¡Hola de nuevo! Aquí os traigo el penúltimo capítulo de este Fic, ya que, de momento, tengo pensado acabarlo en la próxima publicación, epílogo incluido. Espero que no me odiéis por dejar la historia así al final de este capítulo xD
Gracias por las reviews, favs y follows :D
Capítulo 10
AVIÓN DEL DR. DRAKKEN . 19:30 P.M
-Está bien, ¿habéis pillado el plan? – preguntó el científico por decimocuarta vez.
-Creo que sí… Pero, exactamente, ¿cuándo rescatamos KP y yo a Shego, antes o después de que sus secuaces irrumpan en la prisión?
-¡Arrrgh! – gritó el , exasperado por la ineptitud de Ron – ¡Imparable, tú solo sigue a la pelirroja!
Ron y Drakken se quedaron discutiendo en la parte trasera del avión mientras Kim se adelantaba para mirar por la ventanilla. Quedaba poco para llegar, pero aún así se preguntaba si no aterrizarían demasiado tarde. Comenzó a retorcerse las manos, nerviosa, hasta que sintió una mano cálida en su espalda.
-No te preocupes, KP, todo saldrá bien – la animó Ron con una confortable sonrisa.
Kim se abrazó fuertemente a su amigo, hasta tal punto de cortarle la respiración, y le susurró unas palabras al oído.
-Pase lo que pase, quiero que sepas que te quiero y que siempre te agradeceré el haberme ayudado con esto.
Ron se tragó difícilmente el nudo que empezaba a formarse en su garganta y asintió levemente con la cabeza. No había nada más que decir de momento.
-Chicos, deberíais ir poniéndoos el uniforme, vamos a llegar de un momento a otro.
Ambos amigos asintieron y se colocaron el uniforme que los secuaces de Drakken llevaban, camuflándose así con el resto de personas que se encontraban en aquel avión. Por último, decidieron ponerse un pasamontañas que cubriera sus caras, para así no mostrar su identidad. Ante todo, no querían buscarse problemas con la propia organización para la que trabajaban.
Cogieron cada uno una de las mochilas paracaídas que había en las repisas y se la colocaron con cuidado. No era la primera vez que se lanzaban desde un avión en vuelo, pero si no iban con cuidado tal vez podría ser la última.
El abrió la puerta lateral del avión y miró su reloj. Apenas faltaban cinco minutos para que se llevase a cabo la ejecución, la cual tenían planeado efectuar en el patio de la institución carcelaria, según habían confirmado sus fuentes. Con una bajada rápida de brazo indicó a sus secuaces que era la hora y, uno a uno, fueron desapareciendo de sus vistas y entregándose al vacío. En total eran cinco, siete con ellos dos. Cinco de los mejores reclutas del y dos de los mejores agentes de la Organización Global de la Justicia, y sin embargo, Kim seguía dudando sobre si sería suficiente.
Cuando llegó su turno le apretó la mano fuertemente a su amigo y, tras respirar hondo, se arrojó al vacío, sintiendo como una nube la engullía. Pero aquella sensación duró apenas unos segundos, ya que acto seguido se precipitó en una peligrosa caída libre, donde el viento azotaba su cuerpo con furia, impidiéndole apenas moverse. Parecería extraño, pero, en realidad, le gustaba tirarse en paracaídas. Era una sensación excepcional, única. Podías sentirte la reina del mundo durante unos segundos, sentir que nada ni nadie puede pararte.
Hasta que accionó la palanca del paracaídas.
Y entonces comenzó a deslizarse suavemente hasta los exteriores de la cárcel, donde finalmente aterrizó.
Se deshizo rápidamente del paracaídas y, tras comprobar su posición con el resto de sus compañeros, comenzó a escalar el alto muro que separaba el jardín exterior del patio interior. Una vez estuvo arriba se colocaron en sus puestos, y justo cuando estaban a punto de ejecutar el plan, un guardia distraído los avistó y dio la señal de alarma. No había tiempo que perder. Kim lanzó su gancho hacia la pared de enfrente y lanzándose en una peligrosa trayectoria llegó hasta el centro del patio, donde Shego se encontraba ya sentada en la silla. Los policías comenzaron a disparar, pero sus compañeros la protegieron desde las alturas, cubriéndole las espaldas.
Esquivó un par de balas del policía que estaba colocando los agarres de seguridad alrededor de las muñecas de Shego y, tras propinarle una buena patada en la barriga que lo dejó K.O, desató a la prisionera.
El resto fue una sucesión de patadas y puñetazos, saltos y agarres, donde Shego no sabía muy bien qué hacer ni a dónde mirar, ya que se encontraba desconcertada.
Tras unos minutos, el llegó con un pequeño aeroplano del cual colgaba una escalera, y los fue subiendo a todos, uno a uno. Algunos de sus reclutas habían bajado al patio, Ron incluido, pero la mayoría se encontraba todavía en el muro, guardándoles las espaldas ante los nuevos policías que salían a tropel del edificio.
Una vez Shego hubo subido, Kim asió la escalera y comenzó a trepar. Era la última que quedaba y ya casi había alcanzado el aeroplano, cuando una punzada de dolor le recorrió la pierna. Instintivamente, se llevó la mano a ella y la sintió húmeda. Le habían disparado.
Notó como unas manos la agarraban y la subían en volandas, y escuchó la voz de Ron maldecir desde dentro del aeroplano. Una vez que se hubieron alejado, Shego se decidió a hablar.
-¿Por qué me has salvado? – preguntó, algo enfadada, al – Te dije que no quería tu ayuda, por muy mal que se pusieran las cosas.
-A mí no me mires, ha sido ella – contestó dirigiendo la mirada hacia Kim, la cual se sujetaba todavía el muslo sangrante.
Y entonces Shego lo comprendió todo. Se acercó a ella lentamente y le quitó el pasamontañas, dejando su rostro al descubierto.
-Creí que nunca vendrías – dijo con lágrimas en los ojos.
-Y yo que sería demasiado tarde – contestó Kim, juntando su frente con la de Shego.
La pelirroja se mordió el labio, y entonces sus bocas se juntaron en un profundo beso, donde, sin necesidad de palabras, se disculparon mutuamente.
Se separaron bruscamente cuando Kim dio una súbita sacudida, a causa del dolor. La herida no dejaba de sangrar, y si no se trataba rápido, podría ir a peor. Shego cortó el pantalón por donde le habían disparado y le hizo un torniquete a la vez que le elevaba la pierna, para así intentar detener la hemorragia.
-Drakken, esto se pone feo, está perdiendo mucha sangre. Tenemos que llegar a la guarida – le ordenó Shego - AHORA.
El científico, asustado ante la seriedad de su compañera, se dirigió a la parte delantera del avión para darle instrucciones al piloto.
Mientras tanto, Shego volvió al lado de Kim, que se encontraba tumbada en el suelo, con la pierna apoyada en un asiento. Colocó su cabeza en su regazo y comenzó a acariciarle el pelo.
-Shego… Tengo sueño…
Aquellas palabras alarmaron a la morena, la cual sabía que, con una herida como aquella, sentir sueño y cansancio era presagio de algo peor.
-Escucha, Kimmie, no te puedes dormir, ¿vale? – comenzó a hablar rápidamente – Confía en mí, todo saldrá bien, solo tienes que seguir despierta. Tienes que seguir mirándome a los ojos, por favor, Kim, no te duermas.
Kim se rio débilmente, para después dar paso a una fuerte tos.
-Y no me llamas Pumpkin… - se quejó con su débil voz.
-Eres una idiota… - Esta vez era Shego la que sonreía, mientras una fina lágrima escapaba por su mejilla.
-Y tú una delincuente – contestó Kim, con cariño en sus palabras – Una delincuente de la que me acabado por enamorarme.
Y tras estas palabras, sintió como todo comenzaba a nublarse mientras escuchaba los gritos de Shego instándola a permanecer despierta y sentía a un alarmado Ron, a su lado, zarándeándola. Pero no lo pudo evitar, sus párpados finalmente cayeron con el inevitable peso del destino, y todo se volvió negro.
