Capítulo 10
Sakura durmió mal esa noche, dando vueltas en la cama una y otra vez, esperando inquieta el regreso de Sasuke. No podía olvidar que estuvo tentada a correr tras él… a llamarlo para que volviera.
Pero, ¿que habría logrado con eso, excepto más sufrimiento?
Era de madrugada cuando Sasuke regresó. Sakura oyó la puerta de abajo que se cerrara y luego el sonido de sus pisada subiendo con tranquilidad por la escalera.
La chica se quedó muy quieta, mirando en la oscuridad y experimentando una oleada de terror, mezclado con la excitación que la invadía, cuando él se detuvo ante su puerta. Y si la abría e iba hasta ella, ¿qué le diría? ¿Qué haría?
Por un largo rato, las preguntas se agolparon en su mente sin que pudiera hallar una respuesta. Luego, al fin, lo oyó alejarse. Sasuke abrió su puerta y la cerró. Sakura dejó escapar el aliento y permitió que su cuerpo se relajara.
Había escapado de nuevo, pero no de él sino de sí misma.
Durmió mal y despertó temprano. Se vistió y bajó en silencio para no despertar a Sasuke. Se preparó un poco de café y luego fue al estudio.
El trabajo del día anterior le pareció tan poco prometedor como recordaba. Arregló la mesa de nuevo y llevó una silla y un cuchillo de la cocina.
Retrocedió, asintiendo, luego acomodó su caballete y preparó su paleta. Comenzó a trabajar frenéticamente, casi arrojando la pintura sobre el lienzo, tratando de deshacerse de las tensiones e incertidumbres en su interior.
Esa era la vida que había escogido, después de todo, y tenía que dar lo mejor de sí misma. Le estaba dando la espalda al papel de madame Uchiha que había cumplido con torpeza y con tan poco éxito, así que tenía que aprender a pintar lo suficientemente bien como para ganarse el sustento.
Sakura suspiró. Un día, todo estaría olvidado… Olvidaría que alguna vez fue la esposa de Sasuke. Ese extraño matrimonio…
—¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
Se sorprendió tanto por la inesperada llegada de Sasuke que casi gritó.
—¿Tienes que deslizarte de este modo? —demandó malhumorada.
—Yo no me he deslizado —contestó él—. Tú estabas abstraída.
—Oh —se ruborizó ligeramente.
—Te he traído un poco de sopa —puso sobre la mesa una bandeja—. No has desayunado y no puedes trabajar sin alimentarte.
—No estoy trabajando mucho en este momento.
—¿No va bien? —Sasuke se puso a su lado y examinó el lienzo.
—Como un ejercicio de clase pasaría… —explicó Sakura. O como terapia, añadió en silencio—. Pero no hay nada de mí… nada de lo que quiero expresar en él. Como de costumbre… le falta algo.
—Creo que eres demasiado dura contigo misma —comentó Sasuke, después de una pausa—. Come tu sopa y te sentirás mejor. El hambre lo deprime a uno.
Fue a la mesa y cogió el cuchillo.
—Así que estaba aquí. Lo estuve buscando.
—Lo siento —murmuró; luego, le pidió con el corazón latiéndole excitado—: ¿Sasuke, te quedarías ahí un momento… así?
Él miró alrededor, levantando las cejas.
—¿Por qué? —preguntó y comenzó a reír al verla coger su cuaderno de dibujo—. Ah, no puedes hablar en serio.
—No te muevas, por favor.
Ahora sabía por qué la pintura no funcionaba. Porque Sasuke faltaba en ella. Porque ella había tratado de excluirlo.
Cubrió hoja tras hoja de su cuaderno de bocetos, tomando la sopa fría entre una y otra cucharada, ante la insistencia de Sasuke, haciéndolo adoptar nuevas posturas, a veces de pie, a veces sentado. Él parecía muy divertido y ciertamente perplejo, pero cumplió de todas maneras.
—Exijo comprar esta obra maestra cuando esté terminada —pidió Sasuke, mientras rebanaba con cautelosa obediencia un tomate—. Me niego a permitir que mis colegas y empleados de Uchiha me vean públicamente, representando este papel doméstico.
—No alborotes… y vuelve la cabeza. Así está perfecto. Ahora, quédate así.
—Lo que digas, mi amor —suspiró—. Estás loca, ¿lo sabías?
«Quizá lo esté», pensó Sakura con inquietud, «pero estoy viva también y esto va a funcionar, yo sé que sí».
Sasuke había estado todo el tiempo en su cabeza, interponiéndose entre ella y la imagen que trataba de crear en la pintura. Había tratado de expulsarlo de su imaginación, pero ahora sabía que tenía que pintarlo. Y tal vez así, pudiera borrarlo de su mente.
El tiempo pasó, sin que ella se diera cuenta, hasta que Sasuke murmuró, al fin:
—Querida; aparte de este calambre que estoy tratando de soportar en nombre del arte, si no me muevo, no tendremos cena.
—Es verdad —admitió con tristeza—. Debías tener descansos regulares. Lo siento.
—Oh, no te disculpes. Estoy seguro de que este sufrimiento es bueno para mí —se puso de pie, desperezándose y Sakura hundió los dientes en su labio inferior mientras observaba la gracia de sus movimientos.
—¿Posarías para mí de nuevo, mañana… por favor? —inquirió con vacilación.
Él le dirigió una mirada francamente inquisitiva y encogió los hombros.
—Si eso es lo que quieres.
Oh, lo es, pensó ella. Lo es. «Puede ser una locura, pero es lo que más deseo en el mundo».
Sakura se quedó mirando el caballete después de que Sasuke bajó. Era demasiado pronto para decir si la pintura sería buena o mala, pero al menos sería algo que la haría recordar su matrimonio durante la eternidad de soledad que la esperaba.
Cenaron carne y vino tinto esa noche. Conversaron con cortesía, como extraños. Después, Sakura quitó la mesa y lavó los platos.
Cuando volvió a la mesa, Sasuke se había servido un poco más de vino y fruncía el ceño sobre un tablero de ajedrez que había rescatado de alguna parte.
—¿Me acompañas? —preguntó él.
—¿A beber vino o a jugar?
—A uno… o ambos.
Sakura acercó una silla hasta la mesa y aceptó la copa de vino que él le ofrecía.
—No sabía que jugabas ajedrez.
—Disfruto resolviendo los problemas que presente el juego —repuso Sasuke—. Al contrario de los de la vida ordinaria, éstos tienen un orden… un patrón.
—Sí, supongo que sí —contestó Sakura en tono altisonante—. Yo solía jugar mucho con Jiraiya.
—Espero que sepas jugar bien —le sonrió.
—Creo que puedo presentar batalla a la mayoría de la gente. Puede que tú no seas tan bueno como piensas.
—¡Qué provocadora! —exclamó divertido—. Entonces, ¿hacemos una pequeña apuesta?
—¿Qué clase de apuesta? —preguntó con suspicacia. Tocó uno de los puños que Sasuke extendía hacia ella y encontró, para su fastidio, que había elegido la pieza negra.
—Nada demasiado difícil —indicó con ligereza—. Si pierdo —se detuvo—, continuaré preparando las comidas mientras esté aquí.
—¿Y si ganas? —lo miró.
—Un beso… dado con libertad —su mano se cernió sobre el tablero, esperando hacer su primer movimiento. Sus ojos destellaban, desafiantes—. ¿Trato hecho? ¿O no tienes suficiente confianza en tu juego?
—Tengo mucha confianza en mí misma —levantó la barbilla—. Creo que vas a estar muy cansado de cocinar antes de que regreses a París.
—Ya veremos —movió su peón y Sakura hizo lo mismo—. Dime, ¿piensas traer a tu padre aquí cuando sea dado de alta en la clínica?
—Sí, eso creo. Siempre fuimos muy felices aquí.
—¿Y crees poder recuperar los tiempos pasados? —la atención de Sasuke estaba fija en el tablero. Movió su reina hacia la posición del alfil en la tercera línea.
—¿Por qué no? —Sakura movió su peón a la tercera línea.
—Porque no creo que sea posible hacer retroceder las manecillas del reloj —repuso—. Si se pudiera, yo lo haría también.
—Reanudando tu vida de soltero, sin duda —comentó Sakura con ironía.
—Exactamente —colocó su alfil frente al de Sakura en la cuarta línea.
Ella se puso rígida.
—Bien, pronto estarás libre de nuevo —murmuró con frialdad—. ¿O habrías preferido no haberte casado conmigo?
—Lo habría preferido.
—¿Entonces por qué me seguiste hasta aquí? —demandó y movió el caballo hacia la cuarta línea.
—Porque, queramos o no, tenemos un trato.
—Yo cumplí mi parte.
—¿De verdad lo crees? —parecía cortésmente asombrado.
—Fuiste tú… Tú lo echaste todo a perder al romper tu palabra.
—Ah, sí —respondió, burlón—. Fui un bruto contigo, verdad… haciéndote dormir en la misma cama que yo, obligándote a hacer esas cosas repulsivas. Fui un tonto al pensar que quizás habríamos podido hacer de nuestro matrimonio algo más que una… cláusula en un contrato. Tú habrías preferido que yo obtuviera tu firma por triplicado antes de tocarte.
—Yo habría preferido que no me tocaras.
—Como me lo hacías saber cada vez que me aventuraba a tocarte.
—¿No esperarás que me disculpe por decepcionarte? Además, a ti que más te da que te deje o no tocarme. ¡Tienes a la baronesa para eso!
—¡Sí! —exclamó Sasuke con suavidad—, mi bella Marie Laure. ¿Quieres que te hable de ella?
—No —contestó entre dientes—. No es necesario, gracias.
—Pareces tan obsesionada por esa mujer que pensé que lo podrías encontrar interesante —la miró y después bajó la vista al tablero, con las cejas levantadas—. Después de todo, tú fuiste totalmente franca conmigo acerca de tu Sai, ¿verdad?
—Eso es muy diferente y lo sabes.
—¿Lo sé? —sus ojos brillaron.
—Sí —Sakura retiró su silla y se levantó—. No quiero hablar de Marie Laure, ni de ninguna de tus mujeres, Sasuke. ¿No puedes comprender eso?
—Oh, sí. Pero también hay algunas cosas que necesitas saber de mí.
—Sé todo lo que necesito saber —respondió colérica—. Yo fui como uno de estos peones —señaló el tablero con ira—. Algo que pudiste usar en tu juego de ajedrez contra tu tío para luego desecharlo cuando fuera conveniente. Sólo que un peón no se supone que diga «jaque» al rey, ¿verdad? Que fue justo lo que yo hice cuando te abandoné. Y eso es lo que no puedes perdonar. Por eso estás aquí, atormentándome. Bien, el juego termina ahora, lo mismo que nuestro matrimonio. Y no hay nada que puedas hacer.
—¿No? Bueno, a mí me gusta ganar. Así que… —levantó su reina y pronunció con suavidad—: Reina blanca a caballo negros dos. Y… jaque mate.
Sakura respiró profundamente; su atención se dirigió de nuevo al tablero.
—Pero eso no está bien —comenzó—. No puedes haber…
—Es el mate del tonto. Estoy seguro de que has oído hablar de él. Oh, sí, había oído hablar de él. Evitar la más común de las trampas para los inexpertos era una de las primeras cosas que Jiraiya le enseñó. Y había caído directamente en ella.
—¡Oh, no! —chilló—. ¡No lo creo!
Pero el tablero estaba ahí, frente a ella, como muda evidencia de la rápida y humillante victoria de Sasuke.
—El ajedrez requiere concentración, cariño. ¿Quieres la revancha?
—No, gracias —miró su reloj—. Estoy muy cansada. Creo que iré a mi habitación.
—Espera un momento —indicó Sasuke con gentileza—. Tengo que cobrar mi ganancia.
Sakura se mordió el labio.
—No establecimos las circunstancias exactas —comenzó con torpeza—. Te daré un beso de despedida cuando te vayas.
—Estoy abrumado —murmuró con sarcasmo—. Pero pienso que una deuda de honor debe ser saldada lo antes posible, ¿no? —empujó su silla y se puso de pie.
Sakura se levantó también y exclamó, temblorosa:
—¡Sasuke, espera! No creo que lo digas en serio.
Sasuke llegó al lado de Sakura y la tomó de los hombros.
—No luches contra mí, Sakura —advirtió con calma—, sería insensato. Es sólo un beso, después de todo.
Sakura cerró los ojos. Sólo un beso, se repetía en silencio. Sólo un beso. Pero, oh, Dios Santo, ¿cuándo fue la última vez que ella conoció el doloroso placer de su boca? Hacía tanto tiempo… una eternidad…
Los labios de Sasuke era fríos, pero gentiles. Acariciaron los de Sakura como el toque de una pluma que seduce y promete.
No era justo. Habría preferido insistencia… No seducción. La derrota de los tontos, pensó entre bruma, y ella era la tonta más grande de todos.
Las manos de Sasuke descendieron de los hombros hasta su cintura, atrayéndola. El beso se profundizó y cuando la hizo separar los labios, bajo la seductora presión, Sakura sintió el primer dulce aguijonazo de su lengua.
La excitación la sacudió. Trató de protestar, pero todo lo que emergió de su garganta fue un pequeño suspiro ahogado.
Sasuke levantó una mano, y la hundió en su cabello, para que los suaves mechones se enredaran en sus dedos. Tiró hacia atrás de su cabeza y la sostuvo por la cintura. La besó de nuevo, lenta y ardientemente; luego, sus labios viajaron sobre la larga línea expuesta del cuello hasta la abertura de la blusa. Mientras la boca de Sasuke rozaba con ardor su vulnerable piel, un estremecimiento de debilidad atravesó el cuerpo de Sakura.
Los dientes de Sasuke tiraron de los botones de su blusa, liberándolos casi con negligente facilidad.
Entonces, su boca se cerró sobre la punta de un seno y Sakura gritó. El tirón de sus labios sobre la carne y la caricia de su lengua sobre el pezón endurecido, eran un deleite feroz y doloroso. Quería que Sasuke se detuviera, pero al mismo tiempo quería que continuara para siempre.
Sasuke recorrió su cuerpo con una mano, delineando la curva de su cadera… trazando el plano de su vientre. Sus dedos parecían descansar en todas partes, excepto donde ella deseaba su caricia. Y él lo sabía. Desde algún oscuro rincón de su mente, Sakura se dio cuenta deque Sasuke podría extender esa espera… ese deseo… para siempre. Él quería que ella pidiera, suplicara…
Cuando al fin… los dedos de Sasuke la tocaron ligera, casi inquisitivamente, en la suave y flexible unión de los muslos, un gemido de anticipación estalló en la tensa garganta de la chica.
De pronto, Sakura quiso estar libre de la tela que la aprisionaba, que la guardaba de él. Quería ser libre… quedar desnuda en los brazos de Sasuke.
Con lentitud, él la apartó ligeramente. Sus miradas se encontraron en un extraño reconocimiento, cargado de electricidad.
Los ojos de él preguntaban. Los de ella respondían. Él se movió, acortando el espacio que los separaba, mientras le quitaba la blusa.
Sakura trató de hablar, pero él sacudió la cabeza y le puso un dedo en los labios, antes de que su mano descendiera sin prisa por el cuello de la chica y entre los hinchados senos, hasta el borde de sus vaqueros.
Repentinamente Sasuke se detuvo, mirando la puerta con aguda atención y frunció el ceño.
—Alguien está ahí… —murmuró.
Mientras hablaba, se oyó un enérgico golpe en los pesados paneles y una voz llamó:
—¡Monsieur… monsieur Uchiha! ¿Está usted ahí? Soy madame Béthune. Tengo un recado para usted.
La cálida intensidad de los momentos pasados se rompió en un segundo.
Las cejas de Sasuke se levantaron y su boca se torció con cinismo.
—Debes tener un ángel guardián, cariño —recogió la blusa de Sakura y se la arrojó—. Ahora cúbrete, mientras veo qué quiere.
Sakura huyó por la escalera. Se vistió escuchando la voz de madame Béthune, aunque no podía verla.
—¿Monsieur Uchiha? —la buena mujer estaba claramente asombrada y un poco indignada—. Pero, ¿cómo es esto? Yo entendía que usted era monsieur Hiragisawa. Cuando hablamos por teléfono, ese fue el nombre que me dieron.
Hubo una pausa, luego, Sasuke respondió con lentitud.
—Siento que haya habido un malentendido. Yo soy Sasuke Uchiha, aunque es cierta que la reserva original fue hecha por… un socio mío.
—¿Y mademoiselle Haruno… en dónde está?
—La llamaré —Sasuke alzó la voz—. Sakura, baja. Tenemos una visita.
Sakura, reacia, descendió por la escalera. Temblaba de tal modo, que no estaba segura de haberse abrochado todos los botones, o siquiera de haberlo hecho en el ojal correcto. También era consciente de que estaba despeinada y de que respiraba con agitación.
Pero se obligó a sonreír, ante la burlona mirada de Sasuke.
—¡La pequeña Sakura! —exclamó la mujer con asombro—. Oh, ¡pero has cambiado mucho! Apenas te habría reconocido —la abrazó con efusividad—. Y, ¿cómo está tu querido padre?
—Muy bien, espero que se reúna pronto conmigo, aquí.
—Con nosotros, cariño —corrigió Sasuke con suavidad—. ¿No le has dicho aún a madame Béthune… que tú y yo estamos casados?
Los oscuros y redondos ojos de madame parecieron aumentar de diámetro.
—¿Están casados? —inquirió—. Entonces esta es una luna de miel.
Sasuke le dirigió una mirada irónica a su esposa.
—Ni siquiera eso —comentó encogiéndose de hombros—. Es más… una temporada de trabajo.
Madame Béthune emitió un graznido de diversión.
—¿Trabajo? Pero cuando un hombre y su joven esposa están solos, juntos, sólo deberían pensar en el placer, ¿no es así? No debería permitirle trabajar. Si yo estuviera en el lugar de ella, sería muy diferente, se lo aseguro.
—Me halaga —Sasuke le sonrió, coqueteando con buen humor—. ¿Desea consolarme, quizás?
—Con una novia tan reciente, no debería necesitar consuelo —madame emitió un largo suspiro—. Pero si yo fuera veinte años más joven… —le dio a Sasuke un codazo en las costillas, soltando una carcajada—. Pero olvidaba el recado —pronunció al fin, aún temblando de risa—. Recibí una llamada telefónica de monsieur Bartran, del taller. Su hermano regresó está tarde de Bordeaux con la refacción para su coche. Estará listo mañana.
—¡Qué bien! —Sasuke sonrió y miró a Sakura.
—Está bien —madame les sonrió a ambos—. Y ahora, no me entrometeré más —señaló con firmeza, declinando los ofrecimientos de Sasuke de café y vino y abrazó de nuevo a Sakura—. Sé feliz, mi pequeña —salió con una oleada de buenos deseos.
Su partida fue seguida por un profundo silencio que Sasuke rompió:
—Dijiste hace un rato que ibas a tu habitación. Tal vez deberías hacerlo —habló sin emoción.
—¿Es eso… lo que tú quieres? —preguntó ella.
—Lo que yo quiero —expresó Sasuke con frío y mortífero énfasis—, es alejarme de aquí mañana tan pronto como mi coche esté reparado —la miró con burla—. Después de todo, era… sólo un beso.
—Sí… por supuesto —suspiró Sakura, luego se volvió y se alejó de él para subir por la escalera, hacia la oscuridad.
