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Cuatro elementos

La batalla se está volviendo por momentos más intensa. Sachi Nekozaru había ejecutado la técnica de invocación y dos gatos se transformaron en sendos clones, dispuestos a atacar a los genin... También había cambiado de aspecto y revelado su forma original. Finalmente, los clones se habían lanzado al ataque pero la técnica de niebla de Seki y las esporas de Momoka frenarían su avance, al menos momentáneamente.

–¡Ryoken!

Del puño izquierdo de Ren surgió una llama de chakra verde, al comienzo tenue, pero que luego comenzó a cobrar más intensidad y calor.

«Es aún imperfecto, pero servirá para disolver el clon. Aún no domino el primer camino a la perfección… ¡Pero ya verás, Hinoki, algún día te superaré!»

–¡Seki, vamos los dos juntos! –gritó Ren.

–Claro, eso dalo por hecho –contestó Seki guiñándole un ojo a su amiga, empuñando el machete con las dos manos.

Fue instantáneo. Los dos neko bunshin de Sachi fueron sorprendidos con gran estrépito por las técnicas de Ren y Seki. Las esporas de Momoka habían logrado el efecto perseguido, era como ver alguien a cámara lenta. Los clones de Sachi se disolvieron instantáneamente por el corte en horizontal a media altura de Seki y el puño de chakra en el estómago de Ren.

–¡Sí! –gritaron los tres genin al unísono. Habían vencido al enemigo.

Por otra parte, Shiro-sensei había desaparecido entre la niebla. Sachi Nekozaru no se lo habría esperado. La kunoichi de Kirigakure apareció ante la figura que se había quedado en la retaguardia y le dio un puñetazo en el estómago a su enemigo. La chica-gato se vio sorprendida, pero no gimió ni esputó sangre... Tan sólo se desmayó, mas entre susurros Shiro intuyó oír algo…

–Todavía no me habéis derrotado...

Y desapareció, dejando una estela de humo en los alrededores. En su lugar, dejó el cadáver de un gato... ¡Era un neko bunshin! Mientras tanto, otros dos neko bunshin se aproximaron a Shiro por los lados. Fueron rápidas. Las dos abrieron su cuaderno y lo situaron por una página determinada... Allí había dibujado un sello explosivo muy extraño... Entonces activaron una técnica:

Renkijutsu, Bakumon!

Los sellos que había dibujados en los cuadernos explotaron simultáneamente cerca de Shiro. La explosión fue muy potente, hasta los genin sintieron el calor de las llamas intensas y un fuerte olor a pólvora que los mareó por completo. El cansancio provocado por el anterior genjutsu llegó en ese preciso instante, así que poco podían hacer ellos aparte de esperar a que alguien los ayudara.

[…]

El Tsuchidan, rama perteneciente a una Neo-Akatsuki que está en búsqueda de los bijus para fines poco ortodoxos, estaba de misión en Kirigakure buscando los rollos que Miutaro había legado hace cuatro años a Ren Miuhai. Lo encontraron, pero en ellos había algo que no se esperaban.

Un dibujo de una cara sonriente haciéndoles burla.

Los tres subordinados de se quedaron con cara de no comprender nada. Allí, dentro del rollo, sólo había una imagen un tanto desconcertante.

Futori se cabreó, tanto que se puso rojo como un tomate. Alzó el puño y lo mantuvo en alto; Shinji no dijo nada, y Nanami se sintió extrañada...

–¡Maldito niña del demonio, nos ha engañado de esta manera...! Me las pagará... ¿Cómo no has podido detectar nada, Nanami?

–¡No la atosigues, Futori! Ella es una ninja sensor con ciertas dotes para la localización de sellos elementales, así que no sé cómo puedes dudar de ella... –lo increpó Shinji, interponiéndose a Futori.

Nanami se calló, dio la vuelta al pergamino y dedujo por lógica la respuesta.

–Observad bien la parte exterior del pergamino, está impregnada con sellos imbuidos de chakra elemental de tierra, fuego, agua y aire... ¡Es por eso que me ha confundido! Esto ha debido fabricarlo alguien del clan Miuhai para confundirnos, pero creo que haya sido la sobrina de Miutaro, Ren-chan...

Futori se calló la boca, ya que su futurible amante no había condenado sus reproches. No obstante, no estuvo de acuerdo con la respuesta que le había dado. Pero ella siguió hablando:

–Con respecto a lo de la niña del demonio... Sé que lo has dicho de broma, pero no andas del todo desencaminado... Hace tiempo que un líder del clan Miuhai, Banjin, creó una técnica a partir de textos antiguos que le permitían controlar un poder que se presupone proveniente de la naturaleza... Se le llama "Ryoken"...

Futori puso cara de interrogación, ¿a qué "demonios" se estaba refiriendo?

–¿Ryoken? –preguntó con desprecio–. ¡Yo tengo taijutsus más potentes que esa técnica del "demonio"!

Callaron. Alguien se acercaba y si no tenían cuidado podrían llevarse un susto que no era del todo deseado, aunque sí esperado... Era Sachi Nekozaru. Reía tímidamente para sí misma...

–¿Habéis encontrado algo de valor? –preguntó–. Espero que sí, o nuestro jefe nos matará antes de darnos la recompensa prometida! ¡jijijiji!

Ni Futori, ni Shinji, ni Nanami soportaban esa risa, aunque Sachi fuera menor que ellos... Comprendieron inmediatamente que ella les había gastado una broma... Desde el tiempo que empezaron a trabajar con ella fue así siempre, así que estaban acostumbrados, pero ¿por qué razón les había gastado esa broma de mal gusto en una situación así? Era crucial que los pergaminos estuvieran a salvo y que nada, bajo ninguna circunstancia, saliera mal. Esas eran las órdenes que habían recibido...

–¿Qué es lo que llevas ahí, jefa? -preguntó Shinji.

–Es un pergamino... Ren Miuhai nos había dado la ubicación contraria a la correcta, y dejó el pergamino que vosotros habéis hallado precisamente ahí. Yo, mientras tanto, he ido a la sala 20, estantería B, fila 6, ¡y he hallado esto! Había tres copias de los pergaminos elementales, los de fuego, aire y agua, y los he copiado con mi Renkinjutsu! Aunque eran falsos, lo que Ren Miuhai no conocía era que si el contenido del pergamino original era copiado letra por letra, punto por punto, se podría llegar a reconstruir cada sello elemental... Eso ha sido lo que he hecho, aunque todavía nos falta el sello de la tierra...

–¡Precisamente aquel que habíamos venido a buscar a Kirigakure!

–Sí, Nanami... Así es, aunque sé que Ren Miuhai lo lleva consigo. Así que vamos a tener difícil el copiar el sello porque está en compañía de Shiro Akuma, la hija del Mizukage, ¡por eso os pido que deis lo máximo de vosotros, o no habrá recompensa!

Sachi Nekozaru introducía en todas sus palabras un tono sádico, doloroso para los oídos y molesto para la salud mental. Algo raro había en esa chica que perturbaba a sus tres compañeros de equipo.

–¿Qué ha pasado con los neko bunshin, jefa?

–Un pequeño altercado que nos servirá para huir de aquí... Toda Kirigakure ya estará enterada, así que mejor que nos movamos...

Cuando el grupo de la tierra iba a moverse, una voz les increpó desde el comienzo del pasillo.

–¡Alto!

Era una chica de pelo blanco, alta y esbelta, de ojos amarillos. Era la viva imagen de Ren Miuhai con unos años más, pero de rasgos algo más esbeltos. Portaba una espada blanca como la nieve virgen, decorada con motivos florales. Era la famosa Sangosho, la espada de coral.

Nirin Miuhai.

Al otro lado del pasillo había tres chicos, genin miembros del Equipo 1.

Un chico de aspecto malévolo, enfundado en una gabardina de cuero, experto en Genjutsu y ninjutsu de raiton, llamado Toki Kozu. Una chica del clan de los delfines que usaba ninjutsu sensor, llamada Saeko Irukami, y un miembro del clan Yuki, Reimaru.

Ningún miembro del Tsuchidan comprendía qué estaba pasando.

–Devolved lo que habéis robado –ordenó Nirin–, o me veré obligados a mataros aquí mismo.

El Tsuchidan no parecía querer tener nada que ver con lo que Nirin estaba diciendo.

El Equipo 1 actuó sin pensárselo.

–¡Hyoton, Hyōgen no jutsu! –dijo Reimaru. Un campo de hielo comenzó a surgir desde sus manos apoyadas en el suelo para paralizar los movimientos de los cuatro miembros del Tsuchidan. El hielo iba rápido, así que tendrían que actuar de inmediato.

Nirin Miuhai se puso en guardia y corrió hacia los miembros del Tsuchidan, dispuesta a matar.

–¡Ya era hora, así podré destensar mis músculos, y no hay mejor oponente que un shinobigatana de Kirigakure!

–No te emociones demasiado, Futori... ¡es un rival muy fuerte! Mejor piensa en tus compañeros y en el objetivo de nuestra misión...

–Mejor que no os excedáis los dos, o no podré hacer bien mi trabajo… ¡Acercáos a mí! –gritó Sachi Nekozaru a sus subordinados. Abrió su libro por una página determinada y gritó:– ¡Renkinjutsu, Kamikyūshū!

El jutsu alquímico actuó: el cuaderno que portaba la chica-gato absorbió a Nanami, Futori y Shinji y, finalmente, la absorbió a ella. Acto seguido, el cuaderno desapareció del pasillo de la biblioteca y se materializó a las orillas del lago donde por vez primera Ren y Tatami se habían encontrado. Allí, de pronto, como si hubieran sido invocados, apareció el Tsuchidan...

Nirin detuvo su ataque y avisó al Equipo 1.

–¡Saeko, determina la posición del enemigo, rápido!

[…]

Tatami fue atravesado sin piedad por las espadas Akuma de Shiro Akuma. El cuerpo, pesado, se desplomó en mitad de la calle como un saco viejo.

–Uno menos –gritó Shiro.

La niebla de Seki ya se había disipado, junto con la técnica de Momoka. Las explosiones de los clones de Sachi habían abierto un boquete considerable en mitad de la calle, pero Shiro se había defendido, replegando su posición. Tatami la había atacado entonces con su lanza, pero estaba muy diezmado a causa del anterior golpe y Shiro aprovechó la ocasión para rematarlo.

–Buen trabajo, no por algo sois mis alumnos –soltó Shiro-sensei–. Pero no os emocionéis…

Algo la interrumpió.

Una cosa blanca, parecido a una masa blanquecina brillante, surgió de los orificios del cadáver de Tatami. Shiro se apartó del cuerpo y deshizo el Akuma daibunretsu, pues gataba mucho chakra y empleaba parte de su barrera de sangre (precisamente era eso, sangre) para triplicar el número de espadas.

–¡Apartaos! –gritó.

La masa blanquecina se acercó a Ren y la arrojó hacia atrás. El rollo de la tierra se le cayó y fue recogido por su agresor, desapareciendo en la distancia.

–¡Vamos, persigámoslo, no tiene que ir muy lejos o si no lo perderemos! –gritó Shiro, nuevamente. El Equipo 3 tendría que darse prisa si no quería ver la "misión" fracasada, pues el Tsuchidan estaba cumpliendo su objetivo con creces.

«¿Qué ha sido eso?», pensó Ren. «¿Era un fantasma?»

Ya lo descubría después, ahora lo importante era recuperar el pergamino.