Este capítulo lleva una linda dedicatoria: a Gonzalo y Miguel, mis adorados amigos, que empezaron una hermosa etapa en sus vidas. Que su amor duré mil años, y siempre recuerden a ésta, su casamentera :D.


Capítulo 10: Calidez en medio de la lluvia


-¡No! Eso jamás, ni pensarlo –se dejó decir Hotaru ante el pedido de su hijo. –Solo con nosotros estarás seguro, Ritsu, tu padre, yo y Anchan cuidaremos de ti y te ayudaremos a recordar.

Pero el castaño insistía –Mamá, por favor, ¿cómo piensas que podré recordar mi vida como adulto, si me vas alejar de mi entorno?

-Ritchan, escucha a tu mamá, en tu estado lo mejor es que estés con tu familia, además, está ciudad se ha vuelto peligrosa.

Ritsu suspiró, -Takano San dijo que podía quedarme con él.

-¡No! –le interrumpe Anchan. –No puede encargarse de ti, él… tiene un trabajo, además es solo tu jefe y vecino.

-Me dijo que es mi amigo…

Hotaru negó con la cabeza, -Te das cuenta porque no puedes quedarte solo, Ritsu. No recuerdas nada de ese hombre y ya crees todo lo que te dice.

-Pero mamá, tú estabas agradecida con él por quedarse conmigo…

-Sí, pero ahora nos está provocando una gran molestia, así que no lo quiero cerca de ti. Está decidido, cuando te den de alta, regresas con nosotros.

-No –respondió Ritsu secamente.

-Onodera Ritsu, soy tu madre, no puedes revelarte…

-Lo siento mamá, pero yo me quedo con Takano San.

El señor Onodera no había dicho nada desde el inicio de la discusión. Escuchaba cada argumento, sin quitar la vista de su hijo. Se enderezó y se acercó a la cama.

-Bien, es suficiente de discutir –les dijo con su voz grave.

-Pero… Kendo.

-Hotaru, tú y yo conocemos bien a Ritsu. Desde muy joven siempre tomó sus propias decisiones, aun cuando a ti o a mi nos parecían absurdas. Aunque no tenga memoria, su personalidad sigue intacta, así que no insistas, porque él no va a ceder… Escucha hijo, hace mucho tiempo decidí que no iba a interferir en tu vida. No te voy a negar que desearía que vinieras con nosotros, pero no pasaré por encima de ti. Ahora dime, ¿estás seguro que puedes confiar en Takano?

El castaño se quedó pensativo unos segundos. No entendía por qué, pero confiaba en él. -Lo estoy papá.

El viejo suspiró –Bien, podrás quedarte en Tokio.

-Pero Kendo…

-No Hotaru, no más… Hijo, solo voy a pedirte un par de cosas a cambio. Primero, si algo ocurre con Takano, no dudes en venir a casa, ahí estaremos esperándote. Y, por favor, comunícate con nosotros todos los días, al menos, mientras esta crisis continúa.

Ritsu sonrió. Tenía una sensación de alivio, algo inexplicable. Anchan se quedó callada, pero triste, sin embargo, una nueva esperanza nació en ella, cuando Hotaru tomó la palabra.


Takano esperaba con impaciencia a unos metros de la puerta. Finalmente, Kendo salió y se acercó a él.

-Bien, usted gana. Ritsu se quedará en Tokio.

Antes que el joven pudiera agradecer, Kendo continúo. –Sin embargo, hay varias condiciones, la más importante, fue la de mi esposa, a la que Ritsu tuvo que acceder. No podemos estar con él en Tokio, así que An se quedará cuidandolo, y eso, no es negociable.

-Pero, Onodera San, no es necesario, además… tengo entendido que Anchan y Ritsu ya no estaban comprometidos.

-Eso lo sé… ammm… pero Hotaru tiene la esperanza que todo esto los acerque… usted sabe cómo son las madres, y para serle sincero, yo también estaría más tranquilo. Ellos se conocen desde niños, así que no hay una mujer que cuidaría mejor a Ritsu que An. Cuando Ritsu sea dado de alta, An lo estará esperando en su apartamento.


Después de un par de horas, Kisa se levantó del sofá, completamente exhausto. Apenas pudo dormir unos cuantos minutos. Lo primero que le llamó la atención fue que la lámpara junto al sofá estaba encendida. "Al menos ya tenemos corriente". Fue a la cocina y revisó el congelador. Las carnes estaban dañadas, así que las puso en bolsas y las botó. Sacó su billetera, tenía efectivo suficiente para salir temprano y tratar de reponerlas, pero lo dudaba. Con el caos que había, sería difícil encontrar un supermercado que estuviese trabajando con normalidad. Volvió a ver la puerta de la habitación. Tenía dudas, sin embargo, necesitaba verlo, aunque fuese dormido. Al final se decidió y entró. El rubio se había quedado dormido, sin quitarse la ropa, y sus pies colgaban, así que Kisa se acercó e intentó acomodarlos, para que estuviese más cómodo, pero un gemido de Yukina lo hizo volverlo a ver. Encendió la lámpara junto a la cama para poder verlo de cerca. Por su frente corría sudor, y suspiraba. Kisa se sentó en el suelo cerca de él, y con cuidado, empezó a reconfortarlo.

-Tranquilo, estoy aquí.

Yukina no se calmaba, así que el pelinegro tomó con cuidado su mano. Acarició su cabello, y le susurraba como si una madre que intentaba calmar a su hijo. Pero Yukina no era un niño, era el hombre que amaba, la mitad de su corazón, y verlo angustiado le rompía el alma. Poco a poco, la respiración del rubio empezó a calmarse. Sin embargo, Kisa no se movió de ahí, no podía dejarlo, aunque ahora, Yukina quería alejarlo. –Vamos a superar esto, yo sé que así será.


6 horas después

Tori entró a su apartamento. Se sorprendió al ver que estaba limpio. Fue a la cocina y revisó el congelador. Sacó una botella de agua y sació su sed. Pensó que llevaba 24 horas sin comer un bocado, y ya en ese momento sentía apetito. Pero recordó que tenía visitas. Fue a su habitación y abrió con cuidado la puerta. Yukina estaba en la misma posición, mientras que Kisa estaba dormido, sentado en el suelo, sin soltar la mano de Yukina. Tori sonrió y cerró la puerta. Fue a la cocina, y empezó a preparar el desayuno. Las últimas 24 horas habían sido terribles, tanto para él como para ellos, pero por lo menos se sentía mucho más tranquilo ahora. Si se había decidido a salir del hospital, fue porque la enfermera le había confirmado que la fiebre de Yoshino había bajado por completo. Aún no había hablado con el médico, pero solo el ver su sonrisa, le llenó de calma. Así que decidió comer y darse un baño, para luego ir por Yoshino. Estaba seguro que en cualquier momento sería dado de alta.

En la habitación, Yukina fue abriendo los ojos lentamente. Sintió su mano cálida, y volvió a ver a Kisa. Al quitar su mano, el pelinegro despertó. Yukina se enderezó rápidamente, pero sintió un fuerte dolor en su pierna. Al ver su reacción, el uke se levantó con rapidez y se acercó a su pierna.

-Creo que debemos ir a un centro médico. Ayer apenas te vendaron, es mejor que te revisen y te den algún analgésico.

-Olvídalo –le responde. –No pienso ir.

Kisa arrugó el rostro. Él podía tolerar que se estuviera afectado, pero estaban hablando de su salud. –Yukina, esta vez no hay lugar para berrinche. Tienes que ir al médico.

-¡Tú no me mandas! –le levanta la voz, pero esta vez, Kisa no iba a ceder.

-En este momento, debo tomar el control. Estás herido Yukina, y no estás pensando con claridad.

-¡Estoy bien, y soy un adulto! ¿Quién te crees para decirme lo que debo hacer?

-Soy el hombre que te ama y quiere lo mejor para ti, Yukina, por favor…

-¡El hombre que me ama! ¡¿Tienes idea de cuantos chicos o chicas podrían estar en tu lugar ahora?! ¿Piensas que eres imprescindible en mi vida?

Después de eso, hubo un silencio ensordecedor que duró algunos segundos. La mirada de Kisa era de confusión. Sus ojos se humedecieron. Quiso decir algo, pero las palabras simplemente no salían de sus labios. Finalmente, cerró los ojos, y salió corriendo de la habitación. Yukina se quedó inmóvil. Bajó la mirada, "Yo no pude… no pude decirle eso… ¿Cómo pude?"

Tori, que había escuchado la discusión, fue hacia la puerta, pero chocó con Kisa, que salía casi huyendo.

-¿Kisa? ¿Qué sucedió?

El muchacho aún no podía hablar, casi no podía respirar. Tori lo agarró de los brazos para tratar de hacerlo reaccionar, pero se soltó y salió corriendo del apartamento. Iba hacia la puerta tras él, cuando escuchó la puerta de la habitación nuevamente.

-¡Kisa!

El rubio miró a Tori extrañado, -¿Tú quién eres?... No importa… Kisa, ¿dónde está Kisa? –le preguntó angustiado.

Tori sin decir media palabra, y con un aura de ira, señaló la puerta, así que Yukina fue lo más rápido que le permitía su pierna herida.

Zen regresó al hospital, después de tomarse un ligero baño y ver que Hiyori y su madre se encontraban bien. No había comido gran cosa, sin embargo, no sentía apetito. Su mente estaba completamente concentrada en Yokosawa. Su celular sonó varias veces, pero al ver que era de la oficina, no contestó. Sabía que la editorial estaba caótica, pero ¿cómo pensar en trabajo ahora?

Llegó al mismo asiento donde había estado casi 12 horas y esperó. Su corazón estaba hecho pedazos, y la esperanza se iba desvaneciendo, con el transcurso de las horas. "¿Cuánto tiempo he perdido en mi vida? Di por sentado que Yokosawa y yo estaríamos juntos, ahora, no tengo idea si podré verlo despierto nuevamente."

-Señor Kirishima –le llama el doctor con quien había hablado horas antes.

El seme se puso de pie y se acercó a él -Sí, dígame, ¿algo pasó con Takafumi?

Kisa se cansó de correr. Estaba varias cuadras lejos del edificio. Se dejó caer sobre una banca. Miles de pensamientos flotaban en su mente, "No me ama… Él mismo lo dijo, podría estar con cualquiera. Yo… no soy alguien especial. Tal vez… debería dejarlo ir." De pronto empezó a sentir mucho frío. Se abrazó a sí mismo, y sintió la necesidad de desaparecer.

Yukina estaba a 100 metros cuando lo vio. Su pequeño Kisa, estaba en una banca, inclinado, llorando. El rubio se sintió desolado. "¿Cómo pude herirlo de esa manera?". Fue hacia él y sin esperar a una reacción, se sentó a su lado y lo abrazó. El pelinegro se asustó en el momento, y al ver quien era, se separó de él.

-Yo… lo siento, Kisa. No quise…

El chico empezó a reír, con los ojos húmedos. –Descuida… en serio. Es decir… yo te entiendo. Siempre supe que esto iba a pasar. No soy… bueno, la gran cosa para que un chico como tu me tome en serio.

-Kisa… espera…

-Tu mismo lo dijiste, puedes estar con cualquiera.

El más pequeño seguía hablando sin cesar, con la voz entrecortada y tratando de ser fuerte. Se puso de pie, y sin mirarlo a los ojos, seguía con sus argumentos. Eso solo hacía que el corazón de Yukina sufriera más. –Yo… pienso que no debes sentirte comprometido conmigo… así que, ya no voy a interferir en tu vida. Eso sí… ammm… creo que debes… debes ir al médico, piensas que no lo necesitas, pero si algo te pasa yo…

Kisa dejó de hablar. Yukina había caído de rodillas a sus pies y le abrazaba con fuerza las piernas.

-¡Espera! ¡Kou, por favor, levántate! ¡Te vas a lastimar más tu pierna!

Pero el rubio no hizo caso. Empezó a llorar angustiado. No importaba que hubiese gente cerca, ni que la pierna le estuviera matando. Recostó su cabeza sobre su pecho. El solo quería estar ahí, abrazado a Kisa. –No puedo… lo siento Kisa… en serio, yo lo lamento… no es cierto lo que dije. Tú eres mi vida, no puedo estar sin ti.

-Yukina, por favor, levántate.

-No… no lo haré, no me voy a separar nunca de Kisa San… tienes razón de estar molesto, y no querer verme nunca más, pero… si lo haces, no podría seguir vivo. Perdóname… lo que dije, yo no lo siento, ni lo sentí nunca. Yo sé que no te merezco, pero… Kisa, te amo. Por favor… por favor…

Yukina sollozaba sin parar, pero Kisa no dijo nada. Lo abrazó y acarició su cabeza. –Yukina, vamos al apartamento, necesitas comer algo, ¿está bien? ¿Yukina?

El rubio se fue soltando poco a poco. El pelinegro se inclinó frente a él y tomó su rostro, -Te prometo que no te voy a dejar. Pero debes escucharme, porque yo no haría algo en contra tuya. Por favor, Kou.

Yukina asintió. Acercó sus labios a los del pequeño y lo besó tiernamente. Mientras estaban así, abrazados, sintiendo las gotas de lluvia que recién empezaban a caer, eran vistos por las personas que caminaban cerca, absortos, porque en medio del frío, una calidez emanaba de ellos dos.

CONTINUARÁ