LA DESPEDIDA…
Al día siguiente al atardecer, Marlene salió de paseo con Álvaro, a una cita como normalmente siempre salían.
-Álvaro, quiero decirte algo, que para mí es demasiado importante.- le pide parándose enfrente de él y tomándolo por el cuello, mientras que él, la toma por la cintura.
-sí, dime.
-solo quiero decirte que… a pesar de lo que habíamos platicado la vez anterior, de verdad he tomado la seria decisión de entregarme a ti, quiero que tú seas el hombre al cual yo le entregue mi virginidad…
-¿qué?.- pregunta Álvaro impresionado.
-quiero ser tuya.- le aclara mirándolo a los ojos sonrientemente.
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Marsell tomo entre sus manos su equipaje mientras daba un pesado suspiro, le pesaba en verdad irse por tan solo dos semanas.
-te dije que lo lamentarías Marsell.- le comienza a regañar Brandon.
-lo sé, pero solo será por dos semanas.- responde fingiendo no darle importancia al tiempo.
-si claro, agradece que solo es por dos semanas, ¡me prometiste por tu vida que no volverías a estar con Samanta de esa manera!
-perdón, perdón Brandon por favor, pero es que… tu no la conoces como yo, es una mujer encantadora y muy hermosa, por más que trate de ponerle una distancia a nuestra relación, no pude contra sus encantos de mujer.
-sí, sí, sí, ya todos los de la base sabemos eso… pero no justifica tu razón para no cumplir con tu promesa, aun así… suerte para la próxima.- le desea saliendo del cuarto, cerrando casi de un portazo. Omar solo guardaba silencio, le apenaba presenciar todos esos momentos.
-discúlpalo Marsell, ya sabes como es.
-sí y no lo culpo, lo merezco, al menos tu si tratas de apoyarme.- le agradecer despidiéndose de él con un abrazo.
-que tengas un buen viaje y ya sabes, te estaremos esperando dentro de dos semanas.- le regala una sonrisa y lo mira tomar su maleta antes de salir.
-Marsell, ¿ya estás listo?.- le pregunta un cabo encargado de los vehículos de la base.
-si.- responde no tan feliz.
-bien, voy a dar la orden para que preparen la camioneta.- le informa caminando hacia el estacionamiento.- Masell mira la dirección hacia dónde va y decide seguirlo.
-Marsell.- escucha como lo nombran al caminar tan solo tres pasos. Voltea su mirada y descubre a Samanta corriendo hacia él.
-Samanta, ¿qué haces aquí?
-Marsell, tengo que decirte algo.
-sea lo que sea, puede esperar hasta que yo regrese y por favor, cuando este de regreso, no quiero que nos volvamos a reunir en secreto, lo nuestro debe terminar.
-no, no Marsell por favor escúchame… Marsell, no te puedes ir.
-pues no es que pueda o quiera, si no que debo irme.
-Marsell, llévame contigo.- le pide tomándolo de un brazo.- por favor, quiero ir contigo.
-¿qué?, claro que no, tú no puedes venir conmigo, por favor, déjame, entiende que ya no podemos estar juntos.
-Marsell, por favor, no me puedes abandonar ahora que estoy embarazada.- Marsell se quedo mas que pasmado con la noticia, tanto que soltó su maleta, miro impresionado a Samanta y la tomo por los brazos sin lastimarla.
-¿cómo que estas embarazada?
-sí, lo estoy, por favor llévame contigo, no me puedes abandonar a mí, ni a tu hijo.
-mientes…
-no, es enserio, estoy embarazada, tengo la prueba que me realice hace pocos días.- le confirma solo con esa palabra "prueba", para Marsell eso le bastaba escuchar para creerle.
-pero yo no te puedo llevar, no tengo derecho, ni siquiera estamos casados, ¿cómo te puedo llevar conmigo?
-por favor Marsell, me quiero ir contigo, no quiero quedarme aquí, piénsalo, que tal si me pasa algo y pierdo al bebé, tu no vas a estar ahí conmigo para cuidarme, por favor mi amor, me quiero ir contigo… por favor.- le pide por última vez sintiendo como el soldado la toma de la mano y ambos se dirigen hacia la camioneta, Marsell no estaba tan seguro de esa decisión, pero las palabras de samanta lo hicieron temer por la vida de su hijo.
Ambos subieron a la camioneta mercedes benz zetros, por suerte nadie miro a Samanta subirse con él.
-y, ¿a dónde vamos?, ¿a tu casa?
-sí, ¿por qué?
-solo pregunto, me gustaría conocer a tu familia.- le responde con una sonrisa, por un momento Marsell también le sonrió, le parecía lindo que Samanta se interesara por conocer a su familia. El chofer de la camioneta se subió por la parte del piloto y comenzó a manejarla, directo hacia donde el soldado vivía.
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-trescientos, cuatrocientos y quinientos mil.- termina su cuenta de dinero el capitán, antes de extendérselo a Clemson.- aquí tienes el dieron para pagar la cuenta de las armas.
-gracias Skipper.- agradece tomando el dinero entre sus manos, nuevamente sentía brillar sus ojos al tener todo ese dinero en su poder.
-capitán Skipper.- le habla un soldado encargado del estacionamiento militar.
-¿qué pasa soldado?
-el joven Marsell ya se ha retirado, apenas ha salido de la base.
-gracias.- agradece antes de mirarlo retirarse, Clemson se guardo el dinero en uno de los sobres donde guardaban normalmente el dinero y se despide de Skipper con un apretón de manos.
-ya es la hora.- se dice así mismo dirigiéndose hacia su dormitorio.
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-Marlene… ¿e-estás segura de lo que dices?
-nunca estuve tan segura como ahora, Álvaro, te lo digo enserio, quiero que tu y yo estemos juntos en una noche.
-pero, no te parece muy pronto para eso.
-sí pero, tú mismo me dijiste que los próximos días te vas a ir a la militarizada a donde esta mi hermano para entrar como soldado al igual que él, ¿o no?
-pues si pero…- deja de hablar al sentir como Marlene le tapa la boca con su dedo índice y medio.
-¿o es que no quieres estar conmigo?
-¿qué?, no es eso, por supuesto que sí preciosa, es solo que… no quiero hacerte daño.
-no me aras daño Álvaro, tu jamás podrías hacerme daño… es por eso que, quiero ser tuya, solo tuya.- le aclara antes de destaparle la boca para besarlo.
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-hola, Clemson, respóndeme.- habla un tipo a través de un woki toki.
-Ernesto.- comienza a hablar el hombre de piel morena.- quiero que todo salga tal lo planeado, si mis cálculos no me fallan, la camioneta muy pronto pasara por donde están ustedes.
-sí pero, no crees que la barranca esta también peligrosa para mí y mis compañeros.
-bueno, bueno, eso es parte del pan, pero aun así, tu también debes cuidarte… y ya sabes qué hacer cuando llegue el momento, desaste de Marsell, quiero que este muerto, ¿está claro?
-si, Clemson, demasiado claro.- le habla mirando hacia la carretera. Clemson colgó el teléfono y camino hacia el cuarto de su hermana.
-Samanta.- la nombra mirando su cuarto vacio.- no está… que raro, ¿dónde podría estar?.- se pregunta cerrando nuevamente su dormitorio para buscarla.
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La camioneta estaba a tan solo escasos metros de la trampa, Marsell miro a Samanta tratando de acomodarse entre el equipaje del soldado para viajar mas cómoda, esta la miro a él y vio su vista en ella, le sonrió y lo miro acercarse a ella para besarla.
Los cuatro cómplices del capitán, incluyendo con el que había hablado por teléfono, tenían más que listos sus pistolas, solo esperaban el momento adecuado, esperaron por segundos y minutos, hasta que vieron a lo lejos la camioneta mercedes benz zetros, fijaron su vista en el objetivo y confiaban en su puntería.
-¿listos muchachos?... ¡ahora!.- ordena comenzando a disparar hacia las ruedas de la camioneta, al igual que sus cómplices, el chofer de la camioneta se llevo un gran susto al recibir aquellos disparos, pues comenzó a perder el control del móvil, comenzando a balancearse de un lado a otro, no había control alguno. Samanta y Marsell comenzaron a preocuparse, el hombre llamaba al chofer preguntando por la camioneta, pero no recibió respuesta alguna, ya que el chofer aun seguía tratando de controlar el medio de transporte. Continuaron disparando hasta que miraron como la camioneta termino por caerse de lado, finalmente cayendo y rodando por la barranca, todo se hiso un caos total. Los hombres miraron la escena, jamás se habían imaginado que la hermana de Clemson estaba en el auto junto con Marsell, sufriendo al igual que él en el accidente.
Cuando la camioneta termino de rodar, se escondieron lo más pronto posible para evitar ser vistos por testigos del accidente. El principal del grupo comenzó a crear una carta hacia el capitán Hans, que al igual que ellos, el también era cómplice de la tragedia.
