10

Viejas Heridas

Todo había concluido, la guerra por fin había terminado, y del mejor modo posible, al entender de todos. Sin embargo, en las sombras tenues de la casa de Inglaterra, ocurría un evento mucho más diferente; dos altas figuras de cabellos rubios discutían a la luz de la luna un asunto por demás delicado.

-Pero… ¿qué no estamos ya un poco viejos los dos para éstas cosas, Francis?

-Oh, mon Dieu, ¡claro que no! Además, ya sabes lo que dicen, el amour no tiene edad.

-Sí, pero… demonios, es apenas una niña en comparación contigo y conmigo…¿cuántos años tiene? ¿Doscientos?

-Oh no, tiene más…unos cuatrocientos si no me falla la memoria.

-¿Lo ves? Es sólo una criatura… además Antonio nos caerá encima si se entera de lo que estamos haciendo, ¿no tomaste eso en cuenta?

El francés dio un sorbo a su copa de vino antes de contestar:

-No lo tomaste en cuenta tú cuando lo traicionaste para darle armas a su hija cuando se independizó de él.

-¡Eran tiempos distintos y él era un idiota que no me dejaba hablar con ella! –saltó Arthur muy ofuscado.

-Quizá no quería por miedo a que le hicieras algo…

-¡Sólo por la vez ésa en que amenacé con llevármela si no me entregaba sus joyas…!

-¡Oui! ¡Con razón te odiaba tanto, mon ami!

-No tuve remedio… el idiota de Alfred se la hubiera apropiado si yo no intervenía.

-Ah, pero… sí lo hizo.

Las dos naciones guardaron silencio, mirando fijamente sus bebidas. Cuando se habían enterado ya era demasiado tarde, y María se había vuelto una nación en extremo diminuta, al menos comparada con lo que fue antes de que Alfred metiera su despreciable mano en asuntos que no le venían.

-¿Sabes qué me parece raro, ami? –murmuró Francis, pensativo. –Mademoiselle Marie jamás mencionó nada luego de lo acontecido. Es como si… le diera igual.

-Pero no le da igual, idiota. Está muy, muy ofendida aún por lo que le pasó. Y la verdad es que míster hero no ayuda en lo absoluto con su actitud.

-Aún así siempre he creído que Marie es muy extraña. No hay muchas mujeres tan terribles como ella… ni tan bonitas… terribles y bonitas, como mi querida Jean D'Arc… oh, si Marie fuera como Jean D'Arc… -suspiró Francis.

-¿Si fuera, qué? –gruñó Arthur.

-J'ne se pas, Arthur, cualquier cosa en esta vida puede ocurrir.

-Bueno… pero volviendo al tema, insisto…

-¡Si vous plait, no seas tan orgulloso! Piensa, una nación joven, hermosa y con tanto potencial… en mis manos podría volverse la nación más… no sé… magnifique, quizá.

El inglés soltó una carcajada.

-¡Será igual de inútil que tus otros mocosos!

-¡Canadá no es ningún inútil!

-¿Cana… quién?

-¡Olvídalo! ¡Tampoco mi pequeña Seychelles es una inútil!

-¡Es una isla, idiota, ella no puede hacer mucho!

-¡Te crees mucho porque te libraste del euro, mon ami! ¡Pero eso no te quita que seas un tonto hooligan!

-¿Qué… dijiste…?

Los dos se lanzaron a la pelea, pero no duró mucho, porque la puerta se abrió bruscamente y una risa alegre llenó la sala.

-¡Jajajaja! ¡Así que peleando de nuevo!

-¡Alfred! –gritaron a la vez Arthur y Francis, separándose inmediatamente. El norteamericano entró con paso ligero.

-¿Porqué discutían? Creí escuchar el nombre de María en la conversación…

-¿Estabas espiándonos, idiota? –saltó Arthur, pero Francis contestó:

-Oui, estábamos viendo quien de los dos sería el más apropiado para casarse con mademoiselle Marie.

-Oh, en ese caso… -de pronto, Alfred mudó su mirada simplona por una fría y seria que no le auguró nada bueno a Arthur. –Yo podría casarme con ella.

-¡Ah, pero…!

-¡Oui, sería una buena idea…AAAGH!

Arthur había sujetado a Francis de la corbata y, con un fuerte tirón, se lo llevó a rastras lejos de Alfred, que aún sonreía tranquilamente.

-¿Es que acaso estás loco? ¡A María no le agrada él!

-Pero… agh… mon cheri, él vive más cerca, sería conveniente…¡aaagh!

-¡Nada! Si no decidimos nada tendré que casarme yo con ella.

-¿Porqué? –saltó Alfred tras ellos. -¡A mí me agrada María, y no me molestaría casarme con ella! ¡Al fin y al cabo nada cambiaría entre nosotros!

-Excepto que debes tratarla con mucho tacto. –Arthur se cruzó de brazos. –Ella es una nación frágil, cualquier cosa idiota que le hicieras podría dañarla.

-Oh oui, Marie es como una bella rosa… -en ese momento, Francis sacó una rosa de quién sabe dónde y comenzó a acariciarla. –Tiene una fuerte tallo con fuertes espinas para protegerla, pero sus pétalos son tan delicados, tan suaves, tan perfumados que… -puso los ojos en blanco mientras olía con perturbadora obsesión la rosa. –Oh, oui, seguro que los pétalos de Marie son igual de perfumados… no tuve la oportunidad de revisarlos a fondo, pero…

-¡Calla! –Arthur le soltó un fuerte golpe en la coronilla. Francis, gimoteando, se apartó. –Como sea, Alfred, si piensas casarte con ella debes…

-¡Tomarla en brazos y llevármela!...Eso dicen las películas. –saltó muy contento el estadounidense.

-¡No, idiota! ¡Debes pedírselo con delicadeza, y si ella se niega pues…! Pues yo podría intentarlo… -Arthur sonrió seductoramente.

-¡Jajaja! ¡Nunca! ¡María es mía! –y Alfred salió corriendo del salón con la misma prisa con la que llegó.

-Se… ha vuelto loco… -susurró Arthur, desconcertado. –Mejor le llamamos a Iván para que esté alerta.

-¿Qué pasa entre Marie et Iván? –preguntó Francis.

-Es una larga historia… en la que yo me vi involucrado. –susurró Arthur con rencor.

-¿Y de qué trata la historia?

-Trata de una niñería, una mujer enojada y un maníaco que por quedar bien me sacó el susto de mi vida… -suspiró el inglés.

Sólo había un lugar en el mundo donde había aún más pleitos que en el G8, y ésa era la reunión cumbre de los Hermanos Latinoamericanos. Reunidos todos en casa de Martina –Costa Rica-, los latinoamericanos se gritaban entre sí, desesperados, cada uno en su personal jerga.

-¡Martín, déjate de pajas, que todavía tenemos mucho que discutir!

-¡No les entiendo! ¡Todos son unos abusivos!

-¡Mira quién habla, tú!

-¡Oigan, tengo hambre!

-¡Todos tenemos, cállate!

-Yo… yo quisiera saber si…

-¡No soy tu hermano menor!

-¡Que sí lo eres, hasta te llamas como yo!

-Yo quisiera que…

-¡Mais qué horror!

-¡No oigo, no oigo!

-¡YA CÁLLENSE! –saltó de pronto la mayor, poniéndose de pie exasperada. Todos se callaron. –A ver, discutamos esto civilizadamente… ¿Paulo?

El brasileño se puso de pie. Era bastante más alto que la mayoría, y aunque había sido criado por Portugal todos lo consideraban su hermano.

-Bien… eu opino que a nossa prioridade es encontrar una manera de hacer ecología… y ganar dinheiro. ¿Qué piensan?

-Para ti está bien, con eso de que ya casi eres país de primer mundo… -gruñó por lo bajo Luis, sacudiéndose una mota de polvo de su bien arreglado poncho.

-Mais… -comenzó Paulo otra vez, cuando una muchachita de piel sonrosada y cabellos negros se levantó a su lado y comentó:

-Yo digo que lo más importante… es la belleza. –sonrió. –La belleza hace que el mundo sea hermoso… ¿verdad, María?

-Ay, Angélica… -la mexicana fingió demencia, pero notó que la venezolana la miraba con los ojos encendidos.

-La belleza… -continuó. –lo es todo.

-No soy tu hermano menor, José… -suspiró no muy lejos de ahí Daniel, mientras otro muchacho que guardaba cierto parecido con Antonio por tener los ojos verdes, lo pinchaba un poco con un dedo.

-Pero nos llamamos igual…

-Yo me llamo Paraguay…

-¡Pues con eso me basta! Serás mi hermano menor…

-¡Deja de molestarlo! –saltó una mujer morena vestida de verde. -¡Eres un aprovechado!

-¿Aprovechado yo? –gruñó el uruguayo. -¿Quién fue y quiso quitarme territorio, eh?

-No empiecen… pelear es malo…-susurró un muchachito que se parecía mucho a María. A su lado, una joven morena de ojos azules le dijo en voz aún más baja:

-Háblales más alto, porque creo que no nos oyen…

Pero ya era demasiado tarde. Todos comenzaron a gritar.

-¡El Chaco es mío!

-¡No soy tu hermano menor, carajo!

-¡Ecología!

-¡María, tú más que nadie sabes que la belleza es…!

-¡Tengo hambre! ¡Vamos a comer algo y luego seguimos!

-¡Cállate, Manuel!

-¡Pero tengo hambre…!

-¡Me están hartando todos! –chilló una mujer, levantándose con un pequeño rifle en las manos. Todos la miraron desconcertados. -¡Ahora cállense, están poniéndome de mal humor!

-Colombia se enojó otra vez… -suspiró un muchacho menudo a su lado.

-Valeria… baja eso, por favor. –ordenó María secamente. La colombiana la miró de mal modo y guardó su rifle. -¿Alguien más aquí trae un arma?

Todos negaron.

-Eh… yo… -dijo un joven moreno de ojos casi negros que estaba sentado a un lado de Martina. –Quisiera preguntar una cosa.

-Adelante, Martín. –repuso María.

-¿Dónde está Eva?

Las miradas pasaron de la silla vacía al puertorriqueño, que sonreía con inocencia. La mexicana, fríamente, contestó:

-Argentina tiene negocios urgentes ahora mismo y no pudo venir a la cumbre. ¿Alguna otra duda? ¿Qué no sea "cuando vamos a comer"? –añadió mirando de reojo a Manuel.

Luis alzó la mano de nuevo.

-¿Porqué no está? –preguntó.

Antes de que María pudiera contestarle, Manuel se puso de pie y gruñó:

-Porque es una traidora, weon, por eso.

El peruano hizo caso omiso y miró a Paulo.

-¿Tú lo sabes?

-¡Pero te he contestado yo…! –protestó el chileno, muy ofendido.

-Eva… -susurró Paulo. –Nos abandonó… por seguir a Alemania.

Hubo un respingo general. Los murmullos comenzaron a resonar por toda la sala.

-¿Ludwig?

-Ésa weona se fugó con él.

-Tan calladita que se veía…

-¿Cuándo carajos fue callada, tú?

-Ah qué las…

-Pero yo pensé que Ludwig y María… -comenzó Cuba.

-Basta ya. –habló María. –Lo que nuestra… hermana… tenga o no tenga que hacer con el señor Beilschmidt no es cosa nuestra.

-¡Lo es si por su culpa nos vuelve a pasar algo! –saltó la muchacha vestida de verde, apretando los puños.

-No creo que te pase nada, Bolivia…

-¿Ah, no? ¿Ya se te olvidó lo que nos hizo el superior de Alfred? ¡Me morí del susto cuando lo vi llegar con su risita de marica…!

-Todos nos asustamos. –murmuró Martina. Hubo un silencio terrible. Todos, alguna vez, habían sufrido de los atropellos del estadounidense, pero María, que había sufrido más directamente, le sorprendía ver a sus hermanos atemorizados por algo tan antiguo… y tan patético en comparación con lo que ella había padecido.

-Miren… -comenzó, pero Valeria la cortó de pronto.

-Tú más que nadie deberías saberlo, María. Aunque claro… como a ti Alfred te quiere…

-Eso es mentira y lo sabes.

-¿Entonces cómo explicas que siempre hagas lo que él quiere y no lo que nosotros te pedimos?

-¡Intenta vivir un día a su lado para que veas lo difícil que es decirle no!

-¡Si tuvieras más valor…!

-¡No me hables tú de valor!

-Dejen de gritarse… -gimoteó uno de los muchachitos, el que hablaba con la voz tan débil como Mathew. María lo miró de reojo.

-Hermanito… -susurró.

-Bueno… ¿a qué horas vamos a comer, pue? –saltó Manuel.

-¡Ya me tienes harto! –de pronto, el peruano le cayó encima y trató de estrangularlo. -¡Piensa en algo que no sea comida, con una…!

-¡Les dije que no quería pleitos en mi casa! –gritó Martina.

-¡A ver, saca tu ejército para que nos corra! –le replicó Valeria.

El griterío aumentó.

-¡¿Es que nadie quiere pensar en la ecología?!

-¡…El Chaco!

-¡Me estás jalando el pelo, Ecuador!

-¡No soy tu hermano menor, por última vez!

-¿Porqué todos me aplastan?

-Hermana… hermana… -lloraba la niñita de ojos azules, mirando a María.

-¡Parecen nuevos…!

-¡Unos plomazos y a ver si no se calman!

-¡Mi jefe se va a molestar si me tardo…!

-¡Traidores en todos lados…!

-¿Alguien se acuerda de mí?

-¡Deja de ahorcarme, Luis!

-¡A VER! –un alegre botín rojo salió disparado al centro de la sala. María estaba roja de rabia. -¡A ver hijos de su chingada madre, o se aplacan o verdad de Dios que aquí les pongo una pinche bomba de chile en polvo pa' que se les baje lo sabroso! ¡¿ME OYERON?!

Todos guardaron silencio, incluso Valeria, que tranquilamente tomó el botín y se lo devolvió a la mexicana.

-Bien… -jadeó ella. –Bien… si quieren le seguimos a la reunión mañana a primera hora. Pero les juro que el primerito que empiece a pelear lo voy a poner a bailar "la tronadora", ¿entendieron?

-Sí. –contestaron vagamente al unísono. María salió de la sala rápidamente y el resto se miraron con curiosidad.

-¿Saben yo qué digo? –comentó de pronto Cuba. –Que éramos más felices cuando el tipo loco ése de la narizota y que siempre chupaba vodka nos cuidaba. ¿No creen?

-Ya… vámonos a comer. –protestó Manuel. Todos comenzaron a retirarse, quedando apenas una muchacha morena de pelo castaño que gritaba:

-¡Oigan, se olvidan de mí! ¡Soy yo, Honduras! ¿Qué nadie se acuerda de mí?

Un muchacho moreno parecido a Paulo, pero más bajo y de ojos verdes, la tocó en el hombro y sonrió.

-Yo sí me acuerdo.

-Gracias, Haití. –sonrió la hondureña.

María ya había vuelto a su casa, retorciéndose con los dedos el cabello. Cómo hubiera deseado que la reunión no terminara así, ellos siempre discutían, sí, pero cuando mencionaron a Eva… y a Ludwig…

-Basta. –se dijo en voz alta. No iba a permitir que aquello la deprimiera, era una nación libre y podía hacer lo que quisiera sin preocuparse por las intrigas de un país tan lejano… tan querido…

-¡Hey, Mary! ¡Jajaja!

La mexicana alzó la mirada. Había caminado mucho, porque ya estaba en la frontera de su casa, y del otro lado del muro le sonreía alegremente Alfred.

-Alfredo… ¿qué haces?

-Estaba esperándote.

-¿O sea que llevas aquí todo el día? –María lo miró con sorpresa.

-¡Jajaja, claro! ¡Los héroes somos muy decididos! –sin ninguna dificultad, Alfred saltó el muro y cayó al lado de María. Se levantó, sacudiéndose el polvo de la ropa. –Quería preguntarte una cosa muy importante.

-Ah… de acuerdo. –la mexicana se cruzó de brazos. -¿Y bien?

-Mary, my sweet Mary… -el estadounidense tomó con delicadeza su mano. -¿Te gustaría casarte conmigo?

-¡¿Qué?! –saltó ella de pronto. -¡Estás… estás loco! ¿Cómo voy a casarme contigo?

-Pues porque yo puedo cuidarte…

-No. No quiero. –María retrocedió, pero Alfred la sujetó más fuerte de la mano. –No quiero depender de ti… soy libre, ¿me escuchaste?

El estadounidense rió, pero no era su risa habitual, sino una carcajada fría, siniestra, que María ya había escuchado antes, décadas atrás.

-Pero Mary… ¡si tú siempre has dependido de mí! Si no fuera por mi causa estarías peor que los tres tontos que cuidaba Iván…

-No, Alfred. Si no fuera por ti yo sería más feliz. Tú… tú me quitaste mucho. –la mexicana inclinó la cabeza, mordiéndose los labios con furia. –Te llevaste mi hogar, mi oportunidad de desarrollarme… me has arrebatado muchas cosas, y yo no me quejo porque no tengo otro remedio. ¡Pero si por mí fuera…!

-Si por ti fuera, seguro que te habrías unido a Rusia en contra mía… ¿verdad? –murmuró Alfred con ponzoña. –Todos te han querido para ellos, pero sólo yo te he tenido, ¿lo olvidaste?

María tembló, pero lo miró con desprecio.

-No lo olvido. Yo nunca olvido, Alfredo. Así como nunca voy a olvidar eso… -señaló el muro de concreto. –Me usas como excusa para tus tratos malditos… usas a mi pueblo para que te sirvan y te tengan viviendo en la gloria, y después le dices al mundo que mis hermanos y yo somos unos pobretones criminales… ¡y tú sabes que no es así!

-Qué más da. –Alfred se encogió de hombros. -¿Te casarás conmigo, Mary?

-Jamás.

-Qué lástima… -Alfred la soltó y comenzó a caminar a su alrededor. -¿Te acuerdas de Filipinas?

María palideció.

-Mi hermana…

-¿Recuerdas lo que le ocurrió? ¿Tienes la menor idea de cómo está ahora? –el estadounidense acentuó su cruel sonrisa. –Podría ocurrirte lo mismo, María. Podría invadirte tranquilamente y obligarte a aceptar mi voluntad.

-¿Y de verdad crees que te lo voy a permitir? ¡Si no soy manca! Además… si me pones una mano encima te…

-¿Qué? ¿Alguien me lo recriminará? ¿Quién, tu hermana la loca del café o acaso el llorón de tu padre? Oh, Mary… -Alfred la sujetó de los hombros. –Olvidas que soy la nación más poderosa… y que con sólo una orden puedo hacerte añicos… y hacer de ti lo que siempre fuiste para mí, la más triste, belicosa y bella ramera de todo este lado del mundo.

-¡Hijo de perra! –siseó María, con los ojos bañados en lágrimas de odio. Alfred se inclinó sobre ella y la besó violentamente, pero la mexicana le tiró una mordida tal que le hizo sangrar el labio.

-¡Aaah! –el estadounidense se retrajo, limpiándose la sangre. -¡Tú eres una…!

Rabioso, Alfred se precipitó sobre María, que dejó escapar un débil quejido de terror al tiempo que se cubría con ambas manos el rostro. Pero el golpe no llegó, y sólo escuchó un enorme fardo caer al piso. Cuando se descubrió la cara, creyó morirse de la impresión.

-¿Ludwig…?

El alemán, de pie frente a ella y con los puños apretados, miraba con desprecio al estadounidense. María no se atrevió a acercarse, la última vez que lo vio así de furioso fue el día que se gritaron en la sala de reuniones.

-Ése idiota jamás me ha caído bien. –murmuró Ludwig mientras relajaba los puños. Sus ojos se clavaron en la mexicana, que aún temblaba. -¿Estás bien?

-Ludwig… -el aludido la tomó en sus brazos, estrechándola con fuerza.

-Lamento no haber llegado antes…

-¿Qué?

-Quería verte. –Ludwig suspiró. –Necesitaba decirte algo.

-¿Qué? ¿Es sobre… lo de nuestros negocios? Si quieres podemos…

-No, María, es algo más. –los ojos azules de él se encontraron con los ojos rojizos de la nación latina. –Yo… quería agradecerte por aceptar el acuerdo de paz.

-No era necesario…

-Claro que sí. Quería…entregarte esto. –el alemán sacó de entre sus ropas un broche. María lo miró con curiosidad, y sintió un escalofrío. Era un broche precioso, que simbolizaba un águila con las alas retraídas, una corona en la cabeza y sujetando en sus patas un cetro y una esfera.

-Ludwig… ¿qué acaso no es…?

-Era de mi hermano, sí.

-¡Pero no puedo…!

-Claro que puedes. –Ludwig colocó con sumo cuidado el broche sobre el pecho de María. –Te lo has ganado. Ahora veo que eres mucho más valiente de lo que yo imaginé… de lo que muchos de nosotros imaginamos… y quisiera que lo aceptaras como un regalo de amistad. O como un indulto.

-¿Un indulto? –María ahogó una risa burlona.

-Sí… es decir, por si te lo preguntan. –el alemán se dio media vuelta. –Bueno… ya me tengo que ir, hay muchas cosas que hacer y… tengo que alimentar a mis perros… así que… hasta pronto, María…

Avanzó apenas dos pasos. Al tercero, la mexicana se le cruzó y lo rodeó rápidamente con los brazos, plantándole un beso en los labios. Ludwig abrió los ojos, muy sorprendido, pero se rindió y respondió con la misma adoración, sujetándola tiernamente de la cintura.

-México, mi amor… -susurró en su oído. La aludida sonrió.

-Tu México… ahora más que nunca. –y se besaron de nuevo. Lentamente, Ludwig se separó de ella, y continuó su camino sin mirar atrás, aunque hubiera dado cualquier cosa por quedarse ahí un poco más, poder hablar con ella, quedarse juntos toda la noche a la luz mística de aquélla luna que parecía brillar sólo en la casa de ella…

La mexicana lo siguió con la mirada hasta que desapareció, y luego se dio la vuelta para ir a descansar.

-Un momento. –se detuvo y miró a su espalda, junto al muro. Había algo extraño ahí, algo que faltaba. Cuando se dio cuenta sintió un escalofrío. -¿Y Alfred?

¡Y comenzamos con las notas! El pleito México-Rusia-Inglaterra que Iggy mencionó fue cuando Rusia intervino en la controversia con Belice allá por el siglo XVIII. Ahora vamos con *redoble de tambores* ¡los latinoamericanos! ¿Valeria y María? Hay que recordar que lamentablemente Colombia y México tienen problemas de narcotráfico, así que no vi mal en que compartieran el mismo carácter agresivo. ¿Paraguay y Uruguay? Bueno, como se llaman "casi" igual el chiste de los hermanos se cuenta solo, como con Costa Rica y Puerto Rico (a.k.a Martina y Martín). ¿Bolivia enojada con Uruguay? Hace tiempo tuvieron una pelea por un asunto de un territorio conocido como El Chaco, que aunque se había reconocido como perteneciente a Uruguay, Bolivia había tratado de apoderarse de una parte de éste. ¿Perú vs Chile? Otra pelea por delimitación marítima (como que eso pasa muy seguido XD). ¿Venezuela y su obsesión por la belleza? Una gran cantidad de "miss Universo"'s son venezolanas, y lo de comentarle a María que ella entendía su concepto de belleza lo hace por referencia a Lupita Jones y más recientemente a Ximena Navarrete. Los países pequeños que hablan en voz bajita y que le dicen "hermana" a María son Guatemala y Belice. Brasil, candidato a potencia mundial dentro de unos dos o tres años, ha apostado mucho a la tecnología ambientalista (de ahí su necedad con la ecología). ¿A qué se refería Bolivia con lo de pelearse con Estados Unidos por culpa de Alemania? Sucede que durante la Segunda Guerra Mundial, el presidente de EUA ordenó a los países latinoamericanos a acceder a un programa de deportación de alemanes que vivieran en sus territorios con el fin de evitar la "amenaza nazi" y Bolivia, junto con otros países de Centroamérica y Sudamérica, sufrieron de dicho programa (México, Brasil y Argentina se negaron junto con algunos otros). ¿Rusia defendiendo a latinoamérica? Durante la Guerra Fría muchos países tuvieron contacto con el comunismo, entre ellos se destacan (obviamente) Cuba, Chile y en menor grado México, aunque fue el –ejem- principal conector entre la Unión Soviética y Latinoamérica. ¿Honduras y Haití? Honduras aún lucha por destacarse en las cumbres, y Haití con ojos claros se debe a que –recordemos- fue colonizado por Francia (ése Francis esparciendo amor por todo el mundo XD).

¡Ahora, los comentarios!

Lupizbeilschmidt: qué bueno que sufras (¿) nah, no te creas XD buscaré esa canción, prometidísimo.

Piper Miko: ¡Claro que por supuesto que no es el último capítulo! Aaah, Alemania sentimental es tragicómico, lo sé, pero si no esta cosa no serviría XD Estaría bueno que Citlalli se apareciera, sí… tengo planes para eso.

Guest: Hmmm… tribal, no se me había ocurrido. Los Italias son únicos, le ponen la comedia hasta a lo más trágico, por eso los adoro, jejeje.

Chocolat Bunny: Muajajajaja, Rusia y Alemania… suena excelente… Jajaja las telenovelas son cosa obligada al menos una vez en la vida, créeme.

Lady Carmilla Bathory: Como diría J. K. Rowling, empiezo a temer que se encariñen con la antagonista O_O lamento decirlo pero Eva no tiene mucho futuro que digamos. Te daría un spoiler pero mejor te dejo con la duda, muajajaja. Pero recuerda que aquí, por más en paz que estén nunca, repito, NUNCA se tratarán como gente decente.

Flannya: La leyenda urbana de los buques es precisamente la pieza clave para el descenlace (ups, spoiler XD). Oooh pobrecito Francis, no seas malo con él, jajajaja!

Bueno, por hoy los dejo, el próximo capítulo promete más. Más romance, más acción, más países latinoamericanos y ¿porqué no? Más Francis, que la verdad se ocupa mucho. Dejen reviews, porque con cada comentario que dejan, se cooperan para poner una mini cafetería adentro de las cumbres latinoamericanas (digo, pa' que no parezca escuela media superior: "¡Tengo hambre!" XD si, eso gritábamos todos).