Admito que sucumbí a la tentación: me compré un coche nuevo. No tenía otra opción; mi camioneta roja murió hace dos días y no había manera de traerla de vuelta a la vida. Charlie ya no tenía problemas para soltar unos cuantos billetes, así que me compré un precioso Jeep de color azul noche. Además, ya que estaba cerca del centro comercial, me compré un par de pantalones, camisetas, blusas y zapatos. No lo pude resistir.
En realidad, necesitaba que arreglaran mi coche porque planeaba visitar a Edward. Si él no se dignaba a buscarme, entonces yo lo buscaría a él. Hace unos días me dije a mí misma que era hora de tomar el toro por las astas y no podía dejar que Edward Cullen se siguiera escapando de mí. Mi nueva popularidad ha provocado que un montón de gente me siguiera por todos lados, e incluso en el baño. Nunca me dejaban sola, así que no podía buscar a Edward y pedirle explicaciones. Ni Rosalie me dejaba en paz. De pronto, se había vuelto mi mejor amiga como si los meses de tortura nunca hubieran sucedido. He tratado desahacerme de ella, pero parece como si yo hablara otro idioma.
En fin, en realidad quería hablar con Edward, por lo que allí estaba, frente a la puerta principal de su casa. Mis manos estaban heladas y tenía un nudo en el estómago.
Toqué el timbre y un hombre de cara conocida abrió la puerta. Era el papá de Edward.
-Hola, señor Cullen. ¿Está Edward?-pregunté inclinandome un poco como si tratara de ver el interior de la casa.
-Hola, Bella. Uhm, creo que he visto a Edward en su cuarto- abrió la puerta haciendo un amago para que pase-. ¿Por qué no lo esperas en la sala?
-Gracias-dije y el hombre de bata blanca despareció subiendo las escaleras.
Me senté en un sofá de terciopelo rojo. La decoración era bastante elegante y se notaba que los Cullen tenían un buen gusto. En una de las paredes estaba una foto familiar en la que se podía ver a los padres de Edward, Edward y Alice. Todos se veían muy felices y muy perfectos, sobre todo, Edward. El chico se veía muy bien en fotos incluso en fotos en las que había sido etiquetado en facebook (Si, lo acosé un poco por facebook. ¿Quién no lo ha hecho?).
-Deja de babear-dijo una voz detrás de mí.
Me voltée y mi corazón empezó a latir rápidamente. Edward estaba a dos pasos.
-¿Por qué me ignoras en el colegio?
Se encogió de hombros.
-Siempre hay mucha gente cerca. Soy antisocial.
Fruncí el ceño.
-Pensé que eras mi amigo.
-Nunca fui tu amigo. Tú solo me ayudabas porque casi me matas
-Bueno, sí pero te volviste mi amigo.
-No soy tu amigo.
Edward dio un paso hacia adelante y estaba peligrosamente cerca a mí.
-No entiendo porqué me evitas.
-Ya te he dicho porqué.
Ya no había espacio entre nosotros.
Edward se inclinó y me besó. Era mi primer beso y en realidad, no sabía qué hacer en este tipo de situaciones, así que solo me quedé allí, helada, pensando que el cabello de Edward olía muy bien.
-Deja de decir que soy tu amigo porque no quiero ser tu amigo.
