Muchas gracias por su apoyo, espero que esto les guste.

Declaimer:

Naruto NO es mío, es de Masashi Kishimoto.


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Episodio

X

Punto de retorno

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"No puedo seguir siendo tan egoísta"

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Algunas veces las cosas que son atesoradas con tanto recelo, son las más punzantes agujas que penetran el corazón, desagarrándolo desde el interior, dejando una permanente cicatriz que siempre se abre cuando otros intenta tocarla.

Las peores heridas son aquellas que no puedes ver ni tocar.

Las hojas de los arboles terminaron de caer por el otoño dejando en el proceso sus ramas desnudas, expuestas para cuando llegara la época en que la nieve caería pintándolo todo de blanco. El evento se había acelerado un poco tras la lluvia que había estado precipitándose desde principios de semana, era un constante diluvio que había traído consigo un par de contratiempos. Los caminos estaban llenos de charcos y la humedad en el ambiente hacia que el viento se tornara frio, probablemente era acertado el pronóstico de la nevada que vendría en un par de días. Las personas salían con sus abrigos y bufandas, armados además con una sombrilla o un impermeable si es que se preparaban a tiempo para enfrentar las travesuras del dios de la lluvia. Al ver las nubes uno podía casi confiar que en cualquier momento las gotas se transformarían en copos.

Por una de las calles que llevaban hasta la entrada del Instituto Público de Konoha, caminando con pasos pequeños y rítmicos, una melena azulada se mecía con cada movimiento, la piel de sus mejillas apenas si tenían un poco de color y la temperatura matutina no era de mucha ayuda. Su gabardina beige hacia juego con una bufanda amarillo mostaza que le cubría el cuello y parte del pecho para evitar que sintiese demasiado frio, aunque al habérsele olvidado los guantes en casa, las puntas de sus dedos estaban ligeramente congeladas. Miró alrededor y distinguió docenas de rostros, tan diferentes unos de los otros, con pensamientos, expresiones y muecas tan fascinantes, era como si caminase en medio de una galería de cuadros, cada persona una pintura, cada pintura un mundo y ella se sentía bendecida de poder presenciar la belleza que todo eso evocaba. Porque ella no pertenecería demasiado tiempo al boceto que la vida se encargaba de dibujar día tras día.

Precisamente por ser tan efímero, es que le resultaba más hermoso.

La fecha de exámenes terminó tranquilamente la semana pasada y los resultados serían publicados esa mañana. Era un alivio que no hubiera sucedido ningún infortunio mientras las pruebas estaban realizándose. Durante esos días había podido estar a solas muy poco tiempo con Sasuke, pues tal como él lo sugirió, durante los repasos de emergencia que hacían el resto de sus compañeros en la biblioteca, ambos estuvieron ocupados trabajando con ello y pese a que ella le pidió que estudiasen juntos, el moreno se había negado rotundamente a hacerlo, incluso se marchaba más rápido para que ella no lo siguiese a casa como el otro día. Esa mañana no se había sentido del todo bien al despertar por lo que no fue capaz de ir a encontrarse con el Uchiha por tercera ocasión; que si bien estaba segura a él no le importaba en lo más mínimo, casi se atrevía a decir que probablemente se sentía aliviado de no ser molestado con su presencia, de alguna forma esperaba equivocarse y haber sido extrañada al menos un poco por su gato callejero.

Deseaba formar parte de sus pensamientos.

Ingresó a la zona de los anaqueles para zapatos y fue directa hasta su gaveta para sacar los Uwabaki y calzárselos. Se recargó en la estantería apenas un poco para agacharse cuidadosamente y comenzar a quitarse el calzado café. Saludó a algunas de sus compañeras cuando pasaron por detrás y esporádicamente echaba una mirada para ver si había algún rostro familiar.

¿Se habría levantado a tiempo? ¿Habría comido siquiera una tostada antes de salir? ¿Su turno no fue demasiado pesado la noche anterior?

Decenas de preguntas la inquietaron mientras se cambiaba las zapatillas. No podía evitarlo, constantemente sus pensamientos se llenaban con el moreno. Estaba un poco preocupada al no haber visto su cara aún. Un sonido fuerte y constante llegó a sus oídos, gruesas gotas se estrellaban contra el suelo y superficie distinta a él. Giró mecánicamente y observó como el resto de los alumnos se apresuraba en arribar a causa de la repentina lluvia que los había asaltado.

—¡Ah! Menuda lluvia-ttebayo—exclamó la escandalosa voz del Uzumaki entrando velozmente por el umbral abierto, a diferencia de los demás no llevaba un paraguas, por lo que sus rubios cabellos estaban algo empapados. Sus mejillas por fallo estaban rojas, como una manzana, y su nariz no se quedaba atrás en la pigmentación cutánea; casi pudo apostar que no era debido al esfuerzo por correr sino porque la tenía irritada.

Estaba enfermo y era realmente malo en ocultarlo.

—Naruto-kun—pronuncio la Hyuuga, el susodicho levantó la vista para clavar su par de zafiros en ella.

Sonrió.

—Buenos días Hinata-chan—su tono era levente más grave de lo normal y sus labios estaban resecos, se pasó una mano por mechones mojados para sacudir el agua que había en ellos.

Pequeños chorros de líquido cayeron por la piel de su cuello y humedecieron más la tela de algodón blanca, de alguna forma no llevaba la bufanda que le había estado viendo últimamente, lo que era curioso, pues parecía ser bastante preciada para él, aunque quizás esta misma impresión era la respuesta para esa incógnita. Su chaqueta naranja también había absorbido un poco de agua, por lo que el Uzumaki atinó a sacársela antes de ir a cambiarse los zapatos.

—Buenos días, ¿no traes una sombrilla?

—La abuela del complejo descompuso la suya, y necesitaba salir, así que le dije que la tomara, no pensé que fuese a llover tan de repente-ttebayo—explicó rascándose la nuca.

El sonrojo no abandonaba su cara.

—Pero si han dicho que había una probabilidad de setenta por ciento en las noticias—lo miró fijo.

—¿En serio? No lo vi—ladeó el rostro. Ambos se quedaron en silencio un par de segundos, más se vieron interrumpidos cuando el blondo tosió un poco. Las sacudidas de sus hombros y el sonido gutural de su carraspeo provocaron que la Hyuuga se alarmase un tanto.

Él definitivamente no estaba bien.

—Naruto-kun…

—¿Hmm?—giró a verla y se encontró con una expresión ligeramente contrariada, algo confuso se agachó para apreciar mejor el rostro de su interlocutora—. ¿Qué pasa?-ttebayo

—Lo siento…

—¿De qué…?—abrió sus ojos de par a par cuando ella le cogió de la muñeca para arrastrarlo muy apenas consigo. Casi ni le dio tiempo a cerrar su anaquel como debía.

Naruto parpadeó confundido mientras pasaban a través del mar de estudiantes. Mirando, sin terminar de comprender la situació0n, esa pequeña espalda.

—No has cuidado tu resfriado, ¿cierto?—era una afirmación que el Uzumaki no pudo negar. Realmente estaba sorprendido, no pensó que alguien lo notara.

—Se curará solo.

—¡No!—firme, tanto como ese agarre a su muñeca izquierda—, necesitas tratarlo correctamente, podría empeorar si lo ignoras—no era capaz de permitir que eso se agravase si aún podía hacer algo para ayudarlo. Después de todo Naruto se había comportado siempre muy amable con ella.

Debía compensarlo de alguna forma.

El rubio pensó en replicar, pero no encontró palabras adecuadas para hacerlo. La verdad es que no esperaba que ella se lo tomara tan en serio. No estaba acostumbrado a esa clase de preocupación. Como siempre había estado solo cada vez que se enfermaba, había olvidado como sentirse ansioso por sí mismo. Ella sin embargo, aunque no eran del todo cercanos y de alguna forma podría decirse que estaba totalmente interesada en su viejo mejor amigo, lo estaba tomando mucho en cuenta.

Oh Dios, ¿por qué estaba un poco feliz?


Cerró la puerta del departamento en un solo intento e introdujo en la cerradura su desgastada llave para dar un poco más de seguridad al lugar. Sintió un leve dolor en el cuello, producido seguramente por haberse quedado dormido en el piso luego de llegar la noche anterior, y es que había sido relativamente pesado el trabajo en el bar, pues al parecer estaba sucediendo alguna especie de evento en la ciudad, y tenían tres veces más la cantidad de clientes habituales. Lo que resultaba bueno para la economía, pero estaban comenzando a excederse en esfuerzo cada uno de los empleados; incluso Karin había tenido que desplazar su permiso de faltas para el próximo mes porque no quería dejar solo al viejo con todo. Estaba tan agotado que ni siquiera fue capaz de escuchar la alarma de su teléfono, pero lo cierto es que no se sintió especialmente apurado para alistarse e ir a la escuela, aunque le sabia a mal darse cuenta que de alguna forma estaba irritado porque, si bien su alarma no lo despertó, tampoco lo hizo la voz de esa molesta entrometida. Ya era la tercera ocasión en esa semana que ella no se aparecía por la mañana enfrente de su casa para hostigarlo. Debía sentirse aliviado, pero estaba, contra su voluntad, acostumbrándose tanto a ser asediado por la Hyuuga que no escuchar el tintineo de su voz o el sonido de sus pasos lo dejaba claramente molesto.

Maldita sea, no se entendía ni él mismo.

No quería involucrarse más allá de lo que ya lo había hecho, no quería ser tan débil de nuevo y menos frente a ella. No deseaba dejar que Hinata viera bajo toda esa mascara que celosamente se aferraba a sostener delante de su rostro. No estaba bien dejar que ella penetrase en su interior, no era lo más óptimo cuando la persona que pretendía ser un intruso en su corazón estaba por desaparecer cuando menos lo pensara. Ella que no era más que un puñado de escarchas a punto de derretirse entre sus dedos, no tenía el derecho de entrometerse y desequilibrar su mente. Hinata no podía estar siempre en sus pensamientos.

Honestamente eso era desesperante.

Miró al cielo cuando escuchó que poco a poco las gotas de lluvia comenzaron a amainar, desconocía el tiempo que había estado cayendo el agua, pero era bueno que no tuviese la necesidad de llevar la sombrilla abierta el resto del camino. Igual tendría que llevarla por si nuevamente se presentaba algún chubasco inoportuno. Caminó hasta el portón que separaba el patio del edificio con la calle. Auscultó un leve sonido y viró medio rostro hacia su derecha, viendo entonces el origen del mismo estirándose, tras haber estado oculto durante la precipitación.

Sus ojos eran tan profundos, como si pudiera leerle los pensamientos, lo que era en verdad fastidioso en ese momento. Sasuke le devolvió la mirada y el gato bostezó para luego pegar un brinco al piso y echarse a andar hacia el interior del complejo con movimientos elegantes y contundentes.

—Tan arrogante…—susurró torciendo la boca.

Sin embargo se dice que los animales se parecen a sus dueños. No obstante ese gato, si bien Hinata lo había nombrado de una forma tan absurda y egoísta, no le pertenecía en lo absoluto. Aunque igual sería malo si alguna vez el felino era reportado por alguien y los de control animal terminaban llevándoselo.

¿Cuánto costarían las placas con collar?

El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido por un repiqueteó proveniente del interior de un bolsillo de su abrigo militar. Se detuvo poco antes de cruzar la intersección principal, igual que un par de personas más. Observó la pantalla de su Smartphone y deslizó su dedo índice por el táctil para atender la llamada con el nombre del bar en la parte superior de la caratula.

Sasuke—exclamó la grave voz de su jefe casi en cuanto contestó la llamada.

—¿Qué sucede Gerente?—indagó estrechando la mirada.

¿Estás en la escuela?

—No realmente—paseó sus pupilas por los lugares y objetos que le rodeaban, realmente, no estaba mintiendo.

No me gusta pedirte esto cuando tienes clase, pero necesito que vengas al bar—expuso directamente el mayor.

—¿Sucedió algo?

Necesitamos todas las manos con las que disponemos—informó y luego escuchó como el hombre apartaba su boca del micrófono para lanzar una orden a los que estaban con él.

—¿Serán horas extras?

Mocoso, aún me debes una por lo de la última vez—reclamó con un leve acento sureño. Lo cual hizo que el Uchiha comprendiese que en verdad parecía necesitar ayuda, pues su jefe no utilizaba comúnmente el dialecto de las islas.

Cierto, aun no pagaba el favor que le había hecho el gerente la vez pasada cuando ocurrió el percance con aquellos tres tipos.

No le gustaba estar en deuda demasiado tiempo con alguien.

—Vale, iré para allá.

Te lo encargo.

Terminó la llamada y se quedó un par de segundos viendo fijamente el aparato en su mano. Tampoco era como si tuviera todas las ganas del mundo en aparecerse por la escuela ese día. Pero de alguna manera no sentía que fuera algo bueno ausentarse sin más. Sacudió la cabeza al percatarse de lo estúpidos que eran sus pensamientos. Mierda y a él que le importaba, siempre había faltado cuando le daba la gana y no porque estuviera ocupado o enfermo. ¿Qué era diferente ahora? Su móvil volvió a vibrar, pero esta vez se trataba de un mensaje. Chasqueó la lengua al ver el remitente.

Hinata siempre aparecía cuando menos lo imaginaba.

Leyó las líneas y sopesó seriamente no contestar a su, de alguna manera, irritante correo.

No has llegado a la escuela, ¿planeas saltarte clases? No puedes hacer eso. No está bien. Por favor trata de llegar por lo menos a medio día.

Iré a buscarte cuando terminen las lecciones.

—Tch, tan entrometida—optó por hacer lo más lógico dado su usual comportamiento: ignorar sus palabras. Después de todo no era como si él estuviera obligado a contestar. Aunque le dio curiosidad saber cómo es que ella se había dado cuenta de que no estaba en su curso.

Hinata no estaba en la clase siete.

Rodó los ojos al ver que nuevamente su mente le desobedecía y se enajenaba en la ojiperla. Guardó el teléfono en su sitio y dio la media vuelta para regresar y tomar el camino hacia su trabajo.

No tenía tiempo para invertir en esa chica por ahora.


Suspiró por décima vez seguida y se pasó una mano por los cabellos que le enmarcaban el rostro. Mordió su labio inferior en un ademán inquieto y sus cejas sufrieron un pequeño tic que las frunció levemente. Habían pasado más de once minutos desde que le envió el mensaje a Sasuke y éste no se había dignado a siquiera contestar, que vale, no es como si hubiera tenido la esperanza de que lo hiciera. Miró fijamente el pizarrón donde Kurenai se encargaba de escribir algunas oraciones en ingles con los conectores que estaban estudiando ese día. Intentó distraerse copiando los apuntes de la pizarra, pero no era capaz de concentrarse del todo. Ya que cuando fue a llamar a Sakura por petición de Naruto, quien había sido obligado por Shizune a permanecer en la enfermería a regañadientes hasta que su fiebre bajase; se había percatado de que el gato no estaba en su asiento. Primero pensó que otra vez estaba saltándose clases, sólo que no podía ser en su lugar predilecto—la azotea naturalmente—, dado que estaba lloviendo, por lo que velozmente, olvidándose que ella misma de que estaba terriblemente atrasada para sus propias clases, se dirigió a la biblioteca para ver si de casualidad se encontraba en la sala de descanso. No obstante en el sitio sólo se hallaba quien cuidaba la sala mientras que los encargados terminaban su día escolar. Un ligero sentimiento de preocupación afloro en la base de su pecho, como una espina diminuta incrustada en la superficie de la piel. No es como si esperase que él cambiara, Sasuke había dicho por sí mismo que tal milagro no sucedería, pero era verdaderamente un desperdicio que diera por descartada el resto de las posibilidades. Se dice que cuando alguien está enfermo, la única forma de curarlo es sí el mismo paciente tiene la voluntad de sanar. Si dicha persona no poseía tal convicción, cualquier esfuerzo ajeno era en vano. Y por desgracia, el Uchiha había dejado en claro que no quería ser salvado. Sin embargo, lo sabía. Había algo que no podía permitirle aceptar esas palabras del todo. Quizás era su terco egoísmo al querer forzar en él sus propios ideales, quizás era ese miedo que sentía por no ser capaz de llegar al fondo de su corazón, quizás era la voz silenciosa del gato callejero que pedía desesperadamente no estar solo más tiempo. Sea una o la otra, lo cierto es que lo único de lo que estaba segura era de hacer sus mejor esfuerzo. Incluso si esto no era más que una pérdida de tiempo. Aún si fuera por egoísmo, miedo o sentido de la justicia, ella seguiría recto hasta llegar a la meta.

Se aferraría desesperadamente a esa mano que podía desaparecer en cualquier momento.

Si bien era ella quien tenía un límite de tiempo. Sasuke parecía ser el que en cualquier segundo se desvanecería en el aire como polvo disperso por el viento. Era tan cauteloso, tan arisco. Estaba tan roto y eso podía notarlo; los pedazos de su corazón, no se habían vuelto a unir, por eso es que su mirada era tan celosa y fría. Su lengua venenosa no era otra cosa que un mecanismo para mantener alejados a los curiosos. Hinata sospechaba que en el fondo, el moreno era un niño asustado hecho un ovillo en el rincón más profundo de su ser. Temblando y llorando por estar tan desafortunadamente solitario en ese mundo. Lo que él no sabía, es que en esa vida, no se nace ni se muere solo. Aun si es una sola persona, si el corazón de ambos va al mismo ritmo, eran dos y no uno, los que caminaban de frente con la cara en alto sin temor a nada más que al infinito número de posibilidades que tarde o temprano tendrán que discernir para lograr concebir su futuro. Ya sea que este esbozara un panorama en el que estaban juntos o separados, no había lugar para arrepentimientos, podían estar uno al lado del otro sujetándose con todas sus fuerzas a esa mano que los salvaba, porque sería absolutamente lamentable darse por vencidos a la mitad del camino. Naturalmente que podrían salir heridos en el proceso, pero ser lastimados por otros era parte de ser humanos.

Y un humano, es algo imperfectamente hermoso.

Probablemente era debido a esa clase de pensamientos era que la Hyuuga encontraba en las heridas y cicatrices un invaluable tesoro. Ella no peía que la cosas fueran indulgentes, dulces o suaves, le parecía bien estar expuesta a la lacerante realidad, siendo herida y confrontada con los verdaderos sentimientos de las demás personas. Pero al ser considerada una persona frágil y con la guillotina de la muerte sobre su cuello, las personas con quienes podía compartir el dolor, intentaban frenéticamente protegerla del mismo. Aferrándose a sus propias esperanzas sin dejar que ella fuera participe, sonriendo y fingiendo que no es cierto. Pero con el paso del tiempo y tras la muerte de su madre, pudo comprender que es peor sostenerse de una esperanza falsa. Las heridas provocadas por ella, eran profundas y terribles. En cambio si uno era capaz de abrazar el sufrimiento de lo inevitable y caminar firmemente sin miedo al final de las cosas, podía apreciarse mucho mejor cada momento que se vivía.

Era una forma de dar sentido al resto de su vida.

Por ello es que había decidido seguir su propio camino. No desvaloraba los intentos de su familia por tenerla más tiempo con ellos, pero si su destino era marcharse, se marcharía con las memorias más brillantes y hermosas que pudiera pintar en sus recuerdos. No decía que cada uno de ellos tuviese que aceptarlo, podían hacerlo lentamente, dejando que sus corazones se acostumbrasen a la preciosa irracionalidad de la vida. En cierto que era egoísta, más que nadie era consciente que no se ponía a considerar los sentimientos de los demás. Pero al menos deseaba que comprendiesen su punto de vista.

Sólo se tiene una vida después de todo.

Comprendía porque razón Sasuke seguía manteniéndose cerca pero lejos al mismo tiempo. Sus ojos se habían vuelto lo bastante agudos a través de los años mientras observaba cada pequeño detalle, para ser capaz de darse cuenta que el gato callejero estaba dudoso de permitir que ella viera su verdadera cara. Él había sido realmente herido en el pasado, no conocía los detalles y tampoco sabía si algún día los sabría, pero por las piezas que se le habían sido otorgadas, ella podía decir a ciencia cierta que el Uchiha estaba roto en decenas de pedazos. Y que el hecho de que ella se iba a marchar era un gran obstáculo para que los sentimientos que poseían fueran correspondidos en su totalidad.

Sasuke tenía miedo de enamorarse de ella.

Es verdad que para Hinata el amor era algo nuevo también, nunca antes había experimentado tal sentimiento, se sentía ansiosa y asustada, pero esa clase de miedo, era bueno. Y deseaba que él le diera una oportunidad. Después de todo, no quería que su primer y único amor fuera tan unilateral. Era lo suficientemente egoísta para desear ser correspondida. No obstante, entendía que eso metía en aprietos a la otra parte.

Pues la que estaba deseosa de amor, moriría dejando al otro atrás.

Sí, eso era cruel. Ella moriría, desaparecería, se esfumaría como polvo en el viento. Él se quedaría atrás, odiándola seguramente si es que alguna vez cedía, detestando el hecho de haberla dejado entrar en su alma para luego irse por su cuenta. Pero la vida es de ese modo, todos se encuentran, caminan juntos y se separan al final.

Es sólo que ella y Sasuke tenían menos tiempo que el resto para estar juntos.

Simplemente no eran demasiado afortunados.

Recargó la cabeza en la palma de su mano mientras Kiba era mandado a leer un pequeño párrafo de la lección para practicar la pronunciación. Miró a través del cristal las nubes grises que encapotaban el cielo. Su situación con Sasuke era como esas nubes, ponía en aprietos a los demás por descargar todo lo de su interior sin preguntar antes si estaban de acuerdo, quedándose tanto tiempo como le diera la gana para después marcharse sin avisar. Que ser tan despreciable, ironizó. No era como si hacerle daño fuera su intención y tampoco es como si fuera una especie de masoquista para querer ser la única herida todo el tiempo.

Era solamente que… no sabía cuándo detenerse.


El timbre resonó por todas las aulas del instituto y los pasillos pronto se hicieron muy ruidosos. Kakashi levantó la mirada y dejó escapar un suspiro mientras recogía los materiales didácticos que había utilizado en su última lección del día. Miró fijamente la lista de clase y su ojo visible se detuvo en el nombre del más problemático de sus alumnos. Ese niño, no había llegado en todo el día según lo que dijeron los profesores anteriores y si bien no era algo nuevo que él faltase. Lo cierto es que había estado empezando a creer que iba a cambiar, pues por un mes había tenido asistencia en todas las horas y no llegaba tarde, vamos que incluso estaba cumpliendo diligentemente con sus labores en el comité de la biblioteca. Había superado con creces las expectativas que tenía puestas en su espalda. Seguramente ni Sasuke era consciente que había estado cambiando gradualmente, no obstante él era su profesor. Lo había estado observando desde que fue a entregar el formulario para lo de la biblioteca. Ese chico, estaba siendo influenciado por la Hyuuga, no tenía duda alguna que ella era la causa principal de eso. Sin embargo, el morocho era un hueso duro de roer, así que esperaba que aquello no significara el final de ese impulso nuevo.

Él necesitaba estar más motivado.

Sería un desperdicio dejar que una cabeza tan buena se pudriera, aunque era capaz de entender el porqué de su comportamiento. La situación de hace un año, era algo que destrozaría a cualquiera. Pero como profesor, sólo podía desear que él lo superara con el tiempo, después de todo solamente éste podía sanar semejante herida; había estado a punto de perder la esperanza cuando comprendió lo limitadas que eran las habilidades de un maestro en ciertas situaciones con sus alumnos, la impotencia y la frustración casi lo había hecho rendirse por completo. Sin embargo la peliazul se encargó de traerlo devuelta a sus sentidos, ella sin que nadie se lo pidiese, seguía yendo tras el Uchiha, volviendo una y otra vez a llamarlo para qué él le contestase, dudaba que fuera consciente de las circunstancias que habían originado el comportamiento del ojinegro, ya que sabía que él nunca hablaría de ello por sí mismo aunque la misma chica se lo pidiese, aun así Hinata se mantenía firme. Si ella podía aferrarse a una pequeña posibilidad de salvar a Sasuke sin conocer toda la verdad, él también podía hacerlo, intentaría nuevamente hacer que el morocho se abriera. Después de todo de alguna manera ambos eran parecidos, él también había perdido a una persona muy importante en una situación lamentable hacía muchos años. Por lo que simpatizaba con ese sentimiento de querer autodestruirse. Miró disimuladamente su muñeca izquierda, justo el sitio donde llevaba siempre su reloj. A veces el dolor de las cicatrices internas orilla a la gente a tomar decisiones precipitadas y estúpidas. Por mucho tiempo la oscuridad puede susurrar consejos tan tóxicos que destrozan la cordura de las personas. Sin embargo al filo del abismo había sido rescatado por dos seres que amaba más que nada y que jamás lo dejaron solo por más que él replicara y pataleara.

Realmente les debía una a esos preciosos amigos.

Colocó todos los útiles bajo su brazo y se despidió con un leve movimiento de cabeza de algunos estudiantes que aún quedaban en el aula. Lo mejor sería que continuase sus cavilaciones en la sala de maestros. Aún tenía que terminar muchas cosas antes de que se acercara el receso de invierno.

—Hasta mañana Kakashi-sensei—se despidió Sakura parándose al lado del Uzumaki.

—Hasta mañana Sakura—correspondió paró a mitad de camino para ver a dos de sus estudiantes más destacados, aunque uno no por cosas realmente buenas—, cuida bien tu resfriado Naruto—indicó.

—Lo haré, no quiero que Sakura-chan me regañe otra vez, ni causar problemas a Hinata-chan-ttebayo.

—Ya veo—se giró para seguir su camino, sin embargo cuando estaba por cruzar la puerta del salón sintió que alguien se chocaba de frente contra su pecho—, ¿Huh? ¿Hyuuga?

La pequeña muchacha se sobó la nariz y levantó el rostro que inmediatamente se tintó de rojo al darse cuenta de lo bochornoso de la situación. Se separó del peligris automáticamente y cubrió sus labios para no gritar de la vergüenza.

—En verdad lo siento Kakashi-sensei—se apresuró a decir tan rápido que las palabras se atropellaron las unas a las otras.

—Está bien, no es para tanto Hyuuga—restó importancia. Le echó una pequeña mirada y pudo denotar que ella se veía bastante agitada, incluso su cabello esta un tanto desarreglado, como si hubiera corrido hasta llegar ahí.

Ella era tan frágil y pequeña.

¿Cómo podía ser tan fuerte para hacer que Sasuke se viera afectado por ella?

—¿Qué pasa Hinata-san?—inquirió la Haruno acercándose junto a su mejor amigo.

—Te ves como si hubieras corrido una maratón-ttebayo.

—Sasuke… ¿Sasuke está aquí?—inquirió sin el menor rodeo, sus ojos pasearon por cada pupitre buscando la silueta que más conocía.

—Sasuke-kun no vino en todo el día.

—¿Qué?

—No se presentó hoy.

—Oh… ya veo—bajó un poco el rostro, claramente desilusionada por haberse apresurado en vano. El rubio estrechó un poco la mirada—, no me ha contestado los mensajes.

El Hatake simplemente se mantuvo al margen.

—Seguramente se quedó dormido Hinata-chan—exclamó el ojiazul.

—¿Tú lo crees así Naruto-kun?—clavó sus orbes en los de él.

—Seguramente—desvió brevemente la mirada. De alguna manera estaba un poco incómodo—. En todo caso no creo que haya faltado por algo grave-ttebayo.

—Eso espero.

—En este momento estamos regresando a casa, llevaré a este idiota para comprarle la medicina y preparar algo que pueda comer más tarde; Sasuke-kun vive en el mismo edificio así que ¿por qué no vienes con nosotros para que lo vayas a ver?—musitó la ojijade mientras apuntaba con el pulgar al Uzumaki.

—Sakura-chan—reclamó.

—Me gustaría, pero estoy segura que posiblemente él ya se encuentre camino al trabajo—asumió recordando el horario del moreno.

—Es cierto—pronunció el blondo—, seguro que ya se fue.

—Está bien, quizás mañana sea capaz de verlo—sonrió. Aunque sólo era para disimular su tristeza, de verdad que había deseado verle ese día—. Entonces, no les quito más su tiempo, debo irme a la biblioteca, hasta luego Sakura-san, recupérate pronto Naruto-Kun—cabeceó moviendo el cuerpo hacia el pasillo—. Hasta mañana Kakashi-sensei.

—Hmm vale, nos vemos Hinata-san.

—Te cuidado en tu camino a casa-ttebayo.

El peligris la vio alejarse.

—Nos vemos chicos—se despidió el profesor imitando a la Hyuuga.

—Vale.

—Sí.

Salió al pasillo y buscó rápidamente con la mirada a la chica de cabellos azulados. Le miró no muy lejos de él, por lo que se apresuró en alcanzarla.

—Hyuuga—llamó haciendo que la susodicha se detuviera al instante.

—¿Kakashi-sensei?

Él también quería hacer su mejor esfuerzo en apoyarla.


La música estaba más alta que de costumbre, de hecho toda la situación actual en el bar estaba fuera de lo habitual. Había el doble de personas, y parecía que realmente no se iban a dar abasto con todo los pedidos. La barra estaba repleta de botellas y vasos de licores. Y la gente iba y venía de un lado a otro casi imposibilitando que los camareros anduvieran libremente por todo el lugar. Mientras se las ingeniaba para surtir una ronda de cerveza a una mesa muy cercana a la entrada, comprendió por qué su jefe le había llamado. Incluso había tenido que pedirles ayuda a los empleados que tenían la noche libre. Recogió los envases vacíos en su charola y regreso al mostrador. Karin y el gerente se apresuraban en rendir todos los pedidos especiales, mientras que Yuugo, Suigetsu y Kabuto entraban y salían de la parte trasera con botellas de cerveza, vacías y nuevas.

—Voy a perder una mano como esto no se detenga—se quejó el albino.

—Venga no seas niña imbécil—regañó la pelirroja.

—Esta cantidad es ridícula—secundó el Uchiha acercándose al bote de basura para sacar la bolsa que en esa noche habían tenido que cambiar ya cuatro veces.

—Es agradable que tengamos tantos clientes sin embargo—mencionó el de cabellera naranja.

—Pero a este paso nos quedaremos secos—volvió a decir el de dientes puntiagudos.

—Venga no se quejen—medió el de cabello platinado y lentes.

—Sasuke, Mizukawa-san estará entregando veinte cajas en un par de minutos, recíbelas por favor, Yuugo ayúdalo a descargar—avisó el encargado mientras colgaba el teléfono del bar y surtía una nueva ronda que habían pedido un grupo de chicas.

—Vale—exclamaron ambos.

Terminó de sacar y cambiar la bolsa de basura y se dispuso a sacarla, por su parte, su compañero cogió algunas cajas con botellas vacías para llevarlas al contenedor antes de recibir el surtido de alcohol.

Era la primera vez que se tenía que hacer a mitad de la noche.

—Vaya que hay gente—comentó el hombre que respondía como Mizukawa mientas bajaban la cajas de su camión de entregas—. Este es mi quinto pedido de surtido en la noche—apuntó pasándole un cartón al moreno—. No se exijan demasiado muchacho, es malo para la salud, aunque ustedes son jóvenes y más resistentes que un viejo como yo—aconsejó riéndose, un par de arrugas se le formaron en los ojos y la boca, signo de su edad, que si bien no era muy avanzada, era bastante.

—…—Sasuke no agregó nada, más asintió en respuesta.

El hombre le dio a firmar la hoja de recibido y luego, tras una pequeña reverencia, se marchó a continuar con su trabajo. El moreno se quedó un momento ahí parado, tomando algo de aire, la verdad es que comenzaba a sentirse mareado con tanto ajetreo. Se pasó una mano por los cabellos para alborotarse la melena y sacudir el sudor que comenzaba a perlar su frente. Suspiró sonoramente, estaba cansándose de todo eso.

¿Sería momento de cambiar a otro trabajo?

Pero es que no sabía si sería capaz de hallar otro empleo con las mismas disponibilidades, además que lo único malo era que trabajaba bastante entrada la noche. Si bien seguía siendo menor de edad, el jefe había sido condescendiente con él. Le había dado una oportunidad, así que no podía simplemente largarse. Aunque no quisiera admitirlo, no le parecía correcto.

El bolsillo de su delantal vibró, un poco extrañado sacó su móvil del interior para revisar la razón. El icono de los mensajes estaba iluminado, por lo que deslizó su dedo por la pantalla táctil para abrirlo.

Era un mensaje de Hinata, otra vez.

Realmente esa chica era algo, pese a que claramente había ignorado su primer mensaje, nuevamente le molestaba, chasqueó la lengua y estrechó la mirada antes de picar nuevamente para ver el contenido.

Se sorprendió ligeramente.

Pareces agotado, ¿no deberías tomar un descanso?

¿Cómo es que ella…?

Levantó la cabeza rápidamente al sentir un movimiento a su espalda, se giró bruscamente y realmente no pudo disimular la sorpresa de sus facciones al ver a la calamidad de sus pensamientos frente a él. La Hyuuga lo miraba fijamente mientras apretaba las manos contra su pecho y una mirada muy extraña en los ojos.

—Estás usando ropa demasiado ligera, la temperatura está bajando hoy—comentó ella reparando en el uniforme del moreno—, así que trabajas en este sitio—miró el edificio detrás de sus espalda.

—¿Qué haces aquí? ¿Quién te dijo que podías venir?—indagó rudo.

—Kakashi-sensei me dio la dirección de este lugar.

—Ese imbécil—gruñó, ¿cómo se le ocurría darle esa información a ella? ¿Acaso no sabía que esa mujer era lo suficientemente imprudente para andar por ese lugar tan tarde y sola? ¿Qué clase de maestro de mierda era?

Maldición, estaba furioso.

—Te ves un poco pálido, ¿has comido algo?—cuestionó acercándose para tocarle la mejilla.

Su mano era cálida.

—Eso no te importa, vete a casa—le cogió la extremidad para evitar que siguiera tocándolo tan libremente.

—No quiero, estaba preocupada por ti—lo miró fijo.

¿Por qué era ella así en todo el mundo?

—No tiene nada que ver contigo, así que no lo hagas, regresa a casa idiota—la tomó fuertemente de la mano para arrastrarla a la calle que se veía al otro lado del callejón y por donde la peliazul había llegado.

—No quiero—dijo deteniéndose.

—Eso no me interesa—también se detuvo.

—Por favor, no me digas que vuelva—recargó la cabeza contra su espalda—. Hoy me sentía ansiosa, porque no fui capaz de verte hasta ahora.

—Cierra la boca.

—Realmente, quería verte tanto—frotó su rostro contra la tela de la camisa blanca, Sasuke sintió el aliento de la muchacha pegar contra su piel a través de la tela—. Lo siento.

Sabía que todo es tumulto se sentimientos eran unilaterales.

—Vete a casa—reiteró el pelinegro—, eres una molestia.

Se giró y quedó estático.

¿Por qué…?

¿Por qué ella estaba sonriendo tan dolorosamente?

—Lamento haber actuado tan egoísta, desear que pensaras más en mí, pedirte que me hieras porque estoy muriendo para no sentir que sólo vivo en una burbuja contra golpes, fue realmente algo terrible—sus ojos estaban tan rojos.

—¿Qué estás…?

—No sé cómo detenerme…—bajó el rostro, ocultado sus ojos de él—, sé que lo que hago es estúpido e irracional, sé que sólo estoy siendo una molestia para ti—apretó las manos a su costado—. Simplemente creo que estoy enloqueciendo Sasuke—alzó la cara y su expresión era complicada.

Las pupilas del azabache se contrajeron.

—Tú…— no entendía la situación en lo absoluto.

¿Por qué estaba de ese modo?

—Debió ser duro para ti—volvió a tocar su pómulo—, has cargado con tanto en tus hombros—llevó su mano libre a la otra mejilla.

Acercó sus rostros a una distancia prudente.

—¿De qué estás hablando?

—Yo…

—…

—Voy a parar.

No podía herirlo así, no podía darle su amor y desaparecer luego, porque ella sería la única que estaría feliz llevándose los recuerdos consigo, y él que sería dejado atrás sin poder hacer nada para detenerlo, sufriría más que nadie. No tenía el corazón para hacer que Sasuke perdiera a alguien…

Otra vez.


.

No lo sabía, todos los sentimientos tan pesados con los que habías estado cargando, los desconocía, así que, ¿qué derecho tenía?

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.-*+*-.

Continuara

'-+*+-´

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Espero que les haya gustado. Muchas gracias por sus reviews, Follows, y Favs. Me alegra saber que les gusta esta historia. Perdón por la demora.

Lamento los errores, trataré de corregirlos.

Dejen sus comentarios.

Akari se despide.

Yanne!