¡Hola!

Uf, vaya, al fin he podido terminar este capítulo jajaja.

Bueno, como la mayoría de los comentarios me dijeron que les gustaría ver lemon tanto GaaMatsu como SasuSaku para esperar a que llegue el NaruHina, he puesto un poco de los primeros, aunque advierto que está muy leve, no me dio la cabeza para hacer algo demasiado explícito xD

En fin, espero que les guste la conti, porque se pondrá mejor xD

Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.

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Capitulo 10: Cerca, muy cerca

Después de beber su quinto vaso de vodka, Hinata dejó el mismo sobre el mesón de la cocina con mucha rabia. Sentía deseos de asesinar muy lenta y dolorosamente a su amiga Matsuri por haberla puesto en el dilema de ser madrina de su hijo, junto con el tarado de Naruto. No le molestaba para nada ser madrina del bebé, de hecho, era un halago que la hubiesen escogido a ella por sobre Sakura, sin embargo, ¿por qué con el imbécil de Namikaze?

—Lo odio, lo odio –susurraba para sí la chica. Después de beber tanto ya estaba un poco mareada, pero no era nada que una persona como ella no pudiera controlar. Estaba por beberse el siguiente vaso, cuando tuvo que rodar los ojos al ver como su flamante prometido se le acercaba con una sonrisa.

—Hey, ¿qué es esa cara tan larga nada más de verme? –se quejó el rubio con el ceño fruncido.

—¿Qué cara esperas que ponga? –cuestionó la Hyûga mirándole de reojo —. Oh, espera ¿Tal vez una sonrisa? –habló sarcástica. Lo odiaba demasiado y no lo podía disimular, por mucho que lo intentara, era una tarea imposible de cumplir.

—Que pesada eres, es por eso que no tienes novio ni nadie que te haga caso –Naruto la miró de pies a cabeza de mala gana, sin poder evitar el detallar las hermosas curvas que ella escondía en sus trajes algo holgados y faldas un poco largas. Para un hombre como él, sin duda alguna Hinata era una mujer preciosa, no tenía nada que envidiarle a una súper modelo, sin embargo esa actitud de odio hacia todos los hombres la ponían muy abajo en su lista de posibles conquistas, con decir que ni siquiera estaba en ella.

—¿Por qué no te callas? Si has venido a molestarme, mejor vete ya –apuntó la chica hacia la salida del departamento, por lo que Naruto sólo soltó una pequeña carcajada.

—No puedes echarme, esta no es tu casa –le dijo gracioso —. Además, si me voy tú te irás conmigo, eres mi prometida y es lo menos que puedo hacer por ti.

—Que gracioso –la ojiperla se cruzó de brazos y le hizo un desprecio —, sin embargo, yo no necesito de tu hospitalidad, puedo cuidarme perfectamente sola.

—Y por eso llevas como cinco tragos de vodka –ironizó el ojiazul, al tiempo que Hinata le miraba nuevamente molesta.

—¿Acaso has contado los tragos que me estoy tomando? –sonrió —. No sabía que yo te preocupara tanto.

Ante sus palabras Naruto enrojeció levemente. Ahora que ella lo decía, era cierto, él desde hace rato estaba observándola tomar y al ver que ya iba por el sexto vaso, decidió ir a pararla. ¿Es que acaso estaba preocupado?

Eso era una soberana estupidez, Namikaze Naruto no tenía razones para preocuparse de esa energúmena que lo único que sabía hacer era gritarle e insultarlo. ¿Por qué rayos tenía que velar por su seguridad? Es más, si ella no estuviera, sería mucho más fácil para él quedar libre del matrimonio arreglado.

—Tú no me importas, haz lo que quieras –dijo de manera desinteresada, metiéndose las manos a los bolsillos del pantalón, para dar la media vuelta y dirigirse hacia donde estaban sus amigos Gaara y Sasuke.

Hinata sólo frunció el ceño y también los labios, como si se tratara del puchero de una niña pequeña. De lo enojada que se sentía, ni siquiera se molestó en servirse el sexto vaso, sino que tomó directamente de la botella.

Algo no saldría bien aquella noche.

Por otro lado, Sakura y Matsuri se encontraban charlando amenamente, las dos se contaban cosas sobre como había ido su día o las últimas hazañas del pequeño Soun, sin embargo, la peli rosa no dejaba de ver a Sasuke de reojo, y cuando ésta no estaba mirando él también la observaba,

—Deberías ir a hablarle –dijo Matsuri de pronto, provocando que Sakura se sonrojara.

—¿Eh? ¿Qué dices Matsu?

—No te hagas –habló nuevamente la castaña, notando que su hijo se estaba poniendo un poquito colorado, seguro iba a comenzar a llorar porque ya tenía sueño, así que lo meció muy suavemente en sus brazos —. Toda la noche has querido ir a hablar con Sasuke Uchiha, si tanto te gusta sólo díselo.

—¡Nada que ver Matsuri! –aseguró la chica de ojos jade, pero su sonrojo la delataba totalmente, además del movimiento constante de sus ojos hacia esa persona, era inútil que tratara de disimular ante su amiga, puesto que la conocía a la perfección y cuando vio que Matsuri ni se había inmutado ante su grito, decidió simplemente suspirar y rendirse —. ¿Crees que debería ir y saludarle?

—Apuesto a que él quiere lo mismo –sonrió la castaña, poniéndose de pie para acercarse al trío de amigos mientras Sakura la miraba algo angustiada, su pecho se oprimía de sólo imaginar el volver a hablarle a Sasuke. Por su parte, Matsuri se dirigió a su esposo —. Gaara, amor, el bebé ya tiene sueño, iré a acostarlo y por favor no hagan mucho ruido –miró a Sasuke y Naruto con una sonrisa —. Si se despierta después no duerme hasta que pasen dos horas, y en todo ese tiempo llora muchísimo.

—Claro –le dijo Naruto mirando al bebé nuevamente —. Oye, de verdad que es lindo.

—Gracias –dijo Matsuri con una sonrisa. A veces Naruto Namikaze no era tan desagradable como siempre se mostraba ante la gente, sólo en esos momentos le gustaba que estuviera cerca.

—Arrópalo muy bien, está haciendo un poco de frío –le aconsejó Gaara, quién se acercó y besó la frente de su hijo, para luego darle un leve beso en los labios a su esposa. Ella asintió con la cabeza y se alejó hacia el cuarto de Soun, el cual ya cerraba sus ojitos.

—Antes no podría haberte imaginado siendo padre –comentó Naruto con cierto sarcasmo, pero no lo decía con mala voluntad, al contrario, sólo que aún no podía creer que alguien como Gaara hubiera cambiado tanto por una mujer —. Te ves tan responsable amigo.

—La vida cambia Naruto, y las personas maduran –dijo posando una mano sobre el hombro del ojiazul, el cual lo miró con una ceja enarcada, para luego notar como Gaara se alejaba hacia el dormitorio de su hijo. Miró a Sasuke y éste sólo bajó los hombros.

—Yo creo que él tiene razón, nosotros dos tarde o temprano deberemos tomar su camino –no creía lo que decía, pero ciertamente al ver la vida que Gaara llevaba había comenzado a sentir un poco de envidia. De sólo recordar todas las veces que había roto los corazones de las mujeres que salían con él, le hacía pensar en que tarde o temprano llegaría ese día en que ya ninguna de ellas le haría caso, ni siquiera por su dinero. Envejecería y en ese momento iba a estar solo, y era cierto que aún era demasiado joven para ponerse a pensar en ese tipo de cosas, pero eran cosas que más adelante lo iban a atormentar demasiado.

Fue entonces que miró a Sakura y ésta sólo bajó la vista al darse cuenta. Una sonrisa apareció en sus labios y miró a Naruto.

—Creo que tengo cosas que hacer –le avisó antes de dirigir sus pasos hacia la chica.

Naruto sólo bufó y se bebió la cerveza que desde hace rato descansaba en su mano derecha. Apoyando su espalda contra una de las paredes del departamento, rodó su vista por todo el lugar para descubrir que todos los ahí presentes estaban siendo acompañados por alguien, todos tenían una pareja esa noche, menos él y ella.

Eso lo hizo sentir un poco vacío, pero trató de ignorarlo, abriendo una nueva lata de cerveza. Si iba a estar solo, al menos iba a beber algo bueno.

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—Se ve muy tierno cuando duerme –dijo Matsuri observando a su bebé, el cual estaba muy tranquilo, con sus ojitos cerrados y tapado con su manta de autitos. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración, mientras sus pequeñas manitos se apretaban y soltaban una y otra vez. Miró a Gaara, el cual se acercó y la abrazó —. Es hermoso ¿No crees?

—Claro que sí –le respondió el pelirrojo, dándole un cálido beso en la base del cuello —. Me alegra que lo hayamos tenido, me alegra estar contigo ahora –suspiró —. No sabes lo idiota que fui antes de conocerte.

—Oh, sí que lo sé –refutó la chica con una sonrisita un tanto enfadada —. Hablé con tu hermana y me lo contó todo, desgraciado –le dio un golpecito en el brazo —. Eras un verdadero Casanova ¿No es así?

Gaara la abrazó más fuerte, rodeándola por la cintura, a la misma vez que volvía a besarla, esta vez en la mejilla.

—Es verdad, no había noche que no me la pasara con una mujer distinta, a veces eran más de una en un solo día –rió ante la cara de enojo que ponía Matsuri, se notaba que se estaba sintiendo celosa y eso a él le encantaba, le gustaba ver esa reacción en ella, porque significaba que lo amaba tanto como él a ella —, pero la única que me hizo sentir mi corazón iba a estallar fuiste tú.

Ella se estremeció levemente al oírle, volviendo su vista una vez más al bebé.

—Desde que te conocí lo único que quise fue odiarte –dijo con nostalgia —. Pero me odiaba a mí misma por no poder hacerlo, porque cada vez que te veía lo único en lo que pensaba era en estar a tu lado, y tenía miedo de que sólo me quisieras por una noche como a todas las demás, estaba asustada de enamorarme de ti y que me rompieras el corazón Gaara.

—Lo sé, pero yo nunca te haría eso –afirmó Gaara, también observando el plácido sueño de su hijo —. Te amo demasiado Matsuri.

Esta vez ella no le respondió, simplemente cerró sus ojos para disfrutar de las suaves caricias que él hacia en su cabello y, cuando a veces le daba pequeños besos en el cuello.

—Siempre recordaré la primera vez que fuiste mía –le susurró al oído.

La chica no dejaba de temblar mientras sentía las manos del pelirrojo recorrer con demasiada paciencia sus piernas y cintura. Ella estaba sólo en ropa interior y debía admitir que para desnudar a una mujer Gaara era muy rápido, no había tardado demasiado en quitarle la ropa y en todo ese tiempo sólo se había dedicado a besarla de manera dulce, para no asustarla.

Matsuri cerró los ojos y soltó un leve gemido cuando los labios de Gaara se posaron sobre la piel de su cuello, besándola de forma provocativa, pues al parecer era ahora cuando pensaba mostrar sus verdaderas intenciones. Ella tocó el torso también desprovisto de ropa de él y sintió como el chico –con ambas manos– acariciaba sus senos.

Él estaba volviéndose loco. Siempre que miraba a Matsuri la veía como alguien inalcanzable debido a la aprensión de la chica por aceptar sus galanterías, había llegado a pensar que nunca la tendría así y ahora que por fin estaba cerca de tenerla sólo para él, sentía que podría llegar a tocar el paraíso en ese mismo instante. Ahora lo veía mucho más claro, de verdad se había enamorado de Matsuri e iba muy en serio con ella.

G-Gaara –escapó sin querer de los labios de la chica, en cuanto sintió como la mano derecha de él se deslizaba con suavidad por su entrepierna, llegando a esa zona que ella había guardado sólo para el hombre que se robara su corazón. Sabía que si ahora había permitido que las cosas llegaran hasta este punto, era porque amaba a Gaara y ya no podía hacer nada contra eso.

Por otro lado, él no se detuvo, al oír el tono de su voz lo único que sintió fueron deseos de continuar, de llegar hasta el final, por eso se atrevió a llevar su mano justo hasta donde aquella zona tan prohibida le esperaba ansiosa pero avergonzada. Con su otra mano alentó a la chica a separar un poco más sus piernas, para poder tocarla con toda plenitud. Sus dedos se movían una y otra vez por toda la zona, oyendo como ella dejaba escapar más gemidos de sus dulces labios.

Con la mano que tenía libre, se ocupó de soltar el broche del sujetador, para dejar libres sus senos, que eran tan redondos y blancos que lo enloquecían. Con su boca atrapó uno de ellos, dándole suaves mordidas al rosado pezón, logrando arrancar más gemidos a la chica. Sonrió para sí cuando ella casi tembló debajo de su cuerpo y comenzó a acariciar su espalda y su cabello.

Volvió a morderla de manera provocativa, quería hacerle sentir todo lo que ella provocaba en él y sin previo aviso, adentró su mano en las bragas de Matsuri, para tocar directamente su parte más sensible, el lugar que ella con recelo trataba de proteger al cerrar sus piernas, pero él, con besos suaves en su oído, le susurraba que no lo hiciera.

Déjate llevar Matsuri, no te haré daño, te lo prometo.

Ella cerró los ojos y se dejó amar por él. Sentía como el placer poco a poco se apoderaba de ella, extendiéndose desde su intimidad al resto de su cuerpo, todo aquello producido por los excitantes masajes que Gaara realizaba. Cuando el chico la besó permitió que aquel contacto se volviera realmente apasionado y pasado un tiempo de compartir besos y caricias, se dio cuenta de que Gaara bajaba su última prenda.

Al sentirse completamente desnuda ante él se volvió a avergonzar, era la primera vez que estaba así frente a un chico, sin embargo no estaba arrepentida.

G-Gaara –lo llamó jadeante y sonrojada, tan agitada que se veía adorable para él —. Y-yo… no es justo que sólo yo esté desnuda –dijo en tono de reproche, por lo que el pelirrojo soltó una sonrisa cómplice, acercándose a su oído.

No te preocupes, pequeña pervertida, pronto estaremos igual –le aseguró antes de besarla en los labios con cierta agresividad, pero no la suficiente como para espantarla, pues lo único que lograba era animarla aún más. Aún con sus labios unidos a los de ella y su lengua enredándose con la de la chica, comenzó a bajar el cierre de su pantalón, así, apenas necesitó volver a respirar, aprovechó de quitarse la odiosa prenda que ya comenzaba a apretarle. Hizo lo mismo con sus bóxers, hasta que por fin quedó en igual condición con ella.

La miró a los ojos embelesado cuando supo que ambos estaban listos para el siguiente paso, y ya que no podía esperar más, comenzó a penetrarla lentamente, pero enseguida ella se quejó del dolor.

Tranquila, no pasa nada –le dijo besándole los labios. Limpió una lágrima que había corrido por su mejilla y se detuvo cuando sintió que llegaba al tope, entonces volvió a mirar el rostro de la chica y notó su expresión llena de dolor. Era la primera vez que hacía algo como esto, no era de su costumbre el acostarse con chicas vírgenes, pero a ésta chica la deseaba tanto que simplemente no podía permitir que nadie más la tuviera, ella era suya y acababa de demostrárselo al aceptar entregarse a él. No iba a dejar que otro la tocara nunca.

Gaara… –llamó Matsuri con su voz agitada —. S-sigue… y-yo estoy bien –aseguró, aunque se notaba que no decía la verdad pues parecía que estaba a punto de ponerse a llorar, pero aun así Gaara comprendió que ella necesitaba sentirlo de la misma forma que él la necesitaba a ella y, con cuidado comenzó a moverse. La oyó gemir un par de veces por el dolor, hasta que de pronto ese tono de angustia cambió por uno que lo trastornó; ella gemía de placer y él no podía evitar jadear debido a lo mismo.

Las uñas de Matsuri se enterraron en la espalda de Gaara, sintiendo como él se movía dentro de ella, como el placer la invadía llegando a cada rincón de su ser. Él la besó en forma demandante y aumentó la velocidad y fuerza en sus envestidas, hasta que la sintió temblar nuevamente, envuelta por completo en un mar de excitación que lo hizo querer terminar de una vez, pero no lo hizo hasta sentir como ella alcanzaba el clímax, sólo entonces se dejó ir dentro de ella, para luego caer rendido sobre la cama.

La miró a los ojos y la besó tiernamente, emocionado por lo que acababa de pasar. Era que ninguno de los dos iba olvidar.

Matsuri le miró sonrojada y le dio un golpecito en el brazo.

—¿Por qué me haces recordar eso? Pervertido –se quejó la chica, pero por respuesta sólo obtuvo un apasionado beso de su amado esposo, quien no planeaba soltarla en un buen rato.

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Cuando Naruto menos se dio cuenta, Sasuke se había desaparecido del lugar, lo había dejado solo y Gaara tampoco estaba ni sus luces, al parecer pensaba quedarse un buen rato con su esposa en el cuarto, porque no se veía que fuera a salir de ahí.

—Que montón de porquería –masculló dirigiéndose a Hinata, la cual estaba casi durmiéndose sobre una mesa de centro. La tomó del brazo y la jaló hacia su cuerpo, ya la había dejado emborracharse demasiado, no podía permitirlo más —. Oye, ven conmigo.

—¿Ir contigo? ¿A dónde? –cuestionó la chica, que sin darse cuenta estaba muy mareada y hablaba de manera algo trastabillada. No era capaz si quiera de hacerle frente a Naruto, pues sus sentidos estaban un poco inhibidos —. Oye, suéltame tara… tara… idiota…

—Cállate y ven aquí –le ordenó Naruto. Él estaba acostumbrado a beber, por eso no se encontraba borracho como claramente lo estaba la chica, así que sin importarle sus reclamos, la jaló afuera del departamento de Gaara, el cual ya estaba casi vacío de gente, todos se habían ido a hacer sus cosas, hasta Sasuke y el mismo dueño de la casa.

Una vez estuvieron afuera del departamento, Naruto alzó a Hinata como si se tratara de un saco de papas, por lo cual la chica le comenzó a dar golpes en la espalda y patadas en el pecho.

—¡Oye infeliz! ¡¿Qué te pasa? –le gritaba escandalosamente alto, no obstante el rubio sólo la ignoraba. No podía creer que estuviera haciendo esto, pero ya ella había bebido suficiente y no podía dejarla así, ahora que ella estaba borracha ni se iba a acordar de que él trató de ayudarla y eso era lo mejor, no quería que Hinata conociera su lado amable, aunque tampoco estaba tan seguro de que tuviera uno.

Al llegar al ascensor se metió a ésta con dificultad, porque la inquieta joven Hyûga no dejaba de moverse, así que tuvo que dejarla tocar el suelo para que parara de golpearlo. Una vez sus pies tocaron el piso, Hinata se lanzó a golpes contra Naruto.

—¿Quién te crees? –cuestionó —. Te odio, déjame en paz que me quiero ir a mi casa –dijo de mala gana, tratando de salirse del ascensor, pero tropezó y casi cayó al suelo, de no haber sido por Naruto, quién la sostuvo entre sus fuertes brazos.

—No puedes ni pararte y esperas irte sola, que graciosa eres –le dijo sarcástico, notando como la chica en lugar de apartarlo, se abrazaba más a él, rodeándole el torso con sus pequeñas manos. Se sintió de lo más extraño, como si algo dentro de él acabara de hacer click y todo su interior pareció ser víctima de un terremoto. Quiso preguntarle a Hinata por qué hacía eso, pero cuando bajó la mirada para verla, simplemente la encontró quedándose dormida, usándolo a él como si fuera una almohada.

Ahora se sentía ridículo. ¿Cómo pudo sentir todo aquello con un abrazo? Cuando en realidad ella sólo lo hacía por conveniencia, porque él era como un cómodo cojín sobre el cual descansar. Que idiota era.

Soltó un suspiro y la volvió a levantar entre sus brazos, esta vez como si ella fuera una princesa, ahora que estaba dormida era inofensiva.

—¿Por qué siempre termino involucrado con mujeres que están mal de la cabeza? –se cuestionó a sí mismo, soltando un nuevo suspiro y alzando una mano –sin soltar a Hinata– para presionar las teclas del ascensor.

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Sakura y Sasuke estaban sentados en una banca del parque, el cual estaba completamente solitario y era iluminado por los típicos focos nocturnos. Ahí, ambos charlaban de forma animada sobre todo lo que habían hecho en el tiempo que dejaron de verse. No podían creer que sus amigos estuvieran casados y ellos ni en cuenta, podrían haberse visto mucho antes, sin embargo Sasuke había estado muy alejado de Gaara debido a su matrimonio y la peli rosa no es que se llevara muy bien con él tampoco, era por eso que no se habían visto aún estando tan cerca.

—Has cambiado mucho –dijo Sasuke mirándola de pies a cabeza —. Ya no eres esa chica nerd que todos molestaban.

—Tú no me molestabas –le recordó ella con una sonrisa —. Eras el único que siempre me defendía, Sasuke-kun.

Él asintió con la cabeza. Aún recordaba como solía apoyar a Sakura y defenderla de los bravucones de la escuela y también como ellos la hacían llorar.

—Es cierto –dijo por fin, esbozando una sonrisa.

Ella le miró con sus profundos ojos jades, preguntándose si algún día sería capaz de olvidar lo que sentía por él, durante un tiempo lo creyó posible, pero ahora que lo había vuelto a ver parecía una posibilidad realmente lejana.

Todavía te amo Sasuke-kun –pensó para sí, sin atreverse a romper aquel cómodo silencio.

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—Hey, Hinata –la llamaba Naruto tratando de despertarla, moviéndola una y otra vez, pero nada, la chica no se levantaba del asiento trasero de su auto. Tenía que preguntarle en donde demonios quedaba su casa, pero como ella parecía que no abriría los ojos hasta el día siguiente, entonces decidió llevarla hasta su departamento. Su hermana le había avisado que pasaría la noche en casa de sus padres, así que estaría solo.

No quería parecer alguna clase de aprovechado por llevársela a su departamento, pero ni modo que la dejara tirada por ahí, tampoco era un monstruo y aunque la odiaba, no era para tanto.

—No debí dejarla beber aunque me golpeara –dijo suspirando. Como pudo, sacó a la chica del auto y la levantó entre sus brazos una vez más, cerrando la puerta con el pie. Entró con ella hasta que llegó al ascensor e hizo lo mismo que cuando salía del edificio de su amigo para alcanzar los botones.

Al subir, metió la llave con dificultad, tratando de no tirar a la chica. Jamás había hecho algo como eso por nadie, lo peor era que no se esperaba un "gracias" de parte de ella cuando despertara mañana, estaba seguro de que lo iba a golpear.

—Hinata –nuevamente trató de despertarla, pero no había caso, la chica parecía en un trance profundo —. Genial.

Se dirigió hacia la habitación y la dejó sobre la cama suavemente, para por fin separarse de ella y estirarse un poco, de tanto cargarla le dolía la espalda.

—Rayos, juro que nunca más haré algo como esto, para la próxima te dejaré en una zanja –amenazó, como si ella pudiera oírlo, pero sabía que eso no era así. Se sentó sobre el piso para dar un hondo respiro y fue en ese momento que la oyó balbucear unas cuantas cosas, aún dormida.

—N-Naruto… –mencionó su nombre, haciendo que él se sorprendiera —. N-Naruto… eres… eres un idiota.

El rubio frunció el ceño al escucharla, después de todo lo que hacía por ella y encima lo insultaba dormida, es que esa mujer no podía vivir sin hacerle sentir miserable al parecer.

—Tonta –murmuró, observándola fijamente. Se puso de pie y se acercó a ella para cubrirla con una manta, pero cuando sus ojos azules se posaron sobre el blanco rostro de la joven, tuvo la extraña tentación de quedarse viéndola por más tiempo. Era sin duda muy bonita, tenía las facciones de una modelo y cuando su ceño no estaba fruncido lucía aún mejor. Notó un mechón de cabello molestándola, así que se encargó de apartarlo y cuando sintió la suavidad de su rostro, se quedó hipnotizado. Miró fijamente los labios sonrosados, sintiendo como éstos le llamaban, para que se acercara cada vez más, pero cuando sólo quedaban un par de centímetros de distancia, fue cuando se despertó de su ensoñación y se alejó de ella.

Pestañeó un par de veces y bostezó debido al sueño. Mañana pensaba levantarse temprano, así que ni de broma se iría a acostar al sillón sólo porque ella ocupaba su cama. Se quitó la camisa que llevaba puesta, dejando su torso al descubierto, para luego tirarse en la cama, al lado de Hinata, pero dándole la espalda, no pensaba verla toda la noche.

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La mañana llegó y la ojiperla abrió lentamente sus ojos. Se sentía muy cómoda, aunque le dolía la cabeza, sin embargo, parecía que había dormido como un lirón en un lugar muy cálido. Aún somnolienta, rodó los ojos para fijarse mejor el lugar en el cual se encontraba, que claramente no era su habitación.

Notó unas paredes blancas con varios adornos muy masculinos para su gusto, y cuando fijó su vista al frente, notó al rubio justo a su lado, con su rostro sólo a centímetros del de ella, y peor, con el torso descubierto. Abrió los ojos como platos y se sentó en la cama espantada, tocándose por todas partes para comprobar que traía su ropa puesta.

Entonces tomó todo el aire que pudo.

—¡Infeliz! –exclamó al darse cuenta de que estaba sólo en brasier. Zarandeó a Naruto, haciéndolo caer de la cama y cuando éste por fin pareció despertarse, lo apuntó con su dedo índice —. ¡¿Qué me hiciste maldito violador?

Naruto la observó, tanto o más sorprendido al darse cuenta de cómo iba ella vestida, no recordaba si quiera haberla tocado.

¿Qué demonios había sucedido mientras estaba dormido?

Continuara…

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Gracias por sus reviews ^^

¿Qué habrá pasado entre Naruto y Hinata durante la noche para que ella despertara así? ¿Se lo imaginan?

¿Será que Naruto es un violador? xD

Bueno, me despido, hasta el siguiente capítulo ^^

¡Bye!