Buaa...qué mala es la gente (dramatizado XD). Sé que hay alguien que lee esto que me molesto en escribir (no me molesta, lo hago xq quiero, jeje).
Pero nadie me deja un review...Quizás me estoy empeñando demasiado en esta história.
Pero da igual. Pieno seguirla hasta acabarla! Aunque me ocupe 50 capítulos (no creo que llegue a tanto XD).
Una vez más insisto en que soy una absoluta fan de Fushigi Yugi...no descansé hasta comprarme la série en DVD, los artbooks, el manga, las novelas...(me falta alguna XD).
Weno, os dejo leer. Espero que disfrutéis de este desvarío XD.
Cielo y tierra enfrentados
Capítulo 10.- Rescate. Una victória
- ¿Que qué? -gritó Tamahome con fuerza- ¡¿Cómo que Hotohori y Tasuki no están aquí! ¡No me digas que les has dejado allí...! -gritó furioso, capaz de lanzarse sobre Chichiri para golpearle.
- ¡Basta, Tamahome! -gritó Nuriko poniéndose en medio- Si no llega a ser por Chichiri, quizás ahora estaríamos muertos. Nosotros podríamos haber sosportado la descarga, pero Miaka quizás no...
Tamahome pareció reflexionar unos instantes, pero al final bajó los puños, calmándose al instante.
- Tienes razón, Nuriko -dijo- Lo entiendo. Lo siento, Chichiri...
Miaka se quedó pensativa, mirando al suelo sin decir nada. Por su mente desfilaban los sucesos de los últimos e intensos minutos.
- ¿Qué ha sido...aquella energía?
- Eso confirma nuestras sospechas -dijo Chichiri casi sin voz- Esa niña...Kurumi...es Soi.
- ¿Soi? -preguntó Mitsukake- ¿Quieres decir la Seiryuu?
- Lo sospechaba -dijo Amiboshi, ya recobrado de la pelea, mientras se secaba la sangre del labio inferior- me parecía que la conocía de mucho antes...Pero ha sido un estallido fortísimo...
- Sí, yo también sentí su energía -dijo Shiko muy seriamente- Aún la recuerdo...aunque esta vez tenía una esencia diferente de cuanto luchábamos al lado de Nakago.
- Bueno, el caso es que... -empezó Miaka.
Pero entonces su cerebro asimiló lo que estaba escuchando. Todos a la vez giraron la cabeza bruscamente para mirar al muchacho de cabellos castaños,
- ¡¿QUÉ! -exclamaron.
Amiboshi miraba a su hermano con los ojos muy brillantes, casi desorbitados. Su hermano, en cambio, bajó la mirada, manteniéndole a ras del suelo.
- ¿Su...Suboshi? -probó Amiboshi aún sin creérselo.
- Sí... -dijo el muchacho casi sin voz- creo...que lo recuerdo todo...siento haber tardado tanto.
- ¡Ah, qué bien...! -exclamó Miaka sonriente- ¡Por fín vuelves a ser Suboshi...! ¡Cómo me alegro...!
El chico la miró sin entender nada. ¿Cómo...cómo era posible que alguien a quién le había hecho tanto daño...le recibiera con una sonrisa como esa...? Ahora recordaba con claridad...Todo, las veces que había luchado contra los Suzakus, todas las veces que trató de herir a Miaka, y también cuando...mató a aquél hombre y aquellos cuatro niños...la família de Tamahome.
Salió de su ensimismamiento cuando percibió algo de reojo. Lo siguió con la vista, ignorando todas la miradas que estaban puestas sobre él, y vió que Tamahome se alejaba a toda prisa entre la maleza, sin ni siquiera unas palabras de despedida. Miaka hizo un ademán de seguirle, pero Suboshi se puso en pie y la detuvo.
- Miaka, yo hablaré con él -dijo- Ya va siendo hora...de que afronte mis própios actos...
Miaka iba a detenerle, pero algo en los ojos azules del muchacho le detuvo. Vió...dolor, arrepentimiento en aquella mirada. Un sentimiento cruel que martirizaba al muchacho sin piedad. Le dejó ir, mirando como iba tras Tamahome a toda prisa. Debían hablar o Tamahome no aceptaría que Suboshi permaneciera en el grupo.
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Suboshi corrió como poseído con aquellas piernas suyas que ahora eran tan cortas. Atravesó la maleza un rato, pero al final se detubo, distinguiendo aquellos cabellos verdes unos metros por delante suyo. Se detuvo, jadeando por la corrida. Tamahome estaba de pie al borde de un desnivel que daba a un riachuelo que discorría bajo ellos. Suboshi le miró en silencio unos instantes, pero después bajó la mirada.
- Tamahome... -dijo casi en un susurro.
Pero el chico no se dignó ni siquiera a moverse dando a entender que se había dado cuenta de su preséncia. Los puños de Suboshi se tensaron, mientras sentía un peso en el pecho, un nudo en la garganta, un dolor en el corazón que le estremecía hasta el alma...Sintió una sensación desconocida para él, una calidez que se escurría por sus mejillas. Una lágrima rodó por su piel hasta caer en su camisa, produciendo una mancha. De repente, se dejó caer de rodillas, agachando la cabeza ante Tamahome, que siguió sin prestarle antención.
- ¡Lo siento, Tamahome...! -gritó el muchacho con fuerza, mientras las lágrimas manaban de sus ojos- No tengo excusas para justificarme...no hay nada que pueda cambiar lo que hice...pero me arrepiento...me arrepiento de verdad...quisiera que jamás hubiera pasado...pero no puedo...Sé que jamás podrás perdonar eso...pero almenos quisiera...que me aceptaras en vuestro grupo...quiero compensar al menos una parte de lo que hice...os ayudaré a salvar Konan y todo este mundo...Por favor, permíteme acompañaros...
Tamahome no se movió. Parecía que ni siquiera le oía. Al cabo de unos segundos, pero, se dió la vuelta, contemplando al chico que tenía ante él. Sólo tenía el cuerpo de un niño, aunque en realidad era quién le había privado de lo que una vez había amado más de toda su vida. Se acercó dos pasos a él, mirándole con los ojos fríos. Su primer instinto hubiera sido golpearle hasta que estubiera satisfecho, pero algo llamado perdón reclamaba su trozo en el asunto.
- No sé si algún día llegaré a perdonarte...quizás nunca pueda...Lo que sí sé es que le debo mucho a Miaka y a tu hermano Amiboshi... -dijo Tamahome muy seriamente- por eso haré el esfuerzo...olvidaré por un tiempo lo que hiciste...además, no sería justo de mi parte juzgarte por aquello...todos cometemos errores... -se acercó más, poniéndose justo delante suyo- aunque entenderás que nunca podré olvidar quién fue el verdugo de mi família...Pero te aceptaré. Es un tregua. Olvidaré lo ocurrido hasta que todo esto termine. Te consideraré...uno más de mis compañeros.
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Miaka y los demás estaban preocupados por la tardanza de los muchachos. La chica sólo esperaba que Tamahome hubiera sido capaz de contenerse y no reaccionar violentamente contra Suboshi. Sus ánimos se calmaron cuando los vieron aparecer a ambos por entre la maleza, andando uno al lado del otro. Miaka sonrió contenta, al parecer satisfecha de ver que parecían "aceptarse". Ninguno de los dos comentó nada. Tamahome se sentó junto a Miaka y Suboshi a lado de su hermano. Trar unos instantes de silencio, Chichiri miró al frente, a sus amigos.
- Tenemos que pensar un plan para rescatar a Hotohori y Tasuki -dijo serio- Lo más lógico es que los hayan encarcelado. Seguramente querrán usarlos de cebo para que acudamos.
- ¿Cómo podríamos sacarles de dónde quiera que estén? -preguntó Mitsukake- ni siquiera sabemos dónde los pueden haber llevado...
- Si suponemos que su plan es atraernos hasta ellos, les habrán encerrado en la base más cercana -dijo Chiriko sacando un mapa de no se sabe dónde- Aquí -dijo señalando un punto- Está a cinco kilómetros del lugar en el que nos han atacado.
- Pero bueno, ¿llevas eso todo el día encima? -susurró Nuriko sorprendido.
- De acuerdo -dijo Tamahome- Y...¿quién vamos? No es conveniente ponernos todos en peligro...
- Es verdad -dijo Chichiri- Además, sería conveniente que no nos reconocieran...No es bueno que haya más gente que sepa quién somos...
- Hablas como si tubieras un plan... -dijo Miaka.
- Puede que lo tenga... -dijo Chichiri pensativo- Y sólo hará falta que vayamos dos. Yo...y Nuriko.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Tasuki abrió los ojos lentamente, con un leve gemido de dolor. Sintió todo su cuerpo entumecido y dolor en todas las extremidades. Miró alrededor con los ojos desacostumbrados a la penumbra imperante. Se encontraba en una sala pequeña, angosta y húmeda...seguramente un calabozo. Tardó unos instantes en notar que tenía las muñecas encadenadas sobre su cabeza y que, de hecho, se mantenía en pie grácias a ellas. No recordaba con claridad lo ocurrido...solamente había fragmentos dispersos que no tenían sentido. Poco a poco, las piezas de su memória encajaron para formar la imagen completa. Recordó el ataque...los soldados...el rayo que cayó sobre ellos...nada más, sólo oscuridad.
Buscó alrededor con aprensión. ¿Qué había sido de sus compañeros...? Quizás habían logrado huír...Hotohori estaba a su lado, en la misma posición que él, pero parecía inconsciente. Levantó un pie y le golpeó levemente, tratando de hacerle reaccionar. No funcionó, así que golpeó más fuerte...quizás demasiado fuerte. Hotohori se despertó en sobresalto, ahogando un sonido de dolor y enfado.
- ¡¿Pero qué haces...!
- Shhh -le advirtió Tasuki.
El chico de los cabellos grises volvió a la realidad y miró alrededor, dándose cuenta de dónde estaba. En su rostro apareció una expresión de total seriedad.
- Parece una prisión de Kutô... -dijo lentamente.
- Eso es evidente -dijo Tasuki- Lo que queremos saber es cómo saldremos de aquí...
- Maldita sea -dijo Hotohori- Con éstas cadenas es imposible...
- Me han quitado el abanico -se quejó Tasuki, al no sentirlo en la espalda.
- Y mi espada... -dijo Hotohori fastidiado- Y...¿dónde está esa niña...Kurumi...?
- Mira, allí -dijo Tasuki indicando con la cabeza frente a ellos.
Al otro lado de los barrotes, la pequeña muchacha estaba atada a una silla, aún inconsciente. Al parecer no creían que ella pudiera hacer nada, puesto que no la habían puesto en una celda.
- Mira -dijo Hotohori fijando sus ojos al lado de la muchacha.
En el suelo, recostados contra la pared, estaban la espada y el abanico.
- Sí, muy bonito... -dijo Tasuki- ¿Pero cómo los cogemos?
Eh...buena pregunta. Lo miraran como lo miraran, ambos estaban con el agua al cuello. Sólo era cuestión de tiempo que se informara al emperador de Kutô de su captura...y entonces estarían muertos.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
- Lo siento, Chichiri, pero no entiendo del todo tu plan... -dijo Nuriko cuando ambos salieron a campo abierto.
- No te preocupes -dijo éste con una sonrisa- tú sólo sigue andando y ya está.
El chico hizo un bufido de resignación y obedeció, echando a andar a través de la pradera. No entendía nada de lo que estaba ocurriendo...ni porqué Chichiri iba disfrazado de guárdia de Kutô...ni porqué le había convencido a él de que se vistiera otra vez de mujer. El monje lo llevaba con las manos encadenadas, como si fuera un recluso o algo parecido.
- Mira, no es necesário que hagas nada complicado... -dijo Chichiri explicándole por lo bajo.
- Me estás hablando como si fuera estúpido -dijo Nuriko mosqueado- "Vete con cuidado o rompo las cadenas y te envío a la frontera de golpe."
- Cuando lleguemos, te entregaré a los guárdias y seguramente te encerrarán -dijo Chichiri como si nada- Mientras tanto, yo iré a investigar dónde pueden haber encerrado a Hotohori y Tasuki. Una vez lo descubra, te enviaré una señal mental y te escaparás. No te será nada difícil...pero, por favor, no llames la atención.
- ¿Por qué iba a hacerlo? -preguntó Nuriko.
- Tú siempre llamas la atención, Nuriko -dijo Chichiri con una sonrisa maliciosa.
Andaron un rato por aquella llanura que habían atravesado para llegar al bosque...hasta que divisaron un edificio de piedra gris. Se detuvieron unos instantes, valorando la situación. Estaba completamente rodeado de guárdias de Kutô, armados con lanzas y espadas. Era evidente que era el lugar que les había indicado Chiriko. Mientras se acercaban al lugar, Chichiri no paraba de darle instrucciones al oído.
- No hables más de la cuenta -dijo- deben creer que eres una prisionera. Tú solamente sígueme la corriente...
Nuriko asintió, aunque no demasiado convencido. Se acercaron más a la base hecha en piedra, hasta que captaron la atención de dos de los guárdias que custodiaban los enormes portones de madera. Estos cruzaron las lanzas frente a ellos y miraron de solsayo a Chichiri.
- ¿Qué llevas ahí? -preguntó refiriéndose a Nuriko.
- Es una ciudadana de Konan -dijo Chichiri con voz grave, metiéndose completamente en el papel- trataba de cruzar el paso sin permiso.
- Bien hecho, soldado -dijo el guárdia.
Sin ningún tipo de consideración, el hombre cogió las cadenas que retenían las muñecas de Nuriko y tiró de ellas, casi haciéndole caer de rodillas.
- Vaya, qué preciosidad... -dijo el hombre.
- Voy a hacerle picadillo... -dijo el chico de los cabellos violetas entre dientes.
- No te precipites, Nuriko -dijo Chichiri en un susurro- recuerda el plan.
- Chichiri, ésta me la vas a pagar... -dijo Nuriko casi con lágrimas en los ojos.
El monje se hizo el despistado y se dió la vuelta, silbando alegremente mientra echaba a andar por el recinto. Camuflado como iba, nadie sospecharía de él. Ahora tenía que descubrir dónde tenían encerrados a Hotohori y Tasuki. Mientras más pronto acabaran con eso y marcharan de aquél lugar, mucho mejor.
-o-o-o-o-o-o-o-o-
Tasuki y Hotohori empezaban a resignarse a quedarse encerrados allí para siempre, pero...muy pronto recibieron una visita. Alguien abrió la celda en la que estaban y entró al interior, cubierto bajo una capa. El silencio reinó unos instantes, hasta que el recién llegado levantó las manos y dejó caer la capa de su rostro, dejando ver unos largos cabellos de color violeta y unos agudos ojos granates. Una sonrisa maléfica se dibujó en su rostro.
- Vaya, ¿pero qué tenemos aquí? -dijo con un tono extrañamente dulce- Hotohori, el antiguo emperador de Konan...y Tasuki, el maestro del fuego...Ha sido buena la caza de hoy...mucho mejor que en los otros intentos, la verdad...
Un destello de cólera recorrió los hombros de Tasuki, mientras en su mente lograba asimilar lo que estaban oyendo sus oídos.
- ¡Has sido tú...! -gritó- ¡Tú estás detrás de todos los ataques...! ¡Maldita...! ¡Tú enviaste aquél lobo a la aldea...y controlaste a aquella mujer para que matara a Nuriko!
- Qué listo, muchacho... -dijo Deimos burlona- sí, he sido yo. Os he estado siguiendo en secreto casi desde que salísteis de Eiyou. Aunque por fín he tenido la oportunidad de...cazar algo.
- ¿Dónde tenéis al hijo de Miaka y Tamahome? -gritó Hotohori yendo directo al grano.
La chica la miró por unos instantes y después sonrió cruelmente.
- Eso no me incumbe a mí -dijo- Y aunque lo supiera, no te lo diría...
Se acercó unos pasos más a ellos, acariciando con los dedos el arco que llevaba en las manos.
- Y ahora vamos a lo que quería -dijo- Decidme dónde puedo encontrar los tres shinjazos que faltan...y prometo mataros rápidamente.
Ninguno de los dos chicos siquiera se movió. Permanecieron en silencio, mirándola con una firmeza absoluta. Evidentemente, estaban negándose a colaborar.
- ¿No me habéis oído? -exclamó la chica furiosa- ¡Decidme de inmediato dónde están los shinjazos!
- Aunque lo supiera, no te lo diría... -dijo Tasuki maliciosamente, imitando la frase de la chica.
Deimos le miró unos instantes con inexpresión, como maquinando en su mente como reaccionar. No dudó ni un sólo instante en lo que debía hacer. Puso una mano en su cintura y aferró algo con los dedos. Un ligero escalofrío recorrió la espalda de los dos chicos cuando su enemiga blandió ante sus ojos un látigo, en una clara amenaza.
- Os lo volveré a preguntar. ¿Dónde están los shinjazos? -exclamó.
- Haznos lo que quieras... -dijo Tasuki con firmeza- No nos sacarás nada...
Deimos no dijo ni una sola palabra. Levantó el látigo y golpeó con todas sus fuerzas. Ni un sólo gesto de dolor se reflejó en el rostro de los dos chicos. Ambos solamente permanecieron con la misma expresión de seguridad, sin ni siquiera moverse. A pesar de ello, dos gotas de sangre mancharon el suelo de piedra bajo ellos. La chica estaba temblando de ira, a causa de la decisión de ambos muchachos. Así que no desistió en su empeño y siguió su tortura, azotándolos sin compasión. Pero la resisténcia y el honor de las dos estrellas era mucho más fuerte que el dolor que pudieran sentir.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
¿Cómo había podido dejarse convencer por Chichiri? ¡Estúpido, tonto, baka...etc., etc...! No se imaginaba para nada aquello...En otro tiempo no le habría importado, pero entonces...Nuriko se encontraba en el interior de una pequeña celda, sentado en el suelo frío de piedra. Intentaba mirar a cualquier lugar menos delante de sus ojos...donde había un corrillo de unos diez guárdias de Kutô que no le sacaban los ojos de encima. De hecho llevaban casi media hora lanzándole silbidos provocadores y comentarios de lo más obscenos. El muchacho trataba de ignorarlos, pero empezaba a estar harto de aquella situación. Le estaba costando mucho hacer caso de las palabras de Chichiri y esperar a su señal para escapar de allí. Volviendo a ponerse serio, Nuriko estaba preocupado por sus compañeros.
"¿Dónde estarán...?"
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
El silencio era lo único que se oía con claridad. Pero...unas respiraciones entrecortadas y alteradas reberberaban en los muros cercanos. Hotohori entrecerró los ojos lentamente, tratando de coger aire, pero incluso le dolía al respirar. Sentía como le escocían las heridas de su cuerpo, como la sangre resbalaba por su espalda y su torso, duramente castigados por los golpes del látigo...Le temblaban las manos, que aún tenía encadenadas sobre su cabeza. Ahogó un gemido, tratando de retenerlo. Tasuki tampoco estaba mejor, puede que incluso peor que él. Tenía la ligera sensación que Deimos se había desfogado mucho más con su compañero. Ahora, aquella perversa joven se encontraba frente a ellos, cogiéndo entre los dedos el látigo con el que les había abierto todas aquellas heridas, impregnado de la sangre de ambos.
- He de admitir que sóis fuertes...ni siquiera habéis gritado una sola vez -dijo oscuramente- pero si tengo que matar a alguno de los dos para que el otro confiese, lo haré si dudarlo.
Ninguno de los dos respondió, solamente mantuvieron la cabeza gacha, buscando en su interior fuerzas para seguir resistiéndo. Estaban muy débiles...una decena de golpes más y seguramente perderían el conocimiento. Pero en ese momento la puerta metálica de la sala se abrió y un guárdia de Kutô apareció al otro lado de la verja. La chica se giró hacia él, visiblemente molesta de su preséncia.
- ¡¿Qué haces aquí! -gritó- ¡Creí que había dicho que no me molestara nadie!
- Lo siento -dijo el hombre quitándose el casco- Pero yo no estoy bajo tus órdenes.
Tasuki levantó levemente la cabeza, mirando al recién llegado con sorpresa.
- Chichiri... -consiguió susurrar.
El aludido chasqueó los dedos y recuperó su aspecto habitual de inmediato. Deimos le miró con sorpresa, aunque después su expresión se tiñió de odio.
- Por fín nos encontramos, Chichiri... -dijo con ira- llevaba tiempo queriendo enfrentarme a tí. Siempre consigues sentir mi preséncia, haciendo fracasar mis planes. Me las vas a pagar todas y cada una.
- Suelta a Hotohori y Tasuki -dijo simplemente Chichiri, retirando la máscara de su rostro.
- Luchemos -dijo Deimos con orgullo- Si logras vencerme, los soltaré con mucho gusto.
Chichiri valoró sus opciones. Aunque no sentía una fuerza demasiado intensa en aquella chica, no sabía qué habilidades tenía. Quizás era demasiado arriesgado enfrentarse a ciegas con ella, pero...Lo primero era rescatar a Hotohori y Tasuki. Utilizó su poder mental tan solo unos instantes, dándose paz interior...y fuerzas para luchar.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Lo sintió, a pesar de estar bastante lejos, sintió el poder mental de Chichiri retumbar en su mente. ¿Era la señal...? Seguramente sí. Su compañero debía haber encontrado ya a Tasuki y Hotohori. Sólo tenía un problema...¿salir sin llamar la atención? Si alguien alertaba de su huída, seguramente acudirían todos los guárdias que estubieran cerca. Entonces, la idea vino a su cabeza, acompañada con una sonrisa maliciosa. Funcionaría, estaba seguro...
Los tres soldados vigilaban las celdas, ojo avizor a cualquier movimiento del exterior, pero una voz aguda llamó su atención.
- Eh...chicos... -dijo con un tono dulce.
Los tres hombres se dieron la vuelta y entonces perdieron de vista cualquier cosa que no fuera..."ella". Nuriko se había sentado en una posición de lo más provocativa, mientras con una mano de una blancura femenina desplazaba el cuello de su vestido para mostrar tentadoramente su hombro izquierdo.
- Creo que me he hecho daño al encerrarme... -dijo con una voz lo más sensual posible- ¿podríais...hacerme un masaje...por favor...? -añadió guiñándoles el ojo.
De repente, los tres empezaron a pelearse por entrar primero, aunque al final abrieron la celda los tres a la vez y se le acercaron babeando. Una sonrisa maliciosa se dibujó en el rostro del muchacho de los cabellos violetas. Entonces reinó la confusión. La sala entera tembló violentamente, si incluso se desprendió polvo del techo. Segundos más tarde, Nuriko tenía atados a los tres hombres, inconscientes en el suelo, pisándolos como castigo.
- Atajo de pervertidos... -dijo en un susurro.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Chichiri y su enemiga seguían manteniendo el contacto visual. Los segundos parecían hacerse interminables, pero el monje fue más rápido en reacción y pensamiento. Con un imperceptible movimiento de su mano, las cadenas que inmobilizaban a Hotohori y Tasuki se abrieron, indudablemente debido a su poder mental. Los dos chicos cayeron sentados arrodillados sobre el suelo, aún recuperándose de sus heridas. Tasuki se frotó las muñecas, quizás el lugar más dolorido de su cuerpo. Deimos reaccionó violentamente, tensando una flecha en su arco.
- ¡No os dejaré marchar!
La saeta salió del arco con velocidad, pero, inexplicablemente, rebotó a unos centímetros de los muchachos. La arquera lo miró con sorpresa.
- ¡¿Qué! -exclamó.
Miró a su oponente Chichiri, dándose cuenta de que se trataba de uno de sus hechizos. El chico de los cabellos azules habló a sus dos compañeros, sin quitar el ojo de encima a su rival.
- ¡Marchaos ahora! -exclamó- Yo podré con ella, no os preocupéis. Ponéos a salvo y yo iré a buscaros.
- Nosotros nos quedamos -dijo Hotohori con decisión, adelantándose para coger su espada.
- ¡No digáis estupideces! -exclamó Chichiri- ¡Estáis heridos, no podríais hacer nada! ¡Coged a Kurumi y marcharos!
Los dos chicos permanecieron quietos unos instantes, como pensando qué opción elegir, pero al final parecieron ceder a las exigéncias de su compañero. Muy a su pesar, Tasuki corrió a deshacer las ataduras de la pequeña Kurumi, que aún permanecía inconsciente. La cargó con facilidado sobre su hombro, como una vez había hecho con Miaka, y miró a Chichiri con preocupación. El monje, pero, no estaba dispuesto a ceder.
- ¡Marchaos de una vez...! -exclamó, esquivando de manera magistral una descarga de flechas de Deimos.
Los dos muchachos de miraron y asintieron con decisión, huyendo del lugar, dejando, muy a su pesar, un compañero tras ellos. Chichiri miró a su oponente, alejando por fín cualquier distracción de su cabeza. Levantó su vara ante él, dispuesto a utilizar todos sus poderes para luchar. Deimos sonrió maliciosamente, tensando su arco con una flecha negra.
- Si acabo contigo, mi mayor obstáculo desaparecerá de mi camino -dijo- Tus poderes son una amenaza para mí. No sé como lo haces, pero siempre consigues sentir mi preséncia...
Sin pensárselo una sola vez, la chica soltó la flecha, que ejecutó el ya conocido efecto de multiplicarse en el aire. Pero aquel ataque no era nada para el experto Chichiri. Un simple movimiento de sus dedos índice y corazón bastaron para hacer que las saetas cambiaran bruscamente de trayectória y se dirigieran hacia la misma persona que les había dado salida. Deimos dió un espectacular salto en el aire y esquivó sus própias flechas, que se deshicieron en el aire. Aterrizó con gracilidad, sin apartar sus ojos granates de su enemigo.
- Sabía que eras fuerte... -dijo- Pero no creas que mis habilidades se limitan a esto...Mi maestro me enseñó muy bien.
Con facilidad, la chica se quitó la cinta roja que adornaba su pelo, desprendiéndola de sus mechones violácios. Chichiri esperó, ojo avizor a cualquier movimiento en falso. Entonces, Deimos sonrió maléficamente. La cinta pareció cobrar vida ante sus ojos...de hecho se alargó como una serpiente venenosa, dirigiéndose hacia Chichiri...y rompiendo su escudo de fuerza. El chico no pudo evitar que las cintas se enredaran con fuerza alrededor de su cuerpo, centrándose en su cuello y sus extremidades. Muy pronto se dió cuenta de que no podía soltarse de aquel lazo maléfico. Una sonrisa cruel cruzó el rostro de Deimos.
- ¿Qué te pasa, Chichiri? -preguntó burlona- ¿Acaso...necesitas ayuda? ¿Tú...? Je, no me lo creo...
Chichiri no contestó, pero sintió que la cinta se apretaba más a su alrededor...desgarrando su ropa...hiriéndole, haciéndole sangrar...Pero lo último que podía hacer era depender de su dolor físico. Cerró su único ojo sano suavemente, buscando la manera de concentrarse. Sabía que tenía poderes para aquél caso, incluso para un poder que hubiera saltado su barrera mágica...lo sabía, sólo era cuestión de encontrarlo.
Sin que ni siquiera él mismo lo notara, un ténue resplandor rojizo cubrió su cuerpo...desprendiendo una energía que parecía manar de su própio ser. La luz se hizo más intensa...y la cinta maléfica que inmobilizaba el cuerpo de Chichiri se carbonizó, cayendo como ceniza que se llevó el viento.
- No es posible... -dijo Deimos sorprendida.
Pero el contraataque del monje la pilló desprevenida. Chichiri alzó su vara y, con un simple movimiento, lanzó una onda de energía que la hizo chocar contra el muro contrário a su adversária, provocándole graves quemaduras en el cuerpo...y dejándola inconsciente. Cogió la vara de nuevo con una mano, con decisión en los ojos, mientras colocaba de nuevo la máscara sobre su rostro.
- No tengo tiempo para juegos... -dijo- Tenemos cosas que hacer.
Sin perder un instante, cogió su sombrero oriental y desapareció por él, dirigiéndose a sus compañeros.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Tasuki y Hotohori estaban más perdidos que nunca. ¿Esconderse? Cómo si fuera tan fácil...¿Dónde diablos se metían? Destacaban bastante...los encontrarían enseguida. Si Chichiri no acababa pronto, les descubrirían sin remedio. Tasuki se acomodó más a Kurumi sobre los hombros, visiblemente sin cuidado alguno de que se le cayera. Con la otra mano empuñaba su abanico, al igual que Hotohori su espada. Estaban más débiles, pero aún podían defenderse de cualquier enemigo que se les presentara. De repente, un guárdia de Kutô se les puso en el camino, blandiendo su lanza. Ambos se detuvieron, temiendo que diera la voz de alarma.
- ¿Dónde os creeis que váis? -dijo muy serio.
- Eso a tí no te importa -dijo Tasuki alzando el abanico- O te quitas de enmedio o te carbonizo.
- Tranquilo, Tasuki -dijo el guárdia con una visible sonrisa- Tienes que confiar más en tus amigos...
Ambos observaron con total desconcierto como el hombre se quitaba el casco...dejando ver unos revueltos cabellos violetas atados en una trenza. Tasuki estuvo a punto de matar al muchacho.
- ¡Nuriko, cómo vuelvas a hacer eso te desintegro...!
- Tenía que buscar alguna manera de pasar desapercibido... -dijo Nuriko con una sonrisa, aunque ésta desapareció de inmediato- ¿Estáis bien...? ¿Os han hecho algo...?
- Bueno, podríamos estar mejor -dijo Tasuki, notando que aún le dolían las heridas de la espalda- pero no me quejo...
- Siento ser un aguafiestas -dijo Hotohori- pero deberíamos movernos o nos encontrarán.
- Pero, ¿y Chichiri? -exclamó Nuriko- ¿Dónde está?
- Aquí mismo -dijo una voz familiar.
El ya conocido sombrero de paja aterrizó en el suelo, entre ellos, surgiendo Chichiri acto seguido desde él. El monje salió del todo y recogió el objeto con una mano, mirándoles a todos.
- Misión cumplida, chicos -dijo con una inalterable sonrisa a causa de la máscara- marchémonos.
- Chichiri, ¿qué ha pasado? -preguntó Hotohori, observando los diversos cortes que su compañero tenía en el cuerpo.
- No te preocupes, Hotohori -dijo Chichiri alegremente- Estoy bien. Y creo que esa chica no nos dará problemas por un tiempo. Venga, marchémonos -dijo alzando el sombrero frente a ellos.
Uno a uno, todos fueron pasando a través del portal que se creaba en el objeto, hasta que el último, Chichiri, lo dejó caer sobre sí, desapareciendo él también.
-o-o-o-o-o-o-o-o-o-
Tamahome estaba nervioso. No paraba de dar vueltas arriba y abajo, visiblemente preocupado. Amiboshi se le había unido hacía un rato, cruzándose con él en su recorrido. Suboshi golpeteaba con el pie izquierdo en el suelo, mientras sus dedos jugeteaban con las bolas meteóricas que tenía atadas a la cintura. Miaka estaba sentada, pero no paraba de moverse inquietamente, cambiando de posición contínuamente. Chiriko se ponía en pie una y otra vez, andando nerviosamente para mirar entre los árboles, algo completamente inusual en aquel calmado muchacho. El único que no parecía estar nada preocupado era Mitsukake, con su inalterable expresión de seriedad en el rostro. Al final, dió un largo suspiro y abrió los ojos, mirando a los dos chicos que no paraban de desfilar ante todos.
- ¿Queréis tranquilizaros? -dijo muy serio- Me estáis poniendo nervioso...
- ¿Tú, nervioso? -exclamó Tamahome parándose frente a él, sin creérselo- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¡Yo no aguanto más, me voy a buscarlos!
- No hará falta, Tamahome -dijo una voz familiar.
Todos miraron alrededor, preguntándose de dónde provenían aquellas palabras, aunque de inmediato aparecieron los cinco en el aire...aterrizando sobre Tamahome y Amiboshi. Tras el tremendo golpe, Tasuki logró salir a rastras de debajo de Nuriko y Hotohori (Chichiri levitaba, así que no llegó a estrellarse como ellos), y alzó un pulgar en señal de triunfo.
- Estamos aquí, chicos -dijo con una sonrisa torcida.
- ¡Tasuki! ¡Hotohori! -exclamó Miaka feliz, corriendo a abrazarlos.
- Qué suerte que estáis sanos y salvos... -dijo Chiriko con una sonrisa.
- Sí, qué suerte... -dijo Tasuki- ¡Nuriko, Hotohori, salid de encima mío!
Los dos chicos sonrieron maliciosamente y le hicieron caso...aunque tardaron un poco, como si no se hubieran dado cuenta. Pero Chichiri detuvo aquellos juegos de inmediato.
- Chicos, ¿estáis bien? -preguntó.
- Si te refieres a esto... -dijo Tasuki tocándose el pecho lleno de marcas- creo que estamos mejor que tú... -dijo mirando a Chichiri, que aún iba cubierto de cortes.
- Pero...¿qué os ha pasado? -preguntó Miaka preocupada como siempre.
- Intentaba saber dónde estaban los shinjazos... -dijo Hotohori muy serio- Quería sacárnoslo a toda costa...Ni siquiera nosotros lo sabemos, eso intentamos averiguar, maldita sea.
Todos notaron que Hotohori estaba de muy mal humor. Seguramente este provenía del hecho de no haber podido evitar que Tasuki y él hubieran sido torturados por su enemiga.
Al final, Mitsukake se dedicó a curar las heridas de Chichiri, que parecían más profundas y agudas. Mientras tanto, Miaka se ofreció para curar a los muchachos. Nuriko iba a ayudarle con Tasuki, pero Miaka se le adelantó y le guiñó el ojo con complicidad.
- No te preocupes... -le dijo en un susurro al oído- tú ocúpate de Hotohori...
Nuriko la miró sin entender, pero después le dedicó una sonrisa. Con un ligero rubor en sus mejillas, se acercó a Hotohori por detrás y le susurró atropelladamente que él le curaría. Hotohori se dejó, con una sonrisa de agradecimiento. Miaka contempló con una sonrisa como Nuriko, rojo como un tomate, curaba tiernamente las heridas de Hotohori.
- ¡MIAKA...! -gritó la voz quejica de Tasuki- ¡Me estás poniendo el alcohol en el ojo...! -exclamó fastidiado.
- ¡Lo siento...! -exclamó Miaka arrepentida, volviendo de golpe a la realidad.
- ¡Céntrate en lo que haces, animal...!
- ¿A quién llamas animal? -dijo Miaka amenzadoramente, golpeando con toda la intención la malherida espalda de Tasuki.
El grito de dolor del chico de cabellos naranjas resonó con fuerza en el bosque, haciendo que una bandada de pájaros saliera volando despavorida.
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Ambos se miraron, conociéndose por primera vez. El emperador de Kutô estaba de pie al lado de ambos, mirándoles, como apremiando a que el otro diera el primer paso. Saito miró a la niña de cabellos blanquecinos, como si ya la conociera...aunque de hecho no la había visto jamás. Takami observó de arriba a abajo a aquel niño de cabellos oscuros. El silencio se hizo eterno por unos instantes, solamente la respiración calma de ambos niños sonaba débilmente. Al final, el hombre se aclaró la garganta y habló por ellos.
- Saito, te presento a Takami -dijo con una falsa sonrisa- Él es Saito, una estrella de Seiryuu como tú.
Pero, entonces, una sonrisa extrañamente segura apareció en el rostro de la chica, borrando de inmediato su expresión inocente.
- Las presentaciones sobran... -dijo con una voz más punzante de lo normal- ha pasado mucho tiempo...Tomo.
- Y que lo digas -dijo Saito con una sonrisa ladeada, agudizando los ojos- hacía mucho que no nos reuníamos...Miboshi.
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Weno, ya son diez capítulos...Había un prólogo, pero lo quité xq la mayoría de gente no pasaba de ahí...Quizás creían que el resto de história sería de ese estilo, pero es que eso sólo era un desvarío que tuve por inspiración divina...
A ver, no pienso desanimarme, no señor. Aunque no se dejen reviwes, sé que hay quién lo le, xq hay un contador de visitas XD (a lo mejor sólo entran por error, pero prefiero pensar que és porqué leen de verdad).
Además, aquí conmigo tengo dos personas que leen incansablemente. Arigatto, Tania-chan y Greensmall XD.
El próximo capítulo..."¿Por qué no estás aquí?" La última llamada del dragón.
