Hola chicas, cómo estan? yo aca al fin con caputulo nuevo. Espero les guste y me dejen muchos comentarios.

Como verán todo, de a poco, empezará a tomar más forma y a vivir intensamente la historia de amor de todos los protagonistas.

Un beso! nos leemos pronto.

Carito

Capítulo BETEADO por Flor Carrizo, beta de Élite fanfiction: www. facebook grupos / elite. fanfiction /

Capítulo 7

El abrazo de Nessie y Jacob conmovió a todos los miembros de la base. A su alrededor todo era muerte y desolación, sin embargo esos adolescentes apostaban al amor y ese gesto llenó de esperanzas hasta al más duro soldado.

Isabella miraba como ese muchachito que tanto admiraba al fin encontraba una muestra de cariño más allá de las paredes del orfanato. Sin embargo, sentía también que había crecido demasiado rápido.

Los demás jovencitos del hogar de niños, tras ver a su amigo besando a una chica muy bonita, los vitorearon. Y los más pequeños aún no lograban entender por qué parecía que Jacob se estaba tragando a esa chica.

Finalmente, Carlisle se aclaró la garganta.

—Hija, ¿podrías explicarme quién es este joven y de dónde lo conoces?

—Mi nombre es Jacob Black, doctor Cullen —dijo tendiéndole la mano para estrechársela—. Vengo del Hogar de Niños de Forks. Hace días que con Nessie nos estamos comunicando para coordinar encontrarnos y poner a salvo a los pequeños.

—¿Cómo lograron comunicarse, jovencitos? Se supone que el servicio de internet está prohibido para quien no tenga la clave de seguridad —interrumpió el presidente.

—Disculpe que lo contradiga, señor presidente, pero su seguridad informática no es la mejor. Solo me tomó unos cuantos minutos acceder a la red —explicó la muchachita.

—Es verdad lo que dice la joven, la seguridad informática que posee el gobierno no es la óptima. En mi caso accedí a información clasificada muy fácilmente —explicó Emmett respaldando así a los chicos.

Lily, que estaba en brazos de Isabella, comenzó a llorar. Los más pequeños tenían hambre y estaban agotados del viaje.

Jane, quien hasta ese entonces había pasado desapercibida en la base, empezó a hablar.

—Necesitamos de inmediato darles de comer a estos pequeños y acondicionar un sitio para ellos. Deben estar cansados por el viaje —explicó.

—Muchas gracias, señorita, de verdad que estos pequeños están hambrientos y con sueño. Además que necesitan un baño —completó Bella.

De inmediato el presidente habló con gente a su cargo que se ocuparía de acondicionar un lugar para tener a los pequeños.

—Pasemos a la zona del comedor, allí estos pequeños estarán más cómodos.

Rápidamente, todos los miembros del hogar, acompañados del sargento Masen, siguieron al presidente a través de las instalaciones de la base.

—Por aquí pueden ubicarse, niños, en unos minutos servirán la comida para ustedes —dijo el presidente.

Isabella tomó una manta que traía en su mochila y con Alice y Rose acomodaron a los bebés allí para que jugaran.

Edward corrió una silla para que ella se sentara en la mesa donde todos estaban reunidos.

—Entiendo que gracias a estos dos jovencitos pudieron llegar a salvo a la base. Pero alguien podría explicarme cómo es la situación afuera.

—Señor presidente, la situación es muy complicada. Hace ya varios días que movilicé a mi unidad desde la base de Fort Louis y, en todo el recorrido, a los únicos que conseguimos con vida son a los habitantes de Forks que ve en esta habitación. Perdimos muchos hombres y la verdad no creo que haya algo que realmente podamos hacer para evitar que se extinga la población —informó el teniente.

—¿El doctor Cullen pudo avanzar con su investigación? —consultó Emmett.

El médico, acompañado por su esposa, ingresó al comedor donde se encontraba su hija.

—No he podido avanzar en la investigación ya que no me dejan manipular el virus. El capitán Cheney en varias oportunidades me explicó que no pueden arriesgarse a que manipule el virus, ya que soy uno de los pocos científicos que más tiempo lleva estudiándolo. Sin embargo, no puedo someterlo a pruebas y evaluar sus reacciones.

—Doctor Cullen, ¿qué posibilidades hay de que pueda estudiar el virus mediante videoconferencia? —preguntó Emmett.

—¿Cómo podría hacerlo? No logro entenderlo, señor…

—Emmett McCarthy —se presentó—. La idea es que una persona calificada pueda ir con toda esa ropa de astronauta que usan y se podría instalar una cámara en su interior. Esta persona tendría comunicación permanente con usted y usted además de hablar con él podría ver todo el procedimiento. Dirigiría a la persona para que ella realice todas las pruebas que sean necesarias y usted las estudiaría desde su escritorio teniendo acceso a cualquier tipo de información que necesite para comparar.

—Es muy buena la idea. Necesitaría una persona que realmente tenga conocimientos de microbiología para manipular correctamente el material.

—Seguramente en la base encontraremos alguien calificado, doctor, ¿cree que podamos encontrar una cura? —consultó el presidente.

—Espero que sí, señor presidente, espero que realmente podamos encontrar una cura.

Bella estaba agotada del viaje y la tensión que había pasado los últimos días.

Necesitaba con urgencia una ducha relajante, pero antes tenía que procurar que cada niño se bañara y acostara, entonces sí lograría tener unos minutos para ella.

Mientras era el turno de las niñas de ingresar a los vestidores que habían separado para ellos en la base, con la ayuda de Alice, bañaba un gran barreño a los bebés. Luego, su amiga se encargaba de vestirlos, mientras que Rose era la encargada de tenerlos entretenidos hasta que fueran a la cama.

Los niños más grandes ya estaban todos acostados, al igual que los pequeños. Cada uno tenía su propia cama, solo había un problema, los bebés no tenían cunas, por lo que juntaron dos camas y los acostaron allí, contra una pared y debajo colocaron un colchón para amortiguar cualquier caída que pudiesen sufrir. Finalmente a la medianoche Isabella pudo acostarse y descansar un par de horas antes de que Lily se despertara por un cambio de pañal. Luego, aún con la pequeña en brazos, se tumbó en la cama y durmió con ella toda la noche.

Edward, tras despertarse a las cinco de la madrugada como acostumbraba, fue hasta la zona de los dormitorios de los niños, para comprobar que todo estuviese en orden.

Cubrió con mantas a algunos que se habían destapado. Levantó algunos peluches y los colocó nuevamente en brazos de sus dueños y hasta comprobó que los bebés no estuviesen despiertos. Se encontró con que Lily no estaba en la improvisada cuna. De inmediato, y alarmado, buscó a Isabella quien dormía plácidamente con la bebé, pero esta última tenía los ojos abiertos como platos y seguramente quería su biberón.

Edward, con mucho cuidado, tomó a la pequeña entre sus brazos y la llevó a la cocina, para prepararle su leche.

—Eres muy madrugadora, Lily, tienes que dejar dormir un poco más a Bella, la pobre está agotada con tanto trabajo que tiene.

La pequeñita solo lo miraba y balbuceaba sonidos inentendibles.

—No te preocupes, yo ahora cuidaré de ti, tal como le prometí a tu abuelo. ¿Sabes? Pese a todo, a la forma en que llegaste a este mundo y a lo que pasó con Angela, estoy seguro que mi capitán te quería mucho. A ambos nos quería, porque no nos quiso dejar solos en este mundo de porquería. —Tocó con un dedo su nariz, a lo que la niña rio—. Eso sí, tú no tienes que decir nada de esta conversación porque tengo una reputación que cuidar y un teniente no puede andar con sentimentalismos.

Él terminó de preparar el biberón y se sentó a dárselo. Era la primera vez que alimentaba a un bebé y se sentía sumamente nervioso, pero a la vez quería dejar descansar a todas las chicas que tanto hacían por estos pequeños. Cuando la bebé terminó de tomar el contenido de la mamila, la colocó sobre su hombro y frotó su espalda para que expulse los gases. Lily se volvió a dormir y el aprovechó el momento para disfrutar de todo el cariño y ternura que ese diminuto ser le transmitía.

Al día siguiente el cabo Michel Banner, uno de los bioquímicos de la base, se preparaba para llevar a cabo la investigación de campo. Consiguieron acondicionar en menos de veinticuatro horas un camión refrigerante como laboratorio. Allí, junto a otros dos soldados, se mantendrían el tiempo que durara la investigación o, en su defecto, hasta que estas personas se infectaran con el virus.

Emmett se aseguró de colocarles a cada uno una cámara dentro del traje de aislamiento con el que saldrían, que les permitiría captar todo lo que ellos vieran. Además contaban con micrófonos y auriculares para poder mantener comunicaciones con el doctor Cullen en todo momento.

Los soldados y el bioquímico salieron de la base en el camión, lo primero que hicieron fue recorrer unos doscientos metros hasta que se encontraron con una persona infectada tirada en medio de la calle. Tal como habían acordado desde un principio, los soldados se bajaron y atacaron el individuo disparando a su cabeza directamente, dejándola reducida a la nada. Luego, con cuidado, se acercaron y cortaron con una sierra quirúrgica una de las piernas y la colocaron en una bolsa. Finalmente volvieron al camión y eligieron un sitio donde aparcar que les permitiera vigilar que ningún infestado se acercara. Cuando estuvieron listos, Michel se trasladó al sector acondicionado como laboratorio, llevando con él la pierna que habían recogido para investigar.

Lo primero que hizo fue tomar muestras de sangre para analizar. El líquido vital, a simple vista, ya se observaba diferente. Su color no era rojizo, sino ligeramente amorronado, al igual que su viscosidad había cambiado.

Luego tomó varias muestras de piel, musculo y hasta hueso. Finalmente dejó lo que quedaba de esa pierna en un frezzer que tenían previsto para almacenar material.

—Doctor Cullen, ¿me escucha?

—Lo escucho perfectamente, doctor Banner. Por lo que estuve viendo ya consiguió varias muestras —afirmó el infectólogo a través del intercomunicador.

—Así es, doctor Cullen, tengo seis muestras de células epiteliales, seis de tejido muscular y seis de tejido óseo. Además tomé una muestra de sangre que pondré a analizar, estoy ahora observando el tiempo de coagulación.

—Perfecto, doctor. En cuanto usted me diga empezamos analizar en detalle las muestras.

Cinco minutos después aún la sangre no empezaba a coagular.

—Doctor Cullen, la sangre todavía no coagula.

—Banner, por favor ponga en el microscopio una muestra de tejido epitelial —pidió el doctor Cullen.

Cuando la muestra estuvo colocada, ambos médicos lograron visualizar que los vasos sanguíneos de la parte interna del tejido se encontraban contraídos. Por esa razón los individuos no se desangraban, sin embargo no había rastros de plaquetas.

Tomo una muestra de tejido muscular y observaron lo mismo. Los vasos sanguíneos estaban completamente contraídos.

—Creo que el organismo del individuo mutó y ya no se mantiene como un humano —explicó el bioquímico—. ¿Qué desea que hagamos ahora, doctor?

—En primer lugar vamos a intentar aislar el virus. ¿En cuánto tiempo cree que tendremos el análisis de sangre?

—En una media hora ya podremos tener una primera parte, luego tendremos que esperar hasta una semana para conocer la totalidad de los estudios. El último que obtendremos será el ADN y allí sabremos exactamente qué es lo que cambió en la estructura genética de este individuo.

—Eso es muy importante. Ya con esa información procesada, sabremos qué hacer con el virus.

El bioquímico durante un largo tiempo se dedicó a experimentar diferentes variables a las que sometió esas muestras de tejido.

Carlisle había tomado un pequeño descanso. Estaba dedicado al cien por ciento a la investigación del virus. Sin embargo, eso no le impedía seguir pensando en los problemas por los que atravesaba su pequeña familia.

Tras llegar a la habitación que compartía con su esposa, se acostó a su lado y la abrazó.

—¿Sabes?, llegamos hace poco más dos semanas aquí, sin embargo ahora entiendo el comportamiento que tiene Nessie ante nosotros —dijo Esme.

—¿A qué te refieres, cariño? —preguntó él sorprendido.

—Sé lo que se siente estar completamente sola, tú te vas al amanecer y vuelves para dormir. Ella se levanta y hace su vida y yo ni siquiera tengo con quién hablar. —Suspiró mientras se limpiaba una lágrima—. Pensamos que le estábamos dando lo mejor a nuestra hija, y hace tiempo que la dejamos sola. Era una niñita y la abandonamos. Ella nos necesitaba, Carlisle, no necesitaba clases de equitación o piano. Nuestra hija no necesitaba el mejor colegio. Ella necesitaba a los mejores padres, necesitaba unos padres amorosos que la comprendieran y la amaran, unos padres presentes, que no intentaran suplantar su tiempo con actividades o profesores costosos. —Lloró desconsoladamente—. Nos necesitaba y la dejamos sola.

El médico comprendió lo que su esposa le explicaba, estaba de acuerdo que todo lo que había sucedido era su responsabilidad.

—Tranquila, cariño, ya verás que podremos revertir esto. Ahora tenemos la oportunidad de estar para ella, de darle nuestro cariño y comprensión. Lo resolveremos.

—Ahora es ella quien no quiere saber nada de nosotros, Carlisle, ella ya no nos quiere a su lado.

—Veremos la manera de que si lo haga, cariño. Hay que tranquilizarnos y buscar la mejor forma de acercarnos nuevamente a nuestra hija.

Emmett miraba como Alice dormía, como su entrecejo se fruncía y como cuando el pasaba un dedo por allí ella se relajaba y hasta sonreía.

La amaba, se había dado cuenta que amaba a esta pequeña mujercita que estaba lastimada, dolida por la muerte de sus padres, pero a la vez se mantenía fuerte por ella, por su mejor amiga y por esos niños del hogar a los que amaba.

Él sabía que conquistarla no seria fácil, sin embargo estaba convencido que en un tiempo el lograría ganarse su corazón. Él sería capaz de devolverle la sonrisa y darle una razón para ser feliz.

Emmett quería que su pequeña hadita fuera feliz a su lado.

Rosalie se sentía agotada por todo lo que habían pasado, los días desde que Félix la atacó habían sido una tortura, una completa locura. Lo único que podía rescatar eran las hermosas personas a las que había conocido. Si algo bueno le debía al infeliz de su ex, era que tenía un pequeño al que amaba en camino y había conocido a Jasper, que era un hombre que le demostró lo profundo y sincero que puede ser el amor de un caballero.

Jasper, con su forma pausada de hablar, con ese aire relajado del campo, pero con la intuición y atención de un hombre dedicado a la tierra podía tener, era el hombre perfecto. Solo tenía una enorme tristeza que no podía superar. Aun no comprendía cómo hacía para mantenerse en pie luego del horror que presenció al volver a su hogar. Sin embargo, ella quería darle una razón para vivir, quería darle una razón para que además de sobrevivir, él pudiese volver a sentir el amor y las ganas de vivir la vida. Quería devolverle la sonrisa a Jasper Hale.

Nessie y Jacob estaban emocionados por al fin conocerse. Desde que el joven llegó a la base, fueron inseparables. Renesmee estaba tan feliz y él también por ser el motivo de su felicidad.

Por primera vez en mucho tiempo, sintió que le importaba a otra persona que no fuera Bella. Por primera vez en su vida, alguien que no era miembro del hogar se preocupaba por él y lo quería, quería su afecto, su contención, su compañía. Eso lo había hecho sentir sumamente especial.

—Hola, Nessie, ¿cómo amaneciste hoy? —preguntó tras encontrarse en el comedor.

—Muy bien, Jake, ansiosa por verte. ¿Dormiste bien?

—Perfecto, soñé contigo —confesó con sus mejillas sonrojadas.

—¿Qué soñaste, Jake? —preguntó ella intrigada.

—Que te besaba —dijo avergonzado.

Ella lo tomó de la mano y corrió hasta el escondite en el que pasaba la mayoría del tiempo antes de que él llegara a la base.

—Bésame —pidió avergonzada—. Quiero hacer tu sueño realidad, Jake. Quiero volver a sentir tus labios como el día en que nos conocimos.

—Ehh... es que no sé si es lo correcto, Nessie —intentó excusarse él.

—Yo también deseo besarte, Jake.

Él se acercó más a ella y tomó suavemente su rostro, acercó sus labios a los de ella y la besó con todo el amor que sentía. Ella lo abrazó y profundizó el beso, como tantas veces imaginó hacerlo. Y allí, en un rincón escondidos de todo, por primera vez tuvieron un gesto de amor el uno por el otro.