Gracias a todos los que vais leyendo esta historia. El fiction lo escribo para mí misma, porque me relaja inventarme tonterías sobre mi OTP, cuando no puedo dormir. Y pese a ello, lo subo a este portal porque me gusta eso de compartir historias que puede que a otra gente le gusten porque también Marceline y Bubblegum son sus OTP. Así que, compartamos.
Pese a que la escriba para mí, me gustaría que me comentárais, no quizá qué os parece (que también lo agradezco), sino como creéis que seguirá :) sería divertido. O como queréis que siga, que también me gustaría leerlo, aunque ya tengo el final.
- Escrita en español de España, algunos nombres pueden cambiar.
- Algunos nombres de personajes o lugares son inventados por mí, no existen en la verdadera historia.
- Historia y derechos de Pendleton Ward y Cartoon Network.
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Las tropas se movían con la agilidad de una serpiente. El suelo helado del palacio hacía que su rapidez se triplicara, al ser soldados hechos de nieve. Estando en ese terreno, tenían las de ganar.
Los soldados se alineaban en filas de ocho, colocándose armas sobre los hombros y cascos para proteger sus cabezas. Retnug, el capitán, iba el primero, dando órdenes y gritando a sus soldados para que se pusieran en orden y para motivarlos.
-¡Han declarado la guerra a nuestra reina! ¿Lo vamos a permitir?
"¡NOOO!" corearon todos ellos, levantando sus armas.
El Rey Hielo había llegado volando y se había colado por una de las ventanas. La Reina Hielo le recibió hecha una furia, berreando y lanzando improperios al aire a lo que el Rey Hielo solo pudo responder con evasivas. Él había traído con sigo a parte de su ejército, que había ido recogiendo por el camino. Sumados todos los soldados, daban una cantidad pasmosamente grande, comparada sin duda al pelotón de Finn y los demás.
-¡Traed ante mi presencia a las princesas!-bramó la reina, y dos de sus soldados rompieron filas para acatar sus órdenes-cuando nos lancemos a la batalla ellas estarán bien custodiadas por mí y mis escoltas, no podrán llegar hasta ellas nunca.
La Reina rió y el Rey Hielo la siguió poco después.
-Antes quiero vengarme de esa...esa vampira arrogante que ha conseguido humillarme ante mis súbditos. Y para ello tengo un pequeño plan.
Algo dentro del Rey Hielo, hizo click como un resorte.
-¿Te refieres a...Marceline? ¿Qué vas a hacer?
La Reina le fulminó con la mirada.
-Amenazar a su amiguita. Daría la vida por ella, creyéndola en peligro, haría cualquier cosa por salvarla...solo necesito eso, para obtener mi venganza.
El Rey Hielo se mesó la barba sopesando el plan de la malvada mujer, pero no objetó nada.
-¡HA LLEGADO LA HORA, MIS MUCHACHOS! ¡A LAS ARMAS!
La Reina señaló hacia la puerta de entrada justo en el momento en que los dos soldados arrastraban a las princesas hasta ella y sus escoltas. Los escoltas de la Reina eran dos veces más corpulentos que los demás soldados, y tenían cuatro brazos en lugar de dos. Rodearon tanto a la reina como a las princesas y partieron junto con el pelotón, a la retaguardia de este. El Rey Hielo las seguía de cerca, aún pensativo.
La batalla había comenzado, y nada detendría a la Reina Hielo en su propósito de conquistar todo Ooo.
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-Por todos mis bultos, no me zarandées más-se quejó con voz nasal la Princesa del Espacio Bultos.
-¡Despierta de una vez, Princesa Bultos! Ha llegado el momento.
Jake señaló hacia arriba y la princesa miró tras frotarse los ojos con insistencia. Todo el campamento era un hervidero de movimiento y agitación. Los soldados de fuego se golpeaban unos a otros para entrar en calor, haciendo resonar sus armaduras. Las frutas gigantes del ejército de la princesa Frambuesa se habían cubierto con un ungüento especial para proteger su piel. Los esqueletos y fantasmas del ejército de la princesa Fantasma luchaban cuerpo a cuerpo con los boles de cereales gigantes de la princesa Desayuno. La princesa Músculos hacía pesas al lado de un montón de duendes que portaban todo tipo de armas.
-¡Oooh, por favor!-exclamó la princesa Bultos-yo soy una flor delicada, ¿tendré que mezclarme con todos esos brutos? Bueno, igual merece la pena y me caso con un muñeco de nieve que se apiade de esta pobre y desvalida princesa.
-De desvalida nada, Finn ha ido a por vuestras armaduras-contestó Jake frunciendo el ceño.
Y era verdad. A unos cuantos metros, Finn terminaba de confenccionar las armaduras, junto con Marceline, que además preparaba otra cura por si acaso.
-Finn, creo que deberías volver a tomártela-Marceline le tendió la pócima-no sabemos cuánto tiempo te queda hasta que vuelvas a estar tonto de remate.
El chico estaba pensativo, y la ignoró.
-¿Finn?
Por fin, y tras haber acabado de coser la última armadura y mirarse las manos, las cuales no se habían quemado, alzó la mirada hacia Marceline.
-Ayer me comporté como un idiota con la princesa-suspiró.
-¿Qué hiciste? Bueno, no fue mal, te dio el pelo ¿no es así?
-Sí, pero...me lo dio de una manera que... en fin, creo que la he juzgado mal.
Finn se tocó la leve quemadura de su brazo, recordando como este quemaba y su pelo no. Recordando la razón por la cual la princesa nunca había tenido un novio y como le había pedido un beso a cambio del sus mechones de pelo. ¿De verdad creía que eso era lo que iba a pedirle a cambio? Ella no era tan superficial, al menos no como las demás.
-Finn, has hecho lo que debías. Ahora...no hay tiempo, pero si quieres, después, siempre puedes disculparte con ella.
-Es lo que debo hacer, disculparme. He sido un ton...
Un gran estruendo interrumpió la conversación de ambos, que alzaron la mirada hacia la lejanía. Una gran masa blanca se acercaba a paso ligero hacia ellos, haciendo un ruido inusual con el choque de sus armaduras.
-¡MIERDA! ¡Lo saben! ¡Nos han sorprendido!-chilló Marceline-¡Corre, Finn! Dale sus escudos a las princesas y avisa a los demás.
El muchacho asintió enérgicamente y corrió hasta el campamento donde los demás terminaban de prepararse.
-¡CHICOS! ¡Vienen hacia aquí! ¡El ejército de la Reina Hielo viene hacia aquí!
Al principio se oyeron gritos de pánico por parte de las princesas y de sorpresa por parte de los soldados. Todo fue un revuelo de gente que se movía sin ton ni son, como hormigas intentando escapar de la luz proyectada por una lupa.
-¡ALTO!-gruñó Jake, haciéndose más grande-¡Todos en fila, como habéis estado ensayando! Los soldados de fuego irán delante y los demás los seguirán, las princesas se colocarán en la retaguardia justo por delante de mí. Finn abrirá el pelotón. ¡EN MARCHA!
Todos obedecieron al instante colocándose lo más rápidamente posible en sus posiciones.
-Gracias, tío-dijo Finn a su amigo, dándole un golpe amistoso.
-Eres mi tron, Finn, pero no tienes ni idea de llevar un ejército.
Ambos rieron y se colocaron en sus puestos.
El pelotón comenzó a avanzar en silencio, aferrando sus armas y sus escudos mientras aligeraban el paso poco a poco. Frente a ellos podía visualizarse un claro, una inmensa explanada de nieve sin un solo árbol o roca a la vista, donde guarecerse. Ya no había escapatoria y nadie podía salir de aquella guerra en la que debían ser uno para todos y todos para uno.
Marceline alzó el vuelo. Estaba situada justo delante de Finn y pasaba nerviosa con la mirada por entre las filas de soldados de nieve, deseando que la Princesa Chicle no estuviera ahí y siguiera en las mazmorras donde podría rescatarla. Pero no vio a nadie.
-¡RENDÍOS AHORA MISMO!-la voz de la Reina Hielo sonó aterradora-Nada podrá impedir que me haga con el control de todo Ooo. Os venceremos y os encerraré a todos de por vida. ¡A todos!
Los dos ejércitos se habían parado, dejando entre ellos apenas unos metros de distancia. A la cabeza del ejército nevado se hallaba la Reina Hielo, dentro de un carromato tirado por dos de sus escoltas. A la cabeza del pelotón de Ooo, Finn y Marceline la miraban con desprecio.
-Te venceremos a ti y te daremos una patada en tu real y helado trasero-amenazó Finn-jamás te harás con el control de Ooo, ¡y devuélvenos ahora mismo a la Princesa!
La Reina Hielo rió, y de detrás de ella agarró un brazo rosado y lo empujó hacia delante. Todo el pelotón de Ooo exclamó sorprendido, al ver a la princesa de Chuchelandia maniatada y muy desmejorada.
-¡CHICLE!-exclamó Marceline desesperada. Se adelantó volando hasta ellos, pero la Reina Hielo lanzó un rayo de viento helado que la desestabilizó y la tiró al suelo.
-¡MARCELINE!-sollozó la princesa Chicle-suéltame estúpida bruja, pagarás por esto.
Todo el pelotón de Ooo miraba atento los movimientos de la princesa, deseando en silencio entrar ya en batalla para poder salvarla. Las princesas en la retaguardia gruñían al ver así a una de las suyas. Los soldados de fruta apretaban los puños listos para la señal de ataque. Los soldados de fuego preparaban sus armas en posición de defensa.
La Reina Hielo volvió a reír, al ver la expresión desencajada de Finn. El chico parecía estar experimentando algo en su interior, y comenzó a gemir sacudiendo fuertemente la cabeza. El efecto de la pócima empezaba a dejar de dar resultado y no se había bebido la que Marceline le preparó.
Marceline recobró el sentido y se sacudió la nieve de la ropa al tiempo que volvía a su posición en el aire.
-¡SUÉLTALA MALDITA IDIOTA!-escupió la vampira.
-¿O qué? ¿Qué me dirías si me olvido de la "parte legal" de esta historia y mato a la princesa? ¿Y si cojo Chuchelandia y todo Ooo por la fuerza y prescindo de la Promesa de Muerte?
En ese momento la Princesa Promesa asomó por detrás de la Princesa Chicle y todo el ejército de Ooo volvió a exclamar.
-Puedo matarla cuando yo quiera, vampira inepta, pero...si la quieres...ven a por ella. Sé que harías cualquier cosa por salvarla, ¿no es así? ¿Te cambiarías por ella?
La Reina Hielo puso uno de sus dedos en el cuello de la Princesa Chicle, que comenzó a quejarse. Marceline por su parte, mientras sopesaba la trampa de la Reina, miró a Finn que se había recuperado y se había incorporado de nuevo, sacando de su mochila la espada.
-¿De qué está hablando, Marceline? ¿A qué se refiere con...?
La reina rió más fuerte...
-¡OH, NO! Esto es impagable-sus carcajadas provocaron que todos sus soldados también se rieran-¿de modo que tu amiguito no sabe tu pequeño secreto?
-¡FINN, NO LA ESCUCHES! ¡Podemos explicártelo! ¡NO LA ESCUCHES!-sollozó la princesa Chicle que luchaba por deshacerse del abrazo de la Reina Hielo.
-¿Qué? ¿Qué está pasando? ¿Marceline, de qué habla?
Marceline se había paralizado y no podía quitar los ojos de Finn y su cara de desconcierto.
-Y ahora, mis soldados, vais a asistir al destrozo de un corazón en directo... Finn, ¿tus amigas no te han dicho... que están enamoradas?
Marceline cayó al suelo como si de repente todo el peso de la tierra se hubiera posado sobre ella. La princesa Chicle cerró los ojos con fuerza, a la par que todo el ejército de Ooo volvía a lanzar chillidos de exclamación y se levantaban los murmullos.
Finn se había quedado paralizado. Sus ojos, como platos, amenazaban con salírsele de las órbitas mientras que su corazón, parecía estar partiéndosele en pedacitos cada vez más pequeños. Cayó destrozado al suelo, de rodillas, pero ni tan siquiera la nieve podía amortiguar las quemaduras que sentía por todo su cuerpo y ese sentimiento de haber sido traicionado.
-Y he aquí la razón por la cual los seres de hielo, tenemos un corazón helado...
