La Maquina del Tiempo
By. Diva destruction
Capitulo 10. Viaje al espacio
-¡Espera!!!.- se detuvo ella.
Raditz frenó el paso. Bra intacta se quedó frente a la nave espacial ante sus cara. Todo había pasado en un abrir y cerrar de ojos. La decisión había sido la que ella deseaba pero, sentía que aun no estaba lista. Ya estaba allí, su padre estaba dentro de la nave, solo unos metros más y… ¿Miedo? Si, lo sentía. Quiso meditar en lo que le diría cuando lo viera.
Se giró para darle la espalda a Raditz. Cerró los ojos, "Por favor Bra tu puedes, si… claro que puedo, es sencillo, no voy a llegar a sonreírle como idiota, tengo que ser solamente amable y si se molesta con mi presencia entonces, yo… no, no puede rechazarme soy su hija, que no conoce, pero aun así, tiene que suceder… si, solo depende de lo que él diga o haga, no va a molestarse, si así debo imaginarlo… el viaje a mi tiempo actual tendrá que esperar un poco mas".
-¿Estas lista? ¿O lo posponemos?
-¿Qué?.- giró incrédula.- claro que no, estoy lista.
Raditz volvió a retomar el paso, ella lo siguió. La nave era grandísima, aun le parecía extraño eso. Subieron por una especie de rampa metálica para acceder a la entrada, ella no perdía de vista cada detalle de la aeronave, sin duda tenia una tecnología avanzada, pero no se comparaba con la tecnología de la tiempo actual, fácilmente si esto acogía una falla ella podía componerla. Pero realmente eso no era lo que mas le preocupaba. Estaba caminando muy cerca de Raditz, aun no miraba a nadie.
-¿Siempre han viajado en este tipo de naves?
-Ah, no, de echo son nuevas adquisiciones tecnologicas, antes nos transportábamos en esferas que viajaban a gran velocidad, pero de pronto un científico invento estas y el príncipe Vegeta pidió que las remplazáramos, además aquí tenemos un espacio amplio para entrenar.
-¿Y quien mas vendrá en la nave con nosotros?
-Solamente Nappa y el príncipe Vegeta.
-Uff Nappa, es ese pelón odioso ¿no es así?
De inmediato Raditz giró la cabeza para clavarle la vista a la chica, frunciendo él ceño. ¿Conocía a Nappa? Imposible, pero lo que mas le extraño que le pareció fue la forma en que lo calificaba, como detestable.
Rápidamente Bra chocó con sus palabras, se puso nerviosa al verse demasiado evidente y trató de justificarse.- Si, todos en la tierra decían que era un tipo sin escrúpulos, un guerrero sanguinario, por eso mismo creo que es un tipo desagradable.
-Así deben ser las cosas, él solo cumple con su trabajo… ven, te enseñare el lugar donde pasaras estos días en el viaje.
-Y, ¿Dónde esta el príncipe?
-En su habitación seguramente, o en la cámara de entrenamiento…- miró los ojos de preocupación de la chica y le causó gracia.- Tranquila, todo estará bien mientras no te me separes.- sonrió.
Ella le devolvió la sonrisa pero más por ser amable, no sentía nada de ganas de sonreír. Raditz la condujo hacia lo más parecido a un sótano, oscuro sin ventanas. Bra lo miró con recelo, se veía abandonado pero se dio cuenta que no seria tan malo. Raditz le abrió la puerta cediéndole el paso, allí notó que había una cama, una mesita y solo una pequeña ventana circular cerca de la cama. Tenía un pequeño baño para ducharse. Había un ropero también.
-Buscare una lámpara, esta habitación fue hecha no me imagino para que, ni siquiera se lo pregunté al príncipe, pero esta vez nos servirá.
-Necesitare mas ropa.- agregó mientras se acercaba al ropero.
-Ah, claro… te buscare algo, ¿algo mas?.- sonó casi sarcástico, Bra le miró.
-No, todo esta bien… ¿Cuándo lo veré?
-Me encargaré de eso ahora, no vayas a moverte de aquí, ¿entendido?
Bra asintió con la cabeza. Él salió y ella se sentó en la cama. El lugar era un poco frió, miró por la ventanilla, aun no pensaban despegar. Volvió a sentarse mirando la puerta en silencio. Movía las manos con nerviosismo, de pronto se quedo quieta, solo tenia que esperar. Imploraba en sus adentros que todo saliera bien, que su padre no la viera como intrusa y quisiera deshacerse de ella. De pronto a la mente se le vinieron muchos pensamientos.
Sentía que iba a revivir momentos que alguna vez escuchó por las historias que su padre le contaba cuando era mas pequeña. La mayoría de estas historias no eran miel de abeja, la mayoría hablaban de guerra y el orgullo de guerrero en batalla. Nunca le contó detalles, se imaginaba por que, pero a esta edad ya estaba mas cerca de la verdad completa.
Si, sabia que fue un mal tipo, pero no sabia a que extremo lo fue, sin embargo sentía que podía apaciguar un poco la rabia y dolor del guerrero, por que ella tenia la creencia que todo aquel daño que él causó al prójimo, era producto de la impotencia y la vivencia de las crueldades que Frezzer le hizo y le obligó a hacer, el maldito lagarto que le destruyó la vida y al que él odio con todo su ser, sospechaba que su padre no lo olvidaba aun, aun dudaba que fuera a hacerlo… casi como si fuera su terapia, ella podía hacer que abriera su corazón como en ocasiones atrás cuando era una niña. Ese era su mayor objetivo.
Sin darse cuenta una lágrima se deslizo por su mejilla. Sus ojos estaban humedecidos y no lo había notado. Los problemas con los que estaba familiarizada a involucrarse eran una insignificancia, ya no estaba hablando de fiestas, ni chicos, ni ropa, ahora su mente estaba bien sujeta a la idea de estar cerca de su padre y salvarlo, conocerlo no como lo conocía ahora, si no realmente, tanto así como su madre, que era su única cómplice. Que mediocre se sintió entonces al desperdiciar tiempo que su padre le pedía para estar juntos, como el entrenamiento junto a él.
Excusas, era lo único que salía de su boca, le daba la vuelta y se iba a disfrutar su vida cool. Cuando salían juntos y ella no paraba de hablarle de sus problemas, él siempre le contestaba con una mueca, ciertamente ocultando la gracia que le causaba ver a su pequeña tan molesta por pequeñeces de humanos. Fuera de molestarle, le daba gracia, le recordaba ciertamente a la mujer con la que la habían engendrado.
Bra recostada repasando momentos, se sintió de pronto indigna de ser la hija del príncipe de los saiyajines, la raza guerrera más fuerte de toda la galaxia. Como ella contando con los poderes que llevaba en los genes, dicha con la que contaban solo unos cuantos, se disculpaba y los rechazaba. Un sentido egoísta. Su padre la podría querer, por que aunque lo lamentara era su hija, pero donde estaba el orgullo que debía sentir por su sangre. Trunks también guerrero, luchó junto a él, le día orgullo a su linaje. Se sentía reprobable. Pero era fuerte, no iba a hundirse pensando en lo que fue, si no en lo que seria desde ahora en adelante.
De pronto se puso de pie, con cierta adrenalina que repentinamente la invadió. Las paredes de la estrecha habitación le parecieron bizarras, las miró e imaginariamente divisó a un enemigo en el aire. Lo miró con recelo, y se llenó la cabeza de odio hacia él. Ella estaba dispuesta a convertirse en una guerrera por que podía hacerlo, si su padre siempre confió en ella y la alentaba, esta vez lo lograría por sus propios meritos. Se puso en posición de combate, miró el pedazo de pared metálico, se concentró en su Ki del que era capaz de disminuir pero no elevar, e reinvirtiéndolo con el puño bien macizo, dio un golpe justamente en la pared con todas sus fuerzas. Algo que no creía, su mano traspasó el grueso material del que estaba construida la nave haciendo un pequeño orificio. Con la adrenalina que le restaba en el cuerpo, sin detenerse con una fuerza que acababa de descubrir, retrajo en su mano con fuerzas internas irreconocibles lo que parecía una pequeña bola de energía que impulsó hacia enfrente, haciéndola gritar para desplazar el rayo de energía justamente en el mismo orificio en el golpe, causando una mínima explosión y el hueco de gran tamaño.
Bra abrió los ojos y se hizo para atrás mirando lo que acababa de hacer. Por primera vez en su vida había logrado expulsar energía de su cuerpo. Respiró agitada, con una sensación en su cuerpo que la innovaba. Lo había logrado, ella sola lo había hecho. Empezó a reír incrédula con conmoción, hasta empezar a reír efusivamente dando brincos aullando.
-¡¡¡ Si lo LOGRE!!!! ¡¡¡SOY UNA GUERRERA!!! ¡¡PUDE HACERLO, VIVAAAAAA!!-.
Detuvo su cantaleta al sentir un Ki cerca de la habitación, algo que en estos días empezaba a mejorar. Miró la puerta y miró el hueco en la pared que aun soltaba humo, no supo que hacer volteo a todos lados, miró el ropero y corrió a el, lo colocó frente para ocultar su gracia. Apenas lo había soltado cuando la puerta se abrió y Raditz apareció, con cierta prisa de entrar y ver que estaba sucediendo.
Solamente encontró a una Bra mirándolo con misterio, esperando a ver la reacción de este. Raditz la miró desconfiado, después miro a su alrededor y no sabia que pensar. Bra sonrió.
-¿Sucede algo?.- parecía un angelito con areola en la cabeza, brillando.
-Es lo que quiero saber, ¿no escuchaste una explosión?
-A si, pero fue allá afuera, creo.
Miraba a todos lados, pero parecía todo en su sitio. Bra lo interceptó poniéndose frente a él, quien la miró, sorprendido, clavándose en sus ojos, tan azules como el cabello que deslumbraba.
-¿Arreglaste todo?.- sonreía, parecía mas valiente.
-Ah, si…- dijo volviendo a la realidad.- ya le hable de ti.
-¿Qué?.- se sintió perturbada.- ya lo sabe, ay… ¿y que paso?
-Nada.- dijo mirando a otra dirección, acercándose a la ventanilla.
-¿nada? No puede ser, tuvo que decir algo, ni siquiera abrió la boca entonces, no te creo.
-No le interesa, dice que si buscaba una concubina lo hubiera dicho desde el inicio.
-¿Concubina? Esta equivocado, como puede pensar eso… ¿le dijiste que era una científico y una guerrera?
-Le dije lo de científico.- dijo acercándose al ropero, queriendo notar algún disturbio, Bra le seguía, interponiéndose, la miró de nuevo.- lo de guerrera no, de todos modos, no lo creyó, ya me lo imaginaba.
-No puede ser, ni siquiera me ah visto, como puede decir eso de mi… necesita que le de un escarmiento…- se cruzo de brazos indignada, después se puso seria, miró a Raditz.- ¿puedes llevarme ahora mismo con él?
-Jajájajá, si hubiera querido verte me lo hubiera dicho, él no se anda con rodeos, no le interesas.
-Busca una excusa, lo que sea, tengo que verlo, ese era el trato, debes ayudarme.
-No, el trato era venir con nosotros, míralo de la mejor forma, fue más fácil de lo que creíamos, ni siquiera le preocupa que estés aquí, con el tiempo podrás acercarte.
-¡No tengo todo el maldito tiempo para esperar, necesito verlo, YA!!!.- estaba impacientemente enojada.
Raditz le clavó la vista, con asombro. Estaba muy exigente la nena, pensaba. Se acercó, ella no cambiaba su semblante molesto. Se miraron unos instantes, intensamente, haciendo que Bra bajara la guardia y suavizara sus facciones, prendiéndose de su mirada. Después de esto él solo le sonrió caminando a la puerta, Bra no sabia que hacer.
-¿A dónde vas?.- le siguió hasta la puerta.
-No lo se, no tardare, te llevare con él.
Bra sonrió. Cuando se marchó ella se quedó mas a gusto. Raditz iba a ayudarla. Su incógnita de por que él hacia todo eso aun estaba en su cabeza, pero no tenia ganas de agobiarse con ello. Echo una vista afuera, miraba a los demás caminar alrededor de la nave, se sintió orgullosa de estar ahí lejos de aquel burdel y la arpía de Keri, solo extrañaría a la dulce Hetel.
Pasaron dos horas, estaba aburrida, no pretendía practicar más con su Ki, no en ese lugar. La soledad allí abajo estaba matándola. Tanto tiempo sola era problema, no estaba acostumbrada, ni un libro ni una revista, ni el televisor o el reproductor de música, "que aburrimiento, lindas vacaciones". La puerta se abrió, de nuevo él ya estaba ahí. Bra se paró de un salto con curiosidad.
-¿Aburrida?.- ella solo alzó una ceja, evidentemente, que no lo notaba.- esta bien, prepárate, despegamos en unos minutos.
-¿A si?.- y sonrió divertida.
Raditz la conducía hacia una sala, le había dicho que no estaría junto al príncipe, eso seria después. Ella no perdió el tiempo, Las cosas tenían que ser rápidas, es lo que él no entendía.
-Dime por donde vamos, quiero conocer la nave.
-Ah, claro.- sin interés.
Le fue indicando donde se encontraba cada habitación, desde el pasillo que conducía a los aposentos del escuadrón hasta la cámara de entrenamiento. También había una cámara de regeneración y la sala donde ellos manejan la nave y donde se albergarían cuando despegaran, Bra no lo perdió de vista. Llegaron a un cuarto, donde había un ventanal gigante, parecido al que Bra había visto en el cuarto del Templo. Esta vez si corrió para pegarse en el vidrio y observar las afueras.
-De pronto, no perdamos tiempo.
Bra se sentó en una silla, justamente frente al mirador, Raditz le puso el cinturón en manos y pecho. Salió de la habitación. Bra se quedo quieta, con la vista clavada afuera, cuando sintió como la nave empezaba a elevarse, "ya no hay marcha atrás, estoy aquí", pensó. Parecía como el viaje en la maquina del tiempo, igual por que de pronto la nave tomo una velocidad tremenda expulsándose hacia arriba con furor. Bra miraba afuera como cruzaban el cielo con una velocidad incalculable, se agarro de la silla sin cerrar los ojos, hasta que llego el momento que la nave tomo el ritmo y el torbellino se calmo, aun andaba con fuerza pero ya no la sentía.
Esta era su oportunidad. Raditz regresaría pronto, rápidamente se deslizo escurriéndose bajo el cinturón, sacando sus delgadas manos del agarre metálico y camino a la puerta. La abrió lentamente, asomando la cabeza con cuidado, por si no venia él. Pero no, así que la abrió por completo cerrándola detrás de ella, caminando despacio. Miraba las cámaras dentro de la nave, "vaya, que precavidos, quien habrá inventado esto", pensó.
Siguió andando, acercándose a la sala de controles. La puerta se abrió, rápidamente se escondía detrás de un pilar bajando su Ki hasta la mas mínimo nivel. Salio Raditz, detrás de él, el grandulón Nappa. La puerta corrediza volvió a cerrarse, perfecto, él estaba adentro. Espero a que los hombres desaparecieran por completo. Con cuidado se acercó a la puerta para examinarla. Notó que no llevaba ningún tipo de código, solo se accionaba apretando un botón.
Detrás de la puerta se detuvo, tomó aire a grandes cantidades, se puso seria y sonrió levemente mas para ella que para otra acción.
Apretó el botón, la puerta se escurrió dejando la entrada disponible.
Bra no pudo caminar y entrar inmediatamente, abrió los ojos cautelosa. Miró el espacio libre y entró, a pasos ligeros. Giró la vista a todos los rincones, la sala estaba sola. El ventanal enorme junto a todo el manual de la nave y las sillas del despegue era todo lo que había allí. Caminó un poco más confundida, acercándose a la silla, pero estaba sola, que estaba pasando. No sintió ni siquiera una presencia, nada, pero él ya estaba ahí.
-¿Eres tu?.- una voz masculina y poderosa sonaba con fascinación.
Bra, con el corazón latiéndole a mil por hora, giró para ver con lo que estaba esperando toparse todo ese tiempo.- ¿Papá?
--- - - -- -- -- +---+--- -- - - ----
Fin del capitulo Décimo.
