipo de una u otra forma y pagará por lo que hizo. Ahora tu hermano y tú estáis a salvo.

- Lo sé. Sólo acepté volver al equipo porque tú eras el entrenador.

- No me conoces como entrenador.

- Pero conozco tu pasado.

- Mi pasado es algo que es mejor dejar atrás.

- Sigues amando patinar, pero ya apenas lo haces.

- A veces en la vida… lo que nos gusta y lo que debemos hacer no siempre concuerda.

- Dejaste a tu equipo, dejaste la liga nacional, abandonaste tu sueño…

- Pero es lo que debía de hacer. No me arrepiento de ninguna de las decisiones que tomé, Itachi. Soy consciente de lo que perdí, pero también de lo que gané.

- ¿Mereció la pena que todos piensen que eres un fracasado?

- La mereció – sonrió Minato.

Itachi sonrió algo más relajado. Siempre pensó que Minato habría llegado tan lejos en la liga nacional de hockey. Sus compañeros le adoraban, era un excelente jugador, un gran amigo que se preocupaba por la gente a su alrededor. No podía negar que sentía una atracción terrible hacia ese hombre.

Algo más tranquilo al ver que Minato era un apoyo en lugar de un juez como habían sido los demás, consiguió relajarse. Todo el mundo le había juzgado desde que dio aquel puñetazo, todos le habían alejado, le habían insultado y le habían tratado como si fuera un criminal peligroso, pero Minato le había tendido la mano, se había sentado frente a él con aquel café y había escuchado en silencio antes de brindarle una sonrisa de calma y tranquilidad. Se estaba enamorando de ese hombre, un hombre experimentado, con familia y sabía que era una locura pero… algo dentro de él se enervaba al pensar en ese hombre.

Se quitó la bufanda debido al calor que empezaba a hacer en aquella estancia pero entonces se dio cuenta de algo, Minato observaba preocupado su cuello y antes de que pudiera reaccionar, ya había apartado con sus ágiles dedos la barbilla del moreno para ver más detenidamente aquellas extrañas marcas en el cuello.

- ¿Qué te ha ocurrido? – preguntó preocupado – tienes el cuello amoratado.

- No es nada – intentó escaparse Itachi.

- ¿Nada? Eso no es nada, Itachi, significa algo y quizá no quieras contármelo, pero no me mientas, por favor.

- Prefiero no contarlo entonces – dijo Itachi evitando el tema.

- Vale – soltó Minato el rostro de aquel chico – pero quiero que sepas que, si alguna vez necesitas ayuda sea la que sea, estoy aquí. La puerta de mi oficina siempre va a estar abierta al igual que la de mi casa.