HASTA EL FIN DEL MUNDO

X: SIN CORAZÓN

FLASHBACK

Año 12 del Nacimiento de Athena

Terrenos del Santuario

Marin se sacudió las manos. Ese había sido un largo día de entrenamiento con Seiya, y el chiquillo ya estaba agotado para esa hora de la tarde. Tras dejarlo en su cama dentro de la casa que tenía reservada para ella y Seiya, la chica salió a los terrenos del Santuario. Faltaba más o menos una hora para que el sol se pusiera.

La chica suspiró, y se sentó en el techo de uno de los pequeños templos en la periferia del Santuario. Se abrazó las piernas mientras miraba hacia el horizonte, mientras que el cielo comenzaba a pintarse de distintos tonos de naranja. Sonrió levemente. Faltaban unos cuantos meses para que Seiya diera las pruebas para ganar su armadura, pero…

Sacudió la cabeza. No era tonta, una parte de ella sentía que algo no andaba bien en el Santuario. Había visto con sus propios ojos la discriminación dentro de ese recinto, la corrupción entre los soldados y algunos santos de plata. Suspiró.

-¿Qué sucede?¿porqué suspiras así?- dijo una voz masculina.

Marin levantó la mirada, miró a su alrededor, y después miró hacia abajo. Pasando junto al templo, a unos metros de ella, Aioria iba pasando por ahí, con una enorme bolsa de papel llenas de manzanas.

-¿Aioria?- dijo Marin, alzando las cejas sorprendida- ¿qué haces aquí?-

-Fui a Rodorio, y traje unas manzanas para Milo- dijo Aioria, tomando una de las frutas y levantando la mano hacia ella.

Marin lo evaluó con la mirada.

-Vamos, Marin- dijo Aioria, ampliando su sonrisa e inclinando su cabeza hacia su derecha, mirándola con inocencia- una manzana no hará daño-

La chica sonrió bajo su máscara y asintió, dando un salto y cayendo de pie justo frente al santo de Leo. Los ojos de Aioria se iluminaron al verla tan cerca de él, pero la chica no se percató, pues su atención fue directamente a la manzana que le había dado Aioria.

-Muchas gracias- sonrió Marin.

Aioria sonrió mientras que la chica le daba una pequeña palmada en la espalda.

-Tengo que irme, mañana será un largo día- dijo la chica.

-Yo también, Milo va a estar impaciente- dijo Aioria.

Ambos se sonrieron mutuamente, y comenzaron a caminar en direcciones contrarias, Aioria hacia los Doce Templos, y Marin hacia su casa. Tras dar algunos pasos, se volvió hacia atrás, y miró con una sonrisa los brillantes cabellos rojos desaparecer entre los templos y edificios del Santuario. Sus mejillas se enrojecieron levemente de contento, y reanudó su marcha de regreso al templo de Leo.

FIN DEL FLASHBACK

x-x-x

Bosque, Terrenos del Santuario

Mu utilizó sus poderes para teletransportarse a sí mismo y a Aioria al sitio donde habían sentido los cosmos de Lydia y de Marin por última vez. Tan pronto como aparecieron, ambos miraron a su alrededor insistentemente. Sentían, aunque débil, el cosmo de Lydia cerca de ellos. Del de Marin no había ningún rastro.

Iban a comenzar a caminar hacia el sitio donde sentían la presencia de la aprendiz de Piscis cuando llegó con ellos Afrodita, que había ido al museo a recoger a Evelyn y acababan de regresar.

-¿Qué sucedió?- dijo Afrodita- sentí que los cosmos de Marin y de Lydia se elevaron hace apenas unos momentos. ¿Ustedes saben?-

-No estamos muy seguros- dijo Aioria, y miró de reojo a Evelyn- no creo que ella deba estar…-

No terminó su frase, pues Mu se echó a correr en la dirección que había sentido el cosmo de Lydia, y fue seguido por los otros tres. No tuvo que caminar mucho: rápidamente llegaron al sitio donde estaban. Elsa estaba tumbada con la espalda contra el suelo, y Lydia estaba sobre ella, boca abajo, cubriendo a la pequeña con su cuerpo. Ambas estaban inconscientes.

Evelyn se cubrió la boca con las manos mientras que miraba lo que estaba sucediendo, y no precisamente porque Lydia o la niña estuvieran heridas. La chica había visto algo que los santos dorados no. Había un pequeño escarabajo negro, más o menos del tamaño de un puño, que se confundía con la ropa de entrenamiento de Lydia, que subía lentamente por su espalda de la chica. ¡Ella sabía muy bien que significaba eso! Evelyn se soltó de Afrodita y, antes de que Mu pudiera siquiera tocarla, la chica pateó el escarabajo para quitarlo de la espalda de Lydia.

-¡Evelyn!- dijo Afrodita, sorprendida.

-No, espera- dijo Mu- ¿qué es eso?-

-Es un escarabajo del corazón- dijo Evelyn, mirando con desconfianza en enorme escarabajo negro, que ahora estaba a unos metros y volvía a acercarse a Lydia y a Elsa- los egipcios los ponían en las momias para sustituir el corazón. Pudieron haberle arrebatado el corazón… el alma, mejor dicho-

Tanto Mu como Aioria palidecieron. Afrodita, que estaba un poco menos preocupado, puso la mano a unos centímetros de ella.

-Aún puedo sentir su cosmo- dijo el santo de Piscis- creo que está bien-

-Igual, creo que deberíamos llevarla con la señorita Athena- dijo Mu, tomándola con cuidado para que se volviera sobre su espalda, y miró a Elsa, quien tenía la orilla de su vestido chamuscado- y averiguar qué estaba haciendo esta pequeña sola y tan lejos de Géminis-

Aioria sacudió la cabeza, y miró a su alrededor. No había señal de Marin, ni de su cosmo, y no le había gustado ni una pizca lo que había dicho Evelyn sobre los escarabajos negros.

-Ustedes adelántense- dijo Aioria- yo voy a buscar a Marin-

Y sin esperar respuesta, se alejó de ellos entre los árboles. Mu suspiró, y miró a Lydia y a Elsa.

-Ve con Aioria, Afro- dijo Mu en voz alta- puedo sentir el cosmo de Aldebarán acercándose a nosotros. Él nos puede ayudar con la niña-

Afrodita asintió.

-Quédate con ellos, Eve- le dijo Afrodita- no creo que esto sea seguro para ti-

-No, Afro- dijo Evelyn a su vez- sabes quien es el culpable. ¡Esto es obra de Seth! Déjame quedarme contigo, en caso de que necesiten saber algo-

Afrodita la miró con aprensión, pero tenía que admitir que no era una mala idea. Suspiró largamente y asintió, tomando la mano de Evelyn, y ambos se adentraron al bosque, siguiendo a Aioria.

x-x-x

Claro del bosque

Poco después

Era muy difícil tratar de localizar a Marin, pues Aioria no podía sentir su cosmo. Estaba cada vez más preocupado conforme pasaba el tiempo y no la encontraban. ¿Qué le había sucedido a la chica? Mientras caminaba entre los árboles, mirando incesantemente a su alrededor, su corazón latía con fuerza, tanto que le dolía. Se llevó la mano al pecho sin pensarlo y sin detenerse.

Pero Marín era una guerrera, no podía haberle pasado nada malo, ¿o sí? Aioria sacudió la cabeza. No. Era imposible. Su chica, su Marin, iba a estar bien, y le daría una buena bofetada que quizá no merecía, pero él se lo iba a aguantar si ella estaba bien.

De pronto escuchó un grito ahogado proveniente de Evelyn, y Aioria se volvió hacia el sitio donde estaba señalando la chica.

El cabello rojo de Marin era inconfundible. La chica estaba tumbada con la espalda contra el suelo, con la mano derecha doblada sobre su abdomen, la izquierda en una posición neutral sobre el suelo. Sus piernas estaban extendidas, su rostro estaba descubierto, inclinado hacia la izquierda, y su máscara de plata hecha pedazos a unos metros de ella. Estaba pálida y, salvo por el hecho de que su pecho se elevaba levemente con cada respiración, estaba inmóvil.

-No…- dijo Aioria, palideciendo cuando la vio. Corrió hacia ella, seguido de Afrodita y Evelyn. La movió suavemente, pero ella no respondió de ninguna manera- no, Marin, por favor, tienes que estar bien…-

Pero eso no era lo que había hecho que Evelyn hiciera esa expresión. Tan pronto como los tres alcanzaron a Marin, todos vieron que, al igual que Lydia, la chica tenía uno de esos enormes escarabajos sobre su pecho, del lado izquierdo. A diferencia del que estaba subiendo por la espalda de Lydia, éste estaba fijo al pecho de la amazona. Aioria se enfureció al verlo y extendió su mano para quitarlo, pero Evelyn lo detuvo.

-No, no lo muevas- dijo la chica tristemente.

-¿Qué?¿Porqué?- dijo Aioria- tú misma pateaste el que se estaba subiendo a mi hermana-

-Porque… es demasiado tarde para ella, Aioria- dijo Evelyn con voz quebrada, cosa que Afrodita notó de inmediato- está fijo a su pecho…-

-¿Qué quiere decir?- dijo Aioria agresivamente, aunque sin soltar a Marin, haciendo que Evelyn diera un paso atrás, y el santo de Piscis la tomara de los hombros.

-Que… creo que Seth…- comenzó a decir Evelyn, como si no quisiera decirlo en voz alta.

-¿De qué hablas?- dijo Afrodita con cariño, frotándole suavemente los hombros- ¿qué hizo Seth?-

Evelyn bajó los ojos, y se volvió nerviosamente a Afrodita.

-El escarabajo está fijo en su pecho- dijo Evelyn- ya tomó su alma-

-¡No!- gruñó Aioria, encendiendo su cosmo furioso y amenazante, sin soltar a Marin. Afrodita frunció el entrecejo, y empujó a Evelyn detrás de él, para interponerse entre ella y Aioria- ¡eso no es cierto! ¡Mírala, respira bien! ¿cómo puedes decir eso?-

-Entiendo que estés asustado, pero no tienes que gritarle a Evelyn- dijo Afrodita, entrecerrando los ojos- solo está tratando de ayudar…-

-¡No está ayudando!- gritó Aioria- ¡está diciendo que Marin está muerta!-

-No está muerta- dijo tímidamente Evelyn, detrás del santo de Piscis- solo digo que tomaron su alma. El escarabajo mantiene vivo su cuerpo, lo hace pensar que aún tiene a su alma consigo. Pero su alma no está aquí…-

-¡No! No, no, no…-

Afrodita dio un paso delante, y extendió su mano hasta ponerla sobre la frente de Marin. A diferencia de Lydia, de la chica pelirroja no se sentía ningún cosmo. Nada. Era como si fuera un caparazón completamente vacío.

Cuando Aioria cayó en cuenta de ello, se dejó caer al suelo, en el pasto, abrazando el cuerpo de Marin contra su pecho y sin poder evitar echarse a llorar. La cabeza de la chica cayó inertemente sobre el pecho de Aioria. ¡Marin!¡Marin ya no estaba ahí! ¿Cómo podía pasar eso?

Mientras eso pasaba, Afrodita se volvió a Evelyn, y ésta le regresó la mirada. Ambos dieron un par de pasos atrás, dandole su espacio, mientras que el chico se desahogaba.

x-x-x

Casa de Rashid Bisat, El Cairo

Al mismo tiempo

Damla y Ravit, la segunda y tercera esposa de Rashid Bisat, estaban preparándose para ir a dormir esa noche. Damla estaba peinando los cabellos de su compañera, mientras que ésta encogía las piernas sobre su asiento y miraba su propio reflejo en el espejo. Ravit suspiró, y se volvió hacia Damla.

-Extraño a Fatima- dijo Ravit de pronto, mirando a su compañera de reojo.

-Shhh…- dijo Damla, con una expresión de pánico, mirando a su alrededor, para asegurarse de que Rashid o su primera esposa no hubieran escuchado- sabes que no podemos hablar de ella en la casa-

-Lo sé, pero…- dijo Ravit, volviendo a mirar su reflejo en el espejo- realmente espero que esté bien. Que ese hombre, Dema, la esté cuidando bien-

-Lo más probable es que sí- dijo Damla en voz baja, después de asegurarse de que no estaban siendo escuchadas- tú misma viste lo mucho que parecía quererla, y cómo se enojó con Rashid-

Ravit sonrió levemente, y quizá con un poco de envidia hacia la pequeña Fatima, quien se había escapado a Grecia acompañada de un santo de Athena, mientras que ellas estaban aún atrapadas en la casa de ese bueno para nada y…

De pronto, sus pensamientos fueron interrumpidos al sentir una extraña sacudida, como si fuera un terremoto, o como si la tierra se estuviera moviendo. Ravit y Damla se levantaron alarmadas, corrieron a la ventana, y vieron un enorme rayo de luz rojo emergiendo de la punta de la gran pirámide.

-¿Qué es eso, Damla?- preguntó Ravit en voz baja.

-No tengo idea- dijo la segunda esposa.

El fenómeno solo duró apenas unos minutos, pero la mayoría de los habitantes de Cairo lo había visto con claridad, un brillo casi extraterrestre apareciendo en la gran pirámide.

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Templo de Aries, Santuario de Athena

Athena corrió hacia el templo de Aries, seguida de Sara y de Shion, tan pronto como escuchó lo que había sucedido. Encontró a Lydia tumbada en el sofá en la sala del templo de Aries, con un muy preocupado Mu a su lado, y a Elsa en brazos de Kanon. La pequeña había despertado, asustada, y se había abrazado de su papá.

-¡Papito!- lloriqueó Elsa repetidamente, aún aferrada a su papá. Kanon no dejaba de abrazarla y acariciarle el cabello para tratar de que se tranquilizara, pero nada de ello parecía funcionar.

-¡Por todos los dioses!- dijo Shion- ¿qué pasó?-

-Es lo que quisiéramos saber, maestro- dijo Aldebaran, cruzándose de brazos. Él había alcanzado a Mu y lo había ayudado a llevar a Elsa de regreso, aunque la pequeña despertó a medio camino y no paró de gritar y patalear hasta que la pasaron a los brazos de su papá- Elsita no nos puede decir mucho-

La niña no dejó de llorar y repetir que no quería que Kanon la soltara. La diosa se volvió a Lydia y encendió su cosmo. La chica despertó con una expresión asustada, y miró a su alrededor.

-¿Donde…?- dijo Lydia, mirando sorprendida a todos los que la rodeaban- ¿qué pasó aquí?-

Lydia miró a su alrededor, confundida, sin poder recordar bien que era lo que estaba haciendo ahí o como había llegado. ¿Qué había sucedido?¿Porqué los demás la miraban con tanto alivio? Mu respiró, aliviado de que la chica estuviera bien, y sin pensarlo mucho la abrazó. Lydia se sobresaltó levemente, sintiendo la aprensión del chico, pero sonrió y abrazó a Mu de vuelta.

-Estás bien…- susurró el santo de Aries.

-Sí… eso creo- dijo Lydia a su vez- ¿qué fue lo que pasó?-

-Estábamos esperando a que tú nos dijeras, menina- dijo Aldebarán en voz baja, esperando pacientemente a que esos dos dejaran de abrazarse.

-¿Yo? Eh…- comenzó a decir Lydia, haciendo un esfuerzo por recordar- ¡ah, sí! Estaba con Marin en el bosque, y nos dimos cuenta de que Elsa había escapado, y creímos había usado su cosmo sin querer. Marin me dio que la tomara y corriera hacia aquí, pero en el camino sentí el cosmo de ella apagarse… y luego me atacaron-

-¿Sabes que querían?- dijo Mu.

-Creo que querían a Elsa- dijo Lydia, señalando a la pequeña en brazos de Kanon- el que me atacó me dijo que querían enviar un mensaje-

Kanon alzó las cejas. ¿Qué querían los enemigos con su hija? ¿Nuevamente estaban tras Satu, y por eso la perseguían así? Miró a Elsa, notando que tenía algo colgando de la falda de su vestido. Era un pequeño papel, prendido del vestido con un alfiler. El gemelo tomó el papel y lo desdobló. Palideció mientras que leía su contenido.

-No era a Elsa a quien querían- dijo Kanon con gravedad.

-¿Cómo lo sabes?- dijo Lydia, volviéndose hacia él- estoy segura de que ese hombre dijo que le diera a la niña, para enviar un mensaje…-

-Lo envió. Esto estaba en el vestido de mi hija- dijo el chico con gravedad, extendiendo su brazo con el papel hacia ellos, mientras con la otra mano aferraba a la pequeña contra él. No estaba ni un poco contento de saber que se le habían acercado tanto como para poner ese mensaje- no la querían a ella… venían por Marín, y aquí dice porqué-

Todos los presentes se miraron entre ellos y palidecieron.

-Mu, Shion, por favor traigan a Aioria y los otros de inmediato- dijo la diosa, intentando en vano reprimir un gesto nervioso- antes de que algo malo suceda-

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Templo en los terrenos del Santuario

Lyfia estaba molesta porque sus guerreros no la dejaron salir del pequeño templo ese día. Si bien los chicos no estaban en sincronía con los cosmos de los santos de Athena, aún así Frodi pudo notar que algo malo estaba sucediendo en el mismo Santuario. ¿Un ataque, quizá? Con mayor razón no dejaría salir a la chica hasta que no estuviera seguro.

-Oh, vamos, de seguro ya todo está bien- dijo Lyfia, cruzando de brazos y haciendo berrinche.

-Por favor, señorita, tenga un poco de paciencia- intervino Hagen- solo déjenos averiguar que fue lo que pasó, para ver si hay riesgo para usted-

Lyfia no tuvo más remedio que dejarse caer en su asiento y cruzar los brazos, enfurruñada. Frodi sonrió levemente y se sentó a su lado.

-Por favor, Lyfia- dijo el chico- no queremos que nada malo te pase-

Lyfia se volvió a él y sonrió levemente. El corazón de Frodi latió esperanzado, pero pronto la chica comenzó a ocuparse de otros asuntos, sacando su teléfono celular, e ignorándolo de paso. Frodi suspiró y tomó un libro, pensando que era la mejor manera de pasar el tiempo.

Sí, Frodi había conocido a Lyfia desde que ambos eran muy pequeños, y había querido ser un guerrero para protegerla a ella. Pero desafortunadamente para él, ella lo tenía en el fondo de la friendzone. No quería verlo, pero no tenía la menor cortesía con él. Lyfia le sonreía y podía hacer que Frodi hiciera casi cualquier cosa. Todos los otros chicos podían verlo. Sigmund, que era uno de sus amigos más cercanos, insistía que debía dejar de ver a Lyfia de esa manera, pues ella nunca lo vería como él quería.

Frodi se dejó caer en el respaldo de su asiento y suspiró largamente. No sabía que hacer. Ya lo averiguaría después, cuando regresaran a Asgard. En ese momento tenía otras cosas en qué preocuparse.

Sigmund llegó un poco después, llevándoles noticias de lo que había sucedido en los límites del Santuario.

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Templo de Aries, Santuario de Athena

Saga y Cecilia habían llegado al templo de Aries cuando regresaron al Santuario. Mu y Shion habían teletransportado a Aioria, quien llevaba en sus brazos a Marin, junto con Afrodita y Evelyn. Los tres estaban muy preocupados. Evelyn estaba pálida y temblorosa, y tenía un aspecto que parecía que vomitaría si abría la boca. Aioria, por su parte, parecía un zombi. No podía hablar ni moverse, más que estrechar el cuerpo de Marin contra él. Touma, quien había estado en la ciudad pero regresó rápidamente al sentir que algo andaba mal con su hermana, estaba de pie a unos pasos de ellos, apoyando la espalda en una columna, cruzando los brazos en un gesto nervioso.

El santo de Aries le señaló un sitio para que Aioria pusiera a Marin, y el santo de Leo obedeció de manera automática. Aioria no se separó de ella, y no dijo nada, dejando que Evelyn les explicara lo que pensaba que había pasado: el escarabajo negro había sido usado para robar el alma de la chica, y era lo único que la mantenía viva.

Athena se acercó a Marin y la cubrió con su cosmo, para asegurarse de detener el tiempo y protegerla

-Pero, ¿porqué pasó esto?- dijo Athena tristemente cuando terminó de poner su barrera de cosmo en la pelirroja- ¿qué es lo que planean los enemigos?-

-El que hizo esto fue Seth, dios egipcio del miedo- dijo Kanon, mostrándole la carta, mientras que Evelyn asentía- en esta carta explica que él tiene el alma de Marin, y que es lo que quiere a cambio de liberarla-

-¿Qué es lo que quiere?- dijo Touma, quien aún tenía una expresión preocupada.

-Quiere el ala de tu armadura- dijo Kanon- el ala de la armadura de Ícaro-

Touma palideció, y sacudió la cabeza levemente. Sabía que era algo que jamás podría dar: podría poner en peligro a Artemisa si lo hacía.

-¿Porqué querría…?- comenzó a decir Cecilia.

-El ala de la armadura de Touma es especial, le permite como humano entrar al Olimpo- dijo Shion en un tono serio y pensativo- eso es lo que quiere: meter un ejército humano al Olimpo para derrocar a los dioses-

Athena se llevó las manos a la boca. No podían entregar a Touma o su armadura: las consecuencias serían catastróficas. Pero tampoco podían dejar a Marin sin su alma. Entonces…

-Pues es lógico, ¿no? Obviamente Touma no puede entregar eso, pondría en peligro no solo a Artemisa, sino a todos los dioses. Entonces tenemos que recuperar el alma de Marin. Evelyn- dijo Athena de pronto, haciendo que la chica diera un respingo de sorpresa- ¿dónde está ella? Su alma, quiero decir, ¿a donde la llevaron?-

Evelyn palideció, y sacudió la cabeza.

-Al Duat, el camino al Inframundo egipcio- dijo Evelyn, mirando hacia el suelo- pero no hay manera de entrar y traerla de vuelta-

-Eso no es cierto, hay una manera de abrir una entrada al Duat. Tú puedes abrirla, usando el libro de los muertos de Tutankamon- dijo Cecilia de pronto, sorprendiendo a Saga y a los demás presentes. ¡Si ella nunca hablaba cuando había tantas personas escuchándola. Evelyn palideció mortalmente al ver que todos la miraron de nuevo- incluso puedes llevar a alguien más. La gran pirámide de Kufu podría ser la puerta, y…-

-No, yo no…- la interrumpió Evelyn nerviosamente. ¿Porqué Cecilia había elegido ese momento para comenzar a hablar? Evelyn se había quedado muy asustada después de todo el asunto con el kopesh de Tutankamon la última vez, cuando casi murió cuando Afrodita lo detuvo. ¡Estaba aterrorizada!

-No, no puedo permitir que Evelyn vaya- dijo Afrodita, sin gustarle ni un poco a donde se estaba dirigiendo la conversación- ¡es muy peligroso para ella!-

-Es peligroso para Marin- dijo Aioria, por fin reaccionando- por favor…-

Aioria había estado escuchando en silencio, sin soltar la mano de Marin y peleando contra las lágrimas que querían salir de sus ojos. Tuvo un breve sentimiento de alivio cuando vio que su hermana estaba bien, pero nada podía hacerlo volver sentirse bien hasta que Marin estuviera bien.

Evelyn palideció ante la sugerencia de Cecilia, y la insistencia de los demás, y estaba temblando tan violentamente que Afrodita la abrazó y lanzó una mirada enojada a los demás.

-¡Ya, déjenla en paz!- dijo el santo de Piscis, volviéndose hacia Aioria. Éste iba a decir algo mas, cuando otras dos personas entraron a toda prisa al templo de Aries. Eran Io, el general marino de Scylla, y Minos, juez de Grifo. Ambos venían de extremos contrarios de la tierra, y estaban mortalmente pálidos y preocupados.

-Algo malo sucedió- dijo Io tan pronto como entró- escuché reportes de un rayo de luz roja proveniente de la Antártida. Creo que todo esto es obra de Phobos-

-Igual yo, lo mismo sucedió en el norte de Noruega, hace unos días, y el mismo rayo rojo proveniente del ártico- dijo Minos- ¡los enemigos traman algo! Y…-

Minos se interrumpió al ver la escena, y se mordió el labio. Algo malo había pasado. Estuvo a punto de preguntar que había pasado, pero Mu habló primero.

-Por cierto, ¿alguien sabe dónde está Touma?- dijo de pronto Mu, notando la ausencia del ángel de Artemisa.

Todos miraron a su alrededor. El pelirrojo había desaparecido casi de inmediato, y no había rastro de él. Los santos se miraron entre sí. Lo más probable es que se hubiera retirado al Olimpo, para evitar la tentación de ceder a las exigencias de los enemigos.

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Punta Arenas, Chile

Al mismo tiempo

Julieta regresó a su casa después de haber ido de compras. Hacía muy buen tiempo esa mañana, el sol brillaba y el viento no había sido tan fuerte como acostumbraba ser en su ciudad. Se encogió de hombros. No sabía a que se debía, pero se sentía agradecida.

Al menos no había vuelto a temblar.

Hacía un rato, mientras estaba en el supermercado, hubo un pequeño temblor de la tierra. Nadie pareció alarmarse, tan acostumbrados estaban a los temblores, pero algo le pareció extraño a Julieta. Primero esa extraña luz roja al sur, y luego ese temblor. Cuando salió del local, pudo ver a lo lejos de nuevo un rayo de luz vertical de color rojo. Lo vio apenas por unos segundos, y desapareció.

-¿Qué es eso?- dijo Julieta para sí misma en voz alta.

-¿Son luces de Navidad, mamá?- dijo Rayen. La niña no paraba de mirar la luz, y se aferraba a uno de los brazos de Julieta.

-No lo creo- dijo la chica, pensativa.

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CONTINUARÁ…

¡HOLA A TODOS! Espero que hayan pasado Feliz Navidad. Pues sí, ésta es mi última travesura del año, dejarlos con la duda un rato. Muchas gracias a todos por sus reviews. Les mando un abrazo enorme. Nos leemos pronto.

Abby L.