Capitulo X

Con pasos lento Iori caminaba por el jardín de su mansión, pensaba en Asuna, en lo mal que se había portado con ella, esos recuerdos estaban muy vivos en su mente.

¿Tu me amas? –repitió lo que ella le había dicho segundos atrás.

Mas que a nadie en este mundo. –respondió ella firme mirándolo con ilusión y esperanza.

El solo la miro con pena, el no sentía nada por ella, solo se había casado por obligación ya que desde niños ambas familias habían planeado la boda, Iori no podía dejar que se hiciera ilusiones, el no estaba hecho para el amor.

Yo no, nunca te he amado y no creo que lo haga.

Los ojos de Asuna se abrieron con sorpresa. Iori notó como sus hermosos ojos se llenaban de lágrimas y Asuna se mordía los labios en un intento por evitar llorar.

¿Por qué? ¿Por qué no me quieres, Iori? - susurró ella. ¿Por... qué...?

Iori aparto su mirada para no verla.

Déjate de sentimentalismo Asuna, mejor lárgate de aquí. - le dijo fríamente.

Te estoy abriendo mi corazón y no te importa. –susurro ella y sus lagrimas fluían.

Iori rio.

¿Me quieres? ¡No me interesa! Será mejor que te embaraces pronto ya que mis padres me siguen presionando. –hablo con dureza volviendo a retomar sus papeles en su escritorio.

Tu... –ella sentía como su voz rasposa la delataba ante la indiferencia de su esposo. —nunca me besaste, ni siquiera cuando...

El pelirrojo dejó escapar una risa corta y seca, no muy habitual en él.

Por dios Asuna, ya déjame en paz.

La joven bajo la cabeza mientras las lagrimas mojaban su lindo rosro.

En verdad te quiero Iori...

Iori volvió a la realidad y su mirada fija en el piso, nublada de lagrimas, su fleco rojo caía sobre su rostro y no pudo contenerse, grito con furor, sabia que ella no lo merecía, nunca la mereció, esa joven solo buscaba un poco de amor, su amor.

—Iori. –lo llamo Athena. El subió su mirada y limpio sus lágrimas con discreción.

— ¿Qué quieres?

—En verdad lo siento. –hablo ella viendo su estado.

— ¿A que te refieres? –sospecho el.

—Sentí... vi tus recuerdos. –contesto ella, sabia que hizo mal, Iori la miro con resentimiento.

—Maldita bruja. –su expresión era cruel y furiosa.

—No fue mi intención... solo pase por aquí y...

— ¡No vuelvas a meterte en mi cabeza! –le exigió sin dejar que hablara, Athena solo se cayo bajando la cabeza tal como lo hizo Asuna, solo que ella no lloraba, Iori confuso se fue entrando a su mansión.

La guerrera quedo sola en el jardín sintiendo un dolor en su pecho, las palabras de Iori la afectaron. ¿Por qué le dolía si el no significaba nada para ella? ¿O si?

—Athena. –la nombro suavemente Aime acercándose a ella. —Ven conmigo.

Athena la siguió sin entender, la llevo a un cuarto, uno al cual estaba cerrado ya que Aime abrió la puerta con una llave. Ambas entraron, estaba oscuro, Aime tomo una vela de la mesita y la prendió, la habitación era parecida al de ella pero el ambiente era distinto, la guerrera sentía ese olor a encierro y polvo. Aime le indico un lugar, un cuadro que estaba en la pared. La psíquica se sorprendió al ver la pintura, era la misma joven que se le había aparecido en la mazmorra, la misma.

—Fue la esposa de Iori, ella es Asuna. –le confirmo Aime a la guerrera.

— ¿Por qué me trajo aquí? –quiso saber Athena.

—Iori tiene miedo amar ya que cuando empezó a creer en ese sentimiento ya era demasiado tarde, ella se había ido.

Athena seguía viendo el cuadro, sus ojos, esa mirada triste que se reflejaba.

—Aun no entiendo que tiene que ver eso conmigo.

—Porque conozco a mi sobrino y se lo que esta empezando a sentir por ti. –ante eso Athena perpleja. —Desde que llegaste a esta mansión, lo cambiaste de una manera que jamás pensé que alguien podría, te enfrentaste a el como una verdadera guerrera, sin miedo a nada y accedió a ti... porque te ama aunque el aun no lo sabe.

— ¿Por qué me dices todo esto? –hablo Athena y la miro seria. — El me obligo a casarme con el, yo no quería.

— ¿segura? –le replico Aime, como si ya sabia. — No vi que el te haya puesto un arma en la cabeza en la ceremonia. –Athena miro hacia otro lado enojada, sabia que ella tenia razón. — Lo amas ¿No es asi?

—No. –contesto la guerrera.

—Eres igual que el, testarudo. –suspiro Aime antes de apagar la vela.

—Sorpresa, sorpresa. -termino diciendo Athena con una sonrisa y ambas salieron de la habitación.

Esa noche la guerrera no lograba conciliar el sueño pensando en las palabras de Aime, era imposible pensar que Iori estuviera enamorado de ella y que ella también lo amara era imposible, sintió como la puerta se abría lentamente y dejaba entrar a un hombre, a Iori y ella por instinto cerro sus ojos como si durmiera, sintió sus pasos que caminaba hacia su cama y se agachaba, sentía como la observaba.

— ¿Qué estas haciendo conmigo? –escucho que le decía mientras se hacia la dormida.

El tomo una de sus manos con cuidado y la condujo a su propio rostro, sintiendo la suavidad de piel junto a la suya, cerro sus ojos disfrutando de ese contacto placentero que lo estremecía, le gustaba sentirla y no quería conformarse solo con eso, bajo la mano de ella apoyándola en el colchón y volvió a mirarla, por suerte su rostro iluminada por la luz de la luna la hacia ver tan diferente tan serena y hermosa. No pudo evitar inclinarse para besarla apenas sintió sus tibios labios sobre los suyos ella abrió sus ojos, despertó, ambos se miraron sin saber como reaccionar, el luego confuso se dio cuenta de lo que había hecho quiso alejarse pero sintió como ella lo tomaba del rostro y lo besaba, el con sorpresa sentía su pasión en sus besos como si lo deseara, no aguanto mas y termino accediendo a ella correspondiendo, disfrutando de ese beso como nunca, sintiendo su esencia su calor, Athena se sobresaltó al ver que dejo sus labios y sentir la mano de Iori deslizándose bajo pijama para luego deshacerse de él. Con dedos ágiles, empezó a desencordonar el corcel de ella quien lo detuvo rápidamente mirándolo con las mejillas enrojecidas.

— Hey... tranquilo. –susurro ella al notar la desesperación del Yasakani. El en respuesta solo sonrió.

Volvió a besarla como si quisiera distraerla mientras se deshacía del resto de su ropa. Después de unos momentos Iori estaba sobre ella sintiendo su pecho pegado al de ella enviándole agradables sensaciones mientras sentía los suaves labios de la chica rosando su frente, sus cejas, bajando por su nariz hasta finalmente encontrar su boca entreabierta.

Iori tenía ambas manos de su esposa sujetas en la suya, como para evitar que Athena se resistiera, ella lo estaba enloqueciendo, su cuerpo lo llamaba, quería morder su cuello, besar sus pechos casi sin notarlo el se encontró haciendo justo lo mismo que estaba pensando mientras la guerrera cerraba sus ojos para ceder al placer, sus manos atrapadas liberándose repentinamente para sujetar los mechones rojos del cabello de Iori, que en ese momento lamía suavemente sus pechos.

Después de unos minutos el se dijo que ya era suficiente. Estando sobre ella, la rozó seductoramente, excitándola y arrancándole un gemido de sorpresa.

— Relájate... - murmuró el pelirrojo en su oído mientras sus manos recorrían las piernas de Athena, enviando deliciosas sensaciones. Luego, gentilmente, como si estuviera enseñándole cómo hacerlo, Iori apartó con lentitud las piernas de ella, que no hizo ni un sonido, sólo se limitó a observarlo fijamente.

De pronto el entre sus piernas rosaba sus suaves zonas vírgenes que nadie se había atrevido a tocar. Athena gimió, el placer invadiendo su cuerpo, que pronto exigió un poco más. Como sabiéndolo, Iori se deslizó encima de la guerrera, rozándola con su vientre desnudo y sintiendo el palpitante calor. Mientras la besaba una vez más y sentía sus labios húmedos entregarse por completo a él, su mano fue directo a sus muslos... a esa cueva. Esa sensación le arranco un corto grito a la chica que se aparto repentinamente del beso, cerrando fuertemente lo ojos, como si no pudiera soportarlo. Delicadamente, Iori sujetó la barbilla de la chica y la hizo volver el rostro de nuevo hacia él. Miró en los brillantes ojos entrecerrados, su color lila le fascinaba, jamás se cansaría de perderse en esas hermosas pupilas. El pelirrojo continuó acariciándola con sus manos expertas, sabiendo cuándo excitar y cuándo detenerse, sólo para escuchar a su esposa gemir tímidamente pidiendo que continuara.

Por primera vez Iori Yasakani mostraba su verdadero ser, no el de un hombre frio y despiadado que todos conocían sino el de alguien que está haciendo el amor por primera vez.

Cuando tentativamente trató de entrar en ella, la guerrera se sobresaltó, lanzándole una mirada inquisitiva. Iori sonrió, apartando algunos mechones rojos que se habían deslizado entre sus labios.

— Confía en mí - susurró y ella lentamente se relajó.

Ahora el presionó con gentileza, entrando en ella, forzando el estrecho pasaje.

Athena gimió mientras el pelirrojo se adentraba más y más, lentamente. Pareció que ella se retorcía, como si quisiera huir, pero Iori la sujetó firmemente. Acariciándola, calmándola.

- Tranquila... Todo está bien... - murmuró jadeante. La presión que ejercía Athena en él era deliciosamente placentera, y el no pudo evitar dejar de moverse, sintiendo el placer que recorría su cuerpo, consciente de que la guerrera sentía lo mismo. Cada movimiento le daba la impresión de que pronto todo terminaría, y Iori no deseaba que fuera tan rápido. Se detuvo un segundo, para luego volver a moverse, y detenerse de nuevo. Complacido, notó que el cuerpo de ella respondía a sus estímulos, y se movía siguiendo su ritmo, incrementando el placer que ambos sentían.

La beso una vez más, cerrando los ojos para concentrarse en las sensaciones que enviaba la cercanía de la chica.

Se sentía atrapado dentro de ella y los ligeros movimientos de la chica se estaban haciendo insoportablemente placenteros.

- Aprendes muy... ah... rápido... -susurro el.

Ella le dirigió una media sonrisa, como si no supiera qué contestar a eso.

Iori empezó a incrementar su ritmo, y con cada roce ella gemía suavemente. El pelirrojo se encargó de tocar todos aquellos lugares inexplorados del cuerpo de la joven, y la invasión en esas zonas vírgenes no hacía más que aumentar la excitación de ella. Era el encanto de la primera vez, pensó Iori con dulzura, cuando cualquier movimiento, por ligero que sea, se incrementa infinitamente, haciendo que uno se pierda en un mar de placer.

Las respiraciones de ambos se convirtieron en jadeos entrecortados y el cerró fuertemente los ojos, mientras sentía que ella se aferraba a él. Oleadas de placer los hicieron estremecer al unísono, abrazados, en la habitacion y sólo quedó la sensación, el calor de sus cuerpos y sus respiraciones agitadas. Con sus corazones latiendo acelerados, Iori y Athena comprendieron el haber sido uno, por primera vez, durante esa noche, había creado un lazo muy especial entre ellos, una relación que no terminaría así sin más. Se aman y al fin lo habían comprendido.

El sintió que llegaba al clímax y el interior de ella se humedeció súbitamente, haciéndolo estremecerse y, casi al mismo tiempo, el pelirrojo sintió como Athena lo humedecía a él tambien.

La última explosión de placer que invadió sus cuerpos los dejó sin aliento, yaciendo uno junto al otro, con las manos entrelazadas, mientras la pulsante sensación se apagaba lentamente.

- Iori...

- Dime..

-No fue solo por mi sangre ¿verdad?

El se volvió y besó a Athena en los labios.

- Te amo. -confeso Iori, ella sonrió feliz

Continuara.

Espero que les haya gustado este capitulo amigos! ;-)