Lukas, después de una junta del grupo de ayuda, había hablado con Feliciano tal vez él sabia como calmar el dolor de sus migrañas, pero no podría detener el hundimiento de Venecia. Entonces ambos acordaron un día en el cual Lukas podría hacer todo lo que pudiera para ayudar a Feliciano. El día acordado Feliciano fue al salón de juntas después de la conferencia mundial, poco antes de que comenzara la reunión del grupo de ayuda. Cuando entró se topó que Alfred también estaba ahí.

‒ ¡hello dude! ‒

‒ ve~ Alfred ¿qué estás haciendo aquí? ‒

‒ Bueno, el héroe debe estar presente para salvar el día‒

‒ en otras palabras me siguió y supuestamente quiere ayudar‒

‒ ve~ no tengo problema‒

‒ De acuerdo, siéntate‒

Lukas le hizo unas cuantas preguntas a Italia como sus hábitos alimenticios, de pasatiempos, rutina en el trabajo, tipos de medicinas que usaba, cuantas veces había estado hospitalizado, cosas así.Después preguntó algo muy extraño. ‒ ¿del uno al diez cuánto dolor sientes? ‒

‒ 8 ‒

‒ wow, wow, wow, ¿estas teniendo una migraña ahora mismo? ‒ preguntó Alfred.

‒ sí, pero no están dolorosa‒

Lukas se puso pensativo. Y pensó que tal vez con el pasar del tiempo el dolor iba incrementando.

‒ ¿cuando eras niño, era más o menos el dolor?‒

‒mmm... creo que lo mismo en realidad... no recuerdo bien... a decir verdad creo que he aprendido a soportarlo‒

‒ Tal vez... ‒ Lukas sacó una varita de su abrigo, a diferencia de la de Inglaterra esta tenía una luna en uno de los extremos.

‒... si te convierto en un niño, tu dolor sea mucho menor. Dices que sientes un ocho, ¿verdad? ‒

‒ Sí... ‒

‒ Si mi teoría es correcta, sentirás menos dolor ¿quieres intentarlo? ‒

‒ Claro... ¿dolerá? ‒

‒ no, y no te preocupes no estarás así por siempre, y mantendrás tus recuerdos...‒

En ese momento Noruega alzó la varita, cerró sus ojos y pronunció algo que nadie logró entender. De la varita salió un resplandor purpura, que rodeo a Veneziano. Alfred empezó a ver como la figura de Feliciano se iba encogiendo de a poco hasta tener la apariencia de un niño de cinco años, la apariencia exacta en la cual empezó a tener migrañas.

‒ bien, del 1 al 10 ¿cuánto dolor sientes? ‒

Italia respiraba de manera agitada

‒ duele... mucho... ‒

‒ ¿Feliciano estas bien? ‒ dijo Alfred acercándose a la ahora pequeña nación.

‒ duele... Alfred... duele muchísimo... ‒

‒ Del 1 al 10... ‒ insistió Lukas

‒ NO LO SÉ... ¿20? ¿30? ‒

‒ cálmate... ‒ dijo Lukas calmadamente.

‒ NO PUEDO... NO PUEDO... ‒

‒ Feliciano, por favor respira profundo... ‒ Alfred intentaba hacer que Feliciano se calmara.

Feliciano empezó a respirar pausado pero su dolor no se iba, no acababa, no disminuía. Empezó todo a darle vueltas, lo único que pudo hacer es cerrar los ojos. Cuando los volvió a abrir ya no era un niño, y estaba recostado en uno de los sillones de alguna de las habitaciones que tenía el lugar.

‒ ya despertaste ‒ dijo Alfred que estaba sentado a su lado.

‒ Lo lamento... ‒

‒ no te disculpes, Lukas creyó que era buena idea, pero al parecer tu cuerpo no lo resistió... la junta ya comenzó, Lukas te traerá algo de comer‒

En ese instante Lukas entraba con una taza de té y unos bocadillos en una bandeja.

‒ Ya estas despierto que alivio‒ dijo Lukas depositando la bandeja a un lado donde estaba Feliciano ‒ lamento lo ocurrido‒

‒ ve~ no te preocupes... no sabías lo que pasaría‒

‒ Pero eso me ayudo a ver algo, como era tu rutina cuando eras niño... ‒

‒ ¿cuándo vivía con Austria? ‒ Feliciano no le gustaba recordar eso‒ bueno... el sr. Austria me exigía levantarme temprano, desayunar *su horrible comida* limpiar toda la casa, cenar *su asquerosa comida* y a dormir... ‒

‒ se ve que no te gustaba la comida ‒ dijo Alfred riendo.

‒ mm... ¿y cuándo tenias migrañas? ‒ preguntó Lukas.

‒ Lo mismo... me exigía que trabajara, pero esos días me encerraba en una bodega y dormía, la srta. Hungría siempre me llevaba una manta y me ayudaba con mis quehaceres...‒

Noruega se quedó pensando, tal vez el no recordaba las cosas que pasaban, el dolor puede hacer que se bloqueen ciertas cosas.

‒ te molesta si hago algo... ‒

‒ ¿Cómo qué? ‒

‒ ver tu pasado... no tus recuerdos tu pasado... ‒

‒ wow... ¿puedes hacer eso? ‒ dijo Alfred, el cual se le iluminó la mirada.

‒ sí, es relativamente sencillo, necesito que me des algo que hayas usado en ese entonces‒

‒ ve ~... ¿para cuándo? ‒

‒ Lo más pronto posible... ‒

‒ ve~ creo que... el sr. Austria tiene lo que usaba en ese entonces... ‒

‒ en ese caso vamos a pedirle... ‒ dijo Alfred levantándose.

‒ este... preferiría no ir... ‒

‒ Entonces, Alfred y yo iremos... tu tranquilo que no pasará nada‒

‒ De acuerdo‒


A la mañana siguiente Alfred y Lukas se dirigieron a la casa del señorito a buscar cualquier cosa que Italia haya usado hace tiempo. La persona que los atendió dio a entender que Austria no estaba, pero si solo iban por algo viejo no había problema, los dejó pasar y los condujo al ático donde estaban cajas y cajas de cosas inservibles que guardaban recuerdos. Una de ellas, que estaba cubierta por un plástico y bien sellada, decía Italia. Alfred la sacó de donde estaba y la abrió con mucho cuidado. Vieron ropa, hojas de bocetos, libros, y hasta flores secas en forma de una corona. Todo estaba relativamente bien cuidado.

‒ wow... al parecer Austria no es lo que parece‒ dijo Alfred observando todo con detenimiento.

‒ bien, ahora tomemos algo y hagamos el hechizo para que regreses antes de que el regrese‒

‒ Claro... wait what?... ¿Qué yo regrese? ¿No regresemos? ‒

‒ Sí... no puedo ser yo el que ingrese, porque yo conjuro el hechizo, si lo hiciera debo esperar todo ese tiempo para poder volver a donde empecé‒

‒ Entonces que tengo que hacer‒

‒ Las personas que veas no te podrán ver, pero si oír, así que debes mantener tu bocota cerrada... solo observa que tan mal esta Feliciano... ‒

‒ Tú me sacaras de ahí... ‒

‒ sí... solo debes regresar al punto donde iniciaste y decir... "ya volví" ‒

‒ Oh, y... en las películas siempre pasa que si paso de cierta hora... ‒

‒ eso es solo cine... no pasara nada si pasa de la media noche o días, porque el que lo conjura te puede sacar en un santiamén. El problema sería si un ser mágico, en ese tiempo te detectara‒

‒ ¿un ser mágico? ‒

Lukas asintió ‒ alguien que pueda hacer magia, como Inglaterra, Rumania, e incluso yo mismo... si te toparas con alguno, es posible que no puedas regresar, a menos de que llegues al lugar de inicio antes de que toquen las doce de la noche, pero eso solo si te toparas con ellos‒

‒ Ok. Estoy listo‒

‒ te lo vuelvo a repetir, no te pueden ver, te pueden oír, no te molestes en cambiar las cosas parecerás un fantasma, atravesaras paredes, si te topas con un ser mágico mantente alejado y ve a donde iniciaste antes de las doce de la noche, cuando llegues a ese punto debes decir "ya volví" ‒Alfred asintió y tomo un pedazo de tela blanco que al parecer era un pañuelo.

Noruega cerró los ojos y pronuncio algo que nadie podía entender. Una luz purpura salió de sus manos y cubrió a Alfred.


En cuanto se disipo, Alfred estaba en un pequeño campo de flores afuera de una enorme casona. Alfred corrió hacia él y no se molestó en abrir la puerta porque la atravesó, tenía que intentarlo, pero al pasar por ella no disminuyó la velocidad y chocó contra un mueble de cacerolas, estaba en la cocina. Alfred esperaba oír los gritos de pánico pero no había nadie en la cocina, ni siquiera había comida, eso era raro.

Salió de la cocina, y empezó a caminar indistintamente la casa era enorme, tan distraído estaba que al dar la vuelta a la esquina se dio cuenta que había llegado de nuevo a la cocina.

‒ Esto es imposible ¿cómo Italia limpiaba eso sin perderse? ‒

La respuesta le llegó de inmediato, porque empezó a escuchar una voz que venía desde el pasillo. Salió y vio a un pequeño Italia arrastrando una escoba que sujetaba con su mano derecha. El pobre niño venia llorando, sujetado por su mano izquierda por la mano de Austria, su rostro no estaba feliz.

‒ ¿cuándo será el día en que no te pierdas y hagas las cosas que debas hacer? ‒ gritó el hombre.

‒ sr. Austria disculpe... pero es que es tan grande... ‒

‒ Pero es que están grande‒ dijo imitando despectivamente la voz del niño ‒ eso no te da la autorización de dormir en la bodega o de pintar bigotes en mis retratos‒ dijo dirigiendo a la pequeña nación a una habitación que parecía una bodega.

Alfred atravesó las paredes y entró a la bodega que tenía un montón de paja en un lado, una frazada, la única luz que entraba era de una pequeña ventana al ras del suelo, la cual estaba con barrotes.

‒ te quedaras sin comer durante un día entero, permanecerás aquí hasta que lo reconsideres‒

‒ sr. Austria por favor, solo dormí porque me dolía la cabeza y lo de los bigotes... ‒

‒ silencio, aprende a mantenerte callado, no sirves para nada, para que existe una nación inútil como tú, ni para servir un té sirves... *suspiro* nos vemos mañana‒ dijo Austria cerrando la puerta.

Alfred sintió odio. Su corazón se empezó a partir en cuanto vio a la pequeña nación sentarse en la paja y llorar.

‒ no es mi culpa que me duela la cabeza... no es mi culpa que mi vista no estaba buena... creí que era laca... no es justo... no es justo... ¿por qué todo a mí? Nono me dijo que debía ser fuerte y aguantar todo... pero sentir un 7, del uno al diez, no es lindo... Lovino, Nono... quiero que estén conmigo... ‒

A pesar de que sabía que no lo podían ver, Alfred se sentó a lado de la pequeña nación, e intentó consolarlo, pero sus manos atravesaban el cuerpo de Feliciano, se quedó con él hasta que cayó dormido. Alfred veía como ese pequeño cuerpo temblaba de frio. De pronto la puerta se abrió, una pequeña niña entraba algo nerviosa, en sus manos traía una manta. Cerró lentamente la puerta, se acercó donde Feliciano y lo zarandeo suavemente. El pequeño despertó.

‒ ¿Liechtenstein? ¿Qué estás haciendo? ‒ dijo un adormilado Italia, que intentaba levantarse pero su pequeña amiga lo impidió.

‒ no me importa meterme en problemas... toma... ‒ le extendió la frazada y al tomarla Italia la desdobló lentamente, dentro del doblez había un pequeño paquete, dentro tenia pan y queso.

‒ grazie, Liechtenstein‒ dijo sonriendo

‒ ¿cómo te sientes? ‒

‒ bueno aun me duele... pero creo que ahora es un cinco... ‒

‒ sabes has mejorado mucho desde que duermes por las tardes‒

‒ es verdad... pero con el sr. Austria no puedo hacerlo tan seguido‒

‒ ya sé. ‒ dijo de golpe la pequeña‒ Si me das tu ropa, y me visto como tú podré cubrirte a esas horas‒

‒ ¿che cosa? ‒

‒ Ambos tenemos la misma estatura, no lo notara, además a esta hora, la srta. Hungría lo interrumpe para hablar de no sé qué, se demoran una hora, eso te da tiempo para dormir‒

‒ es una excelente idea‒ pensó Alfred.

‒ es una excelente idea, solo que hay un pequeñísimo problema Liechtenstein‒

‒ ¿cuál? Si es por mi cabello puedo fabricar una peluca... si es por mis ojos puedo tener la cabeza gacha... ‒

‒ No, ¿dónde se supone que voy a dormir?, si el señorito decide salir de su estudio, siempre pasa por la bodega, o por la cocina... ‒

‒ En mi cuarto obviamente‒

‒ Pero... ‒

‒ oh vamos dude, acepta‒ pensó Alfred intentando con todos sus esfuerzos hacer que el aceptara, aunque después se dio cuenta que no serviría de mucho porque no podían verlo.

‒ no le veo problema, total tu y yo ya hemos dormido juntos ¿no? ‒

‒ what! ‒ dijo Alfred gritando y se tapó la boca de inmediato‒ Ya han dormido juntos‒ pensó sorprendido.

‒ ¿oíste eso? ‒ dijo Italia algo asustado.

‒ ¿crees que pudo ser un fantasma? ‒ dijo Liechtenstein empezando a llorar.

‒ ¡no! No llores, no es nada... ‒

‒ soy una cobarde... es por eso que te molesto cada vez que truena‒

‒ no te preocupes, yo también soy un cobarde‒

‒ ¡no es cierto! Italia es muy valiente para enfrentarse a Austria todos los días, yo le tengo miedo‒

‒ *suspiro* de acuerdo, dormiré en tu cuarto y tú puedes suplirme pero me despiertas después de una hora‒

‒ ¡sí! ‒

‒ ahora vete antes de que te metas en problemas‒ Liechtenstein asintió, sonriendo, y con toda la inocencia del mundo, besó la mejilla izquierda de Italia y salió. Alfred se quedó viendo asombrado, viendo como Italia se sonrojaba, y se quedaba quieto por un tiempo, después devoraba el pan, el queso, se arropaba en la manta y se volvía a dormir. Alfred estaba a punto de irse, cuando la puerta se volvió a abrir, Austria llegaba con otra manta y cubría a la pequeña nación.

‒ intentaré demorarme esa hora, para que duermas un poco más ‒

Austria había, al parecer escuchado todo pero Alfred ya no entendía, ¿no se suponía que Austria era el malo de la película? Y ahora parecía todo un corderito.

‒ lo lamento... su majestad estaba ahí, no podía hacer nada, de haber estado solo te hubiera llevado una manta... haré que Liechtenstein te traiga algo de comer más tarde, sin que lo sepa claro esta... duerme bien mi niño adorado‒

Austria salió de la habitación y Alfred salió también, justo en ese momento escucho decir a lo lejos a uno de los criados "el sr. Inglaterra desea verlo" Alfred salió de la casa lo más rápido posible, y corrió hacia donde había empezado.

‒ Ya volví‒ dijo gritando.

Una luz lo rodeó y en cuanto se disipó estaba de nuevo parado a lado de Noruega en el ático de Austria.

‒ ¿y bien? ‒ dijo Lukas ‒ ¿cuánto dolor? ‒

‒ 7... Y después de tomar su siesta 5‒

Lukas cambió su expresión, si cuando era niño, lo máximo era 7 y si suponía que aguantaba. Eso quería decir que ahora la cifra exacta era más de 10.

‒ *suspiro* creí que sería menos... pero si la diferencia es solo de uno, no creo saber como ayudarlo... ‒

‒ Tal vez... si pasara más tiempo con alguien... ‒

‒ ¿dijiste algo? ‒

‒ no nada, cosas mías... jejeje... ‒


Alfred después se dirigió a la casa de Italia. Lovino no estaba así que estaba de suerte.

‒ ve~ Alfred qué pasó, ¿averiguaron algo? ‒

‒ No, sorry dude... Lukas no está seguro de lo que quería hacer funcione... ‒

‒ bueno agradezco que lo intentara... ¿por qué me miras así? ‒

Desde que Alfred llegó lo miraba como si estuviera frente a alguien desvergonzado... alguien que usaba a las mujeres a su conveniencia... alguien pervertido como Francia.

‒ Así que... solías dormir con Liechtenstein en las noches de tormenta ¿eh? ‒

‒ ¿co-cómo sabes eso? ‒

‒ viaje a tu pasado... casanova‒

‒ ¿casanova? Créeme que yo no soy un... ‒

‒ él era de Venecia, eso tiene sentido... ‒

‒ Alfred espera... ‒

‒...Y eres hermano menor de Francia tiene mucho más lógica todavía...‒

‒ ¡Alfred! Entre ella y yo no pasó nada‒

‒...Y te daba besos en la mejilla...‒

Feliciano estaba rojo como tomate... lo tenía tan bien guardado... que alguien lo descubriera así como así era vergonzoso.

‒ no diré nada, pero... ‒ dijo Alfred en tono chantajista

‒ ¿pero? ‒

‒ cuando salgas con ella, avísame para convencer a Vietnam de tener una cita doble‒

‒... pero... *suspiro*... está bien... tu recibirás los disparos de Suiza... si es que se da cuenta‒

‒ ¿si se da cuenta?... cierto nadie lo sabe... ‒ Alfred puso otra cara de pícaro ‒ ¿la vas a secuestrar? ‒

‒ yo no secuestro, solo subo a su balcón y la... ¡Alfred! No me harás hablar más‒

‒ oh vamos dude, habla, no le diré a nadie‒


hola todos. espero que estén bien... debo explicar una cosa, no es que me guste el relleno pero sentí que debía poner un capitulo sobre la infancia de Feliciano, aunque según mi opinión personal, Roderich lo quería mucho, pero por apariencias hacía todo lo estricto, para no ser considerado débil. Pero no fue una buena idea que digamos. Sobre, el pequeño romance, en casa de Austria, leí mucho sobre Liechtenstein y en tiempo coincide con Italia, aunque no estoy segura al 100% pero de que ellos se conocían de niños se conocían. Eso es todo espero que les guste y espero muy ansiosa sus comentarios y sugerencias y criticas si tuvieran algunas, la siguiente publicación será la última. Y habrá un extra. No puedo decirles más, nos vemos.

PD: Hetalia no me pertenece