Psss, aquí les dejo un cap de regalo de San Valentín atrasado y para Sucubos, espero que puedas leerlo, gracias por seguir la historia, gracias por dejar reviews :)
10. Una poción que ayuda
-Hermione, quiero hablar contigo,- dijo rodeando el sillón.
Hermione se alejó unos pasos de él. -¿Ahora¿No crees que deberíamos de irons para cenar?
-No, tengo que hablar contigo ahora.- La siguió mientras ella alcanzaba la puerta y él tomó su mano. –Esto no puede esperar.- Ella intentó irse, pero él la tenía agarrada firmemente. –Hermione.
-Bien,- cedió Hermione. –Hablemos.
-No soy alguien que usualmente escape de lo que va a haber que enfrentarse,- empezó Sirius.
-Sé que no lo eres, tampoco lo soy yo.
-¿Entonces por qué nunca hablamos de lo que pasó esa noche?- preguntó, yendo directo al punto. Ella supo a qué noche se refería sin tener que preguntar.
Miró hacia otro lado incómoda. –No lo sé.
-No estoy intentando hacerte sentir incómoda,- dijo en voz baja. –Nada más quería saber qué es lo que hay entre tú y yo.
-Tú y yo,- repitió Hermione.
-Sí, ahora que tú y Remus son… lo que sea.
-Oh,- suspiró Hermione. –Mira, no sé qué es lo que seamos Remus y yo ahora, pero lo que sé es que no quiero lastimarlo.
-Yo tampoco,- dijo Sirius rápidamente.
-Pues bien, entonces supongo que aceptarás que es lo major que nunca hablemos de lo que pasó esa noche. Estaba alterada y tú también y fue la manera en la que lo afrontamos.
-Ésa no es exactamente la forma en la que yo recuerdo lo que pasó,- dijo Sirius suavemente.
Hermione palideció. –Sirius yo… Esto simplemente no es una buena idea. Me gustas mucho, pero como un amigo, sé que cualquier cosa además de eso que llegara a haber entre nosotros sería un completo desastre. Somos muy diferentes. Yo estoy entre libros, escuela y estudio y tú estás…- se sonrojó al no saber cómo terminar la oración. –No significa que no me importes.
La expresión de Sirius cambió en un instante. De seria a una casi fingida. –Relájate Hermione,- dijo con algo escondido de satisfacción. –No tienes que deshacerte a ti misma para decirme que no. No estaba ofreciendo nada. Estoy enacntado por ti y por Moony. Sólo quería asegurarme de que no iba a ser inoportuno o algo por el estilo.
-Ah,- dijo Hermione, medianamente sorprendida.
-Realmente le gustas a Remus,- dijo Sirius. –Y es uno de mis mejores amigos. Creo que tienes razón. Simplemente fue la manera de llevarlo. No es nada de lo que tenga que enterarse.
-Bien,- dijo Hermione, visiblemente aliviada. Sin otra palabra, se volteó y se fue de la sala común. Una vez afuera, prácticamente se echó a corer por los pasillos buscando un lugar para estar sola. Llegó a un salon vacío y cerró la puerta tras ella.
Se hundió en el piso y cerró sus ojos. Nunca había deseado tener a su mama ahí más que en ningún otro momento. Muchos pensamientos confusos nadaban por su cabeza y deseó tener a alguien con quien hablar, alguien que supiera qué decir para hacerla sentir mejor.
Había herido a Sirius. Sin importer lo que dijera, ella lo sabía. Harry era un mejor actor ocultando sus sentimientos y había practicado mucho tiempo y con muchas dificultades para saber la verdad por ella misma.
No se había dado cuenta de que el beso que había compartido con Sirius pudo haber significado algo más para él que un simple beso. Si hubiera sabido, quizás las cosas hubieran sido diferentes. Pero era demasiado tarde ahora. Sentía cosas por Remus que nunca antes había sentido por nadie más. El problema era que había algo en los ojos de Sirius, tan brillantes y vivos, que la electrificaban.
Dos días después el resto de los estudiantes de la escuela regresaron y su grupo de cuatro se convirtió en un grupo de seis de nuevo. Una vez que Lily hubo regresado a Hogwarts, Hermione tuvo una nueva aliada y los chicos ya no tenían ninguna excusa para dejar de estudiar. Eso no significaba que no lo intentaran. James y Sirius seguían ofreciendo muchas excusas de por qué no tenían que estudiar pero no eran escuchadas por las chicas.
Un par de semanas de haber entrado al colegio, los de séptimo año se amontonaban en la biblioteca y ocupaban una de las mesas más largas de ésta con docenas de libros alrededor de ellos.
Aunque, por primera vez en su vida, la mente de Hermione no estaba completamente en sus estudios. Y no había estado tampoco en las últimas dos semanas.
Después de ese día en la sala de menesteres ella y Remus habían estado prácticamente inseparables. Los sentimientos que se tenían el uno al otro eran relativamente una nueva experiencia para los dos y ninguno podía alejarse lo suficiente del otro sin sentirse vacío. Hablaban en la noche, se paseaban después de la cena y básicamente nada más disfrutaban conociéndose entre ellos bajo una nueva luz.
Hermione no dejaba de mirar a Remus, ocasionalmente encontrándose con su mirada. Después de la cuarta vez de que esto pasara, ella empezó a reírse.
-¿Qué es tan gracioso?- preguntó James levantando su mirada de su libro de Transformaciones.
-Nada,- replica Hermione. Puso una cara recta y estudiosa y atrajo hacia ella sus notas de Pociones. Respirando hondo, intentó leer de nuevo. Estaba como a la mitad de página cuando Remus se levantó hacia ella para tomar el libro que estaba a su lado. Cuando lo agarró, dejó caer un pedazo de pergamino a sus notas. Hermione lo tomó rápidamente y lo leyó. Decía: Véme por la sección prohibida en dos minutos.
Él inmediatamente se levantó y dejó la mesa. Todos estaban tan concentrados en sus estudios que nadie le pudo atención. Hermione se movió nerviosamente alrededor de un minuto antes de pararse y dirigirse hacia la sección prohibida. Lo encontró recargado contra la pared trasera.
-¿Puedo ayudarle?- dijo tan seria como pudo.
-Bueno, viendo que no podemos trabajar…- se le fue el enunciado cuando una gran sonrisa apareció en su cara.
Ella sonrió y caminó hasta él, dándole un beso largo. –Nunca he entrado a la sección prohibida,- dijo resbalando sus manos por los brazos de Remus.
Él rió y la pegó más contra sí. -¿A qué secciones has ido entonces?
-Aham.
Remus y Hermione se separaron de un salto. Parada con sus brazos cruzados, al final de la larga hilera de libros estaba la bibliotecaria. Fruncía el ceño severamente.
Hermione tomó rápidamente uno de los libros que había en el estante de al lado. –Aquí está el libro que buscaba,- dijo un poco alto. –Vamos, Remus.- Lo agarró de la mano y lo jaló para alejarse de ahí, pasando con cuidado al lado de la bibliotecaria, quien seguía teniendo sus ojos sobre ellos.
Prácticamente corrieron de regreso a su mesa donde se colapsaron en sus sillas con ruidos sordos de murmullos.
-¿Qué?- demandó James, aventando su pluma a la mesa.
-Olvídalo,- dijo Remus. Se sentó en su propio silla y jaló uno de los libros hacia él, aunque su sonrisa jamás se desvaneció se su rostro.
Hermione respire hondo y se decidió a seguir con su trabajo. Miró el libro que había sacado de la estantería. Se titulaba Pociones Experimentales.
Lo abrió con curiosidad y lo hojeó. No podía sino sonreír a algunas pociones del libro. Muchas de ellas eran muy comunes en su tiempo.
Estaba a punto de dejar el libro a un lado cuando se dio cuenta de algo. Reabrió el libro y rápidamente lo volteó en la parte de la "Ww". Revisó dos veces, pero no puedo encontrar la poción Matalobos en ninguna parte. Cerró el libro lentamente, su mente trabajado.
Lo difícil, pensó, no sería hacer la poción; pues podía acordarse de los pasos muy bien. Lo difícil sería conseguir cada uno de los ingredients que la poción necesitaba. Tomó un pedazo de pergamino y comenzó a escribir en él furiosamente.
Cuando acabó de escribir la lista, su corazón se hundió. Había por lo menos seis cosas que sabía que sería imposible que pudiera obtener por sus medios. Miró a James y a Sirius y sonrió. Al menos sabía a quién podría pedirle ayuda.
A la mañana siguiente cuando iban hacia el entrenamiento de Quidditch, Hermione alcanzó a James y a Sirius. –Ey chicos, esperen,- los llamó.
James y Sirius se pararon y voltearon a verla. -¿Qué pasa Hermione?- preguntó James. –Llegaremos tarde al entrenamiento.
-Lo siento,- dijo Hermione. –Nada más sera un segundo.- Buscó en su bolsillo y sacó un pedazo de pergamino. –Me preguntaba si había alguna manera en que pudiera conseguir estas cosas.- Le dio el pergamino a Sirius y esperó.
Sirius lo leyó con los ojos muy abiertos. -¿Para qué necesitas eso?
-No puedo decir,- dijo Hermione. –No todavía.
-¿Tiene que ver con la Orden?- preguntó James emocionado.
-No,- dijo Hermione rápidamente. –Es un proyecto personal.
-¿Qué tipo de proyecto personal?- preguntó Sirius.
-El tipo de "personal"- dijo Hermione firmemente.
-Quieres decir que no nos vas a contar,- dijo Sirius con una voz que tenía claras intenciones de querer picarla.
-Vamos¿pueden conseguirme las cosas o no?
James miró la lista de nuevo. –No lo sé. Algunas de estas cosas son muy caras.
Hermione frunció el ceño profundamente. –Lo supuse.- Sus hombros se desplomaron. –Esto es imposible. Nada más olvidémonos de tod esto. Mejor vayan a practicar.- Se volteó y empezó a irse para dejarlos.
-Hermione, espera,- llamó Sirius. Ella se volteó para verlo a la cara. –Veré lo que puedo hacer,- dijo rápidamente. –No puedo prometer nada…- no pudo continuar.
Hermione sonrió y le dio un gran abrazo. –Gracias Sirius. Sabía que podía contar con ustedes.
-No hay problema,- sus palabras parecieron de gelatine, sintiendo cómo sus oídos se ponían rojos.
-Ah, y una cosa más¿podrían dejar esto entre nosotros tres? No quiero que Remus se entere de nada. Gracias,- canturreó y se fue corriendo.
James se le quedó viendo a Sirius.
-¿Qué?- preguntó Sirius irritado.
James lo siguió viendo.
-¿Qué James?- repitió Sirius.
James encogió sus hombros y continuó su trayecto hacia el campo de Quidditch. Sirius tuvo que caminar rápido para poder alcanzarlo. Esperó, sabiendo que su mejor amigo no se quedaría con su opinión callada por mucho tiempo.
-Tú sabes,- empezó James y Sirius sonrió por conocerlo tan bien. –Remus y Hermione se están acercand mucho.
-Sí,- dijo Sirius cautelosamente.
-Sabes que eres mi mejor amigo Padfoot,- declare James.
Sirius frunció el ceño, preguntándose por qué James llevaba esa conversación.
James repiró hondo. –Creo que deberías de dejar a Hermione sola. A Remus realmente le importa mucho y al final solo sera otra chica para ti.
-No sé lo que quieres decir,- dijo Sirius duramente. –Pero no le estoy hacienda nada a Hermione. Estoy muy consciente de lo que siente Remus hacia ella. Y,- añadió malhumoradamente, -qué es lo que siente ella hacia él.
-Me doy cuenta de la manera en que la miras,- dijo James sencillamente. –Y está el pequeño detalle de que la besaste hace un par de semanas.
Sirius suspiró. –Mira, ella y yo ya hablamos de eso.
-Y,- puntualizó James.
-Y, no es de tu incumbencia pero, aceptamos nunca hablar de eso. Así que apreciaría mucho de tu parte que no volvieras a traer el tema de nuevo.
-Ey,- objetó James. –Nada más estoy intentando…
-Sé lo que estás intentando hacer- lo cortó Sirius. Respiró hondo. –Tienes razón,- aceptó con un tono más cortés. –Es nada más otra chica. Y esto no es del tipo de cosas que le pasan a Moony todos los días,- terminó con un poco de arrogancia.
James dejó el comentario pasar. -¿Entonces quieres decir que no tienes ningún sentimiento hacia ella?
-Duro y dale con eso Prongs, tú eres el que me dice que la deje sola. Lo acabo de decir. ¿Por qué sigues presionando? Es una de las muchas chicas que he besado. Estoy feliz por ella y Remus, pero la verdad es que podría importarme menos con quién está.- Sirius aceleró su camino cuando llegaron a la cancha de Quidditch y se fue directo a los vestidores.
James lo siguió con lentitud, sabiendo que Sirius nunca había dicho una mentira tan grande en toda su vida.
Antes de que Hermione lo esperara, Sirius pudo llevarle las cosas que necesitaba. Apenas pudo contener su emoción.
-¿Entonces vas a decirme qué vas a hacer con todas estas cosas ahora?- preguntó Sirius. Estaban sentados solos en la vacía sala común, ya muy noche.
Hermione mordió su labio inferior. –Ok,- dijo lentamente. –Pero tienes que prometer que no le dirás a nadie.
Sirius sonrió. –Promesa de merodeador.- Se incline hacia delante, esperando.
-Hay una poción que puede ayudar a Remus.
Sirius la miró cuestionándola. -¿Del futuro?- preguntó.
-Sí, se llama Mata lobos.
-¿Le va a ayudar a dejar de transformarse?- preguntó emocionado.
-No,- dijo Hermione tristemente. –Pero lo va a dejar tener su mente mientras está transformado.
-¿En serio?- dijo Sirius claramente impresionado. -¿Quieres decir que no va a ser peligroso?
-No,- dijo. –No lo será.
Sirius se hundió en su silla. –Eso es impresionante.
Ella sonrió abiertamente. –Lo sé.
-Wow,- dijo Sirius, estaba procesando lo que acababa de decirle. -¿Sabes lo que esto quiere decir para su futuro?
-Lo sé.
-¿Cuándo va a estar lista la poción?
-A tiempo para la siguiente luna llena,- replicó.
-Así que¿cuándo le va a decir a Remus?- le preguntó.
Ella encogió los hombros. –Quiero asegurarme de que la puedo hacer primero. Supongo que cuando la poción esté lista le tendré que decir.
-¿Es peligroso?
-¿La poción? No, no si la hago bien.
-¿Y si no?- preguntó Sirius con cautela.
Hermione no contestó.
Sirius chifló, pero casi no se oyó.
-No lo hare mal,- le aseguró Hermione a Sirius. –No le daría nada que lo lastimara.
-Sé que no lo harías,- dijo Sirius rápidamente. -¿Necesitas ayuda?
Hermione no necesitaba ayuda, pero Sirius se veía tan impaciente por ayuda que no le podía decir que no. –Claro,- dijo graciosamente. –Estaba planeando empezar mañana después de cenar.
-¿Dónde la vas a hacer?
-Hay un cuarto en el castillo,- dijo sonriendo. –Véme en el séptimo piso.
-Ahí estaré.
La siguiente tarde ambos, Sirius y Hermione, estaban en la sala de menesteres, pero solo Hermione estaba trabajando. Sirius estaba caminando alrededor del cuarto que ahora tenía forma de las mazmorras de pociones.
-Esto es realmente impresionante,- dijo. –No puedo creer que estemos en el séptimo piso.
Hermione estaba inclinada sobre el caldero, revolviendo con cuidado su contenido. –Sirius, podrías pasarme esa botella de envase verde?
-Ah, sí,- dijo, acordándose que se suponía que estaba ahí para ayudarla. Agarró la botella y se la pasó. –Aquí la tienes.
La tomó y midió una pequeña cantidad en su mano, antes de dejarla caer en el caldero. –Muy bien,- se murmuró a ella misma. –Ahora espere quince minutos antes de remover la poción del fuego para añadir el siguiente ingrediente.
Se alejó del caldero, secando su frente sudorosa con el torso de su mano.
-¿Cómo puedes acordarte exactamente de cada paso de esta poción?- preguntó Sirius. –Se ve demasiado complicada para mí.
-Tengo una especie de memoria gráfica,- dijo Hermione casi disculpándose.
-¿Entonces te acuerdas de cada poción que has hecho?- pregunto Sirius incrédulo.
-De hecho,- replica Hermione. –Nunca había hecho esta poción.
Sirius se tensó. –¿Entonces cómo puedes estar tan segura…?
-Sé lo que hago,- dijo Hermione, cortándolo. –Me memoricé esta poción en tercer año. Cuando me di cuenta de que el profesor Lupin, quiero decir Remus, era un hombre lobo, leí absolutamente todo lo que pude tener a mi alcance sobre el tema.
-¿Por qué?
-Porque se me hizo necesario, no sabía quién sabía lo que era. Y estaba pasando demasiado tiempo con Harry. Quería entenderlo.
-Así que¿no confiabas en él?
-No dije eso,- dijo Hermione a la defensiva. –Tienes que entender. No, no importa, no te podría hacer entender aunque lo intentara.
-Podrías intentarlo entonces.
Hermione meneó la cabeza. –Me tomaría mucho tiempo explicarte la historia completa. Nada más digamos que las circunstancias me forzaban a asegurarme que la gente que rodeaba a Harry era de confianza. Sabiendo que Remus se estaba quedando con un secreto tan grande me hizo preocuparme que hice todo lo que pude para aprender de su condición. Gracias a Dios, al final todo salió bien.
-Y ahora sabes cómo hacer esta poción.
-Así es,- dijo alegremente. –Y ahora podré estar con él cuando se transforme.
Sirius la miró con dureza. -¿Crees que eso sea una buena idea?
-Claro¿por qué no? Mientras tome la poción Mata lobos los días antes de la luna llena, mantendrá su mente y estaría bien para mí estar con él, como tú, James y Peter.
-Sí¿pero qué tal que él no quiere que estés ahí?
-¿Por qué no querría?
Sirius encogió sus hombros. –Simplemente podría no querer.
Hermione abrió la boca para responder, pero se quedó con sus comentarios cuando se dio cuenta de que los quince minutos acababan de pasar. –Oh no, casi lo dejo hervir demasiado.- Se apresuró para llegar al lado del caldero y lo retiró del fuego. Añadió el ingrediente final y revolvió los contenidos de nuevo. Sonrió en terminus generales. –Creo que está lista.
Sirius caminó y miró la poción. –No se ve muy apetitosa.
-No lo es,- dijo Hermione tapándose la nariz por el olor mientrsa vertía un poco de la poción en una botella. –Por lo menos estoy segura de que no lo es.
-Ahora hay que decirle a Remus sobre esto,- dijo Sirius. –Y hacer que se lo tome.
-Se lo tomará,- dijo Hermione confiadamente. –Pero no le podemos decir a nadie sobre esto. Esta poción no se supone que existe hasta dentro de unos años. No creo que Dumbledore esté muy complacido si sabe de lo que acabo de hacer.
Sirius alzó una ceja. -¿Quieres decir que no pediste permiso para hacer esto?- Hermione meneó la cabeza y Sirius sonrió. –Bueno estoy realmente sorprendido. No sabía que estuviera en ti ser una rebelde.
-No soy una rebelde,- protestó. –Pero haría cualquier cosa por Remus. No iba a arriesgarme a que el profesor Dumbledore dijera que no.
-Mejor pedir perdón que permiso.
-Algo así. Vamos, salgamos de aquí.
-¿Y el resto de la poción?- preguntó Sirius.
-No te preocupes,- le reaseguró. –Estará aquí cuando la necesitemos.
-Entonces,- empezó Sirius. -¿Cuándo le vas a decir?
-Mañana en la noche,- dijo Hermione con una sonrisa de satisfacción. No sabía cómo iba a ser capaz de esperar.
Hermione y Remus se sentaron silenciosamente el la orilla de la cama de éste, viéndose frente a frente. Hermione le había pedido a Sirius que se encargara que ni James ni Peter molestaran cuando ella le diera a Remus la poción Mata lobos. Le acababa de decir de la poción y estaba esperando su respuesta.
Remus hizo que la botella rodara en sus manos, examinándola como si no creyera realmente lo que estaba viendo.
-Entonces,- puntualizó Hermione después de unos momentos de silencio. -¿Qués estás pensando?
-No sé qué pensar,- dijo Remus suavemente. –Es demasiado impresionante para las palabras.
Hermione sonrió y miró su perfil. -¿Estás contento?- le preguntó esperanzada.
La miró y sus ojos se encontraron. –Ésta es la cosa más impresionante que nadie nunca haya hecho por mí. Lo siento por no tener las palabras para expresarte lo que siento.
-No tienes que decir nada,- le aseguró. –Estuve contenta al hacerlo. Sólo desearía poder hacer más.- Se incline hacia delante y presionó sus labios a su mejilla, prolongándolo por unos segundos. –Tienes que empezar a tomártela ahora. La luna llena es en dos días.
Destapó la botella lentamente y se la llevó a los labios. Su cara se contorsionó para dar paso a una mueca. –Ugh, está horrible.
Ella se rió suavemente. –Lo sé.
-¿No le puedo agregar azúcar o algo así?- le preguntó.
-No,- dijo sonriendo. –Eso la haría inútil, de nada hubiera servido.
-Muy mal,- dijo tapándose la nariz. –Así que esto me mantendrá lejos de,- se sonrojó. –Bueno, tú sabes.
-Sí, lo hará. Eso significa que podré estar contigo cuando te transformes.
Remus la miró con dureza, pero ella pareció no notarlo. –Sé que ustedes consideran una gran aventura pasear a escondidas por los terrenos del colegio y Hogsmeade y ahora puedo ir con ustedes.
-Um… Hermione,- dijo Remus, intentando interrumpir.
-A decir verdad,- continuó Hermione, sin escucharlo. –He echado de menos las excursiones a medianoche,- sonrió. –Quiero decir, acostumbraba a regañar a Harry y a Ron cuando lo hacían, pero la verdad es que sí lo extraño.
-Hermione,- empezó Remus de nuevo.
-Estoy tan emocionada,- dijo sonriendo. Se inclinó hacia delante y le dio un beso rápido. –Mejor me voy. Mejor que no me vean aquí sola contigo.- Saltó de la cama y prácticamente dio un brinoc que la dejó enfrente de la puerta y se fue antes de que Remus pudiera decir otra palabra.
No sabía cuánto tiempo estuvo sentado antes de que los chicos subieran por las escaleras. –Ojlá no estemos interrumpiendo nada,- dijo James cuando entraron los tres por la puerta que antes estuvo cerrada.
Remus rodó los ojos. –Ya se fue,- le contestó.
-¿Te lo dio?- preguntó Remus.
Remus levantó la botella que estaba media llena, media vacía. –Síp.
Sirius sonrió.
-¿Qué es eso?- preguntó Sirius curiosamente.
Remus frunció el ceño y rápidamente se puso de pie y echo la botella al fondo de su baúl. –Nada,- dijo bruscamente.
Peter miró de él a Sirius y luego a James, ambos sonrientes. –Ellos saben,- dijo como si tuviera un punto a su favor. -¿Por qué yo no puedo saber?
-No es nada, Peter,- dijo Sirius irritado.
-Bueno, obviamente lo es. Los tres lo saben y no me quieren decir. ¿Qué está pasando? Desde que volvimos de vacaciones han estado actuando muy raro.
Los tres chicos se miraron entre ellos y en un simple movimiento se voltearon a sus baúles y tomaron sus pijamas.
-¿Qué está pasando?- lloriqueó Peter. -¿He hecho algo mal?
-No,- dijo James molesto. –No seas tan inseguro.
-No es inseguridad cuando tus tres mejores amigos no pueden estar contigo de repente,- Peter investigó a cada uno, pero ninguno lo estaba mirando.
-¿Es ella, o no? Los ha puesto a todos en mi contra de alguna manera.
Remus se tensó y volteó a ver a Peter lentamente. -¿A quién te refieres?- preguntó con los dientes apretados.
Peter viol as miradas de enojo en sus normalmente calmados amigos, pero estaba tan furioso que no fue capaz de dejar su boca cerrada. –Ya sabes quién, tu pequeña noviecita.
Remus dio un paso hacia Peter. –Remus,- dijo James con dureza. Meneó la cabeza levemente, antes de volver a su pecho. Remus le lanzó una mirada a Peter, antes de volver en contra de su voluntad a su baúl.
Peter miró las espaldas de sus tres amigos, sin entender el repentino cambio de comportamiento en las últimas semanas. Su herida por la manera de tratarlo se convirtió en enojo y lanzó un torrente de groserías para después gritar, -Me hubiera gustado que la sangre sucia se quedara donde pertenece,- dijo antes de cerrar la puerta e irse.
James, Sirius y Remus se miraron entre ellos. –Eso no fue justo chicos,- dijo James. –Peter no ha hecho nada.
-Todavía,- escupió Sirius.
-Exacto,- insistió James. –No deberíamos tratarlo de este modo. No está bien.
-James,- comenzó Remus. –Es responsanle de tu muerte. Tienes suerte de que le hablemos.
-No estoy muerto, Remus,- replicó James.
-No todavía,- repitió Sirius.
-Lo estamos castigando por algo que todavía no ha hecho,- argumentó. –No está bien. Y apuesto a que Hermione estaría de acuerdo conmigo.
-No estés tan seguro,- dijo Sirius.
-No, Sirius, James tiene razón, Hermione no nos dejaría hacer esto,- dijo Remus.
-Acaba de llamar a tu novia sangre sucia,- protestó Sirius. -¿Cómo lo puedes defender?
-Estaba enojado,- razonó Remus.
-Sí, pues también yo,- dijo Sirius. –No puedo olvidar lo que nos dijo. Y no sé cómo ustedes pueden.
-No estoy diciendo que no debamos de ser cuidadosos,- dijo James. –Pero deberíamos de tratar de hacer un esfuerzo.
-¿Qué¿Pretender que Peter no es el responsible por la muerte de esas personas? No puedo hacer eso.
-Tienes que intentar, Sirius,- dijo Remus. –O va a terminar como si nosotros en este momento marcáramos una profecía. Si nos ponemos en su contra, irá directo hacia los brazos de Ya-saben-quién. Si seguimos siendo sus amigos, podríamos salvarlo.
Afuera de los dormitorios de los chicos de séptimo, Peter estaba con su oreja pegada contra la puerta y la boca abierta.
Traducción de : This Time Around
