Hola, como estos capítulos son cortitos decidí publicarlos a la vez, espero les gusten.
Drogas fuera
Algo fue presionado contra mi boca. Líquido se derramo en ella y se precipitó en mi garganta tan rápido que me atragante, tosí. Desde lejos escuché que alguien me hablaba y me sacudía, el líquido siguió llegando sin piedad. La tragué para prevenir el ahogamiento, la voz se hizo más clara y pude ver de nuevo. Inuyasha estaba detrás de mí, apretándome contra su pecho. Estábamos tirados en el suelo. Un brazo me sostenía a él y su otra muñeca era empujada contra mi boca, era su sangre lo que se desbordaba en mí.
- Detén eso, sabes que lo odio. - Escupí el resto de bocado, traté de alejarme, pero él apretó su agarre, girándome para que pudiera verme.
- Sangriento infierno… ¡estás bien! Tu corazón se desaceleró durante un minuto. Me asustaste - Como mi visión se aclaró lentamente, pude ver a un yokai muerto delante de mí. Su cabeza estaba torcida, y un ojo colgaba fuera de su órbita. La carne se arrugaba de vuelta contra los huesos de la manera tradicional después de la muerte de verdad, pero la cara no era la de Hakudoshi. Era alguien que nunca había visto antes.
- ¿Dónde está Hakudoshi? - Mi voz era sólo un murmullo. Aunque mis ojos y oídos funcionaban, mi mente todavía giraba. Inuyasha hizo una mueca de disgusto detrás de mí.
- ¡El maldito bastardo se escapó! Yo ya estaba en camino hacia ti cuando obtuve tu llamada. Saqué a Hakudoshi de encima de ti, y comenzamos pelear cuando el maletero se abrió y este hombre salió. Había estado escondido allí como guardaespaldas del maldito Hakudoshi. El tipo me asaltó y Hakudoshi se fugó. Él cabrón dio un infierno de lucha, también. Cuando terminé con él, te revisé. Fue entonces cuando vi que apenas respirabas y me abrí una vena. Deberías tomar más, todavía estás pálida como la muerte. – eso ultimo lo dijo mirándome con preocupación.
- No. - Mi respuesta fue suave, pero firme. Ya me temía que había tenido demasiado, recordando lo tragado. Uf.
- ¿Qué paso? Pensé que estabas solo fingiendo y llevándolo más lejos para incitarme. Funcionó bien, es por eso que yo estaba casi sobre él cuando tu mensaje se activó. ¿Te agarró con la guardia baja? - Aunque ya no me daba sangre, todavía tenía sus brazos alrededor de mí. Una parte de mí protestó, sobre todo porque estaba desnudo de la cintura para arriba, pero estaba demasiado cansada como para mencionarlo. Obligue a mi mente a trabajar, pensé de nuevo en los eventos. Era como si algodón hubiera sustituido mi cerebro.
- Um… no sé. Nos metimos en su coche y me empecé a sentirme enferma... No, estoy mal. Me sentí enferma antes, en el club. Todo empezó cuando estábamos bailando. De alguna manera me sentía borracha. Todo estaba borroso y las luces parecían lejanas... Después de un rato y dos coca-colas me sentí mejor, pero cuando me fui, volvió tres veces peor. No me podía mover. Mis piernas no funcionaban y mi mente... no podía pensar. Incluso me olvidé del reloj hasta que quedó atrapado en su pelo. ¿Crees que me drogó? ¿Podría haber sabido lo que estábamos haciendo? - Inuyasha me atrajo lo suficiente para mirar mis ojos. Lo que vio le hizo maldecir.
- Tus pupilas se dilatan como para pertenecer a un cadáver. Te drogaron muy bien. Dice que te sentías así antes de que él se presentara, ¿cuando estábamos bailando? Eso no tiene sentido... - Su voz se apagó, y como un ladrillo, la verdad me golpeó. Una vez más vi la sonrisa inocente de Ralphie y Martin mientras sostenían un vaso.
- No fue él. - Ven a ver mi Porsche, vamos afuera...
- Fueron esos chicos. Ralphie y Martin, esos a los que les dijiste que se marcharan cuando recién llegamos. Me dieron una bebida más tarde, cuando Hakudoshi te fue a buscar. Los pequeños bastardos, trataron de meterme en su coche, se mostraron sorprendidos cuando no fui... - De repente me sentía mareada, y mi visión divagó un momento.
- Necesitas más sangre. - Fue una declaración, y en medio de la niebla lo alejé.
- No. No. Voy a estar bien. Sólo necesito dormir. - El paisaje se inclinó, y cuando abrí los ojos estaba tirada en el suelo con una familiar chaqueta de mezclilla bajo mi cabeza.
Inuyasha estaba como a una docena de metros de distancia, cavando un agujero. La luna iluminaba su piel, y había mucho que iluminar. Se había sacado la camisa, y se reflejaba en la piel de crema y diamantes que parecía acariciarla. Sin su camisa parecía aún más esculpido. Largas líneas conectaban su clavícula, sus hombros parecían más amplios sin ropa, y la línea dura de su estómago era interrumpida sólo por los pantalones. Huecos y músculos ondulándose con su esfuerzo, y era la vista más hermosa que jamás había visto.
- ¿Dónde está tu camisa? - Al parecer había hablado en voz alta en lugar de simplemente preguntarlo en mi mente, porque se volvió y me contestó.
- La llevas puesta, cariño. - Inclinándose, cogió el yokai muerto con una mano y lo arrojó en el agujero, amontonando la tierra sobre él.
- Esta absolutamente impresionante sin ella, ¿sabes...? - Mi monólogo interior estaba apagado, ya que, evidentemente, había sido audible una vez más. Se detuvo para sonreírme, sus dientes destellaban en la noche.
- No se me ha escapado que solo me dices cumplidos cuando estás intoxicada. Te hace más agradable - Terminó con un golpe final de la pala contra la tierra y se acercó a mí. Mi visión siguió revoloteando dentro y fuera.
- Siempre estás guapo - dije en voz baja, levantando un dedo y arrastrándolo hacia abajo en su mejilla, cuando se arrodillo por encima de mí.
- Bésame otra vez... - Nada parecía real. No la tierra debajo de mí, o su boca una vez más en movimiento sobre la mía. Un ruido de la decepción se me escapó cuando levantó la cabeza, separándose de mis brazos.
- ¿Por qué paras? ¿Es porque mi sabor es malo? - Una parte de mí, recordó que había vomitado recientemente. Él sonrió, rozando sus labios con los míos una vez más.
- No. Sabes a mi sangre, y te deseo insoportablemente. Pero no así. Vamos a ponerte segura. Levántate. - Él me levantó en sus brazos.
- Inuyasha - suspiré.
- ¿Sabes? No te tengo miedo, pero me asustas... - Su silueta fue borrosa de nuevo.
- Me asustas, también, gatita - él podría haber contestado, pero yo no podía estar segura. Todo era negro otra vez.
Mi madre yacía detrás de mí con sus brazos envueltos a mí alrededor, y yo me acurruqué en su abrazo. Nunca me abrazó, y se sentía bien. Ella murmuró algo y su voz era grave y profunda. Sus brazos eran firmemente musculosos, y su pecho presionando a lo largo de mi espalda… era duro como una roca. Mis ojos se abrieron, y por segunda vez en mi vida, me desperté en la cama con un yokai. Esta vez era infinitamente peor, porque lo único que llevaba era una camisa y las bragas y él... Un grito salió de mi garganta. Inuyasha se levantó de un salto, girando la cabeza para detectar el peligro. Inmediatamente desvíe la vista, porque ya había visto el peligro, así es. El rosa me cubrió el rostro y apreté mis ojos cerrados.
- ¿Qué pasa? ¿Hay alguien? - Su voz era insistente y mortal. En silencio sacudí la cabeza, rompiéndome el cerebro en cuanto a cómo terminé aquí. La última cosa que recordaba era estar tirada en el suelo y besarlo...
- Inuyasha. - Mis dientes presionados, pero yo tenía que saber.
- ¿Tú y yo...? ¿Sucedió algo entre nosotros? No me acuerdo. Tienes que decirme la verdad. - Hizo un ruido exasperado y sentí la cama ceder bajo su peso cuando trepo de regreso. Me alejé inmediatamente y me asomé a través de mis pestañas hasta que estuve segura que la sábana le cubría de la cintura para abajo.
- ¿Crees que te follaría mientras estabas desmayada y fría? ¿Crees que no soy mejor que esos dos bribones que manipularon tu bebida? Tu vestido estaba medio arrancado y cubierto de vómito, no menos, por lo que te puse una camisa y te traje aquí. Entonces volví al club - Él me dio una mirada de molestia apenas disimulada.
- Oh… Pero entonces ¿por qué estás desnudo? - Ahora me sentía tonta y quería defender a mi mala suposición.
- Porque después de acabar con tus pequeños amigos, mire a los alrededores inútilmente por Hakudoshi, hasta el amanecer. Estaba hecho polvo y había sangre en mi ropa, así que me las quité y me metí a la cama. Tú ciertamente no estabas haciendo nada, además de roncar y quitarme las sabanas de nuevo. Realmente no me detuve a pensar en ello, lo siento. - El sarcasmo goteaba en cada palabra, pero su frase anterior me hizo estremecer.
- ¿Cómo que terminaste con los chicos? ¿Qué pasó con Ralphie y Martin? – pregunte sin comprender.
- Preocupándose por ellos, ¿verdad? Tan típicamente americano, más preocupado por los criminales que de las víctimas. ¿No preguntas si encontraron a una nueva amiga para jugar, no? ¿No preguntas que paso con ella? No, estás demasiado preocupada por el bienestar de esos dos mamones – lo dijo tan despectivo que comprendí que algo iba realmente mal.
- ¿Drogaron a otra persona? ¿Está bien? - Si trataba de avergonzarme, lo había logrado. Sus ojos perforaron los míos.
- No, mocosa. Ella no está bien. Puesto que no caíste con dos dosis de su jugo, triplicaron la cantidad. Mientras te comían el cuello, fueron alegremente a escoger otra chica. Fue su estupidez llevarla a sólo una milla de distancia del club. Cuando volví, me encontré con ellos en una camioneta en los árboles y olí a los bastardos en su interior. Uno de ellos estaba follando a la pobre chica mientras que el otro esperaba su turno. Por supuesto, no se dieron cuenta que ya estaba muerta por el exceso de drogas. Arranque las puertas y rompí la columna vertebral del muchacho que esperaba. Esto aterrorizó al otro espléndidamente, como puedes adivinar. Hablé con él un poco primero para asegurarme de que no tenía nada que ver con Hakudoshi. Cantó como un canario, dijo que él y su amigo hacían un deporte de deslizarse con chicas drogadas y luego follarlas antes de botarlas donde sea. Le gustaba escoger los clubes de yokais y esas cosas, porque las chicas que frecuentaban esos lugares no tendían a informar de cualquier delito. – lo vi torcer la boca en un gesto de odio que me asusto mucho.
- Él realmente se asustó cuando le dije que la chica estaba muerta. Gritó y dijo que se suponía que no debían morir, sólo estar acostadas allí. Entonces desgarré su garganta y bebí lo que quedaba. Después de eso, fui al club y los reporté al propietario. Ellos no aceptan actividades como esa cerca de su lugar, llama la atención no deseada. Les hice un favor al matarlos rápidamente. El propietario lo habría hecho por semanas como una advertencia a cualquier otro ser humano lo suficientemente estúpido como para intentar ese truco. - Sintiendo malestar, me senté en el borde de la cama y bajé la cabeza. Oyendo como Inuyasha había matado a Ralphie y Martin todavía me daba escalofríos. ¿Se lo merecían? Sí. ¿Debía Inuyasha haberlo hecho? Yo no tenía la respuesta.
- ¿Qué hiciste con ella? – Esa pobre chica, qué tragedia.
- Conduje la camioneta después de arrojar los cuerpos de los muchachos en el club y la estacione frente a la carretera. Alguien la va a encontrar, verá a nombre de quien está registrada, y hará la suposición de que después de haberla violado, ella tuvo una sobredosis de droga y ellos se fueron. Bueno, uno de ellos, por así decirlo. Allí había sangre en el interior. Los oficiales estimarán que quienes los mató huyó. No será la primera vez que algo como esto ha sucede. Por lo menos sus padres se enteraran de ella y no tendrán que preguntárselo por el resto de sus vidas. - Me dolía por la familia de desconocidos, quienes recibirían la terrible llamada telefónica. Mi cabeza cayó en mis manos, golpeando con un dolor de cabeza. Después de todo lo que sucedió, era un pequeño precio a pagar.
- Hakudoshi... ¿Qué piensas que él va a hacer? ¿Crees que va a intentar algo, o se mantendrá corriendo? - Inuyasha se echó a reír sin sentido del humor.
- Hakudoshi sabe que estoy detrás de él ahora. Él lo sospechaba, pero que finalmente tiene la prueba. Va a intentar algo, está bien. Sin embargo, cuando y donde, no tengo ni idea. Podría mantener todo por lo bajo un tiempo, o podría venir tras de mí de inmediato. No lo sé, pero no ha terminado – gruño frustrado.
- Es mi culpa que Hakudoshi escapara. Dios, fui tan tonta como para no darme cuenta de que algo no iba bien, hasta que fue demasiado tarde... – caray iba a llorar, esto fue peor que cuando le tire el borrador a la maestra en 5° grado.
- No es tu culpa, gatita. - Posó las manos en mi hombro mientras se deslizaba más cerca, y con lentitud, se me ocurrió que una de las maneras en las que había actuado extrañamente era hacerlo con él.
Y allí estábamos en la cama, con el desnudo y yo cerca de estarlo. Nada inteligente. Me levanté de la cama y le di la espalda a él, deseosa de poner más distancia entre nosotros. Fue la droga lo que me había hecho besarlo, las drogas. Repetirlo una y otra vez me hizo sentir mejor.
- Inuyasha, yo…yo tengo que agradecértelo. Me salvaste la vida. Me desmayé justo después de haber pulsado el botón, me hubiera dejado seca. Pero sabes que la única razón por la que yo... yo estaba ansiosa contigo fue a causa de los químicos que me dieron. Lo sabes, ¿verdad? Por supuesto, no te culpo por seguirme la corriente. Estoy segura de que no significaba nada para ti. Sólo quería que supieras que no significaba nada para mí también. - Todavía estaba de espaldas a él, y yo deseaba desesperadamente más ropa. Era demasiado peligroso para estar atrapada con él sin treinta capas de armadura.
- Mírame. - Su voz estaba llena de algo que yo tenía miedo de descifrar. Fuera lo que fuese, no era felicidad.
- Um, ¿Puedes mover la piedra para que yo pueda salir de aquí y solo…?. – comencé a pedirle amablemente.
- Date la vuelta. - Ahora yo sabía lo que estaba en su voz. Amenaza.
Poco a poco me enfrenté a él. Sin previo aviso, se encontraba en frente de mí, a sólo unos centímetros de distancia, todavía totalmente desnudo. Mi cara ardía, pero mantuve mis ojos decididamente hacia arriba. Eso era casi tan malo. La expresión en él me hizo temblar.
- No estoy realmente cómoda contigo desnudo - le dije, luchando por un tono normal y por no perderlo. Su ceja se arqueó.
- ¿Por qué debería inquietarte, mocosa? Después de todo, acabas de decir que no significaba nada para ti más allá de la mera gratitud. Y has visto el cuerpo de un hombre antes, así que no hagas ese acto de rubor conmigo. ¿Qué puede estarte molestando entonces? Yo sé lo que me molesta. - El buen tono burlón cambió a un gruñido furioso.
- Lo que me molesta es que te atreves a estar allí, me dices que hacer y lo que no sentí anoche. ¡Qué besarte y sostenerte no significaba nada para mí! Entonces, ¡por si fuera poco, que solo reaccionabas a mí porque estabas en drogada! Eso es hilarante. ¿Sabes lo que esas drogas te hicieron en la primera dosis, antes de que la segunda te pusiera comatosa? ¡Mataron a las malas pulgas en tu cabeza dura! - Con eso, él tiró la piedra fuera de su lugar y abrió el paso. Mi boca estaba abierta de la indignación, y señaló con el dedo enfáticamente a la salida.
- ¡Fuera! ¡Antes de que pierda los estribos y veamos lo mucho que no te gusto darme un beso! - Decidiendo que la discreción era la mejor parte del valor, me fui. Rápidamente.
Continuara…
