Buenas! Perdón por la demora, la universidad me consume... Jajaja Lo siento!

No se si sigan leyendo el fanfiction, me demoré demasiado en actualizarlo, la verdad es que lo tenía bastante olvidado. Pero! ya he vuelto.

En fin... aquí va el cap 10


Work It

Capítulo 10

-Esto tiene que ser una broma...- mencionaba con su aterciopelada voz al tiempo en que apagaba la televisión, hastiada de los rumores.

Éste, en especial, había sido lo único que le faltaba saber para terminar de sufrir una crisis depresiva.

"Anna y Hao? Nunca hubiera creído poder escuchar cosa más ridícula" pensaba mientras intentaba calmarse.

Estaba segura de que no pasaba de una más de sus aventuras, de él lo esperaba, pero de ella...

-Supongo que nadie es lo que aparenta realmente- se dijo a si misma, indagando en el asunto una y otra vez, intentando unir las piezas en su cabeza, intentando hacer que encajen.

Según recordaba, Anna Kyouyama era una de las mujeres con peor carácter que podrían existir en la tierra, aunque aparentemente eso no la hacía menos "fácil". Una sensación bastante conocida para ella se apoderó de su mente, aquella misma sensación que tenía cada vez que lo veía con otra, cada vez que tenía que aguantarse ir a algún evento y encontrarse con él sosteniendo a alguna mujer por la cintura, saludándola como si fueran los mejores amigos y para colmo presentándole a "las otras". Celos.

Alcanzó su teléfono móvil, las ansias de hablar con él la estaban consumiendo, no es que fuera a reclamarle, nunca lo había hecho por ninguna mujer, aunque faltas le sobraban, pero últimamente ya no podía contener demasiado sus sentimientos, cada vez se volvían más obvios. Sabía que había una alta probabilidad de que si ella se lo confesaba, él se alejaría, pero aún así no podía evitarlo, sentía que tenía que correr el riesgo, de un modo u otro terminaría hecha pedazos si no lo hacía.

Escribió un mensaje y lo envió, arrepintiéndose rápidamente de haberlo hecho.

"¿Hao? Necesito hablar contigo."

Una vez el mensaje fue enviado, se dio cuenta de que tal vez sonaba muy serio, pero ya lo había hecho y había escrito exactamente lo que sintió en aquel momento, sin filtro alguno.

Pasaron algunos minutos en los que su ansiedad crecía cada vez más al no recibir respuesta, pero sabía que la recibiría, él nunca la había dejado de lado. A pesar de todo, sabía que ella era importante para él de alguna forma, aunque no fuera la forma que ella quisiera.

Su teléfono empezó a sonar insistente, era él, la estaba llamando.

-Hao - dijo con voz casi temblorosa, no estaba segura de qué decir.

-¿Que pasó Jeanne? ¿Necesitabas hablar conmigo?

-Uhm... Así es, es sólo que yo... No he sabido de tí en algunos días, y no sé... Sólo quería saber algo de tí - todo su valor se fue por el retrete en ese mismo instante, "En qué demonios estaba pensando?!" se reprochó a sí misma, conteniendo un suspiro profundo.

-¿Estás bien? Suenas extraña.

-E-estoy bien! Disculpa!- disculpándose Dios sabe por que, la chica alejó el móvil y presionó la parte roja en la pantalla, terminando así la llamada abruptamente.

La chica se dejó caer en el piso, tenía los puños cerrados fuertemente presionados contra el frío piso de la habitación, soltó una bocanada de aire y sintió como si algo le presionara el pecho, como si una sensación asfixiante estuviera subiendo por su garganta, sabía que las lágrimas no tardarían en desbordarse de sus lindos ojos color rubí, y solo entonces se echó a llorar sin restricción alguna, no había nadie mirándola, observándola, por fin podía descargar todo lo que sentía, y es que tal vez la carga empezaba a ser demasiado para ella, la angustia, la desesperación, pero lo más doloroso de todo... La aceptación, que sólo traía consigo aquella sensación de ardor en el alma, como si su dolor fuera a tragársela entera como si de un agujero negro se tratara. Ojalá hubiera sido así. Ojalá pudiera desaparecer y todo ese dolor dejara de atormentarla. Pero no era así.

Finalmente, luego de angustiosos meses intentando contener todo... Jeanne se había quebrado.


-Entonces no tienes experiencia alguna en la actuación.

-Ninguna.

Los ojos ámbar la estudiaban, no la intimidaban en absoluto, de hecho, ni si quiera la ponía nerviosa.

-Bien, pues aún así tengo algo que ofrecerte. -mencionó apartando la mirada finalmente, buscando algo dentro de su maletín.

-Supongo que se trata de un papel en tu película - mencionó Anna.

El joven asintió, sacando una especie de libreto del maletín para luego pasárselo a la rubia sobre la mesa.

-Ése es el libreto. Sé que no tienes experiencia, pero algo en tu aire me hace pensar que eres perfecta para el papel desde el momento en el que vi tu trabajo. Si es que te interesa, léelo, practica una semana y veremos cómo te va. Te interesa?

La rubia observó los papeles, al parecer la parte que se supone sería para ella, era bastante cargada. Nunca había pensado en la actuación, ni si quiera estaba segura de ser una buena mentirosa o de saber fingir, pero aquella oportunidad le estaba llamando la atención. No todos los días aparecía un director de tanto renombre ofreciéndole un papel en una de sus películas -de las cuales, absolutamente todas habían sido éxitos taquilleros-.

-Acepto.

Ren Tao parecía complacido con su respuesta. El hombre bebió un último sorbo de su café y luego se levantó de la mesa de aquel café en el que se habían reunido, no sin antes haber dejado el dinero de la cuenta sobre la mesa.

-Llámame cuando estés lista. Tienes mi número- le dijo, para luego marcharse.

Anna simplemente bebió otro sorbo de su jugo mientras posaba nuevamente sus ojos en el libreto.


-Se ve animado, señor Hao- mencionó la pequeña joven de piel café, mientras observaba con sus grandes ojos al apuesto moreno que estaba en frente a ella.

-Así es Opacho. Tengo planes para ésta noche- dijo mientras se ponía el abrigo y se lo acomodaba.

-¿Se refiere a la cena con los empresarios?

-¿Qué? Oh... No, cancélala, Opacho, realmente se me ha pasado, tendrá que ser para otro día.

Su asistente simplemente tachó algo en la tablet que traía, algo sorprendida, ya que era no normal para ella que Hao Asakura cambie sus compromisos a última hora. Al menos cuando no eran de su interés.

El apuesto moreno tomó las llaves de uno de los tantos automóviles que tenía y se dispuso a salir acompañado de su adorable asistente.


-Bien! Un descanso!- se escuchó la voz que por fin, por fin, luego de horas de hacer tomas, se había dignado en darles un descanso tanto a ella como a los de producción.

La rubia se sacó los altísimos zapatos que traía puestos y rápidamente uno de los asistentes le pasó un par de cómodas zapatillas.

La rubia bebió un sorbo del café que le prepararon mientras tomaba asiento, mirando al hermoso y oscuro paisaje que estaba ante ella. Estaba realmente agotada, lo único que quería en ese momento era estar en su cama disfrutando del dulce encanto de morfeo. Pero no. Estaba en pleno desierto de Nevada, a las 3 de la mañana, en aquella locación que habían elegido para hacer las tomas nocturnas de la campaña del siguiente mes.

Al mirar a su alrededor, se percató de que todos estaban trabajando mas aceleradamente de lo normal, moviendo las luces y las cámaras de aquí para allá, y no tardó en notar el motivo: el dueño andaba por aquel lugar.

Lo observaba, allí estaba el muy descarado, rondando por el lugar con aquella jovencita de piel color chocolate que siempre le seguía por todos lados, como si fuera su amo o algo así. Estaba segura de que el joven no tardaría mucho en acercarse a ella, como era de costumbre, así que simplemente se acomodó mejor en su asiento y se dispuso a beber el resto de su café.

Pero qué desfachatez la suya, pensaba la chica sin sacarle los ojos de encima a Hao.

- Es muy guapo, no?- escuchó la voz de la joven que retocaba su maquillaje a cada tanto.

- Por favor.- mencionó de manera arrogante, dirigiendo su vista a otra dirección.

Minutos luego, volvió a mirar en su dirección. Ahí estaba, riendo con su asistente. Hasta empezaba a darle pena la pobre joven, ya que estaba segura de que Hao no haría más que hacerla sufrir.

Cansada de esperar lo inevitable, ella decidió hacerle frente al castaño y prefirió abordarlo ella misma, de igual manera, él lo haría, no?

-Veo que no te cansas de coquetear con cuanta mujer se te ponga en frente.- le dijo una vez estuve tras él, tomándolo por sorpresa.

-Huh? De quién hablas?- parecía auténticamente sorprendido, mirando con curiosidad a la rubia que parecía estar algo molesta.

-De tu pobre asistente, o lo que sea- mencionó, lanzando una mirada fugaz hacia el lugar en donde se encontraba la joven de piel oscura.

El castaño lanzó entoncesuna carcajada divertido, provocando que una de las cejas de Anna se levantara, sin entender cuál era el chiste.

-No entiendo qué te causa gracia.

-Estás celosa?- le preguntó de forma burlona el joven.

-Ja! Realmente te tienes mucha confianza, Hao. Celosa, yo, imagínate.

-Entonces no entiendo... Por qué te preocupas por lo que pase con Opacho- dijo el joven, rascándose la cabeza de forma despreocupada mientras lanzaba un bostezo.

-Me preocupa, sí... Lo que aquella pobre jovencita ilusa puede llegar a esperar de tí.

-Opacho espera mucho de mi- le dijo el joven de manera relajada.

-Eres un sinvergüenza. Y lo dices así tan tranquilo?- por alguna razón, a la rubia le hervía la sangre de escucharlo hablar de aquella forma. Acaso pensaba que las mujeres eran simples objetos que estaban a su disposición? Es que acaso no se preocupaba por nadie más que él mismo? -Sabes qué, olvídalo. Eres repugnante.

Anna empezó a caminar, decidida a alejarse de aquel cretino.

-Oye, oye- el moreno la detuvo, jalando suavemente su brazo antes de que se escapara de su alcance -Qué te pasa? Es que acaso te divierte ofenderme sin razón alguna?

-Es sólo que no soporto que seas tan egocéntrico. Ni si quiera te preocupas por los demás.

-De qué demonios hablas?- dijo ya confundido el joven.

-Hablo de tu asistente, Opaco o como se llame

Hao levantó las cejas, las reacciones de la rubia lo tenían consternado.

-Primero que nada, se llama Opacho. Y segundo... Opacho es como una pequeña hermana para mí. No es mi culpa que tengas la mente tan morbosa.

Anna lo miró incrédula por unos momentos, pero con tan solo mirarlo a la cara y ver aquella seriedad que pocas veces había visto en él, sabía que le estaba diciendo la verdad. Automáticamente, la rubia sintió el rubor arder en sus mejillas, estaba avergonzada, sí, en ese momento se había dado cuenta de que todo lo que le había dicho parecía más una escena de celos que de indignación por su trato con las mujeres.

-Bien. Pues... Me alegra que realmente no seas tan patán como lo imaginaba.- soltó, intentando disimular el rubor en su rostro.

Hao la observó por unos momentos, aquel sonrojo no había pasado desapercibido para él. Estaba hermosa, como de costumbre, imponente, pero también se veía cansada, y tan solo en ese momento lo había notado. Ella parecía algo incómoda con su mirada fija, pero no le importaba, la estaba estudiando, detalle a detalle.

-Qué miras?- cuestionó con brusquedad Anna al saberse estudiada por el hombre.

-Te ves algo agotada. Quieres acompañarme? Yo ya me voy.

-Hao. Por si no lo has notado... Estoy en medio de una producción. Para tu campaña.

-Así es- dijo despreocupado -Justamente, es mi campaña, así que se hace lo que yo diga.

Anna parecía algo dubitativa, y es que lo que el castaño le estaba proponiendo era una absoluta locura, dejar todo a medias y largarse de aquel lugar. Por otro lado, el fotógrafo había dicho que la producción duraría sólo 4 horas y ya llevaban 7. Ta vez era justo que se largara.

-De acuerdo.- dijo sin más, decidida a acompañar al castaño después de todo.

-Bien.- sonrió complacido.

Llamó a Opacho y le encargó que avisara al equipo que la producción acabó por esa noche, la eficiente jovencita no tardó en hacerlo y pronto, los equipos estaban siendo desmontados.

Mientras tanto, la rubia seguía a Hao atentamente, esperando encontrarse con una de sus camionetas, pero para su sorpresa, en lugar de un vehículo terrestre, se encontró con un helicóptero esperando al moreno, listo para recibir sus órdenes.

Hao abrió la puerta y le pasó la mano en un gesto caballeroso para ayudarla a subir.

-Gracias- susurró, sorprendiendose a si misma por aquel gesto de amabilidad para con el moreno.

Anna tomo asiento, para luego ser seguida por el moreno, quien una vez sentado, se dispuso a dar las indicaciones al piloto.

La rubia se sobresaltó un poco al escuchar que Hao había dicho que los llevaran a su penthouse en Las Vegas, pero por alguna razón, no le había molestado. Y es que se empezaba a sentir cómoda con Hao, ya ni si quiera le molestaba la idea de pasar la noche con él, más bien, empezaba a agradarle.

Recuerdos de aquella vez que estuvieron juntos vinieron a su mente, y de pronto, pasar la noche con él parecía tentador, demasiado tentador.

Hao le sonrió mientras le abrochaba el cinturón en un gesto casi tierno de su parte, Anna no pudo evitar sentirse como una niña pequeña por unos segundos.

El helicóptero despegó, y Anna podía sentir su corazón latiendo a mil, una razón era que nunca antes se había subido a uno de esos y la ponía un poco nerviosa, la segunda razón... Eran los pensamientos que estaba teniendo acerca de quedarse y pasar la noche con Hao Asakura. De nuevo.