Capítulo 10: Pesadillas reales
Lo primero que sentí fue un leve dolor de cabeza y un olor a encierro. Estaba débil, muy cansada y no quería abrir los ojos, pero poco a poco fui recuperando la conciencia de todo lo que había pasado. Escuché unas voces que al principio me pusieron en un estado de alerta, pero luego de alivio al comprender que estaba en casa. Sin embargo, algo no estaba bien, estaban discutiendo.
-Debemos afrontar la realidad, las posibilidades de que no sea Wanda...-. Ese era Jeb y yo me tensé ante sus palabras. Mis recuerdos recientes eran devastadores, pero ellos también tenían que haber pasado por un infierno. Por lo menos estaban bien.
-No puedes decir eso, tú no la viste en la camioneta, cuando habló con Jared de seguro era ella-. Mel, igual de decidida como siempre... un momento: ¿yo había hablado con Jared? ¿Qué habría dicho? ¿Siquiera estaba consciente? Sólo esperaba no haber mencionado nada de lo que había ocurrido en el sótano, todos iban a verme aún con más lástima...
-Lo único que sé es que esta chica tiene que haber sufrido mucho... esos gritos no sonaban como pesadillas normales.- Doc... así que ellos habían presenciado uno de mis ataques... me pregunto si serían tan malos como el primero. Si lo fueron, era mejor no recordarlo, aunque algo me decía que lo haría muy pronto. Me di cuenta de que no quería despertar, me harían muchas preguntas que no me interesaba responder. No quería ver sus miradas lastimosas hacía mí. Antes de que la discusión fuera más lejos, escuché unos pasos precipitarse hacia nosotros.
-¿Kyle? -, preguntó Mel al recién llegado.
-Está bien, está con Sol. Parece que ella finalmente puede respirar. ¿Cuándo despertará? -, era Jared el que hablaba, probablemente refiriéndose a mí.
-Llegaron hace un par de horas, no hay manera de saberlo. Aunque por las horas que lleva así, más le vale que sea pronto. Debe estar muriendo de hambre -, le respondió Doc, probablemente tenía razón pero el hambre en este momento ocupaba el menor de mis problemas.
-¿Y cómo va...? - preguntó Mel, siendo rápidamente interrumpida por Jared.
-Está todo arreglado - la voz fría de Jared me hizo estremecer al entender a quién se refería.
-¿Wanda? – Me congelé al escuchar la voz de Mel - ¿estás despierta? - Ya no podía seguir fingiendo así que abrí mis ojos y me incorporé mientras se adaptaban a la luz de las cuevas.
Todo estaba como lo recordaba, excepto los rostros de las personas frente a mí: pálidos y delgados, con sus ojos puestos fijamente en mí. Me detuve a observar a Jeb, notando que por lo menos habíamos cumplido el objetivo principal de la misión. Por alguna razón eso no me hacía sentir mejor. Un sin fin de recuerdos se agolparon en mi mente de la primera vez que llegué a las cuevas.
-Estás bien, Wanda. Estamos en casa – dijo Mel de nuevo, intentando encontrar mi mirada. ¿Casa? Había algo que me hacía rechazar ese concepto. No podía estar en mi casa si él no estaba conmigo. Sin razón aparente, me atacó el pánico.
Yo lo había visto, la cara de Mel me lo confirmaba, pero no podía aceptarlo, tenía que mantener la esperanza de que todo hubiera sido una alucinación. Ella extendió su mano y tomó suavemente la mía, como si intentara confortarme, pero sólo me daba aún más miedo. ¿Por qué le tenía miedo? Retiré mi mano bruscamente y los presentes me miraron confundidos. El miedo dio paso a la rabia y no vi otra solución sino huir de allí.
Me levanté del catre lo más rápido que pude y me lancé a correr por los pasillos oscuros hacía el lugar de almacenaje. Tenía que conseguir algún tipo de prueba de lo que había visto, porque en ese momento no estaba muy segura de qué parte era real y qué parte había alucinado. A lo mejor estaba allí, a lo mejor lo habían puesto allí como pusieron a la buscadora, como me pusieron a mí. A lo mejor eso había sido parte de las pesadillas. A lo mejor era real pero ya habían extraído al alma del cuerpo.
Mi respiración agitada resonaba contra las paredes de la cueva, mientras escuchaba voces tras de mí pidiéndome que me detuviera, pero no quería escucharlas, ya no quería escuchar más nada estuviera o no dentro de mi cabeza. Llegué al sitio donde almacenaban las provisiones y ya no sabía qué sentir. Nada, no había nada en la cueva y el peso de la realidad poco a poco me dejó aturdida.
Obviamente, había sido real. Porque si no, ya hubiesen ido de expedición para reponer las previsiones, y dado el estado completamente vacío de la cueva, eso no había pasado. Me temblaron las rodillas y me apoyé de la pared hasta terminar sentada en el piso, mi cuerpo no respondía mientras mi mente intentaba atar cabos. Me ubiqué en mi último recuerdo después de haber despertado en esta terrible condición: Ian. O su cuerpo.
¿Y después qué? Recordé escenas terribles de monstruos atacándome, desgarrando mi cuerpo, ignorando mis gritos con una sonrisa, humanos, eso eran. Luego se iban repentinamente, dejándome sola en un desierto.
Sentía la arena incrustarse en mis heridas mientras el sol poco a poco quemaba lo que quedaba de mí. Quise cerrar los ojos para intentar evitar la intensa luz sobre mí, pero unas figuras se interpusieron entre mis hundidos ojos y el cielo, dejándome en la sombra. Me extendieron una botella de agua dándome una sonrisa, haciéndome abandonar el miedo a que los monstruos hubieran regresado.
Empecé a tomar de la botella y todo el dolor desapareció. Me sentía bien, tranquila, con ellos cerca nada me sucedería: eran almas como yo. Sin embargo, mi bienestar terminó cuando una puntada en mi muñeca me hizo derramar parte del líquido en el suelo árido, aumentando poco a poco su intensidad.
Las almas se volvieron hostiles, y todas sacaron unas inyectadoras llenas de un líquido negro. Presa un miedo sofocante, me volví para huir cuando vi a unas personas ubicarse entre las almas y yo: eran los habitantes de las cuevas; parecían estar defendiéndome. Una mano se posó en mi hombro y giré asustada: era el buscador que me había interrogado.
-¿Es que acaso disfrutas ser una traidora? Ellos no te quieren, sólo te usaron. No vinieron a buscarte, vinieron a culparte – me dijo, clavando en mi mente cada una de sus palabras. Negué sus afirmaciones, intentando que no me afectaran.
Los humanos se apartaron, colocándose detrás de mí; esto me dejó en medio de ambos bandos. Ahora los humanos tenían armas. Los humanos levantando sus armas amenazantes y las almas con sus inyectadoras y demás objetos de tortura; ambos grupos sonriendo impacientes por echarse sobre mí. Había caras conocidas en ambos bandos, pero fue Jared el que habló primero:
-¿Para qué pelear entre nosotros si la causa del problema siempre has sido tú?
Luego todos se echaron sobre mí.
-¡No! ¡No lo hagan! ¡Por favor, por favor, deténganse! ¡Por favor, otra vez no! Yo… me duele mucho - les rogaba mientras me atacaban; los humanos tenían armas filosas pero el veneno era mucho más doloroso. Mis brazos y piernas se movían al intentar apartarlos a todos de mí. Los oía gritarme cosas terribles pero había una voz que intentaba resaltar entre sus gritos llenos de furia, una que quería calmarme.
Por alguna razón, el sufrimiento parecía infinito, no me sentía cerca de la muerte pero deseaba con todas mis fuerzas que apareciera. No obstante, entre mi respiración entrecortada tomé un respiro profundo y sentí un olor extraño. Las figuras seguían sobre mí pero poco a poco se desvanecían. Todo se desvanecía excepto la sensación de tener la espalda en llamas. Ante mis ojos se formó el interior de una camioneta y pude notar que era diferente a lo que había visto antes; ahora era mucho más real.
De repente estuve completamente consciente de qué estaba pasando. Jared fue lo primero que vi, lo atraje hacia mí lo suficiente como para que escuchara mi voz ronca.
-Sálvanos - le susurré al oído, con la esperanza de que no estuviera todo perdido.
Intentaba concentrarme en separar los hechos reales de las alucinaciones provocadas por las almas.
Primero: Estaba de nuevo en las cuevas. Eso era muy real.
Segundo: Nunca había estado en una batalla entre humanos y almas en el desierto, tampoco habían intentado matarme. Ellos no... No había pasado, era una alucinación.
Tercero: Era la primera vez que estaba en las cuevas desde la expedición. Todo lo que pensaba que había visto u oído son más alucinaciones. Las almas no han invadido las cuevas.
Cuarto: lo último que había recordado, lo de la camioneta, era completamente real. Había hablado con Jared y le había rogado que… nos salvara.
Quinto: el dolor era real. Incluso ahora me dolía todo el cuerpo, aunque no se podía comparar con el dolor de los ataques.
Sexto: las almas habían aplicado el peor de los procedimientos contra mí. Me habían señalado oficialmente como traidora, y ahora había visto su lado real.
Séptimo: tenía miedo. Por alguna razón, tenía mucho miedo de estar en las cuevas, incluso de estar con los humanos. Estaba segura que se debía al líquido negro, pero tenía la desconcertante sensación de que ya no podía confiar en ellos. Algo muy absurdo, ¿no?
Octavo: Un alma había sido insertada en el cuerpo de Ian. Él podía estar ahí o podía haber desaparecido para siempre, y no podría saberlo hasta hablarle. E incluso entonces…
-¡Wanda! Tenemos que hablar– la voz de Mel interrumpió mis pensamientos. Y el tono que usó me confirmó que lo que se avecinaba no iba a ser en lo absoluto mejor que las pesadillas.
Y y V: Mil disculpas por la prolongada ausencia, gracias por habernos esperado tanto, por fa no nos abandonen, continuaremos esta historia... tarde o temprano xD un abrazo virtual para todas y muchas gracias por los reviews, las queremos a todas (y a todos si es que hay alguno).
